La pareja fue recogida en el puerto por un golem. Era joven, seguramente de la última generación. Saludó con una grácil reverencia a los dos hámsters y les ayudó a montar en la carroza blanca.
-Hacía tiempo que no veníamos por aquí -comentó el hámster. El pelaje naranja que cubría su lomo y dividía su rostro en una franja se había apagado con el tiempo. Sus bigotes habían empequeñecido y habían perdido su firmeza. Patas de gallo se alojaban bajo sus ojos, en cuales en torno al izquierdo un circulo marrón lo rodeaba, pero su voz seguía tan firme como cuando era joven. Su compañera, cuyo pelaje era blanco en su totalidad, también había sufrido los estragos del tiempo. Incluso sus lazos azules, con los que se recogía dos coletas que ahora aparecían caidas, habían perdido el calor de su color con el tiempo. Pero, pensó el hámster mientras le dedicaba una sonrisa, era tan guapa como siempre.
-Tienes razón -concordó la hámster, su voz se había vuelto algo ronca con la edad- Echaba de menos el Reino Arco Iris -comentó mirando al exterior. Seguían el camino real hacia Palacio.
-Bueno, es como volver a casa en cierto modo, ¿no? -rió su compañero. La pareja continuó hablando sobre diversos asuntos mientras se acercaban al Castillo del Reino Arco Iris, dónde habían sido invitados.
-Majestad -los dos ancianos hámsters se arrodillaron ante el Rey del Reino Arco Iris. El hámster sentado en el trono vestía un pijama rojo, dos antenas amarillas emergían de la capucha del mismo, y una concha multicolor se alojaba en su espalda. Su pelaje era blanquecino, exceptuando una línea rojiza que caía sobre su hocico, de un color rosado, muy diferente al de la mayoría de los hámsters. Sus iris rojos observaban a la pareja con regocijo.
-Es una alegría volver a veros, Knight of True Orange, Lady of True White -saludó el joven monarca con una sonrisa en el rostro. Mandó levantar a los ancianos, sabía que sus cuerpos se resentían en aquella posición forzada.
-Sabéis que ya no ostentamos esos títulos, Majestad -rebatió el antiguo Knight of True Orange con una sonrisa- Podéis llamarme André, y a mi esposa Bijou, si os place -anunció.
-Por supuesto, por supuesto... -murmuró el hámster algo entrecortado. Se levantó de su asiento de un salto- De momento, acompañadme. Hay alguien que estará muy contento de veros -sonrió. André miró a su esposa, que le devolvió la mirada. Ambos sabían a quién se refería el monarca.
-¡Papá, Mamá! -exclamó el hámster, sorprendido. Había abierto la puerta de su cuarto frente a la llamada del Rey, pero no podía esperar encontrarse con sus padres acompañándolo. La cabeza del hámster era del mismo color que la de su padre, y también compartía su marca en el ojo izquierdo. No obstante, no había ninguna de las marcas triangulares que caracterizaban el rostro de su padre. De su madre había tomado un tono claro de piel, así como el color esmeralda del iris- Qué sorpresa...
-Ham-ha, Edouard -saludó André a su hijo. El hámster les invitó a todos a pasar, y cuándo lo hizo, se abrazó con sus padres y besó a su madre en las mejillas- Hemos oído las buenas nuevas de parte de Su Majestad, el Rey Iris.
-Majestad... -murmuró el hámster mirando al Rey- ¿También habéis invitado a mis hermanos? -preguntó. Ante la respuesta afirmativa del monarca, sonrió- ¡Muchísimas gracias!
-Hay que ver, hijo... ¡no has cambiado desde que eras un niño! -rió Bijou nuevamente- Estamos muy orgulloso de lo que has conseguido. ¡Pero podrías habernos invitado! -le recriminó con tono suave.
-Lo siento Mamá, he estado muy liado, y bueno... me hubiera gustado una ceremonia íntima -comentó.
-Bueno, tus tías vendrán con tus primos junto a tus hermanos... los Ham-Hams y los Fran-Hams sin embargo no creo que vengan. Los Fran-Hams te mandan recuerdos, por cierto -comentó su padre.
-Bueno, ya sois más de los que esperaba...
-Venga Edouard, es una situación especial -rió el monarca.
André caminaba en silencio, sólo por aquél mausoleo. El suelo de mármol blanco hacía resonar las pisadas del hámster, que llevaba en sus patas un ramo con flores de muchos y diversos colores. La luz se filtraba por diversos huecos en el techo del mausoleo, cada uno alumbrando el retrato del hámster que reposaba bajo las lápidas apostadas a sus pies. André se frenó frente al de un hámster que vestía un pijama azul y cuyos iris rosados miraban al hámster que se apostaba frente a él. André suspiró y se arrodilló, colocando las flores sobre la lápida.
-Nuestros muchachos se hacen mayores, Arco -empezó a hablar al hámster que dormía eternamente en el sarcófago- Ha pasado ya... ¿cuánto tiempo? ¿Cuatro meses? -trató de recordar- Te juré que cuidaría de tu chico... pues bien, ahí lo tienes, apunto de nombrar a su primer Knight of Color -rió- Los demás tenían intención de venir, pero parece que les ha sido imposible. No les culpo, últimamente estamos todos muy mayores para ir dando tumbos entre la Tierra y el Arco Iris -suspiró- Te echo de menos, viejo amigo... espero que estés disfrutando allí arriba. Pronto nos volveremos a encontrar -sonrió amargamente- Y seguiré llamándote “Su Majestad”, aunque no te guste -rió. Se levantó y llevó la pata a la espalda, no estaba ya para esos trotes. Realizó una última reverencia- Hasta luego, amigo.
La capilla de Palacio estaba prácticamente vacía. En primera linea se encontraban los allegados de Edouard: sus padres, sus tíos, y sus hermanos y primos con sus respectivas parejas. En las líneas anteriores, algunos amigos de Edouard del Reino Arco Iris y los nobles más importantes esperaban allí.
El hámster vestía la capa de Knight of Orange que, en su tiempo, llevara su padre. Había decidido usar la misma por petición personal, en vez de crear la suya propia. El olor de su padre impregnaba la prenda, y eso tranquilizaba al joven.
Ahora él aceptaba el legado de su padre, que le miraba orgulloso. Ahora él se encargaría de proteger a su Rey, aquél hámster con el que jugaba desde pequeño. Ahora él sería su Espada, igual que lo fue su padre.
Ahora él era el Knight of Orange del Reino Arco Iris.
Pues nada, me aburría MUCHO, y he decidido escribir este pequeño fic del "futuro". Un futuro muy, muy, muuuuy lejano de Top Ten.
El final está atropellado por la falta de ganas, lo he hecho todo de corrillo ahora en una horica, no tiene más xD
Es un fic divertido, no es de lo mejor pero no está nada mal. La idea original contaba con los 7 colores -y con sus relaciones, algunas cositas son sorpresas interesantes

- y tenía conversaciones con los sobrinos de André y tal y cuál, pero meh, demasiado.