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Atomic  |  Zona Creativa  |  Gran Biblioteca (Moderador: Líam)  |  Tema: Bonjour a la Francia-Ham! Búsqueda Avanzada
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Tema: Bonjour a la Francia-Ham!  (Leído 2346 veces)
Leo

Mago Dragón



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« : Julio 05, 2005, 20:53 »

Bien, debido a que el Sumo Bibliotecario me ha instado a ello, publicaré un fic que, en principio, no debía haber salido nunca de unos pocos amigos, y mucho menos haber llegado a Atomic. Está desarrollado en un entorno perteneciente a una Francia en miniatura, la Francia vista por un grupo de hámsters.  De la serie Hamtaro sólo aparece uno de los hámsters(Bijou-->Lacitos/Colitas) pero aún así deseo incluir en el subtopic todo lo que abarca el universo Hamtaro porque sí que uso algunas palabras sacadas de esa serie (el Lexi-Ham sin ir más lejos...aunque aún no haya salido en todo el fic xD) y otras cosas que, al leerlo, os enterareis...

No espereis mucho, ya que lo escribí hace más de un año este fic, y aunque lo he editado en exclusiva para Atomic(arreglando alguna incoherencias, mejorando cosas que no me gustan, y arreglando muchos fallos de ortografia) no está muy bien... aquí os dejo con los 8 que llevo x ahora hechos:




Un joven hámster peleaba contra un gato, mientras otra trataba de proteger a sus tres hijos, de muy corta edad.

- ¡Lauren, llévate a los niños, deprisa! - dijo el hámster, tratando de espantar al gato con una rama.

- ¡No, no puedo abandonarte! - decía desesperada la hámster, con lagrimas en los ojos.

El gato logró de un zarpazo derrotar al hámster, y se dirigió a la indefensa madre, la cual no podía evitar espantarse. Esta trató de atraer al gato lejos de sus hijos. La hámster distraía al gato, mientras sus niños observaban horrorizados el cuerpo inerte de su padre, sangrando...

Cuando la madre ya no podía continuar, miro a sus hijos, y con lagrimas en los ojos, mientras el gato se lanzaba en un ataque mortal, les dirigió unas palabras en un tono triste- Lo siento, niños... - y soltó un grito agonizado, tras el que se desplomo recubierta de sangre.

Cuando el gato se dirigía a los pobres hamsterscillos, que habían visto la horrible muerte de sus padres, el mayor de ellos se puso delante del gato.

-¡Antes deberás pasar por encima mio! -dijo el hamstercillo, temblando de miedo.

Cuando el gato iba a atacarle, una paloma gris embistió al gato. Tras picotearle un poco, aprovechó un momento de distracción del gato para montar a los tres pequeños hámsters en su espalda, y remontó el vuelo.

-¡Paloma estúpida, debemos regresar a por mis padres! - el hámster insistía.

- Lo siento, pequeñín... pero me temo que nos los volverás a ver... - se limitó a contestar la paloma.

--------------------------------------------------------------------------------------------------------

-¡ARGH!- el pequeño hámster despertó, empapado en sudor y con la respiración alterada, pensaba que todo había sido un mal sueño. Sin embargo, observó el entorno que le rodeaba, pesé a la oscuridad observó que esa no era su casa, si no un lugar totalmente hostil para él... y que sus padres no estaban. Estaba claro... no había sido un sueño.

Al pequeño hámster le entraron ganas de arrancarse la piel a tiras, y de gritar a más no poder. Mas, al ver a sus dulces hermanas –que tenían un día menos que él- decidió tranquilizarse, y a limitarse un llanto ahogado. Al poco el sueño acabo por agotar sus escasas fuerzas.

A la mañana siguiente, lo primero que observó, era que el lugar no era tan extraño... estaba en un edificio cercano al Arco del Triunfo, donde había estado con sus padres.

También observó que no estaba solo, la paloma que le salvó la vida estaba con él. No logró divisarlo la noche anterior, porque su plumaje era negro como la noche. Pero... había alguien mas, lo olía en el aire. El olor provenía de la ventana, donde la luz era intensa. Finalmente, logró distinguir entre la luz una dulce paloma blanca, su plumaje no era como el del otro, sino completamente distinto, completamente blanco.

El hámster quiso despertar a sus hermanas, que aún dormían, junto a las dos palomas.

Pero al verlas dormidas, parecían tan felices... realmente daba pena despertarlas, ¿quién sabe que dulces cosas soñarían?, ¿se debía truncar ese sueño maravilloso para que contemplasen la horrenda realidad?

Mientras el hámster debatía en su interior lo que debía hacer, la paloma gris despertó.

-¡Bonjour! Veo que ya despertaste... - dijo la paloma en un tono serio.

El hámster se sobresaltó.

- Sí, ¡así que vamos a por mis padres!- contestó lleno de energía el hámster.

La paloma solo se limitó a mover la cabeza de un lado a otro, y luego prosiguió.

- Lo siento, pero lo mas probable es que tus padres ya... - la paloma giró la cabeza con resentimiento.

El hámster rompió a llorar, no quería aceptar la dura realidad.

-¡NO! -gritó el hámster, a lo que la paloma se soprendió- ¡NO ESTAN...!

La paloma le tapó la boca con una de sus oscuras alas. Le hizo una señal para que se callara, ya que sus hermanas dormían.

El hámster asintió con lagrimas en los ojos.

- Me... me llamo André... -dijo el hámster, un poco más tranquilo, y tímidamente.

- Yo soy Paolo, la paloma que hay durmiendo en la ventana es mi hermana pequeña Paulina -dijo la paloma en un tono cortés.

- Encantado, mis hermanas se llaman Sophie y Marie -dijo con un débil tono André.

Entonces Paulina despertó.

- Hermano, ¿quienes son estos? - la voz de Paulina era realmente encantadora, como la de una joven sirena.

- Err... estos son unos pequeños hámsters que rescate ayer -contestó Paolo.

-¡Muy bien, que hermano más bueno tengo! -se fijo en André- encantada, me llamo Paulina, ¿y tu?

- Yo soy André, mucho gusto- pese a su poca edad, André ya era bastante educado.

Cuando las hermanas de André despertaron, se sintieron alteradas.

-¿¿¿¿Y MAMÁ????- gritó Sophie, y rompió a llorar.

- Vamos, tranquila... seguro que André nos protegerá- trató de consolarla Marie.

- Chicas... tengo... malas noticias... -el tono de André era más triste y bajaba mas cada instante. Finalmente cabizbajo continuó- nuestros padres... están...

-¿Entonces... no fue un sueño?- dijeron al unísono Marie y Sophie.

André se limitó a mover la cabeza de lado.

Las dos hermanas se abrazaron fuertemente a André y lloraron.

- Bueno, bueno... yo me llamó Paolo- Paolo trató de alegrar un poco el ambiente.

- Y yo soy Paulina -dijo la paloma- escuchad, chicas... ¿qué tal si vamos a jugar?

-¡Es verdad, llorando no solucionaremos nada! -André consolaba a sus hermanas, ya que era algo más duro que ellas y no estaba llorando.

Ellas se secaron las lagrimas y se separaron de su hermano.

- Tienes razón... no podemos estar así siempre... aunque nos duela, debemos seguir -dijo Marie.

-¿Pero qué ocurre con Papá y Mamá? -dijo Sophie, todavía con lagrimas en los ojos.

- Debéis... prescindir de ellos, y empezar a cuidaros solos -Paolo fue tajante, algo muy natural en él.

Los hámsters asintieron, y mientras las niñas salían a jugar, André recibía clases de disciplina y de vida salvaje por parte de Paolo.

-¡Muy bien, muchacho! Ya veo que eres muy educado, caballeroso y duro, como tu padre -dijo Paolo satisfecho- no obstante, aun no sabes nada de la vida salvaje. En las próximas semanas te enseñaré todo lo necesario para sobrevivir: desde encontrar comida, hasta recoger paja para tu cama, pasando por una lista de peligros y como evitarlos -Paolo parecía un sargento de instrucción.

Las semanas pasaban rápido, y en pocos meses André ya era todo un hámster de campo, como su padre. No obstante, el ser hámster de campo  no había evitado que siguiera siendo caballeroso, cordial, fiel y todas las cualidades heredadas de sus padres, rompiendo el tópico de que el campo era para los salvajes.

-¡Ahora reclamo venganza!- André estaba listo para vengar a sus padres.

-Chaval, perdona... ¡¿Te has vuelto loco?! Tu solo eres un mocoso comparado con aquel gato. Si te enfrentases a él morirías en vano. Lo mejor será que trates de hacer una vida normal, y dentro de unos años, cuando madures, ya te enfrentaras a él...

André, Marie y Sophie habían crecido bastante en esas semanas, y ya estaban listos para independizarse. Montaron sobre Paolo, el cual los llevo a su antiguo hogar. Una casa en el interior de un gran árbol, en el centro de los campos elisios.

-Bien, aquí está vuestra casa... espero que os vaya bien, ¡au revoir! –se despidió la paloma.

-¡Au revoir! -dijeron los 3 hámsters al unísono.

Entraron a su hogar por el túnel que su padre había excavado cuando era más joven.

Tras una puerta roja se encontraba una amplia salita, con una mesa en el centro, una mecedora en una esquina, y un televisor y una librería en los extremos. No obstante, había un problema con las habitaciones... sólo había una para los tres.

Tras una larga discusión, a André le tocó hacer dos habitaciones para sus hermanas, y también algunos muebles.

Por fin tenían listo su hogar. ¿Qué aventuras les depararía el futuro? ¿Harían mas hamigos?



 
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« Respuesta #1 : Julio 05, 2005, 20:53 »

Los pequeños hámsters querían conocer mas allá de la Torre Eifel, y del Arco del Triunfo, por lo que salieron a explorar.

-Chicas... no me gustaría dejaros solas... -André parecía disgustado frente a la propuesta de sus hermanas de ir por libre.

-¡Vamos, deja de tratarnos como a unas crías... ! -protestaba Marie.

-¡No puedo! Soy el mayor, y por ello debo protegeros... pero debo admitir que no por ello he de asfixiaros... venga, haced lo que queráis, pero con precaución -terminó diciendo André, con una amplia sonrisa.

Sus hermanas le dieron un besito en la mejilla, y se fueron por hay cada uno por su lado.

****************

André paseaba por las transitadas calles de París, cuando vio una boutique de animales y decidió entrar.

Nada mas entrar, sus ojos se quedaron clavados en una preciosa hámster blanca, que descansaba junto a su madre y hermanos.

Sentía algo que le empujaba a ir hacia ella, no sabia por qué la simple idea de alejarse de ella le sentaba como un puñal en el corazón. ¿Era amor? Antes de encontrar la respuesta, un humano entró en la tienda y compró a la dulce hámster. André veía como sus sueños se truncaban, y raudo como el rayo subió a una mesa, y desde allí saltó al bolsillo derecho de la chaqueta del hombre que había comprado aquella hámster.

Allí se quedo un rato, esperando el momento para entrar a la jaula, y hablar con la dulce hámster que dormía en su interior.

Al llegar a casa, lo primero que hizo el hombre fue dejar su chaqueta en el perchero, momento que André aprovecho para bajar y observar la situación más de cerca.

El padre le hacia entrega a su pequeña hija de la jaula con la hámster. Ella daba brincos de alegría, y se abrazó a su padre con cariño.

Más tarde, la niña se dirigió a su habitación. André a duras penas subía hasta la habitación por las escaleras. Sin embargo algo le empujaba a continuar.

Desde la puerta entreabierta, André observa el bello momento de cuando la hámster despertó. Era realmente preciosa, cual joya sobresaliente entre millones de otras joyas menores.

Tras jugar un poco, la joven niña bajo para comer su tarta de cumpleaños.

André aprovecho el momento para ir hasta la jaula de la bella hámster.

Allí se presentó:

-Bonjour! Mi nombre es André.

-Bonjour! Yo... soy... Bijou -dijo la hámster tímidamente, ella no sabia muy bien que le ocurría, nunca se cortaba al hablar, pero tras ver a André, algo maravilloso despertó en su interior- ¿que haces aquí?

-Vengo... a llevarte conmigo a mi casa -contestó André sonrojado.

-Lo siento, pero... ¿viste esa niña? Si me fuera se sentiría muy triste -dijo Bijou triste.

-Comprendo... eres muy buena, ¿sabes? -dijo André cabizbajo.

Bijou se sonrojó.

-No es verdad... te hago daño a ti... que has venido hasta aquí para llevarme -dijo triste la dulce Bijou.

-No... si te comprendo, fui un egoísta al no pensar en la niña -dijo cabizbajo André.

*Se oyen pasos*

-Será mejor que te vayas, debe ser María -dijo Bijou.

-Mañana volveré a verte, preciosa -dijo André saltando desde una ventana cercana a la rama de un árbol.

-Au Revoir, André!- dijo Bijou con una amplia sonrisa natural en ella.

-Au Revoir...! - y André desapareció raudo entre las ramas del árbol.

Esa noche en la casa de los tres hámsters, los 3 comentaban lo que habían vivido.

-Yo... he ido a ver los museos... y he conocido a alguien -dijo sonrojada Marie.

-Pillina... yo estuve viendo animales en el Zoo, ¿y tú hermanito querido? -preguntó Sophie intrigada.

André parecía estar en otro mundo, desde hacia horas no podía sacarse de la cabeza a la dulce Bijou, que nombre, que belleza... sin embargo, al mismo tiempo que alegría sentía rechazo hacia su persona, mas bien, rechazo a ser rechazado. No quería decirle a Bijou nada de que la amara por miedo a que esta le rechazara. No obstante... todo esto le provocaba dolor de cabeza, y ya no sabia en que pensar. Sabia que tenia que llenar el hueco dejado por sus padres... ¿pero era esta la manera? No, no era manera de llenarlo con un amor... ese hueco solo se podía llenar con sus padres. Cosa que jamas tendría.

Después volvió a llenar su cabeza con Bijou. ¿Seria él suficiente para ella? ¿Acaso de verdad la amaba, o solo era un capricho para tratar de rellenar el hueco dejado por sus padres? El hámster debatía millones de preguntas en su interior, muchas confusas.

Sus hermanas empezaron a enojarse, y le devolvieron a la realidad.

-¡Hermano, responde! -dijo enfadada Sophie.

-Em... ¿qué? -dijo André como si acabara de salir de un largo trance mental.

-Te decía... ¿que qué has hecho hoy? -Sophie se empezaba a enojar, algo raro en ella.

-Am... poca cosa -se limitó a contestar André. Semejante respuesta no parecía serles suficiente a sus hermanas, que se enfadaron, e iban a abordarle hasta que se lo dijeran todo. André miró el reloj con péndulo que colgaba de una de las paredes de la casa- ¡Vaya!, mirar que hora es... ¡a la cama!.

-Bueno... ya hablaremos mañana... ¡buenas noches! -concluyó Marie.

André se había librado por los pelos.

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En su habitación, André seguía preguntándose que era lo que sentía por Bijou.

-Ahora mismo... no sé que pensar... debo conocerla mejor... ¡mañana iré a su casa! -murmuró André, y trató de descansar para el día siguiente.

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-Pero que guapo que es... es mi tipo de hombre... esperemos que le guste a André -pensaba Marie, recordando al chico que le gustaba.

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A la mañana siguiente las hermanas de André despertaron, y vieron un suculento desayuno de pipas en la mesa de la salita, junto a una nota.

-'Queridas hermanas: Os he preparado el desayuno, he ido a hacer una cosa, volveré sobre el mediodía. Os quiere, André' -leyó Sophie, mientras Marie 'llenaba el buche'.

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André iba corriendo hacia casa de Bijou, nada mas llegar, lo primero que observo fue la ventana entreabierta, y a María despertando.

-¡Bonjour, Bijou! Hoy me voy con Papá y Mamá al Zoo todo el día, espero que no te sientas sola... -le da una golosina para hámsters, y Bijou muy contenta se la come- ¡Au Revoir, Bijou!

Y abandonó la habitación. En ese momento André entró y cordialmente invitó a salir a Bijou. Ella sonrojada aceptó.

-Por cierto... bonitos lazos... - dijo André al ver que dos preciosos lazos azules colgaban a los lados de la cabeza de Bijou.

-Merci! Me los puso ayer por la noche María, y... si a ti te gustan, a mi también -dijo sonrojada Bijou.

-Oh... no tienes por que decir que te gusta algo para hacerme sentir mejor... -dijo André.

-Pero si SÍ me gustan... -Bijou se enojo pensando que André la llamó mentirosa.

-Entonces problema solucionado... ¿quieres conocer a mis hermanas? -dijo André cordialmente.

-Oui! Seguro que son tan buenas como tu... - Bijou se sonrojó.

André simplemente se sonrojo y esbozo una sonrisa con intención de satisfacción.

Cuando estaban a punto de llegar a casa de André, un fiero gato rojo con manchas negras se puso delante de los  dos hámsters con intención de atacarles.

Bijou estaba petrificada, no podía moverse... André, más valiente que nunca, hizo frente al gato, mientras le decía a Bijou que huyera. Mas Bijou no respondía, seguía pasmada al ver que casi había perdido la vida... pero pronto recuperó la constancia de lo que ocurría.

Haciendo caso a André, el cual no paraba de esquivar los golpes del gato, Bijou se escondió en unos matorrales.

En un fatal momento André tropezó, y cayo al suelo, tumbado cabeza arriba. El gato le atacó en ese momento, y le hizo una profunda herida.

El gato olió entonces a Bijou, y fue a atacarla... la pobre Bijou estaba petrificada, tras ver el ataque de ese gato a André. No podía moverse, pensó que era el fin, por suerte un humano vino y se llevo al gato.

-¡Oh,la,la! ¡Gato malvado... ya te volviste a escapar!

Nada mas alejarse el hombre, Bijou fue a ver a André. Todavía respiraba, pero estaba muy débil... buscando a alguien que le ayudara, encontró una casa dentro de un árbol, y tras vendar a André con sus lazos azules, fue arrastrándolo con el mayor de los cuidados, pero a la vez lo más rápido que su débil cuerpo le permitía hasta esa casa.

-¡Socorro, ayuda! -la voz atemorizada de Bijou retumbó por los túneles hasta traspasar la puerta roja tras la que Marie y Sophie esperaban el mediodía para preguntarle a su hermano donde había ido.

-¿Oíste eso? Será mejor que salgamos...-dijo Marie en tono serio tras oír esas voces. Corrieron lo mas que pudieron, hasta lograr divisar a Bijou, para ellas desconocida, junto a su hermano al que las cintas de Bijou le habían cortado la hemorragia, y paraban el inmenso chorro de sangre que salía.

-¿Qué le has hecho a mi hermanito? -dijo Sophie con lagrimas en los ojos y corriendo hacia su hermano.

-¿Y quién eres? -prosiguió Marie.

-Soy... bueno, no importa... lo principal es que André esta malherido... ¿pueden ayudarme? -preguntó triste- ¿Por cierto... sois sus hermanas? -prosiguió Bijou extrañada.

-Sí, yo soy Marie y ella -señala a Sophie- es Sophie, somos sus hermanas... ¿de nuevo, quién eres? -volvió a preguntar Marie.

-Yo soy Bijou... pero eso no importa ahora, un gato nos atacó y André salió a defenderme. Y ahora esta así. ¡Tenemos que ayudarle, o... !-dijo Bijou con lagrimas en los ojos.

- ¡Rápido, hay que llevarle a casa...! -dijo Sophie triste.

Las tres hámsters le llevaron como pudieron, después le dejaron en su cama. Marie fue a por una medicina que había en el almacén, que ayudaba a cicatrizar heridas. Cuando regresó se la dio a André y dijo que debía descansar... Marie, Sophie y Bijou no se despegaron de él ni un momento... y mientras aprovecharon para conocerse.

-Bueno... como ya dije, me llamo Marie. Y soy hermana de André -comentó Marie para romper el hielo.

-Y yo soy la mas pequeña... me llamo Sophie, ¡aunque solo nos llevamos unas horas! -dijo Sophie indecisa.

-Yo me llamó Bijou... conocí a André ayer... y hoy me dijo que íbamos a venir a vuestra casa... pero el gato apareció de repente, y... -Bijou giró la cabeza- ¡NO PUDE HACER NADA MAS QUE ESCONDERME Y TEMBLAR! Si no llega a ser por André... -Bijou rompió a llorar.

-¡Claro, es que nuestro hermano es muy bueno y fuerte! -dijo Sophie orgullosa, aunque Marie mas bien trataba de consolar a Bijou.

-Vamos... no pasa nada... nosotras también nos habríamos acobardado... pero no llores...

Empezaba a oscurecer.

-Se hace tarde... debería irme a casa... pero no quiero abandonar a André... -dijo Bijou triste.

-Tranquila, nosotras cuidaremos de él... y mañana nos podemos ver en este parque-dijo Marie.

Bijou asintió, y tras darle un besito en la frente a André, cosa que sorprendió a sus hermanas, se fue corriendo a su casa.

Hacia medianoche, mientras Marie montaba guardia junto a André, y Sophie descansaba hasta que le tocara guarda, André despertó y se incorporó.

-¿Y Bijou? -fue lo primero que salió de su boca.

-Tranquilo... esta bien... pero tú debes descansar... -dijo su hermana con una voz dulce.

André esbozó una sonrisa y se tiró bruscamente sobre la cama. El hámster suspiró y se dirigió a su hermana.

-Sabes... creo... creo que... ZzZzZzZz -André se quedó dormido antes de terminar la frase, algo que enojó a Marie.

A la mañana siguiente, nada mas irse María de su casa, Bijou bajo rauda como el viento hasta los campos elíseos, lugar donde se alojaba la casa de André, Marie y Sophie. No sabia por que... pero algo la empujaba a ir lo más rápido que pudiera... incluso por encima del limite de sus fuerzas... finalmente, llegó hasta el lugar... lo reconoció claramente por las manchas de sangre que aun quedaban dispersas del combate del día anterior...

Entró a la casa lo más rápido que pudo.

Allí se encontraba Marie esperándola, y la llevo hasta la habitación de André, que acaba de despertar.

-Oh, André... -dijo Bijou acercándose a él -me alegro mucho de haberte conocido...

-Y...  yo... también...-dijo débilmente André.

-¡André, que feliz estoy! -dijo Bijou, y le propinó un fuerte abrazo... al ver lo que estaba haciendo, se separó sonrojada.

André se sonrojó, y trató de descansar un poco mas... hacia el mediodía, mientras Bijou y sus hermanas echaban la siesta, André despertó, vio que se encontraba mucho mejor, y fue a la salita, donde sus hermanas y Bijou dormían plácidamente... aquel instante le recordó a cuando sus padres aun vivían... y estaban dormidos tras ser amamantados por su madre...

Se acercó a Bijou y sigilosamente le dio un besito en la mejilla... Bijou  -en sueños -  esbozó una amplia sonrisa y siguió durmiendo.

André pensó que ahora que estaba mejor... debería ir a buscar algo de comer...

Mas, al llegar a la puerta... empezó a sentirse más débil... pensó que era por haber estado en cama durante tanto tiempo y no le dio importancia. Ya se encontraba a medio camino de la salida cuando se desplomó sin motivo aparente.

Horas después, Bijou, Marie y Sophie despertaron y vieron que la puerta de la habitación de André estaba entreabierta, Marie corrió hacia dentro y observó que no estaba dentro.

-¿Y André? -gritó Sophie y rompió a llorar.

Bijou observó que la puerta exterior estaba abierta y fue a ver si había salido... cual fue su sorpresa al encontrarle tirado en medio del túnel principal.

-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHH! -gritó la hámster, y rápidamente Marie y Sophie llegaron hasta Bijou.

-¡Llevémosle adentro! -rápidamente, las hámsters le agarraron y llevaron hasta su habitación. Le dejaron bocabajo, tal y como lo habían encontrado, por qué si le hubieran dado la vuelta era posible que la herida se volviera a abrir...

Ya con André acostado decidieron qué hacer.

-¡Debemos avisar a Paolo, él era buen medico...! -dijo Marie.

-Yo... me quedare aquí con André... -dijo Bijou sonrojada.

Marie y Sophie asintieron y fueron corriendo a buscarle, mientras Bijou cuidaba de André.

-(Derramando algunas lagrimas sobre André)Oh... lo... lo siento mucho... todo fue culpa mía... -Bijou siguió llorando durante un rato.

Cuando Paolo, Marie y Sophie llegaron, Paolo fue corriendo a ver a su amigo André. Tras tomarle la temperatura y darle unas pastillas dijo:

-Bueno... esta muy débil... y sinceramente, temo por su vida... ahora esta en un coma profundo... solo habrá que darle tiempo... os recomiendo que sigáis haciendo vuestra vida normal, y que le deis dos de estas pastillas -les enseñó unas pastillas- una vez al día... preferiblemente en el desayuno... hasta que se recupere -Paolo fue directo. Era un gran medico... y que el paciente fuera su amigo André le hacia ser aun mejor medico.


********************PASARON 2 SEMANAS***************************

2 semanas después, André seguía en coma... cuando Marie fue a darle las pastillas, cual fue su sorpresa... que encontró a su hermano con una sonrisa en la cara, cuando en todo este tiempo lo único que hizo fue tener una expresión muy fría en la cara.

Marie llamó a todos los hámsters.

-¡Chicos! André se esta recuperando -inmediatamente después, todos los hámsters allí presentes(incluida Bijou) se alegraron, y decidieron montar una fiesta.

A la mañana siguiente André se despertó, y encontró a sus hermanas a su lado, con la cara iluminada, rápidamente, estas se abrazaron a André.

-¡Hermanito, que alegría verte! -dijeron las dos al unísono.

-Yo... también me alegro de verlas... ¿cuanto tiempo llevo aquí? -André comprendió rápidamente que había pasado algo de tiempo, por que sus hermanas estaban algo mas crecidas.

-Dos semanas... y han pasado muchas cosas en ese tiempo... -Marie se sonrojó.

-¿E... está Bijou? -preguntó André esperanzado.

-Sí... esta en la Salita... ¿la llamamos? -Sophie le guiñó un ojo a su hermanito.

-Si no os importa... y dejarnos solos -el hamster se sonrojó, sus hermanas asintieron, le guiñaron un ojo, y salieron a por Bijou.

Al cabo de unos segundos, Bijou entró lo más rápido que pudo a ver a André.

-¡André, André! ¡Eres tu! -Bijou no se podía creer que André hubiera salido de ese coma.

-Me alegro... de verte... -André se sonrojó.

André se levantó como pudo, le costó bastante ya que había estado varias semanas sin moverse. Pero, cuando finalmente se logró levantar, Bijou se llevó las manos a la boca en gesto de asombro.

-¡André, mirate el pecho! -gritó Bijou sorprendida.

André sin comprenderlo le hizo caso y vio unas feas marcas marrones en su pecho, rápidamente las vinculó con el ataque del gato semanas atrás, y pensó que ya nunca volvería a ser como antes... esas cicatrices le perseguirían siempre.

-Bueno... -André era muy duro mentalmente, por lo que no le afectó demasiado el tener esas feas marcas.

André empezó a oír voces fuera de la habitación.

-¿Quién esta ahí? -preguntó el hámster.

-Em... bueno... -Bijou iba a contarle lo ocurrido esas dos semanas.
 
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« Respuesta #2 : Julio 05, 2005, 20:54 »

-¿Qué pasa? Dime Bijou... -preguntó André.

-Em... bueno, será mejor que te sientes... la historia es muy larga.

André se sentó en su cama, y Bijou respiró hondo.

-Verás, en cuanto nos dimos cuenta de que habías quedado en coma Paolo vino y te recetó unas pastillas que tus hermanas te han dado sin falta todos los días... Pues bien, Marie le había dicho a su novio el día que nos conocimos que a la tarde siguiente fuera a tu casa, a conocerte a ti y a Sophie... pero no previó lo que ocurrió, y aunque el hámster vino no te pudo conocer -comenzó Bijou.

-¿Esta hay fuera? -interrogó André sin perder detalle de lo que contaba Bijou.

-Sí, luego lo veras... entonces, sigo -dijo Bijou- Esa tarde resultaba incomoda por la preocupación que teníamos contigo... y en un momento el novio de Marie, Pierre, así se llama, dijo que a la mañana siguiente traería unos cuantos amigos suyos. Y así hizo, trajo cuatro hámsters... que también conocerás en breve. Ese día nos lo pasamos bien, o al menos lo intentábamos... siempre cerca de ti -Bijou se sonrojó- y en un determinado momento, decidimos convertir tu casa en un club, que hemos bautizado como 'El Club de la Francia-Ham'. Varios días después vinieron hámsters de toda París, ya sabes que en esta ciudad las noticias se difunden rápido... y ahora somos ocho, sin incluirte a ti -Bijou terminó la explicación.

-Bueno... me parece que va a ver que atar algunos cabos sueltos... he estado dos semanas en coma y tengo mucho que hacer -André había crecido con las enseñanzas de Paolo, que nunca perdía el tiempo.

-André... quédate un poco mas descansando... -Bijou se sonrojó y se sentó a su lado.

-¡Si me encuentro mejor! -André pegó un salto, ignorando las 'intenciones' de Bijou.

André se dirigió a la puerta de su habitación, y por un momento dudo en abrirla... '¿quien sabe lo que hay ahí?' fue el pensamiento del hámster mientras tenia el mango agarrado. Finalmente, decidido abrió la puerta, y una lluvia de confeti cayo sobre él.

-¡BIENVENIDO DE NUEVO,HERMANITO!- fue lo primero que escuchó, y rápidamente su hermana Sophie se abrazó feliz a su hermano.

La imagen que vio André mientras tenia a su hermana abrazada era muy extraña, se encontraba frente a seis hámsters, de los que solo conocía a una, Marie. Sabia que era su casa por el olor que desprendía, que era el mismo que recordaba. Pero sin embargo la Salita estaba completamente transformada.

-¡Salut, dormilón!- un hámster se acercó y le dio unos golpecitos en el hombro. Era un hámster diminuto, que llevaba una gorra con los colores de la bandera francesa en la cabeza- mi nombre es Sebastién, pero puedes llamarme Sebas.

-¡Bonjour! Y... ten un poco de respeto a tus mayores...-André le acaricia la cabeza.

-Hola... yo soy Lucette, encantada -dijo una hámster color caqui con varios lunares en la cara.

-¡Nosotros somos Alex y François, somos gemelos! -dijeron al unísono dos hámsters idénticos.

Un hámster bastante alto se adelantó a los demás, y cordialmente se presentó.

-Bonjour, mi nombre es Pierre. Encantado de conocerte -dijo el hámster.

André se quedó sorprendido por los modales que tenia ese hámster, comparado con el resto.

-Bonjour... ¿tú eres el novio de mi hermana, verdad? ¡Presiento que seremos grandes amigos! -André le alarga la patita, y este hace lo mismo.

-Bien, hermanito... ahora que ya los conoces a todos... ¿qué hacemos? -dijo Marie mientras Bijou salía de la habitación de André.

André se quedó pensativo unos momentos y miró a Pierre.

-Pierre, quiero hablar contigo en privado. Creo que... bueno, te lo diré fuera.

Ambos hámsters salieron fuera de la casa y se fueron a dar una vuelta.

-Bueno... en estas semanas en las que no he estado... has hecho de jefe, ¿verdad? -rompió el hielo André.

-Hombre... tanto como de jefe no... pero si que tome las riendas del club. Pero... ahora que estas tu, supongo que podrás hacerlo -contestó Pierre.

-Merci amigo... por cierto, ¿me podrías contar como te enamoraste de mi hermana? Os lleváis muchos años...-preguntó André.

El hámster alto hecho a reír.

-¡Ja,ja,ja! El amor no entiende de edades, amiguito... -y le guiñó un ojo.

-Bueno, aun así espero que comprendas que Marie esta bajo mi responsabilidad...

-Claro que sí.

Finalmente llegaron de nuevo a casa de André, al Club de la Francia-Ham, para ser más precisos...

Los hámsters pasaron la tarde conociéndose mejor, contando anécdotas divertidas, y otras no tanto.

Esa misma noche, André no podía pegar ojo, pensando en todas las aventuras que viviría con sus nuevos amigos. Pero había algo mas que le inquietaba, quería conocer mas sobre sus padres. André sabia que eran dos hámsters con muchas amistades, pero quería saber algo mas.

Decidió que a la mañana siguiente iría a buscar información sobre sus padres, y decidió que la primera parada seria ver a su amigo Paolo.


Amaneció, André despertó suavemente a sus hermanas casi apenado, porqué durmiendo las mismas eran aun mas bellas que de costumbre.

-Uhm... bonjour... -dijo Marie restregándose la pata por los ojos.

-Chicas, hoy me van a ayudar a buscar información sobre Papá y Mamá-comentó André mientras los hámsters desayunaban las pipas que había preparado el mayor de los hermanos.

Las chicas tuvieron un momento de angustia al recordar aquel fatídico momento en el que sus padres perecieron, pero pronto reaccionaron.

-¡Por supuesto! -dijeron las dos decididas.

-Merci, esperaremos a los demás haber que dicen... -dijo André mientras se tomaba su taza de chocolate caliente.

Cuando los hámsters llegaron, Pierre habló por todos.

-¡POR SUPUESTO QUE SI! -dijo, y todos salieron de la casa.

En la misma puerta, François preguntó:

-Em... ¿adonde vamos primero?

-Creo que lo mejor será ir a ver a Paolo... es un antiguo amigo de mis padres, y nos cuido cuando... -André prefirió callarse esta parte.

Los Fran-hams andaron por las concurridas calles de Paris, hasta llegar cerca del Arco del Triunfo.

-Aquí es -dijo André, señalando un edificio que tenia vistas al Arco del Triunfo.

Los hámsters subieron por sus paredes con mayor o menor agilidad, teniendo que ser ayudado el pequeño Sebas.

Cuando subieron, entraron por una ventana, y allí habían varias palomas. Sin duda eran Paolo y Paulina.

-¡Bonjour, Paolo! Cuanto tiempo...-fue lo primero que dijo André al ver a su amigo.

Las dos palomas se sobresaltaron, al ver a André ahí tan tranquilo.

-¡André, eres tu! -dijeron las palomas al unísono.

-Pues claro... bueno, he venido para que me hagáis un favor... -André iba directo al grano, algo que le gustaba a Paolo.

-Primero... preséntanos a tus amigos, anda...-dijo Paulina.

-Que lo hagan mis hermanas, yo quiero hablar en privado con Paolo -el hámster le hizo una señal a Paolo para que saliera fuera.

Cuando estaban en el tejado, André comenzó a hablar, anteponiéndose a Paolo.

-Paolo, lo primero es darte las gracias por curarme. Te debo la vida. Lo segundo, es que quiero que me digas todo lo que sepas de mis padres, absolutamente todo.

Paolo dijo que no pasaba nada, que era su trabajo el curar a la gente, y contestó a lo de sus padres.

-Bueno... conocí a tus padres poco antes de que nacierais vosotros. Sé bien poco sobre su vida, por qué no nos conocimos mucho... solo sé que eran unos hámsters muy famosos en toda Francia, también que tu madre les robaba los corazones a todos los hámsters con su grandisima belleza, y que tu padre se lo robo a ella. Lo dicho, era unos hámsters muy famosos y muy profesionales. Siempre estaban en los numerosos actos de caridad, y fiestas que se hacían por Francia. Eran casi tan importantes como el hámster del hijo del presidente de Francia. También se...-Paolo calló un momento- quien fue el gato que mató a tus padres- A André se le heló la sangre, y le hizo una señal a Paolo para que continuara- este era...  un amigo de tus padres, era uno de los pocos gatos que había sido reformado, o eso creíamos. Ya sabes lo que les ocurrió a tus padres, y aún no se como ni porqué aquel gato les atacó.

-¡MENTIRA! -André apretó fuertemente su puño, negando la realidad- ¡Mi padre JAMAS tendría por amigo un gato!

-Lo sé, pero... a él le pareció que aquel gato tenia algo distinto a los demás. Aquello hizo que tus padres restaran puntos en la escala social, aunque aun eran importantes, y que numerosos amigos les abandonaran por miedo al gato.

André se quedó pensativo un momento. Agachó la cabeza y se sentó mientras Paolo le miraba fijamente, pensando en que había herido a su amigo.

- Quiero... quiero ver aquel lugar -dijo el hamster levantando la cabeza y mirando a Paolo.

Este afirmó con la cabeza, y ambos bajaron a la casa de Paolo. Allí estaban las naturales hermanas de André, Bijou y sus nuevos amigos, cuchicheando y conociendo mejor a Paulina.

André, sin decir una sola palabra agarró de los brazos a sus hermanas, y se las llevo a rastras hacia la calle.

-Si queréis seguidnos -dijo André dándose la vuelta, al momento Paolo hizo lo mismo con su hermana, y los hámsters les siguieron.

Abajo, André montó a sus hermanas, las cuales seguían sin entender que pasaba, en la espalda de Paolo, y después se sentó el.

André observó que los Fran-Hams le habían seguido.

-Distribuiros entre Paolo y Paulina. El vuelo va a empezar.

Dicho esto, Paolo cargó con Bijou y Pierre, mientras que Paulina montaba a Luccete, Sebastién, y los gemelos.

El viaje fue en un silencio continuo, solo roto por el aleteo incesante de Paolo y Paulina. Finalmente llegaron, André no reconocía el lugar, pero aun así un gran escalofrío recorrió su espalda. A sus hermanas les paso lo mismo.

Sophie miró extrañada a su hermano y dijo:

-Hermano... ¿esto es...? -André se limitó a mover la cabeza de arriba-abajo con una expresión fría, sin sentimiento alguno.

Sophie rompió a llorar, solo consolada por su hermana Marie.

Las palomas aterrizaron y los hámsters bajaron de sus espaldas. El lugar no era tan horrible... el típico parque en el que las parejas de hámsters paseaban a sus hijos. A André le vino el recuerdo de aquellos días maravillosos en el que jugaba con su padre al pilla-pilla.

Paolo señaló una esquina del parque. Los hámsters se acercaron y observaron aterrorizados, unas marcas de sangre seca, semi-ocultas por la arena del parque.

André, Marie y Sophie se pusieron de rodillas, y rezaron por las almas de sus padres. Finalmente, los tres se abrazaron muy fuerte durante varios minutos, en los que los demás hámsters y las palomas guardaron un silencio de luto.

André agarró unas flores, y le pidió a Paolo que buscara un bolígrafo, un papel y algún jarroncito para guardar las flores. La paloma no tardó mucho en hallarlos, y escribió en el papel: 'Aquí murieron por sus hijos los dos hámsters más valientes del mundo, sus hijos les estarán eternamente agradecidos a sus padres por tan valeroso sacrificio'

Metió las flores en el jarrón, y las dejo sobre el papel.

André decidió que era momento de irse, miró por ultima vez los restos y volvieron a montar en las palomas. André le susurró a Paolo:

-Mañana te buscare, llevare una lapida y una corona de flores decente, tráeme de nuevo.

La paloma asintió y sus hermanas que lo habían oído le pidieron si podían ir. Este, con una amplia sonrisa les dijo que si.



A la mañana siguiente, André dejó una nota para los Fran-hams diciendo que no le esperaran, que no estaría en todo el día.

Cuando Paolo les llevo a aquel lugar, las flores aun estaban frescas, y el papel en su sitio.

André, con ayuda de sus hermanas coloco la lapida delante de los restos de sangre semi-enterrados, en esta podía leerse lo que escribió André el día anterior. También había traído la corona, en la que decía: 'Vuestros hijos y amigos no os olvidan'. Finalmente, sacó un libro de cuero rojo, en el que ponía 'Libro de Firmas' y escribió en la 1º pagina.

'Este libro es para que todo el mundo sepa lo que piensan los demás de estos valientes hámsters, yo, su hijo mayor, empiezo este libro de firmas, deseando que, estén donde estén, mis padres nos sigan protegiendo. Era muy pequeño cuando ocurrió la catástrofe, por lo que no puedo hablar de buenas obras de mis padres. Solo decir que dudo que hayan muchos hámsters como ellos, capaces de dar su vida por la de sus hijos. Como pone en la lapida, les estaré eternamente agradecidos por tan valiente acto. Espero que ustedes firmen aquí, y si les es posible, dejen una flor como muestra de respeto hacia mis padres.

Muchas gracias, André Bresson.'

Marie y Sophie también escribieron, al igual que Paolo. Pero lo que decían era más o menos lo mismo que André. Aunque Paolo se cebo y escribió casi dos paginas.

Antes de irse, André coloco un jarrón nuevo, con las 4 primeras flores.

A la semana siguiente, André fue a ver la tumba y a cambiar sus flores cuando lo que vio le hizo soltar unas lagrimas de emoción.

Había montones de coronas, y ramos de flores sobre la tumba, y el libro de firmas había llegado a las 14 paginas escritas. André leyó todas las firmas encantado y emocionado. Finalmente, regresó al Club de la Francia-Ham muy feliz.
 
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« Respuesta #3 : Julio 05, 2005, 20:55 »

Amaneció, otro maravilloso día se aparecía ante los Fran-hams. Estaban todos y cada uno de ellos, en el Fran-club. Todos excepto dos, Bijou y Gaston.

-¿Dónde se habrán metido? -dijo André temiéndose lo peor, que Gaston hubiera convencido a Bijou para... para eso.

Harto de esperar salió corriendo de su casa, a buscarles. Fue a la casa de Bijou, y no había nadie. Busco por el Río Sena sin resultados. Busco por todos los lugares que conocía, y nada.

Rendido por su búsqueda sin resultados regresaba André a casa, cuando lo que vio le heló la sangre. Vio, a escasos metros de su casa, a Bijou y Gaston agarrados de las patitas. Completamente abatido, regresó a su casa, y se encerró en su habitación.

-Gracias por invitarme a pipas -dijo Bijou contenta, soltando la patita de Gaston.

-Gracias también a ti, por perdonarme por lo de ayer, y por dejar que te leyera la patita -contestó el otro hámster.

Bijou se llevo la mano a la boca para soltar una pequeña risita.

-¡Fue divertido!

Hablando llegaron hasta el Fran-club, y cuando entraron el panorama mostraba la agonía de todos los Fran-ham tratando de hablar con André que estaba encerrado en su habitación.

-¡Dejadme, estoy enfermo! -dijo el hámster tirado en su cama, llorando y ahogando sus penas con la dura almohada.

-Hermanito... ¿Llamamos a Paolo? -dijo la ingenua Sophie, acercándose a la puerta. Antes de que recibiera respuesta, la pata de Pierre se puso sobre el hombro de Sophie, y cuando esta miró al hámster,  este le hizo un gesto negativo con la cabeza. Ella inmediatamente se quitó, pero aguantó sus ganas de llorar por que sabia que a su hermano no le gustaba verla ni oírla llorar.

-¿Qué ocurre?- dijo Bijou acercándose a los demás.

Estos la miraron, pero ninguno se atrevía a contestar. Pasaron de ella, y siguieron tratando de consolar a André. Solo Marie, bastante enojada fue capaz de decir algo.

-¡Tonta, por tu culpa mi hermanito esta ahora así! -dijo Marie gritándole a Bijou.

-Pero... yo... ¿yo que he hecho? -dijo Bijou sorprendida y dolida, pensado que le había hecho daño a André.

-¡Déjame!- dijo Marie, y se fue llorando a su habitación. Pierre fue tras ella.

La situación en el Fran-club empeoraba por momentos, André y Marie lloraban en sus habitaciones, y los demás no podían hacer nada. Bijou, despacio se acercó a la habitación de André.

-André... ¿qué te pasa? -dijo la hámster con la voz mas dulce que aquella situación le permitía soltar.

-¡Déjame! Estoy enfermo, no quiero hablar con nadie -se limitó a contestar el hámster.

Bijou se apartó despacio de la habitación, y abandonó el club a paso firme.

Mientras, Pierre consolaba a Marie, le decía que Bijou no tenía culpa de nada, que ella no sabia que podía hacerle daño a André. Salieron de allí, y fueron a intentar hablar con André, sin resultados.

A la mañana siguiente, en vez de ser André el que iba a recogerla como siempre, fue Gaston el que se presentó en casa de Bijou para dar una vuelta. El joven corazón de Bijou estaba siendo engañado por Gaston, que solo veía en la hámster, otra jovencita de la que aprovecharse. Pero ella no lo sabia, y cada vez su interés por él aumentaba. Llevarían unas horas de paseo, cuando André salió de su casa, para despejar su mente.

'No sirve de nada amar para después no ser correspondido' estas palabras resonaron en el corazón de André, una y otra vez. Posiblemente Pierre tuviera razón. Pero la gota que colmó el vaso fue cuando vio a Gaston y Bijou paseando juntos a unos metros de él. Los celos pudieron con André y se vio obligado a seguirles. Veía claramente a Bijou disfrutar en compañía de aquel hámster, definitivamente, alguien había tomado posesión del corazón de Bijou antes que él.

André se disponía a regresar a su hogar, a volver a tirarse en la cama con la excusa de estar enfermo, cuando oyó un maullido. ¡Un gato estaba atacando a Bijou y Gaston! André, precavidamente escondido, observó el momento, pensó, que si Gaston de verdad quería a Bijou, este se sacrificaría para salvarla. Pero, para sorpresa de él, no fue así. Gaston salió corriendo dejando a una petrificada por el miedo Bijou. En ese instante, la pobre hámster vivió en sus propias carnes, la agonía de ser rechazada, tal como sintió André. Pero la suya era mayor, no solo fue rechazada -por André cuando trató de consolarle- si no que además, había vivido una farsa. La pobre pensó que era el fin, no podía hacer nada por que sus músculos no respondían.

André, ensimismado por la traición de Gaston, vio como el tiempo se congelaba ante él. Volviendo a la realidad, buscó cualquier cosa que pudiera ayudarle a salvar a Bijou, y encontró una bellota. Aunque no era muy aficionado al fútbol, la lanzó como un autentico delantero de la selección francesa. La bellota impactó con tal energía en una de las patas delanteras del gato, que le hizo un esguince. Después de ello, corrió lo más que pudo y agarró a la petrificada Bijou del brazo. En plena carrera, la puso en sus brazos, como los recién casados, y sin pensar en las consecuencias, le dio un beso. Cuando los labios de ambos hámsters se separaron, Bijou ya no estaba petrificada, sintió algo que no había sentido nunca. Un gran calor invadió su cuerpo, era el verdadero amor.

A bastante distancia de lo sucedido, André dejó a Bijou bajo un árbol, y la volvió a besar, esta vez mas tiempo. Bijou contestó al beso, no como en el primero, que André no noto que Bijou respondiera.

-Te quiero... Bijou -dijo el hámster cuando sus labios se separaron.

-Y yo a ti... André -contestó la hámster.

Aquel lugar, bajo un árbol a escasos metros del Fran-club era perfecto para observar las nubes. Los hámsters se estiraron sobre la hierba que rodeaba el lugar, y volvieron a besarse y abrazarse.

-No sabes... lo contento que estoy de que al final, no te hayas enamorado de aquel -dijo André.

-Sí, lo se... es lo mismo que siento yo ahora, al estar a tu lado...-contestó Bijou con sus amplias sonrisas.

André se puso de rodillas.

-Bijou, prométeme que... siempre nos querremos, y nada se interpondrá en nuestro amor -dijo el hámster decidido.

-¡Pues claro que sí! -Bijou le dio un largo y apasionado beso- y por favor... llámame 'mon amour', ¿vale?

-Lo que quieras, mon amour... - contestó André, y volvió a sentarse al lado de su amada.

Esta se le abrazó, y siguieron contemplando las nubes. Era un día precioso, las nubes parecían estar hechas de algodón, y que podían comerse. En el árbol bajo el que se encontraban, podían oír a los pájaros cantar con voz celestial. André se volvió a Bijou.

-Querida... hagamos de este nuestro lugar sagrado, convirtámoslo en nuestro lugar favorito para estar aquí los dos solos- André no podía evitar sonrojarse a cada palabra que decía, y cuando iba a dar el gran paso, Bijou se durmió, había tenido muchas emociones en lo poco de día que llevaban- descansa... descansa, mon amour...-dijo André, y le dio un besito.

Volvió a agarrarla en brazos, y la llevo hasta el club de la Francia-ham -sinónimo: Fran-club - cuando ambos entraron, los Fran-hams observaron a André con una profundamente Bijou dormida en sus brazos, y vieron que todo había pasado.

-¡Hermanito! Que alegría -dijo Sophie- ¿por que llevas a Bijou en brazos? -dijo Sophie extrañada.

André se sonrojo cuando todos los Fran-hams le miraron con cara de malpensados.

-Nada, Sophie... que Bijou fue atacada por un gato, y necesita descansar... la llevaré a mi cama, y me quedaré junto a ella -André se giró a los demás hams- ¡NO QUIERO INTERRUPCIONES A MENOS QUE VENGA GASTON!- dijo, y se encaminó a la habitación. Sin que André se diera cuenta, Bijou guiñó un ojo a Marie y Luccete, y estas aguantaron la risa, y empezaron a cuchichear.

André entró en su habitación y cerró de golpe. Ya dentro, despacio dejo a la –falsa- dormida Bijou en la cama, y la tapó con su manta.

André se quedo ahí, mirándola... era la hámster mas bonita del mundo... su preciosa sonrisa, dulce e inocente le recordaba fácilmente a la de Sophie y Marie, cuando su madre les acostaba en las cunas de su antigua habitación.

-¡André! -gritó Sophie asomando por la puerta.

André hizo como si nada hubiera pasado, y rápidamente se quedo tieso.

-Ha venido Gaston -prosiguió la hámster.

André se dirigió a su hermana y salió, no sin antes darle un beso a Bijou, y decirle que luego volvería a terminar lo empezado.

Bijou dio, disimuladamente, un puñetazo al colchón, pero después sonrío al oír las palabras de André.

Entonces salió, y vio a Gaston bastante triste y dolido. Él pensaba que Bijou había muerto a manos del gato.

-Vaya... así que eres tú -comenzó André, al ver a Gaston- te habrá parecido bonito haber abandonado a Bijou, dejándola al borde de una muerte segura.

-Escucha, yo... no se lo que me pasó... fui presa del pánico, no tuve valor suficiente para defenderla, y solo pude salir corriendo- unas lagrimas salieron de los ojos de Gaston, y bajaron por su blanco rostro.

André, sin importarle nada lo que decía, por qué sabia que solo fingía, mandó entrar en sus habitaciones a sus hermanas. Cuando estas hubieron entrado, les dijo lo mismo a los Fran-hams, que fueran donde quisieran, menos ahí.

Cuando todos se hubieran ido, y les dejaran solos, André le dio un fuerte puñetazo en la cara a Gaston, muestra de su rabia contenida.

-Ale, ya estoy mejor... ahora vete de mi club para siempre. Quedas expulsado para toda la eternidad -concluyó André.

Gaston, con la cara roja, salió de allí sin decir palabra. Abandonó el lugar para no regresar jamas. En cierto modo, le dio lastima porqué no podría enseñar a la hermana pequeña de André, Sophie, lo que era ‘pasárselo en grande’.

André dijo a todos que podían salir. Cuando todo había pasado, este les contó que lo había expulsado para siempre. Después miró decidido a su habitación, y a pase firme se encerró en ella, pidiendo a los demás que no entraran bajo ningún concepto.
 
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« Respuesta #4 : Julio 05, 2005, 20:56 »

Al día siguiente André despertó muy tarde, y Bijou ya no estaba con él. Se percató de que había estado durmiendo muchas horas aquel día, y salió de su habitación lo mas rápido que pudo.

-¡Mirad, el rey de los dormilones! -dijo Sebas cuando André salió de su habitación y los demás no pudieron evitar soltar una risilla.

André, pasó a su lado y le dirigió una mirada fría y de desprecio.

-Cuidado, muchacho... no vayas a correr la misma suerte que Gaston... -y sin mas se encaminó a sus hermanas, dejando a Sebas con la palabra en la boca.

-¿Sabéis a que hora se fue Bijou? -preguntó el hámster con el tono que siempre tenia con sus hermanas, cálido y amistoso.

-No, pero dejo una nota... tómala -Marie le hizo entrega a André de una nota sellada en un sobre.

André leyó la nota para si.

'André, lo de ayer nunca lo podré olvidar... por favor, en cuanto despiertes, ven a mi casa, quiero salir contigo a tomar algo.'

André se sonrojó, aviso a los Fran-hams que posiblemente no fuera a estar en todo el día, y se fue.

-Hermanito... pasas demasiado tiempo con ella -pensó Sophie, sintiéndose desatendida.

André llevaba un rato de caminata a ritmo normal, no tenia ninguna prisa, porqué suponía, que si él había estado tanto tiempo durmiendo, Bijou también y no quería despertarla. Al hámster se le erizaban los pelos y se sonrojaba cada vez que pensaba en el día anterior. Siguió caminando hasta que una de las improvisadas lluvias de París le impidió continuar. Su pelaje era resistente al agua y al frío, pero si las lluvias amenazaban con llevárselo con la corriente, era mas precavido que duro. La tormenta se fue tan rápida como vino, y de improvisto. André salió de debajo la caja en la que se había refugiado, y prosiguió su camino. No tardó mucho en percatarse de que un precioso Arco Iris surcaba el cielo. Se quedó maravillado observando aquél magnifico evento de la Naturaleza. Le recordó a su preciosa Bijou, y es más, le entraron ganas de  subir a un árbol a coger el Arco Iris y llevárselo a Bijou. Pero desapareció tan rápido como había venido, y el hámster se apenó. Prosiguió su camino hasta casa de su amada, y finalmente llegó. Subió por el árbol de todos los días, y entró en la habitación. No había nadie, solo la dormida Bijou. André suspiró, entró en su jaula y se acercó a ella.

La tocó, sintió su calor, se abrazó a ella, y espero a que se despertara. El estar al lado de su amor, aún dormida, provocó en Bijou una amplia felicidad, representada en la amplia sonrisa que su rostro dibujó. El mediodía se acercaba, André vio tristemente, que pronto debería de separarse de Bijou, al menos durante el tiempo en que María entrara en la habitación a darle de comer a Bijou. Entonces, Bijou despertó.

-Bonjour... mon cheri... -dijo Bijou, recién despertada, antes de besar a André.

-Bonjour... mon amour, ¿porqué no ha venido María todavía? -preguntó el hámster extrañado, tras el beso.

-Se fue a comer fuera... excuse moi, por dormir tanto... -le respondió Bijou.

-Tranquila... no pasa nada... por cierto, de camino hacia aquí encontré un maravilloso Arco Iris que me recordó a ti... -dijo André.

-¿Sí? Y yo me lo he perdido...  voy a perder mis colores... -dijo Bijou muy triste.

-¡No! Te encontraré un Arco Iris, te lo prometo -dijo André decidido. Eso hizo que Bijou volviera a ser la de siempre, y tras un fuerte abrazo, le dio un beso- por cierto... yo tampoco olvidare lo de ayer... -dijo André sonrojado, recordando la nota que le dejo Bijou.

Bijou solo soltó una de sus encantadoras sonrisas, y los dos, agarrados de las patitas, fueron a buscar el Arco Iris.

Caminaron durante todo el día, de vez en cuando, se daban unos besitos rápidos mientras andaban. Pero no veían ningún Arco Iris... André veía como Bijou entristecía cada vez mas, porqué iba a perder sus colores. André, esa noche, fue a hablar con Paolo.

-Paolo, amigo mío... necesito un favor. Necesito que mañana me ayudes a buscar un Arco Iris... -dijo André mientras paseaba con su amigo por las calles de París.

-¿Un Arco Iris? -la paloma echó a reír- no se para que lo quieres, amiguito... pero te lo conseguiré... mañana lloverá, y es posible que después salga el Arco Iris.

-¡Merci amigo! -André fue a su casa a dormir, contentisimo.

A la mañana siguiente, cuando despertó hizo sus típicas tareas diarias, y fue a por Bijou a su casa.

-Mon amour... ven, debo enseñarte algo -dijo André desde la ventana.

Bijou salió de su jaula rápidamente, y los dos se encaminaron a casa de Paolo y Paulina. Poco antes de llegar una llovizna comenzó a caer sobre la ciudad, y André no podía permitir que Bijou se mojara.

-Bijou, agáchate, yo te cubriré, debemos darnos prisa... -dijo el hámster antes de poner su cuerpo por encima de Bijou. Como él era bastante más grande que Bijou, pudo cubrirla sin problemas. Sabia que si no llegaba a casa de Paolo antes de que terminara de llover, posiblemente perdería la única opción de coger el Arco Iris.

Ambos hámsters llegaron a casa de Paolo y Paulina, André completamente empapado, y Bijou seca. Aun así, eso a André no le importaba, ya que su pelaje, resistente al agua le había protegido.

Las palomas se sobresaltaron al ver a los hámsters juntos.

-Así que, tu y él... - dijo Paulina a Bijou. Bijou simplemente asintió y le dio un besito en la mejilla a André por haberla protegido de la lluvia- ¡me alegro!

-Mon amour... ¿qué hacemos aquí? -le preguntó Bijou a André.

-Hemos venido a por un Arco Iris- a Bijou se le iluminaron los ojos al oír eso- cuando deje de llover, Paolo y Paulina nos llevaran hasta él.

Efectivamente, cuando dejo de llover, no mucho tiempo después, un maravilloso Arco Iris surcó los cielos. Bijou lo miraba con los ojos iluminados, abrazada junto a André, que también miraba el acontecimiento. Poco después, subieron sobre las palomas y tomaron rumbo al Arco Iris. Paolo y Paulina volaron lo más rápido que sus alas les permitían, al ver que el Arco Iris desaparecía.

No hubo manera. El Arco Iris parecía alejarse cada vez mas... y finalmente desapareció. Las palomas bajaron apenadas y cansadas.

-Bijou, yo... lo siento... te he fallado- dijo André tristemente, y dos lagrimas cayeron por sus mejillas.

-No me has fallado, tontín... yo te pedí demasiado. No te preocupes más... al menos, lo he visto y no perderé mis colores. Merci por intentarlo... - Bijou besó a André, y a la vez le secó las lagrimas.

-Merci... mon amour... - volvieron a besarse, y fueron hacia casa.

Fue un paseo precioso, los dos hámsters agarrados de las patitas, caminando sobre el suelo mojado por la lluvia, viendo los caracoles salir de sus escondites. Los dos pensaban estar en el paraíso, pues aquellos momentos no los cambiarían por nada. Se sentaron en el mismo lugar que el día anterior, bajo aquel árbol, que ahora estaba rodeado de una hierba húmeda.

Se quedaron ahí, sin decir nada, durante tiempo indefinido. Solo se miraban, se abrazaban y se besaban.

El día se les pasó volando, ya era mas tarde de la hora a la que Bijou solía irse, y se despidieron con prisas. André regresaba a su casa feliz.

-¡André! -fue lo primero que oyó nada mas entrar en su casa- ¡Sophie ha desaparecido!
 
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« Respuesta #5 : Julio 05, 2005, 20:57 »

André se quedó en shock unos segundos, y rápidamente empezó a moverse.

-¡Marie, vamos a salir a buscarla, no puede haber ido muy lejos...! -dijo con una entonación entre triste y agobiado.


Lo que André no se esperaba es que si había ido lejos, mucho más de lo que hasta ella se esperaba.

-¿Dónde... donde estoy? -se preguntó la hámster mientras paseaba por la fría noche de París.

El ambiente no era muy acogedor, parecían los suburbios de París, una zona que André le prohibió visitar. Allí era donde iban todos los hámsters desechados de la sociedad, los hámsters crueles y los pobres. En efecto, el ambiente era espantoso, completamente húmedo y oscuro, con montones de chabolas de hámsters alrededor de las cuales montones de hámsters mendigaban o robaban. Sophie estaba asustadisima, pero tenia que hacer eso si quería que André le prestara atención. Él siempre había estado cuidándola y jugando con ella cuando sus padres vivían y después de que murieran. Ella le tenia un gran aprecio a su hermano, sentía orgullo al hablar de él pues sabia que era un hámster que no temía a nada ni a nadie. Pero desde que Bijou llegó... André no fue el mismo. Había cambiado, ahora se preocupaba mas de Bijou que de Sophie. Y eso a Sophie le provocaba un horrible rencor hacia Bijou porqué le estaba robando a su hermanito. Pensó que si se escapaba, André la buscaría y todo volvería a ser como antes. Pero... desde que entró en aquel barrio, sintió algo... sintió miedo, y pena... Pensó que André y Marie estarían muy preocupados y tristes por ella, pero ahora no podía echarse atrás. Trato de buscar algún refugio por los alrededores, y finalmente encontró una caja vacía. Tras meterse en la caja empezó a llover sobre París, mojándose la caja, no obstante, no se derrumbaba. Aun así, Sophie tenia muchisimo frío y miedo, inspirado por los relámpagos que caían sobre la ciudad. En ese momento Sophie comprendió la situación de aquellos hámsters sin hogar, ella tenia una casa y una cama calentita en la que dormir, pero aquellos hámsters no tenían nada. Sophie, pese al miedo, no tardó mucho en dormirse.


Mientras, André y Marie gritaban su nombre desesperados en busca de respuesta, cuando empezó a llover. Marie se refugio bajo una hoja y le dijo a su hermano que fuera con ella. Pero él se negó, se negaba a cesar ni un instante de buscar a su hermana, por mucha lluvia que hubiera. Siguió gritando y corriendo hasta altas horas de la madrugada. Entonces, fatigado, regresó a su hogar debido a las insistencias de Marie.

El hámster no podía evitar llorar como nunca en su cama por la desaparición de su hermana. A la mañana siguiente, se olvido de sus tareas o de cualquier otra cosa y salió bien temprano a buscar a su hermana.

La pequeña hámster despertó y salió de la caja. Estaba acostumbrada a tener el desayuno ya hecho cuando se levantaba, pero recordó que se había escapado. Hambrienta siguió caminando, encontrándose con varios hámsters que le insinuaban cosas.

-¡Ey, guapa! ¿Quieres pasar un buen rato? -le decían la mayoría de los hámsters con los que se topaba, pero ella no les hacia ni caso, no era bueno hablar con extraños.

-André... -murmuró la hámster recordando quien se lo enseño. Dos lagrimas recorrieron su cara, y se sentó en un rincón de un callejón de aquel horrendo lugar. Estuvo meditando un rato y decidió que iba a volver a casa.

Mas no podía, ¡no sabia por donde había venido, estaba perdida! Sophie vago por aquel lugar, buscando alguna indicación, mas los hámsters que encontraba solo le decían lo mismo '¡Ey, guapa! ¿Quieres pasar un buen rato?'. ¿Acaso no sabrían otra cosa? Se preguntó Sophie para sí.

André peinó todos los lugares que Sophie conocía, sin resultados. Ya solo le quedo una opción, colgar carteles de Hámster Perdido. Cogió una de las fotos más recientes de Sophie, y en una imprenta-ham hizo mas de mil  copias, que distribuyo por toda París, incluso fuera de la ciudad. Hacia la noche de ese día recibió la visita de un hámster que decía haberla visto entrando en los suburbios. A André le dio un escalofrío, pensando que algo malo podía haberle ocurrido a su hermana. Marie ya hacia horas que dormía, y tras darle la recompensa por la información  -unas trescientas pipas- fue corriendo hacia aquel lugar.

Sophie tenia tanta hambre que era capaz de cualquier cosa por la más insignificante pipa. Recibió varias invitaciones de comida gratis, pero ella las rechazó. No le parecía buena idea. La noche cayó sobre París y Sophie estaba muy triste y asustada. No había encontrado ningún sitio para pasar la noche, y tuvo que pasarla a la intemperie. Hacia frío, mucho frío, y Sophie no podía dormir. Llegó el día de nuevo, y Sophie despertó del duro suelo en el que había dormido. Siguió vagando, muerta de hambre, preguntando dónde estaba la salida. Finalmente, un hámster que llevaba una guitarra azul le comentó que podía indicarle la salida, pero que salir de ahí de poca servía, ya que te tratarían como una basura, un desecho de la sociedad. A Sophie eso le daba igual, solo quería salir de allí, y pedir perdón a André.

El hámster le guió por varios caminos y le llevó hasta la salida. Allí le repitió lo mismo, que de poco servia salir, te seguirían tratando de despojo.

-¡No! Eso no es cierto, yo solo he estado aquí dos días, y han sido realmente horribles. Pero, no por ello perdí la esperanza de encontrar la salida y volver con mis hermanos, que me quieren sea como sea -concluyó Sophie, y salió corriendo.

Corrió y corrió, lo más rápido que su débil cuerpo hambriento le permitía, pero... se dio cuenta de algo. ¡Estaba en el otro extremo de la ciudad! No había salido por el mismo lugar que entró, entonces... el hambre y la desesperación hicieron mella en la hámster, y se desplomó quedando inconsciente en medio del campo en el que se encontraba.


André pasaba deprisa por aquel horrendo lugar, buscando por todas las calles. Finalmente, encontró aquel hámster de la guitarra azul, y le preguntó si había visto a su hermana.

-Uhm... ¿aquella hámster marrón, jovencita y  que estaba buenisima? Si, me dijo que quería salir de este lugar, y la lleve a la salida- dijo el hámster.

-¡Llévame, por favor! Te pagaré lo que quieras -dijo André desesperado.

-No hace falta que me des dinero... te llevare gratis- tras decir esto, se giró y volvió a hacer el mismo camino que con Sophie.

André le siguió de muy cerca, pensando a veces en decirle que fuera más rápido, pero recapacitaba y pensaba que quizás así solo empeoraría las cosas. André estaba deseoso de acabar con aquella pesadilla, pero el son de la canción que su guía tocaba desde hacia rato le calmaba los nervios. Recordaba esa canción... la había escuchado bastantes veces por la radio ham, y además... el autor era un amigo de sus padres.

Finalmente, cesó de andar el hámster, y señaló en una dirección. André le dio las gracias, y corriendo lo más rápido posible siguió en línea recta por la dirección que le había indicado aquel extraño hámster.


Sophie yacía inconsciente en el suelo, presa fácil para los gatos. Tres se arrejuntaron alrededor de la hámster, y la movieron con ayuda de su hocico para saber si estaba muerta. Efectivamente, la hámster no se movía, y no daba signos de vida. En ese momento André logró divisar a los gatos, pero también una pequeña mancha marrón tendida en el suelo. ¡Era su hermana! El hámster agarró un palo mientras corría desesperado hacia su hermana. Los gatos se percataron de su presencia y fueron a atacarle. André esquivaba los continuos ataques con gran agilidad, mientras trataba atacar. Logro darle con el palo a uno de los gatos en el ojo, y este se fue gimiendo lejos de allí. Pero aun quedaban dos, André, mientras se defendía y contraatacaba, también se alejaba de donde se encontraba su hermana. Otro gato cayó, este tras recibir un golpe en la boca, por desgracia, el gato logró romper en gran parte el palo y André cayo al suelo bocaarriba. El último gato iba a atacarle, cuando su hermana despertó y observó la escena, ella, con el corazón en la boca, gritó un fuerte '¡André, no!' y se desplomó. André reaccionó, y dando un vuelco a la derecha esquivo el golpe del gato. Aprovechando el momento, subió en la espalda del mismo, y el gato trató de quitárselo de encima. André se agarró como pudo a su cuerpo, y fue escalando poco a poco hasta la cabeza. Cuando llegó mordió las orejas del gato con gran energía, y este gimió y movió la cabeza tan fuertemente, que André cayó al suelo. El gato huyó corriendo.

Pasado el peligro y tras descansar unos segundos, André se levantó y fue a socorrer a su hermana que seguía inconsciente. La tocó, estaba fría. André lloró sobre el cuerpo de su hermana, pero esta no respondía. André decidió probar una última cosa, darle algo de comer. Saco una pipa de la bolsa que llevara para paliar el hambre en los suburbios –aunque no le hizo falta... estaba demasiado preocupado para comer-, la peló y la pico hasta hacerla puré prácticamente. Introdujo la masa pastosa en la boca de su hermana, e hizo que se la tragara con cuidado de no atragantarse. Repitió el proceso con cuatro pipas más, y Sophie seguía inerte. André se abrazó a ella fuertemente, seguía fría...

André la cogió en brazos, dispuesto a... enterrarla junto a sus padres. No podía evitar llorar mientras pensaba 'Solo los más fuertes sobreviven... es ley de vida...', pero... por razones desconocidas, quizás un milagro... Sophie ya no estaba fría... poco a poco, abrió los ojos, cosa de la que André no percató...

La hámstercita veía a su hermano llorando, con la mirada firme en el horizonte... finalmente, hablo débil y dulcemente...

-André... lo siento... -dijo Sophie.

André miró a su hermana, le había parecido una alucinación producida por su cerebro debilitado. ¡Pero no, era ella de verdad! André se cayó al suelo de la emoción, aun así tuvo cuidado de que Sophie no se hiciera daño. Finalmente se abrazó a ella, y le dio un fuertisimo abrazo. Tras volverla a ver, volver a sentir su presencia... André le dio un guantazo entre lagrimas.

Sophie se tocó la cara enrojecida y dolorida, pero no lloró, vio a su hermano con lagrimas en sus ojos y no lloró.

-¡Tonta! Nos has preocupado a todos -dijo André entre lagrimas y con un alto tono.

-Lo siento... hermanito, por favor, perdóname... pero... es que... sentía que cada vez te preocupabas mas de Bijou, y ya no te preocupabas de mí... tenia... tenia... celos...-dijo Sophie bajando la mirada.

André hizo que la levantara y dijo:

-Tú sabes que te quiero, Sophie... tu sabes que siempre te protegeré, siempre estaré a tu lado para lo que quieras, pero... debes comprender, que en la vida hay más cosas... tú, aunque ahora no te lo imagines y lo niegues, también encontraras a un chico que te haga sentir mejor que ninguna otra cosa. Un chico del que te guste todo, incluso sus defectos... eso, Sophie... es amor. Cuando experimentes el amor, te olvidaras de Marie y de mí... pero no debes sentirte culpable, Papa y Mama no lo habrían querido... y no es que te haga menos caso, es que yo amo a Bijou, y a veces ese amor me hace olvidarme de otras cosas. Pero tú sabes, que pase lo que pase, siempre me tendrás a tu lado para lo que quieras- tras esto, le dió un fuerte abrazo a su hermana.

-Gracias, André... pero perdóname, he sido una tonta escapándome y poniéndote en peligro con los gatos- dijo la hámster poco antes de desplomarse y caer sobre su hermano.

-Descansa, Sophie... ya paso todo... -dijo André volviendo a llevarla en brazos hacia su casa.

Cuando llegó todos los Fran-hams se abalanzaron sobre André, pero se apartaron al ver a Sophie en ese estado. André la metió en su habitación y tras dejarla en su cama, le acarició la frente. Después, esbozó una sonrisa.

-Se pondrá bien... es fuerte -dijo André con una gran sonrisa en la cara.

Después, entró a su habitación y también se tumbó en su cama.

-Necesito descansar, por favor... si no estoy despierto cuando Sophie despierte, avisadme... -dijo André antes de cerrar los ojos y caer en un placentero sueño.

Hacia la noche, cuando solo Marie estaba despierta, André despertó.

-¿Aún no? -preguntó el hámster cuando vio a Marie en la Salita, viendo la televisión.  

La hámster se limitó a contestar girando negativamente la cabeza. André asomó la cabeza a la habitación de su hermana. 'Vamos, Sophie... puedes salir de esta' pensó el hámster mirando a su hermana, que dormía plácidamente en la cama.

Llegada la medianoche, Sophie despertó, con mucho cuidado se levantó de su cama, sin salir de ella, y divisó a su hermano, que dormía en el suelo y que solo estaba tapado por una fina manta. Sophie, haciendo uso de gran parte de su fuerza, metió a su hermano en su cama, y volvió a dormirse

A la mañana siguiente, despertaron los dos prácticamente al unísono, y André no sabia que hacia en la cama de su hermana.

-Hermanito, te metí yo... por cierto, ya estoy mucho mejor, gracias por cuidarme tanto -dijo la hámster y le dio un besito en la mejilla.

-Sophie, cuando vengan a preguntarte sobre lo que hiciste... di que no te acuerdas... no quiero que vuelvas a revivir aquel momento -dijo André, antes de avisar a Marie para que entrara a la habitación.
 
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« Respuesta #6 : Julio 05, 2005, 20:58 »

Era un día de frío invierno en la ciudad de París. Los fran-hams estaban juntos frente a la estufa del club, todos con mantas por encima. Por supuesto, André y Bijou, y Marie y Pierre; además, se daban calor entre ellos. Ese día era extremadamente frío... como pocos habían en Francia. Una gran nevada estaba cayendo sobre París, y los Fran-hams estaban esperando a que parara. Hubo parado de nevar, los Fran-hams marcharon a sus casas, antes de que volviera a empezar a nevar.

-Daros prisa... presiento que se aproxima una nevada muy fuerte -dijo André, despidiéndose de todos desde la puerta- además, me gustaría que os llevarais alguna de nuestras mantas para el camino... -dijo André, señalando las mantas que antes habían empleado para taparse.

Los Fran-Hams le dieron las gracias, y uno a uno fueron recogiendo su manta, y saliendo. También, André les decía que si se perdían, no dudaran en regresar a su casa... que él estaría despierto toda la noche.

-André... los cuidas demasiado y muy bien -comentó Sophie, orgullosa de su hermano mayor.

-Es lo que tiene que hacer un buen jefe, hermanita... -dijo André, guiñándole un ojo a Sophie.

Los Fran-hams se fueron, uno a uno... Cuando Bijou iba a marcharse, André la frenó.

-Espera, Bijou... déjame acompañarte... -dijo el hámster, cordialmente.

-Pues claro, mon amour... -respondió la hámster con una encantadora sonrisa de las que la caracterizaban a ella.

Ambos hámsters salieron, cada uno con su manta, abrazados para darse calor. El paisaje era de un blanco total, solo se veía nieve, nieve pura recién caída, y de vez en cuando asomaban las ramas de algún árbol sin hojas. Los hámsters caminaban despacio, pero a la vez ligeros, pues sabían que la tormenta podía levantarse en cualquier momento...

Los bigotes de André volvieron a erizarse para avisarle de la llegada de una tormenta, y apresuró a Bijou hacia su casa. Pero no llegaron a tiempo.

La tormenta nada mas comenzar alcanzó una fuerza increíble, que se materializaba en nieve y viento. Bijou, temblorosa por el miedo, se aferró a André para no perderse, y este, serio mas que nunca, por que temía por la vida de ambos, prosiguió sin apartarse de su amada.

El frío cada vez iba mas en aumento, y la tormenta no permitía ver mas allá de medio metro. Los hámsters se estaban helando rápidamente, y André le ofreció a Bijou su manta.

-No... no quisiera que te helaras... aguantaré -contestó Bijou como pudo.

Los hámsters siguieron caminando, el cansancio y el hambre hacia mella en ellos con la misma rapidez que el frío. Resbalaron en una superficie helada, no sabían cuál, pues no podían distinguirlo. A André, en cierto momento, le pareció que Bijou se alejaba, pero al gritar su nombre, notaba como ella le agarraba el brazo como podía. Se levantaron como pudieron sobre aquella superficie resbaladiza, André trató de olerla, pero no olía a nada. Sabia que estaba helada, porqué sus patas la estaban tocando todo el rato. Sin saber que era, trató de continuar, con Bijou agarrada del brazo. De vez en cuando, André le decía a Bijou que no se preocupara... que saldrían de esa. Tras varias caídas y tropezones, André y Bijou lograron salir de esa superficie helada y resbaladiza. Seguía cayendo nieve, y hacia mucho frío. André, a pesar de que Bijou no quería, le puso su manta para que esta se calentara. Siguieron caminando sin saber adonde iban... tampoco se oía ningún ruido, aparte de los continuos gritos de André y Bijou para no separarse.

André y Bijou perdían fuerzas a cada segundo, ya fuera por el frío, por el hambre, o por el cansancio...

Al cabo de un rato, André notó como Bijou ya no respondía a sus mensajes, ni ejercía fuerza en su brazo. André tanteó por el aire, buscando a Bijou. Finalmente, la encontró, notó como estaba tirada en el suelo. Seguramente estaría demasiada cansada, y se habría desmayado, pero André se preocupó. Necesitaban mantenerse despiertos, trató de despertar a Bijou sin conseguirlo. La montó a cuestas como pudo, y continuó caminando. Pese al cansancio, continuó sin parar. También agudizó bastante el oído, al no tener que estar pendiente de si tenia a Bijou agarrada del brazo. En esto, que encontró una cueva, guiado por el ruido que hacia el aire al entrar y salir. Pero, antes de llegar a la misma, cayó en un agujero. Debido al impacto quedo totalmente inconsciente.


Paso un rato antes de que Bijou despertara. Allí dentro no había nieve, y debido a que algo de luz entraba desde arriba, se podía ver perfectamente.

Bijou vio, desconcertada, el cuerpo de su amado tirado en el suelo, inconsciente. Rápidamente se acercó a él.

-Está frío...-dijo, y rápidamente le tapó con las dos mantas que la hámster llevaba. Recordó entonces que no mucho atrás, Pierre les enseñó, a ella y a los demás Fran-hams a hacer fuego para fogatas. Recordó que tenia que buscar unas piedras con una forma plana, y chasquearlas entre un montón de ramas.

Bijou encontró las piedras rápidamente, pero... no tenía leña. Decidió probar otra cosa, y se quitó los lazos. Los puso junto a un poco de tela de las mantas, que arrancó de cuajo, y hizo chispas con las piedras. Estas crepitaron, y poco después, un pequeño fuego, que se avivaba poco a poco, nació de entre el revuelto de tela y los lazos azules de Bijou. La hámster acercó a André hacia el fuego, y los dos volvían a entrar en calor.

Un rato después, sin que Bijou lo advirtiera, André despertó, y la miró. Le alegró verla sana y salva, pero a la vez se sobresaltó al tener las dos mantas él solo. Sigiloso se acercó a Bijou, y le puso una de las mantas.

-Merci, mon amour... -dijo, antes de fundirse en un profundo beso con Bijou.

-Gracias a ti por acompañarme... sino, no sé que hubiera pasado... -dijo Bijou bajando la mirada.

André volvió a levantarla, y tras darle un beso, ambos esperaron a que pasara la tormenta junto al fuego, acurrucados.

A la mañana siguiente, los Fran-hams se alarmaron por que André aun no había regresado, la tormenta había cesado ya, y la nieve comenzaba a desaparecer... al principio pensaron que se había refugiado en casa de Bijou, pero esa teoría cada vez fue menos factible, ya que ni él ni Bijou regresaban.

Los Fran-hams decidieron salir a buscarles, ahora que parecía el tiempo se había calmado. Fueron a casa de Bijou, pero ninguno estaba. Volvieron al Fran-club, y comenzaron de nuevo. Pierre trataba de seguir el olor de André o Bijou, pero era realmente difícil debido a la nieve que aún cubría el suelo. A duras penas llegaron al Río Sena, todavía helado... vieron algunas zonas resquebrajadas, y supusieron que André y Bijou se habían resbalado, y lo habían resquebrajado. Siguieron caminando hasta que encontraron una cueva, fueron a ver si se habían refugiado ahí, pero no estaban. Sophie se dio cuenta, de que poco antes de la cueva, había un agujero. Asomo la cabeza por el interior, y logró divisar un bulto tapado con dos mantas.

-¡André, Bijou! ¿Estáis ahí?- gritó la hámster, mientras los demás inspeccionaban la otra cueva. Sobresaltados por el grito de Sophie, fueron a donde ella se encontraba. Allí, Pierre bajó con gran cautela al interior de la cueva. Se acercó al bulto, que empezó a moverse. El hámster paró, tragó saliva, y destapó el bulto. André y Bijou estaban despertando, se habían dormido al calor de la fogata ya extinguida. Cuando se dieron cuenta de que no estaban solos, se sonrojaron y Pierre hizo un amago de reírse.

-Ehm... Pierre... ¿podrías...?-dijo André tartamudeando y tremendamente sonrojado.

-¡Descuida! -dijo Pierre cesando su risa, y  haciendo un gesto de cerrar la boca con una cremallera inexistente.

Los hámsters salieron de allí ayudados por los que se encontraban arriba. Una vez arriba todos, Sophie y Marie se abrazaron muy fuerte a  su hermanito.

-¡Pensábamos que no os volveríamos a ver! -dijeron las hámstercitas al unísono.

-Vamos, chicas... ¡arriba esas caras! Ya saben que me gusta veros sonrientes -dijo André, con una amplia sonrisa. Sus hermanitas sonrieron tan rápido como pudieron.

-¡Bueno, pareceis tener frío... volvamos a casa! -dijo Pierre acabando con ese momento de ternura.

André y Bijou fueron todo el viaje extrañamente juntos... muy contentos y cuchicheando entre ellos... cuando llegaron, Pierre les acomodó en los mejores asientos del club y les dió una taza de chocolate a cada uno. En ese momento los Fran-Hams pidieron a André y Bijou que les contaran que había pasado, pero estos solo se sonrojaron y siguieron cuchicheando mientras se tomaban su taza de chocolate caliente.

Cuando Bijou se fue a su casa, ya de noche, André la acompaño hasta su hogar, ya sin percances. Iba a quedarse un rato con su amada, pero... debía volver pronto a casa.

Cuando llegó, rondarían las diez de la noche, y como supuso, sus hermanas estaban despiertas.

-¡Niñas, a dormir! -André volvía a ser el mismo hermano conservador de siempre.

Sus hermanas no rechistaron, y cuando estaban listas para dormir, André fue a darles las buenas noches, como todos los días.

-¡Venga, buenas noches, Sophie! -dijo André, terminando de tapar a su hermana más pequeña.

-Buenas noches... papá -dijo Sophie, en una voz muy baja. Sin embargo, llegó a André que se giró bruscamente hacia su hermana.

-¡Sophie! No quiero que vuelvas a decir eso NUNCA, yo NO soy tu padre. Tú ya tienes un padre, y este es el MEJOR PADRE DEL MUNDO. No quiero que me vuelvas a tomar por tu padre por nada del mundo, Papá se sacrificó por nosotros, y tú lo sabes bien. ¡No quiero oírte de nuevo decir eso! -le regañó muy seriamente André, en una actitud que su hermana desconocía completamente.

-Pero... es que... tú nos tratas a todos tan bien... nos haces la comida, nos proteges, nos das amor... ¡haces mas que Papá! -explicó Sophie bastante triste.

Al instante se escucho un sonoro tortazo. Sophie se tocó la cara mientras su hermano lloraba.

-¡NO! Papá se sacrificó por nosotros tres, él nos cuidó, él nos dio la vida. Sin él ahora no tendríamos todo lo que tenemos -dijo André entre lagrimas.

Sophie se tocó la cara roja.

-Lo... lo siento, André... hermanito... lo siento mucho... ¡perdona! -y comenzó a llorar.

André, volviendo a su ser, le levantó la cabeza y le secó las lagrimas.

-Tranquila... ¿ya te ha quedado claro, verdad? -Sophie asintió- pues venga, a dormir...

A la mañana siguiente, las hermanas de André encontraron el desayuno hecho, y una nota que decía que iba a hacer una cosa, que volvería hacia el mediodía.


Y por la cubierta de nieve ciudad de París paseaba André, en busca de la tumba de sus padres. La encontró cubierto por la nieve, nieve que quitó raudo. Puso una nueva flor en el ramo, y miró a la tumba.

-Perdónala, papá... ya ves que aun es muy pequeña... ella no lo decía en serio, solo que... las cuido demasiado bien, como tú me dijiste... ¡te prometí que las cuidaría, y así lo haré! -dijo André firme ante la tumba.
 
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« Respuesta #7 : Mayo 29, 2006, 21:45 »

-Déu meu, quin fred!

Un hámster de pelaje naranja trataba de avanzar entre una pequeña tormenta que se había desatado unos minutos antes. No estaba acostumbrado a los cambios bruscos de tiempo de Francia, pensaba mientras tiritaba de frío. De repente, oyó una voz y la siguió.

-¡Eh, tú! Sigue mi voz –decía la voz entre la ventisca. Viene de la derecha, pensaba el hámster.  De repente, se chocó con algo blando y con pelo. Presumiblemente otro hámster. Alzó la vista y vio otro hámster naranja.

-¡Ven, agárrame y no te sueltes! Vamos a resguardarnos de la nieve –decía el hámster mientras le tendía una mano. El otro asintió y la agarró, y juntos caminaron hasta refugiarse dentro de una madriguera de ardillas abandonada, en el tronco de un árbol. Allí se vieron mejor. No eran muy diferentes, ambos tenían el pelo naranja. Pero uno de ellos tenía mucho más pelo y unas marcas marrones en las orejas, frente y ojo izquierdo. Unas cicatrices en el pecho lo diferenciaban aún más.

-Soy André, encantado –dijo, mientras le tendía la pata.

-Joan, un placer –contestó el otro hámster. A diferencia de André, él estaba tiritando. André sonrió.

-Veo que no eres de por aquí. Cualquier hámster en su sano juicio no habría salido con la inminencia de una tormenta –comentó André.

-Pero tú has salido –replicó Joan, tomando confianzas.

-Bueno, tenía que buscar algo de comer... soy un hámster de campo, ¿sabes? –reveló André, esperando oír una exclamación.

-De dabò? –Joan lo escudriñó de arriba-abajo – No pareces muy rústico...

-Los hámsters de campo sabemos cuidarnos –respondió André medio molesto- Por cierto, ¡qué es el lo primero que has dicho?

-De dabò –repitió Joan. André lo miro extrañado- Significa “¿De verdad?” en valenciano.

-¿Valenciano? –André estaba más confuso a cada segundo.

-Es el idioma de la zona de donde vengo. Igual que tú hablas francés, yo hablo valenciano –explicó Joan.

-Ya veo... ¡parece interesante! ¿Podrías enseñarme? –pidió André.

-Claro, pero nos llevará nuestro tiempo –miró hacia fuera, a la tormenta que arreciaba- Supongo que tenemos mucho...


Una hora tardó André en llegar a su casa tras haber salido a por comida. Venía con las manos vacías, pero acompañado. Sus hermanas eran las únicas habitantes de la casa en esos momentos, a la espera de la llegada del resto de fran-hams. Las hámsters se abrazaron a su hermano como si no lo hubieran visto en meses.

-Chicas, chicas... tenemos un invitado, y no quiero que se sienta molesto –Joan miraba a André sorprendido. No sabía que pensar. Sus hermanas le soltaron sumisas y se secaron las lagrimas, esbozando una sonrisa al recien llegado- Os presentaré... Joan, estas son mis hermanas, Marie y Sophie. Chicas, este es Joan, lo encontré en medio de la tormenta y nos cobijamos juntos –hizo las presentaciones André.

-Tant de gust –Joan besó las patitas de Marie y Sophie, y André no pudo evitar enarcar las cejas. Demasiado directo. Además, aún sabía muy poco del idioma como para entender lo que había dicho.

-¿Disculpa? –Marie no había entendido lo que había dicho.

-He dicho “Mucho gusto”, preciosas –contestó Joan.

-Él habla un idioma, llamado valenciano, igual que nosotros hablamos el francés –explicó André, al sentir las miradas interrogativas de sus hermanas.

-Oh, tan de güs, Joan –se atrevió a balbucear Sophie. Joan hizo una mueca divertida. Le gustaba esa hámster... tendría que encontrar el momento para quitar a su hermano del medio. Porque si algo descubriría a lo largo del día, a la par que conocía el resto de fran-hams –excepto Bijou, que estaba con su dueña de viaje a los Alpes, y no volvería hasta dentro de un par de días-, era que André era muy protector con sus hermanas. Descubrió su triste pasado, y lo comprendió. Pero no por ello desistió en su empeño. Esa hámster debía ser suya, a cualquier precio.

Pero ese no era el momento.

-Así que valenciano, ¿eh? Quizás a André le interese aprender, pero por lo que hace a mí no me hace mucha gracia. No soy un diplomático, no tengo que saber hablar los idiomas de todos los países del mundo –contestó Pierre a la pregunta de Joan si quería “estudiar” con André el valenciano.

-Bueno, bueno... allá tú –contestó Joan. Al parecer no le caía demasiado bien a Pierre. Al contrario que a André, que le caía estupendamente. Eso era un punto a su favor. Podría conseguir lo que quería sin muchos problemas si encandilaba al hermano.

Joan tuvo que marcharse cerca de las seis de la tarde, después de prometer a Lucette que esa noche no habría cabida en su mente para Morfeo, ya que toda ella lo ocuparía. Pero aunque Lucette se mostró agradecida, no se sonrojó ni mostró síntomas de sentirse adulada. Y, además, antes de irse invitó a André a su casa. Le indicó un sitio donde podían quedar.

-Mientras consigo mi premio, nada me impide hacer manitas con alguna otra. Esta parece dura, veremos cuanto aguanta –pensaba Joan en el camino a casa.


Llegó la mañana siguiente, y André ya le llevaba esperando un buen rato. Tenía ganas de aprender más. Pero Joan, ese día, no iba a darle clases de teoría, de traducir o de conocer las leyes gramaticales. Ese día sería practica, oral y escrita.

Llegaron a casa de Joan, un apartamento de viviendas de estudiantes. Porque su dueño era eso, un joven de 18 años que había ido a Francia a cursar la carrera, ya que en su país no había universidades que dieran lo que él quería. El muchacho sabía hablar muy bien el francés, por lo que no tenía muchos problemas, como pudo observar André. Estaba sentado en el salón, con una chica francesa muy guapa, hablándole en perfecto francés de las canciones que estaban escuchando. La muchacha reía coquetamente. El chico era bastante atractivo, no se podía negar. Tenía un pelo oscuro que contrastaba con sus ojos de iris marrón, que se hallaban en el centro de un rostro limpio de impurezas, sin barba, ni acné ni nada que ensuciara la belleza de los ojos. Era corpulento, tenía una buena espalda de nadador –aunque, según Joan, su amo nunca había practicado natación ni ido a un gimnasio- y el muchacho era alto, debía medir cerca de un metro noventa.

La jaula de Joan estaba en la cocina del piso, por lo que su amo –Jordi, se llamaba- apenas le hacía caso y podía estar fuera siempre que quisiera hasta las seis de la tarde, que volvía de la universidad. Las noches se iba de fiesta con los amigos, por lo que también Joan podía salir.

Los hámsters se escondieron detrás del sofa, y, entre las voces de los humanos y el ruido de la calle, escucharon atentamente la canción que sonaba.

-Te explico. Es de un artista valenciano llamado Nino Bravo. Sus canciones son, en gran medida, amorosas. Sirven para encandilar a las chicas, tú ya me entiendes –comentó con tono pícaro- Mira, escucha con atención.

El cantante subió el tono, y se oía claramente la canción, que decía así:

“Al partir un beso y una flor
Un te quiero, una caricia y un adiós.
Es ligero equipaje
Para tan largo viaje...
Las penas pesan en el corazón”


-Es preciosa... –André se sentía emocionado. No solía oír mucha música, no le atraía mucho, pero esa canción le había llenado. Deseaba escuchar más- ¿Podemos quedarnos a escuchar más? –suplicó como el niño que pide a su madre cinco minutos más de sueño antes de ir al colegio.

-Está bien –le concedió Joan- Escolta ahora, esta canción está en valenciano, y quiero que traduzcas las seis primeras frases.

-D’acord –contestó André tras unos segundos para buscar las palabras. Agudizó el oido y la mente, y escuchó con atención. Luego, lo tradujo titubeante:

“Es el viento
Que te habla
Que acaricia tu cara.
Es el viento
Que te peta
Es el viento
Que soy yo.”


-Casi... te has equivocado en algunas palabras, pero está muy bien traducido –Joan parecía satisfecho- Aprendes muy rápido, André –observó el hámster.

-Gracias, supongo –contestó André.

-Ven, vamos a ir al cuarto de Jordi. Quiero que leas unas hojas de un libro que se está leyendo, a ver si puedes traducirlas.

André asintió, aunque se sentía abatido por tener que dejar de escuchar una música tan preciosa. Pasaron los días, y pronto André supo hablar perfectamente el valenciano. Por fín regresó Bijou de su viaje, y André tras besarla y abrazarla mil veces, le presentó a Joan.

-Encantada de conocerte –se presentó Bijou esbozando una amplia sonrisa.

-El placer es mío –Joan besó la patita de Bijou y miró a André de reojo. No se había sentido incómodo, como cuando lo hizo con sus hermanas. Lo tenía en el bote.
« Última modificación: Mayo 29, 2006, 21:47 por Leo » En línea


 
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« Respuesta #8 : Septiembre 07, 2006, 18:03 »

-¡Largo! ¡Fuera de mi club, y no vuelvas nunca! –gritaba André. Joan le miraba sorprendido, mientras Sophie lloraba abrazada a su hermano. Marie trataba de consolarla, mientras dirigía a Joan, así como el resto de Fran-Hams hacía, una mirada de odio. André bajo el tono –No sólo pusiste en peligro la vida de mi hermana, sino que además has traicionado mi amistad... vete –retiró la mirada de Joan, visiblemente dolido. Un buen amigo, que le había enseñado el valenciano, que le había regalado toda la colección de grandes éxitos de Nino Bravo... que se había vuelto un amigo bastante íntimo. Joan le había traicionado cuando André menos lo esperaba. Sophie dejó de llorar.

-¡Te odio, Joan! –gritó la hámster. Esa había sido la gota que colmaba el vaso. Joan bajó la cabeza avergonzado, y comenzó a llorar.

-Lo... lo siento... –dijo.

-¿Crees que una simple disculpa va a arreglar lo que has hecho? ¡Por tu culpa, Sophie nunca volverá a ser la misma! –exclamó Marie.

-No te perdono, Joan. No perdono que hayas traicionado mi amistad así. Por eso te digo que te marches –André continuaba con su tono tranquilo. No iba a llorar, no iba a aceptar sus disculpas, y tampoco pensaba mirarle a los ojos. Le pediría tranquilamente que se marchase y no volvería a verle.

André... no quiero verle más, dile que se vaya –murmuró Sophie a su hermano. Este asintió.

-Por favor, ya la has oído. Vete –le ordenó secamente. Joan se secó las lágrimas y tras despedirse con un “Hasta la próxima” de todos los hámsters, salió a paso firme del club. Cuando la puerta se cerró tras él, André levantó la cabeza y derramó una simple lágrima. Con esa lágrima, toda su amistad con Joan desaparecía. Abrazó con fuerza a su hermana, que hacía lo propio con él, y miró en silencio la puerta.

-Ha sido horrible... –comentó Pierre.

-No entiendo como un hámster es capaz de cometer tal atrocidad –afirmaron los gemelos.

-¡Ya basta! ¡Ni una palabra más sobre el tema! –les ordenó André. Esta vez sí estaba enfadado, parecía que hubiera reservado todo el enfado con Joan y ahora lo volcase sobre sus compañeros. Miró a su hermana a los ojos- Sophie. Sé que ha sido una terrible experiencia para ti, pero tienes que prometerme que lo olvidarás, ¿vale? –Sophie asintió lentamente- Bien. Nosotros no volveremos a hablar de “eso” para evitar traerte malos recuerdos. Ahora, creo que todos necesitamos una buena siesta –dijo, con un tono algo más alegre. Efectivamente, eran las cuatro de la tarde de un día de invierno en Francia. No se sabía cuando podía empezar a nevar, así que era mejor estar resguardados. André, así como el resto de Fran-Hams, cogieron una manta y se sentaron para resguardarse del frío. André se acercó a Bijou , y abrazándola, ambos entraron en calor. No hablaban, sus miradas lo decían todo. Bijou estaba orgullosa por la decisión de André, y éste le pedía perdón por haber sido tan brusco. De hecho, nadie hablaba. Los recientes acontecimientos les habían quitado las ganas de hablar.  Esperaron a que el sueño les inundara, lo que no tardó en ocurrir para todos los hámsters excepto uno: Sophie continuaba sin poder dormir.


-Así que es aquí... –una hámster había sido llevada por Paolo hasta el Club de la Francia-Ham- Muchas gracias, Doctor –La paloma volvió a alzar el vuelo, y la hámster entró en el árbol que daba entrada al Club, refugiándose del frío de París. Recorrió los túneles hasta encontrarse con la puerta roja del Club.

-Vaya, parece que vive bien... ahí dentro hay muchos hámsters –dijo. Abrió las puertas, y las voces que podían oírse cesaron. La hámster titubeó. Era como si temieran la entrada de alguien. Abrió completamente la puerta y les vio. Nueve hámsters la miraban estupefactos. Excepto uno de ellos... un hámster alto, apuesto... él la miraba encandilado- Bonjour –saludó.

-Bonjour –se adelantó André- ¿Nos conocemos? –preguntó algo sorprendido.

-A mí también me suena, André... –comentó Marie. La hámster sonrió y soltó una pequeña risilla.

-¡Qué pronto os olvidáis de mí! –dijo entre risas- André, Marie –se giró hacia una hámster parecida a los dos que había nombrado- y supongo que tú serás Sophie, ¿de verdad que no sabéis quién soy?

-Lo siento señora, pero no la recordamos –habló André en nombre de sus hermanas y el suyo propio. Había usado el apelativo “señora” porque la hámster era de una edad bastante avanzada, igual a la de Pierre.

-Ya veo –comentó descorazonada- Soy Sandrine. Digamos que soy... vuestra segunda madre –explicó.

-Disculpe, señora, pero nosotros sólo tenemos una madre –dijo André algo molesto.

-Sí, lo sé. Y estoy al corriente del desafortunado accidente que le costó la vida –bajó la cabeza y habló en tono triste- Pero me refiero a que yo fui la enfermera que ayudó al Doctor Paolo a sacaros del vientre de vuestra madre –reveló.

-¿Qué usted qué? –dijo entonces Sophie. Todos los hámsters quedaron visiblemente sorprendidos.

-Vamos, vamos... dejad de tratarme de usted. André, ¿puedo tomar un té con vosotros?


-Así que... ¿eres la enfermera que ayudó a la madre de Marie a sacarla de su interior? –preguntó Pierre a Sandrine. Los dos se habían sentado juntos, y en cierto modo, habían hecho buenas migas. Eso molestaba a Marie, que estaba bastante celosa.

-Sí, pero dejé el hospital  poco después. No me sentaba bien el aire –explicó.

-¿Y ahora a qué te dedicas? –preguntó intrigado Pierre.

-Bueno... por aquél entonces, yo era una hámster callejera, por lo que para ganarme la comida, tenía que trabajar donde fuera. Fue una época muy dura que no quiero rememorar –explicó algo triste la hámster- Ahora tengo una dueña, que me recogió en los Campos Elisios hace unos meses, por lo que no me falta alimento y no necesito trabajar. No obstante, mi amistad con el Doctor Paolo se mantuvo después de mi salida del hospital, y hace unos días hablando de varios temas, me comentó que André y sus hermanas vivían bien en algo llamado “Club de la Francia-ham” –dijo.

-Osea, que vendiste tu libertad por una vida segura... –espetó malhumorado André. No le gustaba nada que los hámsters estuvieran encerrados en jaulas, y menos que alardearan de ello.

-Sigues siendo un niño –comentó Sandrine- No todos hemos nacido en una familia noble y con una buena casa, André. Algunos hemos sufrido mucho y no nos ha quedado más remedio que unirnos a los humanos.

-¿Y porqué estás tan interesada en nosotros tres? –preguntó André, tratando de pasar del tema al verse derrotado en el debate.

-Vosotros tres fuisteis los únicos niños a los que ayudé a venir a este mundo. Paolo me dijo que le ayudara porque ese día la enfermera que se encargaba de los partos estaba enferma. Y bueno, como ya te dije... me siento como una segunda madre vuestra, y estaba preocupada por vosotros –exzplicó.

-Pues ya ves que estamos perfectamente –comentó Sophie con una sonrisa.

-Sí, es un alivio –contestó con otra sonrisa Sandrine.


Llegó la tarde, y Sandrine tuvo que marcharse.

-Oh, déjame que te acompañe, Sandrine –se ofreció Pierre. Esa fue la gota que colmó el vaso. Durante todo el día, Pierre había estado coqueteando con ella, mostrándose muy amable y mirándola furtivamente más de una vez. Y eso a Marie, su novia, la hacía sentir desplazada. De hecho Pierre apenas habló con ella desde que Sandrine llegó al club. Y eso era lo máximo que estaba dispuesta a admitir.

-Merci, Pierre. Será un placer –agradeció Sandrine. Ambos se levantaron de sus asientos y se despidieron del resto de hámsters.

-¿Mañana volverás? –preguntó André.

-Eso espero. Mi humana trabaja desde las siete de la mañana hasta las siete de la tarde, y come en el trabajo, por lo que tengo mucho tiempo para estar aquí –contestó.

-Estupendo. Quizá mañana te haga preguntas sobre mis padres –dijo André en tono ausente, disimulando mal su interés. Aunque se mostrara esquivo con la hámster, ésta sabía que, aunque no la aceptaba como una “segunda madre”, sí la veía como alguien más cercana a él que otros.

Salieron pues Pierre y Sandrine del Club y se encaminaron a la casa de Sandrine.

-André, voy a salir –le desveló Marie escasos minutos después de que salieran los dos adultos. André simplemente asintió. Sabía lo que su hermana iba a hacer, y no pensaba interponerse.

-¿Sabes a donde va Marie, André? –preguntó Sebas cuando la hámster abandonó el Club a toda prisa.

-Va a enfrentarse a su primera gran decepción en la vida –contestó taciturno.


-Bueno, Sandrine... ya hemos llegado –dijo Pierre. Por fin habían llegado a su casa. El paseo se le había hecho eterno, y durante todo el camino, había estado ensayando mentalmente lo que le iba a decir. Ahora, estaba preparado.

-Sí. Bueno, hasta mañana –se despidió la hámster.

-¡Espera! –gritó Pierre. Un arbusto cercano se movió. Marie observaba todo desde una posición resguardada, apretando los dientes y evitando romper a llorar.

-¿Si? –Sandrine se detuvo y miró a Pierre a los ojos. Ella también sabía qué le iba a decir, y estaba esperándolo emocionada. A lo largo del día había nacido unos sentimientos en ella nada comparados con los que sintiera en su niñez por otros hámsters.

-Verás, Sandrine... yo... –Pierre, aún a su edad, seguía titubeando como un niño, pensó Sandrine.

-Vamos, eres un adulto, dímelo sin miedo –le espetó con una sonrisa y en tono afectuoso Sandrine.

-Te quiero –Marie sintió como su corazón se destrozaba al oír esas palabras salir de la boca de Pierre. Sintió nauseas, quiso romper a llorar y perderse entre la oscuridad. Pero no se movió de su sitio.

Sandrine se sonrojó levemente, y se acercó a Pierre. Le agarró de la cara y le dio un largo beso. En cuanto los labios de ambos se juntaron, Marie gritó y salió corriendo hacia su casa, llorando. Los dos enamorados no escucharon el grito de la hámster, para ellos no existía otra cosa que el otro.


Marie entró llorando en la casa en la que sólo se encontraban André y Sophie viendo la televisión. André agachó la cabeza sin osar mirar a su hermana, que corría detrás del sofá donde estaba sentado camino de su cuarto. Sophie se levantó para ir a ver qué le pasaba.

-André, vamos –le dijo al ver que él no se movía.

-Siéntate –le ordenó André secamente. Sophie no se movió- Ella quiere estar sola.
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« Respuesta #9 : Septiembre 07, 2006, 18:05 »

-André, vete –le espetó Marie, hundido su rostro en la almohada de su cama- No quiero que me veas llorar.

-Marie, debes superarlo –dijo André desde la puerta del cuarto de su hermana- Pierre ha elegido a otra, y debes comprenderlo. Sólo te queda superarlo y...

-¡Cállate! –gritó Marie, interrumpiendo a su hermano- ¡Tú tienes a Bijou, no entiendes lo que estoy sufriendo!

André bajó la mirada y cerró la puerta tras de sí, dejando a Marie sola en la oscuridad, ahogando sus penas. La medianoche había llegado a la ciudad, como le avisó el sonido del reloj de la casa. Entró a su cuarto y se tumbo sobre su cama, llorando al igual que su hermana. Iba a ser una etapa muy dura para ella, y él no podía hacer nada.


Marie, llorando, al final se durmió. Y entre sus sueños ella se vio en una calle de un pueblo desconocido, buscando la Puerta del Amor. Y dejó de sufrir al ver que esa puerta se abría, y un nuevo amor nacía en su corazón.

Contenta y sin dudas despertó, recordando aquella calle. Saltó de la cama, salió de su cuarto, y se encontró con André.

-Perdona –le dijo con una sonrisa. André le miró con ojos tristes.

-Perdóname a mí, Marie. Ayer fui muy duro y... –se explicó André.

-No importa hermanito. ¿Sabes? Creo que Pierre no era el amor de mi vida, la puerta me dijo que no –comentó enigmática.

-¿La puerta? –preguntó André. Su hermana le miró con una profunda sonrisa, y André no necesitó ninguna respuesta. La felicidad de su hermana era algo suficiente para él.


Dejando a sus hermanas desayunando, André salió de su hogar para recoger comida. Se encontró a Pierre a medio camino, estaba muy serio y callado. André pensó en él unos instantes como un enemigo, como alguien que había hecho daño a su hermana. Pero pronto recordó que él era su mejor amigo, que él en ningún momento quería hacer daño a Marie.

-André, quiero a Sandrine... pero no puedo decírselo a Marie –le confesó Pierre.

-Lo sé, ayer se os notaba mucho. Y.... créeme, no tienes que decirle nada, ella lo sabe –dijo André secamente.

-¿Có... cómo? –preguntó Pierre sorprendido.

-Así es. Y lloró, Pierre. Lloró durante muchas horas. Pero esta mañana estaba serena y me ha mostrado una gran sonrisa. No sé porqué, creo que no te guarda ningún rencor –le tranquilizó André.

-Muchas gracias amigo, eso me tranquiliza -le confesó. Miró al vacío un instante, como meditando algo profundamente- Bueno, André. Aún así... creo que tengo que hablarlo con ella. Deséame suerte.

-Buena suerte, amigo mío –le dijo André con una sonrisa sincera.

Pierre corrió hasta el Club de la Francia-Ham. Tenía miedo, no sabía como una niña podía reaccionar a una ruptura. Si se hubiera tratado de un adulto, habría sabido predecir su reacción. Pero una niña...

Llegó al Club, y se paró frente a la puerta. Esa puerta roja, que tantas veces había cruzado, y ahora le parecía tan distante, tan extraña... Acercó la pata al pomo, pero tanto éste como la puerta se alejaban cada vez más. La puerta notaba sus miedos y sus dudas.

-No tengo porqué dudar. No la quiero, quiero a Sandrine y ya no hay marcha atrás. Se lo diré y aguantaré su reacción y lo que haga falta.

La puerta regresó a su ubicación original y esta vez sí, consiguió entrar. El silencio reinante en la casa le hacía sentir incómodo. Ya pensó que no habría nadie cuando se sobresaltó al escuchar una voz.

-Buenos días, Pierre –dijo Marie, inexpresiva. Ni un ribeteo de reproche, ni una muestra de afecto. Nada, indiferencia. Pierre hubiera preferido que Marie le odiara a ésto.

-Marie, tenemos que hablar... –comenzó Pierre.

-No hay nada que hablar –le cortó Marie- Ya sé lo que vas a decirme.

Un silencio incomodo.

-No te odio, Pierre. Me has hecho daño, pero no te odio. Supongo... que no estabamos hechos el uno para el otro –se explicó Marie. Pierre esbozó una sonrisa.

-¿Entonces... me perdonas? –preguntó.

-Sí, Pierre. Sé feliz con Sandrine, por favor... –dijo en tono triste.

-Muchas gracias –respondió Pierre, profiriéndole un último abrazo. Desde ese instante dejaban de ser novios.

-Sophie, ya puedes salir –comentó con una sonrisa Marie, mirando el sofá. La cabeza de una hámster asomó por encima del respaldo.

-Me alegro que al final todo se haya solucionado –dijo Sophie inocentona.


Cuando André regresó con la cosecha del día, lo que vio le sorprendió. Pierre y Sandrine estaban sentados juntos... quizá demasiado, y Marie hablaba animadamente con ambos. No había rencor en la sonrisa que les dedicaba, no había burla en las risas que profería cuando Pierre o Sandrine hacían alguna broma. En definitiva, se la veía feliz, como siempre había sido.

-Bueno, André, ¿querías saber cosas de tus padres no? –preguntó Sandrine cuando el hámster sirvió té a todos los presentes y tomó asiento.

-Así es, verás... Paolo era amigo de mis padres, pero él sólo me dijo que eran importantes dentro de la alta sociedad francesa. No entiendo muy bien eso, pero él me dijo que prefería no hablar de ello... podrías explicármelo tú, ¿por favor? –preguntó André.

-Sí, verás... en Francia los hámsters nos agrupamos en grupos de amigos, y a eso los humanos lo llaman “sociedad”, de ahí que nosotros adaptáramos ese nombre. Pero dentro de la sociedad, existen diferentes clases. Está la clase marginal, que es a la que pertenecen los hámsters sin clase, los que, por ejemplo, viven en los suburbios. Luego está la clase media, que es a la que pertenecemos la mayoría de los hámsters domésticos, y bastantes hámsters de campo. Y luego existe una clase “importante”, que es a la que pertenecían tus padres. Esa clase se define por ser la que se encarga del gobierno de la sociedad, porque tiene un alto nivel adquisitivo, o porque pertenece a una cuna noble.

-¿Cuna noble? –preguntó Bijou intrigada.

-Me refiero a que nacieron en una familia ya importante de antes –se explicó Sandrine- André, tus padres pertenecían a esa sociedad importante, la alta sociedad francesa, y tú, al ser hijo suyo, también perteneces a ella. Eso quiere decir que eres un hámster “importante” y que puedes ir a fiestas o reuniones de ámbito nacional.

-Pero eso no me interesa ahora, Sandrine. Yo quiero saber cosas de mis padres –comentó André algo molesto.

-Ahora voy, ahora voy... –dijo Sandrine con una sonrisa, tranquilizando al hámster- Tus padres, sino recuerdo mal lo que me explicó Paolo, se conocieron en una fiesta de esa alta sociedad, y tras unos meses de noviazgo decidieron casarse. Eso es extraño, ya que los hámsters adultos suelen casarse al mes de hacerse novios... pero tus padres eran muy precavidos. Poco después os tuvieron a vosotros, y ya no supe más de vosotros hasta ayer.

-Vaya... así que soy de cuna noble... –comentó por lo bajo Sophie.

-¿Papá y mamá eran hámsters importantes en la sociedad francesa? No sé, yo recuerdo que siempre estaban con nosotros –comentó Marie.

-Es verdad, recuerdo... que muchas veces papá recibía cartas y las rompía todas sin abrirlas. Quizá eran invitaciones para fiestas –dijo André.

-Ahora recuerdo... que papá solía saludar a casi todos los hámsters que veía por la calle, ¿no? –comentaba Marie. La conversación se convirtió en un corrillo de recuerdos de los tres hermanos.

-Sí, y mamá hacía lo propio. Y cuando papá no miraba, los hámsters le regalaban cosas, y ella los rechazaba con elegancia y agradecimiento. ¡Mamá era muy buena! –dijo Sophie.

-¡Sí! Recuerdo que una vez mientras jugábamos al pilla-pilla Marie se cayó al suelo y mamá corrió a socorrerla, pero soltó la escalera con la que ayudaba a papá a mantenerse mientras él arreglaba una bombilla y papá se cayó al suelo. ¡Qué risas cuando papá le preguntó a mamá que porqué lo había hecho y al ver a Marie tirada con un rasguño en la pierna fue corriendo a llamar una ambulancia! –rió André.

-Sí... papá y mamá eran muy exagerados, pero nos querían un mogollón –dijo Sophie risueña.

-Tienes razón, Sophie. Y nosotros llevamos su sangre, no lo olvides. Somos muy afortunados de haberlos tenido como padres –dijo Marie. Los tres hermanos se dieron un fuerte abrazo.
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« Respuesta #10 : Septiembre 07, 2006, 18:06 »

Un hámster peleaba contra un gato blandiendo una enclenque rama que el gato no tardó en lanzar por los aires de un zarpazo. Otra hámster a unos metros observaba aterrorizada como su esposo estaba a punto de ser asesinado. Lloraba desconsoladamente, pidiendo ayuda.

- ¡Lauren, llévate a los niños, deprisa! - dijo el hámster, mientras el gato se lanzaba en un último ataque final.

- ¡No, no puedo abandonarte! - decía desesperada la hámster.

El gato dio un amplio zarpazo al hámster, que no gritó, ni trató de huir ni se atemorizó. No tuvo tiempo, puesto que en cuanto recibió el golpe, la sangre brotó de su vientre con tal fuerza que salpicó incluso a la hámster. La sangre estaba caliente, le quemaba. Lauren gritó al ver a su esposo muerto en el suelo. El gato bufó al hámster y se dirigió a la indefensa madre, la cual no podía hacer otra cosa que mirar con premura a sus hijos. Salió corriendo hacia su marido, para alejar al gato de sus críos, pero fue inútil. El gato era mucho más rápido y la alcanzó rápidamente. Los niños observaban horrorizados el cuerpo inerte de su padre...

La hámster estaba acorralada, miró a su marido y en sus ojos brilló una esperanza. Al menos estarían juntos en la otra vida. Miro a sus hijos, y esta vez fueron lagrimas lo que apareció en sus ojos. Mientras el gato se lanzaba en un ataque mortal, les dirigió unas palabras en un tono triste:

- Lo siento, niños... - y soltó un grito agonizado, tras el que se desplomo recubierta de sangre. El gato volvió a bufar, y se dirigió a paso lento hacia los niños.

Los niños observaban horrorizados el panorama. Sus padres, sus amados padres, estaban muertos. Y ellos estaban a punto de morir también. ¿Qué podían hacer? El mayor de los tres hermanos se adelantó.

-¡Antes deberás pasar por encima mío! -gritó el hámster, temblando de miedo.



André despertó cubierto en sudores.

-¿Qué te pasa, mon amour? –preguntó Bijou medio dormida. Esa noche se había quedado a dormir en casa de André porque María se había ido el fin de semana a un apartamento donde no admitían animales.

-No es nada, mon cherie. Volvamos a dormir –contestó el hámster, besando la frente de su novia. Bijou suspiró y se acurrucó en la cama.

Era la noche del 22 de Enero, y André entendía perfectamente porqué había soñado con aquél horrible momento. A la mañana siguiente se cumpliría un año de la muerte... no, del asesinato de sus padres. André, antes de quedarse dormido, juró vengarse del gato que los asesinó, tal y como había hecho hacía un año.

Pero al llegar la mañana, André rehusó abandonar la cama. No quería despertar y admitir la cruda, horrible realidad: que sus padres habían muerto. Hizo falta que llegaran la gran mayoría de los Fran-Hams para que André se decidiera a salir.

Una vez fuera, observó como todos sus compañeros llevaban un brazalete negro en señal de luto. André sonrió levemente agradeciendo a todos el respeto que presentaban a sus difuntos padres.

-Pierre dijo que nos vería a las doce allí –comentó Sandrine cuando André preguntó dónde estaba el hámster, extrañado. André agradeció con una amplia sonrisa que Sandrine no mencionara la tumba de sus padres.

-Entonces debemos darnos prisa, ya son las once y cuarto –dijo Sebas. Tenía razón, era muy tarde. André se colocó el brazalete negro que le entregó Bijou, recogieron las flores que ofrecerían a los difuntos y todos salieron juntos hacia aquél lugar. No corrían, no hablaban. Todos guardaban un respetuoso silencio y seguían a los tres hermanos, que encabezaban la marcha. Los tres iban muy erguidos, incluso podría decirse que caminaban orgullosos. Los tres iban agarrados de las patitas, sin dejar de pensar en las cosas que habían pasado en este año.


Después de la muerte de sus padres, los tres pequeños hámsters fueron acogidos por Paolo y Paulina, dos palomas muy amables y bonachonas. Con ellas celebraron su primer cumpleaños sin sus padres, un día triste en el que recordaron lo mucho que habían perdido. Desde aquél fatídico día, tanto Paolo y Paulina trataron de no mencionar en presencia de los hámsters a sus padres: Paolo enseñaba a André todo lo que debía saber para poder sobrevivir, y Paulina entretenía a Marie y Sophie jugando con ellas todo el rato. En cierto modo, dijo una vez Paolo, eran como unos padres para los pequeños hámsters. Llegó el otoño, y los hámsters regresaron a su hogar. Poco después floreció el amor en dos de ellos, y también el sufrimiento y el desamor. Muchas cosas habían pasado en ese año...

-¿Estaremos viviendo como papá y mamá querían? –murmuró André.

-Seguro que sí, André –contestó Marie con una sonrisa.

-Además, tú has sido fiel a la promesa que le hiciste a papá, seguro que está orgulloso de ti –añadió Sophie.

André las miró a las dos. Tenían razón. En ese año habían aprendido mucho, habían vivido muchas aventuras y habían sido felices. Además, André no había faltado a su palabra y había cuidado de sus hermanas como le prometió a su padre. Sí, ahora estaba seguro de que estaba viviendo la vida como ellos hubieran querido. Su tristeza se disipo, y una amplia sonrisa se dibujó en su rostro.

-¡Vamos a ver a papá y mamá! –exclamó André. Sus hermanas le secundaron con un sonoro asentimiento y su orgullo se acrecentó.

Llegaron finalmente al parque infantil “Girasol Divertido”, el lugar donde sus padres fueron asesinados. André sintió un escalofrío al leer el nombre del parque, pero no se detuvo. Continuó caminando hasta la tumba, que estaba semi cubierta por un fino manto de nieve. Retiró la nieve antes de caer en la cuenta de que había decenas de coronas de flores y varios jarrones repletos de rosas.

-Sandrine, creo que ésta es la primera vez que estás aquí –dijo una voz familiar que provenía de detrás de los Fran-Hams, que guardaban un silencio de luto. Al girarse, vieron a Pierre con una gran corona de flores.

-Así es, mon amour –contestó la hámster. André le saludó con una inclinación de cabeza, y con la mirada le agradeció el presente. Pierre también llevaba un brazalete negro en el brazo derecho.

-André... papá y mamá están cerca, noto su presencia –anunció Sophie.

-Tienes razón –corroboró Marie- Ellos siempre están cerca, velando por nosotros, ¿no es así, André?

-Efectivamente, hermana. Papá, mamá... –se dirigió a la tumba- aún ahora, un año después de vuestra ascendencia a los Cielos, continuáis protegiéndonos como cuando estabais con nosotros –Dejó las flores que había traído delante de la lápida –Muchas gracias –se retiró con la cabeza gacha, intentando evitar que una lágrima corriera por su cara.

-Papá, mamá –se adelantó Marie- Os echo mucho de menos, pero no estéis tristes. Tengo a André, a Sophie y a los Fran-Hams. Todos ellos me alegran cuando estoy triste, y me divierten cuando me aburro. Además, André es fiel a su promesa, papá, y nos cuida siempre –esbozó una sonrisa, y unas lagrimas aparecieron en sus ojos- ¡Aunque a veces es demasiado protector! –dijo en tono cariñoso. Pero su voz se quebró por las lágrimas, que le habían dañado la garganta al intentar evitar llorar. Se retiró tras dejar unas flores, como su hermano.

-Papá, mamá –esta vez fue Sophie la que se adelantó- ¡Espero que estéis bien! André y Marie son muy buenos conmigo, pero también os echo de menos.  Quisiera... quisiera que volvierais y nos arroparais como solíais hacer, y que mamá nos contase cuentos y papá jugase con nosotros al escondite ham... ¡Pero seré fuerte y me haré una hámster digna de ser tu hija, mamá! Te lo juro... –dijo en un murmullo, incapaz de continuar. Dejó sus flores, en las que cayeron unas lágrimas antes de que la hámster se retirara. Los tres hermanos se abrazaron muy fuerte, y los Fran-Hams cerraron los ojos y bajaron la mirada durante un minuto, en señal de luto. Luego, uno a uno, dejaron sus flores y coronas en la lápida.

-Realmente, sois unos hijos estupendos – dijo Pierre – Si yo fuera vuestro padre, me sentiría muy orgulloso.

-Gracias, Pierre –sonrió André. Se dirigió al libro de firmas, que desde su última visita había aumentado tres páginas. Las leyó junto al resto de Fran-Hams, que se quedaron igual de sorprendidos que él al leer uno de los comentarios, de un tal “Paul Roben”:

“Lauren y Pierre fueron dos grandes hámsters que siempre lucharon por su gran ideal: la paz entre gatos y hámsters. Y es una lastima que uno de esos gatos en teoría “reformados” fuera el causante de su muerte. Desde aquí velo por ellos y espero que sus hijos tengan una buena vida.”

¿Qué significaba eso? ¿Qué sus padres habían sido asesinados a traición? ¿Qué su padre y su madre habían entablado amistad con un odioso gato? André no podía creer las palabras.

-Tengo que hablar con ese Paul Roben. ¿Alguno sabe quién es? –preguntó el hámster, anticipándose a sus hermanas, que querían hacer la misma pregunta.

-Si no recuerdo mal, es un hámster de campo muy famoso en Francia. Creo que era ministro del Gobierno Hámster Francés –comentó Sandrine.

-Entonces debo encontrarle para que me responda algunas preguntas –dijo André, apretando un puño. Se negaba a aceptar que sus padres entablaran amistad con un gato. ¡Era imposible! Aunque recordaba que Paolo le comentó algo así...

-André... –murmuró Bijou, observando a su novio con tristeza.

-No te preocupes, mon amour... no haré nada peligroso –contestó el hámster, suavizando sus rasgos- Pero ahora no es momento para preocuparse de algo así, escribamos en el libro y vayamos a comer, cocino yo.

Y así lo hicieron:

“Hoy, 23 de enero, se cumple un año de la muerte de nuestros padres. Pero nuestros padres han seguido velando por nosotros hasta ahora, así que en realidad es como si no hubieran muerto. No... ellos no han muerto, y nunca morirán, mientras sigan en nuestros corazones y nuestros recuerdos. Un año después, reiteramos nosotros, sus hijos, que son los mejores padres que existen y que les estamos muy agradecidos por todo.

                  Atentamente André, Marie y Sophie Bresson.”

Tras echar un último vistazo a la tumba, los hámsters se marcharon hacia su casa. Al salir del parque, cruzaron una calle por la que pasaban coches, pero Sophie se quedó mirando el parque y no cruzó.

-¡Vamos, Sophie, no te quedes atrás! –la llamó Luccete al notar que la hámster estaba distraída.

-¡Oh, ya voy, pardon! –dijo la hámster, y echó a correr por la carretera. El resto de Fran-Hams ya había cruzado, y se sorprendieron al ver que venía un coche a toda velocidad. Gritaron a Sophie, le pidieron que parase, pero ella ya no podía.

La hámster vio como el coche se aproximaba rápidamente a ella. Gritó y cerró los ojos, pensando que era el final. André salió corriendo para intentar salvarla, pero sabía que no iba a llegar a tiempo. Consternado, se obligó a ir más deprisa, pero no iba a llegar.

-¡Sophie! –gritó, antes de que Sophie quedara oculta tras la rueda del coche. André se detuvo. Sus ojos no podían creer lo que habían visto.

Sophie había sido empujada hacia un lado por alguien justo antes de que el coche la atropellara, salvando así la vida. La hámster escuchó una voz entonces.

-Siempre os protegeremos...

Cuando abrió los ojos, ya no había nadie, sólo André corriendo hacia ella y los Fran-Hams respirando aliviados. André llegó, y vio en sus ojos lo que ella no había podido ver.

-¿Eran ellos, verdad? –preguntó Sophie, aunque ya sabía la respuesta.

-Sí... ellos siguen protegiéndonos, Sophie... siempre...
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« Respuesta #11 : Agosto 09, 2007, 17:36 »

-¿Quieres casarte conmigo?

Hay que ver como unas simples palabras pueden traer la alegría a todo un grupo de amigos, en especial a dos de ellos. Y cómo un monosílabo separa a una persona de la mayor de las alegrías a la más profunda de las tristezas.

-¡Sí!

Esa escueta respuesta sirve para unir a dos personas que se quieren, que han decidido compartir juntos el resto de su vida. Así pues, cuando en la bella ciudad de París desapareció el frío invierno y la primavera tocó a la puerta de los ciudadanos, trayendo el calor y el amor, se produjo la tan ansiada boda.

-¡Estate quieto Pierre! -decía André a su compañero mientras le ajustaba la corbata. Pierre estaba muy nervioso, y al no estar acostumbrado a llevar traje ni corbata, se movía de un lado para otro tratando de quitárselo.

-¡Es muy fácil decirlo, tú no te casas! -contestó Pierre nervioso.

-Todavía queda una hora para la boda, tranquilo... anda, siéntate ahí -señaló una silla- y espera a que vuelva. Voy a ver cómo está todo.

Y André salió de la habitación con rapidez, dejando a Pierre con la palabra en la boca. Su casa, también conocida como el Club de la Francia-Ham, se había convertido en el lugar donde se celebraría el banquete, y donde los novios se prepararían para la boda. Él y Pierre estaban en su cuarto mientras que Marie y Sandrine esperaban en el cuarto de la primera. Él y su hermana habían sido elegidos los padrinos de la boda, y estaban muy contentos por tal honor.

André pensaba en todo esto mientras comprobaba que las sillas estaban bien colocadas en la mesa central del Club y que los adornos estaban en su sitio. Una vez terminado, se dirigió al cuarto de Marie.

-Soy André -dijo tras tocar a la puerta. Esperó pacientemente a que le abrieran. Para su sorpresa, fue la propia Sandrine la que le abrió. Ella daba una imagen de estar mucho más serena que su novio, - Vaya, estás preciosa -admitió André al observar el traje de boda de la hámster. Era de un color amarillo pálido y resaltaba el pelaje marrón de la hámster Sandrine agradeció el cumplido con una sonrisa y le invitó a entrar.

-André, ¿cómo está Pierre? -preguntó Marie mientras colocaba bien a Sandrine el velo.

-Bien, bien... lo está llevando muy bien -tuvo que mentir André. Sandrine soltó una risita.

-¿Seguro? Yo pensé que estaría acurrucado sobre tu cama meciéndose en posición fetal. Estas situaciones le pueden.

-No vas tan desencaminada... -pensó André, riendo nerviosamente.


Pasó el rato y llegó el momento de salir del Club al exterior, donde se había montado una capilla donde se celebraría la boda. Allí esperaban ya todos los Fran-Hams. Marie acompañó a Sandrine en primer lugar hacia la salida, y cuando éstas abandonaron el Club, fue André el que acompañó a Pierre. Éste inhaló profundamente y expiró, relajándose. Iba a ser un momento muy especial.


La marcha nupcial sonó de manos de un pequeño piano trasladado al parque para la ocasión. Sandrine escuchó la melodía y caminó en línea recta por la roja alfombra que la llevaría directamente al altar. Sosteniendo un ramo de blancas rosas entre las manos, caminaba lentamente dedicando una sonrisa a todos sus amigos, que la miraban algunos con expectación, otros con felicidades, y una pequeña hámster blanca con un poco de sana envidia. Marie iba a su lado, mirando furtivamente a la hámster a la que escoltaba hasta el altar. Ella iba a ser la mujer de su primer amor, y eso la hacía sentirse orgullosa. En los pocos meses que la había conocido, descubrió que Sandrine era una hámster estupenda y que, sin lugar a dudas, Pierre sería muy feliz con ella. Llegaron al altar, donde un hámster gris vestido con una sotana las saludó con una sonrisa. La música cesó y Marie ocupó su lugar a la izquierda de Sandrine.


Pierre escuchó el final de la música e instó a André a ir más rápido. Todavía tenían que recorrer un corto túnel, pero en cualquier momento empezaría de nuevo la música y tendrían que salir.

-Eres tú el que has remoloneado -le amonestó André mientras aligeraba la marcha para ponerse a la altura de su compañero, que iba algunos pasos delante de él.

El resultado de su atropellada carrera fue que salieron incluso antes de que empezara a sonar la música, lo que molestó al sacerdote pero hizo que Sandrine tuviera que ahogar una risilla. Pierre se disculpó atropelladamente, presa de los nervios. Pero al ver a su amada que le esperaba en el altar, recuperó la compostura e hizo el camino con tranquilidad, eso sí, sin apartar la vista del altar. André suspiró, y le siguió, observando a todos sus amigos y pidiéndoles disculpas por la actitud de Pierre. Cuando su mirada se topó con la de Bijou, el hámster observó los anhelantes ojos de su novia. Intentó no ruborizarse, pero le fue imposible. Estaba seguro de que Bijou haría lo que fuera por coger el ramo.

Llegaron los dos hámsters al altar, el sacerdote saludó a Pierre con una mirada severa, amonestándole por su falta, y André ocupó su puesto a la derecha de Pierre. Su hermana le miró, y él le pidió disculpas también.

Al mismo tiempo, Pierre miró a Sandrine. Estaba tan guapa... deseaba retirar el velo que le cubría la cara y besarla, olvidar las formalidades y salir corriendo con ella en brazos a ningún lugar en particular. Sandrine supo leer las intenciones de su futuro marido y le dirigió una mirada complaciente en el que le pedía que esperara, que pronto podrían terminar con las formalidades y marcharse libremente.

-Hermanos, estamos aquí reunidos... -interrumpió la sorda conversación de los enamorados el sacerdote, iniciando la ceremonia-.

Tras escuchar la misa, llegó el momento que todos esperaban.

-Pierre Lumiere, ¿quieres tomar a Sandrine Brunil como tu legítima esposa, en la abundancia y en la pobreza, en la alegría y en la adversidad, hasta que la muerte os separe? -preguntó.

-Sí, quiero -respondió seriamente Pierre, tomando entre sus patas las de Sandrine y mirándola a los ojos. Introdujo el anillo que André le tendió en una de las garras de Sandrine.

-Y tú, Sandrine Brunil, ¿quieres a Pierre Lumiere como tu legitimo esposo, en la abundancia y en la pobreza, en la alegría y en la adversidad, hasta que la muerte os separe? -preguntó.

-Sí, quiero -respondió seriamente Sandrine, mirando a su novio fijamente. Introdujo el anillo que Marie le dio en una de las garras de Pierre.

-Entonces, por el poder que me ha sido concedido, yo os declaro marido y mujer -dictaminó. Se dirigió a Pierre- Puedes besar a la novia.

Pierre retiró el velo de su novia con rapidez, y acercó su rostro al suyo. Ambos se fundieron en un profundo beso y un apasionado abrazo mientras los invitados estallaban en aplausos, vítores a los novios y lanzaban confeti sobre la pareja.


-¡Vivan los novios! –gritó Paolo dentro del Club, sentado en la mesa junto al resto de invitados.

-¡Viva! –coreó el resto de invitados, estallando en una carcajada. Pierre y Sandrine, así como los padrinos Marie y André, comían en una mesa aparte. Bueno, habría que matizar que André, más que comer, se encerró en la cocina y sólo salía para servir a los invitados, que disfrutaban con su deliciosa cocina.

Cuando todos estuvieron servidos, André ocupó su lugar a la derecha de Pierre. Bebió un vaso de vino y comió con rapidez, pero moderadamente. Tenía que ir a buscar al grupo de músicos, con los que había quedado en la entrada este de los Campos Elíseos.

-André, descansa. Si quieres, puedo ir yo -se ofreció Pierre cuando André se levantó para marcharse.

-Tú eres el novio, debes estar aquí. Yo soy el anfitrión de la fiesta, debo velar porque todo salga según lo planeado -contestó André- Tranquilo, algún día me devolverás el favor -comentó, mirando a Bijou, que hablaba animadamente con Sophie. Sostenía con fuerza en sus manos el ramo de rosas blancas que Sandrine había lanzado y ella había recogido al vuelo, como manda la tradición. Según esa misma tradición, la que recogía el ramo era la próxima en casarse. André se sonrojó levemente al pensar en esto y abandonó el Club en busca de los músicos.


-¡Bueno, siento el retraso, pero por fin están aquí! -dijo André subido en una improvisada tarima, presentando a la banda que había contratado- La primera canción está dedicada a la pareja estrella de hoy. Así que, si no les importa, me gustaría que la bailara sólo nuestra parejita.

Pierre miró a André con una mirada de reproche, pero pronto la cambió por una de vergüenza al ver que todos los invitados se giraban hacia él y su novia, y les instaban entre aplausos y risas a que salieran a bailar. Sandrine se levantó de la mesa y cogió del brazo a su novio, arrastrándolo hasta el centro de la sala, que se había convertido en una zona de baile. Todos los invitados aplaudieron y Sandrine sonrió a Pierre.

-Enséñales lo bien que bailas, esposo mío -dijo Sandrine a su novio. Comenzó a sonar la música, una lenta canción. Sandrine levantó sus brazos y cubrió el cuello de Pierre con ellos, levantando la cabeza y mirándole a los ojos. Pierre hizo lo propio, abrazando la cintura de Sandrine con sus brazos y mirándola. Ambos comenzaron a girar lentamente, olvidando a los invitados. Sólo se veían el uno al otro, sólo oían la música de fondo. Cuando la canción terminó se juntaron en un abrazo y se besaron.

-La próxima canción es para parejas en general, señores -dijo esta vez el guitarrista del grupo, ya que André había bajado de la tarima para pedir a Bijou un baile.

Bijou, por primera vez desde que cayera en sus manos, dejó el ramo en su asiento y se marchó a bailar con André.


Pasaron las horas y, finalmente, la fiesta concluyó. Todos los invitados se marcharon tras agradecer a André la gran fiesta y felicitar nuevamente a los novios.

Finalmente solo quedaron en la casa los inquilinos y la pareja de recién casados. Pese a que Bijou se lo pidiera, André no abandonó ese día su casa para acompañarla a ella a la suya. Tenían mucho de que hablar, era cierto, pero André quería hacer en privado unas preguntas a sus amigos.

-Pierre, ¿qué vas a hacer? -comentó seriamente el hámster mientras ofrecía un poco de té a Pierre y Sandrine. La casa estaba llena de confeti por todos lados, de las paredes todavía colgaban los adornos y la improvisada tarima no había sido retirada. En la cocina, los platos y las cacerolas se amontonaban, y en la mesa, el mantel que al principio de la velada era blanco e impoluto, estaba ahora manchado en casi toda su extensión. Pero aún con todo el trabajo que le esperaba para que su casa volviera a estar como antes, estaba sentado tranquilamente en la mesa con sus amigos y sus hermanas.

-Lo hemos meditado mucho, y ya lo tenemos decidido -dijo Pierre, mirando a Sandrine, que a su vez le dirigió una mirada significativa- Vamos a renunciar a las comodidades de la vida con nuestros amos, y vamos a convertirnos en hámsters de campo.

André sonrió, y sus hermanas asintieron complacidas.

-Creo que es lo mejor que podríais hacer, sinceramente -comentó André.

-Cierto, es mucho más divertido, ya veréis -dijo Marie.

-Y os tendremos en casa más tiempo -añadió con una sonrisa Sophie.

-Bueno, bueno... -dijo Sandrine- Pero nos va a resultar un poco difícil. Cuando yo fui hámster de campo, tenía que cambiar cada poco de vivienda y vivir donde podía. La verdad, no va a ser nada fácil -comentó taciturna.

-¡De eso nada! -contestó enérgicamente André- Ninguno de mis amigos va a pasar penurias si vive libremente. En los Campos Elíseos hay mucho espacio y podéis tener una bonita vivienda. Tranquilos, yo mismo os ayudaré a excavarla.

-Pero André, para tener una casa en los Campos Elíseos hay que tener unos permisos especiales y... -Pierre se calló, al ver que André no le prestaba atención. Se había levantado y buscaba algo en uno de los armarios del Club. Emitió un gruñido de aprobación y extrajo una carpeta negra con papeles dentro.

-Todo arreglado. Desde que Sandrine me dijo que era un hámster de cuna noble, me puse a investigar y descubrí que como tal, tengo algunos contactos. Este es mi regalo de boda, Pierre -dijo, tendiéndole la carpeta.

-¡Oh, André, muchisimas gracias! -dijo muy contenta Sandrine. Abrazó al hámster. Era la primera vez que Sandrine abrazaba a André. Sintió algo que hacía mucho que no sentía: el calor de un abrazo materno. Sin saber porque, André pensó que era su madre vestida de novia  la que le abrazaba.

-Eh... eh, no es nada -dijo André sonrojado. Por primera vez admitió para sí que Sandrine era como su segunda madre- Espero que seáis muy felices.

-André -dijo Pierre mientras examinaba los papeles- ¿Cómo has conseguido esto? ¡Nos has pedido permisos para tener una casa al lado de la tuya y encima para compartir el campo de girasoles!

-Ya te dije, contactos -dijo, guiñando un ojo- Lo del campo de girasoles es un regalo de Paolo, que me ha ayudado mucho con eso de los papeles. De todos modos, son muchas pipas sólo para nosotros.

-¡Muchisimas gracias, André! Eres increíble -volvió a agradecerle Sandrine. Miró a Pierre y le sonrió -Tenemos unos grandiosos amigos, cariño.

-Tienes mucha razón -dijo Pierre- No sé como podré agradecértelo, André, en serio.

-Puedes empezar siendo feliz con Sandrine -sonrió el hámster.

-Eso no será un problema.

Los cinco hámsters rieron. Esa noche, Pierre y Sandrine dormirían en el cuarto de invitados del Club de la Francia-Ham. Aunque quizá la palabra "dormir" no fuera la adecuada...
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« Respuesta #12 : Agosto 09, 2007, 17:39 »

-Bonjour, parejita –les saludó André. Eran cerca de las once de la mañana, todos los Fran-Hams se encontraban ya en el Club o estaban al caer. André estaba retirando, ayudado por los gemelos, los adornos de las paredes del Club.

Por otro lado, Marie, Sophie y Bijou limpiaban el suelo y la mesa.

Pierre y Sandrine acababan de despertarse y de salir del cuarto de invitados. Era normal, ya que la noche anterior apenas habían pegado ojo. Pierre se sonrojaba cada vez que recordaba lo que sucedió en ese cuarto, y Sandrine no podía evitar soltar una risilla confidencial mientras le dirigía una gran sonrisa.

-Bueno, tengo algo que anunciaros –dijo Pierre cuando todo el Club estaba recogido. Tenía las patas arrugadas de fregar platos, pero no le importaba. Cogió las de Sandrine, también ásperas y respiró hondo- Hemos dejado a nuestros dueños y vamos a vivir como hámsters de campo. Además, André nos ha conseguido una casa aquí cerca, así que no tendremos problemas de alojamiento ni comida, ya que también compartiremos el campo de girasoles.

-¡Vaya, eso es phantastique! –admitió Bijou con una sonrisa. Miró a su novio, al que dedicó una mirada de gratitud- André, ha sido un detalle precioso.

-Tampoco es para tanto... –dijo André, sonrojado levemente.

-¿Entonces vais a ser hámster de campo como André? ¡Qué superbé! –exclamó Sebas.

-Exacto, Sebas –se adelantó André- Pero ya basta de cháchara, es hora de trabajar. Pierre, Sandrine, haced un plano de cómo queréis que sea vuestra casa mientras voy a inspeccionar el terreno que os han cedido para que hagáis vuestro hogar.

André buscó en un armario y extrajo un papel cuadriculado, un lápiz, una goma y una regla. Sabía que a Pierre, aunque jamás lo admitiría, le pirraba hacer mapas. Más de una vez lo había visto en el escritorio del Club haciendo pequeños bocetos de lo que seguramente sería un proyecto de parque de atracciones. Aunque nunca se había atrevido a decírselo directamente, André tenía la corazonada de que su amigo era mucho más inteligente de lo que aparentaba y que, quizá algún día, sería capaz de crear un palacio tan grande como Versalles.

-Oh, no es necesario, André. Más o menos ya sabemos cómo queremos la casa –dijo Sandrine. Pero, frente a su sorpresa, Pierre ya había empezado a dibujar el plano. Se encogió de hombros y ayudó a su marido.

André sonrió y salió de la casa, camino a inspeccionar el nuevo hogar de sus amigos. Bijou salió detrás de él, pero éste la vio por el rabillo del ojo. Hizo como si no la hubiera visto, y siguió caminando. Bijou mantenía las distancias y caminaba despacio. André, para probarla, comenzó a hablar en voz alta.

-¡Vaya! -suspiró- Espero que algún día sea Pierre el que vaya a inspeccionar mi casa y yo el que me quede junto a Bijou planficando todo. La quiero tanto, que desde hace tiempo planeo casarme con ella... ¡y me parece que esta boda ha decantado la balanza a su favor! -hizo ademán de coger una caja de entre su pelaje. Bijou, al verle de espaldas, creyó que realmente llevaba una caja en la pata- Le daré el anillo cuando vuelva -dijo, completamente serio. Estaba casi al final del túnel, y empezó a tararear una canción feliz. Al llegar al final, sintió como alguien venía corriendo detrás de él. Fingió sorpresa al girarse y ver a Bijou abalanzandose sobre él.

-¡Te quiero mucho, André! -dijo la hámster mientras saltaba hacia su amado.La fuerza del salto fue tal que, al chocar con André, ambos cayeron al suelo. André la miró muy feliz.

-¿Has escuchado todo lo que he dicho, verdad? -dijo André mientras la apretaba contra sí.

-¡Oui! -contestó feliz Bijou- Pero también sé que no tienes ningún anillo -comentó algo descorazonada, al caer en la trampa.

-Oh, ¿segura? -dijo André en tono pícaro- Bueno, de todos modos, ya sabes que aún no nos podemos casar. Pero algún día, mon amour... algún día, lo haremos, y viviremos felices, y tendremos tres preciosos niños, y... -Bijou puso un dedo en la boca de André.

-Te encanta hacer planes -aseveró Bijou con una sonrisa- Pero no puedes planear lo que nos deparará el futuro. Nuestro amor es cambiante, es libre. No puede limitarse a un plan... aunque hicieras uno, seguramente no se cumpliría -besó a André- Eso no quiere decir que no vayamos a ser felices ni a tener niños -dijo, sonrojada.

-Tienes razón  -la abrazó con fuerza.

Tras permanecer unos minutos abrazados, se levantaron y juntos marcharon a investigar el terreno donde se asentaría la casa de sus amigos. Llegados al punto, André golpeó al suelo y  vio que el suelo era bastante solido y relativamente impermeable. Enfrente, un joven manzano cuyas raices aún estaban en desarrollo. No suponía un problema para la madriguera que iban a construir, pero suponía una futura limitación a tener en cuenta,  ya que cuando las raices crecieran, podrían presentar problemas en la estructura de la casa. Por todo lo demás, parecía estar en óptimas condiciones y podría empezar a excavarse de inmediato.

-...Y así están las cosas -terminó de explicar André a la pareja de casados.

-Comprendo. Muchas gracias, André. Nosotros también hemos terminado el plano -Pierre le tendió la hoja de papel cuadriculado- Como verás, es bastante modesta.  Si tenemos que hacer alguna modificación futura, hemos dejado un espacio de reserva para ello y demás.

-Sí, creo que servirá -contestó André- Aunque no se me da muy bien leer planos -confesó.

-Tranquilo. Para eso estoy yo -se ofreció Pierre- Y también te ayudaré con la excavación.
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« Respuesta #13 : Diciembre 14, 2007, 19:35 »

-Bueno... –André se pasó la pata por la frente, retirando el sudor- Esto ya está.

-Muchas gracias de nuevo, André... sin ti habría tardado varias semanas más –agradeció Pierre.

Ambos hámsters observaban la cueva desde la que se accedía a la nueva casa de Pierre y Sandrine. El acceso estaba formado por una cavidad que se internaba en el árbol. No había sido fácil vaciar la base del árbol para crear un túnel que llevase hasta el cubil, pero lo habían conseguido. Al pasar por la puerta azul –color escogido por Sandrine- se llegaba a un amplio salón-comedor, iluminado por una lámpara colgada del techo de estilo moderno. Desde el salón-comedor, podía llegarse mediante puertas a otras salas, estas eran: el dormitorio de la pareja, en el que se encontraba una cama de matrimonio, dos mesitas de noche a ambos lados de la cama y un armario. También podía accederse a un baño, tanto desde el salón-comedor como desde el dormitorio. Finalmente, otra puerta llevaba a la cocina, y desde ésta, podía accederse al almacén donde se guardarían las provisiones.

Pierre había sido precavido, y durante la construcción, había guardado espacio para futuras ampliaciones. No quería tener que encontrarse con ramas cuando fuera a construir, por ejemplo, un segundo baño o una sala de invitados... o un cuarto para los niños, pensó, sonrojado.


-Sandrine, creo que Pierre tiene algo que decirte -anunció André al entrar de nuevo en el club. La hámster se encontraba tejiendo una bufanda, algo atípico en ella, pero que le había servido para reducir el nerviosismo mientras la casa era terminada. Parecía que estaba dando los últimos retoques. La bufanda era tricolor, como la bandera francesa. La hámster antes mencionada se giró hacia su marido, el que simplemente le sonrió.

Se levantó extasiada y salió corriendo hacia su amado. Le abrazó y salieron corriendo los dos juntos a ver su nueva casa.

-Vaya... no esperaba esa reacción -se sorprendió André. Ciertamente, esperaba que Sandrine besara a su marido, agradeciera a André la ayuda y entonces sí, más sosegada, marchara hacia su casa. Se encogió de hombros y pensó que había sido demasiado vanidoso, que era algo normal.

Bijou se le acercó con una toalla.

-La bañera está lista -le comentó- Estás muy sucio de trabajar la tierra y debes estar cansado. Cuando vuelvas, tus hermanas y yo te prepararemos algo de cena, ¿d'accord? -guiñó un ojo. Bijou sí era considerada. Agarró la toalla, la besó y se lo agradeció, y marchó hacia el baño.

Se sumergió en el agua, en los pensamientos que había estado debatiendo mientras excavaba: ¿Quién era ese tal Paul Roben? ¿Qué sabía acerca de sus padres? ¿A qué se refería con que sus padres lucharon por la paz entre gatos y hámsters? ¡Eso era imposible! Los gatos eran seres horribles, no podía aliarse con ellos... Pero lo que más intrigaba a André era que conocía el nombre del asesino de sus padres. Ese maldito gato naranja...

-¿André? ¿Te encuentras bien? - una voz familiar le sacó de su embotada mente.

-Tranquila Sophie, enseguida salgo -contestó el hámster con voz tranquilizadora. Salió del baño todavía con la cabeza húmeda. En la mesa del club había un buen montón de comida. Pipas sazonadas, pipas rellenas, hojas de lechuga, trozos de calabaza...

-Creo que tus clases de cocina dan sus frutos, hermanito -rió Marie al ver cómo André miraba embobado los manjares que había preparado junto a Bijou y Sophie.

-Por favor André, empieza a comer. Tranquilo, también hemos guardado una parte para Pierre y los demás -dijo Sophie.

Realmente tenía una pinta deliciosa. Había estado tan ocupado entre la construcción de la madriguera y sus pensamientos que había olvidado que no había comido nada desde el desayuno. Y era la hora de merendar.

-¡Que aproveche! -André comenzó a comer todo con sumo placer, frente a la alegre mirada de los Fran-hams. André era un hámster muy serio, tenía demasiados problemas en la cabeza para ser tan joven. Y eso era algo que sus amigos sabían, y comprendían. Por ello, verle feliz era un verdadero evento que celebrar. Aunque a él no le gustaba que le tratasen como tal, era el jefe del Club de la Francia-Ham, por lo que sus miembros se alegraban de ver tan risueño a su jefe.

-Vaya André, ten cuidado no te vayas a empachar -Sandrine y Pierre volvían de ver su casa. Las caras de ambos mostraban una honda satisfacción. Estaba claro que André había conseguido hacer feliz a su mejor amigo y su esposa, y eso le indució a unirse al estado en que se encontraba la pareja.

-¿Os ha gustado la casa? -comentó con una sonrisa, sabedor de la respuesta.

-Por supuesto. Es perfecta, muchas gracias, André -agradeció Sophie.

-Te debo una, amigo -comentó Pierre.

-¡Tampoco es para tanto! -André se sonrojó levemente y les invitó a sentarse a disfrutar de la comida. Cuando Sandrine se sentó, se levantó rápidamente y fue en búsqueda de la bufanda que había dejado en el perchero de la entrada al Club al irse.

-¡Casi lo olvido! Toma, André: es un regalo -le tendió la bufanda- Es lo menos que puedo hacer por ti con todo lo que nos has ayudado. Como ves, he usado los colores de la bandera francesa, porque un pajarito me ha dicho que eres muy patriota -Bijou desvió la mirada cuando André la miró enarcando una ceja-. ¡Espero que te guste! -deseó la hámster.

-Por supuesto que me gusta, Sandrine. Muchisimas gracias, de verdad -André miró la bufanda. No entendía porque, sentía que era una bufanda que su misma madre había confeccionado.

-¡Traigo correo urgente para el Señor André Bresson! -la voz del cartero irrumpió en la alegre reunión del club.


Lo que ninguno sabía era que esa alegría acababa de ser rota.
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« Respuesta #14 : Enero 30, 2008, 23:13 »

“Estimado señor André Bresson:

Le comunicamos por la presente que ha sido usted invitado a la mesa de debate sobre la enmienda H-0608. Dicha enmienda regulará la implantación del idioma universal Lexi-Ham en nuestro país. Asistirá en calidad de espectador. Sería un honor para nosotros que asistiera.

Se le concederá alojamiento a pensión completa en el Hotel Pasino, catalogado el mejor de la ciudad de Le Havre, durante los días que desee. Además, al llegar al hotel, se le asignará un guia que le guiará al Palacio de Congresos donde se llevará a cabo el debate.

La fecha dispuesta para el evento es el 20 de Mayo, siendo la fecha en la que se envia esta misiva 10 de Abril en la ciudad de Le Havre. Rogamos su asistencia a un evento tan importante para la historia de nuestro país.

                        Atentamente, Ministerio del Interior.”

Qué iba a hacer. ¡¿Qué demonios podía hacer?! No lo sabía. En esos momentos, se sintió alagado por ser considerado alguien lo suficientemente importante como para recibir cartas que le invitaran a convenciones. Parecía que había heredado la importancia de sus padres en los ámbitos sociales. Pero... de repente sintió una opresión en el pecho. Se había dado cuenta de algo terrible. Le Havre... ¡la reunión tendría lugar en Le Havre! Desconocía la ubicación exacta de la ciudad, pero algo tenía claro: tenía que abandonar París. Tenía que irse... lejos de Bijou y sus hermanas.

Bijou le apretó el brazo con fuerza. Ella también se habia dado cuenta. André la miró, en sus ojos podía leer una terrible angustia. Ella no quería que André se marchase.

-¿André, irás? -preguntó Marie. Ella también se dió cuenta, juzgó André por el tono de su voz.

-Es muy posible que me encuentre con Paul allí. Debo encontrarle y preguntarle qué sabe de nuestros padres -apretó un puño, y miró a Bijou a los ojos- Iré.

-¡Déjanos ir contigo! -se apresuraron a decir al únisono Marie, Sophie y Bijou.

-No. Seguramente será un viaje muy largo, y además, Bijou, tienes que estar con Maria.

-¡Pero...! -los ojos de Bijou se empañaron dando lugar a un débil sollozo.

-No hay peros que valgan, mon amour. Debo hacer el viaje sólo. No quiero dejaros solas... ¡pero es necesario! -exclamó el hámster.

-André, Le Havre está al Oeste, concretamente, es una ciudad que conecta con el mar. ¡Es un viaje de cientos de kilometros! -comentó Pierre.

-No me importa. Si parto mañana, llegaré con tiempo. Estaré lo mínimo indispensable -prometió mientras secaba con las patitas las lágrimas de Bijou-, pero compréndeme, es necesario.

-Cuando te encabezonas con algo no hay forma de sacartelo de la cabeza, ¿verdad? -sonrió amargamente Bijou, bajando la mirada. André la abrazó con fuerza.

-Te prometo que volveré cuanto antes, y no nos volveremos a separar nunca más.

-D'accord, mon cheri... -accedió Bijou.


André estaba repasando las notas que había dejado a sus hermanas con todas sus tareas que tendrían que hacer mientras él no estuviera cuando les oyó.

-Eres muy joven -le espetó la primera voz.

-Y tú un viejo que no me entiende -replicó André.

-Claro que te entiende... Pero eso no quita que lo vas a hacer sea una locura -defendió a la primera voz una tercera, esta vez femenina.

-Pues entonces deberías saber que lo hago por mi y mis hermanas. No puedo quedarme de brazos cruzados mientras espero que me llueva una noticia sobre mis padres y su asesino. Tengo que buscarla yo -argumentó.

-¿No te das cuenta que esa estúpida búsqueda de su asesino puede poner en peligro tu propia vida? -volvió a espetarle Pierre. André se quedó callado.

-¡Por supuesto que lo sé, maldita sea! Y estoy dispuesto a correr el riesgo -apretó el puño- Yo le prometí a Papá que protegería a mis hermanas... y también prometí sobre su tumba que le vengaría.

-¿Aunque eso suponga tu propia destrucción? -el hámster adulto hirió el corazón del pobre niño que jugaba a ser mayor.

-Pierre, esto no era lo que venías a decirle -trató de desviar el tema Lucette.

-Cierto -se rascó la cabeza- Perdona, André... -el otro hámster asintió con una leve sonrisa- Verás, me halaga que hayas decidido escogerme como jefe del Fran-Club en tu ausencia, estoy seguro de que seré capaz de desempeñar las funciones a la perfección. Mantendré a raya a esos pequeños diablillos -su manera de hablar hacía pensar a André que era mucho más viejo de lo que en realidad era- y cuidaré de tus hermanas. Tienes mi palabra -le extendió la pata.

-Estoy seguro de que así será -argumentó André.

-Abrigate que por las noches hace frio en campo abierto. Y también, ten mucho cuidado y no te metas en peleas innecesarias, ¿vale? -Sandrine se comportaba como su madre. Realmente... André habría deseado oir de parte de su madre esas palabras.



-¿Entonces lo dejamos así? Pierre, tú te harás cargo del club mientras no estoy. Por favor, cuida muy bien de mis hermanas -su compañero asintió-. Marie, Sophie... vosotras sabéis cocinar, ¡sólo espero que no queméis nada! -André rió y sus hermanas le lanzaron mirandas furibundas-. Bijou... -cogió las patas de la hámster entre las suyas- Estaré aquí antes de que puedas echarme de menos. Y entonces, te llevaré a cenar, a bailar... y a pasar la mejor noche de toda tu vida -comentó en un murmullo. Al resto... sólo os pido que no le déis mucho trabajo a Pierre. ¡Ahora, todos a vuestras casas! Que ya es muy tarde -comentó con una sonrisa.

-Espera, André -Lucette cogió a André del brazo con fuerza. Bijou enarcó las cejas, y la hámster le soltó rápidamente sonrojada como un tomate- Eh... sólo quería decirte que... esto se quedará muy vacio sin ti -apartó la vista. Se sentía terriblemente estúpida.

-Gracias Lucette. Pero no te preocupes, no estaré fuera mucho tiempo -le dio una palmadita en el hombro y salió con Bijou.

-Bon journé, André... -le deseó con un murmullo Lucette.


-André, je t'aime -dijo Bijou desde el resquicio de la ventana del cuarto de Maria.

-Je toi, Bijou. No habrá un sólo día en el que no piense en ti... te lo puedo asegurar. Mañana me iré, pero te juro que pasado volveré. Serás la luz que alumbra mi camino, querida. Yo... -Bijou volvió a saltar a la rama dónde estaba André y le puso un dedo en la boca-.

-Deja de parafrasear frases de tu canción favorita, querido -rió la hámster. Era la primera vez desde que le había dicho que se iba que había reido.

-Excuse moi... -André se rascó la cabeza- Bon nuit.

-Bon nuit.



Esa noche André repasó todo el plan: saldría por la mañana, para abandonar la ciudad a mediodia, y por la noche buscaría algún lugar donde acampar. Comenzaría entonces su diario, que mandaría a casa cada vez que pasara por un puesto de correos. Había estudiado una ruta en la que, siguiendo el Rio Sena, llegaría a Le Havre en unas 3 semanas, aunque antes debería coger un barco en Honfleur que lo llevaría hasta Le Havre. Comería lo que encontrase en el camino, y descansaría entre las copas de los árboles. Iba a ser un viaje muy duro, pero conseguiría dos objetivos: el primero, y más importante, encontrarse con Paul Roben y descubrir cosas sobre el pasado de sus padres y su asesino. Además, le serviría como entrenamiento. André siempre había querido vivir una aventura y ponerse a prueba en condiciones extremas. Ésta era su oportunidad. Pero le apenaba tanto dejar a Bijou y sus hermanas solas... Ellas lo entienden, se decía para sí mismo. Serán fuertes y le esperarán. Un torbellino de sentimientos inundaba su corazón y embotaba su mente... ¿Realmente tenía que pagar un precio tan grande para conocer datos sobre sus padres? ¿De verdad estaba preparado para dejarlas solas? ¿De verdad quería separarse de Bijou? No, por supuesto que no. Era algo horrible, sólo pensar en ello... El joven hámster naranja se acurrucó y se durmió mientras sus sentimientos le dejaban claro una cosa: le esperarían.



El agua se agitaba con fuerza en aquella tarde veraniega. El pequeño barco se mecia con fuerza entre las olas que chocaban contra el casco. Los dos pequeños hámsters se aferraban como bien podían a las patas de una silla anclada en el suelo, para evitar ser arrastrados.

-André tengo miedo -gritó Bijou.

-No te preocupes, todo saldrá bien. Tú no te sueltes -le contestó André intentando tranquilizarla. Pero lo cierto es que él mismo tenía problemas. El barco se movía con demasiada fuerza. Ya se encontraban cerca del puerto, por lo que pudo oír por los altavoces.

De repente, una lata de refresco se dirigió rodando hacia André. El hámster no podía esquivarla, ya que eso equivaldría a caer en el mar. Se preparó para el impacto, cuando de repente oyó un golpe. Bijou había interceptado la botella y se dirigía inevitablemente al mar...

-¡Ah! -gritó el hámster. Una pesadilla, sólo eso... Todavía estaba oscuro, pero la pesadilla le impidió reconciliar el sueño. Había parecido tan real... ¿Realmente era buena idea irse? Ahora tenía más dudas que nunca.


Esa mañana André no tuvo que salir a recoger a su novia. Ella estaba allí incluso antes de que él despertara. Se disponía a revisar las provisiones que dejaría a sus hermanas, cuando la encontró sentada en una de las sillas del club, la que ella siempre ocupaba, la más próxima a él. Recorrían su rostro marcas de lágrimas secas, y unas claras orejeras ensuciaban sus bellos ojos y le mostraban a André que había pasado la noche en vela.

-Bijou, yo... -André intentó explicarse.

-Déjalo André -contestó friamente Bijou.- Me ha costado... y creo que todavía no lo entiendo del todo, pero... está bien -comentó con una amarga sonrisa-. Supongo que no te pasará nada malo, eres un hámster muy fuerte. Y... yo te esperaré -se frotó las manos y algo empezó a hacer ruido- Cuando vuelvas, me has prometido que tendremos la mejor cita de todas. No te olvides, ¿eh? -le guiño el ojo.

-Dalo por hecho -se acercó para abrazarla.

-Yo... te he hecho esto, André -le tendió un pequeño colgante con un engarce en forma de corazón. Dentro había una foto de Bijou- Marie me lo compró y puso la foto, yo sólo he puesto el hilo. Con ésto siempre me tendrás contigo.

-Bijou, es un regalo de tu dueña... no puedo aceptarlo. Debes tenerle mucha estima.

-No tanta como a ti -se sonrojó.

-Tonta... -agarró con sus patas la que sostenía el colgante y miró fijamente a Bijou- Siempre estás conmigo, Bijou. Siempre... y eso no va a cambiar.



-Bueno... es la hora -las campanadas del reloj del club rebotaban en las paredes del túnel de acceso y salieron al exterior por la entrada. Allí, los Fran-Hams, todos en línea, miraban a André, enfrente de ellos. Su jefe llevaba un pequeño atillo al que tenía atada una bolsa. En ella llevaba folios, tinta, cartas y sellos. También llevaba la carta que había recibido.

Todos los hámsters parecían abatidos. El propio André deseaba en esos momentos tirar el atillo al suelo y volver a casa a disfrutar de una buena comida. Pero no podía. Se había hecho una promesa, y ahora iba a cumplirla.

André besó a Bijou y se abrazó con sus hermanas. Las tres contuvieron las lágrimas. Una vez más, André se acercó a Bijou y le acarició la coleta izquierda.

-Pronto estaré de vuelta -murmuró. Dio dos pasos hacia atrás sin dejar de mirar al grupo. Sonrió, y se giró.


Lento, a paso firme, André abandonó el rango de visión de los Fran-Hams mientras sobre ellos caía un halo de desdicha.
« Última modificación: Febrero 01, 2008, 22:59 por Leo » En línea


 
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