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Mayo 23, 2012, 12:45
Atomic
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(Moderador:
Líam
) | Tema:
Bonjour a la Francia-Ham!
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Tema: Bonjour a la Francia-Ham! (Leído 2346 veces)
Leo
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Re: Bonjour a la Francia-Ham!
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Respuesta #30 :
Septiembre 12, 2008, 00:04 »
-Hace mucho, mucho tiempo... Hubo un lugar llamado Ham-Ham Land... Es un lugar magnifico para los hámsters. ¡Un mundo de ensueño! -exclamó la blanca dama- Todos los años florecen gigantescos campos de girasoles. Y además, ¡existe una pipa de girasol mágica! Una vez le des un mordisco, serás capaz de comunicarte con los humanos -todos los Fran-Hams se sorprendieron- Y éste es el final de la historia.
Los hámsters empezaron a cuchichear tras la conclusión de la historia. Sebas, los gemelos y Lucette decían que, si pudieran hablar con los humanos, les dirían a sus dueños lo mucho que los querían. André bufó.
-Pues yo no quiero hablar con los humanos. Seguramente me usarían para experimentos como a las ratas -espetó- De todos modos, Bijou... ¿de dónde has sacado ese enorme libro con dibujos? ¿Y quién te ha contado la historia? Me has hecho cargar con él hasta el Club pero no me has dado ninguna respuesta...
-¡Te dije que te lo diría después del cuento, impaciente! -rió la hámster- Bueno... el libro es de Marie, ella también me lo contó anoche antes de dormir -sonrió- Marie se ha aficionado a los cuentos últimamente, y comparte conmigo un rato muy divertido antes de dormir leyéndolos.
-Ya veo... -comentó Pierre- Sería divertido que este “Ham Ham Land” existiera, ¿no os parece? -rió. Sophie se acercó a él con cara de enfado.
-¡Ham Ham Land existe! -exclamó- ¡Estoy segura! -continuó. André rió.
-Vamos, Sophie, la magia no... -André se tuvo que callar. Sophie se había acercado al libro y lo había abierto por una página al azar, deseosa de querer demostrar que realmente existía. En el momento en el que la hámster lo abrió, comenzó a brillar. Sophie se apartó asustada, pero se mantenía cerca, intrigada. André corrió hacia ella y la puso detrás suya, protegiéndola de un peligro imaginario. La luz se apagó al cabo de unos segundos.
Bijou se acercó con cautela al libro y leyó las palabras que habían aparecido en la base de la página.
-A aquellos de corazón puro que creen en este mundo, os concedo la llave que os conducirá a una gran aventura. Buscad la puerta y usad la llave -tras terminar de leerlo, el libro giró sus hojas por su cuenta rápidamente, hasta pararse en la última hoja. En ella aparecía una especie de mapa y una pipa dorada sobre ella.
-¡E... eso no estaba ahí antes! -exclamó la hámster. André se acercó a observar el mapa, aún estupefacto por los acontecimientos ocurridos en ese minuto. Era el mapa de los túneles que conectaban el Club con la red de túneles de París. Se distinguía un desvío que descendía algunos metros en la tierra y que terminaba en una cavidad. Se podía leer “Ham-Ham Land Entrada” encima de la imagen de la pequeña cueva.
-¿Esa es... la entrada? -comentó André escéptico.
-¡Eso es, hermanito! -Sophie dio un brinco- ¡Es Ham-Ham Land! ¡Venga, vamos! -le pidió con voz infantil.
-No sé, puede ser peligroso... ¿Pierre? -convocó la opinión de su viejo amigo.
-Todo esto es muy raro, André -aseveró éste- Pero... ¡qué demonios! Tampoco tenemos nada mejor que hacer, ¿no?
André clavó las patas nuevamente en la tierra, empujándola hacia los flancos y abriéndose camino sobre el duro terreno. Estaba siendo una tarea bastante ardua, pero si no se equivocaba, debía estar muy cerca de la supuesta “entrada”.
-Si quieres descansa -a su lado, las patas de su amigo también removían la tierra- Apenas has tenido tiempo para descansar desde que volviste del viaje -comentó preocupado.
-No te preocupes, Pierre -le tranquilizó el joven- Estaba algo oxidado de no cavar nada en mucho tiempo, y, además... me pica un poco la curiosidad por saber qué es todo esto -admitió.
-Espero que nada peligroso -deseó Pierre. De repente, sintió que tocaba algo metálico- Vaya, creo que ya lo hemos encontrado, sea lo que sea.
Los dos hámsters comenzaron a extraer la tierra alrededor del objeto metálico. Era gigantesco, y en poco se dieron cuenta de que estaban desenterrando una puerta. La puerta estaba construida en metal, era grisácea y en ella se detallaba el relieve de un girasol. André y Pierre fueron corriendo a llamar al resto de Fran-Hams para que vieran su descubrimiento.
-¿Será ésta... la puerta a Ham-Ham Land? -se preguntó Bijou, abrazando el brazo a su novio, agradeciéndole con un beso en la mejilla el trabajo.
-Al menos es una puerta, y muy grande -comentó Sebas.
Sophie se acercó con ojos encandilados a la puerta, y la empujó intentando abrirla. Al ver que no funcionaba, se alejó unos pocos pasos y la miró con ojos inocentes.
-Señora puerta -la llamó- ¿Sería tan amable de abrirse? Me gustaría ir a Ham-Ham Land... ¡Tengo muchas ganas de ir! -aseguró- ¡Todos queremos! -incluyó al resto de Fran-Hams, pensando que la puerta no le hacía caso porque era una propuesta muy egoísta.
-Dejalo Sophie, me parece que no... -nuevamente, el hámster naranja tuvo que callarse. El centro del girasol brilló y una cerradura apareció en ella. Sophie, instintivamente, introdujo la pipa dorada del libro en la cerradura. La pipa desapareció succionada por la cerradura.
La puerta se abría con un gran estruendo, haciendo temblar el precario túnel que André y Pierre habían excavado. Las hojas de la puerta se introducían en las paredes de tierra como puertas corredoras, desapareciendo en ella. Una potente luz que obligó a los Fran-Hams a tener que cerrar los ojos durante un momento emanaba del interior de esa puerta.
Al abrirse la puerta, entre la cegadora luz, apareció una rueda blanca, difícil de distinguir. Giraba, y sus adornos de formas irregulares se movían al compás en su interior. El anillo exterior tenía inscritas algunas letras en un idioma que nadie era capaz de describir, y el eje central mostraba un cabezal con una piedra blanca en su interior.
-Rueda ham-ham, rueda ham-ham... -cantaba una voz suave que provenía del interior de la rueda- Felicidades por encontrar esta puerta que conecta con el mundo llamado Ham-Ham Land... Rueda-ham...
-¿Ham-Ham Land? -preguntó André sorprendido. Miró a Bijou, que le respondió con una cara aún más sorprendida que la suya propia.
De la puerta emergió un haz de luz amarillo que se paró frente al hámster. Tomó una forma redonda y se convirtió en una especie de hada. Tenía orejas de hámster, una antena en la cabeza y en la punta una estrella, y dos alas en la espalda con las que volaba. Su pelaje era de color amarillo y sus grandes ojos azules miraban al hámster divertidos.
-¡Adelante, entrad todos en la rueda ham-ham, por favor! -pidió la extraña hada.
-¡U... Un momento! -exclamó André, estupefacto- ¿Quién eres y a qué te refieres con Ham-Ham Land? -preguntó. Antes de recibir respuesta, la rueda comenzó a girar más rápido, absorbiéndolos a todos sin que tuvieran tiempo para escapar.
La esfera comenzó a girar y los Fran-Hams observaron que flotaban. Sophie hacía como que nadaba y se chocaba a modo de juego con Marie y Sebas, que se quejaban. André se encaró al hada.
-¡Oye! ¿Qué demonios pasa aquí? -exclamó. Miró al exterior, se movían a gran velocidad sobre una especie de cielo multicolor. Bijou se acercó a él y le abrazó con fuerza.
-¿No lo ves, André? ¡Estamos viajando a Ham-Ham Land! -los ojos de la hámster brillaban- ¡Es increíble!
-Exacto. ¡Bienvenidos a Ham-Ham Land! -dijo la pequeña hada. De repente, el extraño cielo desapareció y se dieron cuenta de que estaban “aterrizando” sobre los ejes de una noria, dónde reposaba la rueda. Al fondo, podía verse un gigantesco castillo sobre una colina, y en la base de la misma, una enorme ciudad. Antes de llegar a la ciudad, todo el terreno estaba cubierto por extensos campos de girasoles florecidos. Al encajarse la rueda a la noria, ésta dejó de moverse, y los hámsters cayeron al suelo. Se golpearon contra una cama elástica que amortiguó la caída y cayeron sobre cestas de cáñamo, con capacidad para dos hámsters, excepto en la que cayeron Pierre y Sandrine, dónde también fueron a parar sus niños, que reían divertidos por la situación.
Antes de que el hámster naranja o cualquier otro pudiera decir nada, las cestas alzaron el vuelo y les llevaron por encima de los campos de girasoles. André cogió de la pata a Bijou, que se acercó al bordillo para contemplar la vista. Desde una cesta cercana, Sophie gritaba a su hermano diciéndole que ese sitio era increíble.
-¡Estamos realmente en Ham-Ham Land! -exclamó Lucette.
-Es impensable que este lugar exista de verdad -comentó Pierre.
-¿Vas a...? -antes de que André pudiera volver a preguntar al hada, que volaba delante del grupo, un reloj enorme sonó, indicando que eran las doce de la mañana. El reloj era una enorme torre color morado, y el circulo central dónde se marcaban las horas tenía forma de girasol.
-¡Qué reloj más grande! -exclamó Sebas. La hada apareció en su cesta.
-Es el reloj de Ham-Ham Land -explicó- El parque cierra a las ocho y media de la tarde, pero no hay problema, hay muchos hoteles en Ham-Ham Land -añadió.
-¡Pero nosotros tenemos que volver a casa! -comentó el pequeño hámster.
-¡No hay problema! -sonrió el hada- Aunque en Ham-Ham Land pase el tiempo, en el mundo exterior no. ¡Podéis estar aquí el tiempo que queráis, que cuando volváis a vuestra casa apenas habrán pasado unos segundos! -los Fran-Hams exclamaron.
-¡Entonces podremos entrenar durante mucho tiempo! -Marie parecía muy feliz.
-¡Claro, podréis hacer lo que queráis! -contestó. Pocos segundos después, las cestas comenzaron a descender y dejaron a los Fran-Hams frente al inmenso reloj. Detrás del reloj, pudieron ver una gigantesca montaña rusa en la que había montados hámsters. A la vez, cerca de la plaza dónde habían aterrizado, encontraron una estación de tren con un cartel luminoso que anunciaba que el próximo tren llegaría en menos de 6 minutos por la línea 8.
Los Fran-Hams, siguiendo las indicaciones del hada, se dirigieron hacia la estación. Pero André se detuvo y miró al extraño ser enarcando las cejas.
-¿Me vas a explicar qué es todo ésto? -preguntó al hada- ¡Ni siquiera nos has dicho tu nombre! -exclamó enfadado. El hada pareció sorprenderse, y con su tono alegre respondió.
-¡Cierto! Mi nombre es Navi-Ham, soy guía y guardiana de Ham-Ham Land. Podéis llamarme Navi. ¿Qué es lo que quieres saber, André? -preguntó. El hámster se sorprendió de que supiera su nombre, pero no era el momento para hacer esa pregunta. Tomó aire.
-Por ejemplo, podrías explicarnos qué es este lugar, cómo hemos llegado aquí, y porqué vuelas. Además, me gustaría saber a qué te refieres con eso de “guía y guardiana de Ham-Ham Land” -puntualizó. La hada esbozó una sonrisa y contestó.
-Este lugar es Ham-Ham Land. Es un mundo mágico dónde los hámsters vienen a divertirse. Algunos, cómo vosotros, tenéis la suerte de encontrar una de las puertas ocultas de Ham-Ham Land, por lo que os convertís en una especie de “clientes vip” y hacéis un viaje especial. Otros tienen que venir a través de agencias de viajes muy selectas. Sobre el porqué vuelo... ¡es porque soy un hada! -rió- Las hadas tienen alas, ¿ves? -se dio la vuelta y aleteó un poco para el hámster- Sobre lo último... aquí en Ham-Ham Land hay muchos hámsters como tú que no tienen muy claro algunas cosas, y yo me dedico a solucionar sus dudas. Y, además, hay algunos chicos malos -dijo ésto con un ribeteo en su voz- que sólo quieren causarle problemas al parque... es por ello que estoy aquí protegiéndolo -relató.
-Entonces... ¿me estás diciendo que la magia existe? ¿Que nos encontramos en un mundo dónde el tiempo no transcurre? Eso... eso no puede ser -el hámster se rascó la cabeza, hecho un lío.
-¡Ya verás como al final te das cuenta y lo aceptas! -sonrió el hada- Volveremos a vernos en un rato, si tenéis cualquier duda, sólo tenéis que llamarme en voz alta y acudiré lo más pronto posible -desapareció, antes que nadie pudiera decir nada. Bijou se acercó a su novio y le besó.
-André, este lugar es estupendo. ¡Mira, estamos en Ham-Ham Land! ¡El cuento de Marie era realidad! -la hámster dio un pequeño bote y cogió a su novio del brazo, arrastrándolo hacia el resto de Fran-Hams que esperaban el tren- ¡Será divertido, ya verás!
-Sí... supongo que sí -sonrió por primera vez en todo el tiempo André. Todavía no tenía muy claro qué era todo eso de la magia y si no era más que un sueño, pero... ¡qué demonios! Trataría de disfrutarlo al máximo.
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Re: Bonjour a la Francia-Ham!
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Respuesta #31 :
Septiembre 26, 2008, 23:51 »
Los Fran-Hams no tardaron en dispersarse pese a las continuas indicaciones de André y Pierre para que se mantuvieran juntos. Sophie y Marie salieron corriendo en dirección a una enorme plaza dónde vendían helados. Bijou, Lucette y Sebas se dirigieron hacia la derecha, a un panel de anuncios dónde podía verse un mapa del parque. Los gemelos, que habían avanzado un poco, regresaron junto a los dos hámsters, y Sandrine esperaba junto a sus niños, que reían y miraban para todos lados, sorprendidos de aquél lugar.
Acababan de bajar del tren en la estación número uno de Ham-Ham Land. El tren estaba curiosamente vacío, lo que mosqueó a André, que no se mantuvo tranquilo en todo el viaje. Por suerte, ningún percance había ocurrido, y cuándo la voz del conductor les indicó la parada, decidieron bajar.
Ahora se encontraban en una pequeña estación que daba acceso al parque. Frente a ellos tenían una gigantesca plaza, repleta de tiendas y casetas de juegos. Desde ahí podían ver los raíles de montaña rusa, una noria más pequeña que de la que venían, y algunas atracciones más. Y todo el terreno estaba a rebosar de hámsters. Altos, bajos, gordos, flacos... con pelaje grisáceo, rojizo, amarillo, dorado... André nunca había visto tantos hámsters juntos, ni siquiera en las fiestas de Le Havre. Y todos se lo pasaban tremendamente bien, a juzgar por las risas y las conversaciones que llevaban a cabo.
No les extrañaba estar en aquél lugar mágico alejado del mundo normal...
-Supongo que también tendremos que acostumbrarnos, y divertirnos -adivinó los pensamientos de su joven amigo Pierre. Sebas les llamó- Será mejor que veamos qué es lo que quieren -comentó. Recogió a dos de sus pequeños, mientras Sandrine cogía los otros dos y junto a André y los gemelos se dirigieron hacia el pequeño grupo que esperaba en el tablón.
-Mirad -señaló Lucette al tablón- Nosotros estamos aquí -puntualizó apuntando a un circulo rojo en el mapa- Y aquí -señaló una caseta azul muy cercana, sobre la que había un punto blanco y dentro un número: 19- hay una estación de policía. Dice que se pueden alquilar carritos para bebé -comentó a los padres-.
-También hemos visto que los hoteles están todos juntos aquí -señaló Bijou una zona un poco alejada, donde se podía ver muchos pequeños edificios, y entre ellos un gran edificio cuyo número correspondía a la “Academia Ham-Ham”- Además, aquí -señaló un punto cercano a la estación de policía- hay un puesto de información, quizá deberíamos pasarnos para que nos expliquen un poco cómo va todo -sugirió la blanca hámster.
-No hace falta -contrarió su novio- Esa hada debería aparecer para hacer su trabajo, ¿no? -comentó sarcástico y algo molesto. Bijou se puso frente a él y le miró a los ojos.
-¿Qué te pasa, mon amour? -le susurró preocupada- Pareces enfadado...
-No es eso -el hámster trató de evadir esos ojos azules que le cautivaban- Es sólo... que todo esto es muy raro. ¡Mira a la gente! Parece que no les importa que este sitio no aparezca en ningún mapa, y que ni siquiera parezca pertenecer al mundo.
-Ellos sólo se divierten -rebatió Bijou, agarrándole la pata derecha con las dos suyas- Y tú deberías hacer lo mismo. Venga, vamos a recoger a tus hermanas mientras Pierre y Sandrine van a por un carrito para los peques -le invitó, mientras tiraba de él. André se dejó llevar, suspirando. Bijou también parecía disfrutar con ese lugar. Quizá estaba bien, quizá simplemente debía dejarse llevar por el olor a algodón de azúcar o pipas sazonadas que flotaba en el aire. Quizá debía dejarse imbuir por el espíritu festivo y jovial de aquél lugar, y olvidarse de que se encontraba en un lugar mágico. ¡Al fin y al cabo era un parque de atracciones! Sonrió y comenzó a correr, siendo él quien tiraba de Bijou, que reía contenta al ver que su amado volvía a ser el mismo de siempre.
-¡Ey, chicas! -gritó el hámster. Las dos hámsters parisinas se giraron hacia dónde provenía la voz. André venía corriendo junto a Bijou. Ellas les saludaron, y dieron otra lametada a su helado.
-Hay que ver, parece que no sepáis ni comer un helado -comentó el hermano mayor cuando llegó junto a sus hermanitas. Sophie tenía en la boca restos de su helado de fresa, y Marie la pata llena de su helado de vainilla que estaba derritiéndose. Recogió un par de servilletas del dispensador que había en la mesa que las hámsters estaban sentadas y mientras le daba una a Marie, limpiaba la cara de Sophie.
-¡Jo, ya no somos unas crías! -se quejó Sophie.
-Bueno, pero yo sigo siendo el hermano mayor, ¿no? -sonrió- Venga, vamos a por los demás Fran-Hams. Seguro que ellos también quieren un helado -miró a Bijou, que asintió-.
Todo el grupo estaba sentado en la enorme mesa circular. Disfrutaban de sus helados mientras reían y hablaban de diversos temas. En esos momentos discutían lo que harían a continuación.
-¡Yo quiero montarme en la montaña rusa! -exclamó Sebas, levantando su cucurucho de menta. Marie, Sophie y Bijou lo secundaron, pero André no parecía muy convencido.
-Quizá deberíamos esperar un poco antes de ir a las atracciones fuertes, ¿no? -Bijou le metió la cuchara del Banana Split que compartían en la boca.
-¡Venga, no seas miedica André! -rió la hámster- No pasará nada -le guiñó un ojo.
-Pero... -se quitó la cuchara de la boca.
-Yo lo veo bien -comentó Pierre- Me quedaré con Sandrine y los niños en alguna atracción para ellos, pero vosotros podéis ir a la montaña rusa -especificó- Nos encontramos aquí cuando terminéis, ¿vale? -dijo, levantándose de su asiento. Tanto él como Sandrine habían terminado sus cafés granizados hacía un tiempo, y sus niños ya no querían más de las tarrinas de chocolate y vainilla que sus padres les habían pedido. La hámster también se levantó y se despidió de sus amigos. Tiró del carrito y se dirigieron hacia las atracciones.
-Bueno, si no hay más remedio... -aceptó el hámster- ¡Pero al menos esperar a terminaros el helado! -exclamó, al ver que todos se levantaban extasiados.
La cola parecía interminable, pero avanzaba rápidamente. Una gran cantidad de hámsters que hablaban entre ellos divertidos esperaban su turno para montar en la atracción. Formaban filas de dos, y avanzaban entre aquellas hileras limitadas por cuerdas de cáñamo que creaban un sendero en zig-zag hasta la entrada de la atracción. En poco tiempo, los Fran-Hams pudieron ver como, frente a ellos, se leía el cartel de entrada de la Montaña Ham-Ham. A la derecha de la entrada había un cartel de un pequeño hámster que sostenía una pancarta: “Si no mides más que yo, no puedes entrar”. Sebas se midió debido a la insistencia de sus amigos, aunque él pensaba que sería capaz de pasar sin problemas. Efectivamente, y pese a que al principio intentó medirse de puntillas, medía suficiente para montar en la atracción. El pequeño hámster suspiró aliviado y volvió a su lugar en la fila junto a Lucette.
-¡Ya verás como te lo pasas bien! -animó Bijou a su novio, que desde que habían comenzado a hacer cola se mostraba inquieto- ¿No me digas que te da miedo una montañita? -se burló en broma. André se sonrojó levemente.
-¡No me da miedo! -exclamó- Es simplemente que no me gusta... -no pudo continuar, porque Bijou tiró de él, era su turno de montar.
Los vagones de la montaña rusa eran de un color azulado, con una franja roja en el medio de cada lado. Cada vagón tenía espacio para cuatro hámsters, dos delante y dos detrás. Bijou había escogido el primer vagón, y la primera fila del mismo. Las hermanas de André se sentaron detrás, mientras que los gemelos, Sebas y Lucette hicieron lo propio en el vagón inmediatamente seguido.
André suspiró y se agarró fuerte a la barandilla del frente del vagón. Su hermana Marie le tocó el hombro.
-¿Listo, hermanito? -le preguntó riendo.
-Mira que dejarme enredar... -se lamentó el hámster, justo en el momento que el vagón comenzaba a moverse. Iba despacio, pero sabía que esa tranquilidad no duraría mucho. Comenzaron a subir en un ángulo torcido hacia la cima. El sonido metálico de los engranajes tirando del vagón ponía nervioso al hámster. Su novia puso una de sus patas sobre otra del hámster, que agarraba con fuerza la barandilla de seguridad de la atracción.
-¡Allá vamos! -exclamó Bijou cuando alcanzaron la cima y cayeron al vacío a los pocos segundos. André sentía cómo el viento le golpeaba la cara con fuerza, cómo una fuerza invisible lo empujaba hacia atrás y oprimía su pecho. Oía a su novia y sus hermanas gritar y reír, así como al resto del tren. Se agarró fuertemente a la barandilla durante el descenso, y pese a que parecía que al llegar abajo la cosa se calmaría, la velocidad que llevaban hizo que pronto volvieran a subir una pequeña cuesta para bajarla nuevamente.
La experiencia se repitió varias veces, hasta que volvieron a tomar una gran cuesta de subida, apoyados por engranajes.
-¡Ha sido increíble! -exclamó Bijou, mirando a André. El hámster tenía el semblante pálido, lo que hizo que su compañera riera- ¡Aún queda un buen trozo! -le hizo saber. André suspiró. Miró hacia los lados. Estaban realmente altos. Podían ver sin problemas gran parte de aquél mágico lugar. El castillo se veía con total claridad en la lejanía, los campos de girasoles que cercaban el parque también. Incluso Sophie señaló hacia un lugar dónde se podía ver a Pierre y Sandrine, que charlaban mientras sus niños jugaban en una piscina de bolas. Era una vista preciosa... quizá había merecido la pena tanto sufrimiento.
-Creo que... -no tuvo tiempo para terminar la frase, porque todo el tren comenzó a gritar. Comenzaron nuevamente un descenso enorme. Ésta vez Bijou abrazó a su novio con todas sus fuerzas. Una vez llegaron al final de la caída, tras unos pocos metros que pasaron en milésimas de segundo, los vagones dieron una vuelta en un looping. André pudo ver a los hámsters de los vagones finales en el “cielo”. El giro le provocó unas leves nauseas que consiguió aliviar. Y en la cercanía se divisaba otro looping...
-¡Otra vez, otra vez! -exclamaban Sophie y Sebas. André y Lucette se negaron lo más rotundo. Bijou rió y besó a su novio.
-Te has portado muy bien -le animó- Muchas gracias por haberme protegido -comentó guiñándole el ojo, recordando el abrazo en la gran caída.
-Bueno... -se sonrojó el hámster- Será mejor que busquemos a Pierre y Sandrine para decidir qué hacer -levantó la vista y buscó el gigantesco reloj que podía verse desde cualquier punto del parque. Marcaban cerca de las dos de la tarde- Es casi la hora de comer -aventuró.
Encontraron a los padres junto a sus niños en el mismo lugar dónde se habían despedido, como estaba previsto. Se saludaron desde la lejanía y se juntaron a medio camino.
-¿Os lo habéis pasado bien? -preguntó Pierre.
-Bueno, al menos André no se ha escapado en la cola -comentó Sebas entre risas. Todos rieron.
-¡Bu... bueno! -exclamó el líder de los Fran-Hams- Deberíamos ir a comer, ya es la hora -comentó. Para reforzar su argumento, el enorme reloj resonó en todo el parque, señalando que eran las dos de la tarde.
-Los restaurantes están esparcidos por todo el parque, pero por aquí cerca había uno -dijo Lucette, que recordaba haber visto algún restaurante en el mapa del parque.
-¡Pues a buscar! -exclamó Marie. Todos asintieron y se pusieron manos a la obra.
-¡Que aproveche! -desearon todos los hámsters a la vez, mientras empezaban a comer sus platos. Manjares que, pese a estar acostumbrados a comerlos en el Club, les sabían especialmente deliciosos. André se sorprendió de que unas simples pipas de girasol y alguna que otra hoja de lechuga pudieran saber tan bien. Le hubiera gustado conocer al chef, pero sabía que no tendría tiempo.
-¿Dónde iremos ahora? -preguntó François mientras apartaba su plato, saciado.
-Podríamos volver a la montaña rusa -sugirió bromeando Marie, sólo para ver la expresión de angustia de su hermano.
-Yo creo que deberíamos preguntar a nuestra guía Navi-Ham -comentó Pierre, dando un sorbo a su copa de vino.
-¿Me habéis llamado? -preguntó la pequeña hada. Había aparecido de repente a la derecha de Pierre, nada más nombrarla- ¡Oh! Que aproveche -deseó, al ver dónde se encontraban los Fran-Hams.
André, sentado frente a Pierre, agradeció la cortesía del hada con una leve sonrisa.
-Pues verás, estábamos pensando en dónde ir... ¿qué nos recomiendas? -preguntó el hámster. La pequeña hada cerró los ojos y enarcó las cejas en posición meditabunda.
-Pues... ¿habéis montado en el tren turístico? -los Fran-Hams negaron con la cabeza- ¡Vaya! Deberíais dar una vuelta, os vendrá muy bien para ver el parque en su totalidad. Os da una vuelta por todo... si queréis yo puedo acompañaros -se ofreció.
-¡Eso sería estupendo! -agradeció Bijou. Los Fran-Hams asintieron y tras relamer los platos, abandonaron el restaurante.
El tren turístico tenía diversas paradas a lo largo de su recorrido por todo el parque. Los Fran-Hams, con la acertada guía de Navi-Ham, no tardaron en llegar a la parada más cercana, dónde otros hámsters esperaban su turno para montar. La mayoría saludó alegremente a Navi-Ham, y otros la miraron con curiosidad. La pequeña hada se entretuvo jugando con los niños de Pierre y Sandrine mientras el tren llegaba.
El sonido de la bocina alertó a los hámsters de la llegada del ferrocarril. El vagón principal dónde seguramente se hallaba la caldera tenía la forma del rostro de un hámster, y el resto de vagones era de diversos colores vivos: rojo, amarillo, verde... Los Fran-Hams entraron en uno de los vagones más vacíos y se dirigieron rápidamente a las ventanas. Las puertas se cerraron y el tren volvió a emitir su particular pitido, dando inicio al viaje.
-¡Prepararos para un viaje a través de Ham-Ham Land! -exclamó Navi-Ham.
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Re: Bonjour a la Francia-Ham!
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Respuesta #32 :
Octubre 22, 2008, 23:34 »
Se elevaban hacia el cielo suavemente, permitiéndoles disfrutar de la vista. Desde ahí arriba, se podía ver casi todo el parque. El continuo traqueteo del tren era una molestia menor y apenas se notaba. Los Fran-Hams señalaban aquí o allá avisando a sus compañeros de atracciones divertidas o sucesos increíbles.
-¡Mira, hermanito! -señaló Sophie- ¡Allí hay una carpa de circo, y allí un carrusel! -señaló a otro lugar. La hámster se sentaba de rodillas encima de los cómodos asientos, apoyando sus patas sobre el cristal y no perdiéndose detalle. A su lado, Bijou y Marie hacían lo propio, mientras André asentía y también buscaba lugares divertidos. Alguna cafetería de ambiente, una noria, una gran esfera de cristal giratoria... Todo en aquél lugar era increíble.
-Mirad, ahí está el zepelín -avisó Navi-Ham. Todos los Fran-Hams se giraron hacia dónde se encontraba la nave. Podía leerse un mensaje en una pantalla digital a cada lado del zepelín. Era de color rosa y la cesta estaba adornada en su exterior por dibujos de girasoles. El mensaje saludaba a todos los hámsters del parque y daba los horarios para todos los espectáculos del parque.
-¡Vaya! -se sorprendió Pierre- El campo de girasoles sigue más allá de dónde se pierde la vista -indicó. Efectivamente, mirando por la ventana contraria a la del resto de sus amigos, se había percatado del extenso mar amarillo que se perdía en el horizonte. Navi-ham asintió llena de orgullo.
-Los girasoles siempre están florecidos y cargados de pipas aquí -aseveró.
Continuaron el viaje en el tren. El castillo quedaba al fondo, lejano, iluminado por diversos focos pese a ser de día. Su majestuosidad se derramaba sobre el resto del parque, que parecía recibir vida de aquella enorme mole. Al límite este del parque podía verse un enorme camino vacío cercado a sus lados por enormes farolas que se encenderían al anochecer. Al final del paseo, una serie de pequeños edificios, con uno que sobresalía por su altitud en el centro
-Esa debe ser la Academia Ham-Ham, y el resto los hoteles -aventuró Lucette al dirigir su mirada al lugar.
-¡En efecto! La Academia Ham-Ham empieza sus clases a las seis de la tarde. Tiene muchas materias y se aprende mucho, pero casi nadie va nunca -comentó algo apesadumbrada Navi-ham- Prefieren jugar en el parque... bueno, ellos se lo pierden -se encogió de hombros.
-Quizá debería pasarme... -murmuró André, cavilando. Bijou le tiró del brazo.
-¡Ni hablar! Tú te quedas conmigo, hemos venido a pasarlo bien -le guiñó un ojo. André asintió entrecortado ante la vehemente orden de su novia, mientras el resto de Fran-Hams rieron.
De repente, el vagón sufrió una pequeña turbulencia y se tambaleó. Sophie se agarró como pudo al asiento para no caer al suelo, pero el resto de Fran-Hams no tuvo tanta suerte y la mayoría dieron con los huesos en él.
-¿Qué de...? -Pierre se quedó sin habla. Se había levantado rápidamente para ayudar a su esposa que sostenía los niños. Y al mirar por la ventana...
Aquél enorme ser azul seguía su vuelo moviendo sus alas membradas, y giró hacia el tren nuevamente. Su cola chasqueó en el aire y abrió la boca, mostrando a los aterrorizados Fran-Hams sus colmillos. El dragón se acercaba con rapidez al vagón cuándo...
-Yamiryuku, ¿se puede saber qué haces? -el dragón se paró en seco frente a la figura de una humana con orejas de hámsters y alas amarillas a la espalda. Su tez era pálida, y sus orejas amarillas. La voz era serena y adulta. Sacó el brazo derecho de la túnica blanca que vestía, mostrando una mano suave al tacto en la que llevaba una varita dorada con un girasol en la punta. André se percató de que Navi-Ham había desaparecido...
-¡Venga, Navi! -la voz del dragón sonaba divertida. Era ronca y con eco, e inspiraba temor, pero parecía pasarlo bien con la situación- Sólo he salido a dar una vuelta.
-Te dije que no te transformaras mientras era de día. Sólo debes transformarte en dragón para la cabalgata nocturna -la hada le apuntó con la varita, amenazante- Vuelve inmediatamente al castillo, tendremos una charla tú y yo.
-¡Pero Navi...! -ahora la voz parecía triste, como la de un niño al que regañan y simula sentirse culpable- Al menos déjame salir a buscar pipas raras para mi colección -suplicó.
-Bueno... ¡pero nada de buscar la pipa de girasol mágica! Sabes perfectamente que el personal del parque no puede cogerla -le recordó.
El dragón asintió y realizó una voltereta en el aire, antes de mover sus alas con fuerza, lo que provocó que el vagón volviera a contonearse. Salió de allí riendo, hacia el castillo que coronaba Ham-Ham Land. La hada suspiró y desapareció en un haz de luz, para volver a aparecer junto a los Fran-Hams en la forma que ellos conocían. En escasos segundos, fue avasallada a preguntas.
-¿Qué era eso? ¡Podía habernos matado! ¿Cómo es que puedes transformarte en humana? ¿Porqué el dragón te llama Navi? -preguntaron los Fran-Hams.
-Bueno, bueno... -Navi-Ham enarco una ceja y pidió silencio- Primero quiero pediros disculpas en nombre del parque por éste pequeño percance, os prometo que haré lo posible porque no se repita. En segundo lugar... ese dragón se llama Yamiryuku, es un empleado del parque igual que yo, pero es un poco... “especial”, por llamarlo así. Ya lo habéis visto... -la hada hámster suspiró- Y bueno, tenéis razón... puedo transformarme en una humana, pero prefiero ésta forma para tratar con los visitantes. A los niños les encanta -sonrió- Y me llama Navi... bueno, porque es así de idiota -infló los mofletes- Me va a oír cuando le pille...
-Navi-Ham... -la llamó Bijou después de la risa generalizada de los Fran-Hams a su último comentario. El tren había comenzado a funcionar nuevamente y descendía hacia la siguiente estación, el destino de los Fran-Hams- ¿Me ha parecido oír algo sobre una pipa de girasol mágica cuando hablabas con el dragón? -sus ojos brillaron llenos de ilusión.
-¡Es cierto! -la secundó André- Yo también lo he oído.
-¿¡Entonces existe la pipa de girasol mágica?! -exclamó Sophie, comenzando a pegar botes por todo el vagón.
Navi-Ham asintió con una sonrisa.
-¡La pipa de girasol mágica es una de las principales atracciones del parque! -aseveró- Aquél hámster que le pegue un mordisco será capaz de hablar con los humanos.
-¡Tal y como decía el cuento de Marie! -sonrió Bijou.
-Pero son normas del parque que no os diga dónde se encuentra la pipa de girasol mágica, lo siento -Sophie dejó de saltar ante ésta revelación, pero pronto recuperó su jovialidad.
-¡Bueno, pues la encontraremos igualmente! ¿A que sí, hermanito? -buscó el apoyo de su hermano con una de sus sonrisas encandiladoras.
-Ah... bueno, Sophie... no hay que olvidar que tenemos que entrenar y todo... -André no parecía muy convencido. Él también tenía ganas de encontrar la pipa, aunque sólo fuera para ver con sus propios ojos la magia. Aunque, pensó maliciosamente, sería un regalo perfecto para Bijou.
-Sophie -Navi-Ham se mantuvo flotando frente a ella y la miró a los ojos- ¿Quieres encontrar la pipa de girasol mágica?
-¡Pues claro que sí! -para hacer énfasis a su determinación, la inocente hámster enarcó las cejas y apretó los puños. Navi-Ham sonrió y se retiró unos centímetros.
-Tu inocencia es muy especial, Sophie.
-¡Gracias! -contestó la hámster, sin conocer la envergadura de las palabras de la hada.
-Por fin suelo... -suspiró Pierre. Después de una experiencia tal, no volvería a montar en ninguna atracción con raíles.
-Vamos, querido, tampoco ha sido para tanto -rió Sandrine a su lado, mientras tiraba del carrito con los cuatro niños, camino del resto de Fran-Hams, que les esperaban unos metros más adelante, decidiendo qué hacer.
-¿Qué nos recomiendas, Navi-Ham? -preguntó Sebas al pequeño hada. El hada no contestó, miraba distraída hacia el castillo- ¿Hay alguien en casa? -le llamó la atención molesto.
-¡Oh, perdón! -Navi-Ham pareció salir bruscamente de un trance, cerró y abrió los ojos muy rápido un par de veces y tardó unos segundos en asegurarse de dónde estaba- Pues... yo os recomendaría ir a las pistas de patinaje sobre hielo, están ahí -señaló a un gran edificio ovalado con un cartel dónde se veía dibujados unos patines con cuchillas- Yo tengo que hacer una cosa, si necesitáis algo avisadme y trataré de llegar lo antes posible -desapareció rápidamente, sin dar tiempo a réplica de los Fran-Hams.
Los Fran-Hams, siguiendo las rápidas indicaciones de Navi-Ham, se dirigieron a la pista de patinaje sobre hielo. Ninguno de ellos había patinado nunca antes, pero no tenía que ser muy difícil. La pista de patinaje se encontraba en el centro del recinto, rodeada por una serie de asientos, que estaban en su mayoría vacíos. Unos pocos hámsters patinaban gracilmente en la pista, tendrían bastante espacio para aprender. Se acercaron al mostrador, a unos metros de la pista, y pidieron unos patines.
Sandrine se sentó en las gradas mientras el resto de Fran-Hams entraban en la fría pista, agarrándose a las barandillas para mantenerse en pie.
André se soltó y comenzó a moverse sin problemas.
-¿Cuándo aprendiste a patinar, hermanito? -le preguntó Marie sorprendida.
-El invierno fue muy largo -sonrió el hámster, volviendo junto a sus amigos. Agarró a Bijou de la pata y tiró de ella. La hámster se chocó con su compañero, que la abrazó para evitar que se cayera al suelo.
-Ten más cuidado, André -le imprecó. El hámster rió.
-Venga, si no ha sido nada... Dame la mano y mueve las patas así, es muy fácil -comenzó a moverse, tirando de Bijou, que gritó pidiéndole tiempo. Pero André continuaba riendo y sin hacerle caso. A la pobre muchacha no le quedó otra que aprender a la fuerza.
Sebas y Lucette les adelantaron y saludaron, habían aprendido muy rápido.
-¡André, ayudame anda! -gritó Sophie. Los gemelos trataban de animarla a que se soltara y empezara a patinar, pero no quiso.
El hámster suspiró y soltó a Bijou, que se movía ya con soltura. Agarró a su hermana y comenzó con las clases forzadas.
-¡Vaya esposo estás hecho! Tú aquí pasándolo bien y Sandrine con los niños sola -amonestó Marie a Pierre, acercándose por detrás.
-Ahora iré, tranquila -contestó el hámster- A Sandrine no le gusta el hielo, así que me ha dicho que no pasaba nada -Marie suspiró.
-¡Pero hombre! Ve a pasar un rato con tu esposa, no seas tonto -le empujó en esa dirección.
-¡Hay que ver, cualquiera diría que eres la mayor! -rió el hámster.
Un aviso proveniente de los altavoces instalados en todo el parque llamó la atención del grupo, que abandonaron la pista de patinaje por curiosidad. ¿A qué se referiría con eso de “la hora del regalo”?
Al salir del recinto lo descubrieron:
Del zepelín que sobrevolaba el parque caían cientos y cientos de globos que llevaban colgados pequeñas cajas o bolsas envueltas en papel de regalo. Algunas cayeron cerca de los Fran-Hams, que recogieron una, tal y cómo rezaba el anuncio que salía del artefacto volador. El mensaje volvía a repetirse por cuarta vez.
-Son las tres de la tarde, hora del regalo. Para agradecer a nuestros visitantes su presencia en el parque les hacemos obsequio de unos dulces especiales. Por favor, les rogamos cojan sólo una bolsa, hay de sobra para todos.
Sophie cogió una pequeña cajita que caía suavemente sobre sus manos. El resto de Fran-Hams las recogieron del suelo o esperaron para tomarlas del cielo. Las abrieron y observaron que cada bolsa era distinta. En algunas había bombones, en otra tartas de queso, en otras delicias de girasol, en otras galletas con forma de hámsters...
-¡Ey, Sophie, te cambio una galleta por un bombón! -François le tendió el bombón a la hámster, que le entregó una galleta a cambio.
-¿Y ahora qué hacemos...? -comentó Bijou, hincándole el diente a otra de sus delicias de girasol.
-Quizá deberíamos informarnos de cómo funciona el polideportivo, deberíamos empezar a entrenar -recordó André.
-¡No seas aguafiestas hombre! -exclamó Marie- Yo quiero ir a ver a las japonesas esas que empezaron a cantar hace unas semanas. ¡Están haciendo furor en Francia y tocan en media hora!
-¿Las Minimoni? -preguntó Sebas.
-¡Ésas! Son superbé -sonrió Marie.
-Bueno, si el resto no tenéis inconveniente... ¿cuánto dura el concierto? Tiene que darnos tiempo a ver la cabalgata -comentó André.
-¡Tranquilo, nos sobrará hermanito! -le guiño un ojo. Los Fran-Hams aceptaron la idea y se dirigieron a la sala de conciertos, siguiendo las indicaciones del mapa que habían tomado en una de sus paradas.
El concierto se llevaría a cabo en una gran carpa cubierta, con varios carteles en sus límites dónde detallaban las actuaciones. No sólo actuaban hoy las famosas Minimoni, también un mago actuaba a la misma hora de la cabalgata y más adelante un humorista daría un toque humorístico a los problemas de la sociedad en una velada más adulta. Había una gran cola para entrar, pero estaba asegurado el aforo. Los Fran-Hams recogieron sus entradas y esperaron su turno para entrar al escenario. Tras unos cuantos minutos de cola en los que Sebas, Marie y los gemelos cantaban cómo bien podían algunas canciones de las artistas que iban a escuchar, consiguieron entrar.
El escenario se encontraba al fondo de la carpa, que descendía en altura, por lo que los que se encontraran en la parte más alta difícilmente podrían ver a las cantantes. Las hileras de asientos se sucedían y todas ellas estaban repletas de hámsters que esperaban el comienzo de la actuación. Los Fran-Hams se sentaron en los asientos asignados, a una distancia media del escenario, y se unieron a la espera. Los focos de colores se movían de un lado a otro, pero de repente todos enfocaron al escenario, a un punto en concreto. De una pequeña trampilla aparecieron las cuatro famosas Minimoni, y el recinto estalló en vítores. Marie gritó con todas sus fuerzas, destrozando el oído a su hermano que se encontraba a su izquierda. El espectáculo acababa de comenzar.
-¡Himawari no tane donoo mori ne! -gritaban las chicas, recordando una de las canciones, cuando salieron del recinto. Parecían muy felices, pensó André. Suspiró y miró el cielo: se había hecho de noche. ¿Tanto había durado el concierto? Buscó el reloj y comprobó que apenas marcaba las cinco menos diez. En aquél extraño lugar se hacía muy pronto de noche...
-André, ¿vamos a las casetas? -le sugirió Bijou, abrazada a su brazo derecho. André asintió, y lo comentó al resto de Fran-Hams. No tuvieron inconveniente.
Miraron en su mapa, y comprobaron que las casetas de juegos estaban todas reunidas en un pequeño recinto circular en la parte este del parque. Ellos se encontraban en la zona oeste, así que tenían que dar un pequeño paseo. Pero les daba igual, estaban realmente felices de estar allí. El día estaba siendo muy divertido, y la promesa de Navi-Ham de que el tiempo no transcurría fuera del lugar les animó aún más. Podrían quedarse un par de días más y disfrutar en su totalidad del parque. Contentos con esos pensamientos, los Fran-Hams se dirigieron a la zona de casetas taradeando las canciones de las Minimoni.
Una gran explosión que iluminó el cielo les llamó la atención. Otras explosiones similares se sucedieron, llenando el cielo de brillantes colores variados. Los fuegos artificiales habían empezado, eclipsando con su sonido las campanadas del reloj del parque, que indicaba que eran las cinco de la tarde. Los Fran-Hams, sorprendidos, olvidaron su destino y quedaron maravillados frente a la magia de los fuegos de artificio. Las explosiones tomaban forma de hámsters, estrellas, corazones o dulces, y eran de diversos colores. André abrazó a Bijou por la espalda y la besó, Pierre y Sandrine también se besaron y el resto de Fran-Hams se mantenían en silencio. Aquél era un momento muy romántico y maravilloso, no querían que acabase nunca.
Media hora después, la última traca de fuegos artificiales fue lanzada al aire, explotando en una gigantesca imagen del castillo, rodeado de un girasol. En todo el parque pudo oírse un vitoreo generalizado, había sido un espectáculo pirotécnico estupendo.
-Bueno, cuando la pareja deje de morrearse podemos seguir hasta las casetas -comentó Marie en voz alta, tratando de apremiar a los jovenes novios, que estaban demasiado ocupados con el otro cómo para darse cuenta que el espectáculo había terminado. Tras las palabras de Marie, reaccionaron y levemente sonrojados pidieron disculpas- ¡Ahora tendrás que conseguirme dos premios, hermanito! -le instó Marie como compensación.
El tercer globo explotó al golpearlo el dardo. La campana volvió a repicar y el feriante anunció con alegría la nueva victoria del hámster naranja. El cúmulo de gente que se había reunido alrededor de la caseta aplaudió, y el hámster bajó la cabeza un poco avergonzado. Su hermana Sophie le abrazó con fuerza y señaló el premio que quería: un tigre de peluche.
-¡Eso lo quería yo, jo! -exclamó Marie.
-Tranquila, Marie... ahora te consigo otro -André se dirigió al feriante y le sonrió- ¿Me deja otra tirada? - preguntó. Ya había conseguido un delfín para Bijou, un oso para Lucette -que lo aceptó con una gran sonrisa- y el tigre de Sophie. Y ya había demostrado en otros tenderetes su puntería con el rifle de bolines o lanzando bolas.
-¡Serán dos! Me debes dos premios -le recordó Marie. André suspiró y volvió a consultar al feriante con la mirada.
-Por supuesto, muchacho, me estás trayendo mucha clientela -le entregó otra cesta con tres dardos- Si consigues ganar, te daré dos premios. André asintió y Marie se separó unos centímetros. Comenzó a animarle, pero André no le prestó mucha atención, ya que necesitaba concentrarse.
Los globos de color azul colgados sobre la pizarra de corcho esperaban temerosos a su enemigo mortal: el dardo. Sabían que no podían hacer nada contra él, su única esperanza era no ser ellos el objetivo del tirador.
El primer globo explotó, seguidos rápidamente del segundo y el tercero. El feriante volvió a hacer sonar la campana y los hámsters a aplaudir. Algunos se animaron y pidieron dardos ellos también, tratando de imitar a André.
Navi-Ham apareció a la derecha del hámster mientras Marie escogía sus premios. Su semblante parecía preocupado.
-¿Ocurre algo Navi-Ham? -preguntó André, sonriente. Estaba de buen humor, no había nada más divertido en la feria que las casetas para él. El hada le sonrió forzadamente.
-¡No, que va! -trató de disimular- Simplemente me pasaba porque no me habéis llamado en toda la tarde. ¿Os las habéis apañado? -preguntó.
-Oui -entró en la conversación Bijou, que apretaba con fuerza su oso. André sabía que la hámster no soltaría aquello que él le había conseguido con esfuerzo bajo ningún concepto- Hemos pasado una tarde muy divertida, aunque casi nos perdemos los fuegos artificiales.
-¡Mis disculpas! -el hada realizó una pequeña inclinación de cabeza- Se me olvidó comentároslo, lo siento. He estado liada con algunos asuntillos -giró la cabeza inconscientemente hacia el castillo.
-¿Problemas en Palacio? -comentó sarcástico el adulto del grupo.
-Algo así. Perdonad, cuando todo se arregle os lo comentaré -suspiró- Ahora debo irme otra vez... os recuerdo que a las siete empieza la cabalgata nocturna, y que el parque cierra a las ocho y media. Pero si no queréis colas kilométricas, os recomiendo pasaros un poco antes por los hoteles. Aún tenéis que hacer la inscripción, ¿me equivoco? -preguntó.
-Es cierto -asintió André- Supongo que después de la cabalgata cenaremos e iremos al hotel. Pero mientras... ¿no quieres que te consiga algún peluche? -rió- ¡Estoy de racha!
-Gracias, pero no tengo tiempo. Seguramente no nos veamos hasta mañana, pero si tenéis problemas durante el registro en el hotel llamadme. ¡Buenas noches Fran-Hams! -nuevamente desapareció rápidamente. Se comportaba de un modo extraño... André se preocupó durante unos instantes, hasta que Marie le golpeó con un elefante y un león de peluche.
-El león es para ti. Muchas gracias hermanito -sonrió la hámster. Le dio un besito en la mejilla y fue a enseñarle los peluches a Sophie, intentando chincharla al tener ella dos.
André sonrió y comprobó la hora. Aún eran las seis y cuarto, tenían tiempo de sobra. Volvió a meditar sobre la extraña actuación de Navi-Ham. ¿Qué ocurría? Se mostraba extraña desde el incidente con el dragón. ¿Pasaría algo malo? Bueno, ella les había prometido explicárselo, pero... André apenas había empezado a acostumbrarse a ese mágico mundo. No estaba para sobresaltos y mucho menos para problemas ocasionados “por la magia”. Si el lugar se volvía minimamente peligroso, volvería a casa junto a los Fran-Hams.
-¿En qué piensas, André? -preguntó Lucette al hámster. Él simplemente sonrió y alzó la cabeza al cielo, dónde brillaba una Luna azulada.
La música sonaba mientras las carrozas, cubiertas de luces de neón de diversos colores, continuaban su camino lentamente. Una carroza con forma de hámster, otra de girasol, otra de cerdito y otra más de tarta de zanahoria. En todas ellas, a su alrededor, payasos, bailarines o hámsters disfrazados bailaban o realizaban malabares. Las Minimoni aparecieron montadas en uno de los vehículos y llevaban a cabo una pequeña actuación cantando uno de sus grandes éxitos. Los Fran-Hams disfrutaban de la cabalgata en primera línea, al haber llegado con bastante tiempo para coger sitio. Un hámster con una antorcha en la mano derecha bebió de un bote que sostenía con la izquierda y sopló, inhalando fuego. Una exclamación general, seguida de una gran ovación eclipsaron por un momento la canción que sonaba de fondo. Otro hámster se adelantó dando volteretas continuas, mientras un tercero volaba sobre la multitud con globos, lanzando caramelos por doquier.
Esos momentos quedarían guardados en la retina de los Fran-Hams como uno de los más divertidos y fantásticos de sus vidas. André, entusiasmado, se convenció de que, efectivamente, la magia existía. Ham-Ham Land era un lugar mágico.
La cabalgata terminó a las siete y media, y algunos hámsters precavidos se dirigieron inmediatamente a los hoteles. Pero las tripas de los Fran-Hams les recordaron que, desde el pequeño tentempié de la “hora del regalo”, no habían parado siquiera para merendar. Así que, tras una breve cena en el primer restaurante que encontraron, se dirigieron a toda prisa a los hoteles.
El reloj sonó, eran las ocho de la tarde. Los Fran-Hams entraron al enorme pasillo que separaba el parque de la zona de hoteles y la Academia Ham-Ham. Caminaron por el centro del camino empedrado. A bastantes metros de distancia, unas elevadas farolas iluminaban su totalidad. Algunos hámsters también caminaban por la ancha calle, camino a sus respectivos hoteles.
Llegaron a una bifurcación en el camino. Podían seguir hacia la izquierda o la derecha, o recto. Si continuaban por el camino frente a ellos, llegarían a la Academia Ham-Ham, que mantenía sus puertas cerradas tras la jornada lectiva. Y si seguían las sendas a sus flancos, llegarían a los hoteles. Decidieron tomar la dirección izquierda.
-Buenas noches, nos gustaría alquilar cinco habitaciones dobles, y si pudieran llevar una cuna para cuatro bebés a una de ellas se lo agradecería -detalló André al recepcionista del hotel. El resto de sus amigos esperaban en el lujoso Hall. El hámster era el único con experiencia en hoteles, así que le había tocado hablar a él.
-Por supuesto -el recepcionista se giró y observó el casillero dónde guardaba las llaves- ¿Las quiere juntas, verdad? -preguntó, más por cortesía que para asegurarse. Ya estaba recogiendo el primer juego de llaves. André se lo confirmó y rápidamente recogió otros cuatro juegos de llaves, a continuación del primero que había tomado. Los dejó sobre la mesa y sacó un papel. Los juegos de llaves llevaban junto a la llave un tacón de madera en el que se había escrito el número de las habitaciones: 107,108,109,110 y 111. André sonrió, la primera sería para él y Bijou- Firme aquí -le indicó el hámster tras el mostrador- Igualmente necesitaré la firma de otros cuatro hámsters, para poder entregarle las cinco llaves -explicó.
-Claro, enseguida -se acercó a sus compañeros y les pidió a Lucette, Pierre, Marie y Alex que le acompañasen. Los hámsters firmaron el contrato por el que se comprometían a no deteriorar las instalaciones del hotel y otras clausulas estándar y recogieron sus llaves.
-Muchas gracias, la cuna llegará a la habitación 111 en unos minutos. Que pasen buena noche y disfruten de su estancia -deseó educadamente el recepcionista.
-¡Hermanito! -le llamó Marie, abriendo la puerta del cuarto que conectaba a la de su hermano. El hámster estaba asaltando el pequeño minibar, cogiendo un refresco, mientras Bijou miraba por la ventana.
El hámster emitió un gruñido interrogativo, poco interesado. Era la cuarta vez que su hermana le llamaba. La hámster lo agarró del brazo y tiró de él. Bijou, en la ventana, suspiró. ¿Es que no pensaban dejarlos solos en toda la noche? Miró por la ventana. Las luces del parque se apagaban gradualmente, deteniéndose las atracciones, tras el anuncio por los altavoces de que el parque acababa de cerrar. El castillo y el camino que dirigía a los hoteles continuaban iluminados, no obstante. Cientos de hámsters se apelotonaban en la gran calle camino a los hoteles. Habían sido precavidos al haber ido un rato antes. Alguien tocó a la puerta. Bijou la abrió y Pierre y Sandrine la saludaron.
-¿Y André? -indagaron.
-Con sus hermanas, cómo no -suspiró disgustada- ¿Están durmiendo los peques? -cambió de tema. Los dos adultos rieron.
-Sí, queríamos preguntarle a André si sabe si la nevera es gratuita, para tomar algo.
-Ah, sí lo es -señaló a la mesa del cuarto, dónde había un par de chocolatinas y refrescos- Ya se ha encargado de sacarle provecho -rió. André regresó al cuarto por la puerta que conectaba con la habitación donde dormirían Marie y Sophie y saludó a la pareja.
-Ahora tengo que ir a ver a Lucette y Sebas... al parecer a Sebas no le apetece dejarle la cama de matrimonio a Lucette y dormir en la pequeña -miró a la que también tenía en su cuarto. Todos los cuartos dobles estaban compuestos por una cama de matrimonio y otra auxiliar para un tercer integrante- A François y Alex no les importa compartir porque son hermanos, pero éstos dos... -se rascó la cabeza y emitió un bufido de agotamiento- Hay que ver qué trabajo dan ¡Vaya vacaciones! -exclamó, quejándose, abandonando el cuarto pasando entre los dos casados, que simplemente le animaron. Bijou le miró con ojos anhelantes mientras se marchaba. Volvía a dejarla sola, como la mayor parte del tiempo que habían pasado en el hotel. Tras despedirse de la pareja, que también decidió marcharse a su cuarto a tomar un refrigerio y a dormir, cerró la puerta y se tiró sobre la cama, abrazando con fuerza el delfín de peluche que André le había conseguido.
-¡Qué aburrido! -infló los mofletes enfurruñada- En fin, a ver si vuelve y podemos divertirnos un poco...
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Última modificación: Octubre 23, 2008, 00:01 por Leo
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Re: Bonjour a la Francia-Ham!
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Respuesta #33 :
Noviembre 19, 2008, 12:18 »
La música comenzó a sonar en el bar. Los Fran-Hams tomaban sus batidos mientras miraban al escenario, dónde su líder sujetaba el micrófono del karaoke con la pata izquierda mientras dirigía una mirada avergonzada al grupo, que levantó las jarras en su honor y rieron. André se acercó el micrófono a la boca.
-Me muero por suplicarte... Que no te vayas, mi vida... Me muero por escucharte decir las cosas que nunca digas, mas me callo y te marchas; -el hámster sobre el escenario había perdido la vergüenza y alzó la voz- mantengo la esperanza de ser capaz algún día de no esconder las heridas -pasó inconscientemente la pata derecha por las cicatrices de su pecho- que me duelen al pensar... que te voy queriendo cada día un poco más: ¿Cuánto tiempo vamos a esperar? -realizó un gesto con la pata derecha dirigiéndose a su amada, que se sonrojó y negó con la cabeza. André sonrió- Me muero por abrazarte, y que me abraces tan fuerte... me muero por divertirte, y que me beses cuando despierte acomodado en tu pecho, hasta que el Sol aparezca -la hámster se levantó dadas las insistencias de sus amigas, y sonrojada, a paso firme se dirigió al escenario. Varios grupos de hámsters que también se encontraban en el bar animaban a la hámster entre risas- Me voy perdiendo en tu aroma, me voy perdiendo en tus labios que se acercan susurrando palabras que llegan a este pobre corazón -Bijou recogió un micrófono con su pata derecha antes de subir al escenario. André la miró con una amplia sonrisa- Voy sintiendo el fuego en mi interior... -concluyó el párrafo, justo cuándo la hámster se detuvo a su lado, mirándole a los ojos.
-Me muero por conocerte -entonaron juntos-, saber qué es lo que piensas, abrir todas tus puertas y vencer todas esas tormentas que nos quieran abatir -juntaron sus patas libres y se miraron fijamente-; centrar en tus ojos mi mirada, cantar contigo al alba, besarnos hasta desgastarnos nuestros labios... -sus rostros se acercaron- Y ver en tu rostro cada día, crecer esa semilla -André pasó suavemente su pata derecha por el vientre de Bijou mientras ella le acariciaba la cara con su pata izquierda- Crear, soñar, dejar todo surgir... aparcando el miedo a sufrir... -la blanca hámster suspiró y recogió aire-.
-Me muero por explicarte, lo que pasa por mi mente -ahora cantaba sólo ella. André se mantuvo a su lado, contoneándose siguiendo el ritmo de la canción. Bijou hacía tiempo que había perdido la vergüenza y olvidado al resto de los hámsters en el bar. Para ella sólo existía André- Me muero por intrigarte, y seguir siendo capaz de sorprenderte, sentir cada día ese flechazo al verte -movió su pata izquierda a su corazón- ¿Que más dará lo que digan? ¿Qué más dará lo que piensen? Si estoy loca es cosa mía... -clavó su mirada en el apuesto hámster que confeccionaba todo su mundo- Y ahora vuelvo a mirar el mundo a mi favor... -se calló un segundo para observar a André, que se sonrojó levemente- vuelvo a ver brillar la luz del Sol -le acarició la cara suavemente. El hámster sonrió y se acercó más a ella.
-Me muero por conocerte, saber qué es lo que piensas, abrir todas tus puertas, y vencer esas tormentas que nos quieran abatir... -volvieron a juntar sus patas libres- Centrar en tus ojos mi mirada, cantar contigo al alba, besarnos hasta desgastarnos nuestros labios... y ver en tu rostro cada día, crecer esa semilla... -André desvió la mirada al vientre de Bijou nuevamente- crear, soñar, dejar todo surgir... aparcando el miedo a sufrir -respiraron un segundo, y se dieron cuenta de que no estaban solos. Todos los Fran-Hams, así como el resto de clientes del bar, vitoreaban a la pareja. Ambos hámsters se miraron, sonrieron, y terminaron con el último estribillo- Me muero por conocerte, saber qué es lo que piensas, abrir todas tus puertas, y vencer esas tormentas que nos quieran abatir... -cada uno podía ver su reflejo en las pupilas del otro- Centrar en tus ojos mi mirada, cantar contigo al alba, besarnos hasta desgastarnos nuestros labios... y ver en tu rostro cada día, crecer esa semilla... Crear, soñar, dejar todo surgir... aparcando el miedo a sufrir... -la música descendió de tono y finalmente murió, mientras la pareja dejaba caer los micrófonos al suelo y se entregaban al otro en un apasionado beso mientras se fundían en un tierno abrazo.
Los vítores del bar ensordecerían a cualquiera, pero para la pareja todo era silencio excepto el sonido del corazón del otro al vibrar con fuerza. André levantó a Bijou en el aire con su abrazo y sonrió.
-Te dije que sería divertido, me debes un besito -le indicó.
-Si me sueltas te lo doy, loco -exclamó entre risas Bijou. André negó con la cabeza y la hámster no pudo más que tratar de arquear su cuerpo para acercar sus labios a los del hámster, dándole un beso tan apasionado como el anterior.
Todo el bar pedía a gritos un bis, pero la pareja, sonrojada, decidió bajar del escenario y regresar a sus asientos a terminar su batido. Para su sorpresa, al llegar, se encontraron con un Banana Split frente a ellos.
-El camarero dice que es un regalo del jefe -comentó entre risas Marie al observar cómo la pareja se sonrojaba como un tomate mientras se acercaban cerca de una decena de hámsters a pedirles autógrafos o felicitarles por la actuación.
La pareja hacia cola para la siguiente atracción con la cabeza baja, mientras Marie no podía aguantar la risa. Al salir del bar se percataron de que una gran pantalla había grabado y reproducía por, al menos, segunda vez, la canción que los dos hámsters habían cantado. Prácticamente a cada paso que daban, otros hámsters les paraban para sacarse fotos, felicitarles o pedirles autógrafos. La situación era embarazosa, prácticamente todo el parque les había visto cantar.
Llegó el turno de los Fran-Hams para montar en el carrusel para el que habían estado haciendo cola. La mayoría de asientos tenían forma de caballos blancos alados, pero también había alguna calabaza con forma de carroza y otros con forma de cisne. André ayudó a Bijou a montar en uno de los caballos y se sentó detrás, cubriéndola con un abrazo. Algunos hámsters que hacían cola y que habían visto la actuación les silbaron y rieron, haciendo que la pareja volviera a sonrojarse.
El resto de Fran-Hams se distribuyeron por la atracción, dejando pocos sitios libres para otros hámsters. Realmente eran un grupo muy numeroso, y eso les dificultaba entrar a algunas atracciones. Y además estaban los niños... pensaba Pierre mientras dejaba en una zona que no molestase el carro y se encaminaba a la carroza con forma de calabaza dónde Sandrine había entrado con los niños. Los pequeños saludaron a su padre con risas y se movían inquietos por el interior de la calabaza.
-Me pregunto dónde estará Navi-Ham -continuó con la conversación que mantenía con su esposa el hámster, una vez comenzó a moverse la atracción- No sabemos nada de ella desde ayer por la tarde -como si la hubiera invocado al nombrarla, la pequeña hada amarilla apareció a su derecha. Los pequeños la saludaron y trataron de cogerla, mientras ella los esquivaba sin dificultad pero tratando de seguirles el juego.
-Veo que os pillo en plena atracción -comentó en un tono somnoliento- ¿Todo bien? -preguntó.
-Ah, sí, sí... -contestó entrecortado Pierre. La mirada de Sandrine lo decía todo, la hámster intentaba no echarse a reír tras el desliz de su marido- Sólo que estabamos un poco preocupados, no te hemos visto desde ayer... -comentó. La pequeña hada bostezó.
-Perdonad, he tenido que hacer horas extra y estoy que me caigo de sueño -el pequeño Theódore agarró al hada en un descuido de la misma, y los demás niños se abalanzaron sobre ella pellizcándola y abrazándola. La hada desapareció y volvió a aparecer en el techo del carruaje, dejando sorprendidos a los niños, que rieron señalándola- Voy a hablar con André -comentó, antes de desaparecer nuevamente.
Apareció frente a la pareja: Bijou se recostaba sobre la crin del caballo alado mientras André hacia lo propio sobre la espalda de la hámster. Ambos tenían cerrados los ojos y habían olvidado la vergüenza de hacia unos segundos.
-Veo que lo del karaoke fue sólo una pequeña parte, ¿eh? -comentó picarona la hada. André se incorporó sobresaltado y Bijou también, pero más lentamente y riendo.
-Bueno, hoy hemos decidido tomarnos el día cómo una cita -comentó el hámster- Aunque con éste grupito va a ser difícil -comentó moviendo la cabeza hacia atrás, hacia sus compañeros. Su compañera rió y giró la cabeza para darle un beso. Los hámsters en cola que vieron la escena volvieron a silbar- De... de todos modos, ¿qué hay de ti, Navi-Ham? -preguntó André tras el beso, sonrojado- No hemos sabido nada de ti desde ayer por la tarde -le reprochó.
-Perdona, he estado liada -bostezó- No he podido casi dormir... -se restregó su pata derecha por el ojo- Espero que continuéis disfrutando de Ham-Ham Land, yo tengo que irme... -suspiró alicaída- Tengo un montón de trabajo hoy... -desapareció, antes de que los hámsters pudieran despedirse.
-Navi-Ham está rara... -murmuró Sophie mientras se agarraba con fuerza al caballo que montaba.
Tal como Navi-Ham deseó, los Fran-Hams continuaron disfrutando del mágico mundo de Ham-Ham Land. Decidieron montarse en una de las atracciones estrella del parque: las tazas locas; dónde André prácticamente tuvo que rogar a su hermana Marie que dejara de dar vueltas a la taza o acabaría saliiéndose de su eje. Las otras dos acompañantes, Bijou y Sophie, rieron al ver a André tan consternado. Por su parte, Pierre y Sandrine disfrutaban de un tranquilo viaje junto a sus pequeños, mientras que los gemelos reían al ver cómo Lucette y Sebas peleaban por mover la taza a una dirección u otra.
El día se presentaba muy divertido para todos los hámsters en el parque.
Otra barca con una pareja de hámsters salía del túnel y se acercaba al embarcadero.
-¿Entonces no os importa? -preguntó nuevamente Sandrine a la joven pareja.
-Por supuesto que no -contestó con una sonrisa André- Dejadnos a los niños y montad, estarán bien -la hámster asintió y se dirigió junto a su marido hacia el borde del embarcadero. Un hámster detuvo la barca que acababa de llegar y ayudó a los hámsters que habían montado a salir. Luego, ayudó a Pierre y Sandrine a montar y dejó que la barca siguiera su camino.
Los pequeños movieron los brazos y gruñeron molestos unos segundos, pero pronto se detuvo Bijou frente a ellos y les hizo algunas carantoñas, con lo que empezaron a reírse. La pareja estaba sola, los demás Fran-Hams habían ido a por helados, así que sólo ellos podían cuidar de los pequeños mientras los papás disfrutaban de un romántico viaje en el túnel del amor.
-¿Damos un paseo? -animó Bijou a su novio, posando su pata derecha sobre la izquierda de André, que sujetaba la barra del carrito dónde estaban sentados los bebés. El hámster asintió y ambos comenzaron a caminar lentamente, disfrutando del parque. No podían alejarse mucho, ya que el viaje era corto y los Fran-Hams estarían al llegar, pero aún así disfrutaron de una pequeña vuelta. Mientras André conducía el carrito, Bijou jugaba con los pequeños apareciendo por un lado u otro del carrito, o tapándose los ojos con las patitas y luego haciendo caras divertidas. Los niños reían felices, y André sonrió.
-Así que ésto es cuidar de un niño, ¿eh? -comentó el hámster. Su compañera se acercó y le guiñó un ojo.
-Vaya, qué niños más monos tienen -comentó una pareja de hámsters algo más mayor que ellos que se acercaron- No sólo cantan bien, también tienen una gran familia -aseguraron con una sonrisa, despidiéndose.
-Ah... no, no son... -André no pudo continuar la frase, ya que los hámsters habían vuelto corriendo junto al grupo del que se habían separado. Al parecer no eran el único grupo de amigos que habían decidido pasar un tiempo en Ham-Ham Land- Hay que ver, nos han confundido con... -André no pudo terminar la frase, ya que al girarse hacia Bijou ésta le dio un gran beso.
-Pues no me importaría que nos confundieran más veces -comentó con una sonrisa la hámster.
Un grupo de girasoles flotaban en el aire a una altura considerable, camino a los campos. Los Fran-Hams los observaron sorprendidos. ¿Girasoles voladores? Era lo último que esperaban ver.
-Son los girasoles mágicos de Ham-Ham Land, viajan por todos lados recabando información. ¡Lo saben todo! -anunció con orgullo Navi-Ham, apareciendo en medio del grupo de repente- Probad a preguntarles algo -animó a los Fran-Hams. Bijou se adelantó.
-¡Girasoles! -les llamó con un grito. Los girasoles se detuvieron y se movieron formando una señal de interrogación- ¿Cómo se siente André cuando está conmigo? -el hámster protestó sonrojado, y la hámster rió.
Los girasoles comenzaron a revolotear formando un circulo, y luego cambiaron su formación hasta crear un corazón enorme. La hámster se sonrojó y se lanzó sobre André, dándole un fuerte abrazo. Marie y Sebas comenzaron a reír al ver cómo André se ponía rojo como un tomate.
-¿Ah, sí? -dijo molesto el líder de los Fran-Hams- ¡Girasoles! ¿Qué hay de Marie y Sebas? -preguntó. Los hámster exclamaron molestos. Los girasoles voladores realizaron la misma operación, pero ésta vez tomaron la forma de un corazón partido. André y los Fran-Hams echaron a reír, mientras Marie y Sebas se cruzaban una mirada de vergüenza.
Navi-Ham suspiró, todos se lo pasaban bien, así que estaba bien. Decidió que era momento de irse, así que se despidió.
-¡Espera! -Sophie se acercó al hada- ¡Girasoles! ¿Qué le pasa a Navi-Ham? -la hada protestó, pero los girasoles ya habían comenzado a tomar forma. Una cara triste - ¿Estás triste, Navi-Ham? -preguntó la inocente hámster en un murmuro.
-Ah, bueno... es que... -la hada parecía contrariada.
-No puedes estar triste, Navi-Ham -exclamó Sophie- En Ham-Ham Land, todo el mundo tiene que estar alegre. ¡No hay motivos para estar triste en un lugar tan divertido! -aseguró.
Navi-Ham brilló, convirtiéndose en la humana del incidente del tren. Levantó a Sophie, y la sostuvo en sus brazos, lo que hizo que su hermano protestara. La hámster no se movió ni habló, parecía sumida en un trance, perdida en los ojos azules del hada. La hada la sostuvo con una pata mientras con la otra pasó su varita dorada por encima de la cabeza de la hámster. Sonrió, y la dejó bajar.
-Realmente tu inocencia es muy especial, pequeña Sophie -anunció con una melodiosa voz. André seguía protestando, pero la hámster le miró con una sonrisa.
-No pasa nada, hermanito, está bien -se giró y miró al hada humana- Navi-Ham quiere que la ayude con un pequeño problemita que tiene, ¿verdad? -trató de asegurarse.
-Eso es -volvió a su forma de pequeña hada hámster.
-¡Pero...! -por fin parecía que Navi-Ham iba a hacerle caso, ya que se giró hacia él- Sophie es muy pequeña, y está bajo mi protección. ¡No quiero que se vea involucrada en nada peligroso! -exclamó hecho una fiera. Sophie le agarró del brazo derecho y le dirigió una mirada tranquilizadora.
-Hermanito, te agradezco que te preocupes por mi, pero, de verdad, no es nada malo... Yo quiero ayudar a Navi-Ham... porque así dejará de estar triste, y entonces todo estará bien -explicó. El hámster suspiró y se disponía a explicar a su hermana los peligros que podía correr cuando Navi-Ham habló.
-Simplemente necesito que Sophie me ayude a recargar la Pipa del Tiempo -explicó- Gracias a Sophie habéis podido llegar a Ham-Ham Land a través de una de las puertas mágicas, y también gracias a ella Ham-Ham Land será salvado -anunció.
-¿¡Pero porqué tiene que meterse Sophie en éstos problemas?! -André parecía realmente molesto. No iba a permitir que su hermana se pusiera en peligro- Ella sólo quiere divertirse... -murmuró.
-André, te doy mi palabra... no, la de todo el parque, de que Sophie no sufrirá ningún daño. Sólo tiene que acercarse al Altar del Tiempo, abrir la puerta y tocar la Pipa del Tiempo. Con éso, Ham-Ham Land podrá seguir siendo un lugar dónde el tiempo no transcurre -parecía molesta al tener que explicar todo ésto- No es algo que suela hacerse a menudo, pero... Os permitiré acompañarnos, si así lo deseáis -aseguró.
-Partes de que te voy a dejar llevarte a Sophie a vete a saber dónde para “recargar” una pipa mágica -espetó André. Sophie le agarró de ambos brazos y le zarandeó.
-¡Hermano, no seas cabezón! -André se sorprendió al escuchar a su dulce hermanita decir esas cosas- Yo... quiero ir. Quiero ayudar a Ham-Ham Land. Quiero que todos sean felices, hermanito -aseguró la hámster. Su hermano le puso la pata derecha en la cabeza y la miró a los ojos.
-Está bien... pero prometeme que no harás nada peligroso, ¿vale? -aceptó en tono reconciliador. Sophie asintió y se giró hacia Navi-Ham-
-Podemos irnos, Navi-Ham -la hada asintió y se puso a dar vueltas en circulo sobre el grupo. Un pequeño polvo dorado caía sobre sus cabezas, pero parecía disolverse antes de contactar con los Fran-Hams. En escasos segundos, desaparecieron del camino en el que se encontraban y aparecieron en una estancia cuadricular, sin paredes. Todo era oscuridad, no se veía el Sol y tampoco había ninguna lampara, pero la luz iluminaba el cuadrado. En el medio del mismo, un libro cerrado semejante al que les había llevado hasta allí, pero mucho más pequeño. Y frente a él, en el borde del cuadrado, una enorme puerta de metal con relieves parecidos a los de la puerta que les había llevado a Ham-Ham Land.
-Bienvenidos al Altar del Tiempo -anunció Navi-Ham, de nuevo en su forma de hada humana.
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Re: Bonjour a la Francia-Ham!
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Respuesta #34 :
Noviembre 22, 2008, 11:04 »
-Todo ésto de la magia acaba rebasandome... -murmuró André, anonadado. Navi-Ham se acercó al libro y lo abrió por una página al azar. La página brilló y comenzaron a aparecer palabras en la hoja blanca. La caligrafía era preciosa, muy trabajada y escrita con una tinta de color negra.
-Leelo, Sophie -la animó Navi-Ham. La pequeña hámster se acercó al libro, que reposaba sobre un pequeño pedestal a la altura de la muchacha. Parecía hecho para ella. Carraspeó y se dispuso a leer las palabras escritas en el libro.
-Tú, que has sido elegida por la Guardiana, escucha estas palabras. Ham-Ham Land fue bendecida por la divinidad, otorgándole un espacio atemporal a condición de que, una vez cada 86 meses, una criatura con una inocencia especial que creyera ciegamente en el mágico mundo de Ham-Ham Land alzase una plegaria en su honor -la página cambió sola, frente a la sorpresa de la hámster. Su hermana la miró preocupado, dudaba que Sophie entendiera lo que estaba leyendo- Así que tú, elegida de la Guardiana, entona tu oración frente a la Semilla del Tiempo -un gran temblor sacudió el cuadrado. André se lanzó sobre su hermana, abrazándola, tratando de protegerla. Bijou y Marie hicieron lo propio con el hámster, y el resto de compañeros también se sujetaron al grupo. Navi-Ham rió.
-No pasa nada, es sólo la puerta que está vieja -comentó. Efectivamente, la puerta comenzó a entornarse, emitiendo una luz por el resquicio- Entrad, por favor -realizó una reverencia dirigida a Sophie.
-Pero... ¿cómo quieres que entremos a una puerta que no lleva a ningún lado? -protestó Pierre. Sophie se zafó del abrazo protector de su hermano con delicadeza, y entró por la puerta sin dudarlo- Ya veo... magia -comentó sarcástico, siguiendo al grupo, que ya se dirigía algo temeroso a la entrada. André en cambio había corrido tras su hermana.
Y lo que vio le resultó, simplemente, sorprendente. Su hermana se acercaba a un pedestal algo más alto que el anterior, dónde reposaba en un cojín azulado una pipa de girasol de color verde, que brillaba de forma tenue. El resto de la sala estaba cubierta por pilares y paredes azulados que reflejaban el brillo de la pipa, iluminados por una esfera de luz apostada en el techo de la estancia, en su centro, sobre el pedestal.
Sophie se arrodilló frente a la Pipa del Tiempo y comenzó a hablar con voz suave.
-Oh, dios, yo te llamo -entonó- Oh, dios, yo te ruego. Oh, dios, yo te suplico... que el mundo al que otorgaste ésta semilla pueda prosperar muchos años más -la pipa comenzaba a brillar levemente. Navi-Ham entonaba una canción mientras Sophie rezaba, su voz era angelical. De repente, las voces de ambas hámsters se quebraron, y, consternadas, observaron que la Pipa del Tiempo había desaparecido.
-¡Por fin, por fin! -exclamó una voz tras el pedestal- Ha sido un viaje largo entre dimensiones, ¡pero por fin la Pipa del Tiempo es mía! -esa voz... Navi-Ham no tenía ninguna duda. Se acercó a él y le apuntó con la varita. El hámster no pudo más que sobresaltarse y, sujetando con fuerza la pipa entre sus manos, temblar.
-¡Yami Ryuku, ésta vez te has pasado de la raya! -exclamó el hada- Devuelve inmediatamente la Semilla a su lugar -le ordenó. Su rival recuperó el control sobre su tembloroso cuerpo y le sacó la lengua.
-No puedes hacerme nada en un Templo Sagrado, Navi-Ham -le recordó desdeñoso- Así que sólo te queda... llorar y lamentarte... -mientras hablaba, aumentaba cada vez más su tamaño, su hocico se volvía mucho más grande, sus dientes se convertían en fauces voraces y todo su cuerpo aumentaba de tamaño, tomando la forma de un dragón. André se lanzó sobre su hermana Sophie, incapaz de hacer ningún movimiento debido al miedo, y la empujó tirándola al suelo junto a él. El dragón pasó por encima de ellos, destrozando el pedestal con su vientre y algunos pilares con su cola. Abandonó la sala y se perdió en el vacío más allá del cuadrado en el que habían aparecido los Fran-Hams, mientras reía.
El hámster se levantó y se retiró las piezas del altar que habían caído sobre su espalda mientras protegía a su hermana. La hámster se levantó y le abrazó, llorando.
-¡André! ¿Estás bien? -exclamó entre lagrimas- Lo siento... por mi culpa... -el hámster le devolvió el abrazo mientras comprobaba que el resto de Fran-Hams estaban bien.
-No te preocupes Sophie, no ha sido culpa tuya -trataba de tranquilizarla el hámster naranja.
-¿No te duele? -le preguntó Bijou. Unas pequeñas heridas se habían abierto en la espalda del animal.
-No te preocupes, estoy bien -le guiñó un ojo y se giró a Navi-Ham- ¡Oye! ¿Tenemos que hacer algo, no? ¡No puedes dejar que se salga con la suya! -el hada humana parecía ida. Desde las palabras de Yami Ryuku, no se había movido ni había gesticulado, simplemente miraba el destrozado altar con ojos perdidos- ¡Oye! -volvió a llamarla. El hada reaccionó.
-Ése idiota... el Consejo le castigará severamente por ésto -los Fran-Hams se sorprendieron al ver al hada tan enfadada- ¡Su estúpida obsesión por su colección de pipas acaba de meter en un buen lío a todo Ham-Ham Land! -exclamó sus pensamientos en voz alta.
-¡Pues hay que solucionarlo! -Sophie miró con ojos esperanzados a su hermano- Nadie le chafa las ilusiones a mi hermanita y sale impune -apretó un puño el hámster, enarcando las cejas.
-André -Navi-Ham parecía mucho más seria que nunca- ¿Quieres enfrentarte a un dragón para salvar Ham-Ham Land? -preguntó sorprendida. El hámster asintió- Entonces deja que te ayude, pero, de momento, volvamos al parque -el hada volvió a su forma de hámster y repitió el proceso con el que transportó hasta allí a los Fran-Hams. Ésta vez aparecieron frente al carrusel, dónde algunos hámster hacían cola y otros disfrutaban de la atracción. Todos se sorprendieron al ver que el grupo apareció de repente. Saludaron a Navi-Ham y a la pareja, aún recordando la sesión de karaoke- Estimados visitantes de Ham-Ham Land, ¿queréis ver un evento único? -exclamó la hada. Los hámsters exclamaron- ¡Entonces disfrutaréis de una batalla épica entre el caballero André y el dragón malvado! -André no tuvo tiempo para protestar. Navi-Ham se marchó volando, golpeando uno de los pegasos vacíos de la atracción, dotándole de vida. El caballo relinchó y se acercó al hámster trotando por el aire. Frente a la mirada atónita de todos los hámsters, incluido André, el caballo se recostó, esperando que el hámster montara.
-Pero yo... -sus hermanas y Bijou, así como el resto de Fran-Hams, le animaron a montar. Navi-Ham se acercó y sonrió.
-Toma -una varita similar a la que ella usaba en su forma de hada humana apareció en la pata derecha de André- Si tocas al dragón con ésta varita, se transformará en hámster nuevamente. Pero tienes que hacerlo antes de que llegue al castillo, o no habrá vuelta atrás. El castillo es un Templo Sagrado, y no se puede pelear en su interior -explicó. Un fuerte viento se levantó- Ahí viene. Monta y ve, caballero André -ordenó. El hámster suspiró y así lo hizo. Miró a sus amigos y golpeó el costado del pegaso, haciéndole partir hacia los cielos frente al asombro de todos los hámsters en tierra.
André miró hacia abajo, todos se veían tan pequeños... se agarró con fuerza a las riendas y se dirigió, decidido, hacia el dragón azul que volaba rápidamente por el cielo de Ham-Ham Land. El ser le vio desde bastante distancia pese a su pequeña estatura, y rió, una risa malvada que helaría la sangre de cualquiera.
-¿Éso quiere usar Navi para detenerme? ¡Será una broma! -insultó a André. Respiró hondo y exhaló una bocanada de fuego.
El caballero, sorprendido, mandó a su pegaso esquivar el ataque, pero el caballo alado ya había tomado la iniciativa por su cuenta. El fuego pasó cerca, lo que provocó una exclamación generalizada de todos los hámsters del parque. Bijou apretó las patas, asustada.
-¡No está mal! -continuó vomitando fuego, tratando de acertar al hámster. Ésta vez lanzaba esferas de fuego que explotaban en el aire con distintas formas de fuegos artificiales, pero al ser de día apenas se apreciaban.
-Tiene que haber algún modo de acercarnos... -pensaba el hámster, mientras esquivaba los continuos ataques. Apretó con fuerza la varita y ordenó al caballo aumentar la altura, colocándose encima del dragón. El Sol cegó momentáneamente al hámster transformado al dirigir la vista a su rival, y André saltó del pegaso, lanzándose en picado contra su enemigo. Cayó sobre el lomo del animal, y rápidamente lo golpeó con la varita, haciendo que bramara y comenzara a brillar.
-¡No, no! -gritó. En escasos segundos, volvió a convertirse en un hámster. Soltó la pipa y comenzó, junto a André, una caída hacia el suelo. Bijou gritó, André no se salvaría desde esa altura.
El hámster veía cómo el suelo estaba cada vez más cerca cuando su vientre chocó contra el lomo de su montura, que se había interpuesto entre el suelo y él para recogerlo. Se incorporó como pudo, el golpe había sido realmente doloroso. Recogió las riendas y continuó el descenso, tratando de salvar la Pipa del Tiempo.
La pipa cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos, mientras André y Yami Ryuku lo observaban desde el pegaso, a unos metros de la tierra. Los Fran-Hams y Navi-Ham corrieron hasta ellos, seguidos por un numeroso grupo de visitantes del parque.
Ambos hámsters bajaron del animal mágico, que se transformó nuevamente en un ser sin vida. André se acercó a los restos de la Pipa del Tiempo y los miró entristecido. Se había roto. No había podido recuperar la Pipa.
Bijou le abrazó con fuerza, y Sophie se acercó a él también.
-Lo siento Sophie... -murmuró entristecido el hámster- No he podido hacer nada -se dirigió ésta vez a Navi-Ham, que, transformada en humana, cogía de una oreja a Yami Ryuku, que maldecía su mala suerte. El hada derramó una lágrima.
-No ha sido culpa tuya, André. Tuviste que elegir entre salvar la Pipa del Tiempo o a Yami Ryuku... y creo que hiciste buena elección -rememoró- Me pregunto qué ocurrirá... -murmuró.
Era cierto, ahora que la semilla había sido destruida, ¿qué le ocurriría a Ham-Ham Land? De momento el tiempo parecía intacto, pero... ¿quién sabe qué problemas podían suceder?
-¡Ja! Es obvio -espetó Yami Ryuku- Ahora el tiempo de Ham-Ham Land será igual que para el mundo real -aseguró. Todos los hámster exclamaron.
-¿Entonces ahora mismo son las tres de la tarde en el mundo real? -indagó Pierre, mirando un reloj cercano.
-¡Por supuesto, idiotas! -insultó el malvado hámster. Navi-Ham tiró más de su oreja, haciéndole protestar.
-¡Por ésto te castigarán a quedarte encerrado en el castillo para siempre! -amenazó el hada. Su semblante parecía realmente preocupado. Miró a los restos de la Pipa del Tiempo y después a Sophie, que se encontraba a su lado, tratando de juntar todos los pedazos para recomponerla después- No te esfuerces, pequeña, no hay nada que hacer -aseguró alicaída.
-¡Pero...! -se negaba a aceptar Sophie. Su hermano la abrazó con fuerza.
-Está bien, Sophie. Es hora de volver a casa. No podemos quedarnos, nuestros amigos tienen que volver con sus dueños... -trató de explicarle.
-Es cierto, tenemos que volver a París -comentó Sebas- ¡Vaya rollo! -exclamó disgustado.
El zepelín y los diferentes altavoces alrededor del parque dieron el aviso: Ham-Ham Land cerraría sus puertas a las tres y media por problemas técnicos, y, además, hacía hincapié en que el tiempo se había estabilizado con el mundo real, por lo que era menester que los hámsters volvieran a sus ciudades. Los trenes comenzarían a salir en cinco minutos...
Pero todo éso no importaba a los Fran-Hams. Ellos ya se dirigían junto a Navi-Ham a la noria que les había llevado a ése mágico lugar dónde tan bien lo habían pasado. La noria comenzó a girar y los hámsters fueron absorbidos en ella. Navi-Ham les despidió con una sonrisa mientras mantenía sujeto a Yami Ryuku. Sophie lloraba, le repetía a su hermano una y otra vez que no quería irse. Pero el hámster le explicaba que era lo mejor, y que, algún día, volverían. Seguro que sí.
André se despertó con el sonido del reloj del salón del club. Marcaban las seis de la tarde, era hora de que algunos Fran-Hams volvieran a sus casas. Intentó incorporarse, pero Bijou dormía plácidamente sobre su pecho. El hámster se sonrojó levemente, y desde su posición pudo ver cómo el resto de los Fran-Hams también dormían cerca. El libro de Bijou estaba cerrado y no parecía ser diferente a cómo cuándo lo trajo. La hámster se despertó debido a los movimientos de André que intentaba levantarse, y le besó.
-Ha sido una gran aventura, ¿verdad? -comentó la hámster.
-Sí... -se limitó a contestar su novio, incorporándose.
-¿Crees que algún día podremos volver? -preguntó.
-Estoy seguro -se acercó al libro y lo miró de arriba abajo. Sonrió- Sí, seguro -se giró de nuevo hacia Bijou- Deberíamos llevarlo a tu casa, ¿no? -sugirió. La hámster asintió y, tras despertar al resto de Fran-Hams, se dirigieron a la casa de la hámster. Por el trayecto, rieron y comentaron todo lo vivido en Ham-Ham Land... al principio parecía un sueño, pero estaban seguros de que no lo fue. Aquél lugar existía, y aunque sólo pasaron allí dos días -y al final no habían entrenado, se lamentaba el hámster naranja-, había sido una experiencia maravillosa que nunca olvidarían.
El hámster se despidió desde la ventana del cuarto de María de su amada y volvió al club. Ésa noche no la pasaría en ningún hotel, sino en su propia casa, con sus hermanas. Pensó en Sophie... cuándo se marchó para acompañar a Bijou, la hámster sonreía y parecía alegre... pero su hermano sabía que en su interior, su inocente corazoncito lloraba, porque quería seguir allí. Ella era especial en aquél mundo... ella creía en ése mundo.
-André -le comentó la hámster mientras cenaban ésa noche- ¿Sabes? Ham-Ham Land es un lugar muy divertido, pero... -sonrió- Creo que me lo paso mucho mejor en el Club con vosotros y los Fran-Hams.
-¡Pues claro que sí! -exclamó el hámster- Ya verás, mañana nos iremos a dar una vuelta por la Torre Eifel, ¿te apetece? -sugirió, conocedor de la respuesta. Su hermana asintió y continuó devorando su plato con pasión.
Nada perturbaba el silencio y la oscuridad en el Club de la Francia-Ham a esas horas de la noche. Nada excepto un pequeño hámster que salió de su cama y encendió un pequeño candelabro a tientas. Abrió la puerta de su cuarto con cuidado de no hacer ruido, y abandonó el club por la puerta principal.
No podía dormir, no sin comprobarlo.
Recorrió unos cuántos metros en la quietud de la noche, hasta tomar un pequeño desvío del camino que le llevaba desde su hogar a la red principal de túneles de París. Él mismo, junto a Pierre, había excavado ése túnel en busca de la supuesta entrada a aquél mágico lugar. En aquellos momentos se mantenían escépticos... pero ahora ambos creían. Tras recorrer el improvisado túnel, el hámster se topó con un callejón sin salida, una pared. Nada más. Allí dónde antes había desenterrado una puerta metálica enorme, sólo quedaba la tierra tras ella.
André posó su pata derecha sobre la pared y cerró los ojos. Sonrió, y recordó todos los momentos divertidos que había pasado en ese mágico mundo. Aunque ya no pudieran usar la puerta, Ham-Ham Land seguiría abierto y les esperaría, recibiéndoles con los brazos abiertos.
Algún día, volverían.
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Re: Bonjour a la Francia-Ham!
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Respuesta #35 :
Diciembre 18, 2008, 23:40 »
El Sol veraniego del mes de Julio saludaba a los hámsters del recinto con sus poderosos rayos. Muchos de ellos movían las patas tratando de sofocar el intenso calor de la ciudad parisina con suaves brisas.
En aquél pequeño estadio debía haber cerca de cien hámsters, y éso sólo en el terreno. En las gradas un gran número de turistas esperaban ansiosos, al igual que los participantes sobre el terreno, el inicio de los juegos.
A la derecha de la tarima apostada en la zona norte del terreno, tras las que los hámsters no podían pasar, apareció un pequeño hámster vestido con una extraña ropa azul. A la espalda llevaba una especie de caparazón con motas de los colores que formaban el Arco Iris y unas antenas amarillas sobresalían de su capucha. El pelaje del pequeño hámster que subía las escaleras de la tarima era mayormente blanco excepto de un color marrón en parte de su cabeza. Llevaba sujetada con una de sus patas un paraguas con los siete colores del Arco Iris, que le proporcionaba sombra suficiente para evitar el sofocante calor propio del verano. Se acercó al centro de la plataforma y ajustó a su altura un micrófono allí apostado.
André cayó en la cuenta de quién se trataba e instó a todos sus amigos a realizar una reverencia, justo antes de que unos altavoces anunciaran lo mismo, dirigiéndose al hámster que acababa de subir a la plataforma cómo Su Majestad el Príncipe Arco del Reino Arco Iris.
Todo el estadio se arqueó para saludar con respeto al hámster, que simplemente suspiró, acostumbrado a esa parafernalia.
-Bienvenidos a las pruebas para la selección de la delegación francesa que representará al país en los HamJuegos Olímpicos -comenzó su discurso el joven hámster. La voz era la de un niño, pero parecía serena, segura- Espero que todos deis lo mejor de vosotros mismos. El espíritu deportivo de superación es algo que debe predominar, pero no hay que olvidar que, ante todo, hay que divertirse -calló un momento, debido a la gran ovación que inundó el estadio de aplausos- Normalmente yo no acudo a estas competiciones, pero siento una gran curiosidad por los deportistas franceses -reveló- Doy paso al Presidente de la Delegación Olímpica Francesa, el señor Cid Florit -un hámster alto de pelaje oscuro que vestía un esmoquin subió a la tarima y realizó una reverencia al Príncipe Arco, que se retiró unos pasos. Subió el micrófono hasta su altura y habló.
-Queridos atletas, todos vosotros os habéis apuntado porque consideráis que sois capaces de competir para representar a vuestro país en el evento deportivo más importante del mundo. Por desgracia, y como ya se hizo patente en el comunicado oficial de hace unos días, se han inscrito muchos más equipos de los esperados, por lo que se procederá a una pequeña prueba eliminatoria para reducir el número de equipos. Para evitar desequilibrios en los equipos, la prueba escogida para la eliminatoria ha sido al azar, siendo escogida la prueba de la carrera de 100hm lisos -murmullos entre los participantes hicieron que el presidente tuviera que dar un par de golpecitos al micrófono para llamar la atención- La prueba se realizará dentro de tres horas, y participarán los miembros del equipo inscritos para ésa prueba. La explicación sobre la puntuación será dada en un boletín especial a cada líder de equipo en recepción. Gracias por la comprensión y disculpen las molestias -se retiró, dando nuevamente la palabra al Príncipe-.
-No os preocupéis si quedáis fuera de la competición. El haber llegado hasta aquí ya supone un gran esfuerzo y es digno de mención. Sin más que añadir, sólo me resta decir... ¡Que comiencen los juegos! -junto a sus palabras, una serie de fuegos artificiales explotaron en el aire, liberando humo de colores, formando un Arco Iris. Los hámsters aplaudieron al futuro Rey y comenzaron a abandonar el recinto en busca de noticias.
Cómo explicara el presidente, la prueba para elegir los ocho equipos que participarían en el verdadero torneo consistía en una carrera de 100hm lisos en el estadio principal, en las pistas de atletismo. Al haber inscritos treinta y dos equipos, se procedería a cuatro rondas de ocho corredores cada una. Mediante un sorteo al azar se había asociado a cada equipo un grupo de la “a” a la “d”. Los dos primeros de cada carrera serían los escogidos para participar en el campeonato. Las carreras comenzarían a las tres de la tarde, y los miembros de los equipos que iban a participar debían estar media hora antes preparados en los accesos a las pistas. Allí tendrían que esperar su turno para la carrera.
-Y eso es todo -terminó la explicación Pierre. André asintió y recogió la chapa identificadora que Pierre le mostró- Ésto es tu identificación. Ahí pone tu nombre, el del equipo y la acreditación para representarnos en la prueba.
André le echó una ojeada. Efectivamente, sobre esa pequeña chapa blanca de forma rectangular estaban escritos ésos datos. Finalmente habían decidido llamar a su equipo Amitié, en honor a la organización de sus padres. Abajo, su nombre aparecía y a la derecha figuraba, entre paréntesis, la condición de líder de equipo.
-Te toca correr en la carrera C -comentó el hámster adulto- Empezará después de comer... así que vamos a tomar algo, ¿vale? -le animó. André asintió y todo el equipo se dirigió de nuevo al Club de la Francia-Ham a esperar la gran hora.
El líder de los Fran-Hams se apoyó sobre la pared del pequeño túnel de vestuarios y resopló. A su alrededor, otros siete hámsters se mostraban tan o más nerviosos que él. Algunos de ellos calentaban durante la espera, otros charraban animadamente y otros, como André, se mantenían alejados, pero curiosos con respecto a sus rivales. Al menos uno de ellos competiría con él si ganaba.
Los vítores que resonaban con eco en las paredes anunciaban que la segunda carrera había terminado y ya se habían nombrado los dos vencedores. Pronto les tocaría salir a ellos.
Estiró la pierna derecha, luego la izquierda. Realizó unos cuantos giros de tobillo con cada pie y pegó unos pequeños saltos. Ya estaba listo para correr.
Su pista era la número 5. Se detuvo y miró la superficie rojiza sobre la que correría. Separado en ocho lineas, una para cada corredor, debía de correr durante 100hm, poco más de 10m humanos. Tomó posición cuando el árbitro lo indicó. Miró hacia derecha e izquierda y deseó suerte a sus inmediatos competidores. Decidió que era hora de concentrarse en la carrera, así que miró al frente. Progresivamente, todo a su alrededor se tornó oscuridad y los sonidos cesaron. Los Fran-Hams le animaban desde las gradas, así como otros aficionados animaban al resto de competidores. Borró esos sonidos de su cabeza. Sólo veía la rojiza pista frente a sí, una línea que se extendía hacia el horizonte.
Oyó el estallido de la pistola de bengalas que daba comienzo a la prueba, y salió disparado hacia la meta.
La carrera había comenzado, los ocho participantes comenzaron a correr a una velocidad endiablada, todos dando grandes zancadas lo más rápido posible. Los Fran-Hams vitoreaban el nombre de André, pero éste mantenía la vista fija en la pista. En ésos momentos, iba tercero, siguiendo la estela a un grupo que se había separado del resto.
-Ey, Lio -una hámster de pelaje rubio y con una melena del mismo color llamó a su compañero, sentado a su lado- ¿Ése hámster naranja no es el que conociste en Le Havre?
-¡Vaya si lo es! -contestó sorprendido Lionel- Al final naranjito se ha presentado... -sonrió- Hay que ver, parece que tendré que esforzarme -comentó.
-De momento no se clasificará... -comentó un tercer hámster, más alto que los otros dos. Su pelaje negro como el carbón contrastaba con sus ojos rojos como la sangre.
-Éso está por ver -justo cuando Lionel rebatió a su amigo, el joven líder de los Fran-Hams comenzó a retomar terreno. Arrebató el segundo puesto a uno de los corredores, y se acercaba peligrosamente al primero de ellos. La meta se encontraba cerca, no lo conseguiría.
-Ganó -anunció una hámster color vainilla, sin muestras de sorpresa ni alegría. Podía decirse que se mostraba indiferente, al contrario que Lionel, que no pudo evitar abrir la boca sorprendido.
Efectivamente, André había alcanzado y superado en los últimos 5 metros al líder de la carrera, proclamándose campeón.
-¡Viva, viva! Ése es mi hermanito -gritaba mientras daba algunos botes Sophie. El resto de Fran-Hams también mostraban su alegría, aplaudiendo al hámster, aunque sabían que no podía oírles. Los vítores de todo el estadio ensordecerían a cualquiera.
André se sentó en el suelo, exhausto. Respiraba con grandes bocanadas, incapaz de cerrar la boca. Su corazón se movía a mil por hora. Sudaba enormemente y las piernas le dolían. Pero sabía que había ganado. Tardó unos segundos en recuperarse, pero pronto se levantó para saludar a los Fran-Hams. Después, se dirigió hacia algunos compañeros que todavía estaban en el suelo. Les tendió una pata, para ayudarlos a incorporarse.
El hámster mostró un gran espíritu deportivo, lo que llamó la atención del Príncipe Arco. El futuro monarca ordenó montar rápido la tarima, aún quedaba una carrera.
-Habéis demostrado una gran deportividad y una condición física excelente, André Bresson -comentó el Príncipe, tendiéndole la pata. André realizó una inclinación de cabeza mientras tomaba la pata del monarca.
-Es un honor, Majestad -aseguró. Realmente el hámster estaba excitado, ¡estaba hablando con un príncipe! Arco sonrió y realizó el mismo procedimiento con el segundo clasificado, aquél que André había superado en la recta final. Cogió el micrófono que había sobre la tarima y miró a los dos hámsters.
-Es un placer anunciar que los equipos Amitié y Le Rose participarán en la fase final de ésta competición. Enhorabuena -los dos hámsters subidos a la tarima junto a Su Majestad realizaron una reverencia arqueando su espalda mientras el estadio estallaba en aplausos y la alegría se desataba entre los Fran-Hams.
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Re: Bonjour a la Francia-Ham!
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Respuesta #36 :
Febrero 17, 2009, 15:03 »
André se ajustó la corbata y carraspeó. El resto de Fran-Hams se detuvo y giró hacia su líder, iluminado por la luz de los focos que cubrían el sendero por el que caminaban.
-Espero que todos lo tengáis claro -volvió a repetir el discurso que llevaba pronunciando toda la tarde- Hemos sido invitados a una fiesta formal para confraternizar con los otros siete equipos que participarán con nosotros en las eliminatorias. A esta fiesta también acudirán los “peces gordos” del mundo del deporte francés, así como Su Majestad, por lo que espero que deis una buena imagen -miró fijamente a los gemelos y Sebas- No quiero ninguna chiquillada. Hoy vamos a pasarlo bien, pero de una manera adulta y tranquila -suspiró, dando por terminado el discurso. Todos sus compañeros asintieron con un débil “sí”, aburridos de escuchar lo mismo una y otra vez.
-Yo me encargaré de vigilar a esos tres -se ofreció Pierre cuando el grupo retomó la marcha hacia el hotel dónde se celebraría la fiesta. André le dirigió una sonrisa complacida y se adelantó hasta dónde se encontraba Bijou, cogiéndola del brazo.
La hámster llevaba un traje largo de color veis y unos preciosos lazos rojos. Pero no era la única: todos los Fran-Hams hacían uso de sus mejores galas para la situación. No era para menos: como indicara André, iban a ir a una fiesta con un miembro de la realeza y muchos políticos importantes.
La sala de actos del Hotel Savoire era enorme. Las paredes, cubiertas de bellas réplicas de cuadros famosos, eran de color dorado, mientras el suelo estaba cubierto en su totalidad por una suave alfombra roja. La sala era iluminada por numerosas lamparas telaraña que daban un toque aún más elegante al lugar, repleto de hámsters que charlaban animadamente en diversos corrillos o disfrutaban de una suculenta cena o un buen baile.
André explicó una vez más escuetamente a sus amigos las pautas de comportamiento, pero la mayoría ya habían empezado a desperdigarse. El hámster desvió la mirada a Pierre, que se encogió de hombros.
-Supongo que no harán nada malo -dijo, observando cómo las hermanas de su líder y los gemelos se dirigían a las mesas dónde cenaban los invitados mientras Lucette y Sebas se acercaban a pedir autógrafos a algunos importantes deportistas que habían reconocido- Sandrine y yo vamos a bailar, ¿vosotros qué haréis? -preguntó a la joven pareja.
-Voy a buscarle -aseguró André- Pero también nos vamos a divertir -sonrió a su novia- Quizá nos pasemos luego por la zona de baile.
-Si encuentro a Su Majestad te buscaré para informarte -tras estas palabras, Pierre y Sandrine se marcharon hacia la zona derecha del recinto, dónde se encontraba la pista de baile.
Mientras paseaba junto a Bijou, el hámster no paraba de otear en distintas direcciones. Varios grupos de hámster hablaban entre risas, seguramente todos pertenecientes al mismo equipo.
De repente, alguien le detuvo colocándole en frente del rostro una copa llena de ponche. El joven hámster salió de su ensimismamiento y observó a su interlocutor.
-Oh, tú eres... -exclamó sorprendido.
-Mucho gusto, mi nombre es Auguste, Auguste Leser -realizó una leve inclinación y ofreció la copa al hámster- ¡Oh, vaya modales! -recogió una copa de un camarero que pasaba cerca y se la tendió a Bijou- Casi olvido a la señorita -sonrió.
-Merci -agradeció la dama, dando un rápido sorbo.
-Eres el líder del equipo Le Rose, ¿verdad? -indagó André.
-Exacto, me ganaste en la carrera por los pelos -rió- Lo hiciste muy bien, estoy impresionado.
-Ah, bueno... creo que fue más suerte que otra cosa -murmuró levemente sonrojado.
-¡Y además modesto! -volvió a reír, una risa jocosa, libre de malicia- Ahora entiendo porqué Blandine te ha echado el ojo -añadió picaresco.
-¿Blandine? -interrogó enarcando una ceja Bijou. El hámster se giró hacia ella y esbozó una sonrisa lasciva.
-Mis disculpas. Blandine es una compañera mía, pero no te preocupes, es inofensiva -explicó- Siempre se encapricha con los hámsters que demuestran ser fuertes atletas.
-Bueno -interrumpió André al ver que Bijou comenzaba a enrojecer de ira- Será todo un placer para mi competir contra ti en las pruebas, Auguste -le extendió la pata.
-El placer será todo mio -respondió el hámster apretando la pata de André con gran fuerza. El hámster hizo ademán de soltarla y su interlocutor aflojó un poco- Mis disculpas nuevamente, a veces no controlo mi fuerza física -se lamentó... si es que ese tono suave podía llamarse lamento.
-¡Hay que ver, vaya fresca! -exclamó Bijou, terminando toda su copa de golpe. Tras despedirse del hámster, habían continuado caminando- Encapricharse de ti porque eres fuerte, bah... -André le dio un beso en la mejilla, tratando de calmarla.
-No le des más importancia, querida. Hemos venido a divertirnos, ¿no? -repuso con una sonrisa. Bijou pareció relajar las facciones de su cara y le cogió de la pata derecha.
-¡Entonces vamos a bailar! ¿Te apetece? -y añadió una de sus encantadoras sonrisas. André asintió y se dirigieron hacia la pista.
Una pequeña figura seguida de otras tres se acerco a la pareja. André reconoció al instante al hámster, pero sus tres compañeras, que le superaban levemente en altura y vestían de varios colores -rojo, verde y amarillo- eran un completo misterio. La mirada del joven príncipe era conciliadora y alegre, mientras que la de sus tres acompañantes era recelosa y hostil.
-Confío en no interrumpir ningún momento íntimo -se presentó. Su voz era suave, tranquila. André realizó una rápida y forzada reverencia, sorprendido por la presencia del Príncipe Arco. Bijou le imitó inmediatamente- Podéis levantaros, tranquilos. Aquí sólo soy un invitado más.
-Majestad, es un honor -aseguró André.
-Gracias por invitarnos -añadió Bijou. El joven monarca tomó su pata izquierda y la besó, arqueando la espalda.
-Soy yo quién debe agradece vuestra presencia, señorita -repuso el monarca- Os presento a mis tres doncellas: Bonita, Gracita y Guapita -las tres hámsters vestidas de amarillo, verde y rojo respectivamente saludaron con una leve inclinación- Son mis doncellas desde hace poco, así que aún son tímidas y algo sobre protectoras -rió- Tenía muchas ganas de hablar con el líder del equipo Amitié -pronunció con algunos problemas el monarca- Demostraste una gran deportividad en la pista, y tus aptitudes físicas también son impresionantes -comentó.
-Muchas gracias, Majestad -realizó una leve reverencia.
-¿Quizás a la joven dama que te acompaña le importaría esperarnos aquí mientras mantenemos una conversación en privado? -cuestionó el monarca mirando fijamente a Bijou. La hámster negó con la cabeza.
-No tengo ningún problema, Excelencia -aseguró. Sonrió a su novio, que fue guiado por el joven príncipe, siempre resguardado por sus tres celosas doncellas. Mientras se alejaban, Bijou recogió otro vaso de ponche de uno de los camareros y dio un sorbo mientras pensaba que se notaba mucho que esas muchachas estaban locamente enamoradas del Príncipe.
La fría noche de París y la iluminada Luna Llena acompañaban a los dos hámsters en su plática. Se encontraban en uno de los balcones accesibles desde la sala de actos del hotel. André se mantenía tenso, disciplinado. ¡Estaba hablando en privado con un príncipe!
-No tienes porqué ser formal, André -le comunicó el futuro rey- Odio toda esa pluma -comentó vulgar, suspirando.
-¿Majestad? -le interrogó el líder de los Fran-Hams sin comprender muy bien.
-Dime, André -le miró fijamente a los ojos- ¿Porqué un hámster de un país dónde se produjo la primera revolución contra la monarquía trata a un príncipe, aquello en lo que no cree, con respeto?
-Porque así lo estipula la etiqueta -respondió el hámster.
-¿Siempre te riges por las reglas? ¿Nunca haces algo porque te lo marca el corazón? -indagó.
-Fui educado para ser respetuoso con aquellos que lo merecen -suspiró- Aún así, tenéis razón. Mi opinión sobre la monarquía es que es totalmente innecesaria, si eso es lo que queréis saber -sonrió sarcástico- Aún así, tengo la desfachatez de llamarme a mi mismo “noble”, así que no sé qué decir.
-Por eso te pido que, al menos en privado, me tutees -le entregó la pata derecha y sonrió- Mucho gusto, soy Arco.
-Yo soy André -recogió su pata- Supongo que ésto nos convierte en amigos, ¿no? -sonrió.
-¿Quieres ser mi amigo? -preguntó Arco, sorprendido- A decir verdad, mandé investigar sobre tu pasado. Los servicios de información en mi reino son rápidos y en apenas unas horas supe mucho sobre ti y tu pasado. Sólo puedo darte mi pésame.
-Muchas gracias, Arco -sonrió André- Y por supuesto que me gustaría ser tu amigo. Más allá de tu rango, está claro que eres un hámster amistoso, alegre y noble. Sería un honor -añadió con vehemencia.
-¿Sabes? Creo que nunca antes había tenido un amigo. Todo el mundo en Palacio me trata con mimos y cariño, pero sé que son vacíos de sentimiento, sólo lo hacen porque soy el futuro rey -explicó a su compañero, apoyándose en la barandilla de la cornisa- Me gusta mucho el mundo real, la Tierra es un lugar increíble -continuó liberando sus elucubraciones. El hámster francés tomó posición a su lado- Me fijé en ti en el momento en el que empezó la carrera. Supe al instante que eras tú aquél hámster naranja del que me había hablado Navi -André se sorprendió al escuchar ese nombre.
-¿¡Navi-Ham?! -exclamó. Arco rió.
-Vaya, ¿te sorprendes? Al fin y al cabo, el Reino Arcoiris es un mundo mágico, igual que Ham-Ham Land. Yo personalmente disfruto de una saludable relación con la Guardiana, Navi. Hace poco, cuándo me informó del desastre de la Pipa del Tiempo, me comentó que un grupo de hámsters franceses había tratado de protegerla, y en ese relato te incluyó a ti, obviamente.
-Parece que el Destino ha querido que me consideraras tu amigo, ¿no? -comentó André.
-Sí, eso parece -rió Arco- Espero que nos depare grandes sorpresas juntos, amigo -se retiró- Bueno, creo que es momento de... -antes de que pudiera terminar la frase, la barandilla sobre la que todavía se sujetaba André cedió debido a que unos tornillos estaban sueltos. El hámster, incapaz de recuperar el equilibrio, se precipitó desde el balcón hacia el suelo.
Sin asimilar la situación, el hámster parisino se acercaba al suelo en un descenso mortal. De repente, sintió cómo alguien agarraba uno de sus brazos y tiraba con fuerza. Salió de su shock y observó cómo el Príncipe Arco tiraba de él hacia arriba con todas sus fuerzas.
A su espalda, la concha moteada multicolor que anteriormente le llamara la atención se había abierto en dos mitades y comenzado a batir y vibrar con rapidez. ¡Estaba volando!
-Agarrate -le ordenó el príncipe apretando los dientes. André sujetó con su otro brazo la mano con la que Arco le agarraba y comenzaron un lento pero seguro ascenso. Finalmente, Arco aterrizó en el balcón nuevamente, jadeante.
-¡Vuelas! -exclamó entonces André. Arco le miró compungido- ¡Estabas volando! -volvió a exclamar, incrédulo.
-Así es... -murmuró cansado. Se incorporó y volvió a aletear frente a los maravillados ojos de André- Quizás pienses que soy un bicho raro, pero eres mi único amigo y no podía perderte ahora.
-¡Es increíble! -el suceso había despertado toda la curiosidad de André, que corrió a la espalda de Arco para observar sus extrañas alas- ¡Realmente increíble! -volvió a exclamar. De repente, cayó en la cuenta de que estaba perdiendo la compostura y carraspeó- Majestad, me habéis salvado la vida... estoy en deuda con vos -realizó una reverencia.
-No ha sido nada, hombre... -sonrió Arco- He mantenido una charla muy entretenida contigo, André. Pero hay más gente con la que tengo que hablar, y además, creo que hemos tenido bastantes emociones para un buen rato -rió- Espero que volvamos a vernos pronto y que lo hagas lo mejor posible en las Olimpiadas -deseó.
-¡Por supuesto, Majestad! -aseguró André, realizando una reverencia.
Las tres doncellas hacían guardia frente a la ventana, de espaldas a ella. De repente, sintieron los pasos del futuro rey y realizaron una reverencia a su paso. Bijou, unos metros más allá, observaba la escena: André no había salido.
-Creo que te está esperando -le reveló el Príncipe cuando pasó a su lado. Tras una escueta reverencia, la hámster corrió en pos de su amado.
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Re: Bonjour a la Francia-Ham!
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Respuesta #37 :
Marzo 03, 2009, 13:43 »
André se despidió de su amada con un apasionado beso y descendió del árbol, dónde le esperaban sus hermanas, Pierre y Sandrine. Bijou era la última Fran-Ham a la que tenían que acompañar hasta su casa. Ahora ellos también debían volver a las suyas.
Marie bostezó y echó un rápido vistazo a un reloj digital colocado en el sendero que seguían. Marcaban las tres y cuarto de la madrugada.
-Mañana no va a haber quién os levante -comentó alegre André, soltando una pequeña risa.
-Bueno, ha merecido la pena -comentó Pierre. Su amigo asintió y se enfrascó una vez más en sus pensamientos.
Tras despedirse de Su Majestad, André se disponía a volver también a la fiesta cuando su blanca princesa llegó al balcón. Tras darle un fuerte abrazo, le explicó lo sucedido en la cornisa, omitiendo el detalle de que el Príncipe Arco tuviera alas.
Disfrutaron de las vistas durante unos minutos, pero pronto el frío de la noche comenzó a calar en sus huesos, por lo que decidieron entrar nuevamente a la fiesta. Con un rápido vistazo, se dieron cuenta de que el futuro monarca del Reino Arcoiris se encontraba hablando con un grupo numeroso de hámsters arremolinado a su alrededor. Aunque sonreía, los dos hámsters sabían que no disfrutaba con la conferencia.
Decidieron dirigirse, esta vez sí, a la pista de baile. Pero nuevamente quiso la fortuna que fueran interrumpidos, esta vez por una pareja: mientras la dama miraba a André y Bijou con interés, su acompañante les dirigió una mirada escrutadora y una sonrisa pícara.
-Parece que volvemos a encontrarnos, Naranjito -comentó el hámster de pelaje color caramelo. Había sustituido sus gafas por un sombrero de copa, y llevaba un esmoquin negro bastante elegante. Su acompañante rió.
-Lio, ¿es él? -preguntó, lanzando una mirada seductora a André. Bijou enarcó las cejas- Tranquila, mujer... ¡yo ya tengo a mi león! -exclamó, abrazando del brazo izquierdo a Lionel.
-Por favor Avice -suspiró Lionel algo molesto- Ya te dije que debías comportarte, estamos en una reunión muy importante.
-Vale -aceptó con voz inocente su compañera, alargando la “a”. Le dio un beso en la mejilla y se dirigió a la joven pareja- Lio me ha hablado mucho de ti, André. Estoy segura de que lo pasaremos muy bien en la competición.
-Yo también lo espero, esto...
-Avice -le tendió una pata que André besó fugazmente.
-Es un placer -señaló con la pata derecha a su amada- Esta es Bijou -la hámster saludó con una sonrisa y Lionel repitió el gesto de André.
-Bueno, espero que nos volvamos a ver en... -André quería terminar la conversación, pero Lionel le interrumpió.
-Naranjito, ¿has visto a esos de allí? -señaló con un leve momento de cabeza a un numeroso grupo de hámsters que hablaba animadamente. Entre ellos, André reconoció a Auguste. Los ojos de Lionel centelleaban de ira- Ten cuidado con ellos. Son parte de una organización de deportistas que están tratando de monopolizar las competiciones francesas. A estas olimpiadas se presentaron ocho grupos, pero sólo han conseguido clasificarse tres. Son los equipos de Le Rose, Le Pavot y Le Violet.
-¿Porqué me cuentas todo esto? -preguntó André, sorprendido.
-Porque no quiero que bajes la guardia. Tú y yo nos vamos a jugar las Olimpiadas, pero para eso antes debemos de superar a ese grupo y a los otros equipos. Espero que no me defraudes -le dirigió una mirada complacida al ver cómo André le respondía con el fuego de la determinación en sus ojos.
-Descuida, Lionel, no pienso perder -aseguró.
-Eso lo veremos -comentó el hámster con una sonrisa picaresca.
La mañana se presentaba calurosa en París. El estadio estaba repleto de turistas que aguantaban los rayos del Sol con las bebidas frías que algunos hámsters vendían paseando por las gradas. El ambiente era festivo, todos se mostraban extasiados frente a la primera comitiva que salía de un enorme túnel en la parte norte del campo central.
Ésta estaba formada por el Príncipe Arco y algunos de sus guardas personales, así cómo por sus doncellas. Unos metros atrás los principales dirigentes de las asociaciones deportivas francesas cubrían su retaguardia. El Príncipe Arco sostenía con orgullo el tabardo de su país: una huella de hámster pintada con los siete colores del Arcoiris. Tras ellos, a una leve distancia, comenzaron a aparecer los distintos equipos franceses.
Primero marchó un equipo formado por cuatro miembros. Portaban un estandarte con forma de castillo: era el equipo Le Bastille. Su líder, un hámster cabeza y media más alto que André, era el encargado de sostenerlo con orgullo. Le seguían un par de hámsters que se mostraban orgullosos y muy seguros de sí mismo, así como una joven muchacha que hacía contraste con el resto del equipo: mientras los tres machos eran disciplinados y de avanzada edad, la joven se presentaba como una joven de la edad de Bijou que saludaba efusivamente a las gradas.
A escasos metros, salió una comitiva formada por los tres grupos que Lionel mencionó. Llevaban estandartes con el dibujo de una rosa, una amapola y una violeta. En total eran doce hámsters, divididos en equipos de cuatro. Auguste llevaba orgulloso el estandarte del equipo de Le Rose.
El siguiente grupo en salir fue el equipo Franletas, liderado por Lionel. Llevaba puestas sus gafas de motorista y su pelo estaba tan alborotado como siempre. Caminaba con orgullo al lado de Avice mientras llevaba el estandarte de su equipo: la silueta de un hámster color azul que parecía estar corriendo. Tras ellos, tres hámsters miraban al frente, siguiendo el recorrido a través de la pista de atletismo. Un alto hámster, de una estatura similar a la de Pierre y de un pelaje negro como el carbón caminaba tranquilo mientras su compañera a la derecha, una hámster color crema de pequeña estatura escrutaba a los equipos que tenían delante. A la izquierda del enorme hámster se encontraba una hámster color vainilla de estatura similar a Sophie cuyos parpados parecían caídos... y su semblante aburrido.
André frunció el ceño. Odiaba tener que salir después de ellos. Recibieron la señal de un hámster apostado en la puerta y comenzaron a caminar: era su turno para salir al estadio. Al salir, escucharon los vítores de la gente del estadio. Cientos de hámsters les observaban con entusiasmo, aplaudiendo y haciendo fotos. André elevó con orgullo su propio estandarte: la imagen del tabardo del equipo Amitié no era otra que la de un hámster sonriente. Su rostro color crema contrastaba claramente con el fondo del estandarte: los colores de la bandera francesa acentuaron el patriotismo de los jóvenes hámsters.
Eran el grupo más numeroso, y así lo hicieron patente los comentaristas cuando les presentaron. Bijou, a la izquierda de André, observaba un poco nerviosa a todos los hámsters a su alrededor. Los que se encontraban más cerca del campo silbaban a la hámster, haciendo que se ruborizara levemente. André dirigió a los atrevidos una mirada tan letal que éstos decidieron subir unas cuantas filas. Sandrine y Marie, a la derecha de su hermano, estaban emocionadas. Comentaban entre ellas sobre el resto de equipos así como sobre la gente en las repletas gradas.
Tras el encabezado, los gemelos y Sebas daban botes y balanceaban los brazos para saludar a todos los presentes. Finalmente, en una actitud más tranquila, Pierre y Lucette cerraban la comitiva. El adulto buscó entre las gradas a su esposa hasta encontrarla eventualmente y dirigirle una sonrisa complacida.
Tras ellos, otros dos grupos cerraban la comitiva, mientras el Príncipe Arco terminaba de dar la vuelta al estadio y se acercaba al centro del mismo, dónde se había dispuesto una tarima. Una vez hubo llegado, todos los grupos se detuvieron allí dónde estuvieran y dirigieron sus miradas al futuro monarca. Éste bajó el micrófono para ajustarlo a su estatura y carraspeó.
-¡Que comiencen los juegos! -anunció, al mismo tiempo que en el cielo explotaban una serie de fuegos artificiales que liberaron humo multicolor.
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Re: Bonjour a la Francia-Ham!
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Respuesta #38 :
Marzo 28, 2009, 11:36 »
Los Fran-Hams esperaban en su vestuario el comienzo de las pruebas. Tras el desfile y las palabras de Su Majestad, los equipos habían sido dirigidos nuevamente a sus vestuarios.
Cada equipo contaba con un enorme espacio en las entrañas del estadio dónde podían descansar y prepararse mentalmente tras cada prueba. Los Fran-Hams comentaban, excitados, todo lo que habían visto: no sólo el estadio estaba a rebosar, también los equipos rivales parecían muy interesantes. André aprovechó para hablar a sus compañeros seriamente, y pedirles deportividad ante todo. Tenían que divertirse, así que no era necesario molestarse si perdían.
Tras la aburrida charla, Sebas y Lucette echaron un vistazo al calendario de pruebas. Hoy les tocaría a André y Bijou, en las pruebas de 100hm lisos y tenis individual. Ambos hámsters se dirigieron una mirada segura: ganarían.
Alguien tocó a la puerta. Era un hámster bajito de pelaje plateado.
-¿El señor André Bresson? -llamó. André dio un paso al frente- Es hora de la prueba de 100hm lisos -le entregó un dorsal que llevaba en la pata derecha- Éste es su dorsal, el número 6. Acompáñeme por favor.
-De acuerdo -giró la cabeza y miró a sus compañeros, a los que dirigió una sonrisa complacida- Nos vemos luego, chicos.
Abandonó la sala y pasó las dos cintas elásticas por sus brazos, haciendo que el dorsal cayera sobre su pecho, tapando parcialmente las cicatrices que le acompañaban desde que conoció a Bijou. Acompañó a su guía por las oscuras correderas del estadio camino a la pista.
Ganaría.
-Bonjour, aficionados del deporte. Me presentaré: je suis Gilbert Solier -anunció la primera voz a través del micrófono.
-Et je suis Thibaut Causil, un placer -comentó una segunda voz- Nos encargaremos de retransmitir para toda Francia las pruebas acontecidas en este Estadio Olímpico de París para seleccionar al equipo que nos representará en las Olimpiadas del Reino Arcoiris.
-Tras la emotiva ceremonia de inauguración de ayer, los equipos han desfilado mostrando sus tabardos y han vuelto a sus vestuarios para prepararse para las primeras pruebas de la competición -volvió a tomar la palabra Gilbert- Les recordamos que las pruebas de hoy serán la carrera de 100hm lisos y la primera fase del torneo de tenis individual. Pero de momento, hablemos de los equipos participantes. ¿Thib? -pasó la palabra a su compañero.
-Sí, Gil. Debido al gran número de participantes se tuvo que realizar una prueba preliminar en la que fueron escogidos ocho equipos. Como era de esperar, equipos más que conocidos como los Franletas o Le Bastille se clasificaron sin problemas. Así mismo, el equipo que estaba dándose a conocer en las pruebas regionales, Le Jardin, ha tenido que dividirse en pequeñas divisiones y han podido clasificar a tres de ellas. La sorpresa la ha dado el grupo más numeroso de hámsters: el equipo Amitié. Haciendo honor a su nombre, se trata de un grupo de amigos que formaron el equipo hace cerca de dos meses y, entrenando duro, se han abierto paso en esta competición. Para nuestra sorpresa, algunos hámsters domésticos forman parte de sus filas. Sobre el resto de equipos...
-¡Lamenta que te interrumpa, Thibaut, pero los participantes están empezando a salir a la pista! -gritó Gil, interrumpiendo a su compañero. Gritos de ovación inundaron el estadio- ¡Vaya, eso sí que es un recibimiento!
-¡Y qué lo digas! Pasamos la conexión a nuestra compañera en la pista, ¿Sarah? -la convocó.
-Aquí Sarah Mousil de las noticias deportivas del Canal 3, un placer -saludó a los oyentes- Como ha comentado mi compañero, los participantes acaban de salir. El estadio ruge ante la excitación por el comienzo de la primera prueba. Por desgracia, los medios no podemos avanzar más a partir de esta zona vallada, así que sólo podemos observar. Los ocho participantes parecen tranquilos, están calentando en sus respectivas pistas con total normalidad -explicó.
Efectivamente, André daba pequeños saltos, respiraba profundamente para exhalar después el aire reprimido, movía las patas traseras en círculos en el sentido de las agujas del reloj y viceversa y después hacia lo mismo con las delanteras. Observaba a sus rivales: Lionel estaba allí. También el líder del equipo Le Bastille, así cómo otros hámsters que, aunque reconoció por haberlos visto en la fiesta o durante el desfile, desconocía sus nombres. Lionel le observó desde la pista número tres y esbozó una sonrisa. André le devolvió la sonrisa y se concentró nuevamente en la carrera.
El juez de línea les indicó que debían tomar posiciones. André se concentró en su pista, la número seis. Como la vez anterior, todo se volvió oscuro alrededor y no escuchaba ningún sonido. Sólo estaba atento al disparo de salida. Pocos segundos después, que le resultaron eternos, escuchó el ansiado sonido.
Echó a correr. Se impulsó sobre sus patas traseras y usó las delanteras para no perder el equilibrio. Corrió cómo nunca lo había hecho.
De repente, volvió al mundo real: la carrera había terminado, así que se detuvo. Apenas se había adelantado unos pocos metros más allá de la linea de meta. El estadio estalló en gritos de emoción, mientras los participantes respiraban. ¿Había ganado?
La sonrisa de Lionel le puso al corriente de su error. El hámster con el dorsal número 3 se mantenía erguido, rebosante de felicidad, aunque cansado. André se acercó a felicitarle, cuando otro hámster se interpuso entre él y Lionel. Era el líder del equipo Le Bastille.
-Lo habéis hecho muy bien -les felicitó, tanto a Lionel, como a André. El hámster naranja se sorprendió- Parece que será una competición reñida -añadió. Era un hámster serio, su voz era grave y denotaba seguridad.
-No está mal, Naranjito -Lionel le extendió la sudada pata- Medalla de plata en la primera prueba es impresionante -aceptó. André cayó entonces en la cuenta: como sospechaba, no había ganado, pero sí había quedado segundo. Miró al tercer hámster, que encogió los hombros.
-Apuraste bien, yo me confié y quedé tercero -relató- Mi nombre es Dean, un placer -extendió también su pata a André, que la recogió enseguida. Había caído en la cuenta de que aún no se había presentado.
-Je suis André, el placer es mio -aseguró el joven líder del equipo Amitié- Tienes razón, será una competición divertida -sonrió. Dean le devolvió la sonrisa y Lionel se rascó la nuca.
La tarima sobre la que reposaban en esos momentos los tres atletas y el Príncipe Arco había sido improvisada en unos minutos tras la conclusión de la prueba. Lionel ocupaba el escalón más alto de un podio blanco que habían trasladado allí. André se encontraba a su izquierda y Dean a la derecha. Arco se dirigió primero al hámster del centro.
-Es un placer anunciar que el ganador de la prueba de 100hm lisos es Lionel, del equipo Franletas -exclamó Arco. Lionel realizó una reverencia y el futuro monarca deslizó por su cuello una cinta multicolor de la que colgaba una medalla. Ésta estaba bañada en oro y en su centro, en relieve, se distinguía el emblema del Reino Arcoiris.
Repitió la misma operación con André y Dean, a los que entregó medallas de plata y bronce respectivamente. El Príncipe dirigió al hámster naranja una mueca complacida.
-¡Y ahora me toca a mi! -exclamó Bijou tras observar la carrera de su amado. Estaba lista para dar lo mejor de ella.
La hámster se ajustó las muñequeras azuladas. No le apretaban mucho, así que estaba bien. Simuló un par de sesgos a la derecha y a la izquierda con su raqueta azul. Estiró las piernas y se preparó.
La pista de tenis en la que jugaría era sólida, de cemento. Estaba rodeada de paredes verdes. En ambos laterales del rectángulo que formaba la zona de juego, a la altura de la red, había un hámster que se encargaría de recoger las pelotas. En el lado izquierdo se encontraba el juez de línea subido a su silla, y al lado derecho varios bancos con una nevera cercana dónde los participantes descansaban tras cada set. En la pared tras cada hámster también había otro recoge pelotas.
Bijou miró a las gradas a su derecha, dónde los Fran-Hams la animaban en silencio: estaba prohibido hablar durante el partido. André le dirigió una sonrisa de seguridad: confiaba en ella. La hámster devolvió la sonrisa a sus amigos y se dirigió hacia la red, dónde se encontró a su rival. Era un hámster grisáceo, de una altura similar a la de André. Le extendió la pata derecha a Bijou, que la estrechó con gusto. Su rival se identificó como Jean-Loup, miembro del equipo Zircon. Ella también se presentó y le dirigió una sonrisa.
Volvieron a sus puestos, dispuestos a comenzar el partido. Bijou curvó la espalda hacia delante, tensó las piernas y sujetó la raqueta con ambas patas. Su rival iniciaría el primer saque.
-¡Y con un espectacular saque del miembro del equipo Zircon comienza la segunda prueba del torneo, tenis individual! -exclamó Thibaut- Les recordamos a los espectadores que el partido se juega al mejor de tres sets. ¡De aquí pueden salir participantes para la mismísima Roland Garros! -añadió entusiasmado.
-Buen revés de la miembro del equipo Amitié -comentó su compañero- Ha conseguido el primer punto del partido.
-Sí, pero no hay que confiarse... -mientras los comentaristas hablaban, Bijou, en la pista, disfrutaba del partido.
Hasta ahora sólo había podido jugar con André, Pierre y Sandrine, a ls que solía ganar sin grandes problemas. Realmente el tenis era uno de sus deportes favoritos, por lo que ya era hora de demostrar su valía.
Devolvió la pelota tras dar una buena carrera hacia el otro lado del campo. Con eso conseguía un punto de “breack”. Su rival parecía desconcertado, seguramente había subestimado a la blanca hámster. Lanzó su saque con fuerza, evitando que Bijou pudiera devolverlo. Eso le había granjeado su primer punto del partido, pero aún tenía mucho que remontar.
No tuvo oportunidad. Tras su siguiente saque, Bijou devolvió la pelota hacia la otra punta del campo, impidiendo que llegase. Así pues, la parisina obtuvo el primer juego del partido. Los Fran-Hams estallaron en vítores, aunque André les conminó a callarse. La hámster les sonrió. Miró al recoge pelotas tras de sí, que le lanzó tres bolas. La hámster desechó dos y dio unos pequeños golpes con la raqueta a la pelota que quedaba, haciéndola rebotar repetidas veces en el suelo.
La alzó al cielo con suavidad pero determinación, y golpeó con fuerza. El sonido de la pelota al ser golpeada sorprendió a todos, incluido al rival, que no pudo acertar a moverse para cuando la pelota ya había votado en la pista y seguido su camino hasta la pared.
-¡Esto es increíble! Bijou Lemerciel está dominando el partido sin ningún problema -exclamó Gilbert sin salir de su asombro- Se encuentra a un sólo punto de ganar el primer set por seis juegos a dos.
-¡Hablas lento, Gil! -le recriminó bromeando su compañero- Bijou acaba de ganar el primer set con una magistral dejada. Parece que tenemos una joven promesa del tenis -añadió picaresco.
Bijou bajó la raqueta y resopló. Se dirigió a su banco, mientras sus compañeros y el estadio entero aplaudía. André no ocultaba su felicidad y la hámster se sonrojó levemente al escucharle silbar de admiración.
-Qué tonto... -murmuró, antes de echar un gran trago a su botella de agua natural. Se pasó la toalla por el rostro para quitarse un poco de sudor y esperó, concentrada, los tres minutos que tenían de descanso hasta el siguiente set.
El arbitro le indico pasado el tiempo que era hora de volver al partido. La hámster sabía que no iba a perder. No podía perder.
-¡Señores y señoras, Bijou Lemerciel, del equipo Amitié, acaba de clasificarse para las semifinales de la prueba de tenis individual al ganar 6-2 y 6-4 a Jean-Loup, del equipo Zircon! -exclamó Gilbert lleno de excitación- Con unos movimientos exquisitos y un gran juego, ha conseguido imponerse a su rival, que no se lo ha puesto nada fácil.
-En efecto. En media hora comenzará el siguiente partido, que enfrentará a Avice, del equipo Franletas con Julie, del equipo Le Violet. Prepárense para un duelo de titanes, ya que ambas son muy conocidas por su dominio de la raqueta -añadió su compañero.
-Este torneo se presenta memorable, sin duda -concluyó finalmente Gilbert.
Esa tarde, los Fran-Hams celebrarían por todo lo alto la medalla de plata de André y el paso a la siguiente ronda de Bijou. La pareja, por su parte, no repararía en halagos y muestras de afecto por el contrario.
Iba a ser una aventura muy divertida.
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Re: Bonjour a la Francia-Ham!
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Respuesta #39 :
Mayo 19, 2009, 10:35 »
El líder del equipo dejó caer la noticia durante el paseo hacia el estadio. Como el día anterior, se habían reunido en la puerta exterior del Club de la Francia-Ham para juntos dirigirse al recinto olímpico para seguir participando en las pruebas.
-¿Hay una villa olímpica? -preguntó sorprendido Sebas. André asintió con una amplia sonrisa.
-En la villa hay instalados algunos restaurantes y un enorme centro de ocio, pero lo más importante es que hay ocho casas -explicó- Cada casa pertenece a uno de los equipos, pero sólo durante la duración de los juegos. Mis hermanas, Pierre, Lucette y yo hemos decidido mudarnos allí, para estar más cerca del estadio -anunció- Además, así tendremos vigilados a los rivales -rió.
-Es un sitio muy espacioso -aseguró Pierre, que durante la noche anterior había estado visitando con André el lugar al quedar los dos para dar un paseo nocturno- Nos dieron la llave al vernos pulular por allí algo perdidos -comentó sonrojado- No teníamos ni idea, pero allí es dónde se hospeda el resto de equipos. Es lógico, ellos no tienen un techo cómo nosotros, ya que no son de París -se encogió de hombros- Después de las pruebas iremos a echarle un vistazo.
-Sí, tenemos que acomodarnos a nuestro nuevo “hogar” -rió André. Los Fran-Hams rieron también, y el grupo se sumió en una alegre conversación sobre aquella villa olímpica. Tendrían oportunidad de hablar con sus nuevos amigos deportistas.
El estadio bullía de emoción. Era el segundo día de pruebas, y los espectadores esperaban ansiosos. Los ocho hámsters escogidos por sus equipos para la prueba de Lanzamiento de Disco esperaban en fila a la derecha de la jaula desde la cuál lanzarían los discos , calentando las extremidades. Pierre, el escogido por el equipo Amitié, realizaba continuas brazadas laterales y después continuó con aspavientos mientras observaba a sus rivales. La mayoría eran jóvenes pero musculosos hámsters, deberían tener la edad de sus amigos. Realmente se sentía algo mayor, cómo si estuviera jugando a juegos de niños. Miró a las gradas, dónde los Fran-Hams y su esposa le animaban, y enarcó las cejas, concentrándose. Aunque no lo pareciera, se trataba de una competición muy seria. Era cierto que se habían apuntado para pasar el rato en aquél verano, pero no por ello tenían que tomárselo a risa. Continuó observando a sus rivales. Uno de ellos sobrepasaba en altura al resto, cruzándose sus rojos iris a la misma altura que los del propio hámster parisino. Su pelaje negro ocultaba la fina linea dibujada en sus labios, así como las arrugas que florecían en su rostro. Era un hámster de su edad, había pasado la juventud y comenzaba la decadencia propia de la edad adulta. Él también le observaba intrigado, y dejó su calentamiento un segundo para dirigirle un asentamiento como saludo. Pierre lo devolvió con una sonrisa y se acercó.
-Pierre -saludó, tendiendo una mano sudorosa por el esfuerzo físico. El hámster la tomó con un rápido movimiento, apretando con fuerza. Su mano estaba algo áspera- Soy del equipo Amitié, mucho gusto -comentó.
-Je suis Charles, del equipo Franletas -escrutó a Pierre de arriba abajo- Mi líder me ha hablado mucho de vosotros. Espero que os esforcéis al máximo -la voz era grave, pero en cierto modo amigable. Pierre asintió.
-Lo mismo digo. Y, ante todo, espero que nos divirtamos -la charla pareció complacer al hámster oscuro, que volvió a asentir- Buena suerte en la prueba -concluyó Pierre al observar por el rabillo del ojo cómo los árbitros se acercaban hacia el grupo de participantes.
Inspiró y exhaló un par de veces, mientras sujetaba en su pata derecha el disco. Pesaba 2kh, un peso que aunque se hacía notar, no era nada notable. Recibió la orden de iniciar el lanzamiento desde fuera de la jaula metálica. Cuando entró en la misma, se sintió cómo si volviera a estar encerrado en su antigua jaula, pero pronto esa angustia desapareció. Comenzó a girar sobre sí mismo, tratando de coger impulso. Tras dar tres vueltas y cuando comenzó la cuarta, esperó hasta que la parte abierta de la jaula frente a él apareciera en su rango de visión y lanzó el disco. Éste voló durante algunos metros hacia arriba, para planear después y finalmente caer dentro del cono de hierba marcado en sus extremos por líneas blancas que delimitaban la zona de lanzamiento. Había caído dentro. Pierre respiró fuerte mientras esperaba que cayera. Una vez lo hizo, la marca fue de 65,25hm. Era una distancia increíble, y el estadio aplaudió mostrando así su admiración. A Pierre le pareció oír algunos quedos aplausos provenientes de la parte trasera de la jaula, dónde se encontraba Charles.
Tenía permitido hacer dos lanzamientos más, para mejorar su marca. Pero en ninguno de ellos llegó tan lejos, quedando así su marca establecida en 65,25hm. Abandonó la jaula por la parte inferior para dar paso al siguiente participante, el miembro del equipo Zircon.
Pierre sonreía mientras subía la tarima preparada a una zona ligeramente alejada de la jaula de lanzamiento. Orgulloso pero sumiso, se inclinó, así como los otros dos hámsters a sus flancos, al subir la misma tarima el Príncipe Arco.
-¡Es un placer anunciar que el ganador de la prueba de Lanzamiento de Disco es Pierre, del equipo Amitié! -exclamó el joven monarca. Pierre inclinó la espalda en una reverencia, pero Arco tenía problemas para colgarle la medalla debido a su altura. Incluso cuando el futuro monarca se puso de puntillas, le fue imposible. Pierre, tratando de evitar vergüenza al joven, modificó su reverencia, clavando una rodilla en el suelo y bajando aún más su cuerpo, hasta que finalmente el joven príncipe, levemente ruborizado, fue capaz de pasar por su cuello la cinta multicolor con la medalla de oro sujeta a ella.
Los hámsters a los flancos de Pierre aplaudieron, de igual modo hizo Arco y el público, mientras el adulto hámster se incorporaba y observaba hipnotizado el brillo del oro en la medalla. Pierre sonrió al monarca, y después a sus compañeros, agradeciéndoles el gesto. Charles se encontraba a su izquierda, y Arco también tuvo problemas para colgarle la medalla de plata que le correspondía. Sin embargo, un pequeño hámster llamado Evans, de la estatura del Príncipe y que había sorprendido a todos con un gran lanzamiento aún con su falta de musculatura, no tuvo que agacharse para recibir la medalla de cobre que le correspondía como miembro del equipo Le Pavot.
Una vez Su Majestad les permitió descender de la tarima y marchar a los vestuarios, Pierre se dirigió raudo a los destinados a su equipo, con la intención de celebrar por todo lo alto la primera medalla de oro del equipo.
El equipo hablaba animadamente mientras la pareja se preparaba para la prueba. Repasaban en quedos susurros las estrategias a seguir, cómo desplazarse a lo largo del campo... o al menos eso es lo que los Fran-Hams esperaban, al reparar que los dos enamorados se sonreían levemente sonrojados y de vez en cuando soltaban una risilla.
Esta vez les tocaba a ellos participar en la prueba de voleibol. Los Fran-Hams no tenían duda de que la pareja se compenetraría de forma perfecta y que ganarían, pero no les parecía del todo bien que se lo tomaran tan a risa.
Tras desviar unos segundos la mirada para prestar atención a Sophie, que anunciaba que ella ganaría la medalla de oro en la prueba que tenía que cursar al día siguiente, y volver a fijarla en la pareja, los Fran-Hams dejaron escapar un suspiro de resignación al observar cómo la pareja había olvidado la competición y se habían fundido en un apasionado beso, ajenos a todo lo demás.
París era una ciudad ubicada en el interior de Francia. Por tanto, no contaban con playas ni mar, pero sí con un gran río conocido como Sein, o Sena en el idioma universal. Todos los veranos, el Ayuntamiento de París seleccionaba una amplia orilla del río y tapaba los sedimentos depositados con arena traída desde las playas del oeste o con arena artificial para formar playas para los residentes y turistas.
Aprovechando esa predisposición humana, los hámster la habían imitado tomando prestados algunos kilos de arena. Y así, los Fran-Hams llegaron a la “playa” del recinto olímpico. No era muy grande, pero lo suficiente para que en ella se hubiera delimitado un campo de voleibol y unas pequeñas gradas para aquellos que más hubieran pagado por sus entradas. El resto de hámsters debían observar desde el exterior de la arena.
Los vestuarios eran mucho más pequeños que los del estadio principal, y se encontraban todos juntos y separados por finas paredes. André escuchaba las voces de una pareja de hámsters. Eran dos muchachas, y una de ellas la reconoció como integrante del equipo Franletas. La otra muchacha, aunque no recordaba su nombre, debía ser otra de las integrantes del equipo, por lógica.
Suspiró y observó a su amada. Los Fran-Hams les habían dejado hacía un rato a solas para coger buen sitio: ni siquiera los miembros de equipo tenían preferencia en las gradas. La hámster le devolvió una sonrisa y le besó en los labios fugazmente.
-Lo haremos muy bien, ya lo verás -comentó, adivinando el nerviosismo del hámster de su vida. Agarró sus patas con las suyas y sonrió. André pasó sus garras por la palma de las patas de su novia, acariciándolas suavemente. Bijou sabía que eso le calmaba, así que se dejó, levemente sonrojada- ¿Mejor? -preguntó al cabo de unos segundos. André arqueó las cejas y sonrió picaresco.
-Vamos a ir a por todas. No quiero deberle una cena a Pierre -comentó bromeando, recordando la apuesta hecha con su amigo. La hámster rió y se acercó a su amado, fundiéndose ambos en un largo abrazo seguido de un apasionado beso.
El estadio aplaudió cuándo la joven pareja entró en el campo de juego. Sus rivales les esperaban al otro lado de la tensa red apostada en medio de la pista rectángular. Se trataban de Adeline y Bruno, dos miembros del equipo Le Rose. Bijou sopló disgustada, habría preferido enfrentarse a Blandine. André rió, tratando de restar hierro al asunto, y estudió con cuidado a sus dos rivales. Adeline, por lo que había podido escuchar en conversaciones sueltas, era una hámster nerviosa y alegre. En esos mismos instantes, mientras calentaba, una bobalicona sonrisa aparecía en su rostro. Era algo más pequeña que Bijou y su pelaje era de un color dorado, similar al de Lucette. A la altura de sus orejas se encontraban dos coleteros, de los que dejaba caer dos largas colas rubias. Por su parte, Bruno era un hámster alto y fuerte, bastante musculoso. Su cara era un muro de piedra, André no pudo distinguir si estaba contento o molesto. Su pelaje era marrón claro, pero su vientre era de un gris apagado. Sus orejas eran realmente pequeñas en comparación con el resto de su cabeza. El hámster observó que los ojos grises de su rival se perdían en los suyos propios.
El árbitro llamó a los líderes de los equipos. André y Adeline se adelantaron al centro de la pista, intercambiaron un apretón de manos e hicieron lo mismo con el árbitro. Éste les indicó escoger cara o cruz, para seleccionar primer lanzamiento.
-Las damas primero -anunció André caballeroso, inclinándose levemente. La joven agradeció con una débil sonrisa y seleccionó cara. El árbitro asintió y lanzó una moneda al aire. En una de las caras, se encontraba un arco iris. En la contraria, una nube. Salió la nube, así que el líder del equipo Amitié seleccionó el primer saque. Los capitanes se despidieron con otro apretón y un mutuo deseo de buena suerte, mientras el árbitro regresaba a la zona exterior del campo y lanzaba una pelota a André.
El hámster se dirigió fuera de la zona limítrofe lateral izquierda del campo de juego, mientras Bijou se adelantó y arqueó las rodillas, preparada. Sus rivales tomaron posiciones de igual modo y el árbitro dio comienzo al partido. Sería a un sólo set y quince puntos. No podían perder.
André lanzó la pelota al aire y dio un gran salto, golpeándola y lanzándola por encima de la red al campo contrario. Bruno la tocó con las palmas de sus patas y la levantó suavemente, lo suficiente para que, dando un salto sorprendente dada su altura, Adeline golpeara con fuerza la pelota tratando de hacer un remate.
Pero Bijou lo esperaba y aguantó el envite, colocando la pelota a disposición de su amado, que se había adelantado para golpear. André golpeó con tanta fuerza que la esfera cayó a escasos centímetros de la red, incapaz de llegar ninguno de los dos integrantes del equipo Le Rose. Con un pitido, el árbitro validó el punto a la pareja, que se sonrieron. Cuando André recibió nuevamente la pelota para realizar otro saque, ambos se concentraron en el partido. Ya tendrían tiempo para celebrarlo después.
Los saques de Bruno eran potentes. André había cambiado posición con Bijou y ahora él tenía que soportar los poderosos golpes que sus rivales lanzaban con tal de obtener otro punto. Adeline corría de un lugar a otro de la pista de arena sin problemas, como si a ella no le afectara la pegajosa superficie. Evitaba los ataques de la pareja, que raramente lograban obtener un punto. El partido se estaba alargando y el cansancio era notorio en ambos equipos. El resultado marcaba 12-10 a favor del equipo Amitié. André sonrió cuándo observó cómo su amada golpeaba con fuerza la pelota blanca, que marcó una trayectoria hacia el fondo de la cancha, indefensa en esos momentos. Otra vez recuperaban el saque.
El hámster dirigió una significativa mirada a su novia. Acabarían con esto enseguida. Una vez el árbitro le dio permiso, sacó con fuerza. Adeline tuvo problemas para aguantar el golpe, así que su rebote fue suave. Bruno no pudo rematar y no le quedó otra que colocar la pelota a Adeline. Pero la pequeña hámster estaba agotada de los potentes saltos que había tenido que llevar a cabo, así que su golpe fue suave y Bijou lo aprovechó para dar un salto y realizar un tapón que confirió al equipo de los Fran-Hams el acceso al punto de partido. André sonrió y guiñó un ojo a su compañera, mientras recibía la pelota. Bruno y Adeline parecían consternados, pero sabía que no se iban a dejar vencer.
Lanzó un buen saque, pero Adeline lo detuvo esta vez sin problemas, dando un buen pase a su compañero, que golpeó con fuerza. Bijou no iba a ser capaz de tomar la pelota, así que André le permitió dar el golpe final. Aguantó el asalto y colocó la pelota en el aire, a una altura aceptable para que Bijou rematara con un golpe suave. La esfera se dejó caer gracilmente tras pasar la red y cayó frente a la atónita mirada de Adeline, que se lanzó al suelo para tratar de llegar a la esfera, pero fue imposible.
Un largo pitido dio por finalizado el partido, con un resultado de 15-10. Mientras las gradas y los hámsters fuera de la playa aplaudían por el gran espectáculo, André corrió hasta su amada, y de igual modo hizo ella. La pareja se fundió en un abrazo pese a lo sudoroso de sus cuerpos y se besaron apasionadamente, olvidando al resto de la gente. Ésta era su victoria, e iban a celebrarla juntos.
La villa olímpica se encontraba ligeramente alejada de los estadios, pero los participantes no tardaban más de veinte minutos en llegar con un tranquilo paseo. Además, era una zona frecuentada por turistas gracias a los restaurantes y el recinto de ocio en el centro de la villa. Sebas y los gemelos se vieron tentados a separarse del grupo en busca de algo de comer o diversión, pero se aguantaron con la promesa de que irían a comer a alguno de esos restaurantes al día siguiente. A esas horas de la tarde, pocos turistas paseaban por aquél lugar. La mayoría habían marchado a los hoteles o daban vueltas por la ciudad parisina, mientras las luces de sus calles empezaban a encenderse.
De este modo, los Fran-Hams pudieron disfrutar de un tranquilo paseo hacia las viviendas, sólo detenidos por algunos grupos que querían felicitar a Pierre por su medalla y a la pareja por el esplendido partido. Realmente ese día el equipo Amitié había sido protagonista.
Cada vivienda estaba separada una de otra por cerca de 50hm, y estaban repartidas alrededor de una plaza circular con el suelo empedrado, localizada en su centro una fuente con la figura de un hámster que portaba un paraguas abierto a la derecha y otro a la izquierda que lanzaba agua desde su boca, formando un arco y cayendo sobre el paraguas, que hacía que el agua cayera a la base de la fuente. Todas las casas compartían el mismo patrón: las paredes exteriores eran de piedra blanca, las ventanas hechas de madera marrón y frente a ellas se encontraba un pequeño jardín partido en dos por un camino de piedras. El jardín estaba vallado por cercas blancas y delante de la entrada, dónde debía haber un buzón, se encontraba un cartel con el tabardo del equipo. Volviendo a la estructura del edificio, los tejados estaban formados por tejas de diversos colores, emulando el color del Arco Iris, salvo una de ellas que era de color blanco. Ésa pertenecía al equipo Zircon. La de los Fran-Hams era la que contaba con el tejado de color naranja.
Al no observar nadie a los alrededores, asumieron que los miembros de los equipos se encontrarían de turismo o descansando en sus propias casas, así que decidieron dirigirse a la suya. André deslizó la llave que le habían entregado la noche anterior dentro de la cerradura de la puerta y la abrió. El olor a nueva construcción impregnó los hocicos de los Fran-Hams que, animados, ingresaron dentro de su nuevo hogar temporal.
Al entrar, lo primero que observaron fue la enorme entrada. Se trataba de un pasillo amplio, dónde perfectamente podían apostarse cuatro hámsters en fila y andar tranquilamente, al final del cuál había unas escaleras que llevaban al piso superior. Un pasillo cruzaba de izquierda a derecha la base de la escalera, y los Fran-Hams decidieron echar un vistazo a la zona oeste primero.
Allí se encontraban la cocina -completamente equipada, digna de un chef- y una enorme sala de estar, con varios cojines tirados en el suelo, un billar, dos sofás y una mesa rectangular. Además, una librería y un televisor captaron rápidamente la atención de varios de los hámsters. Una ventana corredera llevaba a un patio interior dónde se encontraba una piscina enorme. El patio terminaba abruptamente con una alta valla hacia la mitad de la casa.
Volviendo al pasillo, esta vez camino a la zona derecha, encontraron un cuarto de baño y otra sala de estar similar a la anterior, pero sin la enorme mesa de billar. En su lugar había otro sofá, y el televisor era bastante más grande. Una ventana corredera, similar a la de la otra sala de estar, conducía a otro patio interior dónde habían erigido una pista de tenis al otro lado de la valla.
Decidieron subir las escaleras. Allí encontraron cuatro dormitorios, todos con similar disposición: una cama de matrimonio, una mesita de noche y un armario. Pese a la simpleza de los cuartos, los hámsters apreciaron que los materiales de los que estaban hechos eran de alta calidad. Una ventana conectaba los cuatro cuartos a través de un largo balcón en la parte trasera de la casa, sobre la piscina y la pista de tenis.
Con una sonrisa de satisfacción en sus rostros, los Fran-Hams observaron la puesta de Sol desde el balcón de su “nuevo hogar”. Esa noche, André cocinaría en la nueva cocina para todos los miembros del equipo, que cenarían en el cuarto de estar de la zona oeste y, después, volverían a sus casas mientras el matrimonio y el trío de hermanos se dejaban caer sobre las mullidas camas de sus dormitorios en busca de un sueño reparador tras el agotador día.
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Re: Bonjour a la Francia-Ham!
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Respuesta #40 :
Junio 17, 2009, 23:55 »
La espada de madera apuntaba directamente al rostro de la joven hámster tras la máscara a escasos milímetros. Ésta, incapaz de moverse, se limitó a bufar y lanzar su propio estoque al suelo.
-¡Eres muy buena! -exclamó Arielle, dándose por vencida. Marie sonrió y se retiró la mascara. Tendió la pata a su rival y rió de buena gana, acompañada por la derrotada.
Marie terminaba de beberse la botella de agua mientras esperaba en el vestuario. De repente, alguien tocó a la puerta.
-Ce moi -anunció la voz al otro lado de la puerta. Marie sonrió y le dio permiso para entrar. André entró solo a la sala, con una sonrisa en los labios- Lo has hecho muy bien, felicidades Marie. ¡Ya estás en la final! -exclamó, visiblemente alegre.
-Gracias hermanito -le regaló una sonrisa- No ha sido fácil, pero para esto estuve entrenando tanto, ¿no?
-Sí -rió el hámster- Arielle es también muy buena, ¿eh? ¿Te duele el brazo? -preguntó.
-No, estoy bien -se miró el brazo derecho. Durante el combate contra Arielle, la hámster le había golpeado en el brazo tratando de desarmarla, pero Marie había conseguido aguantar y finalmente ponerla en jaque- Creo que... -la interrumpió nuevamente un golpe en la puerta. Dio acceso a quien quiera que fuese.
Una hámster de pelaje amarillo con una larga melena rubia saludó con la mano. Se sorprendió al ver a André, pero rápidamente ocultó esa sorpresa con una sonrisa. Entró en el cuarto y se acercó a los hámsters.
-He visto tu combate, Marie, lo has hecho muy bien -aceptó- Yo también me he clasificado, así que nos jugaremos la final. ¡Espero que des el máximo y que sea muy divertido! -sonrió.
-¡Por supuesto! No te lo pondré nada fácil, Avice -Marie apretó el puño derecho y enarcó las cejas.
-Así lo espero -sonrió. André las miró, se habían hecho muy amigas desde el comienzo de la prueba, y estaban deseando enfrentarse. Iba a decir algo, pero del altavoz apostado dentro de la sala se convocó a las dos participantes a acudir al campo para la final en cinco minutos.
-Bueno, yo voy a prepararme -comentó Avice, despidiéndose con la mano.
-Yo también debo volver con los Fran-Hams. Buena suerte Marie -deseó. Invitó a salir a Avice primero y después cerró la puerta tras salir él mismo- Bueno, a ti también te deseo suerte. Da recuerdos a Lionel -se despidió de su rival André con una sonrisa.
-¿Pero de qué vas? -le increpó la hámster enarcando las cejas. De repente, André sintió una gran hostilidad emanando de Avice- No te hagas ahora el bueno y amigable.
-Esto... no entiendo... -balbuceó André, sorprendido.
-¡Por tu culpa, Lio está todo el día de un humor de perros y no me hace ni caso! -exclamó, apretando los puños- No voy a permitir que sigas preocupando a Lio. Avisado estás -se giró y se dirigió a paso decidido hacia su propio vestuario.
André se quedó allí unos segundos, tratando de asimilar la conversación. No se movió hasta que la hámster desapareció por los túneles de hormigón del estadio. Miró hacia el vestuario de su hermana... ¿estaría bien?
-No lo has hecho nada mal -bufaba Avice a través de la máscara. El sudor le resbalaba desde la frente y le causaba cierta repulsión. Pero ahora no podía retirarlo.
-Tú tampoco -pese a también estar cubierta por una mascara, Avice pudo ver la sonrisa en el rostro de Marie. Era una sonrisa de victoria- Seremos buenas amigas.
La espada de Avice reposaba en el suelo a algunos centímetros de la esgrimidora, mientras Marie sujetaba con las dos patas su propia arma. El árbitro levantó la bandera y anunció la victoria a favor de Marie.
-¡La participante del equipo Amitié es la vencedora de la prueba de esgrima! -anunció. Ambas hámsters retiraron sus mascaras y se dieron un fuerte apretón de manos mientras el estadio aplaudía con devoción.
André estaba preparado. Introdujo su canoa en el agua y con la ayuda de varios organizadores se introdujo dentro. Agarró la pala de dos hojas que le tendieron y remó hasta la línea de salida sumergiendo alternativamente cada punta de la pala. Allí se reunieron el resto de rivales. El tal Dean le sonrió desde su posición, y André devolvió el saludo. Por parte de los Franletas, se encontraba aquél adulto que tan bien caía a Pierre. Charles, se llamaba, si recordaba bien. André suponía que Lionel no sabría nadar, lo cual le supuso un leve desazón. Hubiera disfrutado compitiendo contra él.
Pero no iba a subestimar a Charles. Se concentró en la prueba. Debía recorrer 1000hm en el Río Sena. No había lineas separatorias, así que podría usar todo el ancho del río. Pero, obviamente, no tenía pensado perder el tiempo virando, marcharía lo más rápido y recto que pudiera para ganar la medalla de oro.
Los Fran-Hams observaban desde la orilla del río, junto a los turistas que habían obtenido buenas vistas. Su jefe era el único hámster del grupo que podía nadar, así que contaban con él para ésta prueba.
El juez bajó el banderín y los ocho hámsters participantes comenzaron a remar. André hundió con fuerza el lado derecho de la pala en el agua, y la arrastró con fuerza hacia atrás, avanzando. Realizó la misma operación con la parte izquierda. Sus extremidades estaban en una continua tensión y el pecho se le oprimía cada vez que movía las palas para impulsarse.
Pero no llevaba mal ritmo. Charles iba un poco delante de él, pero el resto de competidores seguían su estela. Se forzó para tratar de derrotar a Charles. La canoa comenzó a balancearse y recordó que, cuando practicó, tuvo varios problemas para mantener el equilibrio. Relajó un poco, pero había cumplido su objetivo: se encontraba en cabeza. Giró el cuello para comprobar a la distancia en que se encontraba Charles, para comprobar que se le echaba encima. El hámster movía las palas como si estuviera en el aire, sin casi esfuerzo.
André volvió a concentrarse en la carrera. Frente a él veía la línea de bollas que marcaba que se había sobrepasado la distancia de 500hm. Pasó entre ellas al tiempo que la proa de la canoa de Charles asomaba en su campo de visión. André se sentía cansado. Los brazos le dolían, y el pecho le quemaba. El esfuerzo físico era inmenso, mucho más que el necesario para nadar.
Continuó remando, pero no tardó en caer en la cuenta que su anterior remo regular y rápido se había vuelto irregular y en cierto modo errático. Comenzó a virar hacia los lados, perdiendo así velocidad... traspasó las bollas que marcaban los 800hm para comprobar cómo Charles le sacaba casi 50hm. Otros dos hámsters le bordeaban por los extremos, pero no se rendiría. Continuó remando, faltaban menos de 100hm...
Dejó que el remo reposara sobre la canoa y suspiró, tratando de recuperar el aliento. Los brazos le dolían, pero no era éso lo que más le molestaba en ese momento. Había quedado quinto. Tres hámsters le habían adelantado en los últimos 100hm, después de haber hecho una magnífica carrera. Se lamentó por su mediocridad y golpeó sin muchas fuerzas el lado derecho de la canoa con su puño.
Escuchó las voces de los Fran-Hams desde la orilla animándole. No parecían enfadados, ni molestos. Sabían que André había dado lo máximo y eso los reconfortaba. Así que el hámster hizo un esfuerzo y sonrió, dirigiéndose hacia la orilla para desembarcar y reunirse con sus amigos. Aún quedaba una prueba, pensó.
André sirvió un poco más de ensalada a los protagonistas de la noche. Marie hincó con ansia el diente a las hojas de lechuga, mientras que François comía poco a poco, algo ruborizado.
-Sólo ha sido una medalla de bronce, hombre -comentó- Tampoco tenías que hacer toda esta fiesta -explicó el joven hámster. Todos los Fran-Hams disfrutaban de una alegre cena en su casa dentro de la villa olímpica. André se había ofrecido a cocinar después de que terminara la última prueba en la que François había conseguido la medalla de cobre. Según el hámster debían celebrarlo por todo lo alto, ya que no les estaba yendo tan mal en el medallero.
Pero esa no era la única razón. Pierre, Sandrine y Bijou sabían el verdadero motivo. El hámster se sentía fatal por haber quedado quinto en la prueba de piragüismo y ésta era su forma de resarcirse. Marie y Sophie también lo comprendían, pero preferían hacerse las locas y así contentar a su hermano. Él lo había hecho muy bien, sólo había tenido un poco de mala suerte, eso es todo. No pasaba nada por no haber ganado una medalla ésta vez, al fin y al cabo su objetivo era divertirse.
-Los que se han lucido hoy han sido los Franletas -suspiró André- Dos medallas de oro y una plata -se encogió de hombros- Bueno, mañana nos irá mejor, ¿no? -sonrió y sirvió algo más a Marie- ¡Mañana te toca primera así que tienes que comer bien! -rió, junto a los Fran-Hams.
-Además tenemos que jugar al fútbol... ¡será divertido! -comentó Sebas.
-Si os esforzáis, os haré otra super cena, ¿vale? -guiñó el ojo André a sus amigos.
Marie esperaba su turno para la prueba. Hablaba con Avice animadamente, riendo y comentado diversas anécdotas. André, desde las gradas, observaba cómo la novia de Lionel se comportaba dulce y amigable, no cómo ayer con él. ¿Era una hámster de dos caras? Tanto daba... No comprendía cómo su hermana podía estar tan tranquila. La hámster que actualmente se encontraba en la pista, Adeline, del equipo Le Rose, estaba haciendo una exhibición increíble. Sus movimientos parecían imposibles. Él había visto a Marie practicar, y estaba seguro de que su actuación sería fabulosa. Pero esta muchacha... todo dependería de los jueces.
Finalizó la actuación de la hámster, y el estadio rompió en aplausos. André, perdido en sus pensamientos, no cayó en la cuenta hasta que Bijou le dio un suave codazo, tras lo cuál reaccionó y comenzó a aplaudir por pura educación. A sus ojos de hermano, Marie lo hacía mucho mejor.
La pista se encontraba en total oscuridad, y el estadio en silencio. Una luz enfocó una simple pelota blanca en medio de la pista. Lentamente, otra pelota se acercó por el lado derecho y chocó con ésta, quedando ambas juntas. Una cinta rosa las rodeó a ambas, y consiguió hacerlas girar. Ambas desaparecieron de la luz dando vueltas sobre sí mismas. Otro foco se encendió, éste un poco más a la derecha del anterior. Dentro del foco la cinta daba vueltas en forma de espiral. La luz se apagó y se hizo el silencio.
Unos segundos después, tres focos iluminaron el centro de la pista, dónde Marie inclinaba la cabeza mientras sujetaba con cada pata una de las pelotas anteriores y la cuerda reposaba en el suelo frente a ella. Una suave música comenzó a sonar.
La hámster lanzó las pelotas al aire y comenzó a hacer malabares con ellas, mientras se movía al ritmo de la canción. Cada nota alta equivalía exactamente al momento en el que la pelota tocaba la pata de Marie, para volver a subir hacia el cielo. Tras unos segundos, con gran delicadeza, mientras caían deslizó las pelotas por sus brazos mientras ella se arrodillaba para, una vez las pequeñas pelotas desaparecieron del rango de visión, recoger la cinta. Se alzó de un salto, aprovechando el impulso para dar un giro sobre sí misma, haciendo que la cinta la engullera en una espiral.
Comenzó a dar saltos alrededor de la pista mientras el foco la seguía, y a girar la cinta bajo su cuerpo, por encima... en todas las direcciones posibles. La lanzaba al aire y recogía, y finalizó el acto al tiempo que la música moría con una bella recogida de cinta en el aire y, al caer al suelo, dar una voltereta para finalizar en la misma pose con la que había comenzado, sólo que con la cinta estirada sobre el suelo y agarrada con su pata derecha en lugar de las pelotas.
La hámster recuperaba el aliento mientras, con una sonrisa, agradecía a todo el estadio cubierto los aplausos. Incluso, por encima de los halagos, le pareció oír a su hermano gritar orgulloso... lo que le provocó que se ruborizara suavemente.
-¡Es realmente injusto! -bramaba Avice a los jueces- ¿¡Dónde tenéis los ojos!? ¡Marie lo ha hecho perfecto! -detallaba.
-Señorita Avice, si no guarda la compostura tendremos que sancionarle. La decisión ha sido unánime para entregar la medalla de oro a la señorita Adeline. Aunque también nos ha impresionado la actuación de la atleta Marie, nuestra decisión está tomada. Por favor, le rogamos una vez más que si quiere impugnar la decisión, lo haga frente al Comité Olímpico -explicó tranquilo el juez. Avice chasqueó la lengua, y Marie agarró su hombro.
-¡Ya vale Alice! No te preocupes, medalla de plata está bien. Tú sí que te merecías algo más que un quinto puesto -miró de refilón a los jueces, mostrando su desacuerdo. La medalla de cobre había ido a parar al equipo Le Violet- Las cosas son como son, no hace falta que te juegues una sanción...
Avice suspiró y miró a su amiga. André, algo alejado, también las miraba. ¿Porqué se tomaba tantas molestias Avice por Marie? ¿Iba de buena? ¿Tan amigas se habían hecho en tan poco rato?
-Bueno, está bien... Por cierto, ahora le toca a tu hermano... ¡pero no podrá hacer nada contra mi león! -gritó lo suficientemente alto para que André lo oyera. ¿¡Lionel sería su adversario en la siguiente prueba?! Pero éso era imposible...
André se zambulló en el agua y comenzó a nadar. No había tiempo que perder. Mientras daba enormes brazadas, desviaba la mirada hacia ambos lados de la pista número tres, dónde le tocaba nadar. A su derecha, Lionel hacía esfuerzos por seguirle el ritmo, pero no podía. El líder del equipo Amitié se imaginó a su rival maldiciendo su mala suerte mientras quedaba rezagado. Al parecer no era tan buen nadador como esperaba de él.
Llegó al final de la piscina y tocó la pared. Así, terminaba su carrera de 100hm. Recuperó el aliento en el agua, mientras esperaba a que llegara Lionel, al que dirigió una sonrisa victoriosa. Éste se limitó a sumergirse un instante para después, sin dirigir palabra a André, concentrarse en los megáfonos, que anunciarían el ganador de la prueba.
-La ganadora de la prueba de Natación 100hm es Blandine, del equipo Le Rose. En segundo lugar, André, del equipo Amitié, y en tercer lugar Lubin, del equipo Le Violet. El resto de clasificados se detallarán en el tablón de puntuaciones -anunció una voz a través de los megáfonos alrededor de la piscina.
André observó cómo los hámsters de las calles 1 y 2 se chocaban las patas. Reconoció al instante a Blandine, y supuso que el otro tenía que ser Lubin. La hámster le dirigió una sonrisa.
-¡Enhorabuena por el segundo puesto! Lo siento guapo, pero no podía perder -se “disculpó” la hámster, guiñándole un ojo. André devolvió la felicitación y se giró para dirigirse a Lionel, pero éste ya había salido del agua y se secaba con una toalla en los bancos en el borde de la piscina. Parecía realmente disgustado. Él tampoco tenía motivos para alegrarse. Había vuelto a fallar.
-Buenas tardes espectadores y bienvenidos a la última prueba del día. Ésta es una de las pruebas más importantes del calendario, la competición de Fútbol Bellota. No obstante, debida la disposición de los equipos, se jugará con unas reglas especiales. Los partidos se compondrán de dos partes de quince minutos, y serán jugados por equipos de cuatro. Algunos apuntan que ésto favorecerá al equipo Amitié, dado que se trata del equipo con más integrantes, pero el propio equipo propuso la reducción de los cambios realizables a uno por partido. Ésta medida fue aceptada por la organización y... -Gilbert se calló al instante, cortado por su compañero Thibaut.
-¡Y los jugadores saltan al campo! El primer partido se disputará entre el equipo Amitié y el equipo Zircon. Por parte del equipo Amitié salen al campo...
El estado vibraba con la emoción. En Francia, el fútbol no era uno de los deportes más venerados, pero sí que tenía una relevancia importante dentro de la sociedad, tanto humana como de hámsters. Y el partido estaba siendo entretenido, pese al escaso número de jugadores y lo corto del mismo.
El marcador del partido se saldaba con un 2-0 a favor del equipo Amitié, de momento.
-¡Uy! -exclamó Gil- ¡André ha estado apunto de perforar por tercera vez la portería del equipo Zircon! ¡Parece que no se vaya a detener hasta alcanzar el Hattrick! -auguró.
-Pues me temo que no le va a ser posible. El árbitro ha pitado el final del partido tras ésta última jugada. ¡El equipo Amitié pasa a las semifinales! Ha sido un partido memorable, para ser unos novatos han hecho jugadas fantásticas. La guardameta Lucette ha conseguido evitar algunos chutes impresionantes, aunque era difícil llegar gracias a las intervenciones del pequeño Sebastién. Y para sentenciar, el gran juego de pases entre Pierre y André ha supuesto la clara victoria del equipo Amitié. ¡Puede que tengamos futuras promesas ocultas en este estadio! -exclamó Thibaut, tras el breve resumen del partido.
El equipo Amitié al completo, alegre, se dirigió a los vestuarios, dónde comenzó la fiesta que duraría toda la tarde y gran parte de la noche. Aunque no habían conseguido medallas de oro ése día, sí habían obtenido dos de plata y, ante todo, se habían divertido.
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Re: Bonjour a la Francia-Ham!
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Respuesta #41 :
Junio 20, 2009, 14:41 »
Aquella mañana del día 6 de Julio, el viento soplaba con fuerza en París. Justo como se esperaba. Eso ayudaría al buen desarrollo de la prueba. Las embarcaciones se encontraban amarradas a uno de los puertos artificiales construidos en el Río Sena, y sus velas amarradas. Todo estaba listo, sólo faltaban los participantes.
-¿Porqué tengo que llevar éste flotador? No soy una niña -se quejó Sophie, mientras trataba de estirar de un chaleco salvavidas de color naranja.
-No es un flotador -rió su hermano- Ya te lo expliqué, es peligroso que no los llevemos -se miró hacia abajo, él también llevaba uno- Al fin y al cabo, los hámsters en teoría no sabemos nadar. Venga Sophie, ¡hay que darlo todo! -la animó.
-¡Claro que sí hermanito! Esta vez ganaremos nosotros -abrazó a su hermano. Éste acarició su cabeza y sonrió. Uno de los organizadores se acercó a la pareja de hermanos y les indicó que tenían que entrar a su barco de vela.
André entró primero de un salto, para ayudar a su hermana después. La pequeña nave acuática se desestabilizó comenzando a contonearse, pero pronto volvió a calmarse.
-Ya sabes Sophie, como en el entrenamiento. Cuento contigo para llevar la dirección -explicó brevemente André, concentrándose en la prueba. Habían estado entrenando juntos durante mucho tiempo para ésta prueba, no podían perder.
-¡Vale, hermanito! -aceptó Sophie tomando posición en la cola, junto al timón. Observó a su hermano. Se esforzaba por prepararlo todo al milímetro. Aflojaba las cuerdas, preparaba los amarres, comprobaba que la vela estuviera en la correcta posición... André no había conseguido ni una sola medalla de oro en sus pruebas, así que estaba un poco disgustado y deprimido. Ella se encargaría de que su hermano volviera a sonreír ayudándolo a conseguir una medalla de oro.
-¿Lista? Empezaremos en cualquier momento -le sonrió André con un tono dulce. Él siempre era tan amable con ella... Asintió vehemente, y su hermano volvió a concentrarse en la prueba. En sus ojos brillaba la determinación de la victoria.
El sonido de la bocina que daba inicio a la prueba supuso también el comienzo del trajeo entre los participantes, que soltaron las cuerdas que enrollaban la vela, permitiendo que ésta reuniera aire y comenzara a empujar la embarcación. Sophie sintió el embate del agua conforme avanzaban sobre el timón, era mucho más duro de virar de lo que había supuesto en los entrenamientos sobre tierra. Consiguieron salir del puerto sin problemas y en cabeza. André giró la cabeza un instante para comprobar cómo el resto de equipos le seguían. Lionel y Charles estaban pisandoles los talones, por lo que se esforzó por mantener la vela tensa para tomar más aire.
Sophie observaba cómo su hermano se esforzaba, y decidió no ser menos. Pese al continuo bamboleo de la embarcación contra las olas que se formaban en el río, no cesó en su empeño de cumplir las indicaciones de su hermano sobre hacia dónde debía girar la embarcación.
Continuaban en cabeza, y ya habían pasado la bolla de los 500hm. Estaban a medio camino de la victoria. La hámster no podía ser más feliz, estaba ganando junto a su hermano. Seguro que a la tarde, él le haría una fiesta con dulces y una suculenta cena. Y celebrarían juntos la medalla de oro.
Pero los alegres pensamientos de Sophie se vieron truncados por las dichas del Destino. Una fuerte ola sacudió la embarcación y provocó que la hámster se tambalease, acercándose al borde y apunto de caer al agua. Gritó al tiempo que su hermano agarraba su pata derecha y se sujetaba al timón. Éste provocó que la embarcación comenzara a girar en circulos, pero éso no importaba.
-¡Tranquila Sophie, no va a pasar nada! -gritó André, con un tono para nada calmado. Tiró con fuerza de su hermana, que se esforzó para no mirar abajo. Tras unos segundos de incertidumbre que los barcos del equipo Franletas y Le Bastille aprovecharon para aproximarse, André consiguió arrancar a su hermana de las fuerzas de la Gravedad y ponerla a salvo dentro del barco- ¡Seguid, la carrera no ha terminado! -imprecó a sus rivales cuando estuvieron lo suficientemente cerca. Éstos aceptaron... comprendieron su mensaje. El hámster se mantenía sentado sobre el barco, la cabeza gacha.
-André... ¡lo siento, lo siento mucho! -exclamó Sophie con lágrimas en los ojos- Por mi culpa...
-¿Estás bien, no? -la cortó André, levantando la cabeza y mostrando una sonrisa- Eso es lo importante. ¡Venga, aún podemos remontar! -se levantó y volvió a controlar la vela, mientras Sophie asentía y tomaba el timón. Se esforzarían hasta el final.
André observaba desde la distancia cómo Lionel y Charles recibían la medalla de oro de la prueba de Vela. A su lado, Sophie trataba de ahogar las lágrimas. Si no se hubiera tropezado, si hubiera sido más fuerte...
-No ha sido culpa tuya, Sophie -la tranquilizó André en un murmullo, adivinando lo que le consternaba- ¿De qué me sirve una medalla de oro si te pierdo a ti? -preguntó retórico. Sonrió y miró a los hámsters que tomaban la medalla, ahora les tocaba al equipo Le Pavot recoger la medalla de bronce después de que Dean y Arielle se colgaran la de plata- Ellos han mostrado un gran espíritu deportivo al venir a socorrerte. Estoy muy feliz, hermanita. ¡Tú eres mi medalla de oro! -exclamó abrazando a la hámster.
-Estoy preocupado por ella... -comentó André mientras se aflojaba un poco las muñequeras- Ella dijo que no pasaba nada, pero apenas ha probado bocado.
-Bueno, el restaurante no estaba para tirar cohetes. La próxima vez no dejaremos decidir a Pierre -rió la hámster, tratando de tranquilizar a su amado. Esperaban el comienzo de su prueba en los vestuarios del estadio.
-Pero aún así... -masculló. Bijou dejó caer el contenido de una botella de agua sobre la cabeza del hámster- ¡O-Oye! -exclamó, sacudiéndose el agua.
-¿Ya estás más tranquilo? -preguntó la dama con una sonrisa.
-Supongo que sí -contestó con una sonrisa André. Besó a su novia en la mejilla y recogió su raqueta naranja- ¡Vamos a pasarlo bien! -dijo, corriendo hacia la puerta. No esperaría al aviso.
La pareja estaba haciendo un gran partido. Jarno y Marco, del equipo Le Violet, estaban teniendo problemas. La defensa de los novios era implacable, cubrían cualquier puesto sin problemas. Si a uno se le pasaba la pelota, el otro la tomaba rápidamente.
Los ataques incesantes de Bijou, en el frente, eran tan o más poderosos que las vueltas de André desde la retaguardia, así como sus rápidos saques.
El primer set se saldó con un abrumante 6-1. La pareja se sentó en su banco y compartieron sendas botellas de agua con una sonrisa en el rostro, mientras el estadio les apoyaba. Ya habían visto lo sincronizados que estaban en voleibol, así que todos apostaban por ellos también en tenis.
Los dos hámsters hicieron algún comentario que el resto no logró a entender, pero sonaba cómo si estuvieran haciendo planes para después de las pruebas, apuntaba Gilbert.
-¡Para que digan que el deporte está reñido con el amor! -añadió Thibaut entre risas.
-¡Bijou! -exclamó André. No había podido llegar a esa pelota.
-¡Tranquilo, la tengo! -contestó la hámster, golpeando con fuerza la pelota. Las piernas empezaban a flaquearle, el esfuerzo físico era mucho más grande que en individuales. Pero no perdería, tenía que demostrarle al mundo que su amor por André les daría la victoria. La pequeña pelota fue devuelta, pero André la contuvo y dejó caer cerca de la red, imposibilitando a Marco, en esos momentos adelantado, devolverla- ¡Bien hecho, mon amour! -felicitó la hámster. Con esa jugada, obtenían punto de partido.
Mientras Bijou recogía las pelotas y desechaba algunas, André se acercó algo a ella y sonrió.
-Cuento contigo para que termines ésto de una vez. Luego lo celebraremos -prometió picaresco. La hámster asintió vehemente y sonrió.
-¡Un saque y está sentenciado! -exclamó llena de confianza. Lanzó la pelota escogida al aire, y golpeó con fuerza la raqueta. Había sido el golpe más fuerte del partido, impresionó incluso a su compañero. Por supuesto, los miembros del equipo Le Violet fueron incapaces de devolverla, y se derrumbaron sobre el suelo, derrotados.
André corrió hacia Bijou, lanzó la raqueta al suelo y la abrazó con fuerza. Ella respondió al abrazo de igual modo, dejando caer su propia raqueta. Sus rostros se separaron un instante para unirse en un beso, que fue silbado por todo el estadio. Levemente sonrojados, se separaron, lo cuál les causó una leve sensación cosquillosa debido lo pegajoso de sus cuerpos a causa del sudor y se acercaron a la red, dónde sus rivales les esperaban para felicitarles por el fantástico partido.
Una vez más, el poder del amor les había dado la victoria.
-Puedes dejarme en el suelo, tonto... todos nos están mirando -volvió a pedir Bijou a su novio. Éste la llevaba a cuestas sobre su espalda, sujetándola de los muslos, camino a la villa. El hámster la empujó hacia arriba para sujetarla algo mejor ya que empezaba a deslizarse hacia abajo, y rió.
-En la ducha vi que tenías un poco inflamada la pata derecha, ¿de verdad te crees que te iba a dejar que te lastimaras más? -sonrió a su espalda, haciendo que la hámster se sonrojara levemente- Además, ya casi hemos llegado y no te has quejado.
-¡Sí lo he hecho, pero no me haces caso! -pataleó suavemente la hámster, riendo.
Los Fran-Hams acompañaron a la pareja en su gozo. Incluso Sophie se mostraba más alegre. Tras la prueba, André había hablado largo y tendido con ella y le había explicado que lo importante no era la medalla, sino el valioso tiempo que pasaban juntos. Así que ahora se dirigían todos a su casa en la Villa Olímpica, dónde disfrutarían de una celebración por todo lo alto.
Alguien tocó al timbre mientras André aplicaba pomada sobre la parte inflamada de la pata de su novia. Marie fue a abrir la puerta, y a juzgar por la alegre charla que mantenía con quién fuera que había llamado, debía ser alguno de los participantes.
Unos segundos después, Marie apareció por la puerta que conectaba la sala al pasillo, acompañada por Avice y Lionel. La rubia hámster saludó con énfasis y una amplia sonrisa, mientras que Lionel se limitó a inspeccionar el cuarto y a los presentes con una especie de sonrisa en sus labios. André cayó en la cuenta de que había sido “arrastrado” allí por su compañera.
-¿Estás bien? -preguntó el hámster a Bijou, al observar el trato recibido por André.
-Ah, sí... me hice un poco de daño en la prueba, pero André se preocupa demasiado -trató de quitar hierro al asunto la joven. La hámster pareció sentir cómo Lionel se tranquilizaba.
-Mejor así. De todos modos -cambió de tema- mañana podrás descansar esa pata.
-Oh cierto -comentó Pierre- Mañana es día de descanso. En realidad se agradece, estas pruebas son más duras de lo que pensábamos -suspiró.
-Bueno... ¿qué os trae aquí? -preguntó André, dejando la pomada a un lado. Ya había terminado el tratamiento.
-Tú siempre tan directo -rió Lionel- Bueno Naranjito, Avice y el resto del equipo han pensado en invitaros mañana a comer a nuestra casa. ¿Qué os parece la idea? -preguntó. A los gemelos y Sebas les entusiasmó la idea, pero André se tomó unos segundos para pensar.
-Bueno, no teníamos ningún plan para mañana, así que al resto le parece buena idea... -miró a los gemelos y Sebas, que continuaban expresando su alegría- No veo inconveniente. Aceptamos la invitación, Lionel -sonrió el hámster. Eso cerraba el trato.
Los Fran-Hams llegaron pronto a la mañana siguiente. Como informaron al entrar en la casa, parecía que los alrededores de la zona olímpica se habían volcado en un ambiente festivo.
-Parece que estas pruebas mueven una cantidad de turismo importante... y claro, habrá que aprovecharlo de algún modo -comentó Pierre mientras desayunaban.
-¡Nosotros también vamos a aprovecharlo al máximo! -exclamó Sophie. André asintió, le alegraba que su hermana volviera a ser tan vivaracha.
-Aunque quizá Bijou y yo deberíamos quedarnos aquí... por lo de la pata, y tal -se apresuró a concretar, dada la mirada picara de los Fran-Hams. La hámster rió y abrazó a su amado.
-Ya te dije que estoy bien. Al fin y al cabo he llegado hasta aquí por mi cuenta, ¿no? -comentó, dando un beso en la mejilla a André, agradeciendo sus cuidados.
-Bueno, si tú lo dices... -se resignó. Los Fran-Hams terminaron el desayuno y decidieron su próximo movimiento. A las dos habían quedado con Lionel y los Franletas en su casa, pero el reloj marcaba las diez de la mañana en ese momento.
Finalmente, decidieron dar una vuelta alrededor del estadio. Quizá encontrarían algo divertido que hacer o ver. Con esa determinación, abandonaron la casa, para ser asaltados por un grupo de hámsters que portaban una cámara, varios focos de luz y una de ellos un micrófono. Ésa hámster les resultaba familiar... pero antes de que pudieran reconocerla, se acercó a ellos con una sonrisa y se dirigió al grupo.
-Buenos días equipo Amitié. No os preocupéis, sólo os haremos unas pocas preguntas para el diario televisivo. Veamos... -se acercó a André- Tú eres el líder, ¿André Bresson? -el hámster asintió, todavía algo anonadado- ¡Genial! Bien, empezaré contigo.
-¡Ah, tú eres Sarah, de las noticias del Canal 3! -exclamó Marie, revelando lo que todos trataban de discernir.
-En efecto, un placer -asintió la hámster con una amplia sonrisa. El cámara le avisó de que en diez segundos entraban en el aire- Muy bien, no os pongáis nerviosos y contestar a mis preguntas con naturalidad. Vamos allá -anunció, girándose hacia la cámara. Puso su micrófono frente a la boca y esperó que el cámara la avisara- Buenos días forofos del deporte, aquí Sarah Mousil retransmitiendo desde la Villa Olímpica de París. Detrás de mi se encuentran los miembros del equipo Amitié, primera parada en nuestro recorrido entre los diversos equipos. Como ya avanzamos ayer, en este día de descanso vamos a aprovechar para preguntar a los miembros de los equipos sobre su entrenamiento y aspiraciones -giró el cuerpo lentamente hacia André, pero continuaba tratando de no dejar de mirar al cámara, que cambió de lugar con tal de mejorar la perspectiva- Señor Bresson, ¿sería tan amable de respondernos unas preguntas?
-¡Qué maja es, nos ha regalado su autógrafo y todo! -exclamó Sebas, abrazando con fuerza un trozo de papel dónde la presentadora había escrito su firma- Y además es tan guapa... -suspiró encandilado.
-En verdad nos han hecho muchas preguntas, me pregunto si habremos contestado cómo esperaban... -comentó François.
-Hemos sido sinceros -se encogió de hombros Lucette- No sé qué motivará al resto de equipos ni cómo habrán sido sus entrenamientos, pero nosotros nos lo pasamos bien y eso es lo que cuenta.
-¡Tú lo has dicho, Lucette! -exclamó André- Aunque, a decir verdad, a mi me ha dado un poco de corte...
-Yo creo que lo has hecho muy bien -le elogió Sandrine, mientras tiraba del carrito de sus niños- Hay que ver, me han preguntado hasta a mi -rió.
-¡Pensaban que eras la preparadora física! -acompañó en su risa Marie. Todos rieron, eran muy felices, y disfrutarían de ese día de descanso al máximo. Aunque no les iba tan bien en el medallero cómo esperaban, se lo estaban pasando genial, y eso era lo más importante.
Tal y como había supuesto Pierre, la ciudad de París parecía haberse reunido en el pequeño espacio alrededor de los diversos estadios de la zona olímpica. Cientos de hámsters caminaban mientras charlaban animadamente, devoraban helados y miraban al numeroso grupo con interés. Algunos les reconocieron como participantes y se acercaron a saludar, otros sólo murmuraron a sus amigos y otros les señalaban. Pero a los Fran-Hams no les importaba. Ese día se mezclarían con los turistas y lo pasarían genial.
-Bonjour et bienvenue a nuestra casa, Amitié -saludó cordial Lionel.
-Gracias -habló por todos André, accediendo a la casa. Tras dar unos pasos, un delicioso olor llegó a su olfato- Vaya, mis felicitaciones al chef. Huele realmente bien -comentó con una sonrisa. Ese día no había motivos para mantener una rivalidad, tampoco era un mal tipo después de todo.
-Merci -agradeció Lionel con una sonrisa. André lo miró con ojos como platos- ¿Te sorprende que sepa cocinar? -comentó jocoso. Bijou soltó una risilla.
-Al final tendréis más en común de lo que pensáis.
-Bueno, será mejor que paséis dentro. En la sala de la izquierda están mis compañeros, por favor, seguidme -indicó servicial. Los Fran-Hams le acompañaron, inspeccionando la vivienda. Era exactamente igual que la suya, sólo distaban los cuadros y la pintura de las paredes.
Entraron en la sala de estar de la izquierda. Sentado en un sillón se encontraba Charles, leyendo un libro. Parecía ajeno a todo lo que acontecía a su alrededor, pero en un instante había clavado sus rojos iris en la contemplación del equipo. No saludó, ni tampoco habló. Simplemente, les miró.
Avice saludó con aspavientos de los brazos y gritando “Bienvenidos” un par de veces. Otra hámster que escuchaba música de un reproductor se quitó los auriculares y les miró con interés, André la reconoció rápidamente como Cachet. La pequeña hámster de color crema saltó de su asiento y sonrió picaresca al grupo.
-Parece que el jefe nos trae una visita divertida -comentó.
Por último, una hámster jugaba sola al billar. No había dejado de hacerlo incluso después de la entrada del grupo, cómo si no hubiera reparado en su presencia. Cachet le llamó la atención, lo que provocó que la hámster se desconcentrara y fallara un tiro con el que habría metido la última bola negra. La hámster cayó entonces en la cuenta del grupo que la miraba desde la puerta de la sala. Sus ojos caídos no mostraban sentimiento alguno a través de una fría máscara y su pelaje vainilla parecía fusionarse con su corta melena rubia.
-Disculparla, Annette es muy seca con los extraños -suspiró Avice- ¡Bueno, Amitié! Ya que habéis venido, permitirnos ser unos dignos anfitriones. Por favor, tomad asiento, os traeré algo de beber mientras Lio termina de cocinar -sonrió.
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Re: Bonjour a la Francia-Ham!
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Respuesta #42 :
Agosto 26, 2009, 14:02 »
-¡Tiro con Arco! -exclamó Thibaut, iniciando la retransmisión- Deporte de nobles, de reyes. Tras un día de merecido descanso, los competidores se preparan nuevamente para afrontar las duras pruebas de selección. La primera prueba del día es Tiro con Arco, una de las favoritas de un servidor. Los participantes usarán arcos oficiales, mucho más pesados que los que usaran en los entrenamientos, pero seguro que ya están preparados para ello. El Príncipe Arco tiene una gran predilección por esta prueba, y seguramente disfrutará de un buen rato observando a los distintos participantes -calló un segundo- Devuelvo la conexión al estadio, ¿Sarah?
La prueba de Tiro con Arco se celebraba en un descampado a las afueras del estadio principal. Se trataba de una extensión rectangular de unos 120hm de profundidad y 20hm de anchura cubierta de hierba. Una hilera de dianas de diversos colores y con diez círculos en su interior destinados a delimitar las zonas por las que se contarían los puntos se encontraban a 90hm de la zona de tiradores, delimitada por una franja blanca de tiza dibujada sobre la hierba.
Bijou inspiró y exhaló con calma. Era su turno. Recogió su arco y el carcaj con flechas, que colgó a su espalda. El arco de carbono era más grande que el usado en los entrenamientos y bastante más pesado. Dos cilindros sobresalían de los extremos del arco, y ayudaban a tensar la cuerda, sobre la cuál la blanca hámster había colocado la primera flecha. Ésta llevaba una pluma naranja en la base para diferenciarla del resto. Los hámsters congregados a los extremos del campo callaron. La joven necesitaba la máxima concentración posible.
Bijou bufó. Era difícil mantener el arco tieso, mucho más conseguir apuntar con precisión. Pero tenía que ganar... para regalarle a él la medalla de oro. Soltó la punta de la flecha, que salió disparada como una exhalación y bajó el arco. En apenas unos segundos, la flecha impactó contra la diana en una de las franjas amarillas. ¡Ocho puntos! La hámster sonrió suavemente y recogió la siguiente flecha. Tras el pitido afirmativo del árbitro, volvió a tensar la cuerda del arco con la flecha. Ésta vez fue más rápida lanzando, y también apuntó mejor, ya que consiguió nueve puntos al impactar cerca del límite del centro de la diana. Suspiró, ¡una más! Tensó la cuerda y se concentró. Llevaba una muy buena puntuación, diecisiete puntos de veinte. Si ahora conseguía otros nueve... ¡pero no! Iría hacia los diez. Se concentró, el arco dejó de pesar y consiguió colocarlo justo a la altura deseada. Lanzó la flecha y esperó que el viento ayudara.
-¡Diez puntos! -exclamó Thibaut- Con una puntuación final de veintisiete puntos, la integrante del equipo Amitié, Bijou, se pone en cabeza. Espero que hayan disfrutado tanto como un servidor de los gráciles movimientos de la hámster. ¡Parecía una verdadera princesa! ¡Eso es, la Princesa Blanca! -añadió, sorprendido por su propia imaginación- La Princesa Blanca prácticamente ha sentenciado la prueba. Su Majestad el Príncipe Arco también parece bastante alegre por el resultado -añadió.
-Has hecho un buen trabajo... Princesa Blanca -comentó Arco al entregarle la medalla. Tras ponerla sobre el cuello de la visiblemente feliz hámster, realizó una suave reverencia- Me sé de alguien que estará muy contento -añadió en un murmullo coloquial, mientras la hámster ahogaba una risilla- Buena suerte en la próxima prueba, Bijou -culminó el hámster la charla. Bijou asintió, aún no había terminado su día. Observó cómo Annete, del equipo Franletas, y Brigham, del equipo Le Bastille, recibían las otras medallas mientras se concentraba en la prueba que disputaría junto a su amado.
La pareja se entregaba el uno al otro en los vestuarios cercanos a la playa artificial del Río Sena. En un espacio tan pequeño, había usado de excusa André, era imposible no apretujarse. Pero alguien llamó a la puerta con insistencia, interrumpiendo el apasionado abrazo de la pareja. André enarcó las cejas y reticente se separó de su amada, dirigiéndose a abrir la puerta.
-Bonjour -saludó cordial el hámster al otro lado. André lo reconoció rápidamente como Dean, líder del equipo Le Bastille.
-Bonjour -respondió al saludo André. Bijou se acercó a él y saludó con una deliciosa sonrisa- He visto vuestro partido. Arielle y tú lo habéis hecho genial, ha sido reñido -alentó el hámster.
-Merci -agradeció en tono frío, parecía que no quería dirigir hacia ahí la conversación- Ahora tenéis que jugar vosotros contra el equipo Le Violet. No deberían ser un problema para vosotros, que ya demostrasteis en la anterior ronda que os complementáis estupendamente -sonrió levemente, pero después se puso serio- Quiero que lleguéis a la final. Arielle le da igual quién sea su rival en la final, pero yo quiero que seáis vosotros. Me encantaría medirme contigo, André... y comprobar la fuerza de la Princesa Blanca también, por supuesto -inclinó la cabeza mirando a Bijou- Tengo muchas esperanzas puestas en vosotros y el equipo Franletas. Aunque solo llevamos poco más de una semana de pruebas, me atrevo a decir que ésto se decidirá entre nosotros tres... y por éso me gustaría que dierais lo máximo de vosotros -tendió la pata a André. El hámster la agarró con fuerza.
-Nos esforzaremos al máximo, Dean -asintió André con una sonrisa y una llama de determinación brillando en sus ojos.
La fría noche parisina mecía con el viento los bigotes de los dos hámsters que paseaban por la entonces vacía Villa Olímpica.
-Es un honor que hayáis decidido invitarme a dar un paseo, Majestad -agradeció nuevamente André.
-Por favor, ahora que nadie nos oye tutéame -pidió el príncipe Arco- Ya te dije que odio toda esa parafernalia del protocolo...
-Perdona, es que me educaron así -suspiró el hámster- Supongo que soy demasiado cabezón -rió. Arco le acompañó en la risa.
-Bueno, pero me alegra disfrutar de este momento contigo. Me ha sido difícil despegarme de las doncellas -suspiró- André, ¿qué tal te ha parecido la jornada de hoy? -preguntó Arco.
-Bueno, no puedo quejarme... hoy Bijou ha sido la estrella -se sonrojó levemente- Estaba tan guapa... y muy contenta -añadió en un murmullo- He de admitir que esperaba más lucha por parte del equipo Le Violet en voleibol, y del equipo Zircon en Baloncesto... pero aún así creo que sin la ayuda de la Princesa Blanca no habría sido posible ganar ninguna de las pruebas -rió- La Princesa Blanca... me gusta cómo suena -sonrió.
-¿Estáis muy enamorados, eh? -suspiró Arco algo alicaído.
-¿Ocurre algo malo?
-No, sólo te tengo algo de envidia -esbozó una forzada sonrisa- ¿Sabes, André? Cuándo crezca y me convierta en rey, deberé escoger una reina. La tradición me obliga a escoger una de las hijas de mi tío. Y ellas son las tres doncellas que están siempre conmigo. Lejos de sentirse obligadas a casarse conmigo, las tres me aman. Y... -se sonrojó levemente- Yo las amo a ellas. Cada una de ellas es guapa a su manera, y aunque exteriormente parezcan frías y severas, en el fondo son buenas chicas. Por eso me es imposible decidirme por una de ellas... Os envidio a Bijou y a ti porque habéis sido capaces de encontrar el amor verdadero el uno en el otro. No dudáis ni tendréis que escoger, destrozando los corazones de las otras dos -suspiró.
-Bueno, Arco... aún es pronto, ¿no? -trató de animarle André- Me dijiste que hasta dentro de un par de años no serás rey, ¿verdad?
-Así es, pero...
-Entonces tienes tiempo de sobra para pensar -sonrió el hámster- Nunca ha habido otra hámster en mi vida aparte de Bijou, así que no puedo ayudarte a escoger, pero... quizá si las invitas a una cita individual acabes escogiendo a una -Arco asintió algo alicaído- ¡Y anímate! Si llega el día que seas rey y aún no te has decidido, te prometo que yo te ayudaré a escoger -sonrió.
-Gracias amigo -respondió Arco con otra sonrisa. Se encontraban cerca del final del paseo, muy próximos ya a la casa del equipo Amitié. De repente, el joven príncipe se detuvo- ¡Oh, casi lo olvidaba! -recogió el paraguas de su espalda y lo abrió. Lo sostuvo sobre su cabeza y empezó a darle vueltas. Una maceta apareció en la pata libre del hámster cubierta por un haz multicolor que desapareció segundos después.
-Tu magia me sorprende cada día más -aceptó André, incrédulo. Arco rió y le tendió la maceta.
-En esta maceta hay una semilla del Arco Iris -explicó- No necesita ningún cuidado especial excepto el amor -continuó.
-¿El amor? -preguntó André.
-Exacto. Crece con cualquier tierra, con una cantidad de agua similar a la de los girasoles, y en cualquier ecosistema. Pero no suelen exportarse del Reino Arco Iris. No obstante, uno tiene ciertos privilegios -guiñó un ojo- Así que he decidido regalaros a Bijou y a ti esta planta. Cuánto más fuerte sea vuestro amor, más rápida y fuerte crecerá.
-¿Una planta... que crece con el amor? -repitió André incrédulo. La biología no era su especialidad, pero aún así se le hacía extraño. Recogió la maceta que el futuro monarca le tendió y sonrió- Saldrá más saludable que un girasol, te lo aseguro -rió. Arco le acompañó en la risa, y continuaron el camino hacia su casa- Gracias por la planta, Majestad. ¿Seguro que no queréis que os acompañe?
-Vuelves a usar ese registro -sonrió Arco con un leve tono de reprocho- No, está bien. No tendré problemas para colarme por la ventana o algo -rió, abriendo la concha a su espalda y revoloteando un poco para el deleite de André.
-Entonces buenas noches... nos veremos mañana en las pruebas -inclinó la cabeza.
-Espero que sea entregándote una medalla de oro -deseó Arco.
Los hámsters recogían la mesa en esos momentos tras la cena. Platos y vasos vacíos se esparcían por la mesa rectangular. Esa noche habían cenado sólo los hámsters de campo, por lo que no había mucho que recoger.
Mientras retiraban el mantel, Marie encendió el televisor. Como comentó, era la hora de las noticias deportivas.
-Buenas noches, tele espectadores -saludó una voz que los hámsters conocían muy bien. Sarah sonreía a la cámara mientras el logotipo del Canal 3 brillaba en la parte inferior de la pantalla de televisión- Hoy, un día más, me dispongo a hacer un resumen de la jornada en el torneo para la selección del equipo que representará a París en los Ham-Ham Games del Reino Arco Iris -tras ella, sobre una pantalla hasta ahora blanca, apareció una tabla con la clasificación de la primera prueba- En la primera prueba de hoy, Lanzamiento de pértiga, el equipo Le Bastille se ha impuesto con una amplia diferencia al resto de participantes -un video de Dean haciendo su lanzamiento apareció en pantalla- El atleta Dean ha mostrado una gran fuerza lanzando la pértiga a la distancia de 52,4hm. En segundo lugar, Charles del equipo Franletas con una marca de 48,2hm y, pese a ser el más joven de los participantes, sorprendentemente el atleta Alexandre del equipo Amitié consiguió la tercera posición con una puntuación máxima de 47,6hm -Una lista de todos los equipos y sus marcas apareció en escena.
-Alex estaba muy contento -comentó Sandrine con una sonrisa- Realmente tiene fuerza, ¿eh? -añadió con una risilla.
-Oui, quizá deberíamos haberle dejado la prueba de Alzamiento de peso también -comentó Marie maliciosa mirando a Pierre, que desvió la mirada y carraspeó.
-En cuanto a la segunda prueba de hoy, Alzamiento de peso, el asunto iba de forzudos -rió la presentadora- Nuevamente, el equipo Le Bastille se impuso gracias al atleta Alexandre que alzó 75kh. Le siguieron Charles, del equipo Franletas con una marca de 72kh y Pierre del equipo Amitié levantando un peso de 68kh -nuevamente, una tabla apareció con todas las marcas.
-Son cosas de la edad -rió Marie- Mira que darte un tirón cuando intentaste levantar cuatro kilos más...
-N-No es mi culpa, los adultos no tenemos el cuerpo de los niños -trató de excusarse... actuando como un niño.
-Bueno, Paolo dice que estarás bien mañana. Aún así, descansa esa espalda, ¿vale? -trató de animarle André, reprimiendo con la mirada a su hermana suavemente.
-Por último, las pruebas de hoy se cerraron con una de las favoritas del Príncipe Arco -inclinó la cabeza con respeto la hámster de la televisión- En las semifinales de tenis, la atleta Avice del equipo Franletas ganó 6-3, 3-6 y 6-2 a Didier, del equipo Le Pavot, para obtener su pase a la final. De igual modo, la atleta Bijou del equipo Amitié se impuso a Blandine del equipo Le Rose con un contundente 6-2 y 6-3. Por lo tanto, los emparejamientos para la final y tercer y cuarto puesto son los siguientes -conforme hablaba, la imagen del fondo cambió a una tabla dónde se especificaba que la final sería entre Bijou y Avice, mientras que el partido por el tercer puesto sería entre Didier y Blandine.
-Hay que ver... cómo se puso Bijou... -murmuraba André, levemente sonrojado, recordando lo seria que estaba Bijou antes del partido. Tras ganar, sin embargo, se había puesto muy empalagosa y cariñosa, sin despegarse de André un segundo. “Lo hago para demostrarle que eres mio”, le explicó la hámster... vaya ideas. No hacía falta ponerse tan seria por ello. Pero, al menos pensó aún más sonrojado y con una sonrisa bobalicona, habían celebrado por todo lo alto la victoria de la hámster.
-¡Y eso es todo por hoy! Por último, recordarles a los tele espectadores que, por motivos personales, mañana el Príncipe Arco sólo podrá presenciar la prueba de Equitación, por lo que el resto han tenido que ser aplazadas. ¡Nos vemos mañana! -sonrió y se despidió, devolviendo la conexión a sus compañeros.
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Re: Bonjour a la Francia-Ham!
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Respuesta #43 :
Agosto 28, 2009, 13:47 »
Esa mañana el Club de la Francia-Ham volvía a mostrar actividad. La mayoría de los Fran-Hams habían marchado al recinto olímpico a apoyar a Sophie, que hacia mediodía tendría que participar en la prueba de equitación en el hipódromo, así que sólo André había acudido al Club.
Se encontraba en la cocina, terminando de adornar una enorme tarta. La tarta de blanca nata constaba de dos pisos circulares, el superior más pequeño que el inferior. Los bordes de la misma estaban adornados con nata de color azulado, y con una exactitud matemática, unas pequeñas flores de caramelo de color blanco adornaban el techo de ambos pisos. La cima de la tarta estaba coronada por una galleta de chocolate negro en forma de corazón con algunas palabras escritas con nata: “Joyeux anniversaire”.
André observó la tarta durante unos instantes, buscando algún defecto. No lo encontró: era simplemente perfecta. Sonrió y la metió en la nevera. Dejó el delantal encima de una silla y salió corriendo hacia casa de Bijou. Había quedado con ella para ir a animar a Sophie.
-Bonjour, mon amour -saludó André con una pequeña reverencia a Bijou. La hámster saltó a la rama dónde le esperaba su novio y le abrazó con fuerza. Bijou estaba especialmente guapa esa mañana, pensó el hámster mientras agarraba su patita y juntos caminaban por la ciudad de París. La hámster le dirigía furtivas miradas a su novio. ¿Cuándo pensaba decirlo? De repente, giraron en dirección contraria a dónde estaba el estadio.
-André, ¿dónde vamos? El estadio está por allí -comentó la hámster. Su compañero le puso un dedo en la boca.
-Es una sorpresita. Tranquila, que llegaremos a tiempo -André le guiñó un ojo y sonrió.
Continuaron caminando durante algunos minutos. A lo lejos, podían ver un carruaje blanco. Un pequeño pollito estaba amarrado al carruaje para tirar de él. Un anciano conductor le acariciaba las plumas. André se detuvo frente al carruaje y saludó con una pata al conductor.
-Es ella -anunció. Bijou le miró intrigada. Cuándo el anciano abrió la puerta del carruaje y dejó caer una alfombra roja, la hámster se llevó las manos a la boca. Por fin lo había entendido.
-Feliz cumpleaños, mon cherie -André hizo otra reverencia y la invitó a montar. La hámster saltó sobre él, le abrazó con fuerza y le besó muchas veces.
-No hacía falta, querido -comentó ya más tranquilizada.
-Todo es poco para ti -contestó el hámster con una sonrisa- Venga sube, que tenemos que llegar al hipódromo -la animó. Bijou subió con la ayuda de André, que lo hizo tras ella. Una vez ambos hámsters estaban sentados, el conductor ordenó a su pollito iniciar la marcha.
-Hoy es un día muy especial, Bijou -continuó André tras unos segundos de silencio dentro del carruaje- Quiero que sea el mejor día de tu vida -anunció exaltado.
-Mientras estés conmigo, cualquier día será el mejor, mon amour -contestó Bijou.
André rió. Besó a Bijou en la mejilla y comenzaron a hablar sobre distintos temas. No tardaron mucho en llegar hasta el hipódromo del recinto olímpico de París.
André bajó primero y volvió a extender la alfombra para Bijou. La hámster bajó sonrojada, frente a la mirada atónita de decenas de turistas que habían acudido a ver la prueba.
-Tienes ideas de bombero -rió la hámster cuándo bajó. André le sonrió y despidió al chófer, que se marchó de allí mientras los dos hámsters se dirigían a los vestuarios.
-¡Feliz cumpleaños, Bijou! -le desearon a la vez todos los hámsters cuando entró en el vestuario del equipo Amitié. Allí estaban todos sus amigos, con una sonrisa en la cara, aplaudiendo. Entró seguida de André, que saludó a todos y se acercó a Sophie.
-Hermanita, ¿estás preparada? -preguntó. Sophie vestía con una chaqueta negra cerrada con botones, unas coderas azul oscuro y un casco del mismo color. Era la indumentaria necesaria para practicar equitación, ya que siempre existía la posibilidad de que el pollito se encabritara y saliera disparado su jinete.
-¡Por supuesto! -contestó llena de energía- Hoy voy a ganar para ti, Bijou -anunció. Su amiga le dirigió una sonrisa de agradecimiento- ¡Estoy impaciente! -exclamó.
-Buenos días espectadores un día más a las pruebas de selección del equipo que nos representará en los Ham-Ham Games del Reino Arco Iris. Hoy es un día muy importante para los integrantes del equipo Amitié, ya que hoy es el cumpleaños de nada más y nada menos que la Princesa Blanca, ¡Bijou! Desde aquí felicitar a la atleta y desearle un feliz cumpleaños -tras las palabras del comentarista, el estadio estalló en aplausos y felicitaciones. Bijou, que esperaba junto al resto de Fran-Hams en el palco del equipo, bajó la cabeza avergonzada. Los demás rieron.
-Respecto a la prueba de hoy -cambió de tema el otro comentarista- Nos encontramos frente a una prueba decisiva. Nos encontramos en el ecuador de las eliminatorias, y hay tres equipos sobresalientes que luchan por el primer puesto: el equipo Amitié, el equipo Le Bastille y el equipo Franletas. La prueba de hoy consiste en una carrera de obstáculos en las que los jinetes deberán demostrar su dominio de la equitación. Contarán con treinta y cinco segundos para completar el recorrido, y cada segundo de más que necesiten les será penalizado. Además, habrá una penalización de tres segundos por cada falta cometida. La primera en participar será la atleta del equipo Amitié Sophie. ¡Buena suerte!
La frase llegó a los oídos de Sophie, que montó en su pollito decidida. El árbitro alzó la pistola de aire comprimido y disparó. La hámster azuzó a su montura, que avanzó rápidamente por el camino. Pronto se toparon con el primer obstáculo. Tiró de las riendas y el pollito pegó un salto, pasando por encima de las dos varas verticales que suponían el primer obstáculo. Continuó caminando, cada vez más rápido, saltando pequeños obstáculos. El pollito tiró la tercera vara horizontal cerca de la ronda final, lo que hizo a Sophie sufrir una penalización. Aún así, la hámster y su montura se esforzaron, y saltaron sin problema el último obstáculo: un muro de dos centímetros de altura con un charco de agua a continuación.
Terminó pues el circuito, con una marca de 37 segundos y una penalización. Sophie bajó de su montura y le ofreció un cuenco de alpiste mientras le acariciaba: se había portado realmente bien.
-¿He estado bien? -preguntó la hámster cuándo subió al palco con sus amigos.
-Has estado perfecta -alabó su hermano. Los demás asintieron.
-¡Veremos qué tal lo hace Avice! -exclamó Marie. La novia de Lionel era la siguiente en participar. Era la elegida por el equipo Franletas para ésta prueba.
-Y el primer puesto de la prueba de equitación es para... ¡Sophie, del equipo Fran-Hams, con sólo 5 puntos! -el estadio estalló en vítores mientras Sophie subía al podio. Avice y un miembro del equipo Garnet también subieron, en segundo y tercer lugar respectivamente. El Príncipe Arco colgó en cada hámster la medalla correspondiente. Sophie agarró su medalla de oro, la miró, y señaló a Bijou.
-¡Esto es para ti, Bijou! -gritó, aún sabiendo que era muy posible que no la oyera. Pero, a juzgar por la sonrisa que le dirigió, sí lo oyó.
-¡Salud! -todos los hámsters volvieron a brindar. Pierre y Sandrine bebían vino, mientras el resto tomaba zumo de naranja. Rieron y miraron a las dos protagonistas del día: Bijou y Sophie.
-Merci por todos estos regalos chicos -comentó Bijou mirando la montaña de regalos de sus amigos: Marie le había regalado un provocador traje de noche, Pierre y Sandrine le habían comprado unas cuantas joyas, los gemelos un libro, Lucette un set de maquillaje y Sebas un sombrero con un adorno de girasol.
-Aún falta el mio -recordó André. Bijou le miró emocionada, no le cabía duda que André habría removido cielo y tierra para buscar su regalo- Pero ahora no te lo daré -le dijo con un guiño- ¡Primero la tarta!
-¡Sí, la tarta, la tarta! -corearon Sophie, los gemelos y Sebastién con aire jovial. André se levantó de su asiento y fue a la cocina a por la tarta. Pocos segundos después, salía con una enorme tarta en los brazos con un par de velas encendidas en la cima. Bijou la miró estupefacta. ¡Era preciosa!
-¡André! -exclamó la hámster, abrazándose a su novio en cuanto éste dejó la tarta en la mesa.
-¿Qué, no te gusta? -preguntó de broma André. Bijou negó con la cabeza e hizo fuerza sobre él, haciéndole perder el equilibrio y tirándole al suelo junto a ella.
-Je t'aime... -murmuró la hámster, besándole. Se levantaron y André se sonrojó.
-Hoy estás más cariñosa de lo habitual -comentó.
-Es porque hoy es un día muy especial -le guiñó un ojo.
-¡Queremos tarta! -exclamaron los gemelos. André cogió el cuchillo y les amenazó bromeando.
-Pide un deseo, querida -le pidió André. Bijou asintió, se acercó a la tarta y cerró los ojos. Pensó en su deseo... y sopló las velas. Todos aplaudieron y la felicitaron nuevamente.
-¿Qué has pedido? -preguntó inocentón Sebas.
-Secreto -le contestó Bijou llevándose un dedo a la boca. André la abrazó por detrás y le pidió que cerrase los ojos. Bijou sintió que algo que apenas pesaba se posaba en sus manos.
-Puedes abrirlos -le conminó André.
-¡Vaya! -una caja. Recubierta con papel estrellado y un lazo azul. Los Fran-Hams la invitaron a abrirla. Ella lo hizo lo más rápido que pudo tratando de dañar lo mínimo posible el papel. Pronto se dejó ver lo que aquella caja guardaba: unos maravillosos lazos de color azul cubiertos por pequeñas piedras preciosas, presumiblemente diamantes. Bijou los recogió y los miró con ojos brillantes. Pero pronto sus ojos se empañaron y algunas lágrimas cayeron por su rostro. André las secó con su patita y miró a su novia con ojos tristes.
-¿No te gusta? -preguntó alicaído.
-No digas tonterías... son perfectos... -Bijou dejó los lazos con cuidado en la caja y abrazó a André- Es sólo... que estoy muy feliz. Os habéis tomado todos muchas molestias por mi... y eso me hace muy feliz. Tengo los mejores amigos del mundo -sonrió.
-Te mereces ésto y más, Bijou -André la besó en la frente- ¡Y ahora vamos a comer tarta! -sugirió con énfasis. Bijou asintió y el resto de Fran-Hams lo celebraron. La tarta realmente tenía buena pinta.
-Aquí -dijo Bijou con la galleta de chocolate en la pata. André la miró y la hámster metió la mitad en su boca. Se acercó, y mordió la otra mitad mientras le besaba.
-Tenías que habértela comido entera tú, Bijou -le comentó André después, sonrojado.
-Ya, pero así estaba más rica -le guiñó un ojo.
Y la fiesta continuó. Los Fran-Hams charraban animadamente, la pareja mostraba su afecto y todos eran felices. Porque ese día era muy especial. Era el cumpleaños de una de sus amigas. Era el cumpleaños de Bijou.
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Re: Bonjour a la Francia-Ham!
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Respuesta #44 :
Septiembre 25, 2009, 11:08 »
El Sol se filtró por la persiana echada del segundo piso de aquella vivienda de la Villa Olímpica. En la cama de aquél cuarto, la pareja sintió los calientes rayos del Sol y se levantaron abrazados por su fulgor. Pese a que al principio ambos se sonrieron recordando la noche anterior, deseándose buenos días con una mirada rebosante de afecto, rápidamente el hámster naranja cayó en la cuenta.
-¡Bijou, tienes que volver a casa! -exclamó, lanzando la manta con fuerza hacia la base de la cama y saltando de la misma rápidamente, apremiando a su compañera. Ésta, mientras reía, se levantó algo más calmada. André la apremió desde la puerta del cuarto, el pelo alborotado, algunas legañas en los ojos.
-Bueno, bueno... pero antes será mejor que te pongas presentable -comentó, bostezando. A ella también le afectaba la falta de sueño. Pero, pensó sonriendo, había merecido la pena haberse acostado tan tarde. André volvió a apremiarla y, alargando un dulce “Sí”, le siguió hacia el pasillo. Tratando de hacer el menor ruido posible, salieron del cuarto.
Tampoco era tan tarde, trató de calmar a su novio Bijou. El resto de Fran-Hams aún dormían, y el Sol acababa de salir. Aún tenían tiempo. Caminaron por el pasillo en sigilo, tratando de hacer el menor ruido posible. El cuarto de André era el primero empezando por la izquierda, y la escalera que comunicaba los dos pisos se encontraba a la mitad del largo pasillo, entre el cuarto de Sophie y Marie, por lo que tenían que recorrer cierta distancia. Pero ya estaban acostumbrados de las noches que Bijou pasaba en el Club de la Francia-Ham, así que sortearon el tramo sin llamar la atención.
Bajaron las escaleras y entraron en el aseo de la derecha. Se asearon con agua caliente antes de salir.
-¿Segura que no quieres desayunar algo antes? -preguntó André.
-¿No eras tú el que decía que teníamos que darnos prisa? -rebatió divertida Bijou- No te preocupes, María me dejará un cuenco de pipas de girasol así que cogeré algunas -la hámster sabía que con esas palabras hería de algún modo el alma cocinera de André, así que rápidamente se apresuró a añadir- Pero cuando venga, me tendrás que preparar uno de tus “desayunos de atleta”. Aunque hoy no haya pruebas, ¡vamos a gastar un montón de energía! -rió.
-Tienes razón -sonrió el hámster, realizando una reverencia- Partimos pues, ¿Princesa Blanca?
El restaurante familiar nunca había estado tan abarrotado. Y todo lo debían al grupo de hámster que ocupaban el fondo derecho de la sala, en una larga mesa circular. Esos hámsters proporcionaban una esplendida publicidad que los gerentes apreciaban, y se frotaban las patas.
En aquella mesa, repleta de manjares, bullía gran parte de la actividad de la sala. Los miembros de los equipos Amitié y Franletas se mezclaban a lo largo de la mesa.
Pero la reunión de hámsters era extraña. Normalmente, cualquiera esperaba que los dos grupos se mostraran reacios a entablar conversación el uno con el otro, pero no era el caso. André y Bijou hablaban animadamente con Lionel, mientras su novia Avice charlaba con Marie, que no paraban de reír y chinchar a Cachet, que se sentó entre los dos gemelos y coqueteaba con ellos. Los dos hermanos, entrecortados, trataban de seguir el juego de manera educada a la hámster. Por su parte, Pierre y Sandrine mantenían con Charles un interesante debate sobre temas de actualidad mientras disfrutaban de una copa de vino rosado, seleccionada por el miembro del equipo Franletas. Por último, aunque Lucette, Sebas y Sophie habían tratado de entablar una amistosa conversación con Annete, la hámster color vainilla no había abierto la boca y, de hecho, siquiera les dirigía la mirada. Cuando Avice les indicó que no iban a tener éxito al intentar hablar con ella, la hámster enarcó las cejas, cómo si estuviera molesta. Recogió su copa y bebió, aunque a Sophie le parecía que algunas ondas hacían mover el zumo de uva... cómo si hubiera ahogado las palabras. El trío se encogió de hombros y se unieron a las diversas conversaciones.
-Realmente ha sido una gran idea que nos invitaras a comer juntos, Lionel -apreció André continuando la conversación, con una sonrisa mientras levantaba su copa de zumo de naranja.
-En realidad todo ha sido idea de Avice -comentó, la hámster apoyándose sobre su hombro al sentir su nombre- Decía que quería pasar un rato divertido junto al equipo Amitié y no pude decirle que no.
-Pero a ti también te agrada la idea, ¿a que sí? -comentó Bijou.
-Bueno... -aceptó el hámster, desviando la mirada y rascándose la mejilla- Comer solo siempre es un rollo...
-Oye Lio, ¿no les ibas a decir una cosita? -recordó Avice, haciéndose la inocente. André recordó el incidente de un par de días atrás, pero decidió esconderlo en su memoria cuando la rubia hámster le dirigió una sonrisa sincera. El líder del equipo Franletas exclamó.
-¡Cierto! -carraspeó, tratando de atraer la atención de los comensales. Como la mayoría no hizo caso, André le ayudó llamando la atención de su equipo. Finalmente, todas las miradas se dirigieron hacia el hámster, que volvió a carraspear, esta vez para aclarar su garganta- Lo primero... es que me alegro mucho de poder mantener con todos vosotros una comida tan amena y divertida -aseguró, dirigiéndose básicamente al equipo Amitié- Esta competición está siendo muy divertida, todos nos estamos esforzando al máximo, y ante todo nos lo estamos pasando bien, que es la principal razón por la que estamos aquí -sonrió- Realmente sois un grupo bastante interesante, y no nos está siendo nada fácil sacaros ventaja, lo cuál hace que ésto sea aún más entretenido -su sonrisa pícara desapareció, volviéndose su rostro más serio, esta vez sus ojos también miraron a su propio equipo- Pero... supongo que ya lo habréis visto, los miembros de los equipos Jardín no nos lo ponen nada fácil tampoco. Es por eso por lo que debéis esforzaros todos al máximo e impedir que ellos ganen. Éso sólo destrozaría el deporte francés, ya que sería monopolizado por ése grupo -calló un segundo, la atmósfera se había vuelto sombría dada la magnitud de sus palabras- Vosotros quizá sólo estáis aquí para pasarlo bien... pero mi sueño es ser un deportista de élite, reconocido por todo el mundo. Por éso no puedo permitir que ellos se alcen con la victoria -sonrió nuevamente y levantó la copa, riendo- ¡Así que, gane quien gane, nos esforzaremos al máximo para dejar el listón de Francia bien alto! -concluyó. André sonrió y alzó su propia copa.
-¡Tienes razón! A por la victoria -exclamó, coreado por el resto de hámsters.
-He oído que habéis comido junto al equipo Franletas -comentó el hámster ataviado con ese curioso pijama azul tras dar un sorbo a la copa de té que sus doncellas le habían servido- Me alegra que hayáis hecho tan buenas migas. Lo importante en esta competición es hacer cuántos más amigos, mejor -aseguró sonriendo.
-Gracias, Majestad -agradeció André, sentado frente a él en una silla frente a la mesa del salón oeste de su villa. El resto de Fran-Hams se sentaban a su alrededor, todos en respetuoso silencio debido a la presencia del futuro rey- Pero los halagos deberían ir para el equipo Franletas. Al fin y al cabo, fueron ellos los que nos invitaron -rebatió.
-Para que una amistad germine, ambos deben poner de su parte. Mañana hablaré con el equipo Franletas después de las pruebas -comentó el Príncipe Arco con una sonrisa de tranquilidad- Estáis haciendo un gran esfuerzo en éstas pruebas y, además, os divertís, que es lo más importante. Estoy muy satisfecho. Disculpadme, queridas, ¿pero podríais traer un poco más de té? -comentó de repente, cambiando de tema drásticamente y dirigiéndose a sus doncellas, de pie tras él. Éstas asintieron arqueando sus cabezas y, sin abrir la boca, desaparecieron por la puerta. Bijou ahogó una risa, las hámsters habían salido atropelladas para cumplir la orden de su querido monarca.
Una vez las pisadas de las hámsters se perdieron en el largo pasillo de la villa, Arco dejó caer los hombros, se recostó levemente en la silla y bufó mientras cerraba los ojos, agotado. Los hámsters se sorprendieron debido a este rápido cambio de comportamiento, pero André lo comprendió. Aún así, no pudo evitar reprimirle suavemente.
-Majestad, no deberíais comportaros así -comentó con una suave sonrisa. Arco le miró entreabriendo un ojo y rió, reincorporándose de un pequeño bote.
-¡Tienes razón! -exclamó el hámster del Arco Iris- Pero ya sabes lo mucho que me cansa el protocolo... -suspiró- Si las chicas me ven así, me volverán a regañar... y ellas no son tan suaves como tú cuando se enfadan -recordó, volviendo a suspirar- Pero... realmente a veces me gustaría poder ser como quiero ser soy al menos frente a ellas. Os envidio mucho, Fran-Hams -les llamó por su club, no por su equipo- Algún día, volveré a veros y pasaremos un par de días divertidos todos juntos, ¿de acuerdo? -preguntó. Los Fran-Hams asintieron con una sonrisa, André hablando por todos ellos.
-Es una promesa, Arco -aseguró- Pero ahora, oigo pisadas. Será mejor que dejemos esta conversación para otro momento -comentó el hámster naranja con una suave sonrisa de conciliación, como quien habla con un niño al que acaba de prometer algo para que detenga su llanto.
El viento parisino pasó a través de la pequeña rejilla de la ventana que el hámster acaba de abrir. Era un viento helado que meció sus bigotes y limpió sus pulmones. Terminó de abrir la ventana corredera con fuerza, obteniendo acceso al balcón compartido de la villa. La Luna le saludó con su fulgor plateado, que ayudaba a los dos focos del balcón a alumbrar el pasillo exterior. Aquella noche no había una nube en el cielo.
-Deberíais estar durmiendo -comentó el hámster acercándose a la barandilla mirando directamente a la Luna. Todavía sentía cierto resquemor recordando lo acontecido en la fiesta de inauguración... pero entonces pensaba en que, si caía, Arco volvería a salvarlo seguro, así que se tranquilizó. A su derecha, a la altura de sus cuartos, sus hermanas y el matrimonio charlaban animadamente.
-Preferíamos esperar hasta que volvieras de tu cita con Bijou -comentó Marie, tratando de excusarse- Vosotros también teníais que haber vuelto antes, mañana tenemos pruebas -le reprimió suavemente, tomando la iniciativa. André suspiró, y la hámster comprobó cómo los ojos del hámster se perdían en la contemplación de la Luna. Se podría decir que incluso el fulgor de sus rayos plateados se reflejaba en sus pupilas marrones.
-Tienes razón -comentó algo distante- Pero bueno, teníamos muchas cosas de las que hablar -se sonrojó sin motivo aparente y esbozó una sonrisa- Con vosotros también quiero hablar... -calló un segundo, el grupo observó a su líder esperando sus palabras- Hoy hemos hablado con Lionel, y también con Su Majestad... Y ambos nos han dicho lo mismo: que, pese a que debemos pasarlo bien, también nos debemos esforzar al máximo. No me importa si ganamos o no... pero al menos sí que me gustaría quedar en una buena posición. Quiero demostrarle a Lionel, y también a Su Majestad, que somos dignos de lo que piensan de nosotros. Es... muy importante para mi, chicos. Esta pequeña aventura en la que nos hemos visto envueltos es mucho más importante a nivel internacional de lo que pensamos, y estoy seguro de que nos aguardan muchos momentos divertidos -dejó de mirar la Luna y observó a sus amigos, a los que sonrió. Éstos, en los ojos del hámster, observaron la luz del Sol brillar con fuerza- Y ahora a dormir -ordenó bostezando.
Los hámsters no salían de su asombro. Según el panfleto que se les había entregado al comienzo de la competición con los lugares dónde se celebrarían las pruebas, la de Salto de Trampolín, la primera de ese día, se celebraría en una piscina “de características especiales en las que no era requerida la habilidad de nadar” en una piscina vacía paralela a la que se usó para la prueba de natación 100hm. André la observó entonces curioso, no pretenderían que los hámsters saltaran a la piscina vacía desde el trampolín, ¿verdad? Rió ante la absurda idea, y rápidamente se concentró en su prueba.
Pero ahora había vuelto a aquél recinto cubierto dónde se encontraba la piscina olímpica y, a su lado, la extraña piscina vacía... cubierta ahora por una esponjosa y blanca superficie fluctuante. Una enorme máquina de diseño extraño conectaba con la piscina mediante un tubo, y una serie de hámsters muy similares entre ellos de un pelaje azul oscuro la supervisaban. Se aseguraría de preguntar a Arco por ello después, pero ahora necesitaba saber qué era esa piscina.
-¡Una piscina de nubes! -le respondió con una sonrisa inocente su hermana Sophie- ¡Sebas, vas a nadar entre nubes! -le aseguró. El pequeño hámster de pelaje blanquecino asintió incrédulo, pero realmente emocionado. Había cambiado ya su gorro con los colores de la bandera francesa por otro completamente rojo, destinado para sumergirse sobre el agua. Sólo que ésta vez no era agua sobre dónde caería.
-Un momento... éso no es lógico -increpó André, enarcando las cejas. Se acercó a la piscina y la observó detenidamente. Incluso, introdujo una pata dentro. Sintió... cómo si atravesara una nube. Estaba blando, pero parecía consistente. Levantó la pata y extrajo un poco de esa sustancia blanca y esponjosa. La olisqueó... no olía a nada. Después de éso, trató de darle un mordisco, pero se deshizo en su boca, convirtiéndose en agua. Uno de los hámsters de color azul oscuro le observó y se dirigió hacia su posición.
-¿Ocurre algo, señor? -preguntó. Su voz sonaba... falta de sentimiento. Cómo la de un robot.
-Sí, quisiera saber qué es ésto -señaló a la piscina.
-Es una piscina de nubes, traída directamente desde el Reino Arco Iris dadas las directrices del Príncipe Arco -respondió sin dudar.
-¿Cómo pretende que crea que un hámster puede nadar en una piscina de nubes? -increpó André, incrédulo. Esas cosas realmente le sacaban de sus casillas.
-La densidad de las nubes ha sido ajustada para dar la sensación de encontrarse en el agua, pero omitiendo la gravedad. Por ello, los hámsters pueden nadar, pero no bucear. No hay nada de qué preocuparse, los saltadores caerán sobre la piscina y “rebotarán” hasta su superficie -aseguró. Parecía que no era el primero que lo preguntaba.
-Está bien, André -se interpuso entonces Sebastièn, al observar que su líder comenzaba a perder los estribos y su próxima réplica no sería tan educada- Se supone que ésto lo ha preparado el Príncipe Arco, ¿no? Entonces no hay de qué preocuparse.
-Supongo que tienes razón -se resignó el hámster. Después de ver a Arco volar, esto no debería sorprenderlo lo más mínimo.
-¡Jo, yo también quiero probar! -se quejó Sophie, inocente. Marie y Lucette también comentaron que desearían darle una oportunidad, mientras Bijou y los gemelos fueron más atrevidos y directamente metieron las patas en la mullida piscina.
-¡Ey, comportaos! -les amonestó André- Vamos a los vestuarios, dejad de comportaros como niños -comentó desesperado. En esos momentos, todo el mundo se había acercado y jugaba con las nubes. Incluso Sandrine sumergía levemente a sus niños uno a uno para luego obsequiarles con una pizca de aquella mágica piscina, que desaparecía entre sus patas o en su boca. Suspiró y decidió unirse a ellos.
Chof. Ese fue el seco sonido del pequeño hámster cayendo en plancha sobre la piscina. André se había levantado de su asiento, y estaba dispuesto a correr en su auxilio, pero para su sorpresa observó cómo, tal y cómo le habían relatado, el hámster flotó nuevamente a la superficie. Sebas daba la espalda a sus compañeros, mostrando su grisáceo lomo. Trataba de estirar su gorra para tapar la vergüenza que sentía, y las lágrimas que afloraban de sus ojos.
-Soy un cobarde -se repetía el hámster, observando de lejos cómo Cachet aceptaba con honor la medalla de oro que Su Majestad colgaba en su cuello. Después iría Arielle, del equipo Le Bastille, y por último Florence, una pequeña hámster negra del equipo Le Pavot. Él siquiera había sido capaz de hacer un movimiento, había caído en plancha sobre la piscina... - No pude superar el miedo y os he fallado... lo siento.
-No digas eso -comentó Bijou, tratando de animarle. Observó por el rabillo del ojo a su amado. El hámster se mantenía alejado, callado y con los brazos cruzados. No había dirigido la palabra a Sebas en todo el tiempo- Sólo has tenido un poco de mala suerte, la próxima vez saldrá mejor, ya lo verás.
-Bijou, deberías ir a prepararte para tu prueba -comentó André secamente- Fran-Hams, acompañadla por favor -pidió a sus amigos. Todos se dirigieron unas dudosas miradas, pero finalmente, reticentes, aceptaron la orden de su líder.
Finalmente, el pequeño hámster y André se quedaron solos. A su alrededor, los espectadores abandonaban el espacio cubierto, y el resto de equipos charlaban con sus compañeros participantes, o ya se habían marchado a preparar la siguiente prueba. Pero ellos no existían en este momento para los dos hámsters.
-¿Qué vas a decirme? ¿Que soy un inútil? Ya lo sé -le espetó Sebas a su compañero, sin siquiera mirarle a los ojos. Desviaba la mirada, inseguro. André se acercó lentamente, pero firme. Sin decir nada. Sebas se preparó para recibir un capón o algún otro castigo... pero lo único que tocó su cabeza fue la pata de André, que suavemente le acarició.
-Nada de éso, Sebas. Lo has hecho muy bien. Quizá no hayas sido capaz de superar tu miedo... pero al final saltaste. Y eso ya dice mucho de ti. Sólo necesitas un poco más de confianza en ti mismo. No quiero volver a oírte decir que eres un inútil -sonrió al pequeño hámster, que le miró directo a los ojos- Eres muy valiente, pequeño Sebastièn. No dejes que un pequeño desliz tire por la borda todo tu duro trabajo, ¿vale? -esbozó una amplia sonrisa, mostrando sus dientes. Sebas asintió y rió.
-¡Eres muy ñoño! -exclamó.
El partido se estaba alargando, comentaban los periodistas en el palco. Al ser una final, decían, se jugaba a cinco sets, pero aún así el partido estaba tan reñido que tras cerca de dos horas daba pena pensar que se acercaba a su final.
La pista de tierra parecía un campo de batalla. El impacto de las bolas creaba surcos aquí y allá, y las continuas fintas y rápidos giros de las competidoras contribuían al desgaste del terreno.
Avice había ganado el saque en el anterior juego. La hámster comprobó rápidamente el marcador electrónico: 6-4, 4-6, 2-6 y 6-3. Quién ganara este set ganaría el partido. Para su fortuna, el set vigente se contabilizaba con un 5-4 a favor suyo. Esbozó una sonrisa y descartó dos de las pelotas que le habían lanzado. Golpeó suavemente su muslo con la raqueta y se preparó para el saque. Este juego sería el último.
Por su parte, la Princesa Blanca de los Fran-Hams también tomó posiciones. Suspiró: había bajado la guardia tras ganar el segundo y tercer set con una gran diferencia y le estaba costando recuperar el ritmo. Pero estaba siendo muy divertido, sonrió. Miró con el rabillo del ojo a sus compañeros, que la animaban en silencio desde las butacas, en primera fila. André parecía haberse relajado un poco al verla sonreír. Se conminó a si misma a mantener esa sonrisa.
Y así comenzó el juego. El saque de Avice fue rápido, pero pudo contrarrestarlo sin muchos problemas. ¡No se rendiría! Forzaría un cambio de saque y tomaría la delantera. Con un poderoso revés, arrebató el punto a Avice. Pero la hámster rubia no se dejaría vencer fácilmente, y ponía las cosas difíciles a la Princesa Blanca. Bijou se mordió el labio inferior, no había conseguido llegar a esa bola baja.
El juego avanzó, y la tensión no podía mantenerse más alta. Habían alcanzado 40 iguales. Los comentaristas estaban en silencio, los espectadores también. Nadie se atrevía a quebrar la concentración de las dos hámsters que estaban dando todo en el campo de juego.
Se oyó el gruñido de Avice, que había lanzado con fuerza la pelota tratando de ganar la ventaja. Pero Bijou corrió y consiguió desviarla. La participante del equipo Franletas volvió a atacar, pero fue un ataque flojo, pobre. Bijou sabía que no le costaría llegar a la pelota.
Pero algo no iba bien. De repente, la blanca hámster se detuvo por completo y enarcó las cejas, cerrando los ojos y apretando los dientes, tratando de aguantar el dolor. André se levantó de su asiento, alarmado, mientras la pelota se perdía y Avice obtenía la ventaja. Incluso la propia atleta, lejos de mostrarse alegre por obtener punto de partido, se acercó a la red preocupada.
Bijou se incorporó lentamente mientras tocaba con la pata libre su pie derecho. Al parecer había sufrido un tirón. Dio un par de saltos y comentó al juez de línea y a Avice que podía continuar. Luego, dirigió una sonrisa tranquilizadora a los Fran-Hams, que trataban de evitar que André saltara sobre la pista. No había una gran altura, pero éso supondría su expulsión del recinto. El hámster se calmó tras mantener una silenciosa y rápida conversación con Bijou, sólo con la mirada. La hámster soltó una risilla, André le rogaba que no se esforzara más de la cuenta.
Volvió a su posición en la pista. Se amonestó por haberle fallado la pierna en ese momento. Desde hacía un rato, le dolía, pero había sido capaz de aguantar. No volvería a pasar.
Avice lanzó la, esperaba, última bola del partido. Ella también estaba muy cansada... pediría a Lionel que la dejaran en la defensa durante la primera mitad del partido de fútbol. Volvió a concentrarse, por desviarse del partido casi dejó pasar la bola.
La devolvió con fuerza, y Bijou contrarrestó con aún más energía. No pensaba perder, no ahora. Pero con tanta fuerza, el golpe salió con poco efecto, era fácil de controlar por Avice. La hámster rubia esbozó una sonrisa y devolvió con fuerza la pelota regalada por Bijou. La blanca hámster llegó por los pelos, pero consiguió devolverla con un revés dirigido a la zona izquierda de la pista. Avice no llegaría a la pelota.
Efectivamente, la pelota pasó por la zona izquierda, pisando la linea, y la atleta del equipo Franletas fue incapaz de llegar.. Incluso los más expertos serían incapaces de decir sin haber estado allí si la pelota había salido fuera o no.
Se hizo el silencio mientras el juez de línea deliberaba. Llamó a varios recoge pelotas, que dieron su opinión. Finalmente uno de ellos se acercó a la zona dónde había impactado la pelota y la examinó. Levantó la cabeza y realizó un significativo gesto con los brazos.
-¡Out! Juego, set y partido para la atleta Avice, del equipo Franletas -anunció el juez de línea. Bijou suspiró. Avice agachó la cabeza... no era la victoria que esperaba.
Las dos hámsters se acercaron a la red y se dieron las patas. Entre ellas, no existía resquemor. Ambas habían hecho un impresionante partido, y se habían divertido, y eso era lo que importaba.
-Muy buen jugado. ¿Está bien tu pierna? -se interesó Avice.
-Oui, merci -respondió la hámster blanca con una sonrisa- Ha sido divertido, ¿eh? -rió. No harían mención al último punto. Se habían esforzado mucho durante todo el partido, así que no había nada que lastimar. Observó a sus amigos y les dirigió una mirada de disculpa. Pero en esos momentos echó a reír, al observar cómo evitaban que André saltara nuevamente al campo.
-¡Uy! -exclamó el Príncipe Arco, saltando de su asiento en el palco del estadio. Disfrutaba con el partido de fútbol. El equipo Amitié se enfrentaba al equipo Le Pavot en un partido que estaba siendo muy reñido. André era un estupendo delantero y, aunque no había tardado mucho en adelantar al equipo Amitié, el equipo Le Pavot le había devuelto el tanto al cabo de unos minutos, y desde entonces las ocasiones de gol se sucedían de un lado y otro. Había empezado ya la segunda parte, y el partido continuaba con la misma intensidad. Ninguno parecía dispuesto a doblegarse- ¡Eh, arbitro! ¿No has visto esa mano? -gritó Arco molesto. Las doncellas carraspearon molestas.
-Majestad, os recomiendo no mostraros tan a favor de un equipo, podría molestar al resto de participantes -comentó la más pequeña de las doncellas, que vestía un traje amarillo. Odiaba tener que amonestar a su querido Rey, pero no le quedaba otra opción.
-Sólo disfruto de la competición -rebatió Arco- Además, animo a ambos equipos por igual. Este deporte es muy divertido. Ya sabéis que me aficioné durante las pruebas en España, allí lo hicieron realmente bien, ¿no? Aunque aquí en Francia no se quedan cortos. ¡Realmente la Tierra es un lugar impresionante y muy divertido! -exclamó extasiado.
-Majestad, por favor -le recriminó esta vez la segunda en estatura que vestía de rojo- Os recuerdo que estáis aquí como representante del Reino Arco Iris. Debéis comportaros como tal, por el bien de vuestro Reino -odiaba hacer ésto.
-Pero chicas... a vosotros también os gusta, ¿verdad? En el Reino Arco Iris, la lluvia no es cómo la de Suiza, y el Sol tampoco brilla con la intensidad que lo hace en España, ¿a qué no? Además, los hámsters de la Tierra son tan variados, y tienen unos acentos tan divertidos... -suspiró- El Reino Arco Iris es un paraíso para ellos, pero... ¡Gol! ¡Gooool! -exclamó el monarca, uniéndose a la celebración del resto del estadio. En ese instante, de un fuerte derechazo, Alex había perforado la portería que defendía Didier, y lo celebraba junto al resto de su equipo- ¡Así se juega, Amitié!
-Majestad, os ruego que os calméis -habló entonces la más alta de las doncellas, embutida en un traje verde- Comprendemos vuestra alegría por el buen desarrollo del partido, pero pensad que el equipo Amitié se está enfrentando al equipo Le Pavot, perteneciente a la organización Jardin, con la que ya tuvimos discrepancias por la forma de selección de los equipos. Le ruego cautela -la hámster parecía menos severa que las otras dos.
-Está bien, chicas... intentaré controlarme... -suspiró- Pero a cambio, quiero que me tuteéis cuándo estemos a solas, ¿vale? -sonrió.
-Eso no es posible -respondieron las tres al unísono.
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