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Mayo 24, 2012, 12:53
Atomic  |  Zona Creativa  |  Gran Biblioteca (Moderador: Líam)  |  Tema: LosCuatro Jinetes [Fic] (Basado en El lazo del Pendulo) Búsqueda Avanzada
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Tema: LosCuatro Jinetes [Fic] (Basado en El lazo del Pendulo)  (Leído 614 veces)
Breaker_Blaziken

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« : Julio 06, 2006, 15:32 »


ESTE NO ES EL CAPITULO 1 REAL, EL REAL EN EL SIGUIENTE POST ^^

“Y cuando abrió el séptimo sello todo quedo en silencio...”


Los cuatro jinetes:
[/color]


Capitulo 1:

La tensión era de tal envergadura que se podía cortar con un cuchillo, y no era para menos, frente a frente se encontraban dos de los más poderosos guerreros de la dimensión. El escenario, la sala del trono de un majestuoso (por no decir gigantesco) palacio. En lugar de los típicos tonos claros de estas estancias de índole renacentista, allí todo estaba dominado por dos colores. El negro y el rojo. No era para menos viendo la situación del edificio, el infierno. La edificación se encontraba rodeada de un paisaje rocoso. El cielo (por llamarlo de algún modo) era roca incandescente que emitía el tono carmín que cubría toda la zona. Un gran foso de lava rodeaba el castillo.

En el interior uno de los “hombres” se encontraba repantinflado cómodamente en el trono. Su pelo era de una claridad cercana al oro. Sus ojos tenían las iris como la sangre (rojo carmín). Su rostro era de gran belleza, tanto que provocaba el mismo miedo que admiración. Sus ropajes eran difícilmente descriptibles, aunque cabía destacar su capa de mismo color que sus ya mencionados ojos. Frente a el había otro chico que no aparentaba mucha mas edad. Era más alto y su complexión más robusta (aunque era difícilmente apreciable por sus ropas). Su pelo, del color de las sombras, era corto. Vestía completamente de negro, incluyendo su capa. Sus ojos tenían un tono anaranjado. Este último por fin inició la conversación:

-   Sabes por que estoy aquí. ¿Verdad?
-   Esta claro...- El chaval sonrió
-   No seas tan prepotente, aunque... con todo lo que has hecho se te pueda permitir... La verdad es que desde que entraste en la guerra todo han sido sorpresas.
-   ¿Qué esperabas? Yo soy el mejor de todos los infectos seres de este mundo.
-   ¿Y tus hermanos
-   No han sido tan divertidos como esperaba.- Comento interrumpiendo al guerrero de negro.
-   ¿Perdón?
-   En términos para que lo comprendas.- Una espada apareció en la mano del locutor con el filo manchado de sangre.- No supusieron demasiada dificultad. La verdad, no merecían el termino de hermanos.- Con cuidado lamió el filo de la espada limpiando el liquido que quedaba en esta.
-   ¡Por Belcebú! Pero si eran tus únicos aliados en esta contienda
-   Me basto yo solo. A fin de cuentas mi padre es débil, al igual que ellos.
-   No deberías subestimarle
-   ¿A mi padre? Por favor. Ni siquiera merece llamarme hijo. Ente tu y yo, eres la única persona a la que puedo llamar familia sin sentir vergüenza.
-   ¿Y por que yo?
-   Porque aun perteneciendo a la raza de los diablos, y siendo siervo del mal, sigues luchando aunque este todo perdido. Tienes algo llamado valor y honor que ninguno de los otros conocen.
-   ... Me halagas... pero... ¿Por qué luchas contra mi hermano?
-   ¡Jajaja!.- El joven rió.- No lo se. Por un lado puedo considerar el poder pero la verdad quizás sea mas por placer y diversión.
-   ¿Placer?
-   ¡Si! El placer de matar.- Un escalofrió recorrió el cuerpo del hermano de Satanás.- No hay nada mejor que el sabor de la sangre, el dolor de las victimas, el sufrimiento de aquel que se encuentra agonizando, el sonido...
-   Entonces tu plan es
-   Acabar con todas y cada una de las formas de vida existentes, hasta quedar yo solo, cúspide de la fuerza y la evolución. El guerrero perfecto.- El espadachín sonrió.
-   ¡No lo permitiré! - Un mandoble surgió en la palma de la mano derecha del hablante.- Una vez dije que lucharía por lo que me parecía justo. Y eso incluye que no sea borrado todo rastro de vida e inteligencia...
-   ¡Oh! Un reto... siempre quise medirme a ti lord... Iranur.- El demonio empuño su arma con la mano izquierda.
-   Lo mismo podría decir... mi príncipe.- El lord sonrió.- Y sobrino...

El príncipe dejo el trono poniéndose en pie mientras encaraba a Iranur. Se detuvo. Los ojos del hijo de Belcebú se cruzaron con los naranjas de su tío. De pronto todo quedo sumido en un silencio que, irónicamente, resultaba ensordecedor. Los breves segundos de pausa resultaron tan largos como horas. Lord Iranur dejaba entrever cierto punto de nerviosismo, sin embargo su oponente sonreía tranquilo. Por fin ocurrió algo. El príncipe apareció de improviso frente a su rival intentando atravesarle el vientre, sin embargo este lo detuvo, aunque con gran dificultad. Centésimas de segundo después un corte se dibujo en la maga del joven moreno.

-   Imposible...

El chico del trono inicio entonces una embestida de batalla tan rápida y potente que su contrincante se vio relegado en la batalla al papel de esquivar y detener las estocadas. Por fin logro realizar un contragolpe ofensivo al elevar la espada de su adversario y describir un movimiento semicircular hacia su cuello. El filo se vio detenido por la mano del príncipe. Tras esto un golpe de energía lo envió varios metros atrás. Sin tregua la pelea se reanudo. - ¿Cómo puedo enfrentarme a la velocidad del rayo?¿Como detener la furia de un huracán?¿Como partir en dos una defensa comparable a una montaña.- Decía hacia si el espadachín de negro.

-   Simple respuesta.- El príncipe había desaparecido y reaparecido varios metros mas atrás ofreciendo una tregua.- ¡No puedes! Así que será mejor que te rindas y sucumbas a tu destino.
-   Lo siento.- El lord reanudo la batalla chocando su espada con la del contrincante.- Pero no me conoces.- Su rival sonrió y ambos volvieron a lo suyo. Algo ocurrió en la pelea. Ambos dos se vieron rodeados de repente de una semiesfera oscura de energía. Rayos de color morado salían de esta golpeando las paredes de la sala. Desde el exterior, no se podía apreciar lo que ocurría en el interior. Cunado la formación se desvaneció se pudo admirar su resultado. Lord Iranur estaba malherido y luchando por mantenerse en pie mientras que el príncipe se encontraba como una rosa.
-   Te lo dije. Si te hubieras detenido no te encontrarías en este estado.
-   Por favor... Sabes que no es mi estilo
-   Aun así me has decepcionado, así que mereces morir.- El espadachín inicio su marcha paso a paso, sin ninguna prisa, y clavando sus ojos en su rival. Este intentaba retroceder para ganar tiempo, pero solo consiguió caer al suelo. Sin fuerzas casi ni para parpadear, observo como su sobrino se acercaba espada en mano. De pronto el sonido de un cristal rompiéndose le alerto. Por la vidriera había hecho su aparición un ser alado y de forma humana. Su pelo era de un color rubio pajizo. Sus ropajes, blancos y sus ojos azules como el agua de un estanque. El recién llegado se situó entro los dos demonios dirigiéndose hacia el príncipe.
-   ¿Quién demonios eres?
-   Demonio serás tú.
-   ¡Ya me entiendes!
-   La verdad es que no.- Iranur vio como algo pasaba en la mano derecha del angel.- Pero tengo un regalo para ti.- Acentuó la i a lo francés
-   ¡No lo hagas! - Exclamo el lord gritando, pero de nada sirvió. Una lanza apareció en la mano del angel y este se dispuso a atravesar al príncipe. Este se defendió sin problemas. Del choque de las dos armas salio un brillo de color blanco tan intenso que lo cubrió todo. Cuando desapareció lord Gengar se encontraba en la cama de su cuarto. Todo había sido un sueño.
« Última modificación: Julio 11, 2006, 09:42 por Breaker_Blaziken » En línea

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« Respuesta #1 : Julio 11, 2006, 09:36 »

“Y cuando abrió el séptimo sello todo quedo en silencio...”



Los cuatro jinetes:



Capitulo 1:

La tensión era de tal envergadura que se podía cortar con un cuchillo, y no era para menos, frente a frente se encontraban dos de los más poderosos guerreros de la dimensión. El escenario, un desolado paisaje de rocas cuyos tonos estaban entre el rojo y el negro. Los tonos rojo y negro se producían por la luz que salían de las rocas incandescentes que formaban el cielo. No era para menos viendo el escenario en que se iba a desarrollar la escena, el infierno.

En el interior de una de las múltiples calderas del paisaje, uno de los “hombres” se encontraba repantinflado cómodamente sobre un roca con una misteriosa forma de trono. Su pelo era de una claridad cercana al oro. Sus ojos tenían las iris como la sangre (rojo carmín). Su rostro era de gran belleza, tanto que provocaba el mismo miedo que admiración. Sus ropajes eran difícilmente descriptibles, aunque cabía destacar su capa de mismo color que sus ya mencionados ojos. Frente a el había otro chico que no aparentaba mucha mas edad. Era más alto y su complexión más robusta (aunque era difícilmente apreciable por sus ropas). Su pelo, del color de las sombras, era corto. Vestía completamente de negro, incluyendo su capa. Sus ojos tenían un tono anaranjado. Este último por fin inició la conversación:

-   Sabes por que estoy aquí. ¿Verdad?
-   Esta claro...- El chaval sonrió
-   No seas tan prepotente, aunque... con todo lo que has hecho se te pueda permitir... La verdad es que desde que entraste en la guerra todo han sido sorpresas.
-   ¿Qué esperabas? Yo soy el mejor de todos los infectos seres de este mundo.
-   ¿Y tus compañeros
-   No fueron tan divertidos como esperaba.- Comento interrumpiendo al guerrero de negro
-   ¿Perdón?
-   En términos para que lo comprendas.- Una espada apareció en la mano del locutor con el filo manchado de sangre.- No supusieron demasiada dificultad. La verdad, no merecían el termino de hermanos.- Con cuidado lamió el filo de la espada limpiando el liquido que quedaba en esta.
-   ¡Por Belcebú! Pero si eran tus únicos aliados en esta contienda.
-   Me basto yo solo. El rey es débil, pronto su puesto será mío y dejare de ser el príncipe para convertirme en el emperador
-   ¿Príncipe? Que yo sepa tu no perteneces a mi familia...
-   En tu familia todos son unos debiluchos, el único que merece titulo de príncipe soy yo, el príncipe de los infiernos.
-   No deberías subestimarnos, sobre todo a
-   ¿Tu hermano? Por favor. Ni siquiera merece el titulo que se impone. Ente tu y yo, eres la única persona a la que puedo hablar sin sentir vergüenza.
-   ¿Y por que yo?
-   Porque aun perteneciendo a la raza de los diablos, y siendo siervo del mal, sigues luchando aunque este todo perdido. Tienes algo llamado valor y honor que ninguno de los otros conocen.
-   ... Me halagas... pero... ¿Por qué luchas contra mi hermano?
-   ¡Jajaja!.- El joven rió.- No lo se. Por un lado puedo considerar el poder pero la verdad quizás sea mas por placer y diversión.
-   ¿Placer?
-   ¡Si! El placer de matar.- Un escalofrió recorrió el cuerpo del hermano de Satanás.- No hay nada mejor que el sabor de la sangre, el dolor de las victimas, el sufrimiento de aquel que se encuentra agonizando, el sonido...
-   Entonces tu plan es
-   Acabar con todas y cada una de las formas de vida existentes, hasta quedar yo solo, cúspide de la fuerza y la evolución. El guerrero perfecto.- El espadachín sonrió.
-   ¡No lo permitiré! - Un mandoble surgió en la palma de la mano derecha del hablante.- Una vez dije que lucharía por lo que me parecía justo. Y eso incluye que no sea borrado todo rastro de vida e inteligencia...
-   ¡Oh! Un reto... siempre quise medirme a ti lord... Iranur.- El demonio empuño su arma con la mano izquierda.
-   Lo mismo podría decir... príncipe.- El lord sonrió.- De los infiernos

El príncipe dejó el “trono” poniéndose en pie mientras encaraba a Iranur. Se detuvo. Los ojos del hijo de Belcebú se cruzaron con los naranjas de su tío. De pronto todo quedo sumido en un silencio que, irónicamente, resultaba ensordecedor. Los breves segundos de pausa resultaron tan largos como horas. Lord Iranur dejaba entrever cierto punto de nerviosismo, sin embargo su oponente sonreía tranquilo. Por fin ocurrió algo. El príncipe apareció de improviso frente a su rival intentando atravesarle el vientre, sin embargo este lo detuvo, aunque con gran dificultad. Centésimas de segundo después un corte se dibujo en la maga del joven moreno.

-   Imposible...

El chico del trono inicio entonces una embestida de batalla tan rápida y potente que su contrincante se vio relegado en la batalla al papel de esquivar y detener las estocadas. Por fin logro realizar un contragolpe ofensivo al elevar la espada de su adversario y describir un movimiento semicircular hacia su cuello. El filo se vio detenido por la mano del príncipe. Tras esto un golpe de energía lo envió varios metros atrás. Sin tregua la pelea se reanudo. - ¿Cómo puedo enfrentarme a la velocidad del rayo?¿Como detener la furia de un huracán?¿Como partir en dos una defensa comparable a una montaña.- Decía hacia si el espadachín de negro.

-   Simple respuesta.- El príncipe había desaparecido y reaparecido varios metros mas atrás ofreciendo una tregua.- ¡No puedes! Así que será mejor que te rindas y sucumbas a tu destino.
-   Lo siento.- El lord reanudo la batalla chocando su espada con la del contrincante.- Pero no me conoces.- Su rival sonrió y ambos volvieron a lo suyo. Algo ocurrió en la pelea. Ambos dos se vieron rodeados de repente de una semiesfera oscura de energía. Rayos de color morado salían de esta golpeando las paredes de la caldera. Desde el exterior, no se podía apreciar lo que ocurría en el interior, salvo algún rayo que escapaba por lo alto de la formación geológica. Cuando la extraña magia que les rodeaba se desvaneció se pudo admirar su resultado. Lord Iranur estaba malherido y luchando por mantenerse en pie mientras que el príncipe se encontraba como una rosa.
-   Te lo dije. Si te hubieras detenido no te encontrarías en este estado.
-   Por favor... Sabes que no es mi estilo
-   Aun así me has decepcionado, así que mereces morir.- El espadachín inicio su marcha paso a paso, sin ninguna prisa, y clavando sus ojos en su rival. Este intentaba retroceder para ganar tiempo, pero solo consiguió caer al suelo. Sin fuerzas casi ni para parpadear, observo como su sobrino se acercaba espada en mano. De pronto el sonido de un cristal rompiéndose le alerto. Por no se sabe muy bien donde había hecho su aparición un ser alado y de forma humana. Su pelo era de un color rubio pajizo. Sus ropajes, blancos y sus ojos azules como el agua de un estanque. El recién llegado se situó entro los dos demonios dirigiéndose hacia el príncipe.
-   ¿Quién demonios eres?
-   Demonio serás tú.
-   ¡Ya me entiendes!
-   La verdad es que no.- Iranur vio como algo pasaba en la mano derecha del angel.- Pero tengo un regalo para ti.- Acentuó la i a lo francés
-   ¡No lo hagas! - Exclamo el lord gritando, pero de nada sirvió. Una lanza apareció en la mano del angel y este se dispuso a atravesar al príncipe. Este se defendió sin problemas. Del choque de las dos armas salio un brillo de color blanco tan intenso que lo cubrió todo. Cuando desapareció lord Gengar se encontraba en la cama de su cuarto. Todo había sido un sueño.
« Última modificación: Julio 11, 2006, 09:45 por Breaker_Blaziken » En línea

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« Respuesta #2 : Julio 12, 2006, 09:02 »

Capitulo 2:

“A veces, hacemos cosas que no nos gustan, e incluso que detestamos, solo por ayudar a un amigo.”

El habitante de la ciudad de las Catedrales se encontraba sudoroso y tanto la almohada como las sabanas estaban empapadas. El chico observó la habitación sin moverse pero tuvo que apartar la vista al mirar al frente ya que unos rayos de luz que se colaban por la cerrada persiana le daban directamente en los ojos. Una vez hecho esto pudo contemplar el caos que constituía la sala. Su habitación, a pesar de su fama de limpio y ordenado, estaba hecha una pocilga. Había una montaña de papeles, todos desordenados y desigualados, encima del escritorio. El suelo también estaba lleno de hojas escritas. Las paredes tenían un tono oscuro que le daban una apariencia tétrica a la habitación, a pesar de la luz que podía colarse por el ventanal.

El escritor se dio la vuelta y se levanto quedando sentado en el lado izquierdo de la cama. Su apariencia era exactamente la misma que el lord Iranur del sueño, a fin de cuentas eran la misma persona, pero presentaba un aspecto menos majestuoso. Su pelo, corto, estaba revuelto y unas grandes ojeras marcaban el contorno de sus ojos.

El lord cerró los ojos y se los frotó con las manos mientras pensaba en el sueño del que acababa de despertar. La escena le provocaba una preocupante sensación de deja vú. Era como si eso lo hubiese vivido en algún momento del pasado, pero no lo conseguía recordar. Tampoco conseguía recordar el rostro tanto del príncipe como del angel, aunque sabia perfectamente quien era el príncipe.

Al final se puso en pie. Cogio la ropa que había colgada en el extremo del mueble y se la puso. Primero una camisa negra y después una capa del mismo color con un enganche plateado en forma de pokeball. Junto al pantalón, con el que había dormido, su aspecto era bastante tétrico. El joven se aliso un poco el pelo y se dirigió a abrir la puerta, pero esta le dió en las narices. En la sala acababa de hacer su aparición una niña.

La niña tendría unos nueve o diez años. Su cabello de un rubio dorado y sus ojos azules. Llevaba un vestido blanco. La verdad es que tenía suerte de no ser mas mayor ya que cualquier hombre podría enamorarse de ella solo con verla. La pequeña le habló a Gengar:

-   Ya era hora señor Gengar. Son mas de la una.- Le recrimino.
¿Qué derecho tiene esta niña a decirme algo? .- El lord se quedo pensativo. Por fin lo recordó. Hacia dos semanas esa niña había llegado a su casa a lomos de un unicornio blanco y con una carta en la cual Ikky no especificaba su relación con ella, pero le pedía que cuidara de ella.
-   ¡Esto es un desastre! - Exclamo Seica.- Mira como esta todo.- La niña comenzó a recoger los papeles del suelo.
-   Gengar suspiró.- No tienes por que hacer eso. Al fin y al cabo yo debería cuidar de ti y no al revés.
-   No te preocupes. Blaziken es muchísimo mas desordenado que tu. Pero no le culpo siempre esta de viaje, es imposible para el recoger. Por eso le ayudó. Tu déjame.- La niña sonrió de una manera tan dulce que incluso consiguió llegar al duro corazón del demonio.
-   Bueno, pero tu déjalo. Ahora tengo que salir. Ven conmigo.
-   Si

La niña le dio la mano al lord pero este se la soltó enseguida. Juntos abandonaron la casa para situarse justo en el centro de la ciudad. Todo estaba muy concurrido. La gente iba y venia sin parar a saludarse. La pareja puso rumbo a la parte norte de la ciudad, donde estaba la Gran Biblioteca y la Catedral de la fantasía y la mitología. Caminaron durante un rato y por fin en la puerta de la biblioteca se encontró con tres chicas. Una de ellas era una mujer bellísima llamada Karela, a su lado estaba Bunny, también bastante guapa y Agatha, que era, al menos en apariencia, la mas joven de los tres. El grupo saludo al lord.

-   Hola Gengar
-   Hola.- Contesto de forma un tanto tosca
-   ¿Y esa niña?
-   ¿Esta? No es mía, es la niña que vive con Blaziken
-   Oh, ¿Y como te llamas?- Le pregunto Agatha
-   Yo me llamo Seica.- Puso una carita angelical mientras lo decía, haciendo que las tres féminas sonrieran
-   ¿Me podéis hacer un favor? Iba a llevarla a la Biblioteca pero ¿podríais cuidar de ella un rato? Tengo cosas que hacer.
-   Pues claro. Será un placer. ¡Vamos Seica! - Bunny la cogio de la mano
-   Hasta luego
-   Adiós

Las chicas se alejaron con la niña mientras Gengar cambio su rumbo dirigiéndose directamente al Oráculo situado al lado de la catedral de fantasía y mitología. Al entrar se vio en una enorme sala circular. En la cúpula superior, la cual era semiesférica, se hallaba dibujado un gran cielo nocturno bien estrellado. Las estanterías estaban llenas de libros, runas, cuadernos, etc...

Gengar busco entre las estanterías y por fin se encontró con alguien familiar. Era Enilla, la cual le saludo.

-   Buenas tardes Gengar
-   Buenas. Em, Querría preguntarte algo
-   Dime
-   Es sobre un sueño que he tenido que me preocupa y querría saber su interpretación
-   Entiendo. Sígueme.

La maga salió de entre las dos estanterías y se dirigió a otras situadas en la zona derecha de la estancia. De estas cogió un libro.

-   Como podrás comprender la interpretación de sueños no es una ciencia exacta. Pero haré lo que pueda...- Ambos se sentaron en una mesa, el uno frente al otro. - A ver cuéntame tú sueño.

El lord le contó todo lo que recordaba del sueño. Una vez terminado la chica quedo pensativa unos segundos antes de volver a hablar

-   Pues no lo se. Quizás te preocupe algo de tu pasado o quizás querrías enmendar algo que ocurrió en algún momento de tu vida.
-   Entiendo. Puede ser la verdad... Además últimamente estoy sometido a muchísimo estrés, quizás eso halla provocado un popurrí en mi mente con imágenes del pasado y cosas que estoy estudiando...

Gengar se levantó y se dispuso a abandonar la sala.
-   Recuerda que estoy para lo que necesites Gengar. Pero no esperes que este siempre por aquí, y menos a estas horas.
-   Gracias Enilla.

El demonio abandonó la estancia

**

En la entrada sur de la ciudad de las catedrales pasaba algo. Un chico cubierto totalmente por una túnica marrón daba bandazos mientras hacia su entrada en la urbe. Wario bajo desde su torre y se dirigió hacia el:

-   ¿Estas bien?

Entre jadeos solo dijo cuatro palabras:

-   Buscad... a... lord... Gengar

Momentos después se desplomo inconsciente en el suelo.


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« Respuesta #3 : Julio 20, 2006, 08:36 »

Capitulo 3:

“Un joven que apareció de la nada y cuya mirada muestra lo cruel de su pasado. Un joven que lo perdió todo con el paso del tiempo.”


Lord Gengar había abandonado el oráculo y ya estaba de nuevo en la entrada de la Gran Biblioteca. El demonio abrió la puerta y se introdujo en la catedral. La biblioteca estaba casi vacía. A pesar de que meses atrás la expectación en ella había sido increíble, ahora mismo estaba cayendo en un preocupante desuso. Aun así seguía habiendo siempre gente, tanto lectores habituales como nuevos ciudadanos que la visitaban como curiosidad, o simplemente por entretenimiento.

Por el camino hacia el despacho del gran bibliotecario pudo ver a Diego inmerso en la lectura de un tomo del archivo de batallas de la biblioteca. En otra mesa estaba sentado Zero escribiendo algo. - ¿Quizás un libro sobre el manejo de la espada? - Se preguntó el lord.  Gengar también pudo ver a Maxwell encargándose de poner bien los libros en las estanterías. Por fin llegó al despacho de Líam. Llamo a la puerta y esta se abrió suavemente. En el interior de la habitación pudo encontrar a Líam, escribiendo con su pluma dorada. Este levantó la vista y miro al recién llegado.

-   Buenas tardes su majestad Lord Gengar
-   Haz el favor de no bromear, y no llamarme majestad...- Ambos sonrieron
-   Bueno.- El bibliotecario hizo un movimiento con la mano. Una tetera y dos tacitas volaron hasta la mesa. Se colocaron una frente a cada uno y el recipiente sirvió a ambos.- ¿Qué te trae por aquí?
-   Nada en particular. Simplemente estoy un poco tenso. Ya sabes que llevo varios días trabajando más de lo que debería...
-   Hombre, nadie te obliga a trabajar. No es necesario que estés escribiendo siempre.
-   Quizás... pero me siento en la obligación y, la verdad, quiero hacerlo.
-   Aun así te puedes dar un respiro. Aunque estoy ansioso por leerlo, no te puedo mentir.- Líam dio un sorbo de la taza. En su interior había un te mezclado con leche de un sabor bastante dulce.- Y bueno, ¿Sabes algo de Ikky?
-   No, no se nada. Espero que aparezca pronto porque la verdad no aguanto a los niños. Son como pequeños flopys...- El demonio sintió un escalofrío.
-   Por favor. Se que estas preocupado. El esta aquí por ti.- El escritor sonrió.
-   Bueno, quizás un poco si...
-   Volverá sano y salvo. Al fin y al cabo no es la primera vez que deja la ciudad de esta manera.

Sin previo aviso un hombre entró atropelladamente por la puerta. Era alto, tanto que tuvo que agacharse para poder pasar por el hueco. El hombre era muy musculoso, vestía con ropas de estilo heavy y su rostro se encontraba cubierto por una gran cantidad de pelo, procedente tanto de su barba como de su cabellera. Sin dar explicaciones exclamo:

-   ¡Gengar! Tienes que venir enseguida
-   ¿Qué pasa Ayax?
-   Debe ser importante para que entres con esas maneras.- Comentó el mago blanco mientras tomaba otro trago de su te.
-   Pues si lo es. Blaziken esta en el Hospital en muy mal estado y ha pedido que Gengar vaya enseguida.

Los dos escritores dieron un respingo. En breves momentos Melancio, Gengar y Líam habían abandonado el despacho y se dirigían andando apresuradamente hacia la salida.

-   Cuida de la biblioteca en mi ausencia.- Ordenó el bibliotecario a Maxwell al pasar a su lado.
-   Vaya. Me va a tocar hacer horas extras...- Pensó el joven

Una vez en la calle pusieron rumbo a la plaza central. Ayax iba abriendo paso por las concurridas calles mientras que sus compañeros iban tras el, en silencio.

Tras un largo paseo por fin se encontraron frente a la puerta del Hospital. Se trataba de una catedral de menor tamaño que la biblioteca o la de Fantasía y Mitología, pero aun así podía resultar impresionante. Esta estaba compuesta de dos pisos. En el primero se encontraba la zona central con zonas de consulta, la recepción, y unos sillones para que los pacientes pudiesen descansar tranquilamente. En la segunda planta había habitaciones para los enfermos que tuviesen que quedarse allí.

Sin mediar palabra con la recepcionista el gigante se dirigió velozmente hacia la gran escalera que dirigía a la segunda planta. El centro estaba vació, ya que la mayoría de los asuntos no eran de especial importancia. Por un estrecho pasillo, en el cual tuvieron que ir en fila india, por fin se detuvieron en una habitación. En la puerta lucia un número, el sesenta y seis. Melan truco cuidadosamente la puerta y después abrió. Había dos camas. En la derecha estaba tumbado un hombre con un preocupante color verde en la piel y un pelo de color naranja. En la de la izquierda estaba Blaziken durmiendo y a su lado Agatha, Bunny, Karela y Seica, que cogía de la mano al espadachín.

-   ¿Qué ha pasado?.- Preguntó el lord en voz baja para no molestar.
-   Pues cuando estábamos en la zona sur de la ciudad paseando entro un joven cubierto por una túnica. Wario le corto el paso y poco después se desplomó en el suelo inconsciente. Cuando lo cogieron para traerlo aquí se descubrió su rostro, era Ikky. Seica fue corriendo tras el y nosotras la acompañamos.
-   ¿Y saben que le pasa?
-   No nos han dicho nada. Habrá que esperar al medico.
-   Los médicos son unos matasanos...- Comento Líam.- Dejadme ver si se le puede curar.

El chico se acerco a la cama y coloco la mano sobre el pecho del espadachín, pero recibió una descarga y su mano se separo enseguida.

-   ¡Dioses! .- Exclamo Ayax
-   Parece que este cuerpo esta hechizado para que no pueda ser curado con magia blanca.

El lord puso cara de preocupación, al igual que todos los presentes, salvo la niña que mantenía una expresión inerte mientras miraba fijamente a Ikky. Todo estaba en silencio. El silencio fue roto cuando se oyó un suspiro. El grupo entero miro al herido. Blaziken estaba abriendo los ojos desconcertado. En cuanto Seica se dio cuenta se abalanzo sobre el abrazándolo.

-   ¡Seica!
-   Estaba muy preocupada papa
-   ¿¡Papa!?.- Exclamaron las tres chicas y Líam
-   Pues ya ves estoy bien.- El chaval la sonrió y esta le soltó enseguida.
-   Vaya. Que susto nos has dado.- Comento Ayax
-   No debió ser para tanto...- El espadachín rió hasta ver al lord. Entonces callo y puso expresión seria mientras le miraba fijamente, por fin reacciono.- Gengar, Me alegro de verte. Te preguntaría por Seica pero veo que esta bien

Gengar no contesto.

-   Em ¿Tenias algo que decirle a Gengar Ikky? Wario dijo que le avisáramos porque lo habías pedido.
-   Pues si es cierto. Pero a de ser a solas
-   ¿Tan importante es para que no lo pueda escuchar tu amigo Meli? - Comento el Heleno
-   Pues la verdad es que si. Lo siento mucho.
-   Esta bien. Ya nos vamos

De pronto alguien irrumpió en la sala. Dos soldados de armaduras plateadas y armados con lanzas cruzaron la puerta y recolocaron cada uno a un lado. Tras ellos entro Bug.

-   ¡Vengo a hablar con el herido! ¡Todos fuera inmediatamente!

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« Respuesta #4 : Julio 25, 2006, 10:08 »

Capitulo 4:

“Y desearon que todo fuese un mal sueño, al ver lo que se les venia encima”

El líder miro a todos los visitantes y con la mirada les señalo la salida. Se aparto dejando el paso libre y uno a uno todos abandonaron la estancia, incluidos los guardias, que se quedaron frente a la puerta para que nadie pudiese entrar. Los seis jóvenes que estaban visitando al paciente se miraban entre si extrañados. Sobre todo Melancio, Líam y Gengar.

-   No sabia que Blaziken conociera a Bug.- Dijo Líam extrañado
-   Yo estoy seguro de que no lo conoce. Debe haber venido por alguna otra razón.- Comento Ayax
-   Por dios. Ni que fueseis críos. Supongo que su llegada en esas condiciones habrá armado algún revuelo y Bug querrá saber como es que ha llegado de esa manera.
-   Em chicos.- Karela le hablo al lord.- Nosotras nos tenemos que ir. Decidle a Blazi de nuestra parte que se recupere pronto.
-   Lo haremos.- Comento el bibliotecario mientras las chicas se alejaban por el pasillo.
-   ¿Y Seica?

Los jóvenes miraron de un lado a otro asustados. Al final vieron como estaba pegada a la puerta con cierto tono preocupado. El chico de blanco se acerco a ella, se agacho y posando sus manos sobre sus hombros le dijo suavemente al oído:

-   No te preocupes. Ikky es un chico fuerte, no le pasara nada malo.

La niña le miro y vio como esta le sonreía. La pequeña le devolvió la sonrisa, pero siguió pegada a la puerta como si la hubiesen amarrado con cemento.

Tras unos minutos de espera, que resultaron eternos, por fin se abrió la puerta abandonando Bug la estancia y diciendo algo para si. Sin despedirse siquiera camino por el pasillo seguido de sus dos guardias. Mientras los visitantes volvieron al interior. Seica fue corriendo junto a su padre y le agarro de nuevo la mano. Los otros se pusieron a su lado.

-   Em Ikky. - Comento Ayax con una pequeña denotación de preocupación.- ¿Qué rayos quería Bug para venir a verte hasta aquí?
-   Nada importante, no os preocupéis. Bueno Gengar, ¿Puedo hablar ahora contigo?
-   Pues claro, podéis salir… otra vez
-   Como no, esto es como una atracción de feria. Salir y entrar, salir y entrar, como podríamos llamarla… el zigzagueador 3000 .- Comento el bibliotecario

Líam cogió a Seica y junto con Melancio volvieron al pasillo. El lord y el espadachín se encontraron por fin el uno frente al otro.

-   ¿Y ese tipo verde?
-   Tranquilo esta sordo perdido.- El herido sonrió
-   Bueno, dime
-   Es complicado.- Blaziken bajó la mirada y se vio las manos, las cuales estaban ligeramente vendadas en la parte entre el dedo pulgar y el índice.- Recuerdas aquello de lo que hablamos en una ocasión
-   Tendrás que especificarme mas.
-   Los cuatro…- Gengar enmudeció al igual que el locutor.- Es el momento de los cuatro.

De pronto todo encajó para el demonio. Eso explicaba que Bug le hubiera ido a visitar, la desaparición de su amigo, etcétera.

-   Así que Bug te mando a investigar…
-   Mas que eso, quería que las consiguiera, pero algo salio mal.
-   ¿Qué ocurrió?
-   No te lo puedo decir, me lo han prohibido. Perdóname.
-   Tranquilo, supongo que es algo demasiado importante como para que se sepa.
-   Si, es muy importante, y no solo para la ciudad... Pero en fin, ¿Podríais dejarme un tiempo solo? Que entre Seica pero iros los demás, por favor...
-   Por supuesto. Una cosa mas
-   Dime
Gengar vaciló unos segundos.- Recupérate pronto.- El demonio sonrió.
-   Tienes que mejorar tu sonrisa.- Ikky rió
-   ¿Qué esperabas? Sigo siendo un demonio a pesar de todo...

El lord abandono la habitación y les comento a los otros que Blaziken quería estar solo. Tras dejar entrar a la niña, Melancio, Gengar y Líam avanzaron por el pasillo camino de la salida.

**

Los días pasaron tranquilos en la ciudad salvo por un simple detalle. Enilla no aparecía por ningún lado. Tampoco había rastro alguno de Taiki, Arcaltarion, Kouji, Karela y casi ninguno de los moderadores y administradores, salvo Líam, Maxwell, Tao, Leo y Minun. Todo el mundo hablaba sobre ello ya que los guardias insistían en que ninguno había abandonado la ciudad de ninguna de las maneras disponibles. Los cinco jefecillos no daban abasto. Maxwell había abandonado su papel de ayudante en la biblioteca para ocuparse de El limbo. Leo se pasaba el día entre la catedral Japonesa y la de Ocio. Minun y Tao ya tenían bastante con las suyas, al igual que el bibliotecario.

Por fin algo había roto el silencio. El mago blanco recibió una carta en la que se le citaba en el palacio de Bug esa misma tarde. El joven reconoció enseguida la letra de Enilla, lo cual le hizo sentirse aliviado, aunque extrañado por la carta. ¿Qué podían querer de el?. Como no, espero pacientemente en la biblioteca hasta la hora marcada en el escrito. Momento en el cual puso rumbo a su destino, el palacio de congresos.

La calle estaba aun mas concurrida que de costumbre. Costaba dar un paso sin tropezarse o empujar a alguien. Creyó ver pasar al lord a su lado, pero al no estar seguro de ello siguió su camino sin saludarle. Tras una verdadera odisea, el mago se encontró en la puerta del palacio.

 Este edificio era distinto al resto de catedrales. Era de un tamaño mucho mayor. Su construcción, de índole renacentista, era espectacular. Todas las ventanas estaban cubiertas por vidrieras de gran belleza. La fachada, de mármol, era lisa y brillaba a la luz del Sol. La puerta era enorme, y de una madera que parecía barnizada (a pesar de no haber recibido ningún cuidado en siglos).

Ante la sorpresa del bibliotecario, sentados en la escalera había ya un grupo de personas. Hacon permanecía tumbado en el escalón mas cercano a la puerta mientras jugueteaba con Soul Edge. Melancio estaba de pie junto a una de las estatuas que adornaban la escalera de la edificación. Astaroth hablaba para si mismo en voz baja sentado en el escalón mas bajo. Kattys tampoco decía nada, solo miraba al suelo en silencio. Por ultimo Lord Gengar se acerco a el dispuesto a hablar:

-   ¿Por qué crees que nos harán venir aquí?
-   Se tanto como tu, la verdad la carta me ha sorprendido bastante
-   Y no somos los únicos que la hemos recibido, todos los presentes la tienen.
-   Extraño, sin lugar a dudas.

El gran pórtico se abrió de repente sobresaltando a Hacon, el cual tuvo que apartarse para no recibir un golpe de este. De su interior surgió un hombre con un sombrero rojo.

-   Bienvenidos. Ya podéis ir pasando.

Taiki les mostró con la mano el interior.

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« Respuesta #5 : Agosto 03, 2006, 09:14 »

Capitulo 5:


“Dos jóvenes diferentes, obligados a emprender el mismo viaje”


Taiki se apartó enseguida a un lado para dejar el paso libre. De uno en uno hicieron su entrada Hacon, Melancio, Astaroth y Kattys. Una vez estuvieron todos en el interior pasaron Gengar y Líam. El mago rojo se encargo de volver a cerrar la puerta y guiarlos hasta una portentosa sala.

La habitación era de gran tamaño, con unos grandes ventanales que se encontraban cerrados. El suelo de la sala estaba adornado por extrañas formas. Los colores predominantes eran blancos, azules y verdes. En lo alto de la sala había una gran lámpara de araña cuya extremo debía distar a mas o menos un metro del techo. Justo debajo de esta se encontraba una mesa de arte renacentista, y de forma rectangular, rodeada por una buena cantidad de silla.

En la butaca situada en el extremo mas alejado de la puerta, estaba Bug ojeando unos papeles. A su izquierda Enilla percutía en la mesa con sus uñas, a un ritmo rápido y sin pausas, y denotando cierto tono de preocupación. En otro de los asientos Blaziken estaba con los brazos cruzados y su cabeza apoyada entre las dos manos.

-   Sentaos por favor. Poneos cómodos.- Rogó Taiki antes de ocupar su sitio frente a la señora del Caos. El grupo entero tomo asiento rápidamente sin decir ni pió. Finalmente solo quedaron dos sillas libres.

Después del ruido provocado por el movimiento de sillas y pasos de los recién llegados todo quedo en un profundo silencio. La maga había dejado de percutir en la mesa. La falta de sonido alguno resultaba violenta así que el bibliotecario decidió romper el silencio:

-   Bueno, se que es muy divertido, e incluso interesante, admirar esta sala tan lujosa y esa lámpara tan... extravagante pero me gustaría, y creo que a al resto también, saber para que se nos ha llamado.
-   Eso mismo. Yo tengo cosas mas importantes que hacer que estar aquí mirando a las musarañas.- Comentó Ayax con cierto tono de aspereza y tosquedad.

Otra vez silencio. Bug se dispuso a hablar, pero de su garganta salio un carraspeo tras el cual por fin dio comienzo su charla

-   Bueno, como pienso que sois listo puedo pensar que sabréis por que os he llamado para que vengáis.- Nadie abrió la boca. -... Bueno, el asunto es muy serio, nada mas hay que decir que la ultima reunión que se llevo a cabo de esta manera no fue durante mi mandato... pero bueno.
-   ¡Haz el favor de ir al grano! – Exclamo Hacon
-   Esta bien. ¿Hay alguien por aquí que oyera hablar alguna vez de la leyenda de los cuatro jinetes? – Nadie dijo nada excepto uno, Gengar.
-   Yo se un poco de que va. Es mas últimamente he estado trabajando en ella.
-   ¿Y serias capaz de explicársela al resto?
-   Pues... no sabría por donde empezar pero quizás la reconozcan antes si les comento que se encuentra en El Apocalipsis.- Alguno mas reacciono pero en general fue como si nadie dijese nada.
-   ¡No me sorprende! .- Añadió Enilla de pronto levantándose.- Nuestro amado bibliotecario, y amigo mío, tiene las pocas biblias de la Biblioteca casi al final de una gymkhana.
-   No exageres por Dios...
-   ¿Qué no exagere? Para conseguir una Ikky - La joven señalo al espadachín, que estaba igual que al principio de la reunión.- Tuvo que llegar hasta la parte mas interior de la Biblioteca, pasar por un suelo el cual se iba hundiendo a su paso y después escalar hasta lo mas alto de la estantería
-   ¿Para eso hay escaleras?
-   Una estantería de veinte metros no se sube con esas escaleritas...
-   ¿Pero las conseguisteis?
-   Si, todavía no sabemos como pero si. Cogimos cinco. Una se la llevo Blaziken a su viaje y según tengo entendido se le cayó en un día de tormenta quedando inservible.
-   ¿¡Que!? .- Se escándalo el bibliotecario
-   Tranquilo, no es nada que no se pueda arreglar con magia. Las otras cuatro las tenemos aquí.

La chica chasqueo los dedos e hizo aparecer justo sobre el mueble cuatro libros de una anchura considerablemente.

-   La leyenda dice que a principios de cada milenio los cuatro sellos que protegen el espacio y el tiempo comienzan a  acumular demasiada energía provocando deformaciones, paradojas, etcétera, etcétera... Para ello se dice que a esta ciudad se le dio la responsabilidad de actuar en el momento oportuno. El problema con el que nos encontramos fue el siguiente, éramos los encargados de proteger unos sellos, los cuales no sabíamos cual era su localización. Claramente pensamos que, interpretando la Biblia, podríamos saber el lugar donde están los sellos. Allí entro Ikky, que al estar interesado por el tema decidió viajar a ver a algunos sabios a los que conocía para ver si alguno conseguía una interpretación coherente...

El espadachín por fin levanto la cabeza y dijo algo:

-   Si, y tras unas cuantas semanas de viaje por fin conseguí la información que quería.- El chaval saco de uno de sus bolsillos un papel arrugado.- No llegue a comprender su interpretación pero supuestamente los tres primeros sellos se encuentran repartidas por las dimensiones contiguas a la nuestra. En cuanto al cuarto sello...- silencio durante un instante.- será marcado su lugar una vez que se unan los otros tres restantes.
-   Pero.- Astaroth decidió entrar en la conversación.- Yo tenia entendido que eran siete los sellos, los cuatro caballos y luego otros tres que en el nuevo testamente se nombraban como.- Quedo pensativo un instante.- Clamores de los mártires, El día de la ira y el Silencio del cielo.
-   Como bien sabes la Biblia, exactamente la versión de la Vulgata de San Jerónimo, es simplemente una traducción, bastante libre, de la Biblia hebrea original. En realidad solo hay cuatro sellos, los otros tres que nombras son sucesos que se producirían o deberían producir, aunque no tenemos claro si eso marcaría si vamos por el buen camino o que la hemos
-   Cagado.- Termino Ikky.
-   Bueno... y esto nos incumbe a nosotros porque...
-   Os incumbe por que sois los elegidos para ir a buscar los sellos.
-   Espera... ¿Pretendes que traigamos aquí a los cuatro caballos?
-   De ningún modo.- Dijo Enilla.- Por favor, deberíais daros cuenta que lo de los caballos no es mas que una alegoría. Lo que queremos que traigáis son una especie de esferas del mismo color que el caballo.

El silencio volvió a hacerse en la sala.

-   Bueno hemos creado tres grupos de tres componentes cada uno. Cada grupo es independiente de los otros e ira a buscar el que se le encomiende. Empecemos, el grupo uno lo formareis.. Lord Gengar, Ayax Melancio e Ikky Blaziken. El numero dos estará compuesto por Astaroth, Líam y Doctor Jeckill y el numero tres por Hacon, Taiki y Kattys. ¿Alguna pregunta?
-   Yo tengo dos.- Comento Líam.- Primera, ¿A dónde tenemos que ir? Y segunda... ¿Dónde narices esta el doctor Jeckill?
-   Seguro que esta durmiendo la mona.- Melancio rió
-   Te he oído...

Justo en esos precisos instantes Jeckill atravesaba la puerta y ocupaba su sitio en la mesa, junto al resto de sus compañeros.

-   Yo también tengo una pregunta ¿Para quién es la silla que sobra?
-   No sobra ninguna.- La chica la miro extrañada.- Déjate ver anda pequeñín...

Un haz de luz blanca en la silla vacía dio paso a un pequeño conejito bastante mono.

-   Ci ceñoda.
-   ¿Flopy?
-   El mizmo que vizte y calza, aunque lleve como unica prenda mi pelaje...
-   ¿Qué haces aquí?
-   El también forma parte de la misión.
-   Yo zoy un ezcalafon importante en ezta trama.
-   Pues la verdad tiene razón, Flopy se va a encargar de ayudaros a viajar o recogeros en caso de que no pudieseis regresar.
-   Espero que esa ratita no tenga que viajar conmigo.- Comento en voz baja el Lord
-   Le he oído y le diré que ci yo zoy una ratita usted ez una cucarachita.
-   ¿¡Como te atreves!?

Líam miraba a divertido la escena pero esta se vio interrumpida nuevamente.

-   Mañana por la mañana saldréis a vuestros destinos, los cuales los tenéis escritos en estas hojitas que os doy a cada uno de los lideres. Gengar recibió un papel doblado dos veces por la mitad, al igual que Hacon y Astaroth.- Ahora podéis iros a descansar.

**

Cuando salieron del edificio el día había dado paso a la noche. Líam y Gengar caminaban juntos por las oscuras calles de la ciudad.

-   Esta muy oscuro.- Comento Gengar
-   Todavía no han encendido las luces.
-   ...
-   Si tienes miedo puedes protegerte estando a mi lado.
-   Eso seria un alivio.
-   ¡¡¡¡DEJA DE HABLAR CON MI VOZ!!!!

De la capa del lord salio rodando el pequeño Flopy llegando hasta los pies de su amo.

-   ¿Hablabas tu? ¿Cómo es que sabes hacer eso?
-   Ez una de miz tecnicaz zecretaz
-   ¿Técnicas? ¿Y cuales son las otras?
-   Zon un zecreto
-   Que misterioso te has vuelto.
-   Si, sois tal para cual.- Dijo para si el demonio...

**

Por otra de las calles paseaba Hacon tranquilamente. De pronto un ruido detrás de el. Se dio la vuelta pero no vio nada, así que siguió su camino. Volvió a oír algo, esta vez a su izquierda, Sin pensarlo saco a Soul Edge y se dispuso a atravesar a lo que fuese que hubiera allí, pero había sido engañado. Una mano surgida frente a el le agarro de la cara.

-   Buenas noches caballero.
-   ¡Tu!

Una mano atravesó el estomago de Hacon. Un dolor ardiente lleno el cuerpo del guerrero el cual grito unos segundos antes de quedar inconsciente. De pronto volvió a la normalidad.

-   Encantado de verte... Phoenix
-   ...


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« Respuesta #6 : Agosto 04, 2006, 09:06 »

Capitulo 6:

“ Y los tres juntos dejaron la ciudad sin saber si alguna vez volverían a su lugar de origen”

La noche corrió con desigual velocidad para los distintos componentes del grupo. Para Ayax y Jeckill resulto cortita ya que ambos dos se habían ido a uno de los bares de la ciudad a disfrutar del placer de la cerveza fría. Gengar, en cambio, no hizo mas que llegar a su casa y encerrarse en su habitación. Líam vago por la biblioteca toda la noche, sin mediar palabra con los pocos lectores que había por la madrugada.

Sin duda el más preocupado por el viaje era Blaziken, el cual miraba el techo desde su pequeña habitación. En la cama de al lado estaba Seica durmiendo tranquila. La mirada perdida del joven no desapareció hasta que los primeros rayos de Sol entraron por la ventana, momento en el que se levanto y se dijo a si mismo:

-   Ya es la hora

**

A las diez de la mañana los miembros de los tres grupos por fin estaban presentes en la puerta del gran Palacio de Congresos. Frente a ellos Bug y Enilla.

-   Os deseo suerte en vuestra hazaña y recordad el destino del mundo esta en vuestras manos.- Dijo Bug a los presentes
-   Flopy, tu iras con tu dueño, que para eso te creo
-   Ezta bien.- El conejito sonrió afablemente

En cada uno de los tríos había un viajero dimensional. En el grupo de Blaziken, Ayax y Gengar posaron sus manos sobre el primero y los tres desaparecieron en un haz de luz blanca. Astaroth creo un túnel dimensional para que pasaran los de su grupo y Hacon creo una gran esfera de agua que rodeo a sus compañeros haciéndoles desaparecer, incluyéndole a el mismo.

-   ¿Crees que les ira bien? – Pregunto Enilla
-   Te hubiera gustado ir... ¿verdad?
-   Pues para que negarlo, si.
-   Olvídalo... puede que halla algún golfillo entre ellos, pero todos saben cual es su deber. Lo harán bien
-   Tienes razón.- Enilla sonrió y enseguida se fue calle abajo, en dirección a su puesto en el Oráculo, ya hacia días que no pasaba por allí...

**

Ikky se despertó repentinamente y miro a su alrededor. No sabia donde estaba así que paro a pensar unos segundos, después lo recordó, el viaje dimensional, la misión, todo. A su lado estaban Ayax y Gengar.

El grupillo de tres había caído en lo que parecía un parque. El suelo estaba compuesto de una especie de tierra arenada de un color oscuro. Los múltiples árboles de la zona cubrían el abrasador Sol que caía sobre ellos. Por la gente que había se podía suponer que era un Sábado y una hora cercana al mediodía. En unos columpios cercanos había niños pequeños jugando. En otra parte, cercana a una fuente y con césped, se encontraban varios grupos de jóvenes y sentados en los múltiples bancos conversaba gente de la tercera Edad.

Mientras el espadachín se desperezaba pudo ver que el lord estaba sentado bajo el árbol con los ojos cerrados. Ayax estaba inconsciente a su lado así que se dispuso a despertarlo.

-   Ayax. ¡Ayax!.- El chico le zarandeo la cara.
-   La armadura es mía
-   ¡Deja de decir tonterías y despierta!.- Medio grito el chico.

El Heleno se despertó y se sentó en el suelo, haciendo que su compañero cayera al suelo. El griego bostezó y miró a su alrededor contemplando el paisaje.

-   Oye Ikky.- Empezó a hablar el lord.- ¿Dónde teníamos que ir?
-   Pues... creo que a la ciudad de Candelaria.
-   Y si no me equivoco eso esta en una isla.
-   Si, en Tenerife...
-   Bueno, yo he estado en Tenerife y tuve la suerte, o desgracia, de ver la isla y puedo casi asegurar que esto no es Tenerife y  mucho menos la ciudad de Candelaria.
-   De todas formas podríamos preguntar.- Intervino Ayax, que aun no había abierto la boca para hablar.
-   Adelante, yo insisto en que nos hemos equivocado de sitio completamente.
-   Bueno, bueno. Vamos a comprobarlo.

El gigante se levanto y, con su atuendo de Heavy, se acerco a una mujer que daba de comer a las palomas.

-   Perdone señora pero... ¿Podría decirme cual es el nombre de esta ciudad?
-   Apártate greñudo. Debería darte vergüenza andar con esas pintas a tu edad.

Algo toco el cerebro del Heleno haciendo que este diera una patada al banco y lo rompiese en dos. La mujer, asustada, salió corriendo mientras pedía auxilio.

-   Así me gusta Ayax. Suave...
-   Oye, esa mujer era una borde.
-   Si claro, pro ahora ya nos podemos largar si no queremos montar un numerito con la policía.

El trío se puso andar camino de la salida del parque, que el destino quiso que estuviese bien cerca. Sin embargo ninguno reparo en que estaban siendo observados desde muy cerca.

**

En una sala circular, dominada totalmente por el negro, había un hombre sentado tomando algún tipo de bebida lenta y pausadamente. Su rostro era imposible de percibir, la oscuridad lo cubría casi por completo. De pronto un teléfono sonó, era el suyo.

-   ¿Diga?
-   Señor, los hemos encontrado
-   Perfecto.
-   ¿Qué hacemos ahora?
-   Seguidlos hasta que nos muestren donde esta el sello.
-   ¿Y después?
-   No se, sorprendedme

El hombre en las sombras colgó y dijo para si.- Pronto será mío.- Después dio un nuevo sorbo a su copa.
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« Respuesta #7 : Agosto 22, 2006, 08:55 »

Capitulo 7:

“Y atrapados en un lugar que desconocían, desearon acelerar el tiempo”

Una vez abandonado el parque, los viajeros dimensionales se encontraron frente a una carretera, no muy concurrido, y frente a esta una ciudad que aparentaba tener un buen puñado de población. Cruzaron por el paso de cebra y se encontraron rodeados por dos hileras de edificios bastante grandes. La gente se cruzaba con ellos y algunos se los quedaban mirando extrañados.

-   ¿Por qué nos miraran? – Pregunto Ayax
-   Bueno, no se ven todos los días a un tipo de dos metros vestido de Heavy.
-   Y tampoco a un demonio vestido con una capa negra...
-   ... De todos modos tenemos que irnos. Estoy convencido de que esta no es la ciudad que buscamos
-   ¿Pero como lo sabes?
-   Muy sencillo, en Tenerife, desde cualquiera de las ciudades mas o menos principales, se puede ver el Teide. Aquí no se ve ni una sola montaña.
-   Puede que la tape un edifico
-   Si, pero la Panza de burro tampoco esta por ninguna parte.

Un grupito de chicas se acercaba hacia ellos, cosa que hizo que Ikky dijera:

-   Dejadme que les pregunte yo donde estamos
-   Vale...

El chaval se acerco hacia ellas. Las niñas pararon y se lo quedaron mirando fijamente mientras se acercaba. Por fin llego a su altura y entablo conversación con ellas:

-   Hola, perdonad pero ¿Cómo se llama esta ciudad? Es que acabamos de llegar y no estamos seguro...
-   ¿Eres extranjero?
-   Mas o menos
-   Pues ven con nosotras guapo, que te enseñaremos la ciudad.

En ese momento Blazi se dio cuenta de su error y pensó:

-   UPS, me he olvidado de ponerme la túnica.

La razón de que pensase eso residía en su “don” el cual hacia que enamorase a cualquier mujer salvo a aquella que el quisiese, la cual le odiaría.

El caso es que el grupillo de féminas le cogió de los brazos y se lo llevaron.

-   ¡Chicos!, ¡Ayudadme!
-   ¿Hay prisa?.- Pregunto Melancio
-   Digo yo que no tardaran en cansarse de el. Sigámosle.

Y los compañeros del espadachín siguieron el mismo camino que el. El grupillo los guió hasta una plaza situada en lo que podría considerarse el casco antiguo de la ciudad y en la cual había un escenario. Las jóvenes miraron y en cuanto se dieron cuenta de quien era el que estaba subido dejaron al Blaziken:

-   Es Michael.

Ikky se sintió libre por fin y pudo respirar a salvo. En poco tiempo sus dos secuaces estaban junto a el.

-   Gracias por la ayuda...
-   ¿Qué esperabas? Que me enzarzara a martillazos con ellas.- Ayax sonrió
-   Da igual, el caso es que todavía no se donde estamos

De pronto un ruido les sobresalto. El adolescente del escenario le había dado tal golpe a las cuerdas de la guitarra eléctrica que poseía, que casi habían reventado los amplificadores por el ruido. Justo después se puso a tocar.

-   Que ruido mas desagradable
-   Si, en esta dimensión no saben lo que es la música.

Gengar no decía nada pero enseguida señalo lo que parecía un cartel. Blaziken y Melan se acercaron y pudieron ver lo que ponía.

-   “Concierto Atomic Bust3R. Ciudad de Huesca”
-   ¡Ves como no era el sitio correcto!
-   Perdóname, pero aun así nos vamos a tener que quedar un rato.
-   ¿Y eso por que?
-   Porque tengo que descansar un poco para poder llevaros hasta Candelaria...
-   Eso significa que estamos atrapados aquí.

**

El hombre oculto tras la oscuridad recibió nuevamente una llamada.

-   ¡Dime!
-   Señor, les he oído decir algo de la ciudad de Candelaria. Creo que saben donde esta el sello
-   Perfecto. Sonsácaselo como sea...
-   Será un placer señor.

El siervo colgó.

**

-   ¿Pues que hacemos hasta que te recuperes?
-   Esperar...
-   No os va a hacer falta que esperéis.- Dijo una voz profunda.

Los viajeros se giraron sorprendidos, junto a ellos se encontraba Flopy feliz como unas castañuelas.
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« Respuesta #8 : Agosto 29, 2006, 09:00 »

Capitulo 8:


El pequeño conejo de trapo se acerco saltito a saltito hacia los otros tres. Ellos lo miraban con una cara de extrañeza realmente grande:

-   ¿Qué haces tu aquí?
-   Yo zolo lez zegui hazta aquí
-   ¿Pero no tenias que ir con Líam?
-   Ci, pero zegun veo ahora zoiz vosotros loz que necezitaiz mi ayuda.
-   La verdad es que si.- Comento Ayax.- Tenemos que ir a Candelaria pero Blazi no tiene la energía suficiente para movernos a los tres
-   Zi zolo ez ezo yo me encargo.

El conejito fue hasta un callejón cercano que parecía apartado y, una vez que estuvieron los tres a su alrededor, empezó a chillar estrepitosamente. Los tres guerreros se taparon los oídos y cerraron los ojos mientras les rodeaba una gran esfera de color blanco. Cuando esta redujo su tamaño hasta desaparecer ya no había nadie...

**

El grupo de Gengar surgió de improviso en el aire, ya en la ciudad de Candelaria. Los tres se dieron cuenta demasiado tarde de que no había suelo debajo. Habían caído en el mar. Habían caído en el mar todos menos Melancio, que había tenido mas suerte y cayó en la arena de la playa. Blazi y el lord chapotearon hasta la orilla mirando de malas maneras a Flopy:

-   No os quejéis. Queríamos venir a Candelaria y aquí estamos .- Ayax se rió.
-   ¿Tu crees que es normal que nos traiga justo a este punto?.- Pregunto un tanto enfurecido Ikky
-   Perdón pedo no tengo mucha puntedia.
-   No te preocupes. Anda vamos a por esa maldita esfera y larguémonos de una vez.

Melancio se levanto y la marcha dio comienzo con el espadachín a la cabeza. En su paseo vieron las estatuas de los guanches, unos monumentos que representan a los habitantes originales de la isla. El camino por esa zona siguió tranquilo sin incidentes, salvo el cruce con algún que otro ingles borracho... Por fin vieron a lo lejos una especie de semicueva de paredes negras. Ikky la señalo:

-   Allí esta. Esa es la cueva donde esta la esfera .
-   Por fin. No soporto este aire tan cargado de humedad.

Ambos cuatro continuaron caminando hasta la cueva. Mas que una cueva era una entrada en el acantilado de la costa que se había ido formando durante miles de años. Poco a poco la cueva se iría cerrando adentrándose mas hasta desplomarse, cosa que ocurriría dentro de gran cantidad de tiempo, quizás millones de años.

En el interior de la cueva estaba situada sobre un pedestal la efigie de una virgen, la virgen de la candelaria, que al parecer se había aparecido en la pequeña cueva. Los tres se la quedaron mirando.

-   ¿Y ahora que?
-   Hay una entrada secreta por aquí, pero no estoy seguro donde...

El chaval comenzó a mirar la estatua de la virgen. Gengar observaba las paredes. Ayax se quedo pensativo. Sin embargo el que lo descubrió todo fue Flopy que, al coger una de las flores situadas para ofrenda de la virgen, encontró una especie de extraño dibujo en la base. Ikky también lo vio y exclamo:

-   ¡Aquí esta!

El joven lo presiono suavemente y leyó unas palabras que había en el papel de su bolsillo. Al momento un agujero surgió en el suelo.

-   Ya podéis pasar.- El niño sonrió
-   Bien jugado conejito.

Gengar fue el que salto primero, seguido de Ayax, Flopy y por ultimo Ikky.

El agujero era bastante profundo y alguno de ellos creyó que iban a morirse de hambre antes de llegar al fondo, pero por fin tocaron el suelo suavemente, como si algo hubiera amortiguado la salida.

Ante ellos había una sala circular rodeada de puertas numeradas. Tenia todo el techo formado por una enorme cúpula dorada en la que había un agujero, por el cual habían caído. Las puertas eran metálicas y brillaban intensamente, como si fueran de plata recién aleada.

El grupo admiro el lugar donde estaban, pero algo detuvo su admiración. Ante ellos se había colocado Flopy.

-   ¿Quieres algo? – Pregunto el lord
-   Ci. ¡Dejar de hablar de esta estúpida manera!

El conejito se vio rodeado de un aura oscura y en un momento se había transformado en un ser de apariencia humana, piel blanca , ojos endemoniados y pelo color cobrizo.

-   ¿Quién eres?
-   Soy un demonio a las ordenes de mi señor.
-   ¿Tu señor? ¿Trabajas para mi hermano?
-   ¿Tu hermano? Aaaaaa, ya decía que algo me sonabas pero no, mi jefe va por libre.- El joven sonrió.- Bueno, gracias por conducirme hasta aquí. Ahora en cuanto os mate cogeré la esferita y me iré.
-   ¿Nos vas a matar? – Pregunto Ikky con cierto sarcasmo
-   ¡Claro esta!
-   . El chico sonrió y miro a sus dos compañeros, que le devolvieron la sonrisa.- Adelante

En las manos del niño aparecieron dos espadas que se convirtieron en una sola al unirse por sus mangos. Ayax saco a relucir su gran martillo y Gengar desenvaino su mandoble. El diablo creo un circulo de diez pequeñas esferas frete a el y las disparo. Rápidamente el trío reacciono.

-   ¡Poneos tras de mi! .- Gritos Melan. Al momento saco su escudo y todas las bolitas se estrellaron contra este desvaneciéndose.
-   Nuestro turno

Gengar e Ikky desaparecieron sin dejar rastro mientras el heleno se lanzaba furioso contra el guerrero de piel blanca. Este detuvo el golpe de su martillo creando un pequeño escudo frente a el. Tras esto detuvo la estocada de Gengar por su izquierda y otra mas por su derecha. Sin embargo algo había pasado. Blaziken no había atacado. La mitad de la espada del espadachín estaba en el suelo mientras que la otra mita le acababa de ayudar a atravesar a su rival por la espada. El chico había aparecido a su derecha lanzando su espada y acto seguido se había transportado tras el demonio clavándole la otra mitad de su espada.

El enemigo se desplomo y antes de llegar a caer totalmente al suelo se desvaneció.

-   lo has matado, deberíamos haberle sacado infor...
-   Claro, el pretendía matarnos.- Comento Ikky sin escuchar mientras recogía su otra media espada y hacia que ambas desaparecieran.
-   Bueno no importa. Tenemos que ver que puerta es la correcta.
-   ¿Y eso como lo hacemos? – Pregunto el griego
-   Muy fácil.

El espadachín anduvo sosegadamente hacia la puerta que tenia justo enfrente y, una vez que estuvo a su alcance, la empujo suavemente. Todas las puertas desaparecieron uniéndose a la que acababa de ser abierta. La sala quedo con ese único pórtico.

-   ¿Cómo sabias que era esa? .- Preguntó el Lord
-   Por favor. Llevo trabajando en esto meses, no crees que después de todo mi trabajo no voy a saber algo tan simple como que la puerta con el numero tres es la correcta...
-   Debería ser lógico pero no lo es...- Comento Ayax
-   Olvídalo, el caso es que casi todo esto esa relacionado con el numero tres. Yo no le busco la lógica, solo recuerdo eso.- Blazi sonrió y les hizo una señal con la mano para que se acercaran.

El trío se reunió junto a la puerta donde Ikky volvió a hablar.

-   Hasta el momento todo ha sido fácil así que seguramente lo difícil esta aquí. Id con mucho cuidado, sea lo que sea lo que halla dentro es mejor afrontarlo unidos.
-   De acuerdo

Una vez acabada la breve conversación Blaziken, Ayax y Gengar se adentraron en la sala.
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« Respuesta #9 : Junio 14, 2007, 21:58 »

Aqui esta la colaboracion misteriosa. ¿De quien sera? Cualquiera que haya leido con aglo de atencion algo del colaborador sabra quien es facilmente ^^. En el proximo capitula la solucion ^3^. Es un mas largo que mis capis pero esta muy bien ^^

Capitulo 9:


Al pasar sobre las rocas mojadas, sus zapatos amenazaban con resbalar a cada instante, provocando con cada empuje un delicado chapoteo. Su respiración apresurada resonando dentro de la capucha, la capa negra ondeando al gélido viento nocturno y un paso delicado, grácil. Más que correr parecía volar de losa en losa, pasando como una exhalación. La noche le brindaba su amparo y la luna, cómplice, parecía ocultarla también entre tinieblas, ayudándola, de esa manera táctica y sutil en la que una mujer ayuda a otra. Por los callejones oscuros y húmedos, voces exaltadas se extendían como ecos de una catástrofe. Evitaba las luces de las tabernas, en cuyo interior se fraguaba la confusión y el desconcierto. Todo parecía sumido en una terrible calma nocturna, presagio aciago, que en cualquier momento podía romper su silencio de cristal y desatar la tormenta.
Aquella noche, una sombra escapaba por entre las callejuelas de la gran Ciudad de las Catedrales.
Corría tanto como podía, pero el dolor de sus piernas parecía querer arrastrarla hacia atrás. No se podía permitir una sola pausa, un solo descuido que delatara su presencia aquella noche. Debía alcanzar su objetivo, al precio que fuese...
Torció la última esquina y se dio de bruces con la gigantesca plaza mayor, iluminada ahora por el fuego de las antorchas. Había evitado las vías principales dando un largo rodeo, que podía haber sido mucho mayor de no haber seguido el retorcido entramado de las callejuelas con la seguridad de una gota de agua al deslizarse por las líneas de una mano. Al fin y al cabo, muchas de aquellas callejuelas las había proyectado ella. Precisamente con ese fin.
El espectáculo era dantesco. Toda la enorme glorieta parecía iluminada por una rabiosa fiesta de fuego, que contrastaba con la oscuridad reinante en el resto de la ciudad. Ante ella, una muchedumbre se agolpaba ante las enormes puertas de la Catedral Real, la sede de moderación de Atomic, cuyas gárgolas y estatuas adquirían una imagen románticamente tétrica a la luz del fuego nocturno. Allí, alzándose imponente, el edificio parecía hacer un desafío a la propia noche y convertía el gentío en algo insignificante, ni tan siquiera capaz de iluminar la mitad inferior de su preciosa fachada principal de triple arcada. Los gritos de las gentes de la ciudad se elevaban, trepando alrededor de las falsas columnas y de las hornacinas, enroscándose en los relieves vegetales y mitológicos, hasta llegar a los esbeltos y refinados pináculos y resonando sobre las titánicas vidrieras policromas, más altas incluso que un edificio corriente.
A su mente acudieron fugazmente imágenes sacadas de libros, retazos de la historia de mil mundos, donde revoluciones habían traído consigo cambios, no siempre para bien, mas impregnando todo a su alrededor de un profundo rojo sangre, sin hacer distinciones entre justos y pecadores, levantando la espada de la justicia en vano. Aquello no podía repetirse, el miedo no debía tomar jamás forma real o aquel lugar sagrado donde un día floreció la civilización y la fraternidad caería también en el oscurantismo y quién sabe si quizá también en el olvido.
Echó de nuevo a correr, rápidamente y se deslizó entre las gentes, ávidas de una respuesta a sus preguntas. Los golpes eran constantes y en un choque perdió un pendiente que no se volvió a recoger, pendiente de alcanzar una calle cercana al edificio. Las puertas parecían comenzar a temblar bajo el embiste constante de un ariete.
Pronto se vio de nuevo envuelta en el eco de la algarabía y el manto protector de la noche, mientras se acercaba al Palacio de Moderación por su fachada oriental. Buscó entre los relieves al pie de la calle y se detuvo frente a un ángel inclinado hacia delante, como expectante ante lo que cualquiera quisiese contarle. Miró los fríos ojos de piedra de la escultura y se llevó un dedo a los labios, produciendo un agradable siseo de silencio. Bajo la tenue luz de la luna creciente, el rostro de la estatua pareció sonreírle antes de que el sonido de un pesado mecanismo abriese una entrada en la pared. Al otro lado, una escalera de caracol ascendía hacia las sombras de la torre central.
El Palacio pareció tragarse a la sombra encapuchada, mientras sobre sus muros de anciana piedra reverberaba el clamor de la ciudad.

Desde el enorme ventanal de su estancia, BUG contemplaba la escena de la plaza con preocupación. Las puertas de roble no resistirían mucho más. La gran estancia estaba a oscuras y sólo la luz de la luna iluminaba la mordiente soledad de la escena. Apoyó la cara contra el cristal y sus mejillas sintieron un frío helador. Era parte de su elección.
-   La ciudad se cae a trozos...
Una voz habló desde la otra punta de la estancia.
-   Dirás más bien que se levanta contra mí- respondió él, girando la cabeza.
-   ¿Qué esperabas? - Enilla se retiró la capucha negra y sus cabellos rubios reflejaron la luz de la luna-. Llevamos demasiado tiempo mintiéndoles.
-   ¿Y qué esperabas tú?- le espetó él. En su mirada, rodeada por el insomnio de varias noches, el cansancio traspasaba la línea de lo físico y se hundía como un puñal en su alma-. ¿Que permitiese que reinara el caos y la anarquía?
La muchacha se acercó a la ventana y pasó un brazo por la espalda de su amigo.
-   Me temo que sólo lo hemos retrasado- se lamentó ella, con una amarga sonrisa.
-   Ahora ya da igual... – cayó derrotado sobre su sillón- me temo que tendremos que afrontar las consecuencias.
-   Deberíamos haber actuado antes...- reflexionó Enilla, observando los rostros de furia e indignación del resto de ciudadanos, viendo con impotencia como la furia estúpida fluía entre ellos como la sangre entre las piedras-. Hemos actuado mal desde el principio.
-   ¿Y qué esperabas que hiciéramos?- la voz de BUG se elevó sobre la sala, con fiereza-. ¿Que les anunciáramos su fin? ¿Que sembráramos el pánico, diciéndoles que el Apocalipsis puede estallar de un momento a otro?
-   No...- la muchacha bajó la cabeza y su pelo le tapó la cara un instante- ... que les diéramos un voto de confianza.
-   ¡No podíamos!- un trueno abatió el cielo. Aún no había empezado a llover, pero las nubes parecían reunirse con gran presteza sobre la ciudad-. ¡Habría cundido el pánico! ¡Todos habrían querido partir con ellos o huir de la ciudad, esperando escapar a esto! ¡Nuestros enemigos se nos habrían echado encima a la mínima oportunidad!- la respiración de BUG era nerviosa y entrecortada-. Si supieran que media ciudad se ha echado a la calle, hacía tiempo que las murallas estarían resistiendo el embiste de las tropas demoníacas. Ya vencimos al infierno otra vez, es mejor no tentar a la suerte...
-   Áun así- negó ella con la cabeza- debimos confiar en...
-   ¿Tía Eni?
Ambos se giraron. En el centro de la estancia, una niñita rubia con camisón abrazaba con fuerza un peluche con forma de pingüino con una mano y se frotaba los ojos con la otra.
-   Seica...- Enilla acudió rápidamente al lado de la niña y la sentó en su brazo. El peluche aún colgaba de una mano-. Creí que te habías quedado en la Biblioteca.
Por su seguridad, dado que la Gran Biblioteca tenía los escudos más fuertes de la ciudad y que, en caso de ataque, no sería más que un objetivo secundario, después del Palacio, Enilla había decidido alojar a Seica en sus propias habitaciones, a pesar de que Líam hubiera insistido en que ocuparan su cuarto. Al final, a fin de que la niña no permaneciese tanto tiempo sola, ambas habían decidido instalarse finalmente en los aposentos del bibliotecario, situados sobre la cúpula misma, de tal manera que Enilla tuviese una mejor visión de toda la ciudad a través del enorme ventanal acristalado.
-   El tío Max tuvo que venir a Palacio, así que Bugy-bugy me acostó en su cama- la niñita no pudo dejar escapar un bostezo.
-   Lo siento, en cuanto la gente empezó a arremolinarse, tuve que llamar a todos los moderadores que quedaban para concentrar fuerzas- se disculpó BUG, ante la mirada de maternal preocupación de Eni.
-   Pingu sigue dormido...- comentó Seica con tono soñoliento-. Ahora cuido yo de él.
Eni miró con cariño al peluche. Fuera de las paredes de la Biblioteca, todos los peluches recobraban su forma original hasta que volvían a cruzar el umbral, razón por la cual ninguno se aventuraba más allá. Sólo Flopy, que había desarrollado un fuerte vínculo con Líam y estaba ligado a él y no al edificio, era capaz de mantener su estado más allá de sus puertas.
- Supongo que Líam no contó con que Seica abandonara la Biblioteca- sonrió la muchacha.
Un fuerte golpe, que hizo temblar hasta las paredes, les devolvió violentamente a la realidad.
-   Parece que están a punto de entrar...- BUG observaba preocupado el panorama a través del cristal. De repente, oyó unos tacones por la alfombra- ¿a dónde vas?
-   A evitar que esto se convierta en una tragedia- respondió Enilla, decidida, aún con la niña en brazos.
-   No te precipites...
-   No lo hago- sus pasos firmes se acercaban hacia la puerta- esto es algo que debimos hacer hace mucho tiempo.
-   ¿Cómo piensas luchar contra la furia y el caos?- BUG la detuvo por el hombro y ella se giró. En sus ojos ardían el valor y la determinación.
-   Con la verdad- Enilla cerró la puerta de golpe.

En la vasta cámara de la Asamblea, centro mismo de la Catedral de Moderación, aún reinaba el desconcierto. La estancia en sí la constituía un enorme coro gótico de madera labrada, con un asiento para cada ciudadano, sobre el cual había grabado un emblema único. Habían tardado una hora en hacer que todos se sentaran, después de abrir las puertas, pero los ánimos no parecían mucho más calmados. A gritos de “¡Queremos respuestas!”, las preguntas por el paradero del equipo de moderación se sucedían. Las quejas por el caos reinante, derivado del vacío de poder, eran constantes y algunos empuñaban todavía armas en alto.
- Silencio, por favor...- en el centro, sobre la tarima presidencial, Maxwell, Tao, Minun, Leo y Eni contemplaban aquel caos que BUG se esforzaba por ordenar-. Silencio, por favor...- Aquel océano humano seguía agitado por una marea de griteríos ininteligibles, que hubiesen perforado los oídos a cualquiera. El maremágnum era tan monumental, que a algunos de los pocos moderadores aún presentes comenzaba a darles vueltas la cabeza en una espiral de ruido incesante y...- ¡¡Silencio he dicho!!
Ante aquel imponente grito, toda la cámara enmudeció de golpe. El administrador estaba haciendo valer su autoridad.
-   Os hemos convocado aquí, porque sabemos que entre vosotros reina el desconcierto- comenzó BUG.
-   ¡Queremos respuestas!- gritó una voz.
-   ¡La ciudad se cae a pedazos y la cúpula parece no hacer nada al respecto!
-   ¡Ni siquiera sabemos dónde está el resto de los moderadores!
El caos amenazaba con volver a hacerse con la sala de un momento a otro.
-   Calma, por favor- el estruendo pareció decrecer-. Es cierto que la ausencia de ciertos miembros del equipo de moderación ha causado una serie de dificultades imprevistas, pero...
-   ¡En la biblioteca se amontonan los libros sobre las mesas!
-   ¡Y en la Gran Galería, aún hay miles de obras esperando a ser expuestas!
-   ¿Dónde están los moderadores y por qué no están cumpliendo con su obligación?
Un estruendo de apoyo pareció predecir lo peor, ahora parecía que toda aquella masa humana se moviera al unísono.
-   Nos llevan diciendo que están en otros subforos desde hace días...
-   ¡Pues yo aún no he visto a ninguno de ellos!
Ante aquella jauría humana que amenazaba con tragarse a BUG, Minun intentó retomar la palabra.
-   Sabemos que esto ha resultado confuso para todos vosotros, pero...- el chico no sabía muy bien como decir aquello y sudaba a mares, mientras su compañeros intentaban pensar en alguna manera de ayudarle. Sólo Enilla permanecía sentada, con la mirada baja-. Ehmmmm... ¿cómo decirlo?...
-   Veréis, nosotros...- leo intentó echarle una mano, pero fue inútil, no daba con la expresión adecuada. Al final BUG tuvo que retomar la palabra.
-   Os hemos engañado.
Un murmullo enorme comenzó a crecer cada vez más y toda la sala se llenó de crispación y furia, de gritos y puños en alto, de amenazas y reproches. Los moderadores hubieran deseado estar en cualquier otra parte menos en aquella sala. Tan sólo Enilla seguía aún sentada, apretando los puños.
-   Pero nosotros sólo queríamos preservar el orden- intentó explicar Tao- no queríamos que cundiera el pánico y que os preocuparais.
-   Los moderadores volverán pronto- anunció Maxwell con un gran autocontrol- os lo aseguramos. Pero han tenido que partir a cumplir una misión importante.
-   ¿Y por qué se han ido ahora de aventuras, desatendiendo sus deberes!- bramó alguien.
-   ¡Eso!- confirmaron desde otra punta-. ¡Nuestro Bibliotecario desaparece cada dos por tres!
-   ¿Qué razones hay para que se permita este caos!
Mientras Enilla apretaba sus dedos con más fuerza cada vez, los demás integrantes del palco volvieron a tragar saliva.
-   Me temo que no podemos decíroslo.
La marabunta estuvo a punto de tragarse a Tao. El gritería crecía y crecía a pasos agigantados, algunos ya estaban subidos a las mesas y proclamaban la necesidad de un nuevo gabinete de gobierno. La situación parecía insostenible, el foro en sí mismo corría peligro, esta vez desde dentro, pues sus ciudadanos, su núcleo, su corazón, se desmembraba por instantes. Aquello parecía el final de la Ciudad de las Catedrales.
-   ¡Abandonemos la ciudad!
-   ¡Abajo con la ciudad y sus moderadores!
Los chillidos resonaban por toda la Catedral de Moderación.
-   ¡No más mentiras, queremos la verdad!
-   ¡Dejad de enga...
-   ¡¡Basta!!
Enilla había acallado a toda la cámara con un solo golpe en la mesa. Había permanecido durante toda la reunión en silencio. Ahora todos le prestaban atención.
-   Vosotros...- su voz, normalmente calmada y adecuada, sonaba ahora como el rugido de una leona-. Vosotros os atrevéis a exigir la verdad, vosotros que habéis puesto en peligro la ciudad sumiéndola en el caos más absoluto, que habéis olvidado vuestras obligaciones para recordárselas a otros... ¿Vosotros os creéis con derecho a exigir nada?- A diferencia de antes, con cada palabra de la joven, el silencio se iba haciendo más y más pesado-. Llegáis aquí, armados de espadas y lanzas, profanáis esta cámara con vuestros signos de violencia y aún así os creéis con derecho a la verdad- la mirada de la muchacha recorría todos y cada uno de los rostros presentes-. Es cierto que hemos obrado mal, es cierto que debimos haberos avisado de esto mucho antes y confiar en vosotros. Depositasteis vuestra confianza en nosotros y os hemos fallado. Os pedimos disculpas por ello-. Enilla había suavizado mucho más su tono, sin que por ello cada una de sus palabras dejara de resonar con fuerza en todas las mentes de los allí congregados, al igual que en la sala misma-. Sin embargo, vuestro comportamiento me hace dudar de si sois merecedores de tal privilegio- a pesar de que el desconcierto seguía aún presente, las palabras de la joven habían comenzado a despertar algo extraño en todos sus demás compañeros-. Es cierto que varios moderadores han tenido que abandonar su puesto, pero doy fe de que todos aquí sabemos que si cualquiera de ellos ha desatendido sus obligaciones, se debe a una sola y única razón: nuestro bienestar. No es la primera vez que nuestros compañeros, nuestros amigos, se embarcan en un viaje para defender esta ciudad y a todo lo que ella representa. No es la primera vez que deciden arriesgar sus propias vidas para salvar lo que les es más preciado: vosotros- los que antes habían sentido el fuego de la ira devorándoles con rapidez, comenzaban a sentirse ahora pesados, cansados... pero mucho más llenos que antes-. Un día, vosotros depositasteis en ellos vuestra confianza y les otorgasteis vuestros mayores tesoros, para que los guardasen como fieles amigos. Sin embargo, cuando hoy ellos confiaron en vosotros, cuando abandonaron la ciudad convencidos de vuestra fe en ellos, vosotros les fallasteis. Ellos saben que jamás les traicionaréis, saben que pueden contar con vuestro apoyo, aún cuando no puedan deciros para qué. Ellos saben que, por muy difícil que sea la situación, por muchos obstáculos que les brinde el destino, sus amigos jamás dudarán de ellos. Decidme, ahora: ¿se equivocan?- Enilla había despertado algo en todos los presentes, un sentimiento dormido, aplacado por la rápida e inconsciente ira, pero de un poder mucho mayor. A cada frase, a cada palabra, la muchacha había apelado a uno de los sentimientos más humanos que existen: la culpa, sí, pero también la confianza y la fe en un amigo-. Es sobre la amistad sobre la que hemos levantado esta ciudad, con nuestras propias manos y es la amistad la que siempre nos ha unido y nos ha hecho invencibles. Juntos, nuestros enemigos saben que no tienen posibilidad alguna de vencernos, pues mientras unos están en el campo de batalla, arriesgando sus vidas, el resto realiza una labor aún más importante: mantiene en pie los sueños que tuvieron que dejar atrás, confían en ellos y les dan fuerzas para seguir- ante toda la ciudad en pleno, la joven extendía sus brazos y los elevaba al cielo-. ¡Compañeros! ¡Ayudemos a nuestros amigos, no dejemos que nuestros corazones desfallezcan y que nos domine la desconfianza! ¡Protejamos con valor y con amistad aquello por lo que ahora ellos luchan! ¡Mantengamos la ciudad en pie!
Un grito estridente estuvo a punto de reventar las paredes, sumiendo a toda la cámara en un único “¡Viva la Ciudad de las Catedrales!”. Sobre el jolgorio y la alegría que habían reemplazado a la tensión y la desconfianza anteriores, se elevaban algunas voces:
-   ¡Yo me encargo de limpiar las estanterías!
-   ¡Yo colgaré los cuadros de la Galería!
-   ¡Nosotros nos ocuparemos de reparar las goteras de la Catedral del Limbo!
Enilla había conseguido, en el último instante, rescatar el verdadero espíritu de compañerismo y confianza de la ciudad, que ahora inundaba de nuevo la Catedral de Moderación. Sus compañeros la abrazaban y le agradecían todo su esfuerzo de manera efusiva. Sólo ella parecía algo ajena al ambiente festivo y alegre.
Se dio la vuelta hacia la silla situada justo a su lado. Una niña dormía, apacible, agarrada a un pingüino de peluche. Enilla sonrió y miró al cielo estrellado a través del ventanal de la sala. Una lágrima se huyó por su mejilla.
- Volved... tarde o temprano... pero volved.
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« Respuesta #10 : Junio 21, 2007, 21:48 »

Capitulo 10:

La sala en la que se internaron Ikky, Gengar y Melancio era semiesférica. Las paredes presentaban un tono blanco leche y eran exageradamente lisas (Como si estuviesen recién pulidas). En lo mas alto de la cúpula había dibujadas lo que parecían varias escenas (del mismo modo que los oleos de la capilla sextina). Gengar observaba esos dibujos detenidamente, como si las escenas que se representaban le fueran familiares, pero no comento nada.

En el centro de la sala había un pedestal de metro y medio de altura y sobre ella, apoyado en una almohada rojiza con lo que parecían volantes dorados, la esfera roja. Ikky la señalo.

-   Mirad. Aquí esta. El caballo rojo.

Sin miedo alguno la cogio y nada mas hacerlo la base se hundió en el suelo y el color blanco de la sala se torno en un negro con tonos morados. De la nada surgió lo que parecía una serpiente, pero con una cabeza semihumanoide. La cara del monstruo era blanca, como de mujer, y carecía de nariz, aunque si se apreciaban dos orificios donde debería estar el conducto de respiración. Su lengua, bifida, sobresalía de sus labios color carmesí. Sus ojos tenían aspecto felino. Esta “mujer” se fijo en el grupo de guerrero y dijo con voz silbante.

-   Devolvedme lo que es mío y nadie saldrá herido
-   ¿A que se refiere? ¿Al orbe? - Pregunto Ayax
-   Supongo, pero no se lo podemos dar.
-   Dadme lo que es mío.

La serpiente se abalanzo sobre ellos. Gengar y Blaziken saltaron a un lado esquivándola pero Melancio no pudo y tuvo que quitársela de encima de un martillazo en el pómulo derecho.

Ikky empezó a mirar a su alrededor pero no había nada que pudiera aprovechar. Las paredes eran muy lisas y era imposible apoyarse en ellas y no había nada para ganar altura. El guardián volvió a atacar, esta vez a lord Iranur. Este saco su mandoble y, de un salto, se poso sobre la cabeza de la serpiente y consiguió clavar su arma en la parte superior de su cabeza. Acto seguido la sustrajo y se dejo caer hacia el suelo. La serpiente cayó originando un gran estruendo.

-   Ha sido fácil.- Musito Gengar.

Había hablado pronto. Sin aviso alguno acababa de ser engullido por el guardián del orbe. Blaziken no lo pensó e hizo aparecer su espada doble y ataco cortándole el cuello a la serpiente, la cual expulso a su compañero. Este cayó al suelo lleno de jugos de serpiente.

-   ¿Estas bien?
-   He estado mejor.- Comento mientras se quitaba restos de babas de la cara

No hubo tregua. Al mirar de nuevo a la serpiente vieron como su cabeza ya reencontraba regenerada.

-   ¡Este bicho es invencible! .- Grito Ayax
-   Su capacidad de regeneración es asombrosa, eso no se puede negar.- El profesor tuvo una idea en ese momento.- Quizás la clave para derrotarlo este en esos oleos que hay en el techo.- Ikky los miro ya que antes no se había fijado demasiado en ellos.- ¡Ikky! Tú eres el más veloz y puedes levitar así que encárgate rebuscar laguna pista en ellos. Melan y yo nos encargaremos de retenerle el tiempo suficiente. ¡Date prisa!
-   ¡Si!.- Sin rechistar Blaziken salto, se dio impulso en la cabeza del monstruo y quedo levitando a medio metro del techo.

La serpiente se fijo en el chaval rubio pero no pudo atacarle, Melancio acababa de golpearle en el vientre con el martillo, atravesando parte de la carne. Gran error, la herida se sello quedando el martillo dentro del cuerpo, aunque sobresaliendo el mango. El heleno lo agarro y tiro con todas sus fuerzas haciendo que la serpiente entera golpeara el suelo.

-   Ayax. Entreténmela unos segundos.
-   De acuerdo jefe.


Gengar se puso a conjurar con los ojos cerrados. Una pequeña esfera morada empezó a aumentar de tamaño moderadamente en la mano del demonio. Mientras Melan seguía tirando del mango. Cuando el mago se dispuso a lanzar la bola de energía tuvo que detenerse. Blaziken estaba en el camino y frente a la serpiente. Sin pensarlo dijo con voz firme:

-   ¿Quieres lo tuyo? ¡Aquí lo tienes!

El chico lanzo la esfera por la boca de la serpiente. Enseguida empezó a brillar con una luz blanca y en un momento desapareció. El martillo de Melancio quedo libre y el orbe cayo al suelo. Blazi bajo hasta tocar tierra y, andando, avanzo y cogio la esfera.

-   ¿Pero que? - Pregunto Ayax
-   ¿Cómo ha desaparecido tan fácilmente?
-   Es simple. La misma serpiente nos lo decía. Dadme lo mío, una vez que se lo di ella misma desapareció. Habíamos cumplido su pedido. Ahora toca llevar esto a la ciudad.
-   Pues vámonos.
-   Pero antes disfrutemos un poco de Sol.

Todos rieron y el equipo numero uno se dirigió a la salida del templo, sabiendo que habían cumplido su trabajo.

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« Respuesta #11 : Junio 30, 2007, 17:18 »

Sí, he sido impuntual ¬¬
Y sí, cada vez escribo peor ¬¬
Y sí, esta vez no hay incógnitas. Blazi  ha preferido que publique mi aportación personalmente... para que todo el  mundo sepa que llego tarde ¬¬U
Pero bueno,  da igual, el Fic sigue siendo suyo, y por tanto él sigue siendo el único responsable  ^^

En fin, ahí queda eso. Gracias, Ikky, por obligarme a  escribir.



                               *                  *                  *                 *
 


La hojarasca, de tonos cálidos, casi dorados bajo el intenso sol matinal, se elevaba dócil con cada golpe viento, danzando graciosamente al hipnótico ritmo dispuesto por el azar…



Dejándose embaucar por aquel espectáculo circunstancial, el recién llegado se dirigió con calma hacia la fuente que se hallaba frente a él: de varios pisos y coronada por un rollizo ángel de piedra que, con el brazo extendido, apuntaba eternamente hacia el cielo, dejando adivinar en su rostro un gemido de compunción. En su dedo acusador, cumbre de la escultura, se advertía al observarlo atentamente el orificio del que, en otras épocas, había brotado un chorro de agua de apaciguador murmullo, ahora silenciado.

Echó un vistazo al interior de cada piso: descansaba sobre el agua estancada el follaje de los árboles colindantes, expiro de unas ramas que, desfallecidas, dejaban falsamente pender de sus extremos sus últimas hojas, carentes ya de toda vida. Una vez más, tuvo la misma sensación que le embargaba cada vez que iba a reunirse a aquel lugar, aquella contradicción lógica que sentía cuando advertía al mismo tiempo la apariencia y el verdadero fondo de una misma persona. Sólo que en este caso no se trataba de una persona o de un ser vivo –al menos en conjunto-, sino de un mero jardín; pero en aquella estación, el contraste entre su fingida y calmada belleza y su encubierta pero próxima muerte, conseguía hacerle replantearse si verdaderamente no se encontraba ante una entidad consciente que, como cualquier hombre era capaz de hacer, encerraba en sí mismo, aunque casi sin aplomo suficiente para ello, un secreto íntimo y doloroso que hubiera revelado su auténtica naturaleza.

Atrapado en el interior una vestimenta totalmente negra que en aquellas condiciones le estaba resultando asfixiante, el único consuelo de Ikky radicaba en un sombrero de ala ancha que recordaba a los del Siglo de Oro y protegía su rostro por completo. No es que su pintoresco atuendo le resultara de agrado, pero con él guardaba la esperanza de poder por fin vencer a aquel con el que se había citado allí, en una especie de reto en el que llevaba saboreando la derrota durante años. Se trataba de un desafío secreto, del que su contrincante no tenía ni la menor sospecha, consistente en ver quién de los dos era durante sus esporádicos rencuentros el que llevaba la indumentaria más oscura. Incapaz de haberse sobrepuesto hasta entonces al esotérico gusto que su viejo amigo mostraba al vestir, había tenido que recurrir en aquella ocasión a un atavío completamente inadecuado del que únicamente esperaba la satisfacción de obtener por una vez la victoria en aquel duelo no confesado.

Empotrados en la fachada de ladrillo del antiguo convento al que pertenecía el herbolario, una serie de bancos de madera se disponían regularmente hasta cada una de las esquinas sin entorpecer la entrada. En uno sólo de ellos, alcanzó finalmente a ver la figura irreconocible de un sombrío individuo que, pese a permanecer inmóvil –tanto que durante unos segundos Blaziken estuvo seguro de concluir que se trataba de una mera sombra- había atraído la atención de un grupo de pájaros que acudieron a reunirse a su alrededor. Pájaros de un negro plumaje. Cuervos.

Paralizado ante aquel inquietante hallazgo, tardó bastante tiempo en discurrir que su momentánea incertidumbre había trastocado sus sentidos y era la culpable de que hubiese supuesto que la naturaleza del supuesto desconocido era la de una criatura maligna, en lugar de haber identificado el aura de Gengar al instante; irónicamente, aunque su ropa no hubiese desprendido aquella intensa e impoluta negrura, el conjunto de aves que revoloteaban próximas a él le otorgaban de igual modo la victoria en el duelo de vestimentas una vez más, y en esta ocasión de la manera más original posible.

-De nuevo te has superado con tu aparición –le elogió Ikky a modo de saludo.
-En realidad eres tú el que ha aparecido –señaló él-. Yo ya estaba aquí antes… como de costumbre.
-Y sin embargo, precisamente es eso lo que más me intriga esta vez, y no los motivos por los que me has llamado.
-Eso es porque “los motivos” están más que claros, ¿no crees? –bromeó el Lord.
Su situación, concluyó Blaziken, había sido cuidadosamente estudiada: se había sentado en un banco sobre el que, a aquella hora, se desplomaba con intensidad la sombra del único árbol de hoja perenne que parecía haber en las proximidades, un alto ciprés que le permitía a su amigo mantener oculta su cara aún a distancias muy cortas y que, junto con su escasa expresión facial, le facilitaba la creación de un efecto visual mediante el cual aparentaba la inexistencia de gesticulación mientras hablaba. “Siempre le ha encantado el misterio” observó para sí, fijando de nuevo su atención en un cuervo que acababa de subirse al hombro de Gengar.
-Detesto las situaciones en las que me subestimas al tratar de soslayar un tema con un comentario perspicaz –objetó Ikky.
-Tampoco es que me sobren muchos ardides en mi repertorio –se excusó el otro.
-En ese caso –replicó-, al menos podrías no repetir el mismo en dos ocasiones sucesivas.
Su amigo soltó una carcajada:
-Touché. Esta vez mi patética actuación merece que responda a tus preguntas.
-De hecho sólo tengo una –aseguró Blaziken-, y creo que he dejado claro cuál es –hizo una breve pausa para tratar de advertir alguna reacción del Lord que le delatara. Defraudado, suspiró brevemente antes de continuar, escogiendo el tono adecuado para persuadirle-. Siempre dices que soy una de las personas que más te conoce y, sin embargo, apenas sé nada de ti. No digo que no confíe en ti o que no me hayas brindado lo suficiente tu amistad; de sobra sé que ambos nos debemos la vida y nos hemos hecho favores impagables. Y supongo que hasta ahora eso ya bastaba para confiar en ti y en que tu meticulosa y excéntrica actitud guardaba siempre algún sentido que no hacía faltaba que me plantease.
-No sabía tuviera una imagen tan siniestra –reflexionó el otro divertido.
-Trabajas mucho por conseguirlo –aseguró Blaziken, mostrando una sonrisa efímera antes de recomponer su actitud seria-. Y no vuelvas a tratar de impedirme ir al grano… Como decía, nunca he cuestionado tus rarezas. Pero cuando rompes voluntariamente uno de tus tabú y ni siquiera me explicas por qué… Lo siento, pero temo que voy a tener que preguntártelo.
Gengar dudó durante un largo rato, de tal manera que su posterior evasiva resultó demasiado forzada:
-No sabía que cansarse de un planeta significase que uno no pudiera volver a él –esgrimió sin convicción.
-Hace siete años que te conozco y durante cinco has descartado la posibilidad de viajar a la Tierra. E incluso antes de eso, cuando nos reuníamos aquí, ya mostrabas tus reservas.
-¿Qué tiene de malo que prescinda de hacer que de desplaces una distancia intergaláctica sólo para hacerte una simple pregunta?
-Que si prescindes de ello el que te desplazas eres tú –apuntó Blaziken tajante-. Nunca has andado con esos miramientos… Gengar, siempre le has dado más importancia a no tener que regresar a la Tierra que a cualquier otro factor trascendental. Por favor, no intentes hacerme creer que haces esto porque sí.
-Bueno, por lo que sabes, tampoco hay razón para que me fuera... –adujo él en un intento ya desesperado por zafarse de la encerrona.
-Por lo que yo sé, hubo una razón… que desconozco. Y puedo sentir tu inquietud en cada palabra que pronuncias. No estás aquí porque esa razón ya no te importe…
-Blaziken…
-No lo niegues… –le interrumpió el interpelado- De otro modo, me sentiría ofendido.
-No intento menospreciar tu inteligencia, es sólo que… -su determinación comenzaba a tambalearse- ya sabes que no me gusta hablar de mí mismo.
-Y lo comprendo, pero creo que en esta ocasión te vendría bien hablar con alguien para sentirte mejor.
Vio como Gengar aspiraba una gran bocanada de aire y la expulsaba a continuación con rabia, como si quisiera destrozar las cadenas que custodiaban aquel pasado del que siempre había querido liberarse.

El Lord nunca se le había dicho nada al respecto; ni siquiera le había revelado aquella inquietud que le carcomía desde que se habían conocido. Sin embargo, en cierto modo, cuando Gengar aseguraba que él era uno de los que más le conocía, Blaziken sabía que curiosamente su paradoja era cierta. Le conocía como el que más, porque era el que más le desconocía. Desconocía sus enigmas, no sabía nada de su vida ni de lo que le había ocurrido tiempo atrás. Pero, acaso con el paso de los años, había acabado familiarizándose con sus pensamientos, desencriptando su código secreto; adivinando con certeza cuándo se encontraba mal, si había algo que le inquietaba y, en ese caso, si era algo reciente o que arrastraba desde hacía tiempo… Y, si con el tiempo no había conseguido que Gengar le mostrara su lado más recóndito, al menos había acabado sabiendo de su existencia por sí mismo, así como de la de tantos fantasmas que le atormentaban desde la primera vez que le había visto. Precisamente porque desconocía la naturaleza de sus males, era de los pocos que sabía al menos de su existencia.
Comprobó un fugaz destello en los ojos de su amigo, y supo entonces que se acercaba la hora de la verdad. Lord Gengar hablaría en clave, para él mismo, como hacía siempre… a Blaziken le tocaría extraer sus propias conclusiones.

-Escucha, Ikky, y ten siempre muy presente estas palabras –su voz era pausada; cada una de sus palabras meditada-. El tiempo de los hombres proscritos no es igual que el del resto de los seres humanos. Para nosotros, el tiempo describe un movimiento pendular. Por ejemplo… –hizo una pausa para dejarse llevar por sus reflexiones- Imagínate a un ser marcado por el destino. Colócale en mitad de la nada, rodéale de un lazo y ata el otro extremo a un péndulo. A continuación, observa cómo el ratón intenta en vano escapar de los designios del ser superior. Durante una temporada, se aliviará confiado, viendo cómo el péndulo le permite alejarse, desplazándose a su favor, e incluso animándole para que siga delante de su vida y deje atrás su pasado. Entonces es cuando ocurre la catástrofe. Por una vez se siente vivo de nuevo: conoce a otras personas, empieza a relacionarse con ellas y florecen en su interior sentimientos que pensó que habría enterrado para siempre. Sentimientos como el cariño, la amistad o el amor…
    Esos sentimientos son lazos, Blaziken –su tono cambió, volviéndose más vehemente y a la vez más emotivo; como si sintiese incomodado cómo las lágrimas apremiaban por salir-: lazos que te unen a esos seres queridos y que, finalmente, cuando el péndulo vuelve inexorable a arrastrarte hacia tu pasado, deshaciendo la ilusión que se fabricó dentro de la nada, les arrastra a ellos también junto contigo, y les coloca en una situación horrible; un castigo más para el proscrito, que ve cómo esta vez no sólo se ha perjudicado a sí mismo, sino también a los seres a los que amó y que condujo a la perdición.

El tiempo muerto llegó por fin, y Blaziken, a quien ahora le había llegado el momento de intervenir, trató de atar cabos con rapidez para que su conclusión resultara acertada:
-Y tú… has venido aquí para cortar esos lazos –tanteó.
-He venido aquí a provocar al péndulo antes de que los otros lazos se hagan más fuertes. Con eso por ahora me basta.



El viento comenzó poco a poco a aumentar su fuerza, e Ikky se dejó mecer por él, aspirando agradecido el aroma del que era portador. Sin embargo, en un momento determinado aquél llegó a alcanzar la furia de un vendaval: las ramas de los árboles se agitaron con violencia, jugando con los haces de luz que se filtraban por entre el escaso follaje. Éste, al instante, desapareció de las copas casi por completo, dejando de proyectar la sombra bajo la que se amparaba Blaziken quien, a diferencia de su compañero, no se había situado bajo el ciprés. Cegado por el sol, tuvo que cerrar los ojos durante un segundo. Segundo tras el cual sintió que era invadido por un poder ilimitado.

Volvió a abrir los párpados: el curso del tiempo se había realentizado. Las hojas despedidas por el viento se desplazaban ahora frente a sus ojos del modo en que el Sol lo haría al ocultarse durante el ocaso. Los cuervos que acompañaban a Gengar, importunados por la violencia del elemento acababan alzar el vuelo y se elevan ahora con lentitud extrema; convenciendo al guerrero definitivamente de que él era dueño y señor de aquel momento, que todo se sometía a su intención y que el motivo de aquel accidente temporal no era otro que su deleite.

Una pluma como el basalto se desprendió de una de las aves en pleno despegue, descendiendo casi de modo imperceptible durante largo rato hasta acariciar afectuosamente la nariz de Ikky, extasiado con aquel fenómeno. Se mantuvo unos instantes inmóvil sobre su apéndice, en perfecto equilibrio, para inclinarse a continuación hacia el banco en el que el Lord permanecía inmóvil. Tras varios balanceos en vano, resbaló para tomar definitivamente aquella dirección y su velocidad se fue incrementando mientras se aproximaba a su amigo. Con un movimiento de mano inesperado y fugaz, éste la apresó en su puño, abriendo instantes después la palma de su mano para contemplarla ensimismado. El tiempo volvió a transcurrir normalmente.

El destello del Sol, la ilusión… todo aquello le había desvelado la verdad. Al mismo tiempo comprendió por fin el secreto que guardaban el Lord y el mágico jardín en el que se encontraban. Y supo que compartían un destino. Ambos seres eran conocedores de su próximo final, y adoptaban ante él una actitud estoica y resignada. Sin embargo, la imposibilidad de expresar a nadie su situación, como si nadie fuese a oírles por mucho que gritaran… como si no pudieran siquiera hacerlo; aquella era la mayor de sus torturas a las que se enfrentaban, el mayor de sus fantasmas. Su única esperanza renacer en primavera. Pero, al contrario que aquel jardín, Gengar había que él no podría hacerlo, y que para cuando alguien pudiese empatizar con él ya sería demasiado tarde.
Blaziken desconocía la causa. Pero la causa era lo que menos importaba. Aunque no pudiera decírselo a Gengar, él sí había podido empatizar con él.




La fantasía se desvaneció entonces y todo volvió a estar en calma. Gengar tomó la palabra, en apariencia ajeno a lo que Ikky acababa de experimentar:
-Respecto a mi propuesta… –musitó, desempolvando por fin el motivo de su encuentro- aún espero una contestación.
-Aún no puedo dártela –dijo Blaziken.
-Has tenido tiempo de sobra para pensártelo.
-¿Y sobre qué voy a pensar, si ni siquiera conozco el lugar? Me hablas de la archiconocida Ciudad de las Catedrales, pero para mí sólo es conocida por las fábulas que se cuentan de ella.
-Las fábulas son suficiente para conocer la Ciudad –replicó Gengar-. Todo el mundo ha oído hablar de la Gran Biblioteca y de sus sellos indestructibles, obra de su no menos legendario guardián. Del palacio del emperador Bug que, aunque no sea el más suntuoso del lugar, posee sus cuatro titánicas torres de vigilancia, altas como no se han visto otras en esas tierras. El infalible Oráculo de Atomic, por supuesto, también es alberga fama de punta a punta de cada uno de los universos conocidos. El descampado conocido como El Limbo, lugar en el que los altos cargos de la Ciudad se reúnen para tomar decisiones en ocasiones tan trascendentales que afectan a otras dimensiones… la mera mención del lugar provoca respeto y admiración por doquier. Y supongo que también habrás oído hablar de la Trifuerza protectora…
-Vale, vale, deja a un lado ya esa promoción tan pedante, no es hora de novela épica. –le interrumpió al fin Blaziken-. Me has dejado claro que el lugar es conocido por todos… También lo es el infierno, y no me has enviado allí.
La sorpresa de Lord Gengar al escuchar aquel comentario fue de tal proporción que a Blaziken le costó trabajo fingir que la había pasado por alto. Otra reacción incomprensible de su amigo… estaba ya tan acostumbrado que le resultó extraño no haber estado preparado para una más de ellas.
-Necesito –continuó al cabo de un rato Ikky- una razón algo más convincente que ésa. Piénsalo… hasta que tú lo propusiste, ni siquiera había pensado en la posibilidad de irme a vivir a ningún sitio de manera sedentaria. Y mucho menos a un sitio que en mi vida he visto.
-¿Acaso no confías en mí?
La pregunta cogió a Blaziken desprevenido.
-¿A qué viene eso? –preguntó.
De nuevo un suspiro del Lord precedería a otra confesión realizada a medias:
-A mis amistades… a todas y cada una de ellas, les deseo lo mejor –le miró a los ojos por primera vez durante la conversación, dejando entonces que la brisa se hiciera cargo la pluma del cuervo, de la que hasta entonces no había apartado la vista-. Si te invito a venir conmigo a Atomic es porque sé que es algo que agradecerás haber hecho en un futuro.
-Me parece que ese sitio te está ablandando más de lo necesario –comentó su compañero esbozando media sonrisa-. ¿Acaso me vas a hablar ahora de amistades insustituibles o algo por el estilo?
-Tanto escepticismo no es propio de ti –se quejó Gengar-, pero daré por hecho que lo que quieres es ponerme a prueba… No, no son las amistades lo más esencial. Quizás en mi caso lo son… y no podría descartar que para ti también lo acabaran siendo. Pero hay algo mucho más profundo en realidad.
-Más profundo que la amistad…
Complacido, Lord Gengar esperó a que su amigo recayera en la magnitud de sus palabras antes de continuar:
-Exactamente –afirmó-. Algo más esencial, algo… vital.
-¿Me estás diciendo que Atomic es como La Meca, y que todo ser vivo debe peregrinar allí una vez al menos en su vida?
-Si lo hubieses experimentado, ya lo entenderías. Escucha…no sé nada sobre la creación –mintió-, pero si, como piensan algunos, ésta se produjo en conjunto, apareciendo todas las dimensiones al mismo tiempo, ten en cuenta acerca de qué lugar estamos hablando.
-El centro del universo –señaló Blaziken.
-Y, por ende, el epicentro mismo de la creación. Es decir, que todos podríamos provenir de allí. Sinceramente, no sé si eso es cierto o no, pero lo que te puedo asegurar es que quien viaja a Atomic encuentra una parte de su ser que hasta entonces nunca supo que existía, que quizá no llegó a tener hasta que viajó hasta allí… Hay algo en aquella dimensión que te reconcilia con un fragmento de tu alma. A mí me ayudó a conocerme más a mi mismo. Y no sé qué podría hacer contigo, pero desde luego con el tiempo sería capaz de aportarte una fuerza de voluntad de la que ahora mismo careces.
-¿Me estás llamando cobarde? –fingió Blaziken enojarse.
-Estoy diciendo que Atomic nos devuelve algo que nos ayuda a saber quiénes somos. Completa nuestra identidad y nos ayuda a tomar una actitud ante la vida.
-Supongo que a ti te ayudó a afrontar tu pasado…
-Al menos, me ayudó a decidirme a hacerlo –corroboró el Lord, casi en un susurro-. Afrontarlo es en sí, tarde o temprano, algo inevitable. Y tú y yo no nos diferenciamos apenas, Blaziken. Aunque no lo sepas, en el fondo de nuestro corazón somos casi idénticos. Por eso sé que estar allí te ayudará a ti lo mismo  que me ayudó a mí. Porque a todos…


… nos llega el momento de enfrentarnos a nuestro pasado. Aquella verdad ineludible seguro que no fue la parte más locuaz de su discurso, pero por lo que a mí respecta, ese montoncito de palabras se grabó en mi mente para siempre. Inspeccionando el fondo de mi verdadero yo, supe que en verdad su situación tenía que ser similar a la mía para haber podido dar en el clavo sólo con esa frase. Tal fue su efectividad, que tras pocos segundos no sentí razones para dudar y acepté su invitación. Nunca me arrepentiría de haberlo hecho. Gengar tenía razón en todo lo que me había desvelado… En verdad, ahora estoy más seguro de nunca de mi verdadera identidad.

Meses después de mi llegada a la Ciudad de las Catedrales, comprobaría con desazón las razones por las que Gengar había vuelto varias veces a la Tierra: efectivamente, lo hizo todo para“tentar al péndulo”, a su hermano, el dios del hades; antes de que le descubriera en su verdadero escondite y sus amistades en Atomic corrieran serio peligro. Las cosas, finalmente, resultaron más arriesgadas de lo que él había planeado, pero el desenlace fue de los mejores posibles, aún teniendo en cuenta la desaparición de su querido Mighyena –la verdad es que nunca he llegado a comprender por qué en aquel” viaje final” se decidió a llevarlo consigo por primera vez a la Tierra-.

Después de aquel suceso, comprendí que había una razón más por la que mi amigo me había incitado a residir en una de las fortalezas más inexpugnables de todas las dimensiones: con todo lo que habíamos pasado juntos, mi nombre había acabado siendo estrechamente relacionado con el suyo en gran cantidad de lugares. Su verdadero deseo era el de protegerme.

Es sorprendente recordar su situación en aquellas circunstancias y compararla con la mía actual. Creo que, en el fondo, yo también soy un poco como un proscrito. Y supongo que la hora de que el péndulo tire de mí ha llegado.
« Última modificación: Junio 30, 2007, 17:28 por Lord Gengar » En línea


En los jardines del infierno la amistad no es una garantía...
 
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