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Mayo 23, 2012, 13:01
Atomic  |  Zona Creativa  |  Gran Biblioteca (Moderador: Líam)  |  Tema: NMNR [Compendio de relatos cortos] Búsqueda Avanzada
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Tema: NMNR [Compendio de relatos cortos]  (Leído 717 veces)
Jabe

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« : Agosto 09, 2010, 00:11 »

Creo este tema para colgar en él los relatos cortos  basados en el mundo de lo que es mi relato largo Nuevo mundo, nuevas reglas.

Me explicaré. A algunas personas ya las he avisado de mi intención de reescribir desde el principio de mi relato debido a los cambios que han ido surgiendo en él a medida que he ido avanzando la história. Viendo la necesidad de reescribirlo pensé en darle un fundamento más sólido y una de las ideas que me pasó por la cabeza fue la razón por la que he creado este tema: relatos cortos que muestren cosas sobre el mundo antes del inicio de la aventura como tal.

Para comentarlos por favor hacedlo en este tema

Sin más dilación aquí dejo el primero de esta serie de relatos cortos. Espero que os gusten.

El Tiempo que perdí

-¡Traed al crío! ¡Hoy es la fecha señalada en la que se abrirá el portal para nosotros! ¡Él será el puente que nos permitirá cruzarla! –gritó un anciano de rasgos endurecidos por los años y ataviado con una túnica grisácea a una multitud de discípulos.- ¡Traedlo de inmediato!
Tres de los discípulos salieron a toda prisa por uno de los tres pasillos que conectaban la enorme sala con las demás partes de la base. La sala central, donde se encontraba el maestro y sus discípulos, estaba decorada con multitud de telas de colores azul, lila y gris, algunos muebles muy antiguos y multitud de adornos de estilo religioso como cálices, urnas y vasijas de diferentes tamaños, gran parte de ellas humeantes creando una atmósfera casi asfixiante con olor a azufre. En el suelo de la sala había dibujado un círculo con conjuros con un triángulo como figura interior al mismo, con un ojo en la zona interior del triangulo en el lado izquierdo, una luna en el derecho y una montaña en el inferior. Todo indicaba que el ritual estaba casi listo, sólo necesitaban la pieza clave, el sacrificio.
Diez minutos más tarde…
-¡¿Dónde está el crío?! ¿Por qué no ha llegado todavía? – Preguntó a voces el maestro a sus discípulos al tiempo que uno de los tres que había ido en su busca regresó, su ropa estaba llena de cortes y chamuscada en su mayor parte, su cara parecía un mapa con los moratones y cortes aún sangrando que en ella había. Avanzó tan veloz como su herido cuerpo le permitió y se arrodilló a escasos pasos del anciano, fuera del círculo.
-Discúlpanos mi maestro, su nieto, el señorito Hongreb, no desea responder a su llamada.
-¡Ese malcriado! ¡Debí ser mucho más estricto cuando le enseñé modales a ese bastardo! ¡Y vosotros… sois una panda de inútiles por no poder reducir a ese cío! – gritó señalando a su público, todos cabizbajos, avergonzados, o mejor dicho, temerosos de que les toque acercarse al joven cuando estaba enfadado.- Veo que tendré que hacerlo yo mismo… -murmuró finalmente para sí mismo.
Con paso seguro salió del círculo pero al hacerlo pegó una patada al hombre arrodillado, impulsándolo hacia éste. El pobre discípulo no tuvo tiempo de frenar y al pisar la línea exterior del círculo cayó fulminado por un rayo.
-Quiero ver este estropicio limpio antes de mi regreso, inútiles –y se marchó por el mismo pasillo que había andado previamente el discípulo calcinado.
Todo el lugar estaba construido en piedra y de forma triangularmente simétrica a causa de las exigencias del anciano. Tras pasar por delante de media docena de puertas finalmente se detuvo delante de una en cuyo centro rezaba el nombre “Hongreb Regadrio”. En los laterales de la entrada se encontraban, inconscientes, los otros dos discípulos que habían ido a recoger al muchacho.
Con un paso lento, pero meditado, se acercó a la puerta. Golpeó una vez.
-No voy a ir, abuelo –dijo una voz desde el interior. El anciano estaba al corriente de todas y cada una de las habilidades del muchacho así que no le sorprendió que le identificara antes de decir una sola palabra sin siquiera mirar.
-Irás –respondió el anciano, severo.
-¡No! ¡Dolerá!
-Más te dolerá si no sales enseguida de la habitación.
-¡No! ¡No quiero ir! ¡Moriré!
-Y así le darás un significado a tu existencia. Recuerda que no debiste nacer en primer lugar.
-¡No eres quién para decirme eso! ¡Te odio y no voy a salir de aquí!
-¡Ya lo creo que saldrás, pequeño bastardo! ¡Saldrás y cumplirás tu destino tal como está escrito en el oráculo! –el anciano empezó a alzar cada vez más y más la voz.
-¡Son todo mentiras! ¿Te crees que no lo sé? Madre me contó que los escribiste tú antes de que la…
No pudo terminar la frase, la puerta de su habitación explotó en pedacitos y apenas tuvo tiempo de cubrirse con los brazos para protegerse de los pedazos de madera que volaban por todas partes. El furioso anciano apareció detrás de la polvareda, alzando amenazadoramente su báculo con motivos de huesos, su Arma Única, en dirección al muchacho.
-¡No! –gritó el muchacho justo antes de que una esfera oscura lo atrapara.
-Da igual lo que digas, cumplirás tu cometido lo quieras o no.
Dirigió la esfera hacia el pasillo y avanzó veloz en dirección a la sala del ritual. Cuando finalmente llegó los discípulos ya habían sacado el cuerpo del suelo y estaban todos arrodillados alrededor del círculo dejando tres pasillos vacíos que seguían la forma del triángulo central. El anciano parecía satisfecho con la visión de todo aquello y soltó al muchacho, haría que caminara él mismo aquellos metros aunque tuviera que obligarlo a la fuerza. En ese momento escuchó un estruendo que provenía del pasillo situado a su izquierda.
-¡No, ellos ahora no! ¡Defended esta sala con vuestras propias vidas! ¡La profecía debe cumplirse!
Sin perder un segundo todos los discípulos se levantaron. Dudaban sobre qué estaba ocurriendo pero sí entendían una cosa, su maestro les pedía proteger el lugar sagrado y lo harían a cualquier precio. Diligentemente rodearon el círculo y se adentraron a piñón por el pasillo desde el que se había escuchado la explosión.
-No es que nos importe, pero estamos aquí –dijo una voz femenina desde el tercer pasillo-. Tenías razón Tellie, este lugar es una ratonera, pero para nada un laberinto.
-Eras tú quien se quejaba de que todos los pasillos parecían iguales por estar hechos de forma tan parecida, pero como es lógico si alguien habita un lugar significa que tiene alguna forma de diferenciar por donde va, sólo teníamos que descubrirla.
-Lo que tú digas. Míralos, tienen un gusto horrible tanto con la decoración como con el vestuario. Si yo creara una secta…
-¡¿Quién osa adentrarse en mis dominios e interferir en mis asuntos?!
-Somos miembros del Cuerpo de Control de los Gremios, CCG para abreviar –dijo una de las dos muchachas justo después de adentrarse en la sala y dejarse ver. Iba vestida con una camiseta estilo militar de camuflaje y unos pantalones piratas de color marrón. Su largo pelo liso y dorado le llegaba a la cintura. Sus ojos azules vigilaban con presunción a los discípulos y al anciano, pasando tan sólo un instante por encima del muchacho de pelo de color violeta.
-“Futuros miembros”, recuerda que esto es sólo la prueba de acceso, nadie nos garantiza que… -respondió su compañera quien se adentró en la sala justo después. Su pelo ondulado y rojizo le llegaba a la altura del pecho, con dos mechones pasándole por encima de los hombros. Iba vestida con una camisa de manga larga ajustada de colores rojo y naranja y una falda de idénticos colores repleta de dobladuras que le ofrecían más movilidad de la que normalmente ofrecería. Sus ojos color esmeralda no se apartaron de su compañera mientras hablaba, aún así en ningún momento dio la sensación de actuar de forma tan despreocupada como su compañera-. En la sala quedan veinte, en menos de cinco minutos el resto habrá bloqueado las otras dos salidas. Nos hemos metido en la boca del lobo –le susurró a su compañera tras cortar el flujo mágico que había usado para descubrir toda esa información.
-Tranquila, ninguno de ellos parece capaz de blandir un Arma Única. Aunque sean más, somos mucho más fuertes que ellos.
Teleysa iba a responderla cuando unas carcajadas no muy lejos de ellas la detuvieron. El anciano estuvo mofándose de ellas unos instantes más y finalmente habló.
-¿Tanto me menosprecian que envían un par de jóvenes aprendices para detenerme? Largaos a casa antes de que salgáis heridas –dijo el anciano, tras lo que murmuró unas palabras e instantes después una enorme bola de fuego amenazó con calcinar a ambas pero topó con un muro de agua que levantó una densa niebla de vapor en la sala.
-La que has liado Tellie, ahora no podemos ver nada –dijo Fleihnir intentando, sin suerte, ver a través de la niebla.
Teleysa suspiró.
-Es lo que te decía yo, nos han puesto juntas por tus escasos conocimientos sobre magia –con un ademán de su mano izquierda recogió todo el vapor y lo condensó en una esfera poco más grande que la palma de su mano.
-No deben ser tan escasos cuando domino un elemento que tú no –se mofó la rubia, ahora capaz de ver de nuevo. El anciano y el muchacho se encontraban ya en el borde del círculo de conjuros, el segundo a punto de pasar la línea exterior. Fleihnlir no dudó, alzó su mano derecha por encima de su hombro izquierdo y lanzó una daga lumínica a los pies del anciano, logrando su objetivo de ganar unos segundos para volver a actuar.
-No entres en ese círculo, me da mala espina –dijo Teleysa señalando algo de ceniza que había cerca de ellas, la cual no encajaba con el resto del dibujo. Dicho eso alzó su vara por encima de su cabeza y tras dibujar un veloz arco descendente tocó con la punta el suelo, lo que bastó para desencadenar una ráfaga de estalagmitas que avanzó furiosa hacia el anciano.
Flei, sin hacer aparecer su arma todavía, pero blandiendo tres dagas lumínicas en cada mano, se abalanzó siguiendo el ritmo de la ráfaga de estalagmitas hacia sus objetivos. El viejo, quien esperaba pacientemente que ambos se acercaran hizo aparecer su báculo.
-¡Flei cuidado! ¡Es un Arma de nivel avanzado!
Reaccionó demasiado tarde, el anciano dibujó un semicírculo por debajo de su cintura que deshizo la cadena de estalagmitas y de tres veloces pasos esquivó las dagas de la muchacha rubia, la cogió por el cuello con su mano izquierda y la levantó en el aire.
-Ya veo que los rumores sobre la nueva escuela son ciertos. Da lo mismo, la vieja escuela siempre ha sido la mejor escuela y vosotras dos lo vais a sufrir en vuestras carnes –el anciano resistía con firmeza los intentos de Flei por liberarse de su apresor, ninguno de sus golpes y forcejos hacía efecto en él-. Tu amiga tenía razón, deberías haber actuado con más precaución cuando viste mi Arma Única. Ahora y es demasiado tarde para ti.
El anciano levantó su báculo con la mano derecha por encima de su cabeza, murmuró algo y éste empezó a brillar. Segundos después fijo su mirada en la joven que aún se debatía por liberarse de su opresor, listo para acabar con ella. Flei sonrió, confiada.
-¿De qué escuela me hablas, viejo? ¡Soy autodidacta!
Tras este grito el viejo se vio obligado a apartarse enseguida de su presa o de lo contrario le habría tocado despedirse de su brazo izquierdo. La joven rubia había intentado cercenarle la mano con una guadaña de color plateado con franjas doradas como el sol y rojas como la sangre que recorrían tanto el mango como la hoja. En la hoja, en letras de color azul claro como los ojos del la joven, se podía leer su nombre: “Fleihnlir”.
-¿Un Arma avanzada? ¿Cómo…? –balbuceó el anciano.
-¡Y no sólo eso! –Flei hizo desaparecer su arma y en su lugar emergió un arco largo que parecía perfectamente tallado en madera cuyo aspecto era mucho más corriente que el arma predecesora. Disparó una flecha pretendiendo acertar en la cabeza del anciano, sin compasión.
El anciano logró esquivarla de puro milagro cuando, viéndose en apuros, se giró hacia Hongreb y le propinó una patada en el trasero que hizo que éste entrara en el círculo.
-¡No! –gritó Teleysa e intentó pensar algo a toda velocidad que pudiera proteger al muchacho de pelo violeta de lo que se le venía encima pero no llegó a tiempo. Una infinidad de rayos empezaron a llover desde el techo de la sala en dirección al indefenso jóven.
Transcurrió un largo minuto hasta que las jóvenes empezaron a acostumbrarse a la constante caída de relámpagos, sospechando que algo extraño pasaba miraron hacia el lugar donde aún caía sin cesar la lluvia.
El muchacho estaba en pie, completamente ileso, con la mirada perdida en dirección al centro del círculo.
-Buen trabajo protegiéndolo Tellie… -empezó a decir Flei girándose a su compañera pero se frenó en seco en cuanto divisó la expresión de la cara de la joven pelirroja. No era Teleysa quién protegía al muchacho.
-¡Habéis llegado tarde! ¡La profecía ya está en marcha! –dijo el anciano, expectante.
-¡Chico, so nos oyes, sal de ahí enseguida, aún estás a tiempo para…! –pero el muchacho era incapaz de escuchar nada, quizá por el ensordecedor rugido de los relámpagos o por el trance que lo poseía.
Una voz habló alta y clara, suave pero a la vez firme habló por encima del ruido desde el centro del círculo mágico.
-Muchacho de corazón puro, acércate a mí y cumple con tu destino.
La voz tenía origen en un ente incorpóreo, visible por las tonalidades celestes que intentaban sin éxito dibujar su figura, ondulándose constantemente.
Hongreb, obediente, avanzó lentamente hacia el centro del círculo. De siete de pasos de sus cortas piernas se adentró en el triángulo central del dibujo interior del círculo mágico, momento en el que la lluvia de relámpagos dejó de cegar a todos los presentes en la sala.
-¡Eso es, ábrenos la puerta al Limbo para ascender! –proclamó el anciano, arrodillado en el suelo y levantando ambas manos hacia el cielo, en actitud implorante. Justo después fue noqueado por una patada en la cara de Flei.
El anciano se levantó lentamente, sonriendo borracho de placer, ignorando la sangre que brotaba de su nariz.
-Demasiado tarde, pequeña. Hemos ganado.
Esas palabras desencadenaron más violencia por parte de Flei. Le propinó un rodillazo en la barbilla que lo dejó tendido en el suelo y una vez allí le apuntó a la cabeza con su arco, furiosa.
En el instante en que el iba a disparar la flecha que acabara con el viejo un estruendo la hizo parar y girar la cabeza para averiguar lo que ocurría.
Teleysa se había adentrado en el círculo y una lluvia de relámpagos idéntica a la anterior caía sobre ella, con la vara en el aire su frente sudorosa la hechicera.
-¡Teleysa! –gritó Fleihnlir a su compañera con un leve deje de preocupación en su voz.
-No te acerques Flei, no podré protegerte a ti también.
-Está bien, yo me encargaré de las cosas aquí fuera –dijo la muchacha rubia volviéndose otra vez hacia el anciano, aún tendido en el suelo, donde empezaba a formarse un pequeño charco con la sangre que le brotaba de su nariz y boca.
Los discípulos no habían atentado hacer nada desde la primera lluvia de relámpagos y ahora tampoco iban a hacerlo pues todos volvían a retroceder hacia las salidas, deslumbrados por los azotes que caían sobre la muchacha pelirroja y la visión del ente.
Segundos después Teleysa cruzó al triángulo central, pudiendo por fin tomarse un respiro.
-No… -empezó a decir el ente- Todavía no es el momento. No es así como estaba escrito en las estrellas que sucedería nuestro encuentro.
Los colores del ente pasaron a color rojo unos instantes para pasar finalmente al color negro. Instantes después todo el complejo quedó inundado por la oscuridad.

Varios días después un par de muchachas y un jovencito estaban descansando al lado de un río a varios kilómetros del lugar de los sucesos.
-Me da igual haberlo vivido, todavía no me creo que sigamos con vida después de lo que sucedió –se quejó Flei mientras se lavaba el pelo en el agua fría del río.
-Míralo de este modo, el ente era como un demonio que decidió volverse contra su invocador y lo castigó a él y a sus seguidores por hacerlo enfadar –respondió Teleysa mientras colgaba su ropa ya limpia en unas ramas de unos arbustos cercanos.
-¡Casi se nos lleva con ellos! ¡No han quedado ni los cimientos de esa maldita cueva!
-Pero no lo hizo. Y aquí estamos, de regreso a casa y la misión ha sido un éxito.
-¿Y qué es eso de los castigos que mencionó esa cosa?
-Veamos… dijo algo sobre que aunque no era el momento de nuestro encuentro nos otorgaría igualmente unos dones como presente, aunque con un castigo que levantaría cuando fuera el momento adecuado.
-¿Y te lo tomas tan a la tranquila? ¡Yo todavía tengo los pelos de punta! ¡Necesitaré semanas de tratamiento para dejar como estaba mi precioso pelo! –dijo mientras insistía en deshacer los nudos de su cabellera con los dedos, sin suerte.
-Por eso te dije que nos habían emparejado para la misión. La magia abarca mucho más de lo que puedas llegar a imaginarte. Desde lo que nosotros comúnmente usamos para nuestras peleas hasta cosas de mayor envergadura como el destino de las personas o del universo.
-Todo eso es demasiado complicado para mí, si algo no me es útil prefiero no saber de él.
Teleysa sonrió ante el comentario, medio burlándose de su compañera.
-Tú misma me acabas de dar la razón por la que no me preocupa el asunto. Porque no me sirve de nada preocuparme por las cosas que no puedo cambiar.
Fleihnlir volvió la cara hacia el río, algo mosqueada con el comentario. Instantes después empezó a reírse a carcajadas. Su compañera estaba en lo cierto, la misión había resultado ser un rotundo éxito. Saltó a las aguas tranquilas y cristalinas del río, dio unas cuantas brazadas y se giró hacia el cielo despejado del mediodía para dejarse mecer por la suave corriente del río. Momentos después se unió a ella Teleysa.
-Oye, Teleysa.
-Dime.
-Sabemos cuál fue el castigo de Hongreb. Pero, ¿y el tuyo?
La muchacha pelirroja meditó unos instantes esas palabras con los ojos cerrados. Finalmente los abrió y dijo:
-No, no noto que nada haya cambiado en mí. Quizá tuve suerte y no llegué a recibirlo.
Ambas se quedaron en silencio un rato más en el agua. Pasado ese tiempo nadaron juntas hasta la orilla donde había su ropa. Hongreb había estado esperándolas no muy lejos de allí, el muchacho no había salido nunca al mundo exterior y todo lo que veía lo maravillaba.
-He decidido que cuando nos den el aprobado haré una petición para que me dejen entrar en el cuerpo de elite del gobierno. Quiero formar parte de las fuerzas de choque contra los Argrindros –dijo Fleihnlir, muy seria.
-La Orden de Tuberli. Sí, creo que encaja contigo tener un objetivo como ese –se mofó Teleysa.
-¡Oye! No te rías de mí, sabes de sobra que estoy capacitada para pasar la prueba de acceso.
-Con un Arma avanzada a tu edad lo extraño es que no te hayan metido ya en su programa de entrenamiento.
-Recibí la carta hace tiempo pero no ha sido hasta ahora que me he decidido aceptar.
-Yo no he recibido solicitud alguna, seguramente me quedaré una temporada con el CCG.
-¿Bromeas? ¡Eres demasiado buena como para echarte a perder con ese grupo tan patético! Venga ya, decide seriamente qué es lo que quieres hacer.
-Está bien, está bien. Ya sé qué es lo que haré. Yo…

Hongreb, situado a pocos metros del lugar de la conversación dejó de prestar atención cuando se dio cuenta de algo en su interior. Entonces miró a Teleysa y en su mente apareció muchísima información referente a ella, incluyendo su castigo y la cura para éste. Sintió el impulso de ayudarla por haberla sacado de la cárcel en la que se encontraba e intentó invocar esa cura. Pero nada sucedió aunque poseía la capacidad para hacerlo.
-Todavía no es el momento. No te preocupes, dejaré que seas tú quien la libere de su pequeño castigo, pero no ahora –dijo una voz en su cabeza que reconoció al instante. Pertenecía al ente que lo había privado de su voz y le había concedido varios dones en el proceso.
-Tu voz no es tu único castigo. Pero no temas, este cambio no lo echarás tanto de menos –dijo el ente antes de desaparecer por completo de la mente del muchacho.
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Jabe

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« Respuesta #1 : Septiembre 13, 2010, 20:23 »

Y aquí viene el siguiente. 217 visitas de las cuales sólo 3 son mías... Ya podríais decir algo joer, ni que fuera hola >.<.

Cruce de personalidades:

-Y con esto concluye la explicación de lo que es nuestra misión. Si alguien tiene alguna duda ahora es el momento de preguntarla –concluyó Baelcan al cual solo se le veía la cabeza, ataviado con una armadura plateada y una capa en la que se podía distinguir el estandarte de la Orden de Libuter. Sus rasgos distintivos eran sus ojos color madera recién barnizada y su pelo negro y corto.
-Yo sí. ¿Qué hace Hongreb en nuestro grupo? ¡Todavía es un crío! –se quejó Fleihnlir la cual irónicamente estaba sentada al lado del muchacho del pelo violeta.
-Si recuerdas la explicación que he dado hace un momento… -multitud de murmullos y quejas cortaron la frase de Baelcan- ¡Silencio! – aunque repitió esa palabra en varias ocasiones y golpeó la mesa hasta casi romperla no logró que pararan.
Entonces Flei se levantó de la silla y llevándose dos dedos a la boca silbó tan fuerte que casi dejó sordos a todos los presentes.
-Escuchemos lo que tiene que decirnos Baelcan.
-Señor Baelcan, como comandante al mando de la misión merezco que se me trate con respeto.
-Como sea, responde.
-Mocosa engreída… -dijo para sí mismo justo antes de echar una ojeada a todos los presentes.
La reunión informativa se llevaba a cabo en lugar muy atípico, en el interior de un camión en marcha, aunque no falto de ciertas comodidades para sus tripulantes con los mínimos necesarios para el largo viaje que les esperaba.
-El motivo por el que se viene en esta misión es porque, al igual que el resto de nosotros, pasó las pruebas de selección de miembros para la Orden, y eso incluye el poseer un Arma Única de nivel avanzado.
Más murmullos, pero esta vez de admiración por el muchacho. Doce eran los miembros de la Orden que habían respondido a tiempo a la convocatoria para la misión que iban a llevar a cabo.
La Orden de Libuter es el grupo más liberal de todos los que reúnen a las personas que poseen un Arma Única y a la vez es el único grupo donde solo permiten acceso a la élite, o mejor dicho, a los que son capaces de superar las duras pruebas de acceso. Su funcionamiento es sencillo, los miembros tienen total libertad de acción mientras no se les convoque. Cuando sucede es porque anuncian una serie de misiones con cuantiosas recompensas ligadas a ellas. Las misiones las presentan en una tabla en la que se indica su código de identificación, su dificultad por rangos (que van de la F a la A y la S para rangos superiores), el coste de la información de la misma, la recompensa total por finalización de la misión y los porcentajes de pago previo y pago final de la recompensa. Un porcentaje inicial bajo indica que la misión no es complicada dentro de las de su rango, por el contrario un porcentaje de pago previo alto es señal que la misión es peligrosa y requiere prepararse muy bien antes de ir al lugar de encuentro.
-Ochenta veinte es lo que ofrecían para esta misión y dos semanas para reunirnos en el punto de encuentro. Nos han dado tiempo y dinero de sobra para dejar nuestros cabos sueltos bien atados y despedirnos de la familia -dijo Baelcan para sí mismo mientras miraba al exterior del camión por una rendija en un lateral.
-A mí me ha venido de perlas esa proporción –dijo Flei quien se había levantado y ahora estaba de pie a su lado.
Baelcan suspiró.
-¿Qué quieres ahora? Es peligroso quedarse de pie dentro del camión, como frene de golpe te caerás.
-¿No te parece extraño? –preguntó la mujercita rubia.
-¿Otra vez con el asunto de Hongreb?
Ella respondió negando con la cabeza.
-Lo que me parece más extraño de todo es que nos paguen tan bien y aún así vengan tanto soldados como magos de los Gremios.
-No debería parecértelo, nos dirigimos hacia lo que creen que es uno de los nidos de los Argrindros. Si conseguimos conquistarlo seremos los primeros en hacerlo. ¿Sabes lo que eso supone?
-Pues claro que lo sé. ¡Me haré famosa! ¡Saldré en todos los telediarios como la belleza que conquistó esas apestosas criaturas! Ya tengo el armario repleto de conjuntos de ropa para cuando eso suceda, aunque me faltan los complementos. Pero eso se solucionará con el pago final –empezó a decir Fleihnlir, excitada.
-Mujeres… -Baelcan suspiró de nuevo y se centró en mirar al exterior, o eso pretendía hacer cuando un golpe en su hombro izquierdo le hizo regresar al lugar donde se encontraba. Giró la cabeza en la dirección de donde había venido el golpe y vio el puño izquierdo de la mujercita rubia apuntando a su cara, iluminado tenuemente.
-Alégrate hombre, ya verás como lo conseguiremos –dijo ella alzando la voz para que todos pudieran escucharla y después añadió en un tono que sólo Baelcan pudo escuchar-. Además, las arrugas no le sientan nada bien a tu cara –dijo antes de alejarse del lugar sin verse afectada lo más mínimo por el cambio de velocidad brusco del camión. Baelcan echó una ojeada en el exterior. Por lo visto un pequeño grupo de Argrindros de la más baja clase había decidido asaltarlos, pero fue rápidamente reducido por una unidad de soldados que viajaba en un coche aparte.
Al rato Baelcan notó que el hombro le empezaba a doler, pero no pudo llegar a alcanzar la zona del dolor porque llevaba puesta la armadura.
-¿Cómo ha…? –entonces recordó la tenue luz que rodeaba el puño de la mujer y comprendió lo sucedido. Entonces alzó la mirada para buscarla pero en el camino sus ojos se cruzaron con los de Hongreb.
El muchacho del pelo violeta lo observaba atentamente con su mirada enigmática, instantes después del momento en que sus ojos se cruzaron los cerró, sonrió amablemente y a continuación regresó a su asiento.
-¿Por qué a mí? –dijo Baelcan con una mano tapando su cara.- Mi tercera misión en este condenado nido y me tuvieron que asignar estos peleles.
-Si han venido es porque deben fuertes. ¿No crees, Baelcan? –dijo un muchacho rubio, ataviado con una túnica blanca con rayas doradas en los pliegues del cuello y muñecas aunque por debajo se le veía vestido con prendas mucho más modestas.
-¿Tú aquí, Líam? ¿No habías decidido dejar a un lado las misiones de este tipo para pasar a tareas administrativas?
-Yo también me alegro de verte. ¿Es que no puedo escoger de vez en cuando una misión de estas para ver a mi viejo amigo?
-No he dicho eso, pero esta es especialmente peligrosa. Debiste escoger otra, o llamarme en otro momento para vernos y charlar. Aunque pasaras las pruebas de acceso no estás preparado. Eres…
-Tranquilo, los de arriba han pensado en todo. Lo parezca o no ya tenemos a alguien en el grupo que nos compensa a mí y al muchachito mudo ese en lo referente a instinto asesino. ¿No has escuchado los rumores sobre la mujer a la que llaman “El Ángel Sangriento”?
-Ya sabes que estoy siempre muy ocupado con mi trabajo. Sé que a mí también me han puesto un mote pero ni idea de cual es.
-¿Tienes tiempo para hablar, amigo?
-Sí, ¿por qué no? No llegaremos hasta mañana por la tarde y los soldados tienen órdenes de encargarse de cualquier problema que salga al paso –respondió Baelcan que pareció aliviado por poder quitarse un rato su máscara de seriedad.
-Por fin el Baelcan que yo conozco.
-Gracias a ti. Cuéntame lo que quieras, soy todo oídos.
-Si no te importa empezaré por ti. Por lo que sé el mote más común de todos es el de “El Volcán Plateado”. Te consideran una fuerza de la naturaleza, imparable y con la fuerza de cien hombres, además aún conservas tu armadura plateada de cuando formabas parte de la ya desaparecida Orden de Hiratos.
-¿Volcán? ¿Yo? –Baelcan soltó varias carcajadas- Menuda tontería.
-Bueno, en una de tus misiones, si no me equivoco, te ordenaron ayudar a evacuar un poblado. O eso debías hacer, pero acabaste abriendo un agujero al otro lado del volcán para desviar los ríos de lava hacia adonde no pudieran hacer daño a nadie.
-No me lo recuerdes –se quejó Baelcan-. Pasé un mes entero en el hospital. Acabé con todos los músculos de los brazos completamente desgarrados. No podía mover un solo dedo. Pero espera… ¡Ah! Así que es por eso que todos se enteraron. ¡Tú fuiste uno de los que se encargaron de mi rehabilitación!
-Ya sabes cuanto me gustan los chismorreos, además fue en ese hospital donde nos conocimos. Debo decir que eras un buen paciente, aguantabas estoicamente el tratamiento con magia que usamos contigo. No las teníamos todas porque era experimental pero…
-Fue doloroso, pero valió la pena pasar por eso. Al salir de allí mis brazos estaban como nuevos, incluso mejor que antes –dijo mientras hacía un gesto como si intentara mostrar los músculos de su brazo bajo la armadura.
-¡Qué interesante! De modo que un hombre como tú ha sido una cobaya. Y tan fuerte… -dijo Fleihnlir, la cual se había unido a la tertulia de improviso y había estado escuchando al chico rubio con atención-. Mi nombre es Fleihnlir –dijo efusivamente mientras alargaba una mano al muchacho rubio.
-Líam, un placer –dijo mientras rechazaba amablemente la oferta de la mujer.
-Es de mala educación meterse en las conversaciones de otra gente –se quejó Baelcan.
-No seas aburrido venga, no hay nada que hacer y esto es muy interesante –respondió Flei-. Venga, cuenta más rumores de la Orden.
-Ahora le iba a contar a Baelcan uno que es muy probable que conozcas, “El Ángel Sangriento”.
-Pueda que sepa quién es –dijo Flei mientras se acariciaba un mechón de pelo y lo colocó con cuidado detrás de una oreja.
-La mayor parte de miembros de la Orden tienen motes asignados, pero ninguno que llame tanto la atención como la de este individuo. Cuentan que antes de su llegada al campo de batalla del cielo emanan rayos del juicio final y a su paso deja un rastro de ríos de sangre. Aún con todo ese poder destructivo en sus manos, los que la han visto en persona afirman sin lugar a dudas que su mayor arma es su belleza.
-¡Exageras! –dijo la mujer rubia entre risas, de forma coqueta.
En ese momento otra de las chicas del grupo llamé a Fleihnlir, ésta se levantó al instante y se alejó sin mediar palabra.
-Rayos del juicio final y ríos de sangre. ¿También estabas exagerando en eso, verdad?
-Me permitieron asistir a su prueba de ingreso y la verdad es que los rumores de la gente no exageran. Su poder es muy real.
-No lo parece para nada viéndola aquí, así –dijo Baelcan a la vez que giraba la cabeza hacia la mujercita rubia.
Antes de poder realizar el contacto visual algo blanco nubló su vista. Alzó la mano izquierda y cogió lo que Líam le había plantado ante sus narices.
-¿Una carta?
-Una petición de nuestros superiores.
-Una misión encubierta, supongo.
-¡Soy un simple mensajero! –dijo Líam protegiéndose de la acusación de su amigo.
Baelcan no respondió al gesto. Usó uno de los resquicios de su armadura para abrir el sobre.
-Oh, vaya. Te referías a… y no a… Vale, vale –suspiró aliviado Líam.
-En qué locura deben estar pensando con esto –se quejó Baelcan ladeando la cabeza.
-No me parece tan mala idea, la verdad. Antes tomar estas medidas no era necesario porque no éramos muchos miembros, pero con la llegada de las nuevas generaciones cada vez somos más.
-Continúan habiendo bajas en los boletines mensuales –concluyó Baelcan.
-Es triste, pero inevitable dadas las circunstancias –respondió el chico rubio.
-Está bien. Pondré a prueba esta idea de nuestros superiores para la misión.
-¿Qué? ¿Tan rápido? Creí que no estarías de acuerdo –dijo Líam, sorprendido.
-En dos días es muy probable que estemos todos muertos así que probarlo podría no ser tan mala idea. Si todo lo que dicen en el mensaje es cierto y mejora nuestras posibilidades de supervivencia aceptaré formar grupo con ellos con efecto inmediato.

Hongreb y Fleihnlir, quienes ya habían leído sus respectivos sobres y habían escuchado toda la conversación desde una distancia prudencial, se alegraron, por diferentes motivos, que Baelcan hubiera recibido con buenos ojos la petición.
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