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Mayo 24, 2012, 12:28
Atomic
|
Zona Creativa
|
Gran Biblioteca
(Moderador:
Líam
) | Tema:
Nuestra Navidad I y II
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Tema: Nuestra Navidad I y II (Leído 4091 veces)
Líam
Mago Blanco
Moderador
Desconectado
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Mensajes: 8.257
Nuestra Navidad I y II
«
:
Diciembre 20, 2004, 11:09 »
Nuestra Navidad
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- ¡Rápido, Flopy, rápido, no nos queda mucho tiempo!- abrió las puertas de par en par y una agradable luz envolvió toda la atmósfera. Al entrar en la Gran Biblioteca, viniendo de la fría calle, Líam sintió como si hubiese entrado en casa, lo que realmente había hecho. Todo estaba precioso: espumillón verde y plateado, preciosas esferas de cristal, zafiro y rubí colgaban de las preciosas estanterías de madera antigua, llenas ahora de juguetes en miniatura, como pequeñas obras de artesanía en madera. La cúpula mostraba un bello firmamento cruzado por delicados copos de nieve, por el que revoloteaban angelitos con liras, trompetas y otros instrumentos musicales. Todos los ayudantes de la Gran Biblioteca llevaban el típico gorrito navideño de Papá Noel y correteaban de aquí para allá con pequeñas montañas de preciosos paquetes, regalos enviados por los habitantes de Atomic al Gran Árbol, un enorme abeto, tan alto como la misma biblioteca, aún por decorar. Allí descansarían hasta el momento de abrirlos. Todo aquello expresaba e imbuía calor, la chimenea encendida, los regalos, la preciosa decoración y, como joya luminosa de aquel ambiente, la sonrisa de una amiga.
- Gracias por haber venido, sé que estarás muy ocupada.
- ¿Estás de broma? ¿Y no ayudarte a decorar el Gran Árbol?- Líam se iba quitando la capa nórdica y su bufanda de fina lana, que Pokelink le había regalado el año pasado.- ¡No me lo perdería por nada!
- A todo esto, ¿dónde están los otros dos?- Líam miraba hacia un lado y hacia otro, nervioso, ilusionado.
- Elec y Pokelink han llegado antes, pero me he reservado el árbol a base de latigazos, están ahí, con las guirnaldas de espumillón- Enilla, vestida con una túnica roja, apuntó hacia una esquina, donde un muchacho de verde apuntaba con una flecha, mientras otro ataba un extremo de espumillón a una flecha.
Pokelink soltó la cuerda y la flecha, con la guirnalda, se clavó en el techo, justo en la esquina de la estantería. Con un ligero movimiento con los dedos, Elec separó la flecha y, haciéndola bailar cual serpiente encantada, colocó la guirnalda a placer, cuyo otro extremo llegó presto acompañado de otra certera flecha. – ¿Y bien? ¿Empezamos?
- Sí, claro, perdona. – Líam sonreía feliz, simplemente inmerso en un sueño. Aquello era precioso, idílico, algo sacado de un cuento. Todos habían colaborado, unos en la Biblioteca, otros en la inmensa Gran Catedral, o incluso en los pequeños detalles en las farolas de la calle y sus luces y coronas de muérdago. La gente estaba de buen humor, sonreía, reía a carcajada suelta más de lo habitual, pero, sobre todo, en el ambiente se sentía, como un agradable y dulce perfume, la amistad, el amor de la Navidad y estaba más que probado que el espíritu navideño estaba presente en todos y cada uno de esos corazones. La Navidad se dejaba sentir.
Decidieron comenzar por las luces. Se miraron, cómplices consabidos de una obra de una importancia diferente a la normal, un trabajo especial y con una fina y alegre carcajada, alzaron el vuelo y comenzaron a levitar alrededor del árbol, lanzando pequeñas esferas de colores que brillaban alegremente. Después llegó el turno de las guirnaldas y mientras una cogía un extremo y se encargaba de pasar entre las gruesas ramas del abeto, dejando a su paso una hilera de luz, el otro se aseguraba de que los pequeños adornitos estuviesen estratégicamente colocados, para que ningún lado del árbol, quedara desmerecido.
- Ya casi está- Enilla bajó al suelo y lo contempló, feliz y satisfecha.- ¿Dónde tienes las bolas de Navidad y la estrella?
- Eso- tras poner una figurita representando al “Papá Noël” noruego, Líam descendió y cogió una caja del suelo- es por lo que he salido en mitad de la ventisca con Flopy y Pingu.- Enilla miraba intrigada, sabía que si su amigo se había movido del calor y la comodidad de su biblioteca, tenía que haber una buena razón para ello.- Vamos, ábrela.
Tímida, como una niña que abre un regalo de navidad a escondidas, con el mismo brillo en sus ojos que cuando tenía 6 años, Enilla abrió la caja. “¿Qué puede ser?”-pensó- “Estas navidades ya son maravillosas, no tenía tanta ilusión por algo desde que era apenas una niña, todo, las sensaciones, los villancicos, las tradiciones, todo es igual. ¿Es que se puede mejorar?” Mas cuando sus temblorosos y finos dedos levantaron la tapa, su rostro se iluminó como una estrella. Allí, descansando sobre rojo terciopelo, esferas del más puro cristal brillaban con fuerza, mostrando escenas preciosas... Un beso, un perdón, un nombramiento... No era tanto su bello aspecto, sin duda encantador, como la sensación, los sentimientos que desprendían. Calidez, esperanza, alegría, amor...
- ¿Qué son?- en su fuero interno sabía perfectamente lo que era aquello, un conocimiento inherente a su ser, de nacimiento.
- Son sueños, ilusiones, deseos... Son corazones, espíritus. Dentro de cada una de estas esferas está reflejado un sueño, una ilusión correspondiente a un habitante de la Ciudad de las Catedrales. Están todas aquí, la de Elec., la de Pokelink, la tuya, la de Kare... todos sus corazones con sus buenas intenciones, sus ilusiones... todo está aquí.
- Déjame ver la mía...- Elec. y Pokelink se habían acercado sigilosamente, arropados por la suavidad que la alfombra imprimía a sus pasos y ahora los tres se arremolinaban alrededor de Líam, que sostenía la caja abierta delante de ellos, como quien abre una caja de bombones delante de un colegio.
- Esto es precioso, pero...- Pokelink parecía dubitativo mientras examinaba su esfera acariciándola con sus manos...- ¿No crees que esto es algo muy personal, algo para nosotros mismos y para nadie más?
- Sólo aquellos que saben ver dentro del corazón de la persona pueden ver sus verdaderos sueños, los demás sólo veremos deseos superficiales, la verdadera ilusión se reserva a los ojos del verdadero amigo, para el que no existe secretos.
- Me imagino entonces que tú veras la mayoría, ¿no?- Elec. rió ampliamente tras decir esto, sin ningún tipo de malicia, sino con una risa clara y cristalina.
- La verdad es que nunca se conoce a nadie ni la mitad de lo que se querría...- el muchacho observó con detenimiento una de las esferas, la acercó a su corazón, como queriendo protegerla con cariño y la lanzó con todas su fuerzas, como quien suelta un ave para que vuele libre, viéndola alejarse y colocarse en un lugar preciso, donde comenzó a brillar con fuerza.- Vamos, vamos, no se van a colocar solas, chicos.
Flopy y Pingu aparecieron con más cajas de madera, de las que los tres amigos fueron extrayendo más ilusiones y lanzándolas al cielo como hojas que se encomiendan al destino que el viento quiera darles.
- No quiero ni preguntar por su precio...- Electrón parecía hoy de buen humor, pero se dio cuenta de que, a pesar de las generosas subvenciones del gran BUG, Líam ponía gran parte del dinero de su bolsillo, para que la biblioteca estuviese siempre perfecta, a veces sin mucho tino en las cantidades.- ¡Será desorbitado, algo así no tiene precio!
- Creo que esta vez Líam sólo ha tenido que hacer el esfuerzo de levantarse de su cálido sillón para ir a por ellas... Lo que para él ya es mucho, jajajajaja –Pokelink también reía alegre, dejando que el espíritu navideño le invadiese.
- Estos son los mejores regalos que podías conseguir... ¿De dónde los has sacado?
- Sore wa, himitsu desu, Eni – Líam aderezó este comentario con una amplia sonrisa.- Los mejores regalos no cuestan nada...
- ¡Tienes razón!- las tres voces sonaron al unísono, lo que provocó una carcajada general.
La velada ya había comenzado y todos estaban allí, con sus mejores galas, esperando ansiosos la gran cena prometida, mientras daban buena cuenta de los entremeses, el lomo, el queso y el jamón que los pequeños peluches llevaban de aquí para allá.
- ¡Deja a los ángeles en paz!
Kyro se dedicaba, junto con Karela, ambos vestidos de gala, él con una imponente túnica negra de ceremonias y ella con un despampanante vestido negro, que podía haber salido perfectamente del guardarropa de Catherine Zeta Jones, a jugar al tiro al blanco con la pobre orquestilla de ángeles y querubines que volaban de un lado al otro de la bóveda. Habían acorralado a uno, especialmente regordete, que tocaba la tuba, hasta que uno de los serafines del coro zanjó la situación lanzando a los atacantes sendas flechas de luz, con lo que los dos perdieron el interés y prefirieron dedicarse a hablar con el resto del mundo, en lugar de intentar exterminar a la decoración. Taiki, por su parte, vestido con una preciosa túnica azul celeste de corte elegante, había decidido perseguir a los Santa Poring que Líam había traído para tales fechas desde Lutie, con el fin de intentar achuchar al mayor número de ellos de una sola sentada, mientras Leo, con un majestuoso atuendo de oficial draconiano, le seguía de cerca de la espera de poder hacer lo propio, con el matiz de la exterminación. En una esquina, Lao y Melkor, el primero vestido con una túnica imperial china y el segundo de esmoquin, discutían acaloradamente de política mientras SirMikel, sentado en un sillón y acompañado de una copita de coñac, leía a Freud por enésima vez. Arcal, Xeny y Minun habían decidido montar un extraño concurso de baile, obligando a la pobre orquestilla celestial a tocar piezas d elo más estrafalario, provocando la risa de Mary, Nrua y Wanda que se reían con ganas, mientras mantenían el equilibrio sobre sus tacones, con una copa larga de espumoso líquido en su interior. Zero, Tenebrus y Kayak se dedicaban a contar las historias de terros más horripilantes jamás oídas, que eran continuamente interrumpidas por una hilarante broma o comentario... curioso por aprte de Wario, Ojosapo y Keny, tras lo que se oía un coro de voces masculinas enfundadas en esmoquin que cantaban al unísono: “¡CHISTOOOOOOOOOOOOOSO!”. Enilla y Valen discutían sobre la decoración navideña del lugar, mientras él hacía algunas recomendaciones de lo más acertadas. Enilla, ataviada, como una princesa, de un vestido largo y rojo de moderno diseño, y su parte de arriba de blanco, dando una vuelta a su alrededor a modo de falso chal, a juego con sus largos guantes hasta los codos, se volvió entonces para participar de la conversación de Álvaro, Dark Arcanine y Angellus, hablando al parecer de música. BUG y Beeman proyectaban nuevas empresas para el año que se acercaba y Bulhanunl enseñaba a Ark los Fics más prominentes del momento. Y así, uno a uno, los habitantes de la Ciudad de las Catedrales disfrutaban de aquella amena fiesta charlando alegremente, mientras... Bueno, miento, no todos, puesto que el anfitrión estaba a punto de acabar con sus uñas y comenzar con los metacarpianos...
- ¡Por Dios! ¿Dónde está la cena! Ya debería haber empezado a servirse y Wario está acabando con mi arsenal de entremeses en cuestión de segundos.
- No te preocupes Líam, ¿no ves que la gente se lo está pasando en grande?- Pokelink, ataviado con la túnica verde de honor de la orden de los caballeros de Hylia, había asumido el papel de amigo consolador e intentaba tranquilizar al chico, que había estrenado una nueva túnica blanca con marcadas hombreras doradas, que se ceñía a la espalda e iba acompañada de una tiara también dorada. La cena es lo de men...
Un estruendo en las cocinas sólo oído por ambos acalló a Pokelink, que vio cómo Pingu, con su monísima pajarita roja, salía corriendo y asustado de la cocina con una nueva bandeja de entremeses, aún a riesgo de tirarlos al patinar cómicamente en el derrape. A continuación, las puertas de la improvisada sala de hornos en la sección de gastronomía se abrieron por la fuerza de una enorme llamarada, acompañada de la imagen de Flopy volando por los aires con su adorable sombrerito de cocinero.
- Woooooyyyyyyyyyyy... [¡Plaf!]- Pegó contra una pared y calló al suelo como un saco, de dónde se levantó diligentemente y con una sonrisa acudió donde Líam.- Líañ, tdaigo noticias del fdente, digo de la cocina: la cena aún ce va detdazad un poco.
- ¿Más?... Quiero decir, ¿qué ha pasado ahí dentdo, digo dentro?
- Ñada,- observó Pingu- poblemaz con loz fogones, que ez que loz de Cadtogdafía no ce acladan y ez la zegunda vez que Calumon mete la pata con la potencia del hodno.
- Pero en un zegundo...
Otro ruido y los grititos de los pequeños Calumons fueron lo que puso en alerta esta vez a los amigos, que vieron como una enorme merluza del tamaño de un tiburón blanco salía flotando de la cocina y desaparecía por una de las esquinas del corredor de la biblioteca. Seguido por un pequeño batallón de Calumons, Patamons y otra serie de peluches.
- Cdeo que noz hemos quedado zin la cena de pezcado...- apuntó Flopy mientras los perseguidores daban la causa por perdida y volvían a las cocinas.
- Pe-pe-pero... ¿Qué significa esto?
- Puez vedaz- comenzó Pingu- ez que era máz barato compdaz laz cozaz gdandez, que compdadlaz en gdandez cantidades...
- Bueno, pero vamos a ver, ¿La cena vegetariana está lista?
- Hmmmmm... zí, pdimedo una acelga ze comió a Peluchín, pedo conseguimos que lo ezcupieda a baze de ponednoz uno zobde otdo y pegadle con un palo. Luego lez pusimos una tdampa y actualmente laz vedduraz mueren zobre la placa de azado...
- Eso es bueno... creo... ¿Y los postres?
- Todo bien, excepto pod el flan que ce noz ha devolucionado y ce ha comido a la gallina con la que esperábamoz haced el caldo de pollo, aunque ziempde podemos recudid al Avecdem de toa la vida...
- ¿Qué? Pero bueno, ¿qué clase de ingredientes utilizáis? ¿Plutonio? El flan no debe comer, ¡debe ser comido!
- Ezo zon detallez gdamatico-lingüízticoz que el Flan no entiende...- se lamentó Pingu.
- Ainsssss... ¡Señor, qué cruz!
- Bueno- dijo Pokelink con tono conciliador.- Si no recuerdo mal hablasteis de una cena de pavo que teníais en la reserva, bueno, pues éste es el momento de sacarla. ¡Ala, a la cocina, a trabajar!
- ¿E-e-el pa-pa-pavo?- preguntó Flopy con mirada de terror.
- Sí, y rápido, no tenemos toda la noche.
- Ooh, oh... Bueño, Pingu, habda que ponedce manoz a la obda, vamos, con valod.- Flopy se puso de nuevo su chamuscado gorro de chef, como si se colocara una gorra de capitán general, y cogió a Pingu por el ala, arrastrándolo a la cocina.
- ¡No, el pavo no! ¡No quiedo modiiiiiiiiiiiiiiiiiiiid!- pataleaba y se resistía, pero Flopt lo inmovilizó con sus largas orejas y lo empujó adentro, donde entró él, tras guiñar un ojo a ambos. De repente, un estruendo y el rugido, más que el gorgeo, de un pavo atronó en el corredor.- ¡Aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhh!
- Jajajaja, no quiero ni pensar en el tamaño de ese pavo- a Enilla, que se había incorporado hacía un rato, la idea le parecía de lo más hilarante.
- Tú te ríes, pero yo tengo toda una fiesta de invitados a los que entretener y la orquestilla está agotada... Aunque... sí, puede que funcione... ¡Pokelink! – le susurró algo a su amigo, que le miró extrañado.
- ¿Qué es lo que tramas?
- Tú sólo hazlo.
- Está bien, vamos Eni, tenemos que reunir a todos alrededor de la chimenea.
Y así era, tras acercar el Gran Sillón del Sumo Bibliotecario a la chimenea crepitante y convencer a todo para que se reunieran a su alrededor, se sentaron en el suelo y esperaron a Líam que volvía con un enorme libro, muy desgastado, dónde se podía leer “Historias navideñas”. Todos acogieron la idea con sumo gusto, si no podían tener la comida, oirían un precioso cuento de navidad para abrir boca. Sin embargo, cuando Líam miró hacia el sillón, se encontró con una mirada que le observaba desafiante desde aquel puesto, ya ocupado.
- ¿Cómo lo supiste? ¿Tan transparente soy?
- Para mí, sí.- Enilla permanecía sonriente con otro libro, más pequeño sobre su regazo, esperando a que su amigo se sentase para comenzar con su historia.- Bien, éste es un cuento que nos revela lo que no vemos, que nos descubre a quien no conocemos y nos hace ver que hay mundo, más allá de nuestras narices...
Cita de: Enilla
CUENTO DE NAVIDAD.
La llamaban la vieja Mabel.
Todos los días, tan pronto las horas de luz empezaban a disminuir, y una tímida escarcha empezaba a recubrir el lago al lado del camino que conducía a la aldea, sacaba un hornillo viejo, con las patas ligeramente oxidadas, y en él empezaba a asar castañas, que previamente había recogido en sus incursiones otoñales al bosque que comenzaba en la ladera de la colina. Todo aquél que se acercase a ella para desearle buenos días, o simplemente para saludarla con una sonrisa, recibía un cucurucho con cinco castañas, que consistían en el desayuno generalizado del pueblo. A cada rato, sacudía los minúsculos cristales de nieve que se adherían a sus guantes de lana, que caían en las castañas, o en el propio hornillo al rojo vivo, derritiéndose instantáneamente, para el deleite de los niños que siempre la rodeaban.
Los niños... no recuerdo haberla visto allí, sentada a la puerta de su casa, sin siquiera uno sentado a sus pies, protegido del frío en invierno y del sol en verano por el viejo porche de su casa. Muchas veces, incluso dejábamos a nuestros hijos con ellas si queríamos gozar de tiempo para estar solas en compañía de nuestros maridos, o simplemente de nosotras mismas. Los pequeños la adoraban. Les encantaban sus historias, ésas que sólo los ancianos saben contar, que seguramente todos recordaréis de vuestra niñez. La imagen de un corro de niños a su alrededor, y la más pequeña de ellos en sus rodillas, mientras la vieja Mabel hablaba con voz grave y pausada, interrumpida tan solo por el ruido de la piel de las castañas al romperse en el hornillo, o bien por algún niño que ha hubiera cogido disimuladamente, era tan vista que consistía en una decoración navideña más, como el árbol que adornaba la plaza mayor.
También los mayores, de vez en cuando, nos acercábamos a su casa, si así podía llamarse, pues más bien parecía una casucha. No para oír historias, ya que también nosotros habíamos escuchado, si no ésas, otras similares en nuestra propia infancia. Además, mi propia hija acostumbraba a contarme las historias de Mabel al llegar a casa, mientras la acercaba al fuego hasta que entraba en calor y desaparecía el tono rojizo de sus mejillas, pese a la gruesa bufanda que siempre llevaba. No, el motivo de nuestras visitas no eran las historias, ni tampoco las castañas navideñas, pese a que siempre que habíamos estado con ella volvíamos con ellas, como un añadido.
El motivo eran sus tejidos y el ganchillo.
Suena extraño, sobre todo para cualquiera que hubiera tenido la ocasión de ver el deslucido chal que llevaba, así como ese jersey de lana gris raído debido al paso de los años. Es difícil imaginar, sí, las maravillas que podía hacer esta mujer con dos agujas en la mano, o bien una con un delicado punto de cruz. Mis bufandas de invierno, los guantes que mi marido perdió en la última cacería, e incluso los tapetes de la cocina o los baberos de mi hijo menor, eran buen ejemplo de ello.
Esa vez que la visité, una de aquellas tardes de invierno en las que mi esposo fue con mis hijos a comprar algo para la cena de Nochebuena, y el día era demasiado desagradable para reunirme con otras amigas, o bien vecinas, para continuar decorando el pueblo, pensé que era sin duda lo mejor que podía hacer, alegrando el día para quien todas las Navidades constituían ya una auténtica rutina. Me recibió con una sonrisa, antes de hacerme pasar a la pequeña, si bien confortable, estancia que hacía las veces de salón y de cocina, donde al poco tiempo, y con una humeante taza de té en la mano –té de verdad, no del que todos conocemos metido en bolsas- hablamos incansablemente durante horas y horas. Contó vivencias de una época que yo no llegué a conocer, acontecimientos demasiado oscuros para los jóvenes oídos de los niños, de cuando la guerra se apoderó del país y el hambre y la amenaza constante constituían el pan de cada día. Contó cómo perdió a su hermano de ocho años, a manos de los militares que supuestamente hubieran debido protegerlo, al encontrarse cerca del campo enemigo; y cómo su padre, por salvarlas a ella y a su madre, se entregó al ejército –qué importa el bando- y jamás volvió. Narró las penurias, la escasez, la lucha por la supervivencia, la desconfianza que hubo, no ya entre amigos, sino entre hermanos, la impotencia de ver cómo quien tiene la osadía de proclamar que lucha en tu nombre, en el tuyo y el de todo tu país, no es sino quien más daño de hace.
Allí, viéndola, viendo a esta mujer mayor, una anciana, una institución prácticamente en nuestro tranquilo pueblo, oyéndola contar todo lo que había tenido que pasar en una época que gracias a Dios no me tocó vivir, vi a mi madre. Ella, fallecida hacía apenas dos años, nunca quiso contarnos nada de aquel entonces. “Lo pasado, pasado está –decía- es una época para olvidar”
Me acerqué a la vieja Mabel y observé que, por debajo de su máscara de indiferencia, asomaban unas pequeñas lágrimas. La abracé y ella, sorprendida en un principio, acabó llorando sobre mi hombro, tratando de borrar con sus lágrimas todas estas cosas que, al no haber contado nunca a nadie, habían ido oscureciendo su vida, su corazón.
Volví a mi casa sin los calcetines que había querido pedirle en un principio, y que fueron uno de los motivos de mi visita. Cuando volvió mi marido y mis hijos, tras acostarlos, estuve pensando durante horas y horas. Los días siguientes, fui al bosque a buscar castañas. Con las que encontré, seleccioné las mejores para agujerearlas de lado a lado y formar de ese modo un collar de castañas, que posteriormente cosí a una bolsa que estuve haciendo, durante horas, recordando viejos consejos de mi madre y de la propia Mabel a la hora de coser. Por fin, cuando el sol comenzaba a asomar por entre las montañas, como si quisiera, pese al frío y el invierno, saludad personalmente a la Nochebuena, estuvo acabada. Antes de que nadie se despertara, ya estaba yo allí, en la puerta de la casa de la vieja Mabel, lista para darle mi regalo cuidadosamente empaquetado. Sin embargo, debió adivinar mi intención, puesto que me abrió la puerta. Una sonrisa asomó a su cara mientras desataba el lazo, mientras leía con sus cansados ojos el “Feliz Navidad” que, con mayor buena voluntad que verdadera habilidad, había bordado por ambas caras. Esa Nochebuena, y las fiestas de la Navidad y Año Nuevo, las pasó con nosotros. Se hizo extraño, al principio, incluir a alguien más en nuestro reducido grupo familiar, pero, cuando recuerdo esos días, la cara de mi hija al escuchar una historia nueva, a la lumbre, a punto de cumplirse el año, y la cara, sonriente, con una sonrisa que nunca había visto tan sincera, creo que valió la pena.
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Última modificación: Enero 21, 2006, 19:39 por Líam
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Esta firma es la prueba de que la dominación mundial no está reñida con el arte... ¡Gracias, Eni!
Karela
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Nuestra Navidad I y II
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Respuesta #1 :
Diciembre 20, 2004, 15:05 »
Karela Kazumi no había podido resistirse a pasear bajo la noche estrellada..la luz de la chimenea la estaba agobiando y decidió salir en silencio a tomar el fresco bajo la luna.
Tras unos minutos paseando con su verdadera forma, la Reina, decidió volver a sentir la compañía de sus amigos de Atomic, la calidez humana...se acercaba silenciosamente a la puerta de la gran biblioteca...se veía una luz dorada y cálida saliendo por debajo....aquella noche todo estaba nevado y hacía mucho frío, pero adoraba esos tranquilos y solitarios paseos nocturnos
Echó una ojeada con la puerta ligeramente abierta y vio a sus compañeros de Atomic contando historias frente a la chimenea. Entró sin hacer mucho ruido para que prosiguieran contando la historia..y se colocó en uno de los sitios libres, entre su adorado Karlos y su amiga Taoeris. Se agarro al brazo de su amigo mientras oía el final de la anterior historia, tras oír las ultimas palabras una historia vino a su mente...
La hermosa chica de ojos negros guiñó un ojo a su “hermana” Taoeris y se puso en pie. Para aquella historia prefería estar sola, por así decirlo...
Tomó aire, miró cariñosamente a cada uno de los miembros y se giró para la sorpresa de todos, con las manos en la espalda, mirando hacia una pequeña ventana que se situaba sobre la chimenea, veía caer los copos de nieve en aquella noche invernal... En sus manos apareció la “burbuja” que contenía su deseo, pero los demás miembros no pudieron ver su contenido.
Su cabello largo caía revoltoso hasta llegar a la cintura, y su tono castañoscuro se volvió rojizo con el tímido brillo que arrojó la burbuja al aparecer. En ese instante comenzó su narración:
“Quiero contaros una extraña historia que llegó a mis oídos desde el mismo mundo de la oscuridad, es una historia navideña, por eso me picó la curiosidad y todavía la guardo en mi memoria. El cuento dice así:
Cuando el abismo de muerte se cerró para dar lugar a la vida y a la luz, algo se quedó dentro..en lo profundo de la noche. Una estrella diminuta, brillante pero casi sin fuerzas que pervivía en esa masa oscura y deforme en la que dominaba la maldad. Una noche de invierno en la dimensión oscura, mientras las diosas Ishaya e Izumi discutían por el poder de su madre, se les pasó por alto un detalle de uno de sus reinos...La extraña luz salió a la superficie atraída por el frío. Derritió la nieve hasta salir a la superficie y colocarse sobre la copa de un abeto cercano. Emitió un extraño sonido que llegó a todo el reino, un sonido que hoy en día se considera el sonido del carruaje de Papá Noel. Todo se paralizó: las diosas dejaron de discutir, la oscuridad dejó de rugir, la muerte descansó de su trabajo y la maldad se encogió. Y eso, es el espíritu navideño, que cada año se desentierra para volver a emitir ese extraño sonido que sin darse cuenta, llena los corazones de paz y amor a todos los habitantes del multiuniverso”
El silencio absoluto reinó en la Biblioteca. Karela se volteó y un brillante relució sobre el cuerpo de la reina oscura, en el cuello, mostrando la belleza de la luz sobre la oscuridad y viceversa, deslumbrando los ojos de los atomiqueros, a lo lejos se escuchaba un suave tintineo y el sonido que describía Karela...entonces comprendieron el significado de aquella historia
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Rekky
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Nuestra Navidad I y II
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Respuesta #2 :
Diciembre 23, 2004, 06:52 »
Después de desearse mutuamente Feliz Navidad y acabar de ornamentar toda la sala, los miembros del corrillo que se reunían en la Biblioteca para Noche Buena, enfrente del gran árbol e iluminados por la gran lumbre empezaron a contar sus relatos, todos contaron increíbles historias y llegó el turno de Rekku, pero él no había llegado, de pronto, una ráfaga de aire entro en la sala y Rekku apareció cubierto de nieve y se sentó al lado de la chimenea.
- Rekku, llegas tarde.
-Lo siento, me paré al bajar del tren a escuchar una preciosa canción.
-Es tu turno para tu Relato.
-Bien, allá va, lo he titulado LA MELODIA DE LA SOLEDAD
Cada noche, a la misma hora, en el mismo lugar, una triste melodía se escuchaba, proveniente de un viejo violín que entonaba siempre la misma canción. Delante de la estación, nada mas salir del trabajo, el gentío que bajaba del tren, como si de una inundación de personas se tratase, todos con sus carteras y trajes iguales, desfilaban al son de la misma canción. Aquella canción que tocaba el viejo Eduardo, un hombre al que solo le quedaba su violín, y una canción en el corazón, que coló muy fuerte en mi alma, cuando la noche más fría de Diciembre bajaba del tren de regreso a mi casa. Nunca me había parado a escucharla, era preciosa. Cada nota que sonaba, me decía una cosa, y todas juntas, representaban la tristeza y la soledad de aquel hombre.
Nunca le había dirigido la palabra, pues me parecía de mala educación interrumpir tal arte. Jamás faltaba a la cita, todas las tardes, me esperaba a escuchar esa melodía que Eduardo me dedicaba con una sonrisa, tarde tras tarde, esa melodía me gustaba más, incluso que llegue a extrañarla cuando me encontraba sumido en mis pensamientos.
Pero la injusticia de la vida hizo presencia en aquel señalado momento. Las calles todas nevadas, el frío que hacia era aterrador, y al bajar del tren, me dirigí hacia el mismo lugar, pero no escuchar esa canción me desesperaba. No veía a Eduardo. Con mi alma entristecida me dirigía a salir cuando una gélida mano me paró. Se trataba de Eduardo, estaba pálido y la voz le temblaba. No le dejé articular palabra, le invité sin más a tomar algo caliente en el bar de la estación.
Allí me estuvo contando su historia, igual de triste que su melodía. Hablaba con nostalgia de sus padres, “los recuerdo como si fuera ayer” me contaba. Me relató que sus padres murieron tras una guerra, y que a el lo mandaron con unos parientes lejanos con tal de proteger su frágil vida, y que él, al no poder soportar tal ritmo de vida, se escapó con su violín en busca de sus padres. Viajo por todo el mundo hasta su destino, tocando para conseguir algo que llevarse a la boca. Yo escuchaba atónito la historia mientras tomaba sorbos de café. Acabó su relato diciéndome, que pese a su triste vida, la música le alegraba el corazón, y que al saber que todavía existía gente como yo que valoraba las cosas más insignificantes, le daba mas vida a su triste corazón.
No sabía que hacer ni que decir, miré el reloj y me despedí de el con un apretón de manos e invitándolo a venir a mi casa a pasar una de las tardes de Navidad. Sus palabras me dieron en que pensar, y no podía esperar al día siguiente para ir a verle de nuevo. No veía el momento en el que el tren giraba la última curva y frenaba poco a poco, dando empujones para bajar rápido, me quedé helado al ver que de nuevo no estaba. La gente pasaba por mi lado, como si nada, hasta que me di cuenta de que estaba solo. Eduardo había faltado dos veces. Al llegar a casa, encontré un paquete mal envuelto en papeles de periódico, y junto a él una nota que decía lo siguiente:
“Muchas gracias por tu atención, tu buen corazón es de los que hace que el mundo siga siendo mundo. Te entrego mi violín para que tú sigas con la tarea que yo acabo de finalizar, noto que la vida se me escapa cada vez que toco una nota tras otra. No me busques, pues ya no estaré, tuve suerte de encontrarte por estas fechas, a sido el mejor regalos de todos los que un triste hombre puede desear. Espero que la vida te vaya muy bien y que recuerdes que las cosas menores son las que hacen que la vida valga la pena. Un recuerdo. Eduardo”
Tenía que ir a devolverle su violín, no podía aceptarlo, salí corriendo hacia la estación, y al llegar donde él acostumbraba a tocar, el dueño del bar se me acercó y me dijo que habían encontrado al viejo Eduardo sin vida, la noche anterior abrazado a su violín y una nota a mi nombre.
No supe como reaccionar, aquella tarde parecía tan alegre de hablar con alguien...
La primero que hice fue releer su nota de nuevo y como si del corazón saliesen, empece a tocar esa melodía, el viejo violín volvía a sonar, cumpliendo él ultimo deseo de Eduardo. Ahora cada tarde, después de salir del trabajo, me acerco al lugar donde se solía poner él, y tocaba su melodía, observando la tristeza de la gente que pasaba sin hacer caso a la música aun en esas fechas navideñas, nadie hacía caso a la más mínima nota. Solo una joven niña se paró a escucharme, y, al finalizar la música, tanto la niña como su madre, me dirigieron una enorme sonrisa, la cual yo les devolví y desaparecieron entre la gente. Nunca olvidaré esa melodía, la llevo dentro de mí, y aunque nadie la escuche, sé, gracias a Eduardo que, las cosas menores son las que hacen que la vida valga la pena, sea en Navidad, o en cualquier época del año.
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Raistlin_Lenin
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Respuesta #3 :
Diciembre 23, 2004, 11:26 »
El archimago Raistlin Majere se encontraba en la soledad de la Torre de la Alta Hechicería de la ciudad de Palanthas...había estado pensando todo el día,acerca del encuentro con esa extraña gente de un lugar llamado atomic...desde luego,debía investigar más sobre akella gente...Tomando el orbe de los dragones en sus manos,llamó al dragón llamado Cyan Bloodbane...Y montado en él,se dirigió a esa biblioteca de Líam donde sabía estarían reunidos aquellos singulares personajes.Al llegar a las enormes puertas,mandó al dragón desaparecer...Raistlin se puso la capucha de la Túnica Negra,y con su bastónd e mago se dispuso a entrar en la Gran Biblioteca.Allí dentro encontró a algunos de esos personajes:Líam,Karela(al posar su mirada en ella a Raistlin le dio una punzada en el corazón,algo ke pocas veces le ocurría,solo cuando veía una chica guapa xD),Rekku,etc.
Todos se giraron a mirar a aquel extraño con caras ke iban desde la sorpresa y el miedo hacia la indignación.
-Saludos-dijo Raistlin-
-Hola,no te esperábamos aqui-dijo Líam asombrado-
-Por supuesto,soy un archimago,no aviso a la gente cuando me dispongo a ir a un lugar,simplemente me presento allí.
-Bien,que historia nos vas a contar?-dijo Líam impaciente-
-Sentaos y manteneos en silencio,os contaré una breve historia sobre un antiguo pueblo llamado Dalantur:
"Dalantur era un pequeño lugar situado en las inmediaciones del secreto reino elfo,Qualinost y cercano al Reino de los Enanos de las Montañas,Thorbadin,Sus habitantes eran gente humilde y culturalmente atrasada.No habían tenido contacto con ningun otro pueblo desde hacía 300 años,cuando el cataclismo qu sobrevino a este planeta hizo que muchos caminos se cerraran,y que los recelosos elfos y enanos se atrincheraran en sus dominios,rebosantes de odio ante la raza humana,culpable según ellos de la catástrofe.Un día,un joven del pueblo se adentró en el yermo colindante.Debido a su inexperiencia,el joven se perdió.Gritó y gritó durante horas esperanzado de encontrar a alguien que lo guiara...no había nadie...llegó la noche,y la temperatura empezó a descender.Era invierno,y se encontraban en Navidad,donde para los humanos era normal estar con sus familiares y habitualmente se regalaban cosas.En las Praderas de Arena la diferencia entre el día y la noche en grados era brutal.La hipotermia comenzóa apoderarse de él,a penas podía caminar.De pronto,encontró una cueva que emanaba un agradable calor.Contento se adentró en ella.Allí encontró una enorme sala circular,carente de mobiliario,excepto una tarima en el centro,que contenía una esfera.El joven,recuperado por completo del frío,debido a la agradable ( y misteriosa) temperatura de la cueva,se acercó a examinarla.Era de maciza,de oro.El corazón le dio un vuelco,en aquella oscura época,con eso podría ser la persona más rica de la región!!! ...siempre habían necesitado dinero,además,sabía ke sus padres no le regalarían nada estas navidades,ni siquiera había dinero para comer...la cogió en sus manos la esfera y una voz resonó en su interior:te daré todo el poder,toda la riqueza...sólo adorame y sírveme.El joven asintió y se vio transportado a su ciudad,con la esfera en la mano.Las calles estaban desiertas...entró en su casa,y encontró a su familia muerta en el suelo.El joven clamó al cielo...La esfera le habló,y le dijo que ahora era el más rico y poderoso de su ciudad,sólo tenía que servirle,y el lo tendría todo.El joven lo entendió todo,con gran pesadumbre en su corazón...tiró la esfera en un rincón,y grito:No te quiero!!! Solo das problemas!!! Cerró los ojos,inundados de lágrimas...y de repente se vio transportado a la cueva...estaba mirando fijamente la esfera...salió al exterior,dispuesto a marcharse,cuando un hombre ataviado con un abrigo de pieles apareció en el horizonte.Era su padre!!! el joven grito de alegría y abrazó a su progenitor,como nunca lo había hecho.Juntos,padre e hijo, regresaron a casa...para sorpresa del joven,su padre había cazado un venado,cosa que no ocurría desde hacía años,debido a que la mayoría eran cazados por los hábiles elfos y su población era cada vez más escasa.Esa noche el joven cenó en su humilde casa,acompañado de sus familiares,y pensó,ke ese era el mejor regalo,más aún que la mayor de las riquezas."
-Ya está-dijo Raistlin- espero ke lo hayais entendido...
-Emmmm pueeess......
-Lo siento,debo irme.....volveré...espero no haberos molestado...
-Emmm...
-Da igual,debo irme!!!
Y Raistlin se arrebujó en su negra túnica de mago y desapareció con un pequeño estallido mágico.
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Kyro
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Respuesta #4 :
Diciembre 23, 2004, 15:30 »
Kyro, que habia escuchado con gran itneres las historias anteriores decidio que habia llegado su turno, con un gesto de su mano hizo que la penumbra que le envolvia en aquel rincon desapareciese... le gustaba que le mirasen a los ojos cuando hablaba... se aclaro la garganta y dijo:
-Bien, si me permitis, me gustaria contar una historia mas...
Zao vagaba por la ciudad con la mirada ausente... acababa de irse de casa el día de Navidad, estaba harto, harto de soportar los sermones de sus padres y de oír como lo comparaban la idiota de su hermana, parecía imposible pero... acababan de amargarle las fiestas, apenas había gente por la calle, solo unos pocos despistados que ultimaban sus compras navideñas, el reloj del ayuntamiento señalaba las 6 y media de la tarde, ya había anochecido y estaba muerto de frió... pero no volvería, tenia su orgullo y no pensaba seguir soportando a su familia... les odiaba, a todos y cada uno... odiaba a su padre, a su madre ,a su hermana... había llegado a odiar incluso a Oshiro, un pobre pez de colores que nadaba en la pequeña porción de mar que era su pecera... la gente le miraba al pasar y se apartaban de su camino... un adolescente fuera de casa por Navidad?? Un delincuente con toda seguridad... a Zao no le hacia ninguna gracia llamar tanto la atención así que desvió su camino hacia las afueras... era difícil legar a una zona no urbanizada, atravesó calles y calles llenas de motivos navideños que no hacían mas que recordarle lo que había pasado, decidió acelerar el paso... tardo cerca de media hora en salir de la ciudad, una vez allí camino en dirección al bosque... a Zao le encantaba pasear bajo la luna llena y habría disfrutado de su paseo de no ser por el monumental cabreo que llevaba encima...
Al poco rato de entrar en el bosque un diminuto copo de nieve le cayo en la nariz
-Oooops, esta nevando!!
La nevada comenzó a hacerse cada vez mas intensa, Zao corrió a refugiarse bajo las ramas un eucalipto... cuando la nevada perdió intensidad salió de su escondite y se puso de nuevo en camino, caminaba mal, la nieve se le colaba en los playeros y comenzaban a congelársele los dedos, empezaba a estar algo cansado... ya iba a dar la vuelta para volver a la ciudad cuando vio, entre los árboles, un intenso brillo... dirigió sus pasos hacia allí en busca de una hoguera, pero a medida que se acercaba vio que lo que en realidad brillaba era eso... un brillo... no era mas que una luz, no parecía tener cuerpo material pero cuando Zao intento cogerla esta pareció obedecer a sus deseos y se elevo a la altura justa para poder apreciarla con exactitud... entonces el brillo se intensifico obligando a Zao a cerrar los ojos... de pronto se sintió como flotando en el vació, cuando por fin se atrevió a abrir los ojos estaba junto a una ventana de su casa viendo a su familia cenar... todos estaban cabizbajos, ninguno levantaba la vista del plato y apenas probaban bocado... sin previo aviso su hermana estallo en lagrimas, su madre intento consolarla sin demasiado efecto porque también ella comenzó a llorar... Zao quiso entrar a decirles algo pero no podía moverse... otro destello cegador le obligo a cerrar los ojos, y nuevamente se sintió flotando, cuando abrió los ojos estaba otra vez en el bosque y el destello había desaparecido... consternado por lo que acababa de ver se dirijo de nuevo a casa... el viaje de regreso le pareció mucho mas corto y enseguida se planto a la puerta de casa.... dudo ante el timbre pero finalmente se decidió... oyó como se movían las sillas y escucho pasos que se dirigían a la puerta, esta se abrió con impetuosidad y aparecieron sus padres y su hermana, la cual se le lanzo llorando a los brazos... en seguida se les unieron sus padres... todos lloraban en ese momento... y entre lagrimas Zao pedía disculpas sin cesar; deseo que este momento nunca acabase... y sobre el enorme árbol navideño que había en el salón una luz aumento su intensidad para luego apagarse...
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Max Lance Dizedrack
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Respuesta #5 :
Diciembre 23, 2004, 16:44 »
La noche había avanzado, y en la Gran Biblioteca los brillos rojos, verdes y dorados emitían sus reflejos cada vez con mayor intensidad. La mayoría de los invitados habían asistido a la cita, y la fiesta estaba ya en pleno apogeo.
El antiguo teléfono del estudio de Lance comenzó a sonar, pero fueron necesarios varios pulsos para conseguir despertar al misterioso joven. Allí permanecía, en su sempiterna butaca, dormido sobre los antiguos escritos del Libro de Mudora que había intentado descifrar y que ahora yacían sobre la mesa cubiertos de aquellos ininteligibles trazos que correspondían a los símbolos de algún misterioso códice.
Al otro lado de la línea, Líam aguardaba. Lance era uno de los pocos invitados que aún no habían aparecido por la Gran Biblioteca, y a la vez, uno de los más esperados. Aquel misterioso joven del que apenas nadie conocía nada haría en aquella noche su primera aparición ante sus compañeros del foro, que tendrían la oportunidad de conocerlo.
Al fin, una voz respondió al otro lado. Líam pensó que era exactamente la voz que tendría un niño de diez años, aguda e infantil. Pero a la vez segura y concisa, lo que suponía para el gran bibliotecario un conjunto difícil de situar en algún contexto concreto. A grandes rasgos, el mensaje del anfitrión era claro: instar a Lance a acudir a la celebración cuanto antes.
El joven archivó los manuscritos en algún antiguo mamotreto y lo colocó en alguno de los estantes dedicados al estudio del Triforce. Vistió su amada capa de cuero de color bronce y calzó sus botas de terciopelo verde esperanza. Apagó las luces y cerró la puerta con su antigua llave inscrita en letra de oro. Afuera el frío era infernal. Pequeños copos de nieve se amontonaban en los arcenes de la avenida, mientras a lo lejos se escuchaban los cánticos de algún desconocido grupo infantil. Lance avanzó por las aceras de la ciudad, sorteando el obstáculo que suponía para él la presencia de algún solitario automóvil transitando sobre las calles nevadas.
En un oscuro callejón que conducía a la parte de la ciudad en que la Gran Biblioteca se encontraba, yacía un anciano mendigo aterido de frío. Mientras el chico se acercaba al viejo para intentar prestarle ayuda, un misterioso rayo rojo se interpuso entre ambos, y ante los ojos de Lance el cuerpo desapareció junto con la refulgente luz.
Continuando su avance, se cruzó por la calle con un imponente doberman, sin collar ni placa, que venía en dirección contraria. El perro se movía cadenciosamente, acelerando su avance al acercarse cada vez más al joven. Pero Lance no se inmutó por su presencia, habida cuenta del aprecio que sentía por los animales. Ambos transeúntes se cruzaron, y se encontraron en la caricia que el chico propinó sobre la roma cabeza del perro. El animal acompañó a Lance durante un buen trecho, hasta que desapareció envuelto en un haz de luz verde. Eran muy misteriosas las cosas que ocurrían aquella noche, pensó Lance. Pero no le dio mayor importancia.
A poco más de doscientos metros del orgulloso edificio, yacían dos viejos pergaminos escritos en un arcaico dialecto germánico. El joven los tomó en sus manos e intentó descifrarlos, sin demasiado éxito. Pero no por ello los abandonó en su primitiva ubicación: decidió llevarlos a la Biblioteca, lugar en el cual encontrarían su lugar entre los documentos. Lance no se dio cuenta, pero en aquel momento una estrella fugaz seguida de una luz azul surcó el cielo.
Las eternas puertas de la Gran Biblioteca chirriaron sobre sus goznes a la vez que abrían el paso del muchacho. Ante el se abrió un mágico conjunto navideño. Todos los compañeros que había conocido estaban allí, desde Enilla hasta SirMikel, Karela no faltaba a la cita, ni tampoco Jolti. Electron, Wario, Xeny…todos aquellos desconocidos rostros despejaban ahora sus interrogantes ante el, acompañados de la soberbia decoración de la que los anfitriones eran artífices. Al fondo, la figura de Líam sobresalía entre las multitudes, dando la bienvenida al recién llegado. Pronto Lance se dispuso a charlar con los compañeros que más apreciaba, después de haber dejado los pergaminos a buen recaudo en los seguros estantes de la Gran Biblioteca. La charla era amena, y Lance escuchaba los relatos que algunos de los asistentes relataban para el deleite de todos los demás.
Súbitamente, las luces se apagaron y sólo la decoración del Gran Árbol destacaba entre la absoluta oscuridad. Justo en el momento en que algunos compañeros comenzaban a preguntarse qué había ocurrido, una cegadora luz dorada penetró desde la más alta ventana de la biblioteca. Al tiempo, desde el interior de cada uno de los asistentes surgieron haces de todos los colores conocidos que, bajo la sagrada luz, se manifestaban.
El mágico arcoiris originado por las almas de los asistentes presidía la sala, a la vez que todos los amigos se vieron por primera vez a sí mismos como realmente eran, y también cómo eran los demás. El poder de la sinceridad se estableció entre ellos, y el espíritu de la navidad se instaló con más fuerza en sus corazones.
En lo más alto de la biblioteca, el sagrado Triforce presidía ahora la celebración. Allí estaba, en lo más bello de su incólume pureza, cubriendo los espíritus con los mejores deseos.
Pero algo extraño le ocurría a la reliquia: el hueco existente entre las tres fuerzas quedaba completo a los ojos del chico…que lo veía ahora como un único triángulo dorado. La esencia del Tiempo se había manifestado entre las otras tres fuerzas…y junto con ellas conformaba la Fuerza Verdadera.
Sólo a los ojos de Lance se mostraba la sagrada joya…y al instante supo que la fuerza verdadera se había manifestado en los corazones de todos sus amigos. La Paz era la verdadera estrella de la fiesta.
Y, junto con el apoyo de la esencia del tiempo, aquella fiesta no tendría nunca fin…hasta que realmente uno de ellos lo desease. La celebración continuó, pero lo que los demás nunca supieron fue que la fuerza verdadera estaba con ellos, distinguiéndolos con algo que los diferenciaba de los demás: la fuerza de la Paz, que haría de aquella nochebuena la más recordada por cualquiera de sus asistentes, por largas que fuesen sus vidas.
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Última modificación: Diciembre 23, 2004, 16:44 por Max Lance Dizedrack
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Pokelink
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Respuesta #6 :
Diciembre 24, 2004, 17:33 »
Mientras los cuentos se sucedían uno tras otro, la noche iba extendiendo su negro manto, haciendo que los copos de nieve adquiriesen una blancura especial a la luz de la decoración de la Ciudad de las Catedrales. Los chicos y las chicas, reunidas alrededor de la hoguera, escuchaban absortos a sus compañeros sin pararse a pensar que las horas se consumían sin cesar, pero que el amanecer no quería llegar. Nadie se dio cuenta que, a las seis de la mañana, el Sol no se hacía notar entre las nuves que no dejaban de taponar el cielo y cubrir la tierra de nieve. Parecía no importarles que el día de Navidad no llegase. O quizás era ese su deseo, pues, mientras los cuentos avanzaban, los cristales del árbol iban ganando intensidad, haciéndoles creer en una mañana soleada que solo se prestaba a la imaginación.
¿Pueden las mentes humanas cambiar las reglas del juego de la Naturaleza?
¿Puede la magia de la Ciudad de las Catedrales cubrirse de una eterna noche navideña?
BUG, desde su atalaya, disfruta del Sol del nuevo día, mientras los usuarios de la Ciudad de las Catedrales viven una larga y entrañable Nochebuena.
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¡Bienvenida a casa, Mylady!
Líam
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Respuesta #7 :
Diciembre 25, 2004, 16:34 »
Líam fue esquivando a sus amigosn y Kyro le cedió amablemente la butaca. Ya sentado, abrió un gran libro, de pastas muy antiguas, que hacía muchas navidades que no se abría. Con mimo, fue buscando la página y comenzó a leer lenta y dulcemente...
Dicen que hace unos dos mil años, 5 años arriba, 5 años abajo, en Belén, una región de Judea, en mitad del desierto (véase “donde Cristo dio las tres voces” y nunca mejor dicho) nació un niño muy especial, que cambiaría el destino del mundo. Sí, lo sé, suena a novela de fantasía épica barata [medio foro lanzó a Líam miradas asesinas, provocando que, por efecto tortuga, la cabeza de éste, prácticamente desapareciera bajo su capucha], que no quiere decir que todas las novelas de fantasía épica sean malas, aunque algunas lo son, pero no todas, aunque otras sí [las caras de los oyentes se volvieron como el estampado de las faldas escocesas, a cuadros, para más INRI] ¿Queréis dejarme contar mi historia tranquilo?... Gracias...
Bueno, a lo que iba. Hace la tira de años...
- 2005, concretamente- observó Enilla.
(¡Me voy a suicidar!) Sí, gracias Eni... (Porque es navidad y aquí dentro no está permitida la violencia, que si no...)
Hace 2005 años, en Belén, ocurrió un hecho que el mundo no olvidaría jamás. Todos conocemos la versión oficial...
- ¿No empezaras ahora con chorradas versión “Expediente X”?- preguntó Melkor arqueando una ceja.
- ¿Y qué si lo quiere hacer?- dijo Raist airado.- ¡Está en su derecho!
¡Se acabó! ¡Al siguiente que hable lo meto a patadas en la cocina y lo encomiendo a los cocineros, o peor, a los cocinados!
- La verdad es que es una amenaza un tanto pobre...- exclamó Beeman socarrón.
También puede... ¿Lady Enilla?
[Un par de latigazos sonaron al aire y la sala se sumió en el más absoluto de los silencios...]
Eso está mejor...
Dicen que hace unos 2000 años, en una noche fría y oscura como ésta, en una región llamada Belén, nació un niño que cambió el destino del mundo. Lo que ocurrió aquella noche es ya una leyenda y de todos sabido, pero... ¿Y si no hubiese ocurrido así exactamente?... En un mundo paralelo, muy parecido a éste, la historia discurrió de manera... diferente... Os voy a dar mi versión, mi historia, mi cuento de Navidad...
“- Bufff... ¡Qué frío! ¡Cómo pega el viento en este sitio! Mira que has elegido un lugar desangelado para enviar un ángel... ¡Ah! ¿Lo coges? Ángel y desangelado.
Un rayo dorado cruzó la noche y alcanzó de lleno a la figura helada, haciendo que cayera al suelo como un fardo churruscado.
- Ay... Duele... Y lo duro es que no sé si ha sido por quejarme o por el chiste malo...
Líam cruzaba el cielo lentamente, columpiando sus blancas alas y haciendo ondear su blanca túnica suavemente.
- Por lo menos, tengo el consuelo de que otros lo tienen peor... ¿Verdad, Vivian?
A miles de kilómetros de altura y de distancia, en Oriente, concretamente, otro bello ángel de claros cabellos y prístinas vestiduras... resoplaba y sudaba como un animal.
- Líam... ésta... me la pagas... ¡Señor, cómo pesa esto!- Vivian cargaba, no sin un gran esfuerzo, con una enorme estrella de blanco fulgor.- Si no fuera porque es tan bonita... Wooo...
En efecto, su luz, además de calor e iluminación, inspiraba alegría y, sobre todo, esperanza, una ilusión infinita, de eterna confianza.
- “Si no pesa nada... Anunciar la noticia es mucho más cansado... No te faltará luz... Sólo tienes que guiarla...” Y lo peor es que yo, tonta de mí, me lo creí... En fin, a ver qué tal van esos tres de ahí abajo.
Y miles de metros más abajo...
- ¿Hemos llegado ya?
- No...
- ¿Hemos llegado ya?
- No...
- ¿Hemos llegado ya?
- ¡Qué no! ¡Por Dios bendito, cállate ya, Lao!
- Eso lo dices porque soy negro... sniff...
- Escuchadme los dos, al próximo que abra la boca le retiraré la palabra por un tiempo indefinido.
- Indefinido... ¡Eso es! Es la respuesta a mi ecuacuión. Infinito por cero es indefinido, indeterminado.
- Melkor, majo, haz el favor de hacer callar al plasta de tu paje o te destituyo del cargo.
- No podrías, Electrón, judicialmente eso es imposible, me protege la decimonónica enmienda de...
- ¡La jurisprudencia no lo es todo, ¿sabes!
- Lao, no pienso continuar con un debate tan estúpido como el que tuvimos hace... hace... ¿Hace cuánto, Elec.?
- ¡Hace diez minutos, callaos de una vez los dos!
- ¡Eso lo dices porque soy negro!
Y es que cuando el mundo está en peligro, cuando la tierra necesita un héroe, aparecen ellos... ¡Los tres Reyes Magos! [Suena musiquita de superhéroes...] Chanchanchan... Melkor, el gran maestro del comentario ácido y artesano del sarcasmo... chanchanchan... Electrón, el psíquico por excelencia, no hay nada que su mente no pueda hacer (excepto resolver ecuaciones matemáticas, para eso lleva a su incansable paje Lander)... Chanchanchan... Lao, el... el... Bueno, él es Lao... “¡Oro, incienso, mirra, dadnos el poder!” [Transformación heroica chupiguay en plan “Patatimon digievoluciona en...”] “¡Eso lo dices porque soy negro!”
Comenzamos una nueva aventura de nuestros tres héroes en el castillo de su archienemigo, el malvado emperador Beeman...
MUAJAJAJAJA...
...
Repito: MUAJAJAJAJA...
...
(¡Flopy! ¿Se puede saber dónde leches está el rayo?
- Pozzz... Noz hemos quedado zin pdezupuezto... Pedo puedo haced yo el duido...
“Crscrscrs” [Se ve a Pingu por detrás con un papel de plata haciendo los efectos especiales]
- Simplemente...- observó Melkor.
- ... muy...- continuó Elec.
- ...triste- concluyó Lao.)
En fin... Como decía, nos encontramos en el castillo del malvado emperador Beeman, genio del mal...
- MUAJAJAJA... Contadme, mis esbirros, ¿por qué están viajando esos tres inútiles?
- Pues... verá, su ilustre maldad... la verdad es que...
- Lo que Kyro quiere decir, abejita zumbona, es que no podemos decirte nada porque se nos ha fastidiao la antena del oráculo y ahora lo único que hace es retransmitir partidos del Atlético de Madrid.
- Estoy rodeado de idiotas...
- ¿Eso no es un poco tópico, jefe?
- ¿Y ahora me dirás que vestirse toda de negro, con un escote de aupa y hacerse llamar “La Reina de la Oscuridad Eterna” no lo es?
- ¡Gente malvada! Nos está llegando algo...
Wiuuuanunfu ybf4vdegv
(¡Flopy! Lo del rayo ya ha sido suficientemente vergonzoso como para que ahora imites también las interferencias del Adivinatronic 3000, Minun ®
- Lo ziento... yo zólo intentaba ayudá...
Da lo mismo, perdona, sigamos)
- Hmmmm... ¡Jefe!
- ¡No me llaméis jefe! Llamadme terrible emperador del Mal, Rey de las Tinieblas, Señor del Caos, hasta Abejita Zumbona... ¡Pero no me llaméis jefe!
- ¿Y “Rey Herodes”?
- Mmmm... Creo que ya está cogido, Kare.
- ¡Escucharme de una puñetera vez! ¡Oish! Y yo que pensaba que esto de ser Kyro, Sumo Sacerdote del Mal iba a ser fácil... A ver, que el cacharro éste me informa de que va a nacer un niño... No sé qué de un Mesías... Rey de Reyes... Vaya, que creo que este trasto se ha vuelto a averiar.
- ¡Toma, la abuela tenía razón!
- ¿Ein?- entonaron a coro Kyro y Karela.
- Mi querida abu- al pobre Beeman se le llenaron los ojos de lágrimas- ella siempre decía: “Beeman, cariño, llegará un día en el que nazca un niño, que no será otro que el Mesías de los Judíos y será Rey de Reyes. Ten cuidado, porque el pondrá fin al reinado del Mal.”
- ****** y baila, lorito, con abuela profética y todo.
- Deberíamos hacer un culebrón de nuestras vidas y vender los derechos, Kyro.
- ¡Bueno, esbirros maquiavélicos, es hora de tomar una determinación! ¡Debemos matar a todo infante de Judea! MUAJAJAJAJA
- Eso es una burrada, además de estúpido...- dijo Karela sin ganas.
- Pero vamos a ver, macho... Tú eres malo malísimo desde hace al tira de años y llevamos sirviéndote más o menos el mismo tiempo... ¿Es que no has aprendido nada?- preguntó Kyro.
- El bueno, especialmente si está predestinado, escapa a cualquier tipo de masacre indiscriminada, por muy cruenta que ésta sea... ¡Por favor, es como de manual!
- Jooooooooo...- se lamentó Beeman apenado.
Y así fue como nuestros valientes héroes evitaron una matanza indiscriminada de...
(- ¡Pero si ellos no han hecho nada!- se quejó Beeman desde su sitio al lado del fuego.
- ¡Tú, chitón!- ordenó Lao.
- Ñññmmmph...)
... de inocentes.
Pero volvamos con nuestro entrañable ángel, Líam.
- Ya debo de estar cerca de... ¡Sí, ahí están!
Revoloteó unos metros, hasta bajar al suelo, donde dormían unos pastores con sus ovejas.
- Bueno... llegó el momento... Buff... qué nervioso me pone hablar en público... Ejem...- Agarró una alargada trompeta dorada y la hizo sonar alta y clara.- (Que conste que a mí siempre me ha ido más el arpa, pero esto de la corneta lo estipula el sindicato). “Oh, buenos pastores, un buena nueva os traigo. Ha na...- un sonoro ronquido interrumpió su discurso. Líam observó de cerca de sus supuestos oyentes y...- ¡No me lo puedo creer! ¡Siguen sopas! Con lo alto que suena este trasto... en fin, habrá que subir el volumen.- Busca una ruedecilla hábilmente escondida en el instrumento y la gira hasta poner el volumen al máximo. Sopla y el sonido más estridente jamás oído se hace sonar en 500 kilómetros a la redonda...
- Zzzzzzz...
Y los pastores siguen angelicalmente dormidos...
- ¡Pero bueno, en toda mi carrera de ángel anunciador me había pasado algo parecido!... También es verdad que es la primera anunciación que hago, pero bueno...
- ¿Y qué anuncia?- preguntó una voz a sus pies.
- ¿Champú?- inquirió otra.
- Uy, a mí me hace falta champú.
- Pero si eres una oveja, Minun, ¿para qué quieres champú?
- No sé, ¿para la ensalada?
- ¿Ensalada de gato pocho? ¡Me apunto!
- ¡Keny!- gritaron (¿o debería decir balaron?) las dos ovejas.
- ¡Cómpreme un gato pocho, señor Líam!
- ¿Y tú que sabes cómo se llama?
- Las ovejas lo sabemos todo, ojosapo... Todo, todo...
- Entonces, ¿por qué nunca ganamos la lotería?
- ¿Y para qué quieres tú ganar la lotería, Minun? Además, todavía no existe.
- Anda, pues es verdad...
- Bueno, ¿qué, señor ángel? ¿Va usted a despertarlos o esperamos otros 2000 años?
- No creo que dure tanto...
- Si me compras un gato pocho sí.
- ¡Keny, que te calles!
- Primero, las ovejas no hablan- dijo Líam alucinado.
- Nosotras sí, porque somos moradas- dijo ojosapo.
- Además volamos- apuntó Minun.
- Segundo, las ovejas no hablan.
- Este tío es un poco tonto, ¿no?
- Sí, será porque es ángel. Yo tenía un tío ángel y era imbécil perdido.
- ¿Bueno, quiere que le ayudemos o no?
- Mmmmmm... Sí, se me ocurre una idea...
15 minutos después...
- Conecta el amplificador ahí, Keny, y luego pones los altavoces por aquí, Minun.
- ¿Y yo que hago?- preguntó ojosapo.
- Tú... Piensa en el sentido de la vida...
- Vale... Mmmmm... Ya está...
- ¡Cuál es?
- Se me ha olvidado.
Todos caen patas arriba estilo manga.
- Joooooooo...
- Bueno, haremos una prueba. Si esto no funciona, le compro un gato pocho a Keny.
- ¡Alaaaaaa! –dijeron las tres ovejas, Keny incluido.
- 1, 2, 1, 2, 3 y...
La trompeta de Líam sonó estridente y levantó a los pastores de un golpe, que entonaron a coro...
- ¡CHISTOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOSO!
- ¡NO! ¡No puedo tener tan mala suerte! ¡Es la tercera vez este milenio que me topo con ellos! Mira que hay pastores en el mundo... ¡Pues no! Tengo que caer siempre con la Pokemagia esta.
- Pokemafia, Líam, Pokemafia- apuntó Dietrich.
El ángel estalló en sollozos.
- No es justo... Yo he sido bueno, hago mis deberes, mantengo limpias mis alas, ¿por qué, señor?
- Porque en el fondo nos quieres- aclaró Atsumu.
- Por encima de mi cadáver...
- Hay un problema...- señaló Gio.
- ¡Que no tienes!- dijo Danot.
Todo el grupo estalló en risas, excepto Líam.
- Bueno, mira, se acabó, aquí tenéis un mapa, un resumen del acta y un planning con lo que tenéis que hacer, que es básicamente seguir la estr... ¡Vivian, que te duermes!
A miles de kilómetros...
- Zzzzz... ¡Ah, sí, perdona!- Volvió a conectar el interruptor y la estrella volvió a encenderse.
Volvemos al prado...
(- Era un desierto- apuntó Taiki.
Ñanmphgbyyhfebwu... Está bien)
Volviendo al desierto...
- Pues eso, vais, la seguís, le adoráis, le regaláis algo y hale, pa casita y a esperar otros 2000 años o los que haga falta. Yo me las piro, que si no me voy a volver tarumba.
- ¿No quieres venir en nuestro coche?- preguntó otro miembro de la Pokemafia.
- Se supone que esto es una dura peregrinación siguiendo la estrella.
- Nahh, tiene GPS... ¡Subes o no?
- Deja voy volando... Literalmente, ¡ah! ¿Lo habéis cogido?
Otro rayo cayó del cielo volviendo a fulminar a Líam...
- Au... Vale, BUG... Mensaje cogido... No más chistes...
Y así lo hizo... Voló por los cielos hasta llegar al portal donde...
¡PUM!
- Au... ¡Pero bueno, qué asco de tráfico aéreo! Será alguno de los de la orquesta, que llega tarde otra vez... ¡Tú!
- Joujoujou
- ¿Quién ha dejado entrar al gordo de rojo en la historia?
- Tu sabiduría ancestral debería saberlo, joven Líam, joujoujou.
- No sé por qué, pero me esperaba esa respuesta... ¿Sabes el piñazo que me he metido con tu trineo, Papá Noel?
- Ahora me llamo Wario, ya sabes, cosas del marketing. Mamá Noel opina que ese nombre vende más.
- Ya... Bueno... Nos vemos abajo...
El trineo, con sus renos, sus cascabeles, su antena parabólica pirata y su depósito especial para pipas desapareció en la noche.
- Bueno... Parece que por fin voy a tener una noche tranqui...
- ¡Alto, angelito de pacotilla!
- No sé por qué abriré la boca... A ver tarado, ¿y tú quién eres?
- Soy el horrible demonio de la lujuria... mmmm... este... Arcaltarion...
- Mu chulo el nombre, jefe- apuntó otro demonio, de nombre Valen.
(¡Arcal! ¿Quieres soltar el libro de una puñetera vez y dejarme a mí leer la historia!
- De eso nada, monada, aquí aparezco yo, aunque sea lo último que haga.
- Ídem- apuntó Valen.
- Pos yo también me apunto- anunció Tenebrus, que se había atrincherado junto con los demás, tras la butaca, negándose a devolver el libro.)
Pos eso, que estaba el inútil de Líam...
(Ejem...)
frente a los poderosos demonios de la lujuria, la oscuridad y... y el turrón
(- ¿El turrón?-preguntó Valen.
- ¿Tú sabes lo que engorda el turrón y lo dañino que es para el colesterol?, pues ale).
BATTLE!
[Flopy conecta la GBA y comienza a sonar la musiquita de combate de Pokémon...]
Evil three attcked
Líam usó Trompetazo
Tenebrus perdió 230 PS, Tenebrus se debilitó
Arcal usó Doble Sentido
Líam está confuso... Líam está tan confuso que se puso en ridículo él mismo...
Valen usó Anuncio horrible cutre de turrón
Líam perdió 200 PS...
¡Nueva contrincante apareció!
Enilla usó Latigazo Mortal
(- ¡Au!... Como duele el jodío...)
[Enilla había arrancado de un latigazo el libro a Beeman y se lo devolvió a Líam, que puso su butaca de nuevo en posición y continuó con el relato]
Gracias a una misteriosa guerrera, nuestro entrañable ángel había salido victorioso y había conseguido llegar al portal de Belén, donde el acontecimiento del siglo se iba a...
- Aquí Tao, vuestra presentadora favorita del corazón, retransmitiendo en directo desde el portal, donde ya están llegando los invitados al nacimiento del milenio. ¡Guau, súper, tía!... Podemos ver a los pastores llegar en su flamante limusina... ¡Ahí está el macizorro de Gio en su precioso traje de pastor de Massimo Dutti! ¡Te queremos, guapetón! A continuación, las ovejas lucen un escotado modelo de lana, de DKNY! ¡Cool, chicos!... Y... ¡Qué veo! Es la famosa, la increíble, la inigualable... ¡Tamborilera! Hamtarila viste su típico traje de tamborilera con un tambor de revolucionario diseño que...
- ¡Una pandereta?- preguntó Líam airado.
- Es que a mí se me da mejor la pandereta y no sé tocar el tambor...
- Odio mi vida...
- Y ya está todo listo- continuó Tao, emocionada- para el gran evento, pues está llegando a este maravilloso portal de Belén, decorado con paja para la ocasión... ¡El pastor con el buey y la mula! ¡Leo, cariño, dedícanos unas frases!
- Soy la persona más feliz del mundo- dijo Leo con una amplia sonrisa.- Al fin puedo cumplir mi sueño: ¡Pegar a Mizuno con un palo todo lo que quiera!
- Cuando dije que quería ser kawaii- dijo la adorable mula Taiki- No me refería a esto...
- Pues yo me lo estoy pasando pipa- comentó pokelink el buey.
- Eso es porque contigo no se ensaña.
- Dime, Max- continuó Tao- ¿Qué opinas sobre esta maravilloso nacimiento?
- Pues verás, Tao- explicó el copresentador, Max Lance.- Estoy muy contento de encontrarme hoy aquí, entre vosotros, en este maravilloso desierto, perdido de la mano de Dios y...
-Una foto para la edición de mañana, por favor- Pidió I.B.J. el fotógrafo oficial del evento.- Gracias, ahora veré si consigo una de la sagrada familia.
Y en un rincón, cansado, pero feliz, revoloteando encima de los tres protagonistas de la noche, Líam miraba la escena con ternura.
- Al final, todo ha valido la pena. Este día se convertirá, a partir de hoy, en el día del amor, la paz y el compañerismo, el día en el que todos olvidaremos nuestras rencillas y podremos celebrar todos juntos, la alegría de vivir. Es enternece...- una manita le tocó en el hombro.
- Hola, Líam, creo que tenemos asuntos que resolver...
De repente, el ángel se dio cuenta de que la estrella ya había llegado al portal, lo que significaba...
- De verdad... Lo siento... no iba con mala intención... Aaaaaaaaaaahhhhhh
- No huyas, ángel de pacotilla. Cuando acabe contigo se te podrá comer como pavo de navidad.
Vivian gritaba mientras perseguía a Líam por el tejado del pesebre, lanzatartas en mano.
Y es que, fuera como fuese, ocurriera lo que ocurriese, la Navidad sería y será siempre un tiempo para beber y cantar, para comer y hablar, para sentir y compartir, pero, sobre todo, para reír.
FIN
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Respuesta #8 :
Diciembre 25, 2004, 23:19 »
Un coro de aplausos y sonrisas acompañaron al final de la historia.
Los usuarios estaban disfrutando con la serie de relatos, y estaban impacientes por escuchar el siguiente. Electrón sonreía. Podía sentir la cercanía de sus amigos, y deseaba que la cena se comiese el libro de recetas de Flopy para alargar aquellos momentos juntos.
De pronto, como si los pensamientos de Electrón hubiesen salido de paseo sin permiso, Zero y Tenebrus se levantaron y, tras unas palabras de disculpa, se dirigieron a la improvisada cocina de la Gran Biblioteca.
Líam dirigió una mirada desesperada a Electrón, y éste captó el mensaje.
Pokelink y Electrón se pusieron en pie. Algunos usuarios intercambiaron miradas curiosas. Esos dos juntos no podían preparar nada bueno.
Elec se aclaró la garganta antes de comenzar.
-Bueno chicos, Pokelink y yo habíamos ideado un juego para entretenernos antes de la cena.
-¿Ponerle la cola a Beeman?-, aventuró Karela.
-¿A mí por qué?
-Uish, esto se pone interesante-.
-Ejem… no, no iba por ahí, Arcal U Devuelve ese clavo a la estantería.
-No, lo que habíamos preparado…-continuó Pokelink- es una cacería en los jardines.
Definitivamente, habían perdido la cabeza. Aún seguía nevando, y las luces del exterior eran solo una mancha traslúcida en los empañados cristales. Sin embargo, cuando se acercaron a la entrada comprendieron por qué proponían aquello. Una barrera de azul tenue aislaba el patio, haciéndolo parecer una de esas bolas de cristal navideñas. Era un espectáculo precioso, ver los árboles nevados a la luz de la noche, ahora despejada.
-Bien, resuelto el asunto del tiempo-, continuó Pokelink mientras dedicaba una sonrisa a su amigo-, esto será lo que tendréis que atrapar.
Navi, el hada de Pokelink, descendió del árbol de Navidad. Su aura, normalmente de un blanco puro, era hoy roja. Parecía su forma particular de festejar la Navidad.
-¿Tu hada?
-, preguntó Tenebrus un tanto confuso. -¿No sería más fácil probar con el Torchic?-
-Era mi idea original-, admitió el duendecillo, al tiempo que el pequeño pokémon se escondía tras el árbol de Navidad. –Pero la caza de un pavo en estas fechas quedaba muy americano-.
-Además así es más realista-, continuó Electrón. –El hada representa el espíritu de la Navidad que todos buscamos en estas fechas. Tendréis que intentar encontrarla por los jardines antes de que acabe el día-.
Los rumores entusiasmados indicaban que la idea les había llegado. Conseguir el espíritu de la Navidad de un modo literal era mucho más sencillo de lo que predicaban los religiosos.
Tras un tintineo de campanas, las enormes puertas de cristal se abrieron, y el hada se abrió paso entre los copos de nieve que lograban cruzar la barrera. Los usuarios se lanzaron contra la puerta, casi llevándose a Pokelink y Electrón por delante, y comenzaron la búsqueda.
Zero: ¡¡Uoooh, allí está, allí está!! ¡En la fuente!
Taoeris: Eso es una luciérnaga U
Leo: ¿Puedo destruírla?
Enilla: Toma. Usa este lát…
*BOOOOOOOOOOM*
Enilla: Bueno, en otra ocasión…
Landertxu: Si he revisado un tercio del patio, 12 usuarios están buscando en el corredor, y sabiendo que el viento la debería arrastrar hacia el noroeste , hay un 12% de posibilidades de encontrarla en…
Melkor: ¡Sobre tu cabeza!
Landertxu: WHAA, YA ES MIA
*Media hora más tarde*
Leo: ¡¡Mirad, mirad, la he atrapado!! Inclinaos ante mi superioridad, ¡¡WHAJAJAJA!!
Kyro: Preciosa, oye… Y esto que tengo yo, ¿qué es?
Leo: Eh… ¿Kyro, has clonado a Navi?
Tenebrus: Muchos clones debe haber hecho… todos tenemos una
Frustrados, los usuarios se dirigieron de nuevo a la Gran Biblioteca, donde Pokelink y Electrón esperaban sonrientes.
Tras unos minutos de discusión, los organizadores aclararon la situación.
-Veréis, la cosa es muy sencilla-, comenzó Electrón. –Como podéis ver, no queda ningún hada en el Gran Árbol.
-Cuando salisteis a buscar el espíritu de la Navidad, todos trabajasteis juntos por el mismo objetivo. Lo importante no fue lo que consiguieseis, sino el modo en que lo hicisteis.
-En realidad, todos teníais el espíritu de la Navidad antes de salir. Por eso creímos que sería justo que todos encontraseis vuestra propia hada, pues ese sentimiento no se debe repartir entre unos pocos.
Los usuarios intercambiaron miradas alegres y en el mismo momento, como si lo hubiesen planeado mientras buscaban, todos soltaron a sus hadas, que recuperaron su posición en el árbol.
Satisfechos, todos se sentaron de nuevo en torno al fuego, dispuestos a continuar con los relatos.
Electrón cerró el libro.
-Bien, Zero… ¿has comprendido la moraleja de la historia?
-Pues… ¿Qué habrá una cacería después de la cena?
-Es verdad, Zero, ¿no íbamos a ver cómo les iba a los peluches en la cocina?
-Es verdad, Tene, casi me olvido. ¡¡Vamos!!
Líam: *mientras se alejan* ¡¡Eleeec!! ¡¡ Haz algo!!
-Ehm… uh… ¡¡Música, Beeman!!
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Última modificación: Diciembre 25, 2004, 23:38 por Líam
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"Si quieres evitar olvidar tus recuerdos, guárdalos en el corazón..."
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Respuesta #9 :
Diciembre 26, 2004, 00:06 »
Pero antes de que cruzaran la spuertas de la cocina, éstas se abrieron de par en par y Flopy apareció con su sombrero de cocinero y unos divertidos bigotitos estilo Dalí.
- Madames et monsieurs- comenzó el conejito con un perfecto acento francés- chez Flopy tiene el honorrr de presentarlesss... "Sena de Navidad"
- Lo que ha mejorado este conejo con unas pocas clases...- se maravilló Lao.
A continuación, las puertas volvierona abrirse de par en par y decenas de adorables peluchines vestidos de camareros hicieron acto de presencia... ¡en escena! Sí, porque aquello, más que el servicio de una cena, parecía un verdadero cabaret.
Unos ositos condujeron, tomando de la mano a los comensales y medio bailando, a éstos a sus asientos, donde, maravillados, fueron ataviados con bellas servilletas de seda blanca.
- Las adorables huestes de Líam nos invaden y nos ahcen sus prisioneros, me temo- observó Sir Mikel con sarcasmo.
- A mí lo que me gustaría saber- se preguntó BUG- es de dónde saca este chico el dinero para la cubertería de plata y la mantelería de seda china...
- Eso- dijo Líam mientras pasaba medio flotando por allí, siendo aprte del vistoso baile- me temo que es un secreto- y guiñó un ojo.
Una vez que todo el mundo estuvo sentado, bandejas y bandejas de comida comenzaron a desfilar, sin romper la coreografía de aquel precioso ballet. Solomillo, pato a la naranja, codorniz, bacalao, salmón, ragú de verduras... Cualquier plato imaginables estaba allí, pasando ante sus ya deseosas bocas, que se deshacían como los helados que esperaban, junto con profiteroles, tartas y pasteles de todas clases y frutas de todos los países, en la cocina a que llegara la hora de los postres.
Todos los invitados, algunos con mayor pasión que otros, comieron y bebieron de las variadas fuentes de diferentes bebidas, mientras disfrutaban de una agradable conversación. Al final, todos con el estómago lleno, decidieron que todavía no era momento de irse a su casa.
- Pues me temo que no había planeado mayor entretenimiento, tengo que reconocer esa defciencia como mal anfitrión... No sé, quizás...
- Vamos, Líam- habló Taiki.- Creo que no me equivoco si digo que todos tenemos en mente la misma idea. ¿Me equivoco?
- ¡Queremos relatos!- gritaron todos a coro, con una gran sonrisa.
- Así sea entonces- dijo Líam, contagiado del buen humor.- ¿Quién quiere continuar?
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Gjallar
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Respuesta #10 :
Diciembre 26, 2004, 05:48 »
Los hermanos gemelos siempre están muy unidos; comparten muchísimas cosas y tener el mismo rostro no es la de menor importancia. Pero Liam y Tenebrus estaban aun mas unidos, echo que fue advertido primero por su nodriza y luego por el anciano sabio que su honorable padre Electron habia llamado luego para que los educara en física y sabiduria general. Sus mentes trabajaban como una sola, como si entre ellos existiese una comunicación de pensamientos. Liam habia estudiado las artes magicas y por el contrario, Tenebrus hizo los estudias avanzados de lucha y era un espadachín que le quedaba poco para llegar a los altos niveles. Entonces estaban los dos en su casa, pues disfrutaban de unas agradables vacaciones de Navidad, y estaban entre los dos ocupando un sofa y en medio, esta su pobre mascota que no podia ni respirar del poco espacio que le dejaban...
-Oye Tenebrus, ya eres grado 34, sabes si de aqui poco serás nivel avanzado?- preguntó Liam interesado.
-Bueno, no se si valdría la pena estudiar mas tiempo, pues al grado 40 ya podria ser anunciado oficialmente cruzado... Oye, y tus estudios de mágia, ¿como te van?
-Bastante bien, ya me faltan pocos grados para alcanzar el nivel suficiente para un mago... pero dejemos de hablar de colegio, que son fechas para espachurrarse en el sofá y no hacer nada.
-Buéh, tienes razón... Floppy!!!
-Que quierez, enano?
-Oye conejo, que por tener complejo del de Alicia en el país de las Maravillas no te trataremos como a un Dios!
-Yo zolo zirvo a mi zeñor Enilla.
-Si, porque sabemos que te gusta que te azote con el latigo de acero, pedazo de SadoMasoca!
-Err... no lo digaz, y hare lo que me pida zu zeñoria...
-Asi me gusta. Ahora ves a Carrefur y traeme una Flamberge.
-Pero, zeñor, no puedo hacer ezo...
-Te niegas a hacerlo? tu lo has querido... PAPAAAAAAAAAA FLOPPY ESTA FUMANDOOOOOOOOOOOOOO!!!!!
Electron bajó como un rayo y echo de una patada a Floppy por la ventana, pero no se quejo porque abajo estaba Enilla con su latigo de espinas oxidado y una sonrisa muy rara en los labios, que asustó a Liam de manera loca y se fué a esconder entre las faldas de su madre Tao, mientras su mascota Beeman sentía envidia de donde estaba su amo Liam (joder, menuda mascota!!!!). Llamaron a la puerta y Tenebrus, que tenia una intuición iba corriendocuando tropezó con su primo Trancos que salia de hacer sus "cosas" en el baño, y chocaron porque estaba mirando aún la PlayBoy, donde salian Priestess ligeritas de ropas ^^UUUU y casi se come el borde de la mesa de billar en la que Zero y Pokelink estaban jugando mientras hablaban de como descubrieron que eran primos.
-Ya voy!!- dijo Tenebrus mientras abria la puerta y se encontraba con una preciosidad de color verde... ah no, eso es el muerdago. Tenebrus dejo de mirar la puerta del vecino y miró a su novia, que iba envuelta en una capa negra que le quedaba perfecta.
-Hola, Tenebrus...- dijo mientras daba un fugaz beso en la mejilla a su "amigo"...
-Ah no, Tenebrus! Ella otra vez NO!!- gritó su padre Electron, que odiaba a muerte a su relación con Karela.
-Papa, estamos en navidad!!!- gritó Tenebrus, que no soportaba que su padre se metiera en sus relaciones.
-Señor Electron-empezó a decir de repente Karela, tenía una voz fria como el hielo...- se que mi padre y usted se caían mal en los estudios de arquero, pero eso no es necesario para que me odie a mi...
-Papa, nos vamos! No soporto que te metas con Karela!!!
-No, Tenebrus, es Navidad, queda tu, yo me voy...queda con tu familia...
-No, Karela! Nos vamos los dos, vamos a Prontera...
-Tenebrus, te prohibo que...!
-No, padre... se ha acabado el mandarme, dejaré casa...
-No, por favor!- dijo una voz al final del pasillo. Era Liam, que habia oido toda la conversa, y quería mucho a su hermano...
-Liam, hermano, no queda mas remedio... recuerda, que soy como terminator...
Volveré...
...
-Ja ja ja...! Vale, te creo.
Tenebrus abrió la puerta mientras pasaba la mano por la cintura de Karela.
-Padre, dile a mama lo que ha pasado, yo no puedo...
-De acuerdo, Tenebrus, es tu decisión.
-Cuando salieron a la calle, tuvieron que esquivar al tio de Tenebrus, Leo, que venia montado encima de una lagartija... digooo un dragón.
Al otro lado de la calle estaban Atsumu, Danot y otros miembros de la pokemafia cantando sus raps, y Tenebrus escuchó algo de la conversa:
-Ja ja ja, que salado es atsumu!!- dijo Danot riendose- ¡¡Se le va la luz!!
-Atsumu acababa de tropezar con algo que no sabia, pero miraba con extraños ojos a una blacksmith que pasaba por su lado.
-Oye Atsumu, recuerda que tienes voto de castidad!- le gritó Tenebrus partiendose de risa.
Karela rió entrecortadamente, no reía mucho y era extraño verle sonreir, era ese efecto místico y arcano que gustaba a Tenebrus.
Al final, llegaron a Prontera, y veron la cabalgata, pasaron años, fueron felices y comieron steels chonchons...
Fin
Epílogo: Tenebrus volvió a su casa, Bug y Electron hicieron las paces y Tenebrus y Karela se casaron, actualmente Liam esta teniendo un romance con Hamtarilla, y atsumu ha sido expulsado de la iglesia por romper una ley... adivinad cual fué...
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Respuesta #11 :
Diciembre 26, 2004, 10:51 »
El terreno estaba cubierto por una gigantesca capa de nieve, y oculto a la vista por culpa de aquellos pinos nevados no dejaban ver mucho más allá de la entrada de la casa, exceptuando las enormes montañas plateadas que se divisaban allá en el horizonte y el cielo, completamente tapado por una gran nube negra de la que caían copos a una velocidad lenta y rutinaria hasta el suelo, formando la ya nombrada capa de nieve; terrible. Los montones que se formaban en la fachada casi llegaban hasta la ventana, por la que Jorge no dejaba de mirar melancólico.
Aquel manto opaco celestial no dejaba pasar ni el más ligero haz de luz. Puede que a esas horas tampoco hubiera nada más intenso que la luz lunar, pero también se echaba en falta a Catalina.
-No se puede tener todo –se dijo Jorge, resignándose una vez más a la realidad-, si nieva no hay Luna… ¡Y qué más me da a mí que nieve! Estoy harto de ilusionarme cada año con que llegue algo tan frío y que se te mete por todas partes. Uno se acaba cansando de la nieve…
Aquello era una metáfora que concordaba bastante con su vida.
Apartó la mirada de la ventana empañada y la posó sobre su familia: su madre preparaba las uvas en la cocina; su padre respondía a llamadas de felicitación prematuras; su abuela hacía punto en el sofá mientras miraba al televisor… Por un momento tuvo la sensación de que estaba viviendo la típica e idílica navidad de las películas americanas. Idílica se suponía era sin duda. Miró al televisor… salía Ramón García: también era típica.
Cualquiera habría dado mucho por estar en su piel. Pero él no estaba satisfecho. Sus regalos ya no saciaban sus ansias primordiales, y ni siquiera las distraían. No era un egoísta; solamente tenía un deseo. Y estaba harto de aquella realidad tan real.
Se levantó y esperó en el sofá unos segundos a que se apaciguara el dolor de las piernas. Había estado mucho tiempo de rodillas, mirando a la ventana, y eso lo castigaba el cuerpo. Cuando por fin estuvo mejor se levantó del sofá y subió las escaleras que conducían al segundo piso.
Allí todo estaba oscuro. Se estremeció, y sintió la presencia de alguien. Pero allí no podía haber nadie. Dejó que cundiera el pánico en su ser, y palpó rápidamente a pared en busca del interruptor. Lo encontró, pero no lo pulsó. La extraña sensación que todo el mundo tiene: encendida la luz, el asesino o el ladrón imaginario que esté en su casa desaparece. Podía romper el embrujo cuando quisiera, así que levantó la cabeza al frente, para poder contemplarlo un poco más como quien mira por encima del hombro y se ríe de él; porque ahora el mandaba y decidía cuándo se acababa todo.
Pero nunca se espera que ocurra lo que le ocurrió a Jorge, pues él si pudo mirar a los ojos de su ladrón o asesino imaginario. Estaba allí. Unos ojos grandes, naranjas y con forma triangular. Unos ojos luminosos, que parecían reírse de Jorge y de su luz salvadora. Nuestro amigo sintió un escalofrío profundo, como una toalla húmeda que subía por la espalda. Al principio fue por el miedo, pero luego se dio cuenta de que se prolongaba sin razón. Con los ojos abiertos a más no poder y la cara lívida se apresuró a encender la luz dándole un puñetazo al interruptor. Conquistó la oscuridad, pero no se atrevió a clavar la bandera de la mirada hasta un buen rato después. Alzó la vista mientras respiraba con la lengua prácticamente fuera: no había nadie. Pero él no lo había soñado…
Más calmado, aunque con el corazón todavía dando brincos, nuestro amigo llegó a la puerta de su habitación. La abrió levemente e introdujo el brazo para encender la luz. Su extremidad fue más rápida que la lengua de un camaleón.
Entró en el cuarto y abrió el armario; sacó la chamarra y su GBA, algo que tenía por costumbre y que no tenía mucha razón de ser en aquel paraje recoleto. No sabía de lobos que jugaran a pokémon, y en aquel lugar no había mucho más. Sus padres habían alquilado aquella casa para hacer algo diferente en Nochevieja. Era bastante original, si no fuera porque por alquilar la maldita cabaña y gastar tanto dinero los regalos de Papá Noel habían sido escasos, y porque aquel lugar era bastante aburrido sin su mejor amigo. Con Iñigo había pasado todas las navidades que le venían a la memoria a sus doce años. El año en el que Jorge no le llevaba al pueblo de sus abuelos era Iñigo el que le llevaba con él al de los suyos.
Sin embargo aquella Navidad a sus padres se les ocurrió la “brillante” idea de la cabaña, para variar un poco, e Iñigo tuvo que marcharse a su pueblo porque tenía a un tío abuelo bastante enfermo.
Era una pena. Aquel chico era lo único que le hacía pasárselo bien a Jorge y olvidarse de su mayor inquietud.
Se puso la chamarra y buscó los guantes en los bolsillos. Estaban ahí, junto a algo más. Una especie de tarjetita. Jorge la sacó del bolsillo. Era una carta plateada, con un fondo en el que se acertaba a ver la débil imagen de una circunferencia dividida en dos partes iguales horizontalmente por una recta, en cuyo centro se hallaba un círculo. La estructura en sí parecía bastante sosa, aunque de la parte superior y de la inferior de la circunferencia cuatro colas comenzaban a propagarse por ésta hasta llegas a la mitad, en la que se juntaban dos a dos y de propagaban por el segmento hasta llegar a círculo central, en el que las cuatro cabezas de mostraban su lengua bípeda y clavaban sus colmillos en aquella figura geométrica.
Aquellas serpientes despistaron a Jorge, que intentó visualizar la figura primaria e identificarla, aunque sí que le sonaba de algo. En aquella tarjeta ponía, en letras doradas el texto:
Que tu Mayor Deseo
Se haga Realidad
-Como si eso fuera posible- murmuró.
No sabía a ciencia cierta de dónde había sacado aquella tarjeta. Seguramente de algún supermercado o de alguna tienda de juguetes. Daba igual; nuestro amigo tenía los bolsillos de sus prendas de vestir siempre llenas de algo, excepto de dinero, pues lo ahorraba celosamente en su caja fuerte para comprar los juegos de Nintendo que iban saliendo.
Durante algunos momentos se mantuvo petrificado, pero no tardó en emerger de sus pensamientos y salir del cuarto. La luz del pasillo seguía encendida, y en cuanto la apagó bajó las escaleras como alma que lleva el diablo.
No avisó a nadie, esperó a que estuvieran todos despistados para salir por la puerta. No sabía que les iba a decir cuando volviera, pero deseaba que no fuera así. No tenía nada contra ellos… pero no quería volver.
Antes de cerrar la puerta miró el reloj: las diez y media; todavía faltaba un rato.
El viento frío serenó su aplomo y le tranquilizó. Aún no olvidaba lo que había ocurrido en el pasillo de la cabaña. No podía olvidar aquellos ojos naranjas que se reían de su temor… Volvió a estremecerse. Y meneó bruscamente la espalda para que ese escalofrío desapareciera. Pero entonces sus ojos se clavaron en los árboles; allí, entre los troncos y las ramas bajas, como si la pesadilla se hubiera echo realidad, como si hubieran escuchado sus pensamientos y los hubieran echo reales con mala intención, los ojos naranjas volvieron a mirarle, esta vez acompañados de una blanca y perturbadora sonrisa; sarcástica y malévola. Aquel no era el gato de “Alicia en el País de las Maravillas”, eso estaba claro. Sin embargo había en él algo familiar. No supo quién o qué era, y sin darse cuenta estuvo mirándolo durante un tiempo prolongado, hasta que este se desvaneció en el bosque. Entonces fue cuando se dio cuenta de lo que había pasado y volvió a cundir el pánico. Además, ahora que no se le veía éste podía estar acechando en cualquier parte. Se dio la vuelta y miró la cabaña. La luz que emitía se colaba por las ventanas y dotaba parte del suelo de un tono amarillento. También iluminaba su cuerpo, y eso le hacía sentirse incómodo. Era como si sus padres le estuvieran vigilando, y no quería que le vieran fuera.
No sabía de quién eran aquellos ojos, pero estaba claro que no podía quedarse con la intriga de saber quién era. Le había tocado a él vivir aquella aventura. Sabía que si le encontraba se quedaría de nuevo paralizado y no sabía que hacer. O tal vez no. No lo sabía, no sabía cómo iba a terminar aquello, pero sabía que lo tenía que empezar.
La cabaña ya estaba lejos, y Jorge no se sentía observado. La observó un rato en la lejanía, y luego volvió la vista hacia delante. No quería que algo se abalanzara sobre él sin darse cuenta. No se oía otro ruido que el del viento, que ahora silbaba fuertemente. Si había algún sonido más era dispersado antes de llegar a su oído. La nieve cada vez golpeaba más fuertemente, y caía de modo inclinado. Aquello empezaba a ser peligroso.
Caminaba torpemente, dejando su huella bruscamente y levantando nieve del por el golpe. Lo hacía inclinado, pues el viento se enbravecía por momentos. Además había llegado a una zona en la que la arboleda se encontraba más dispersa, y le protegía menos del cruel dios que le hacía caminar tan torpemente. Había salido a dar una vuelta para airearse, pero se estaba ventilando demasiado, y aquel lugar era excesivamente tétrico como para estar tranquilo.
Iba ya a dar la vuelta para volver a su casa cuando pisó una piedra helada y resbaló. Tuvo la sensación de que se hundía en la nieve, pero sólo por unos momentos. Tenía ya demasiado miedo. Levantó la cabeza, pretendiendo incorporarse cuanto antes para evitar que la nieve empapara su ropa. Pero al alzar la vista de nuevo se encontró con una mirada que emitía un fulgor en la oscuridad. Ese resplandor que perturbaba la tranquilidad, si bien es cierto que no había mucha. Aquellos ojos… Pero esta vez no eran los mismos. Eran rojos, rojos con pupilas negras que sugerían furia y maldad. Mientras la primera había mostrado siempre cierta compasión, o más bien pena, ésta solo denotaba enojo y crispación llevados a su máximo grado. No había piedad por ninguna parte. De aquella mirada resplandecía el contorno más que el resto. Quizá el resplandor rojo era emitido por un iris grande, y el resto del ojo era… ¿amarillo? El ser, envuelto en oscuridad ofrecida por las sombras de los pinos dio media vuelta y dejó ver parte de su forma. Era un cuadrúpedo, un canino posiblemente, pues el girarse uno de sus colmillos brilló. Pero con esos ojos… Jorge los conocía a todos, y no tardó en identificarlo como una de las especies. Pero no podía ser posible. Vivía en un mundo real.
El ser desapareció en las tinieblas y el ruido de sus pasos aceleró su frecuencia. Corría. Le retaba a seguirle. Jorge no se lo pensó dos veces. Al menos antes de empezar la carrera.
La persecución llegó a emplazarse en una cuesta arriba después de varios minutos siguiendo a un ser que, pese a que parecía tener capacidades como para hacerle perder su pista, se mantenía siempre a una distancia casi similar. La conjetura quedó confirmada cuando vio como en varias ocasiones el aquel ser se detenía y alzaba el cuello en postura orgullosa girando el busto para mirarle con aquellos ojos que decían tanto y “tan malo”.
El viento ya no era más que un rumor lejano. Los árboles, siempre pinos, eran ahora demasiados. El camino se volvía abrupto y no caía más nieve que la que llevaba ya tiempo sobre las copas de los nombrados y se desplomaba por su propio peso en masas medianas. Seguía subiendo la cuesta, y se dio cuenta de que los bordes de aquel lugar se estrechaban. ¿Bordes? Sí; siguió subiendo, acelerando la velocidad debido a la impaciencia, y logró atravesar el último árbol. El viento volvió a estar vigente, y su impulso era demoledor. La nieve planeaba prácticamente en horizontal. Ya no había más árboles; era el final del camino. Se acercó al borde y oteó el lugar. Había sido conducido a un barranco desde el cual se podía observar todo el paisaje. A lo lejos, casi al pie de una peña, la casa en la que se encontraban sus padres emitía pequeños destellos amarillos, cortesía de las bombillas de la lámpara del salón. El resto del paraje estaba, en su mayor parte, literalmente tapado, pero no por nieve, sino por la frondosa arboleda que lo cubría. Solo se salvaban algunas zonas, y el lago. En el centro de paisaje, helado, como un espejo en mitad del mundo. Un claro dejó ver en ese instante la Luna, que se reflejó en el hielo para ver lo bella que estaba aquel día. Un solo instante… Las nubes se movían a gran velocidad. El viento impedía a Jorge mantener bien el equilibrio. De hecho al principio estuvo se cayó, pero consiguió maniobrar para que no fuera en ESA dirección. Sin embargo volvió a levantarse y siguió mirando el paraje. Estaba completamente hechizado; los dos lo estaban.
Junto al lago una elevación de unos siete u ocho metros; una roca, un enorme menhir natural, que no encajaba y que rompía la monotonía; aquella simetría, efecto óptico fruto de la extensa arboleda que rodeaba el espejo helado.
Un copo de nieve se le metió en los ojos, y su acto reflejo fue frotárselo con el dedo inmediatamente. Eso rompió el embrujo. Despertó, dejó de mirar el paisaje y recordó por qué estaba allí. Se dio la vuelta; de nuevo alguien escuchaba lo que pensaba y lo hacía realidad. De nuevo aquellos ojos rojos rodeados de un vivo amarillo; ojos fieros presentación de un cuerpo que se mantenía siempre en penumbra. Hasta aquel momento, en el que la criatura decidió dar varios pasos al frente y presentarse a la claridad fingida, llamada así por ser comparada con la oscuridad absoluta en la que se vivía bajo las copas de los pinos. Aquel animal… no podía ser... No era un animal. Jorge había pensado que todo eran imaginaciones suyas, pero estaba en lo cierto. Aquella especie de lobo de patas, cola y lomo negro; un metro de alto, panza grisácea y melena que flotaba al viento… Expresión carnívora y postura tranquila… Aquello no era posible, pero era lo que era. No lo dudó en ningún momento. No era posible, pero ahí estaba.
Pensó que se le abalanzaría encima, pero en vez de eso pasó ágilmente por su lado y frenó hábilmente al final del barranco. Con el hocico señaló al paisaje, concretamente al lago. No había gesto de complicidad alguno, pero le aconsejaba, o le mandaba que fuera allí. Se dio media vuelta y volvió a introducirse en el reino de las tinieblas. Jorge no tuvo miedo y le siguió sin pensar. Ya sabía lo que era.
Resbaló un par de veces y eso aceleró se llegada al final del desnivel, aunque no fue muy gloriosa. Echó a correr en dirección al lago. No había ni rastro de la criatura, pero él ya sabía la dirección a tomar. El viento cesó, y dejó de nevar. Al principio pensó que la causa de que no cayeran copos era el echo de que los árboles estaban demasiado juntos, pero miró hacia arriba y se dio cuenta de que no caía ni uno sólo. Ya no había viento, los árboles no agitaban sus ramas. Ahora se oían cantos de aves nocturnas, llamadas destinadas a acelerar el ritmo cardiaco. Pero Jorge caminaba sonámbulo, con la mente puesta en un punto y nada más.
Tardó en llegar; se le hizo eterno. Sin embargo consiguió emerger de nuevo del mundo de la oscuridad para llegar a aquél lugar enigmático.
-Por fin; se me acababa el tiempo.
El corazón se le salió del pecho. Se dio la vuelta. Detrás de él otra “cosa” iba a salir de la penumbra. Sólo se veía su mirada, naranja, y su dentadura, blanca y sonriente. Era toda una paradoja viviente, si es que era viviente. Sonreía, feliz pero irónico. Parecía bueno y malo. Parecía la desconfianza personificada.
Porque era persona; salió de entre las sombras y se dejó ver. Un hombre de metro ochenta, con un sombrero que sumía en la oscuridad su rostro, exceptuando su luminosa mirada y su sonrisa, inmóvil. Se cubría con una capa negra que sujetaba con las manos interiormente para tapar el resto de sus atuendos, aunque se adivinaban unos zapatos y unos pantalones del mismo color oscuro que el de l capa, creando una sensación monótona. Parecía humano, pero emitía una especie de aura que resplandecía. Un brillo morado.
El sombreo y la capa le recordaron al zorro, pero Jorge prefirió no hacer un comentario al respecto. El hombre le señaló el gigantesco menhir y sin decir una sola palabra se dirigió hacia él.
-Camina rodeando el lago y no te resbalarás.
-¿Y tú por qué no haces lo mismo? –preguntó él, viento la tranquilidad con la que andaba con el hielo y con esos zapatos.
-El camino más corto de un punto a otro es siempre la línea recta.
Eso ya lo sabía, lo que quería saber era por qué no tomaba precauciones y caminaba también por la nieve, pero se dio cuenta de que el hombre también sabía lo que quería decir. Y no había contestado porque era algo irrelevante, así que no insistió.
La roca medía exactamente lo mismo que pensó que medía observándola desde el barranco. Unos siete u ocho metros, tal vez más. A unos metros menos de distancia se paró el hombre y, observándolo, le indicó a Jorge que se acercara, con un movimiento leve de mano. Tímidamente cruzó parte del helado lago y se colocó a su vera. El hombre ya no agarraba su capa, y esta ondeaba regular y pacíficamente, serenando y calmando, aportando una sensación de flotabilidad en el mismo portador. Incluso Jorge pensó por unos momentos que su acompañante levitaba, pero era solo una sensación. Vestía una camisa negra atada hasta el último botón, el del cuello. También era negra, al igual que el reverso de su capa, que no variaba. Daba una sensación vampiresca, pero la sensación monótona que había tenido antes de él era rota por una insignia que llevaba colgada en el lado izquierdo de su camisa. Una insignia plateada; el mismo símbolo de la tarjeta que descubrió en su chamarra. La sacó para mirarla. Miró al rostro de su acompañante, que sonreía más bruscamente.
Recolocó la mirada en la tarjeta, y una vez más en el hombre, pero esta vez en su insignia. Evitó las serpientes y se fijó en la estructuro. La insignia brilló reflejando una luz. Alzó la vista: no había una nube. La Luna y las estrellas podían hacer ahora su trabajo y crear esa sensación enigmática. Aquel lugar era la escena perfecta para una leyenda mitológica. El lago por si sólo daba una sensación de pánico escénico, pues parecía que sólo una fina capa de cristal te separaba de un pozo sin final. Podía llegar a causar vértigo, pero en conjunto con el resto del paisaje portaba una sensación onírica y acogedora. Las ninfas no debían estar lejos. Aquel lugar era hermoso y pacífico. Y el cuadro celestial no parecía cielo, sino universo. No había techo, sino abertura. Y la brisa, mínima pero envolvente provocaba aquel oleaje permanente en la capa del extraño hombre; una capa que parecía marcar el ritmo de todo aquello.
-¿Quién eres tú? –acertó a Decir Jorge, sin ni siquiera balbucear.
-Papá Noel no, te lo puedo asegurar –contestó con la misma sonrisa que había mantenido siempre.
No era momento para bromas, y Jorge ni siquiera lo tomó como tal.
-¿Eres… el fantasma de las navidades pasadas?
Había dicho una estupidez, pero nunca se sabe.
-Me parece que ese hombre aparece un poco antes de Nochevieja, y yo soy muy puntual –contestó con ironía.
Aquel humor no provocó ni siquiera una leve sonrisa en el rostro del chaval, que mostraba ingenuidad y desconfianza al unísono.
De pronto la brisa aumentó su fuerza, y el sombrero del hombre salió volando. Dejó al descubierto un rostro algo pálido, y un cabello puntiagudo de color morado.
Morado… y esa sonrisa… y esos ojos…
-¡Maldita sea, gástate una fortuna para comprarte un sombrero que te proteja el pelo para que se te vaya volando el día del estreno!
El hombre no le daba importancia a aquella situación. Pero Jorge, pese a tener el pelo lleno de escarcha, solo se preocupaba de entender qué significaba todo aquello.
-Tú… tú eres… pero no puede ser…
-Extraño ¿eh? Bueno, ya sabes por el pelo que no soy David Bisbal.
-El pelo elimina a bastantes sospechosos, sí –por una ves le había seguido la broma, aunque el tono de preocupación no variaba-. Te sacaría más parecidos con otros cantantes, sin duda.
-No he venido aquí para hablar de preferencias musicales, chico.
-¿Pero tú eres un… un Gengar?
-Casi inexplicablemente llevo la sangre de su especie en mis venas, pero esa es otra historia, chico. Como ves soy una persona. Llámame mejor Prof. Gengar, aunque ni soy profesor ni soy Gengar.
-Entonces es cierto…
La insignia, no tenía sino la forma de una Poke Ball; y aquel lobo…
-¡Infierno, vamos! –ordenó el pintoresco personaje.
De nuevo aparecieron entre los árboles los fieros ojos rojos, precedidos de la orgullosa silueta. Jorge nunca se equivocó: era un Mightyena. Se acercó a su dueño y acarició suavemente su pierna con su cabeza. Gruñó cariñosamente; casi fue un ronroneo.
-¡¡Eso no puede ser!! –exclamó Jorge.
-¿Y por qué no? Si existiera la magia todo es posible –sentenció el hombre.
-Pero no…
-No te lo intentes explicar; es un hecho. Además, no tenemos tiempo de nimiedades, pese a que Infierno ha hecho un buen trabajo trayéndote os habéis retrasado un poco y apenas tenemos tiempo.
Introdujo su mano en esa oscuridad sin fin que era su ropaje. Ni si quiera se diferenciaba la camisa de la capa. Y de alguna de éstas, o tal vez del pantalón, sacó un reloj de bolsillo sujetado a alguna de las citadas prendas por una cadena. Lo lanzó al aire, y rápidamente desplegó esa misma mano para alcanzarlo y, de un movimiento, agarrarlo y pulsar la cebolla que abría la tapa. Aquello ocurrió muy lentamente, hasta que la tapa se abrió. Como si el tiempo fuera controlado por aquella máquina de agujas y engranajes.
Nos quedan cinco minutos para las doce en punto. Cinco minutos para que se abra la puerta.
-¿La puerta?
-Mira la cueva.
Efectivamente, a los pies de la roca había una abertura, una cueva. La entrada no era de dimensiones muy amplias, pero se podía pasar por ella.
-¿A qué demonios viene esto? –exclamó Jorge.
Su impaciencia había terminado desbordándose del vaso; ya no aguantaba más.
-Veo que quieres ir al grano. De acuerdo. Tu mayor deseo se va a hacer realidad hoy. Muchos han soñado con esto, pero hoy el elegido eres tú. Tú marcas hoy la diferencia. El año pasado se intentó con otro, pero no quiso dejarlo todo atrás. Ahora tú tienes esa oportunidad.
-¿Qué oportunidad?
-Te lo has imaginado muchas veces… Viajar por bosques, descubrir ciudades, pelear en gimnasios, capturar pokémon… salir victorioso de combates épicos, encontrar un legendario, visitar La torre Pokémon y la de C. Iris, adentrarte en las Islas Espuma, conocer a amigos, recordar viejos momentos…
-Pero, pero…
Hablaba, pero ya no se encontraba allí. Se imaginaba con sus amigos entrenadores y sus pokémon viendo un atardecer el la cumbre de la montaña más verde de todas; llegando medio dormido a ciudades a las tantas de la madrugada y acampar en bosques perdidos; encender la hoguera e ir en busca de bayas para la cena; contemplar el cielo estrellado… Y conseguir todos los pokémon, ganar la Liga Pokémon, ser famoso, ser el mejor…
-Nostalgia –dijo el Prof. Gengar-. Esos sentimientos que echas de menos como si los hubieras vivido, aunque nunca ha sido así. Y quieres vivirlos. ¿No es así?
-¿Eres entrenador?
-Yo sólo llevo información de un mundo a otro. Información o personas –sonrió-. Hay muchos mundos paralelos. Éste es el que tú has elegido y lo has añorado con tanta fuerza, que ya no quieres seguir en éste. Se equivocó quien fuera el que te mandó a esta dimensión. Yo soy el mensajero, y he venido a llevarte a donde tú quieres ir.
-¿Pero es posible?
-Bueno, tú mismo me has visto a Infierno y me has denominado como Gengar. Aunque la imagen es muy parecida a la de Lance; no creas que se la he copiado, ha sido pura coincidencia.
Aquellos chistes malos no tranquilizaban a Jorge. Ahora su corazón se disparaba; sentía la aventura, la podía palpar.
-¿Y mi familia?
-Podrías volver si quisieras en el momento en el que tú quisieras. Las diferentes dimensiones no tienen relación temporal. Pero no tendrías mucho tiempo; tu cuerpo está cambiando continuamente ahora y no puedes volver a este día con dieciocho años. Bueno, y menos con cincuenta y ocho. ¿Entiendes?
-Sí…
-Pero tranquilo, no querrás volver.
El Prof. Gengar consultó la hora.
-Vaya –exclamó-, no queda mucho tiempo. Un minuto.
La cueva empezó a iluminarse. Al fondo un agujero se abría.
-¿Qué es eso?
-Ahora me toca enseñarte tu vida a cámara rápida. Después debes caminar hacia la luz.
Jorge le miró espantado.
-¡Ja, ja, ja! ¡Era una broma, una broma!
Estaba a punto de tirarse por los suelos. Demasiado ácido. Pero él era así.
Se serenó y se pasó el dedo por los ojos para secarse la humedad. Poco le había faltado para llorar de risa.
-No, en serio, ¿quieres saber lo que es?
Jorge afirmó con la cabeza.
-Es la luz del día. Allí te espera un nuevo continente.
-¿Qué región es?
-Una conocida por ti. Pero no voy a desvelar la sorpresa.
Jorge le miró sin que él se diera cuenta. Su capa seguía ondeando, esta vez con más fuerza, pues de la cueva salía una gran corriente. La miraba casi maravillado con el milagro, al igual que el Mightyena, aunque éste permanecía más impasible.
-No queda mucho tiempo amigo.
No dijo nada. Se acercó a la cueva y aspiró el aire. Olía a flores; había un campo cerca. Olía a muchas cosas: a árboles y también… a aventura, era inevitable no darse cuenta de eso. Dio un paso adelante y se agachó para entrar mejor. Las paredes pétreas estaban iluminadas por la luz. Se fijó: era el Sol. No pensó en nada ni en nadie, era su momento. Casi la mitad de su vida lo había estado deseando. Ahora estaría completo. Y si se equivocaba… daba igual, había que mojarse. Habría dado cualquier cosa por esta oportunidad, y se daría con cualquier cosa durante el resto de su vida si no la aprovechaba. De pronto alzó a cabeza. El Prof. Gengar se extrañó. Jorge retrocedió y salió de la cueva.
-No te queda más tiempo.
Jorge no escucho. Se acercó a Infierno, levantó su mano y le acarició. El se dejó.
-De acuerdo, eres real.
Sonrió, se dio media vuelta y echó a correr agachado, para no resbalarse en el hielo y para entrar rápidamente en la cueva. Profundizó en ella sin pararse, para no pensarlo. Llego al punto con más luz y desapareció. La intensidad luminosa aumentó al menos diez veces más durante unos segundos. Después la cueva se oscureció por completo.
El Prof. Gengar miró al reloj. Doce en punto. Se lo guardó al bolsillo y se alejó de la cueva.
-Feliz Año Nuevo, Infierno –dijo, mirando a su mascota y sonriendo, esta vez amablemente.
Mightyena hizo un amago solo incomprensible para cualquiera menos para él. Gruñó; tal vez “semiladró”. La complicidad que les unía era perceptible
-Sí, una pena. Espero que alguien me regale otro sombrero para reyes.
Hizo una breve pausa para reirse, y después prosiguió.
-¿Sabes que es lo que me da pena? El papel que me ha tocado en la vida. Un simple mensajero. Para nosotros esta misión ha terminado; pero para él acaba de empezar…
No dijo nada más. El cielo, imperceptiblemente se había vuelto a cubrir de nubes y ya volvía a nevar. Y entre la nieve y la arboleda se fue perdiendo el rastro del Prof. Gengar y de su Mightyena, dos figuras que, a pesar de estar juntas denotaban soledad. Y siguieron alejándose y alejándose, hasta perderse por completo en el paisaje…
Del Prof. Gengar: Feliz Navidad, y que todos vuestros deseos, hasta los más difíciles, se hagan realidad.
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Respuesta #12 :
Diciembre 26, 2004, 11:11 »
Esta allí...debajo de unas escaleras...pelo negro mohoso...trapos verdes y rotos, sin bufanda ni familia, un chico de unos 11 años que pasa frío por estas navideñas fiestas, la gente pasa por delante de el, los coches le iluminan, pero nadie se da cuenta de su presencia, como si una aura oscura ocultara su presencia...pero por su pequeña cabeza pasaban unas imágenes que no podía olvidar, las lucecitas de los árboles, los Reyes Magos en la plaza mayor del pueblo, las familias unidas, y las estrellas...lo que él quería...una estrella...
-ostia!, joder, se acabo el juguete que quería me hijo!!!
-es una putada, si no te espabilas por estas fechas desparece todo, además que estos precios son una jodida...
Porqué la gente blasfemaba en estas fechas? Porqué para simular la felicidad necesitaban el dinero? En estos instantes un camión paso por el lado de la escalera, llevaba una estrella encima, por la cabalgata, pero la inocencia del pobre niño sin enseñanzas ni nada le obligo a perseguir-lo, con los ojos brillantes como la luna en el agua...los coches frenaban cuando veían una sombra...no veían a nadie más...
El chico estaba ya cansado, pero sus ojos mostraban una enorme felicidad, era la cabalgata, las familias, estaba en la Plaza Mayor, y allí estaba lo que veía en sus sueños, un enorme abeto, llenos de luce y, encima de todo, una estrella...antes de que se diera cuenta, estaba atravesando la calle cuando la cabalgata pasaba, el veía la cara de felicidad de los niños y el descontento de algunos padres, la cabalgata freno, por fin alguien si se dio cuenta de que había “algo” .
-Apártate!!!!!
Y el niño empezó a decir:
-la....estrella....
Empezó a trepar al árbol, estaba ya tan cerca, solo a unos 10 metros....5.....2......ya estaba allí casi...cuando alguien empezó a gritar abajo:
-baja niño!!!!!!
-no!!! Quiero la estrella!!!!
Ya la tenia casi....mucha gente gritaba, la tenia a pocos centímetros...
-bájate!!!!!! Que alguien llame a la policía!!!
-yo también quiero saber qué es la felicidad!!!!
Y la cogió, fue como un impacto, la alzo, y cayo....
El niño murió de la caída, pero la estrella no se la quitaron, murió con una sonrisa, todos los presentes vieron con pena como un fragmento de luz desaparecía, aquel niño era el único que quiera la autentica felicidad, el autentico espíritu navideño...pero ahora....talvez el sea solo un ángel que busque la felicidad a la demás gente sin casa ni familia, pero con un sueño...pero quien sabe...quien sabe...
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enilla151
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Respuesta #13 :
Diciembre 26, 2004, 16:01 »
-Zero, ¿has acabado? -preguntó Enilla limpiándose las manos en su servilleta.
-Sí, claro, ¿por qué?
-Bueno... si me permitís, quisiera contar otra historia.
-¡Estaremos encantados, Eni! -afirmó Leo, mientras seguía devorando una gigantesca pechuga de pavo rellena de ciruelas.
-Pero, Leo, ¿sigues comiendo? -preguntó Lao, cuya desaprobación era palpable.
-A falta de Magikarps fritos...
Enilla se levantó hastiada. Como dejase que la discusión siguiera, sin duda alguna duraría hasta la madrugada y ni siquiera podría haber empezado.
-Por favor... -pidió, abriéndose hueco entre los comensales hasta llegar al sillón.
-Líam sintiéndose culpable por ejercer de mal anfitrión, le tendió rápidamente el grueso volumen de historias navideñas de la Gran Biblioteca, pero ella lo rechazó con un gesto, y un silencioso "gracias". Metió la mano en el bolsillo y sacó de él un papel, ligeramente arrugado. Lo desdobló y alisó ligeramente.
-No tiene título -advirtió-, es una alegoría acerca de nuestras vidas y, por extensión, de cómo vivimos la navidad.
-No importa -afirmó Tenebrus-, tú lee.
Y comenzó a leer...
Al proseguir mi viaje, observo que la nieve ha debido caer con fuerza durante toda la noche y parte de la mañana, si así puedo referirme al fluir del tiempo en este extraño limbo en el que me hallo. A juzgar por los copos de nieve que retiro de uno de los muchos salientes que me han protegido del frío y las restantes inclemencias del tiempo durante los momentos, que tan breves me parecieron, de descanso, aún queda tiempo hasta que la nieve se solidifique tanto que haga imposible la subida por la empinada ladera a la que he de enfrentarme ahora. Por ello, no dudo en recoger mis diferentes enseres, que yacen desparramados sobre la blanca llanura, sin apenas unas ligeras motas blancas por encima de ellos. Al introducirlos en la bolsa que ha sido mi única compañera desde que comencé a cruzar este territorio, advierto la existencia de algunos pergaminos en blanco que, podría jurar, no estaban allí anteriormente. Sin embargo, no le confiero mayor importancia, ya que mi experiencia en este estado, o dimensión, o cualquiera de los nombres que pueda encontrar apropiado para el mismo, ha hecho que aprenda a ver lo que en otra situación hubiera sido sorprendente como una parte más de la vida misma.
Aun cuando sé que llevo tanto tiempo caminando que en otras circunstancias cualquier mortal se hubiera lanzado sobre la, entonces, mortífera nieve, buscando librarse del esfuerzo de andar sin rumbo, sigo moviéndome. Sé que experimento cansancio, pero no responde a la concepción normal que pudiéramos tener de éste, y ciertamente no me imposibilita el movimiento, que continúa siendo igual de ágil que horas antes -otra vez me he referido a conceptos que aquí no tienen sentido, digamos pues, que es tan ágil como cuando empecé a moverme de nuevo-. Encuentro, al poco rato de hacer estas apreciaciones, una cueva, si bien disimulada por la gran cantidad de nieve que se ha acumulado en su entrada, al caer ésta en un desnivel. Tras apartarla, compruebo que en interior es cálido y apacible, en contraposición con el gélido ambiente del que provengo y, aunque sé que me desvía de mi inexistente rumbo, no vacilo en entrar en ella con la esperanza de aparecer en un lugar que, pese a que soy consciente de que en apariencia será igual, sea de algún modo diferente para mí.
Cuando salgo de la cueva, que se me hizo sorprendentemente larga, ya que cuenta con una fila de estalactitas, todas iguales, hasta el punto que no podría haber dicho si realmente estaba avanzando o daba nada más que pasos sobre el mismo suelo, me decepciona comprobar que nada ha cambiado. Lo único que podría señalar es que la nieve ha crecido ligeramente, pero no me doy cuenta de ello hasta que vuelvo a poner en pie en el terreno que antes había abandonado. De alguna forma, quisiera que nevara. Quisiera desafiar al tiempo a que me demostrara su existencia, en lugar de actuar solamente cuando no lo veo, riéndose de mí, a escondidas. Sé que he de seguir caminado, es más, mi propio cuerpo me empuja a ello, pero hay algo, tal vez un vestigio de mi voluntad que no se perdiera cuando empezó todo esto que, no me impide, pero sí me da deseos, de no hacerlo. Es una intención muy breve, despúes de desvanece y seguir avanzando continúa apareciendo ante mí como la única opción posible. Empero, sintiendo tal vez, lástima por esa voluntad perdida, doy media vuelta, rápidamente, antes de poider detenerme siquiera, y dirijo mi mirada de nuevo hacia en interior de la cueva.
Cuál no es mi sorpresa cuando veo allí una figura que, si bien trastoca el esquema de este mundo, es indudablemente humana.
Me inclino a su lado, como si todo lo que me rodea y lo que he hecho y debería seguir haciendo hasta ahora, se hubiesen detenido y desaparecido, y contemplo a la joven. Tal vez cuando salí ya estuviera allí, y no supe verla, tal vez no, no lo sé y, sorprendida, me doy cuenta de que tampoco me importa. Sólo veo su cuerpecillo, que empieza a teñirse de un tono malva debido al intenso frío, su cara escondida entre las rodillas, sus pelos, negros y desparramados por su cabeza, hombros e incluso sus rodillas; sus pies, en torno a los cuales la nieve se ha amontonado, y el vestido de fina tela que apenas la cubre.
Suavemente, como si no quisiera molestarla, la sacudo tratando de reanimarla. Está fría como el hielo, y no responde, pero algo en lo más profundo de mi ser me dice que está viva, aunque no puedo bien determinar el qué, pero su vida parece inherente a mi propia existencia. Al observar los copos de nieve que van apareciendo sobre ella, si bien estoy segura, y una rápida mirada hacia arriba confirma mis sospechas, de que no caen del cielo, crece en mí el temor de que, si no puedo despertarla, dentro de poco sea vea encerrada por la nieve, lo que significaría, me digo con absoluta certeza, el final de mi vida en este lugar. "Vete -dice una voz- continúa tu camino hasta volver a tu mundo. Allí no dependerás de la existencia de un ser que ya ha empezado a morir". Tiene razón, lo sé, pero no quiero aceptarlo. En cierto modo, me siento protectora, hasta casi maternal, con la pequeña niña que aún no he logrado que se moviera. Sabedora de que no tengo un límite de tiempo, como tal, pero asimismo de que morirá pronto si no me apresuro, busco en mi fiel bolsa los objetos que puedan servirme para hacerle entrar en calor. Nada de ropa de abrigo, ni siquiera una manta con la que cubrirla... reúno entonces varias de mis posesiones más preciadas y, con gran esfuerzo, las froto contra la piedra rápidamente, tantas veces que pierdo la cuenta y mis manos comienzan a sentirse engañosamente inexistentes, hasta que brota una chispa, que rápidamente hago que prenda hasta tener una pequeña fogata. Retiro la nieve del suelo hasta tener un lugar donde ponerla, y seguidamente arrojo la bolsa en sí, con todo lo que en ella quedaba, sin atreverme a mirar dentro por si el apego a mis cosas, primero unas, luego otras, me disuadiría de deshacerme de siquiera una de esas pequeñas cosas. No tarda la nieve en fundirse, y por vez primera puedo contemplar el suelo, que no es otra cosa que tierra, ahora mojada, sobre la que pueden distinguir pequeños brotes de diversas plantas, de muchas de las cuales, si bien, y no sé cómo, reconozco, no había oído hablar en mi vida. Muevo a la joven hacia la zona más cálida, como movería un fardo, ya que permanece completamente tiesa, pero aun así no noto mejoría alguna en su aspecto, y poco a poco, los copos de nieve que en ella aparecen, al fundirse, van sofocando la pequeña hoguera, hasta que el hilillo de humo que desprende la última de las brasas también se pierde por el horizonte.
Sin mis cosas, con apenas mi pobre ropa para resguardarme, y la conciencia de no haber logrado nada a pesar de todos mis esfuerzos, me siento extrañamente vulnerable. Lágrimas brotan de mis ojos sin yo quererlo siquiera y, al ver cómo algunas de ellas caen sobre mi muda compañía, desearía que fuera como en los cuentos, o como en los sueños -si esto es un sueño- y que las lágrimas de la protagonista, papel que inconscientemente me atribuyo, devolvieran al ser inanimado a la vida. Pero mi ruego no es escuchado, y mientras mis lágrimas arrecian, la figura de la joven se convierte, cada vez más, en parte del paisaje.
Desesperada, y movida por uno de esos impulsos, cada vez menores, que tenemos todos en nuestra vida, abrazo a la chica y, levantándola del suelo y tomándola en brazos, echo a caminar con ella. El camino que aparece ante mí es el mismo de siempre, repleto de nieve. Nieve. Me encanta la nieve, y desearía continuar como lo hice hasta ahora, andando sin pensar, pero el estado de mi frágil pasajera me mueve a trazar otros planes. Subo corriendo, siempre sin soltarla, a la cima de una gran montaña, para observar el paisaje que hay a mi alrededor. Tras cientos, tal vez miles, de pasos, llego arriba, y contemplo el panorama. Su visión llega a deprimirme. Un paisaje blanco, igual, siempre igual. Sé que antaño, o hace un rato, si hablamos en términos que se refieran al tiempo, era capaz de ver, por llamarlo de alguna forma, la diferencia entre un paraje y otro, entre una curva y otra, dentro del mismo sentimiento de uniformidad. Hogaño no veo más que la muerte para la indefensa chica, muerte en las cumbres, muerte en las laderas, muerte en todo donde la nieve ha logrado penetrar.
Repito lo mismo en uno y otro puntos elevados, ora hacia el este, ora hacia el norte, hasta que, exhausta mentalmente de la búsqueda incesante e infructuosa, me apoyo en un saliente que golpeo con los puños, buscando una manera de descargar mi frustración.
Mientras chupo la tibia sangre de mis nudillos, observo con mayor atención a la niña. No he podido cambiarla de posición, lo que hubiera facilitado el traslado, pero me da la sensación de que hubiera experimentado un cambio. Al arrodillarme para volverla a observar más de cerca, una cierta empatía fluye entre ambas y compruebo, no sin horror, que apenas le queda, pese a todos mis fallidos intentos, vida en su interior -diría tiempo de vida, si tal clasificación pudiera emplearse aquí. Tal vez sea mejor que no sea así, puesto que dispuse de más oportunidades en las que hacer algo por la moribunda-. Noto como las lágrimas, ese, como siempre he creído, recurso de los débiles, vuelven a asomar a mis ojos, y la abrazo con más fuerza, como si quisiera, al menos, darle mi calor.
Mi calor... tal vez sea una locura, pero represento, tal vez, el único ser que está caliente, aquí y ahora. Caliente, no como el fuego que encendí antes, y que sólo podía servir mientras tuviese combustible, en ese caso mis pequeñas posesiones, que destruir. Sin embargo, mi calor es un calor humano, que, al igual que, como bien sentí antes y con más firmeza ahora, la vida de la niña, es inherente a mi propia existencia. Aún podría irme, correr, avanzar por el camino y rezar por llegar al otro lado antes de que la vida de ambas se apagara, salvándome yo, al menos, pero imediatamente desecho la idea. Aprieto la niña contra mi pecho, fuertemente, tanto, que temo poder hacerle daño; no me importa. Con toda la furza, si bien poca, que puede haber en mí, ruego a quienquiera que sea el creador de este extraño plano, sin importarme el no haber tenido, hasta ahora, pruebas de su existencia, como tantas otras cosas que me han ocurrido aquí, ahora mismo sé que existe, y eso me basta, que permita a esta criatura vivir dentro de mí, aunque sea anulando mi propia conciencia. Y mientras lo repito, una y otra vez en mi interior, siento como si estuviera pidiendo algo que ya es, o que ya fue en algún momento y a lo que estuviera dando la posibilidad de ser siempre. A la par que estas ideas fluyen por mi cabeza, cada vez los brazos que apretaban a la chiquella van juntándose más a mi cuerpo, hasta que se funde completamente conmigo, y caigo, sin más, sobre un suelo, que, de haber podido verlo, hubiera advertido que, pese a estar mojado, no tiene ya ni la menor gota de nieve.
Mi madre me zarandea hasta despertarme. Es una rutina cuanto menos usual: todos los días que no tengo obligaciones que cumplir, ya sean colegio o simplemente que haya quedado con algunos de mis amigos, acostumbro a remolonear hasta tal punto que aún me sorprende el que esté siempre vestida a la hora de comer. Dándome media vuelta en la cama, trato de recordar qué soñé, pelo la imagen blanca, que es lo único que he logrado retener del mundo onírico, me esquiva, como si se riera de mí. Abro los ojos y veo a mi madre, que ya vuelve, sin haber logrado que me levantara, a la cocina. Es entonces cuando recuerdo el día que es: no es otro que el veinticuatro de Diciembre o, lo que es lo mismo, el día de Nochebuena. Recordar esto produce una extraña actitud en mí. Vacaciones, regalos, jugar hasta tarde con una de las muchas cosas que tengo en mi habitación, remolonear o simplemente estar hablando con una amiga durante hoiras, todas estas cosas surgen en mi cabeza en un instante, desapreciendo instantáneamente, casi como fantasmas del pasado. En su lugar, me descubro a mí misma saltando de la cama y corriendo a abrazar a mi madre, a la que saludo, mucho más pronto que de costumbre, con un alegre y de corazón ¡Feliz Navidad!
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Nuestra Navidad I y II
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Respuesta #14 :
Diciembre 26, 2004, 16:40 »
En todas partes nevaba sin cesar. Un poco extraño, por más que fuera Navidad, puesto que por su tierra no solía nevar nunca. Caminaba solo por las calles, sin rumbo fijo, viendo cómo la gente se divertía y cantaba alegres villancicos. Le vinieron a la mente escenas de su niñez, correteando con jolgorio por entre las casas, jugando con sus amigos al escondite y a otros juegos tan típicos de los más pequeños, diversiones de una edad que quedó atrás y de la cual tenía unos gratos recuerdos. Las calles, engalanadas con los adornos navideños, transmitían amor y calidez, contrastando de esta forma el ambiente inhóspito y frío en esas fechas. Pensó que quizá pudiera sentirse mejor vagando en solitario por el pueblo, intentando olvidar algunas escenas de su vida, aún recientes, ahora que se sentía algo triste.
Pero no, no era así. Lejos de contagiarse de tanta alegría y paz, se deprimió aún más. Definitivamente, aquélla no era una época que le gustara.
Intentó encontrar algo de serenidad sentándose en un banco y encendiendo un cigarro que llevaba consigo. No fumaba, nunca lo había hecho, pero en la cena de la noche anterior un familiar con todos los efectos que produce la embriaguez le largó un pitillo, seguramente a sabiendas de que odiaba el tabaco. Pero lo aceptó. Él mismo se sorprendió de su acción, pero pensó que una vez al año no podía hacerle daño, así que no puso reparo alguno en cogerlo. Así pues, lo encendió y lo llevó a su boca. Como si lo hubiera hecho toda su vida, soltó el humo de dentro de sí mismo y se puso a pensar, esperando, quizá, que ese mismo humo le diera el calor que necesitaba en esos momentos.
Y es que se sentía solo. Terriblemente solo. Una sensación espantosa, que jamás pensó que pudiera llegar a ser tan aterradora. No era por la falta de amigos de verdad, de los que no buscan beneficio alguno al darle su confianza a otras personas y desaparecen sin dejar rastro alguno. Tampoco era por el poco cariño que sus familiares le profesaban, quizá debido a que él tampoco les demostraba afecto de ningún tipo, asqueado de los lazos de sangre que le unían a esa gente por la cual no daría absolutamente nada. En realidad, el no tener amigos y no sentirse querido por la familia le era algo normal, algo a lo cual ya se había habituado. El verdadero porqué de su situación era la ausencia de alguien que estuviera a su lado, alguien que le amara. Alguien que entendiera sus sentimientos, alguien que estuviera a su lado en Navidad. Y eso era lo que echaba en falta... Veía a parejas cogidas de la mano, a gente joven besándose, a ancianos que se abrazaban. Por una vez en su vida sintió tristeza real. Tristeza por no ser como toda esa gente que se amaba, por no tener alguien a quien besar, por no tener a nadie al lado con quien ir paseando.
Aunque él no tuviera a nadie así, no puede decirse que no hubiera amado. Antes al contrario, tenía un amor secreto e inconfesable. Un amor por el cual lo dejaría todo, estudios, compañeros, familiares, bienes personales... Una mujer por la cual daría la vida si fuere necesario sin dudarlo un instante. La conocía desde el inicio del año, quizá enero o febrero, probablemente. Al poco de conocerse, entablaron una fuerte amistad, una de las de verdad. Se veían a diario, hablaban y reían juntos animadamente. Buscaba a cada instante su compañía y se sentía a gusto con ella. Le enviaba correo por Internet, le llamaba por teléfono, etc., con tal de poder estar con ella, puesto que consideró que esa mujer llenaba su vida de alegría. Por fin alguien que le entendiera, por fin alguien con quien se llevaba a las mil maravillas. Incluso le felicitó su santo y su cumpleaños tan bien como le fue posible. Siempre ese pequeño detalle para alguien que te cae bien, siempre ese "hasta luego" con cierto gusto amargo, esperando a volver a verla... De hecho, tiempo después él descubrió que eso no era normal. Nunca antes había sentido algo así, nunca antes se había llevado tan estupendamente con una persona del sexo opuesto. ¿Quizá fuera amor, más que amistad? No sólo se quedaba ahí la cosa... Poco a poco fue yendo a más. Siempre pensando en ella, siempre intentando imaginar qué pensaría en cada momento, qué estaría haciendo... Y más, y más, a cada vez más... Noches en vela llorando por querer tenerla junto a él, clases perdidas en la universidad estando en casa sin ánimos ni ganas para hacer nada...
Entonces decidió declararle lo que sentía por ella, decirle que le amaba, que le quería como ninguna otra cosa en este mundo. Se armó de valor y se lo dijo, quizá no de un modo muy claro, pero al menos ella ya se dio cuenta de lo que él sentía. Realmente no esperaba que ella aceptara, puesto que apenas se conocían verdaderamente y que debía esperar unos cuantos años para declararse, pero algo en su interior le decía que éste era el momento, el "ahora o nunca". Pero, como era obvio, la propuesta amorosa fue declinada por ella. Le dijo que no podría funcionar su relación, que se olvidara de ella, puesto que, si bien eran amigos, ella no quiso en momento alguno llegar a ser nada más, y que jamás lo querría. Simples amigos... Con el tiempo su amistad se fue enfriando aún más a raíz de esto. No se hablaban, no se veían, y cuando lo hacían, esporádicamente, en la calle, ni se saludaban. Ella pasaba de largo, rechazando todo contacto con él, y él se le quedaba mirando, apesadumbrado, triste, como un cuerpo sin vida, al ver que la única cosa que le importaba en el mundo, la única cosa que le daba fuerzas y ánimos para seguir hacia adelante, seguir con su vida, se marchaba, se le iba de las manos, se esfumaba de un plumazo. Ella no quiso saber más de él, simplemente.
Y se preguntó, una vez terminó de recordar todo esto, si merecía la pena continuar con su vida, con su existencia. Ahora no tenía sueños, ni ilusiones, ni esperanzas, ni objetivos en la vida. Todo, todo se había ido con ella. No quedaba nada por lo que luchar, ¿para qué seguir viviendo una vida hueca y sin sentido? ¿Qué otra cosa podía llenarla si nada le satisfacía? Pensando esto, se levantó del banco y se dio cuenta de que ya había anochecido. En las calles la alegría y la fiesta continuaban, ajenas las personas que celebraban la Navidad a lo que ocurría cerca de ellas.
Hecho esto, caminó con pasos lentos y cabizbajo hacia la estación de trenes, como cada noche, para volver a su casa, pero con un propósito bien diferente: esta vez iba a tomar un viaje sin retorno. Se plantó encima de un puente que atravesaba por encima una vía, y esperó. Con lágrimas en los ojos, recordó todos los momentos que había pasado a su lado, riendo, charlando... Pero ya era suficiente. No quería sufrir más, no quería que su vida se convirtiera en un monólogo, en una rutina en la cual solamente ella copaba sus pensamientos. Al cabo de un rato, uno de los trenes pasó, llevándose por delante al joven y a su vida tras saltar enfrente del mismo.
Quizá no sea una historia muy importante. Es la historia de un joven enamorado que perdió la vida por la persona que amaba, nada más, no es algo que salga en los telediarios ni en los periódicos. Pero quizá la Navidad, lejos de ser una época alegre, divertida y de reencuentro con los familiares, sea la causa de que mucha gente esté sumida en una fuerte depresión por no ver su sueño hecho realidad.
Tal es la bondad y, a la vez, la crueldad de esta fecha tan señalada. Ojalá nunca os pase algo similar.
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