Inicio
Ayuda
Calendario
Ingresar
Registrarse
Chat
IRC
Bienvenido(a),
Visitante
. Por favor,
ingresa
o
regístrate
.
¿Perdiste tu
email de activación?
1 Hora
1 Día
1 Semana
1 Mes
Siempre
Ingresar con nombre de usuario, contraseña y duración de la sesión
Febrero 07, 2012, 22:08
Atomic
|
Zona Creativa
|
Gran Biblioteca
(Moderador:
Líam
) | Tema:
Nuestra Navidad I y II
0 Usuarios y 1 Visitante están viendo este tema.
« anterior
próximo »
Topic Tools
Search this topic
Páginas
1
2
3
Autor
Tema: Nuestra Navidad I y II (Leído 3871 veces)
Lord Iranur
Desconectado
Sexo:
Mensajes: 4.932
Nuestra Navidad I y II
«
Respuesta #15 :
Diciembre 31, 2004, 21:10 »
La Gran Biblioteca se mostraba ya, a esas horas, en toda su magnificencia. Una expresión tópica, pero la única que serviría para describir, muy a grandes rasgos, el resplandor del gran árbol de Navidad, y el contraste entre la calurosa y amigable relación entre todos los miembros asistentes, concentrados frente a la chimenea, y la batalla meteorológica que se libraba fuera. La Gran Biblioteca contaba con una temperatura no menos que agradable, mientras que en el exterior, la típica nevada navideña se había convertido en una tormenta eléctrica y un viento huracanado. Algunos miraban por la ventana y ese contraste les hacía sentir una confortable sensación de protección.
Miró al reloj de bolsillo; aquél precioso reloj plateado tan enigmático. Si bien es cierto que no quería tener protagonismo, ahora iba a ser inevitable. Una simple historia, y durante el resto del tiempo se había mantenido en segundo plano. Nunca le había gustado llamar la atención, y si en algún momento tenía que destacar cuanto menos lo hiciera mejor. Pero había llegado ya la hora.
De pronto se oyeron ruidos; alguien estaba llamando, o al menos mantenía contacto con la puerta principal, aunque la manera era todavía una incógnita.
El Prof. Gengar, con su atuendo inconfundible, y un color de pelo aún más característico, se levantó, y Líam no tardó en imitarle.
-¿Qué ocurre ahí fuera? -preguntó alguien, denotando cierto temor.
-¿Ha llegado ya mi pedido? –se interesó Líam.
-¿Acaso lo dudas?
Líam levantó ligeramente una ceja.
-Yo no he dicho nada de eso –se defendió.
-Soy un secundario en el ambiente, pero cumplo con mis obligaciones
Hubo un silencio incómodo, incluyendo al resto de los asistentes, que escuchaban la conversación. La puerta, a todo esto, seguía siendo golpeada, o rasgada tal vez.
El Prof. Gengar suspiró:
-Perdona, soy un poco susceptible. Bueno, voy a abrir la puerta yo mismo.
-No… –se apresuró a exclamar Líam- No, al menos, con la desconsideración que supondría no acompañarte.
-No hace falta, de veras.
-Insisto.
–En fin, como si estuvieras en casa –sonrió.
-Y así es.
Y después del alarde procololario anfitrión y huésped se dirigieron hacia la entrada, dejando al resto de invitados con sus asuntos, aunque no sin cierta curiosidad.
-Disculpadnos un momento, ahora volvemos –dijo Líam mientras se alejaba con su acompañante.
Estaban ya frente a la puerta cuando ésta volvió a ser arañada.
-Es bastante insistente –observó Líam- Pero, ¿quién es?
-Alguien que necesitará comida pronto. Pero asegúrate de que su cena si conoce las diminutas pero no poco relevantes diferencias entre la oración activa y la oración pasiva, utilizando como núcleo del predicado el verbo comer.
-… Ya te han contado lo del flan, ¿no?
-Es de las pocas veces que no soy puntual, creo que la primera, y espero que la última; quería enterarme de todo lo que me había perdido. Y me ha amargado un poquito la degustación, para qué nos vamos a engañar. Aunque tampoco soy de los que comen mucho. Por cierto, creo que sobró bastante pavo, ¿no es así?
-Como para un regimiento.
-Perfecto, a Infierno le encanta el pavo.
-¿Infierno?
-Vamos, abramos la puerta. Quiero volver cuanto antes al lado de la chimenea.
-Sin duda se nota la diferencia de temperatura… Por cierto, dile a tu amigo que las aldabas están fuera para algo.
-Es amigo…y mascota. Y ha salido a su dueño. Servidor tampoco es muy amigo de tocar el timbre. Donde estén dos golpecitos bien dados…
-Perfecto, optando por lo tradicional. Aunque las aldabas también son tradicionales, y hay que golpearlas, ¿no? Y no me gusta tener la puerta arañada. Porque supongo que son arañazos…
-Sólo tiene pezuñas, hace lo que puede.
Finalmente abrieron las puertas. Una enorme corriente con copos incluidos penetró en la biblioteca. Líam se sujetó la capucha con una mano y la capa del Prof. Gengar ondeó de manera majestuosa y prácticamente en horizontal. El tal Infierno, que no era sino un pokémon (un Mightyena, para más concretar), apareció tras la puerta con dos libros unidos mediante un lazo entre los dientes. Los otros dos salieron fuera.
-Tranquilo, tengo la llave –dijo Líam, adivinando los pensamientos del profesor-
-Por la pinta de la cerradura será grande…
-La llave es la magia…
Se produjo un silencio de complicidad.
-Cambiando de tema, espero que sea cuidadosa tu mascota… ¿Es mi pedido? –preguntó Líam.
-No, es una enciclopedia; se acepta la tarjeta “Prof. Gengar” y la del Corte Inglés. Y puedes empezar a pagar ahora o dentro de tres meses.
El amago de Líam fue el mismo que el realizado minutos atrás, acompañado de una simpática sonrisa que relajaba la expresión..
-¡Ja, ja, ja! Perdona, perdona. No lo puedo evitar. ¡Pero olvídate ya de la técnica “Sobera” y deja de levantarme la ceja, por Dios!
Un estruendo se oyó en el salón. El Prof. Gengar se inclinó para ver lo que pasaba por la recién descubierta cerradura. Una bandeja y un montón de vasos por el suelo, seguramente refrescos para los invitados por cortesía de Líam. Un conejo regordete y color canela les acompañaba tumbado de espaldas.
-A alguien se le ha caído una lentilla –bromeó el profesor.
El grupo de invitados, que escuchó la broma de lejos, gracias al eco posterior, estalló en carcajadas. Estas se dejaron de escuchar las puertas se cerraron por la corriente, pillando por sorpresa y estremeciendo a más de uno.
-He llegado un poco tarde –comentó-. No me habíais presentado a Flopy.
-Destaca por si solo. No creo que necesite presentación.
-Ciertamente no. En fin, aquí los tienes, el primero es un libro de relatos cortos de Navidad. El que me habías pedido.
-Perfecto. ¿Y el otro?
-Un obsequio del recién llegado.
Líam lo examinó. Era un libro viejo, de tapas antiguas pero coquetas, de ésas que tan poco se ven hoy en día. Lo abrió por un página al azar, y una simpática sonrisa mostró que la página estaba en blanco. Decidió probar con otra; la historia se repitió, tanto en ésa como en otras cinco que registró posteriormente.
-¿Qué es?
-Se titulará “Nuestra Navidad”.
-Empiezo a entrever por dónde va el asunto... ¿A que el autor es un tal “Atomic”?
-Lo será. Aquí se escribirán todos los relatos contados por todos nosotros en esta noche navideña, para que en las posteriores de los siglos venideros todos puedan revivir la magia que hoy nos une.
-Una gran idea, sin duda –admitió, llevándose la mano al mentón.
-¡Broooom! Las puertas fueron golpeadas fuertemente desde el interior de la Gran Biblioteca. Líam no tardó en abrirlas con un simple amago.
-¡Chicos, chicos, debéis venir cuanto antes! ¡Es un caos!
Aquello debió ser lo más sorprendente de la noche. Jolti había dejado libre su estratégica posición al lado de la ventana. ¿Qué la habría llevado a dejar desprotegido de intrusos aquel palco desde el cuál contemplaba hipnotizado el resplandor de los rayos y los relámpagos de aquella tormenta; aquello que durante toda la noche había esperado para asegurarse de que, para él, era la noche perfecta?
Un trueno acompañó al ruido de las puertas y anunció su entrada en el hall.
-¿Qué ocurre? –preguntó Líam.
-Vaya, qué bonito Mightyena…
-No me cambies de tema.
-Compréndelo, hace ya tiempo que no veo un pokémon –se acercó a éste y le intentó acariciar. Rechazo y gruñido de aviso por parte de Infierno.
-Te cogerá confianza cuando te conozca mejor, tranquilo.
-Gengar, si no te importa no estamos aquí para hablar de Mightyena. Jolti, sé de sobra que tienes varios pokémon en casa, así que no me vengas con la escusa de que hace tiempo que no ves uno. Que la dices cada vez que aparece uno por la biblioteca, y eso suele ser bastante a menudo…
-Bueno, pues hace tiempo que no veo un Mightyena.
-¿Por qué has venido hasta aquí metiendo ese ruido? Sabes que tengo marcado un límite "decibélico" en la biblioteca.
-Y si quieres intentar mantenerlo te aconsejo que vuelvas cuanto antes. Los cócteles que traía Flopy han ido a caer en las ropas de alguno de los invitados, y ahora mismo se está preparando el Apocalipsis en la sala. Tus empleados contra tus invitados. Los angelitos se sienten en pleno infierno, y les vas a tener que dar una buena paga extra de Navidad por las horas extras que están metiendo intentando desencajar a Pingu de la lámpara.
-¿De la lámpara? –exclamó el Prof. Gengar.
-No me preguntéis cómo ha sido. Sólo sé que, además de eso, la gelatina se ha escapado de la cocina y ha absorbido ya a más de uno.
-¿La gelatina? ¿Pero en esta fiesta quién se come a quién? Primero el flan, ahora la gelatina… ¿Y cómo es de grande la gelatina?
-Había muchos invitados –se justificó Líam-, y ya se sabe: mejor que sobre que no que falte.
-Esto es increíble…
-Pues aún no os he contado la mitad. Porque sólo he contado la primera parte de “Pingu y la lámpara Maravillosa”
-¿Es que hay más entregas? –bromeó el Prof. Gengar, inconsciente de lo que iba a escuchar.
-Así es: “El Retorno de la lámpara”. La venganza estaría mejor.
-¿La venganza?
-Con decirte que se ha cabreado y que es un lámpara de velas…
-¡Demonios! –exclamó Líam- Por dios; mirad lo que me habéis hecho decir… Pero no, pongo a Dios por testigo de que nunca conseguirán exasperarme. Oye, ¿no se habrá quemado ningún tomo?
-No, las estanterías reaccionaron raudamente.
-Las estanterías…
El Prof. Gengar no daba crédito. Se llevó las manos a la cabeza y se apoyó en la puerta… ¡La puerta!
-¿La vais a cerrar algún día?
-Se nos había pasado por completo.
-Así no me extraña que no os hayáis enterado de nada. Cuando tiene que estar abiertas están cerradas, y viceversa.
-Lo único de lo que me había enterado –le informó el profesor- ha sido la caída de Flopy. Aunque no me extrañaría ya que lo que he oído fuera el grito del suelo.
-Ja, ja, ¿pero qué dices?–exclamó Líam. El pobre profesor volvió a llevarse las manos a la cabeza- ¿Le ha pasado algo al árbol?
-No, aún no, pero yo no tardaría en volver para impedirlo. Ya sólo faltan las trincheras.
-Espera que no alcancen a las estanterías –intervino el Prof. Gengar.
-Mira que le digo que no vaya saltando con la bandeja en la mano… -se lamentó Líam, negando con la cabeza –En fin, señores, mis disculpas, pero tengo que llamar a los bomberos para que se encarguen de la lámpara.
-Espera un poco –dijo el Prof. Gengar-. Por simple curiosidad, ¿tienes algo preparado para cuando termine la fiesta? ¿Quizás alguna sorpresa?
-Si hay una sorpresa dejaría de serlo en el momento en el que te la dijera. Y, por cierto, ahora que lo pienso… ¿no debería haber amanecido ya? ¿Qué hora es?
-Obsérvalo tú mismo –sentenció el Prof. Gengar.
De la penumbra de su vestimenta volvió a sacar su reloj de bolsillo, lentamente, sobre la mano hasta que esta estuvo en horizontal. Pulsó la cebolla; la tapa se abrió,.
-¿Sólo las dos y media de la mañana? –exclamó Líam incrédulo.
-Eso parece –dijo Jolti, sin apartar su mirada del reloj.
-A mí no me digáis nada. No tengo ninguna explicación para esto. Pero queremos seguir en la fiesta, ¿no? Pues daos con un canto en los dientes y no busquéis explicaciones…
De pronto se escucharon unos gritos, y Flopy salió disparado hasta darse contra la puerta.
-Pingu nececita dezfuedzozz, Líam –dijo, antes de desplomarse en el suelo.
-Gengar, llévate a tu Mightyena contigo, a ver si al verlo la gente se calma. Hay que ver…
-Pues yo les entiendo –comentó Jolti-, con lo que nos han costado los trajes…
-¿Y si lo de Infierno no funciona?
-¿Ha comido?
-Ya te he dicho que no.
-Pues primero que devore a la gelatina y después utilízalo para que no se mueva nadie. No, si van a conseguir enfadarme…
-De acuerdo.
-Espera, Gengar- se apresuró Jolti-, esto yo no me lo pierdo.
-Y tranquilos, Flopy se reanima sólo, aguanta más que todos nosotros juntos
-Si quieres la digo a Infierno que le dé un mordisquito suave.
-Con esos colmillos el término suave me suena incompatible.
-De acuerdo, de acuerdo. Vamos a ver qué podemos hacer.
Gracias a Dios, el caos termino pronto, aunque tal vez no quede bien comentar lo métodos. En fin, el caso es que la noche siguió avanzando, y los relatos continuaron…
(Con el permiso y el sello de aprobación del sumo bibliotecario)
¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!
«
Última modificación: Enero 01, 2005, 15:40 por Prof. Gengar
»
En línea
En los jardines del infierno la amistad no es una garantía...
Líam
Mago Blanco
Moderador
Desconectado
Sexo:
Mensajes: 8.257
Nuestra Navidad I y II
«
Respuesta #16 :
Enero 01, 2005, 22:53 »
Líam estaba ya cansado, después de arreglar aquel berenjenal, pero miró a sus amigos, arremolinados de neuvo alrededor de la chimenea y una sonrisa apareción en su cara, inconscientemente.
Buscó entre lso pliegues interiores de su túnica... buscó entre olas de tejido blanco como la nieve... pero, sobre todo, buscó en su corazón. Al final, sus manos, algo temblorosas, extrajeron unas cuartillas de papel envejecido, escritas a mano con tinta azul real. Las miró detenidamente y observó después a sus amigos, que charlaban animadamente. Se lo pensó mucho, no era cualquier cosa, pero al final...
- Sí, supongo que sí...- susurró para sí mismo por lo bajo.- Ha llegado el momento...
Avanzó entre la gente, que le observaba y observaba las cuartillas.
- ¿Otro relato, Líam?- le acercó Electrón el libro de historias.
- Esta vez... He escogido algo especial- respondió mientras ordenaba sus hojas y su mente.
- ¿Un nuevo relato tuyo?- preguntó Pokelink intrigado.
- ¡Qué maravilla, estamos de suerte! - señaló Jolti.
- Estoy ansiosa por oírlo- apuntó Enilla acercándose al fuego y mirándole.
- Bueno, supongo que sabéis donde os metéis... Os concederé vuestro deseo...
Sú título es "La decisión de Cedric"
"- Michael, acércame esa guirnalda, por favor- Cedric parecía concentrado en su trabajo, pero lucía una alegre sonrisa en la cara, mientras colgaba una de las bolas de vidrio en el abeto que los criados habían traído hacía ya dos días.
- ¡Cedric, por favor!- La señora Drake parecía algo escandalizada, sin embargo, su pulso llevando la bandeja de canapés no titubeaba en absoluto.- Ése no es trabajo para un caballero. Si te vieran los vecinos... Llamaré ahora mismo a Robin para que lo haga él y tú, Michael, instruye a tu amigo y dile que se baje ahora mismo de ese taburete.
- Lo he intentado muchas veces, señora Drake, créame- Michael sonreía sin dejar de apartar la vista del libro que ojeaba en aquellos instantes.- Pero el espíritu navideño de su hijo ha demostrado ser más tenaz que su sentido común, como diría mi padre: “es un caso perdido”
- Estoy empezando a pensar en mandarle a su consulta, créeme.- La voz sonaba desde el recibidor.- ¿Dónde está Robin?
- Le he dado el día libre.- Michael, confabulándose a espaldas de la señora Drake, había alcanzado a su amigo Cedric la guirnalda y éste se disponía a colgarla, ajeno a las amenazas de su madre.- Ya tuvo suficiente con tus compras de navidad, podría hacer un estudio arquitectónico de Harrod’s si se lo pidiera.
- ¡Dándoles el día libre a los sirvientes! ¿Dónde vamos a llegar!
- Michael, amigo mío, hazme un favor y cierra la puerta del comedor, ¿quieres?
- Señora Drake, anda una corriente de aire frío- el muchacho acomodó su voz a un tono de lo más dócil e inocente- será mejor que cierre la puerta, no vaya a ser que este inconsciente se enfríe.
- ¡Ay, Michael! ¿Qué haría yo sin ti?- la voz sonaba ya lejana.- Ciérrala, cariño.
Con parsimonia y volviendo a la interesante lectura de su libro, el chico cerró la panoplia y se alisó la chaqueta y el pañuelo al cuello.
- Te entiendes mejor con mi madre que yo mismo, esto sí que es triste.
- Si fueras griego y vivieras hace unos dos mil años, podrías escribir una tragedia sobre ello.
- Qué dramático eres cuando te lo propones- Cedric sonreía abiertamente, disfrutando de la compañía de su amigo.- Por cierto, aun no te hemos dado las gracias por pasar la Nochebuena con nosotros.
- El placer es mío, teniendo en cuenta los invitados que reciben hoy mis padres. Francamente, a veces me cuesta distinguir entre sus colegas y sus pacientes.
- Michael, tu padre es psiquiatra.
- Precisamente.
Cedric estalló en una clara y sincera carcajada, ya en el suelo.
- Bien, ¿qué te parece?- el muchacho contemplaba satisfecho su obra, mientras se quitaba las agujas del abeto de la casaca y se alisaba un tanto el pelo, a medio camino entre el castaño y el rubio.
- Opino...- dijo mientras leía unas últimas líneas y cerraba el libro.- Opino que, como ya sabes, no tengo ni idea en estos asuntos de la decoración navideña.
- Perfecto- remarcó Cedric al tiempo que volvía a colocar el taburete en su lugar, al lado de la cortina, y volvía junto a su amigo.- Lo tomaré como un aceptable.
- Tomadlo como queráis, pero esa estrella tiene terribles inclinaciones izquierdistas, cosa que no creo que le haga gracia a vuestra santa madre.
- Pues si no queréis que la vuestra sea partícipe de tales inclinaciones por parte, no precisamente de la estrella, ya estáis cogiendo el taburete y recolocándola.
- ¡Sois atroz, Cedric!
Ahora rieron los dos.
La recepción ya había comenzado y los invitados de los Drake se paseaban entre copas de champaña francés y exquisitos canapés de caviar y foie, llevados por las doncellas, que enfundadas en sus uniformes de noche, con sus impolutos delantal y cofia, esquivaban a los aristócratas y altos burgueses, como si fuera algo que hubiesen sabido desde que salieron del vientre de sus madres.
Cedric, como buen anfitrión, estaba tácitamente obligado a atender a todas aquellas jóvenes damas que se arremolinaban a su alrededor, como moscas alrededor de...
- ¡El azúcar! El azúcar, Mildred, el azúcar.- La señora Drake aún dirigía a su pequeño ejército de sirvientas como una capitana de barco.- No olvide que a Lady Hamilton le gusta echar mucho azúcar en su té.
A continuación, el timbre sonaba y ella acudía rauda a dar la bienvenida a los invitados recién llegados.
- Cuéntanos más cosas de tus viajes, Cedric- imploraba una joven risueña de dorados bucles.
- Sí, seguro que Michael y tú vivisteis apasionantes aventuras- observó otra jovencita pelirroja.
- Realmente fue un viaje de lo más tranquilo y...- Cedric intentaba quitárselas de encima, con el fin de poder respirar algo de aire.
- ¡Oh! - Michael sonreía, malévolo y al mirarle, su compañero comprendió con horror lo que se proponía.- ¿Pero no te acuerdas de nuestro percance con aquellos beréberes en el templo de Abu-Simbel?
- ¿Beréberes? Mi tía Claire me ha contado que son de lo más atractivo, aunque unos salvajes, sin duda.
- Sin duda- reiteró Michael con sarna.
- Bueno... eso es algo que Michael os podrá contar mejor que yo, su memoria es claramente mejor que la mía y...
- Ay, Cedric, pero tú hablas tan bien...
- Eres todo un poeta y sabemos que ganaste el premio literario del Avenue theatre...
- Sí, el Avenue theatre- a su amigo le era ya muy difícil contenerse y no estallar en carcajadas.
- Pero seguro que no querréis oír la historia con la garganta seca, ¿verdad, señoritas?
- Cedric, como buen caballero inglés se ofrecerá a traeros unas bebidas, ¿verdad?
- Esto... ¡Claro! Ahora mismo estoy con vosotras.
Cedric se deshizo como pudo de aquellos brazos, que se le antojaron como hiedra, y, acompañado de Michael, se dirigió a la mesa de las bebidas.
- No sé si echarme en tus brazos o cortarte la cabeza aquí mismo...
- Ambos serían espectáculos dignos de verse, por lo tanto, inapropiados dado el cariz de la situación.
- ¿Cómo se te ocurre...?- su voz se resquebrajó, poco a poco, al oír un nombre y, un instante después, ver un rostro.
Aquella cara ya la conocía y era la de un verdadero ángel. Mejillas un tanto pálidas, coloradas ahora por el cambio de temperatura; unos ojos verdes penetrantes, dulces y a la vez profundos y fuertes, los cabellos largos y castaños-rubios, anudados ahora en una trenza, que descansaba en la enorme falda ancha que la cubría a hasta los pies, y que apenas se dejaban ver, protegidos primorosamente por uno de esos gorros, amalgama entre caperuza, diadema y cofia. Por último, unos labios rojos, pequeños y delicados, que, a pesar del frío, conservaban su color rojo carnal, donde descansaban, ocultos, los ardientes deseos del adolescente que los contemplaba.
- Gracias, Sarah- decía su madre con tono cariñoso.- Es todo un detalle que os halláis acordado de nosotros en estas fechas y, sobre todo, que hayas cruzado esta tormenta tan horrible para visitarnos.
- A usted señora Drake. Mi madre le envía recuerdos y...
- ¿Por qué no se lo dices?- Michael, por primera vez en el día, había abandonado su sonrisa y adoptado un tono serio.
- ¿Disculpa?- preguntó Cedric como saliendo de un sueño...
- Vamos, Cedric, tengo el honor de poder decir que te conozco mejor que nadie y sé que Sarah ocupa un lugar especial ahí dentro. Lo que no soporto es verte sufrir así, tontamente, vamos, díselo, aunque sea por ése estúpido espíritu navideño tuyo.
- ¿Nunca has sentido que no eres lo suficientemente bueno para una persona?- Cedric seguía con la mirada fija.- ¿Nunca has tenido miedo de perder lo que ya tenías por un estúpido sueño?
- Tienes miedo de una fachada... Puede que no sea como esas estúpidas muñecas de porcelana de ahí, que se te echan encima a la primera de cambio y no alargan la mano hasta tu trasero por el simple motivo de que sus padres están delante, pero creo que tú ya lo sabes de sobra. Además, no creo que seas tú el único que sufre...
- ¿Quieres decir que...?- Se le iluminó la mirada de brillante y reluciente esperanza por un breve intante.- ¿Tú crees que ella podría...?
- ¿Por qué haces preguntas, cuyas respuestas ya conoces?- Michael sonrió levemente.
- No... simplemente, no podría... Si algo sale mal, si yo le hago daño... Jamás me lo perdonaría...
- ¡No seas estúpido!
- Déjalo...- bajó la cabeza al suelo.- Es mejor así...
Ella ya se marchaba. La señora Drake le dio un cordial abrazo, que tuvo un significado especial, porque una madre, será siempre una madre, y ella se volvió hacia la puerta. Sólo entonces él se atrevió a volver a mirar, confiado en que no volvería la vista atrás, pero cayó en su trampa y con esa sabiduría con la que todas las mujeres nacen, ella le miró directamente a sus ojos y él no pudo escapar. Una chispa de esperanza, un deseo oculto, pero, sobre todo, una mirada triste, a punto de llorar... Un instante transcurrió y después, lentamente, cerró la puerta y se encomendó a la fría nieva y el gélido viento.
Él no tuvo valor y permaneció quieto, sabiéndose vencido y al miedo vencedor. Pero en su interior, algo se negó a morir, así que cerró los ojos, y se dijo, que si ahora no encontraba el valor suficiente, ella pasaría a ser un recuerdo olvidado. Buscó... sopesó... Y entonces... él nunca había sido cobarde y no lo sería ahora, sabía que en toda su vida, sólo habría una causa por la que valdría verdadera pena luchar y que en estos momentos corría por las calles del frío Londres.
“Si no es por ella, no será por nada.”
Echó a correr hacia la puerta y no vio cómo su amigo sonreía, conocedor de lo que había pasado. Cuando cerró la puerta y el primer golpe helado de viento le azotó el rostro, su mente se percató de que ni siquiera había cogido un abrigo, no así su corazón, que sólo tenía un único pensamiento en él. Bajó rápidamente las escaleras y llegó a la transitada calle, donde los carruajes y sus cocheros iban y venían, siguiendo un desconocido orden caótico. Miró a ambos lados de la calle, la niebla se confabulaba contra él y se cernía a sus espaldas y frente a él. Por un momento, apareció en su corazón la duda, que fue consumida rápidamente por un sentimiento mil veces más fuerte.
Guiado por una extraña fuerza comenzó a caminar en una dirección, resbalando en la acera con sus zapatos, no aminorando, sin embargo, en ningún momento la marcha. Sus pies le dolían, sus labios estaban comenzando a cortarse y los dedos de sus manos comenzaban a volverse inertes, sin embargo, su espíritu era más fuerte. Se cruzaba con mucha gente, vendedores, familias, parejas, alguna cara conocida; a todos los esquivaba con agilidad y no cesaba de avanzar. Llegó a una plaza, desierta, cubierta casi completamente por la nieve, cuyo centro estaba rodeado por cinco árboles, todos nevados, blancos y puros. Sólo una figura, lenta, pero delicada, suave pero firme, la cruzaba. Corrió con todas las fuerzas que le quedaban, cruzó los árboles, comenzó a notar de nuevo los pequeños copitos de nieve en su pelo ondeando al viento y, suavemente, posó su mano sobre su hombro.
Ella se giró lentamente y le miró directamente, con esa mirada triste y preciosa. Era como si sólo pudiese decir dos palabras, como si no conociera más y llevara toda una vida esperando decirlas. ¿Tendría su corazón el valor suficiente? Un copito de nieve cayó sobre la punta de la nariz de él.
- Te quiero.
- Lo sé.
Se miraron, él tenía miedo, muchísimo miedo, respiraba con dificultad, pero seguía allí, suspirando. Entonces, por primera vez, se dio cuenta de lo alegre de su mirada, ahora no había rastro de tristeza, sólo esa melancolía natural en ella, pero sus ojos estaban fijos en él.
Poco a poco, formando parte de aquel mágico momento, sus rostros se acercaron y, poco a poco, al ritmo de la nieve, se fundieron en un delicado y romántico beso, bajo una estrella de brillante luz blanca."
Karela lloraba y se sonaba los mocos con el pañuelo de Kyro.
- Me encantan tus historias y las de amor... ¡Son preciosas! Buaaa...- y se echó de nuevo a llorar.
- Gracias... creo...
- Nos ha gustado mucho, Líam- señaló Enilla mientras todos se movían para hacerle sitio en el semicírculo.
El muchacho volvió al suelo, mientras una nueva hsitoria se fraguaba ya.
Antes de poner toda sua tención en otra maravilla, en otro tesoro, en otro sueño, miró al cielo de aquella noche, a través de aquel precioso ventanal por el que tantas veces había escapado su imaginación... Una sola imagen atrapó su mirada... Un estrella de brillante luz blanca...
«
Última modificación: Enero 08, 2005, 00:31 por Líam
»
En línea
Esta firma es la prueba de que la dominación mundial no está reñida con el arte... ¡Gracias, Eni!
Kouji Hana
Visitante
Nuestra Navidad I y II
«
Respuesta #17 :
Enero 03, 2005, 12:44 »
Kloa se levantaba tras una larga siesta. Gran cantidad de nieve inundaba las calles, y miles de copos caían del cielo en ese instante. Kloa siempre había odiado la navidad. Su padre, Néman, había muerto hacía diez años, exactamente en esa fecha. Y su hermano... le odiaba. Simplemente se levantó, como si fuera un día más del montón, y salió a la calle. Familias y más familias estaban juntas, y él solo, sin nadie que le apoyase. Intentó volver a casa, y estar durmiendo todo el día pero no podía, pues éste se había olvidado las llaves de la casa. Kloa estaba muerto de frío, en una calle grande. Decenas de personas pasaban en ese momento por su lado, parejas besándose, niños y niñas sonriendo y otros estrenando sus regalos. Y seguía solo. Quería desaparecer, se sentía inútil tras ése montón de gente feliz. ¿De qué podía servir alguien que no fuese feliz ese día, para amargar y entristecer a la gente? No, no podía continuar así. Kloa quiso marchar, emprendería un tan clásico viaje de los libros que más le gustaban. Se iría a buscar aventuras, él solo. Salió de la ciudad. No había comido desde hacía días. No tenía dinero y no tenía ningún tipo de experiencia en nada. Supo que no estaba en condiciones, y volvió a la ciudad. Sentado en un banco. Así pasó todo el día. La noche llegó, le alcanzó. Millones de estrellas cubrían el cielo esa noche, y todas las casas tenían luces. La calle era triste, oscura, fría. Y estaba totalmente vacía. Kloa estaba solo, total y absolutamente solo. De vez en cuando oía unas risas de dentro de las casas, y un olor espléndido le llegaba de todos sitios. Ésa noche no pudo evitarlo. Kloa lloró. Estaba sólo, totalmente solo. Sentía frío, aunque de repente precisó algo que le envolvía el cuerpo. Empezó a entrar en calor. Al girarse vió a una chica, llevaba un jersey, y tenía una coleta totalmente morena que le alcanzaba la mitad de la espalda. Y en ese momento le dijo:
- ¿Te apetecería venir conmigo?
----------------
Supongo que la história acaba muy cortada, aunque es precisamente lo que pretendía. No tiene ni punto de comparación con las vuestras, pero espero que os guste algo... Tampoco es muy navideña que digamos y no tiene relación con demasiados puntos de la navidad, aunque puede que influya que estuviese pensando en cómo sería una navidad sin gente a tu lado.
¡¡ÁNIMO REICHAN!!
En línea
Maxwell
El Psy Congroo
Moderador Global
Desconectado
Sexo:
Mensajes: 7.168
Nuestra Navidad I y II
«
Respuesta #18 :
Enero 07, 2005, 21:07 »
Y el día llegó. Pepe había sido contratado para ser Paje Real del Rey Baltasar durante la última semana del año que acababa y la primera del año que entraba, y deseaba hacer su trabajo como buen Real Emisario que iba a ser...
... Trabajo que realmente le decepcionó. Cogía las cartas, las metía en un buzón de terciopelo con adornos navideños y esbozaba continuamente una falsa pero convincente sonrisa. Y no se llevaba las “gracias” de los niños, eran sólo para el Rey Baltasar... “Bueno”, pensaba, “algún día conocerán la verdad...”. Realmente Pepe no llegaba a autoconvencerse de que lo que estaba haciendo estuviera del todo bien, y mucho menos ahora porque él no recibía ninguna sonrisa estimulante -pues sólo era un siervo y un plebeyo que, como diría un mozuelo hace mucho tiempo, había llegado a la cumbre de su fortuna-.
En estos pensamientos se hallaba él cuando se acercó un encargado de la limpieza a abrillantar el trono de Baltasar, de ese falso oro que rápidamente se deslustra, con un cubo de agua en el cual había un estropajo en una mano y con una pequeña escalerilla plegable en la que encaramarse en la otra. Abrió la escalera plegable y se subió a ella. Pero la situó en el suelo con la mala suerte de que una pata se apoyaba en el aire porque el suelo estaba escalonado. Cuando se inclinó hacia atrás para bajar, la escalerilla se inclinó, cayendo el empleado hacia adelante y dejando totalmente mojado y esmeril a Baltasar.
Y he aquí el gran dilema: ¿Porqué leches el Rey Baltasar no puede ser un negro de verdad y tiene que ser un empleado maquillado cuya cara finalmente queda con tonalidad de azúcar moreno? El maquillaje se le corrió con el agua, y el Rey Baltasar se convirtió en un joven de unos veinticinco años, dejando a la fila de niños totalmente sorprendida, con unos ojos como platos y con la boca tan abierta que a alguno hasta se le quedó colgando la baba.
- ¿Al paje también le se muda la piel? - preguntó un niño con inocente sarcasmo-.
Pepe tenía la suerte de no mudar la piel, lo que no evitó sin embargo que una niña graciosilla saltara encima suyo arañándole la cara para destapar algo de palidez en su rostro negro como la caoba.
No tardó en aparecer otro Rey Baltasar, tan falso como su predecesor, pero que encandiló a los niños enseguida tras soltar algunas palabras grandilocuentes prácticamente carentes de sentido (sólo comprendieron los infantes que estaba reprimiendo al Baltasar impostor). El antiguo Baltasar no tardó en ser despedido, junto al patoso limpiador, con lo que se llama una soberana patada en el trasero en la puerta, con el uniforme de trabajo inclusive. Patadas que con saña dio Baltasar, insistiendo continuamente en que aquellos a los que castigaba eran un impostor y un incompetente con un forzado acento semítico.
A partir de entonces Pepe tenía una nueva preocupación: ¿Cómo podía haber consentido el jefe de sección ese espectáculo tan lamentable? Por muchos aires y aspavientos que se trajera el nuevo Baltasar, algún niño se haría alguna que otra pregunta. En cualquier caso, ya no era hora de ir a ver al jefe porque el centro comercial iba a cerrar.
Aquel asunto le traía de cabeza. Pepe ya de por sí era una persona bastante obsesiva en ocasiones, tendía a darle demasiada importancia a las cosas, pero esta vez (y como otras muchas veces) le parecía que aquello que había ocurrido era algo bastante fuerte. Prácticamente no pegó ojo en la noche, algo que le extrañó a su único compañero en la ciudad: su gato (los gatos se alteran visiblemente cuando se altera la rutina). No fue aquella noche la única que casi no pegó ojo, estuvo una semana entera así.
El poco dormir le influyó notablemente en el siguiente día. No era capaz de hacer bien su trabajo (a cuentas resumidas, sonreír todo el rato y depositar las cartas de los niños en un buzón), se tropezaba continuamente y, aunque se esforzaba en sonreír, no podía evitar de vez en cuando el dormirse de pie con la boca abierta. Se olvidó de ir a ver al jefe, y llegó un momento en el cual más que un Paje Real parecía un zombi con la mirada perdida y los brazos colgando.
Evidentemente, había otro candidato a Paje Real que no iba a desaprovechar la oportunidad, podía aprovechar la ocasión al igual que el nuevo Rey Baltasar y hacer que despidieran a Pepe. Llamó la atención al jefe de sección para que se fijara en el Paje de Baltasar. Pero como jefe que era, su agenda estaba apretadísima, y como la siesta era una cita inexcusable todos los días, retrasó la revisión particular cinco días.
Claro que el momento llegó, y el jefe vio a un paje totalmente dormido (¡y estaba de pie!) que llevaba las cartas al buzón con la cabeza reclinada y unos ojos prácticamente cerrados.
Se disponía a marchar hacia el trono hecho una furia, pero el Paje ya no estaba cuando quiso darse cuenta. En su lugar, vio cómo se dirigía a trompicones hacia la sala de personal del piso. Al entrar, el jefe vio cuatro tazas llenas de café de máquina, y una quinta que había empezado a beber Pepe. Le dejó que se las acabara, antes de invitarle a que le dieran una real patada en el trasero.
Entonces Pepe, dios sabrá cómo, recordó que deseaba ver al director del centro comercial. Se lo hizo saber a su jefe. “Total, si es un frustrado que vive gracias al café y que va a salir igual de aquí por mucho que le diga al jefazo, va a dar igual que le diga que no o que le diga que sí. Voy a dejarle que haga un poquito el ridículo”. El jefe, tras hacer que cavilaba profundamente durante dos minutos, asintió con la cabeza y le guió hacia un ascensor.
Pero mientras subían hacia el último piso, el ascensor paró de bruces a la par que se apagaron las luces.
- Vaya, un apagón –se quejó consigo mismo el jefe.
- ¿Un apagón? Pues yo lo sigo viendo todo oscuro ¿estás seguro, jefe?
Mientras los técnicos electricistas se esforzaban por volver a proporcionar suministro eléctrico en alguna subestación eléctrica, las cinco tazas de café hicieron su efecto, y Pepe salió de su letargo. Tenía ganas de marcarse unos pasos de samba, pero recapacitó y pensó que sería más sabio. Tras un rato, el suministro eléctrico se restableció y el ascensor volvió a subir.
- Te noto diferente.
-Sí, es el café que debe de haberme hecho efecto...
Después de que llegara el ascensor al último piso, caminaron por unos pasillos con infinidad de puertas a los lados, hasta que llegaron a una doble puerta de madera de roble sobre la cual había un recuadro que rezaba “Sr. Talltavuy”. A Pepe le había entrado un tic nervioso en el dedo meñique de la mano derecha. Se había pasado con el café... Los anillos falsos que llevaba empezaron a entrechocar haciendo un ruido de metal.
El anciano monarca se hallaba sentado en su singular trono. De cuero negro, tras una mesa de escritorio de roble con un ordenador (que era lo único moderno de la sala, pues la decoración era un festín para las termitas de estilo retro) y un sinfín de documentos de finanzas, elevado por encima del resto del mundo, por donde hormigueaban el resto de los mortales. Ese era su trono
El rey de las finanzas y sus heraldos habían emprendido una singular cruzada. Efectivamente, estaban inmersos en la campaña de Navidad. Para ellos, la Navidad era un excelente método para obtener beneficios, para conseguir que el negocio progresara y para poder llevarse un buen montón de pasta gansa que sería invertida en cualquier cosa que no fuera necesaria. Los engranajes encajaban perfectamente, los publicistas y asesores legales habían hecho su trabajo, todo funcionaba en su perfecta máquina de hacer dinero.
Escuchó de repente que alguien llamaba a la puerta, sacándole de sus sueños en los que se bañaba en una piscina de billetes verdes, cálidos y suaves.
- ¡Pasad! - gritó evidentemente molestado.
Se asomó una persona vestida a la vieja usanza damasquina, y tras él apareció el jefe de sección de la planta tercera -juguetes, informática y moda infantil-, vestido con ese mal gusto que le caracterizaba.
- ¿Qué ocurre, Señor Díaz? - preguntó el director.
- Iba a despedir a este empleado, pero dijo que antes de darle la despedida típica de la empresa - respondió el jefe.
- Bien, jovencito ¿Qué te pica?
De no ser por el ruido metálico de los anillos de pega, el silencio habría sido absoluto.
- Ya veo, joven... Señor Díaz, juraría que usted tiene mucho trabajo ahora ¡¡Abandone mi despacho ahora mismo!!
Asustado, el jefe abandonó la sala en una exhalación.
- Bien, ya puedes hablar sin temor a ser reprendido duramente - dijo el director con falsa amabilidad-. ¿Qué te ocurre?
- V-verá, señor... Hace unos días despidieron al que hacía Rey Baltasar por algo que no era culpa suya... Pero fue humillado por el que ahora está en su puesto delante de todos los niños. ¿Porqué consintió ese acto? Sé que se enteró porque toda la plantilla lo hizo.
El huesudo director se carcajeó entonces siniestramente.
- Con que eres uno de esos sentimentales ¿eh? Verás... Tenemos una máxima en este negocio... Y es ¡¡hacer dinero!!
<<Si esos niños no hubieran visto a un impostor humillado, seguramente sus padres, allí presentes, habrían dudado en comprar aquí. Y evidentemente que no voy a despedir a aquél que ha sabido hacer bien su trabajo>>
- ¿N-No significa la Navidad nada para usted...?
- Me haces reír, jovencito. Claro que significa algo para mí ¡Para mí la Navidad significa la etapa más fructífera del año!
De nuevo no se escuchó otra cosa que no fuera el entrechocar de los anillos. Súbitamente, el silencio se interrumpió con unos golpes en la puerta desde fuera de la sala. Asomó una cabeza oscura como el chocolate con un turbante blanco con una gran pluma azul.
- ¿
Haber-e
acabado
il siñor
ya? Yo
querer-e haser il mío
trabajo - dijo la cabeza.
- Oh, el ritual de despido. Proceda, Sr. Abdel. Solicite ayuda a los guardias de seguridad si encuentra problemas a la hora del golpe de efecto.
Pepe se dirigía cabizbajo hacia la puerta - y con los anillitos dale que dale- seguido de su sustituto Abdel. Tampoco sería por mucho tiempo, la Navidad acababa dos días después.
-Le recomiendo una cosa - dijo la voz del director desde el fondo de la sala justo antes de que Pepe cruzara la puerta -. ¡Olvídese de todo esto, la Navidad prácticamente se acabó! ¡Ya está! ¡Se pasó y no volverá hasta dentro de un año!
De esta forma Pepe se quedó sin trabajo y sentado sobre la nieve vestido a la vieja usanza oriental, incapaz de asimilar que hubiera personas así en el mundo, capaces de despreciar algo tan loable y bonito como la Navidad. Pero había algo en lo que el director llevaba razón sin duda alguna. Y es que, tristemente, la Navidad ya había pasado.
En línea
Líam
Mago Blanco
Moderador
Desconectado
Sexo:
Mensajes: 8.257
Nuestra Navidad I y II
«
Respuesta #19 :
Enero 16, 2005, 19:10 »
Movió su cabeza suavemente y su oreja notó el suave tejido de una túnica. Intentó volver a dormirse, pero un rayo de luz hizo que tuviera que fruncir el ceño y desapareció rápidamente, lo que le sacó de ese extraño estado de inconsciencia en el que se encontraba cuando se despertaba. Todavía no estaba muy seguro de dónde estaba y su memoria comenzaba a deshacer la niebla que rodeaba los sucesos más recientes.
Se incorporó lentamente y el tímido sol de la mañana le iluminó el busto, despertándole del todo cálidamente. A través del ventanal, la luz se colaba superando ya sutilmente la prominencia de un monte e iluminaba con un brillo tenue y anaranjado al biblioteca. Miró a su alrededor.
A su lado, Pokelink y su Torchic seguían descansando, así los demás habitantes de la Ciudad, acurrucados unos contra otros, aún con sus trajes de gala, mientras Lao hablaba silenciosamente en sueños, caído sobre el sillón, aún con el libro en su regazo. Líam se levantó con cuidado, intentando no despertar a Electrón, a quien había servido de almohada, como Pokelink había hecho con él. Se llevó las manos a los antebrazos ,después de haberlos estirado hacia abajo, e intentó darse algo de calor, la mañana era fría. Un bostezo intentó salir de su boca, como una bocanada de aire travieso, mas se tapó la boca, fruto de la costumbre nacida de la educación, cuando sintió que una manta se echaba sobre sus hombros y le reconfortaba enormemente. Unas manos la cerraron sobre su pecho y pasaron el testigo a las suyas, mientras él giraba la cabeza y descubría el rostro y la sonrisa que ya esperaba ver.
- Ni en vacaciones.
- Nunca- respondió ella, sonriendo.- Me sería imposible levantarme tarde, me he acostumbrado durante este tiempo.
Enilla le ofreció una taza de té caliente a su amigo, que la aceptó de buena gana. “Calentito, con mucha leche y mucho azucar, como me gusta” pensó.
- Después del festín de ayer creo que es más adecuado que el delicioso chocolate a la taza de Flopy.
Ambos miraron a un lado y descubrieron a Flopy en el regazo de Sir Mikel, durmiendo angelicalmente, en compañía de Pingu, al que Beeman se abrazaba inconscientemente.
- Si no te hubiera visto alguna vez, diría que no duermes- Líam volvió a mirarla a la cara, que ahora se mostraba sorprendida.- Leo hasta más tarde de lo que crees, a veces.
- Supongo que es mejor que nos pongamos manos a la obra, ¿no?- preguntó Enilla, que había comenzado a recoger cosas del suelo sin siquiera esperar la respuesta de su amigo. Ella ya vestía su ropa de diario y su vestido había desaparecido.
- Sí, creo que sí- le dio un último sorbo al té y se quitó la manta.- Vete despertando a Elec y a Pokelink, en cuanto me cambie, vuelvo.
- Bien...
Y mientras Líam desaparecía por uno de los corredores, su amiga, arrodillada maternalmente ante Pokelink, que se negaba a ir a la carnicería, como él mismo decía, comenzaba a despertarle.
- Listo, ése era el último adorno- indicó Elec a Flopy, que se llevaba la última caja de madera a algún lugar desconocido de la biblioteca.
- Ahora sólo falta... comenzó Enilla algo triste.
- Sí- afirmó Pokelink algo serio.- El árbol...
- Bueno... – suspiró Líam.- El momento tenía que llegar inevitablemente...
Se situó ante el monumental abeto y lo miró un momento... Sus ramas verdes le hacían recordar todo lo acontecido aquellas fiestas... Las risas, los cuentos, los sueños, los regalos... todo... Aquello ya había terminado y pasaría un año hasta que volviese a ocurrir... “¿Qué ha quedado, de todo aquello?” Una lágrima resbaló por su mejilla y cayó al suelo, casi imperceptible.
-“Señor de la Navidad, verdor de la esperanza eterna y lienzo del corazón. Tu tiempo ya se aleja, tu momento ya se va. Ve, parte, vuelve a tu origen y quede así sellada la solemne promesa, que por un año más se ha cumplido.”
Toda la sala comenzó a temblar, algunos libros cayeron al suelo y el abeto comenzó a moverse, como aspirado desde el suelo. Ruido de madera, de ramas, de tierra... Aquel estruendo cesó y en el parqué sólo quedó un enorme círculo algo mayor que el tronco del árbol, que, como una herida en la piel de un animal, se cerró sin dejar cicatriz alguna, acabando así con el último vestigio navideño de la gran biblioteca.
Los cuatro amigos se acercaron y se rodearon con los brazos, mirando al horizonte nevado por el gigantesco ventanal.
- Otro año que se va...- se lamentó Electrón.
- Y otro que viene...- dijo Enilla, más alegre.
- Otro años de aventuras...- señaló Pokelink.
- ... de risas...- añadió Elec.
- ... de Fics...- comentó Enilla.
- ... de... ¿Pato?
- ¡Líam!- corearon los otros tres antes de comenzar a reír.
El chico suspiró y volvió a mirar al cielo.
- Otro año con vosotros, chicos... ¿Qué puede salir mal?...
- ¡Líaaaaaam! ¡Zocodoooo!
Y mientras los cuatro se preparaban para encarar otra aventura más, arriba, en el cielo diurno, sobre la Ciudad de las Catedrales, esperanzadora, alegre y prístina, brillaba una estrella. La estrella de la Eterna Navidad...
FIN
[/font]
«
Última modificación: Enero 16, 2005, 19:12 por Líam
»
En línea
Esta firma es la prueba de que la dominación mundial no está reñida con el arte... ¡Gracias, Eni!
Líam
Mago Blanco
Moderador
Desconectado
Sexo:
Mensajes: 8.257
Nuestra Navidad I y II
«
Respuesta #20 :
Diciembre 23, 2005, 02:31 »
Nuestra Navidad II
[/font]
Una Navidad de sueños
- Esto es simplemente precioso.
El joven paseaba extasiado entre las tiendecillas cubiertas de nieve, embozado en su abrigo negro, mientras veía corretear a los niños y a las madres cargar con inmensos paquetes. La calle brillaba con el sol de la mañana reflejado sobre el blanco manto que todo lo cubría suavemente, alumbrado por las cálidas luces que desprendían los escaparates primorosamente adornados de aquella pequeña villa. Justo cuando se deleitaba con el desfile de unos soldados mecánicos notó un tirón fuerte en el hombro que lo apartó de la trayectoria de un coche de caballos a toda velocidad.
- Vuestros sueños acabarán por mataros.
- Como un buen bohemio, entonces.
- Sí, un buen bohemio... muerto... y de nada nos sirve un bohemio muerto.
- ¡Qué pragmático!- sonrió él con una carcajada.- ¡Estamos en Navidad, nada tiene por qué ser útil, sólo tiene que unirnos más como personas!
El caballero que acompañaba al joven negó sonriente con la cabeza y se recolocó el sombrero de copa, volviéndose a tapar con su capa.
Caminaban por la calle sin preocupaciones, aunque el mayor se dedicaba, de cuando en cuando, a mirar insistentemente un reloj. El joven había vuelto a sus observaciones fascinadas de todo lo bello y hermoso, hasta el más nimio detalle de aquella preciosa decoración navideña, hecha casi por mano de la casualidad.
Metió entonces las manos en los bolsillos y sonreís cerrando los ojos, sintiendo la alegría de la mejor época del año. Eso, si un frío bolazo de nieve no le hubiese hecho volver a la también gélida realidad de golpe.
- Pero...
A pesar del susto, sonreía y oyó como le llegaba una aguda risita desde detrás de una farola, donde una muchacha rubia, con un vestido de época de falda larga y casaca verde a juego con su gorro se reía, poniéndose la mano frente a la boca y cerrando los ojos.
- Querida, pensé que, dado que el hábito hace al monje, os comportaríais como una dama- replicó el individuo del sombrero con socarrona sonrisa.
- Precisamente aquí es donde puedo hacer lo que me plazca- contestó ella después de dejar de reír- aquí nadie me conoce.
- Y los que te conocemos somos coaccionados a bolazo limpio- sonrió el joven rubio.
- O nos esclaviza llevando regalos- añadió un chico moreno, cargado con un castillo de paquetes, que acababa de doblar la esquina, siguiendo jadeante a la joven.
- Eso te pasa por acostumbrarte a cargar pesos con la mente- replicó ella con soltura- “mens in sana, in corpore sano”.
- Sigues siendo igual de pedante, vistas como vistas- le contestó el improvisado porteador con una mirada a medio camino entre al agotamiento y el pique amistoso.
Y mientras los tres amigos se tiraban bolas de nieve los unos a los otros, junto con unos niños que se habían unido a la guerra, el caballero del sombrero de copa les observaba desde una distancia prudencial.
- No sé yo si la Inglaterra de finales del XIX ha sido una buena elección para nuestro paseo navideño- cabeceaba Sir Mikel- la próxima vez les mandaré a Normandía en plena II Guerra Mundial...
Retiraron la nieve de sus ropas antes de entrar de cruzar por enésima vez aquellas enormes puertas de roble tallado y disfrutar de nuevo del calor del hogar y de una buena charla o un buen libro. En ese mismo instante salía corriendo una figura de azul, que se chocó con el mentalista, tirando al suelo la gigantesca montaña de regalos.
- ¡Jesús, Lao, qué prisas!- se quejó Electron, aún vestido como un joven decimonónico.
- Los de tu cocina me tienen de esclavo- dirigióse el muchacho de azul a Líam, que estupefacto, escuchaba a su amigo, mientras éste se colocaba de nuevo las gafas.- Me acaban de sacar a patadas de allí y me mandan a Sylvarant a por no sé qué diantres de condimento.
- Pero eso te llevará al menos tres días de viaje, entre ida y vuelta- constató Enilla asombrada, al tiempo que cargaba ella misma con algunos de los paquetes, que en su día asignó a Elec.
Lao se encogió de hombros y Sir Mikel le ayudó a levantarse. Líam salió corriendo hacia el interior de la Biblioteca, quitándose el abrigo por el camino.
- ¡Espérame un segundo, me cambio y te acompaño, me quedan algunos regalos por comprar!- gritó él, desde las escaleras que conducían a sus habitaciones.
- ¡Pero si tienes toda una biblioteca que decorar!- replicó Enilla desde la puerta.
- Tú lo que tienes es envidia, porque él se vuelve a ir de viaje- dijo el psíquico, mientras le daba un cariñoso codazo en las costillas, en cuyo pago recibía una mirada letal y congelante.
- Ya nos las apañaremos- contestó Pokelink, que acababa de aparecer con unos cuantos libros en el regazo-. Le he visto hacerlo varios años, no tiene que ser muy difícil.
- ¿Sabes cómo se apunta el cañón de bolas?-preguntó la muchacha, levantando una ceja.
- Ehmmmm... no...- reconoció el chico de verde con una sonrisa forzada.
- ¿Te sabes la composición química de los hombres de jengibre encantados?
- No...
- ¿Sabes domar el espumillón?
- ¡Domar el espumillón?- se escandalizó Sir Mikel-. ¡Qué clase de caja de Pandora se abre aquí en Navidad!
- Pues porque no os las habéis visto con la orquesta de angelotes, que esos sí que tienen energía- comentaba Elec.
- Y lo más importante...- concluía ella tras una larga lista de abrumadoras negaciones por parte de Pokelink.- ¿Te sabes de memoria la invocación del Gran Abeto?
- ¡Eso sí!- exclamó triunfal-. Bueno... creo...- dudó-. Me acuerdo de algunos versos...
- Me parece que este año celebraremos las Navidades bajo la sombra de una gigantesca palmera...- vaticinó el psíquico.
Y Lao, viendo que su amigo no aparecía, decidió volver a sentarse en el suelo, a sabiendas que ese segundo, entre pitos y flautas, acababan siendo al menos unos diez o veinte minutos.
Dos días después, una figura oculta tras una gran y gruesa capa blanca permanecía inmóvil frente a la magnífica exposición de figuritas de nieve. Observaba con cariño y atención, como cada cristalino copo de nieve que caía sobre ellas acababa por formar parte de su perfecta estructura, mármol helado y de blancura espumosa. Algunas de ellas parecían hablarle, ser parte de la explanada de la ciudad, moverse con cada ráfaga de viento. Pero en realidad sólo eran eso, nieve, nada más que agua congelada... fría...
- Líam... Me estoy muriendo de frío, tenemos que irnos...- replicaba un chico con capa azul, mucho más fina, unos pasos detrás de él-. Tenemos que llegar a la costa y coger el barco, vamos...
- Si tardamos un día entero en llegar aquí, yo al menos quiero tener diez minutos para hacer lo que me plazca- concluyó él, sin apartar la vista de las figuritas.
- ¡Y yo que sabía que Flanoir estaba en Thete’Alla!
- Eres el cartógrafo... tuvimos que cambiar de dimensión... ¡así que ahora déjame ver las figuritas!
Pasaron cinco minutos... diez... veinte... media hora...
- Líam... llevo encima dos bolsas llenas de manoplas de pingüin, me estoy muriendo de frío, el bar...
- Ya está.
Se dio la vuelta con una sonrisa y comenzó a caminar en dirección al camino que llevaba a la costa, seguido por un Lao cabizbajo y cargado de bolsas.
Mientras caminaban, Líam seguía pensando en la nieve, en las figuritas... Para Flanoir esas pequeñas obras de arte tenían una gran importancia, sin embargo, si comenzábamos a acercarnos, no tardarían en aparecer las imperfecciones, veríamos las arrugas, los desperfectos, las incongruencias en rostros o manos o apéndices y si mirábamos aún más de cerca, veríamos que aquel mágico espectáculo, aquella delicadeza y genialidad hecha carne no era más que nieve, frío y duro hielo. Alzó la vista y sus ojos acabaron mirando al horizonte, al lugar donde un día se levantó una de las construcciones más majestuosas vistas por el hombre, derrumbada en un solo día. Pensó entonces en la gran diferencia que suponía para culturas distintas la llegada de un mesías y como, al mismo tiempo que unos celebraban la llegada de uno, otra pasaba los peores momentos de su vida con un título que para otras culturas significaba la salvación más excelsa.
Y de ahí, su mente no tardó en trazar una línea hasta una preocupación que llevaba carcomiéndole durante días. Aquellas fiestas, aquella época en la que se suponía que debía reinar la Paz y el Amor, aquellos días especiales... ¿qué eran en realidad? ¿cuál era su significado correcto, la razón o principio intrínseco de aquello? ¿Cuál era el sentido de la Navidad? y lo que más le inquietaba... ¿realmente había uno?
La mera posibilidad de estar viviendo una mentira, de haber puesto sus esperanzas en una ilusión, hizo que se tambaleara su interior y que tuviera que sacudir la cabeza, llamando la atención de Lao, que ya se temía un catarro o algo peor.
Desde la popa del barco, veía atardecer y sus ojos buscaban una respuesta, una luz, un faro que le guiara en sus inquietudes... Pero ya no había torre alguna sobre las olas del mar...
Desde el puerto hasta la Biblioteca había que recorrer algunas calles, a pesar de que una de las alas de ésta diera directamente al mar, pues el trazado metropolitano cerca de los muelles era algo enrevesado y laberíntico, como buen barrio pesquero. Mientras avanzaban, algunos de los que salían al paso les saludaban de buen humor, les preguntaban por las bolsas y paquetes o les deseaban unas felices fiestas.
Sin embargo, el joven rubio veía más allá de las máscaras de cortesía y felicidad propias de las fiestas y no encontraba nada. La gente paseaba, sí, llenaba las calles, Melancio tocaba su guitarra, el violín de Atsumu alegraba las callejuelas cercanas al Palacio Nipón y el sonido del piano de Ágata, acompañando a la voz de Tao, se colaba por la rendija de la ventana abierta de su casa, donde habían organizado una pequeña reunión con dulces y bebidas... pero faltaba el sentimiento, no se palpaba aquella atmósfera, propia de otros años tan felices, donde la alegría estaba al orden del día y no era un papel fingido con cortesía.
Líam suspiró e intentó darse ánimos a sí mismo, pensando que, por una vez, el pesimista era él y no el Profesor Gengar, que divertía a Mary y a Blanka con unos buenos trucos de magia.
Pero todo este coraje se vino abajo, cuando al abrir las puertas de su majestuoso hogar, ya adornado ricamente, el sonido que le recibió fue el de la discordia. En un lateral de la sala, pues el centro lo ocupaba un gran árbol decorado, un joven de túnica roja, con espada a sus espaldas, acompañado de una muchacha con un vestido entallado a la cintura de color verde oscuro y el pelo rubio, suelto, discutía con un grupo de tres jóvenes, que con el mismo acaloramiento, parecían indignados por algo.
- Por lo menos tenemos un abeto y no un baobab...- le consoló Lao, consciente de que esto no era precisamente lo más adecuado para el estado anímico del joven mago blanco.
- Es una palmera, como vaticiné- corrigió Elec., apartado de la contienda con gesto más o menos calmado-. Makin le dio unos retoques y ahora parece un abeto, pero si lo sacudes aún caen cocos del tamaño de una mesa de café.
- ¡Ajá, al fin aparece el Sumo Bibliotecario y su corte!
- Lo sabía, a mí siempre me toca ir de comparsa- se quejó Lao ante el despectivo comentario de un agitado Kyro, que no había escatimado ironía en su comentario.
- ¿Qué ocurre?- preguntó Líam con tono calmado y una sonrisa que noe ra capaz de esconder el agotamiento.
- ¡Estos alborotadores han hecho una montaña de un grano de arena y exigen que quitemos toda la decoración!- explicó una exaltado Enilla, gesticulando generosamente en su nerviosismo.
- Estos adornos son inútiles y restan espacio. Son despojos de una fiesta creada en interés de los mercaderes y nada más- se quejó Tenebrus con actitud más calmada que su amigo.
- Y me gustaría saber de dónde ha salido el dinero para esto- se preguntó Kyro con desafío en su tono.- No contribuimos a los fondos de la Gran Biblioteca, para que después se gasten en frivolidades como éstas.
- ¡Cómo te atreves a decir tal cosa de Líam?- entró entonces Pokelink a la defensiva.- ¡Siempre hemos llevado esto con la mayor claridad posible, puedes consultar los archivos de contabilidad!
- ¡Créeme que lo haré!
- ¡No tengo ningún incon...
- ¡Basta!- ante el grito de su compañero de blanco, una novedad en su carácter calmado, tímido y risueño, el silencio se hizo por fin entre aquel grupo. Todos le miraban asombrados por la reacción, dándose cuenta por primera vez de la situación en la que estaban.- La Gran Biblioteca ha sido siempre un lugar pacífico y neutral en todos los aspectos, no toleraré una sola disputa entre estas paredes- cogió aire antes de continuar y miró un momento al suelo-. La decoración se retirará si así lo deseáis, al fin y al cabo ha salido de mi bolsillo y no le he preguntado a nadie si realmente la deseaban. Ha sido una falta por mi parte.
- Nadie duda de tu integridad como Sumo Bibliotecario, Líam- le aseguró Raistlin, el tercer componente del grupo, poniéndole una mano en el hombro.- Sólo queríamos expresar nuestro punto de vista a este respecto.
El joven le miró un momento y un mechón rubio se interpuso entre uno de sus ojos y la mirada de Raist, que retrocedió ante la expresión inusitada de los iris de su amigo.
- También me gustaría disculparme- continuó, con igual tono de voz- por mi ausencia y reconozco que ha sido por un motivo frívolo e injustificado. Si deseáis presentar una moción de censura para mi cargo, estoy seguro de que Enilla, aquí presente, la tramitará y dará...
- Líam no es necesario...
- ... y dará fé- continuó él, interrumpiendo a Kyro- de mis errores y faltas. Disculpad las molestias. La travesía me ha agotado. En cuanto descanse un poco, procederé a retirar los adornos. Ahora, si me disculpáis...
Cogió los paquetes sin dirigir la mirada a nadie y comenzó a andar hacia las escaleras de mármol, camufladas tras uno de los muebles.
- Pero... Líam...- balbuceó la muchacha en su desconcierto- ¿y el baile de Nochebuena? ¿y la cena?
- Se cancelan.
No sabrían decir si les espantaron más sus palabras o el tono tajante y frío que utilizó para pronunciarlas. Un momento antes de desaparecer tras la estantería, paró en seco y dio media vuelta sobre sus talones.
- Si deseáis llevar a cabo la fiesta por vuestra cuenta, preguntad al resto si tiene inconveniente en que utilicéis la Biblioteca. Por mí podéis hacer lo que queráis- y con estas palabras y un portazo dejó solos a los siete en la sala, preocupados por ver a su amigo en ese estado, pero aún más por sentirse ellos culpables de algo de lo que en realidad eran completamente inocentes.
Mientras subía los escalones, algunas lágrimas resbalaban por sus mejillas casi infantiles.
“Un fiesta creada en interés de los mercaderes” Aquellas palabras le dolían en lo más hondo de su ser... sobre todo, porque, con cada nuevo escalón que subía, se oía el tintineo de las monedas en su bolsa al cinto.
No hubo cena aquella noche y al estar la luna en su argentino cenit, rodeada de una corte de estrellas y un séquito de copos de nieve, que descendían del cielo con suavidad, toda la Ciudad de las Catedrales dormía. En sus calles, tan sólo el viento ululaba, travieso, doblando las esquinas y jugando con los carteles caídos. La nieve virgen, recién caída, formaba un copioso manto blanco sobre tejados, puestos y calzadas. El silencio más absoluto reinaba en aquellos instantes y hasta las estrellas, arriba en el firmamento, parecían, congeladas, enormes témpanos de hielo.
Tan sólo en una callejuela, en un olvidado rincón, cerca de la puerta norte de las murallas, una lenta figura encapuchada arrastraba su capa blanco por la nieve, como un espíritu centinela. Avanzaba muy despacio, con una cadencia agradable y melosa y el rostro siempre oculto bajo la capucha, enorme y gruesa también.
Dio uno pocos pasos más y se detuvo en medio de la calle. En el interior del grueso ropaje comenzó a moverse algo, hasta que unas manos blancas, desnudas, extrajeron una caja de madera de roble, finamente labrada. En su tapa se entrelazaban las espirales nebulosas, que confusas y traviesas enredaban los alrededores de una magnífica estrella, de 8 esbeltos rayos, que iluminaba el centro con cierto brillo. El desconocido pasó su mano por encima de la brillante estrella, sin siquiera tocarla, y ésta despidió un resplandor fugaz, para apagarse después. Con la misma mano y haciendo un sutil gesto con los dedos anular y corazón, la tapa de la caja se abrió, dejando al descubierto varias pequeñas esferas de cristal, cada una con brillos distintos de luces de colores diversos, que aún así no cegaban, ni tampoco iluminaban demasiado. Con otro movimiento, extrajo una de estas curiosas canicas, brillante en fulgor púrpura y la situó justo sobre su dedo índice. Miró después a una ventana cercana, la abrió con otro gesto de su mano libre, e hizo que la esfera se colara dentro de la habitación en penumbra.
Dentro de la estancia, iluminada por la luz lunar, la belleza imperturbable de Karela dormía en profundo sueño. La caninca flotó unos instantes frente a ella, hasta que se acercó a su frente, donde, tras un fogonazo momentáneo, desapareció al contacto con su piel. La ventana volvió a cerrarse y el desconocido extrajo una nueva esfera, que coló por una rendija distinta, a una vivienda diferente.
Fue repitiendo el mismo proceso, poco a poco, con cada calle, cada boulevard, cada plaza y cada portal de la ciudad. La figura avanzaba entre la nieve, en mitad escoltado por millones de cristalinos copos, siempre cubierta por su capucha blanca y manteniendo entre sus manos la caja de madera abierta, de donde las esferas salían ahora por sí solas y se introducían en las diferentes casas, hasta llegar a sus habitantes. Aquella procesión continuó durante gran parte de la noche, hasta que la figura llegó al centro de la gran plaza del Limbo, frente a la Gran Catedral de Moderación.
En la caja sólo quedaba una última esfera, que extrajo de la misma manera, pero cogió después con los dedos índice y pulgar, sosteniéndola frente a su rostro oculta en la penumbra de la capucha. La retiró y el gélido viento acarició sus cabellos rubios.
El joven miró con detenimiento la pequeña canica, de un blanco puro y agradable, con detenimiento y una sonrisa en la cara. Ella le daría la respuesta que buscaba, lo sabía... si así no lo conseguía... jamás lo haría.
Se metió la esfera en la boca y comenzó a saborearla como si fuera un caramelo. Poco a poco, los sentidos fueron abandonándole, hasta que se desplomó en el sitio, sobre su capa, después de decir:
- Mmmmmm... dulce...
«
Última modificación: Enero 21, 2006, 19:35 por Líam
»
En línea
Esta firma es la prueba de que la dominación mundial no está reñida con el arte... ¡Gracias, Eni!
Gjallar
Desconectado
Mensajes: 6.392
Nuestra Navidad I y II
«
Respuesta #21 :
Diciembre 23, 2005, 17:45 »
Se frotó las manos para mantenerlas calientes, y siguió andando por la calle iluminada con alegres farolillos y adornos navideños. La gente charlaba animadamente por las aceras, parándose a ver escaparates y pensando que regalarían a sus gentes por la celebración de Reyes. Llegó a la plaza de la Ciudad de las Catedrales abarrotada de tenderetes, donde muchos mercaderes ofrecían su mercancía, diciendo que era la mejor, cosa que contradecía al vendedor que tenía al lado.
-Maldita sea, es Navidad, ¡Alegra esa cara!- Dijo una voz a sus espaldas. Supo quien era en el acto, podía haber reconocido esa voz entre una manada de lobos rabiosos.
-Hola, Enilla.- dijo mientras giraba sobre sus talones. Era tal y como la recordaba, vestida de negro y con un borde del látigo asomando por encima del abrigo.- ¿Qué tal est...?
No pudo acabar la pregunta al recibir un bolazo de nieve en toda la cara, y al ver a un hombre corpulento delante suya pidiendo disculpas, una carcajada brotó de su boca.
-No pasa nada Jolti.- dijo aun riéndose.
-Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que viniste.
-Sí, supongo que muchos habrán marchado y otros habrán llegado, he visto muchas caras nuevas por aquí.
-Parece que has vuelto, joven amigo.- Sonó una voz mientras, de una esquina, salía un chico de pelo rubio, tapado con una capa de un color blanco solemne.
-Sí, Líam, no creáis que os librareis tan fácilmente de mi.
-Al contrario, estabamos esperando tu vuelta con gran expectación.
-¡Zí, yo quedía que volvieraz lo maz rápido que pudieraz!- dijo un conejo gigante de peluche, que al tiempo que hablaba daba un abrazo a Tenebrus mandándole de un golpe al frío asfalto.
-¡Floppy, aparta! Se que te alegras de verme, ergo puedes abrazarme, pero no espachurrarte encima mía!
-Lo ziento.- Dijo el simpático Floppy, al tiempo que salía brincando a ver si encontraba a alguien mas a quien abrazar.
-¡Volvamos a la Biblioteca, me estoy helando!
Tras haber pasado las enormes puertas de roble, vió el espectáculo en toda su esplendor. La Gran Biblioteca era un hervidero, Pokelink estaba adornado el árbol con Jeckyll, mientras, al lado del fuego, IBJ tocaba la guitarra al mismo tiempo que Keny y Wario contaban chistes a la gente que los escuchaba. En el sofá, estaban Karela e Ifrit, abrazados y mirando solemnemente las brasas de la chimenea, sin decir nada, disfrutando del momento. Al lado de las escaleras, corrían Moony y Beauty, mientras en el último escalón Hamli estaba dibujando distraídamente la escena. Al lado del televisor, Atsumu, Rei Hino, Rex, Pedro, Danot y los demás miembros de la Pokemafia jugaban a la GameCube, al tiempo que Zero y Gengar jugaban unas partidas de billar.
-¡Viejo amigo, cuanto tiempo!
-Feliz Navidad, Lao.
-De eso nada, a partir de ahora soy ¡Maxwell!
-Max...¿Qué?
-Nada, déjalo, ahora ha decidido que ese nombre es más moderno.- dijo Enilla, murmurando algo que sonó como “que nombre más ridículo”.
-¡Te he oido!- Dijo Maxwell, con una cara simpatica, intentando que pareciera estar enfadado.
-¡A cenar!- La voz de Rekku inundó la estancia, y antes de que parpadearan, una mesa enorme apareció por arte de magia en el centro del Salón, con diversos platos encima.
-Voilá.
-Maravilloso, Líam.
-¡Comida! ¡Vamos, Sheik!- La voz de Laty fue la primera en sonar.
-¿Nos vamos a acabar todo esto?- Preguntó asombrado Ury.
-¡¡No hay fresas de Otoño!! ¡Exijo una explicación!- gritó Fructuoso.
-Pues como te digo, mi teoría no hace mas que confirmar el dilema de si el mundo tiene forma de plátano.- Landertxu hablaba de su teoría con Pandilla.
-¡¡Galletas!!- fue el grito de guerra que lanzó Minun a la mesa.
-Dios, esto tiene tantas calorías...
-Tao, deja de quejarte, es Navidad...
-Perdón, Valen.
-¡Deses, aparta, ese es mi sitio!
-No veo que tenga escrito “Aldebaran” por ninguna parte.
-¡Sí! ¡Míralo!
-¡Aldebarán, te he dicho mil veces que no escribas en la moqueta!
-Ahora lo borraré, Ojosapo...
Y, viendo como toda la ciudad se congregaba para cenar, sintió que el espíritu navideño se apoderaba de él. Sonrió, y fue a sentarse con todos.
«
Última modificación: Diciembre 23, 2005, 18:46 por Tenebrus
»
En línea
Förlöst från tidens hand, på vingar buren till Asgårds hall...
Minun
Vacaburra
Desconectado
Sexo:
Mensajes: 12.425
Nuestra Navidad I y II
«
Respuesta #22 :
Diciembre 23, 2005, 19:15 »
Tras la noticia de la cancelación de la cena nadie parecía tener ánimo para celebrar la nochebuena, todo el mundo parecía tener problemas con todo el mundo, nadie quería celebrar la Navidad y la mayor parte de la gente ya se había ido a descansar. Pocas eran las luces que aún permanecían encendidas, entre ellas la de Minun que daba un repaso de última hora a la sala principal de Consolas y PC...
- Se han vuelto a dejar las consolas encendidas... Luego se quejan de que no funcionan, en fin...
Finalmente subió a su habitación y se acostó, no tardó en conciliar el sueño y...
¡¡RINNGGG!!
- Maldito despertador... Siempre sonando en el momento menos oport... ¡Hoy es Navidad!
Salió corriendo a toda prisa por los pasillos tocando en las habitaciones de invitados:
- ¡Ya es Navidad, despertad todos!
Bajó deprisa y se asomó a la calle:
- ¡Feliz Navidad a todos!
Pero nadie respondió. Pensó que era normal dada la hora así que decidió esperar en uno de los sillones del salón del Limbo al lado de la chimenea. Pasaron quince, veinte, treinta minutos, una hora, dos... Nadie...
Preocupado fue hasta la habitación más cercana, llamó a la puerta pero no contestaron. Nervioso, la abrió de golpe... Totalmente vacía. Pasó a la siguiente sin más, tampoco había rastro de que allí hubiera estado nadie. Pasó toda la mañana buscando gente, gritando por los pasillos, por todas las calles y callejones hasta que finalmente llegó hasta la puerta de la Gran Biblioteca.
Entró con los ojos llorosos, tampoco parecía que allí hubiera nadie. Echó un vistazo a la gran sala que tenía ante él. Todo estaba perfectamente decorado, las paredes, la chimenea... pero lo que más llamaba la atención, lo que más habría captado la mirada de cualquier persona era el gran árbol de Navidad que allí se alzaba. Decorado hasta el último rincón, sin el más mínimo fallo.
Y a sus pies un único regalo con una tarjeta. Minun la leyó:
Para quién lo encuentre...
Extrañado, abrió el regalo, dentro no había nada, al menos eso parecía, Minun volvió a leer la tarjeta que esta vez decía otra cosa distinta:
El regalo está vacío, al igual que el mundo que tienes alrededor, y también al igual que él ha de ser rellenado con algo que salga del corazón, la Navidad es para pasarla con las personas queridas, no lo olvides...
«
Última modificación: Diciembre 23, 2005, 19:16 por Minun
»
En línea
Soy una vaca morada que habla y vuela.
Leo
Mago Dragón
Desconectado
Sexo:
Mensajes: 11.028
Nuestra Navidad I y II
«
Respuesta #23 :
Diciembre 23, 2005, 22:35 »
La noticia de la cancelación de la cena corrió como la pólvora, y rápidamente llegó hasta la Catedral del Ocio, donde Leo estaba terminando de colgar su calcetín en la chimenea, y dejando las galletas y la leche sobre la bandeja. El moderador se entristeció al escuchar algo así, y trató de marchar hacia la Gran Biblioteca. Pero al salir el traicionero temporal de invierno amenazaba con hundir en la nieve al Mago Dragón. Por lo tanto, y con gran pesar, decidió quedarse esa noche en su Catedral, sólo...
-Je... Feliz Navidad... –murmuraba triste el moderador, mientras tomaba otro vaso de ponche de huevo.
Pasaron las horas, y el entrenador decidió irse a la cama. Se aseguró una vez más de que su calcetín y el tentempié estaban en su sitio, y se fue a dormir. Pensó que el día siguiente tendría tiempo para disfrutarlo con sus compañeros, y recuperó un poco el ánimo.
-¡Mizuno, vuelve aquí! –Leo perseguía a Taiki por la Gran Biblioteca. Como era costumbre, el entrenador acuático se había metido con la vestimenta de Leo, y éste se había enfadado. Ambos jóvenes corrían de aquí para allá, uno feliz y el otro furioso, y aunque todo aparentaba ser como siempre, si se miraba en su interior, podía verse un verdadero sentimiento navideño. ¡Oh! Taiki se ha tropezado con Electron, y Leo, al ir detrás de él, no ha podido frenarse a tiempo y también ha chocado. ¡Vaya, que desafortunada casualidad! Enilla estaba probando su látigo nuevo –regalo anticipado de Lao, para subir puntos- y sin querer ha golpeado a la bola que han formado los tres muchachos. Y ahora están rodando hacia el exterior, donde los demás usuarios juegan con la nieve. ¡Cuidado, muchachos, salid corriendo! Oh, vaya... esto no está bien, la bola humana ha atropellado a Rekku y ha destrozado el dragón blanco de nieve que había hecho Zero. Si alguien no hace algo pronto, estas pueden ser unas muy malas Navidades para la Ciudad de las Catedrales. ¿Eh? Vaya, tenía que ser él... el muchacho que encabeza mi lista de niños buenos. Ha sido muy hábil al pedirle a sus peluches que crearan un muro de hielo. Esos peluches son adorables y rápidos. Lastima que Leo, Taiki y Electron se hayan chocado con ello. Bueno, ya se les pasará. ¡Ho,ho,ho!
Vaya, ya están cenando. Que bonita estampa... todos juntos, reunidos, olvidando diferencias e ideologías, como buenos compañeros. Todos juntos en una misma mesa, compartiendo los mismos manjares... Uhm... ese pavo tiene una pinta... lastima que no pueda bajar con ellos. ¡Oh, mira! Si es mi ‘niño mayor’ BUG. Como le quieren todos... es como un padre para ellos.
¡Pero vaya, mira qué hora es! Tengo que empezar a trabajar... ¡Rudolph, Blizzard, llamad al resto... hoy es Navidad!
¡FELIZ NAVIDAD DE PARTE DE LEO!
En línea
Kyro
Se?or de la Oscuridad
Desconectado
Sexo:
Mensajes: 5.448
Nuestra Navidad I y II
«
Respuesta #24 :
Diciembre 23, 2005, 23:25 »
La reaccion de Liam habia sorprendido a Kyro, quizas se habian excedido con sus protestas, es ridiculo, en Navidad es normal que se decore... ahora se sentia culpable... enfin, la verdad esque habia estado planteandose si ir o no a la comida de Navidad, ahora el problema parecia haber quedado resuelto... Kyro estaba cansado, discutir le daba sueño, decidio que no merecia la pena caminar asique se transporto a su habitacion en un destello de oscuridad, una vez alli se acosto, no sin antes comprobar que habia dejado un buen surtido de comida en la chimenea
La nieve cae suave sobre la ciudad, una figura embutida en una capa negra contrasta con el blanco manto q cubre la calzada, el joven camina con paso lento y correoso, el helado viento invernal hace danzar el flequillo del muchacho, sus ojos verde esmeralda se pierden en el oscuro cielo mientras avanza con aire ensimismado... su nombre, Kyro... al llegar a un gran edificio se detiene y levanta la vista para observar la hermosa puerta q se alza majestuosa ante el, al otro lado se ultiman los detalles de la comida de Navidad, algunas voces traspasan los muros de piedra y llegan a los oídos del joven...
-Floppy!! Deja de jugar con las guirnaldas!! –La voz del Sumo Bibliotecario denotaba un punto de histeria propio de estas fechas
-Lo ziento. –El conejo de peluche se disculpó a la par que dejaba caer la guirnalda que había estado usando de látigo contra unos seres imaginarios.
-Cuantas veces tendré que decirle a Enilla que no fustigue a nadie delante de ti?? Con lo impresionable que eres!!
-Pedon... imprezio... que??
-Olvídalo...
Una sonrisa se dibujo en el rostro de Kyro, los labios se le cuartearon, le alegraba saber que había cosas que nunca cambiarían... Kyro adoraba estas fechas, pero este año la Navidad no hacia sino aumentar el dolor de su corazón, poco tiempo atrás se había peleado con una buena amiga y por esto había decidió no acudir a la comida del dia siguiente, no podía afrontar la idea de cruzar la vista con ella y no mediar palabra...
Del interior de su sus ropas extrajo un sobre de color amarillento en el cual había escrito, con una hermosa letra de hechicero, el nombre del destinatario, el Sumo Bibliotecario, Sir Liam... En esta misiva explicaba que no estaría presente durante la comida, los motivos prefirió reservárselos para sí a fin de evitar incomodas preguntas en días posteriores; tras colar la carta por debajo de portón reanudo su camino dirigiéndose hacia los limites de la ciudad, no sabia bien a donde dirigir sus pasos, solo sabia que quería estar solo; el tiempo transcurría deprisa y enseguida se hizo de dia, no pudo evitar preguntarse que sorpresas tendrían preparados sus amigos para la comida, imagino a Electron haciendo danzar a los pavos por encima de las mesas, a Leo enviando a su dragoncito alado de Ra para iluminar la estancia... deseaba profundamente estar allí pero... no podía ir... una lagrima descendió por sus rosadas mejillas y fue a parar al frío suelo, entonces, Kyro, puedo ver una sombra q se aproximaba, al levantar la vista vio a aquel que la proyectaba
-Mizuno!! –La sorpresa fue mayúscula
-Pensé que adorabas estas fechas Kyro, que haces aquí solo con el frío que hace?? –La pregunta de Taiki retumbo en los oídos de Kyro, aquella voz sonaba lejana...
-Es largo de contar... supongo que se podría decir que hay alguien a quien no soportaría ver...
-Entiendo... sabes Kyro, es Navidad, no deberías pasarla aquí solo, que mejor fecha para reconciliarte con un ser querido no crees??
-Si...
-Mira, piensa que no hay verdadera amistad sin pequeñas riñas –En los profundos ojos azules de Taiki brillo una sonrisa- vuelve con ellos, seguro que te echan de menos, la Navidad es para estar con los seres queridos...
-Pe...
-Vamos Kyro, lo estas deseando
-“Ta” bien... pero... que le diré a ella??
-Solo sus ojos podrán darte esa respuesta
-Vie...
La pregunta murió en los labios de Kyro, estaba hablando con el vacío, allí no había nadie... Kyro no le dio mas importancia y se apresuro a desandar lo andado, su paso era ahora mas ágil y no tardo mucho en llegar de nuevo a la Ciudad de las Catedrales, las calles estaban totalmente vacías, a medida que se acercaba a la Biblioteca el ruido iba en aumento, subió los escalones de dos en dos y abrió la puerta enérgicamente, el ruido de la sala menguo y todos giraron la cabeza hacia el...
-Liam... hay sitio para uno mas?
El Sumo Bibliotecario esbozo una sonrisa y asintiendo con la cabeza envió a Floppy a por una silla para el recién llegado...
-Has decidido venir, que te ha hecho cambiar de opinión??
-Un viejo amigo –Kyro miro a través de la ventana y le pareció ver como una nube le guiñaba un ojo... - Ay!! –Keny acababa de lanzarle un avioncito de papel que se clavo en su oreja, cuando volvió a mirar a la ventana no vio mas q la nieve caer...
En línea
Karela
La más rápida del Oeste
Moderador Global
Desconectado
Sexo:
Mensajes: 23.930
Nuestra Navidad I y II
«
Respuesta #25 :
Diciembre 23, 2005, 23:41 »
Una visita mágica
En aquella noche tan especial, aunque la fiesta no se hubiera realizado, todo era muy especial para todos, que se dirigieron a cama temprano para poder conciliar el sueño...pero aunque parezca imposible, todos se pusieron de acuerdo para no hacerlo.
Karela, tras dar un millón de vueltas en la enorme cama de invitados que le habían preparado, tuvo que abandonarla por órdenes estrictas de Ifrit, que con menos nerviosismo que ella, trataba realmente de soñar.
Refunfuñando y maldiciendo aquella noche, comenzó a pasear por los pasillos de las estancias, rogando en su interior encontrar a algún otro forero despierto...no quería "despertar" a nadie, por lo que se sentó frente al ventanal del salón, en un sillón donde Melkor solía sentarse, y poco a poco fue cerrando los ojos contemplando la belleza de la luna que de vez en cuando se hacía visible entre las nubes que producían la nevada espectacular de aquella bella noche.
Cuando por fin iba a lograr dormirse, una corriente de aire la desveló por completo.
-Maldita ventana, si ya me quejé la semana pasada de que había que echarle un vistazo, ya veo el caso que se me hace...
Rápidamente se cubrió con una manta que había doblada sobre el brazo del sillón y cerró las contras. Todo estaba muy oscuro...
Karela encendió una lucecita con sus poderes de Diosa, para no tropezar, y en cuanto logró adaptar sus ojos nocturnos a la luz, no pudo evitar emitir un enorme chillido de horror.
La lucecita se apagó y Karela se aferró fuertemente a la manta, cerrando los ojos, llena de miedo, temblando, a punto de llorar...
-¿Te he asustado?
-Demasiado...
-No te esperabas una visita asi, por lo que veo
-En absoluto esperaría la visita de un muerto
-¿No te alegras de verme?
Karela abrió los ojos y contempló la cara de su hermana de la oscuridad, Sombra
-Te echaba de menos
-He venido para avisarte de que esta noche te visitarán 3 espíritus
-Anda, no me fastidies...maldita historia navideña...
-Como ya supondrás, soy la 1ª
-La del pasado
-Como yo pensaba
Cogió a Karela de la mano y ésta, a la manta del salón y salieron volando por el ventanal que previamente había sido cerrado por la Reina.
Atravesaron ciudades, mundos y dimensiones, para terminar en una pequeña casa, lejos de todo, de apariencia acogedora y cálida...
Entraron y Karela se vio a si misma, en una de sus múltiples vidas dimensionales, en la adolescencia...insultando a su familia, no agradeciendo las cosas buenas que le ofrecían, despreciando el cariño de sus amigos...
-Supongo que te habrás dado cuenta de tu mala vida, no?
-Si, pero no puedo evitarlo...
En un abrir y cerrar de ojos se encontró de nuevo en el salón, abrazada a la manta, sintiendo el calor del edificio. ¿Era real lo que había visto? ¿o era una de sus deliraciones provocadas por el sueño?¿el alcohol del champagne le había hecho efecto? No podía ser eso...
Entonces todo el salón se iluminó, como si la decoración cobrase vida. Podía oír a sus compañeros reir, charlar...Hasta que alguien llamó a la puerta.
Temerosa, se levantó y abrió con cuidado, esperando a un 2º espíritu de la navidad.
-Qué rápida, normalmente tardan más en venir a por mí
-¿Kyro?
-Sólo en apariencia, ya sabes, el espíritu del presente
-Pe..
-Kyro la cogío de la mano, le guiñó un ojo y saliron volando otra vez, chupando frío
-¿Por qué tú?
-Porque me has perdido, no estoy muerto físicamente, pero tú sí lo estás para mi
...
Llegaron a la casa de Kyro, en Asturias y a través de la ventana pudieron observar al chico, que acababa de cerrar una ventana abierta por la chica en el Messenger
-Lo siento...-pronunció el chaval
-Por una estúpida discusión-dijo el espíritu
Volvió a aparecer en el sillón
Entre lágrimas comenzó a decir, arrepentida:
-Maldita sea..maldito el orgullo, maldito su orgullo y el mío también!
De repente notó un sonido procedente de las escaleras que llevaban a las habitaciones. Dedidió no moverse de allí, lo que más le aterraba era conocer su futuro
Entonces un aliento gélido acarició su cuello, produciéndole escalofríos... pero Karela aguantó y no emitió ni un sólo sonido, tratando de respirar lo más calmada y pausadamente posible para sus pulmones.
Entonces su faz se tornó pálida y el pánico la atrapó
¡Ifrit era el siguiente espíritu, el del futuro!
-Cari, ¿qué haces aquí? ven a la cama, te va a coger el frío con la ventana abierta
Su aspecto era cadavérico, casi sin carne, con la piel pegada a los huesos, enormes ojeras casi imperceptibles por el hueco que habían dejado sus ojos...
Sin pronunciar palabra y sin querer saber el final de aquella visita, siguió al tercer espíritu, temiendo algo todavía peor a lo que podía siquiera imaginar...
En línea
Regalo invitaciones para series.ly, privado con vuestro email para conseguirlas
http://elmiedohieremas.blogspot.com/2011/11/anecdotas-extranas-de-los-estudiantes.html mi blog :p
Mi blog
Zero-
Lord Setzaku
Desconectado
Sexo:
Mensajes: 5.490
Nuestra Navidad I y II
«
Respuesta #26 :
Diciembre 29, 2005, 23:49 »
-Enilla uno cinco uno, te odio-la voz de Pokelink enfilado arriba de la mas alta de las torres retumbaba por toda la Ciudad de las Catedrales
-Vamos Pokelink, que no tenemos todo el día, me estoy muriendo de frió, acaba de una vez!!!-la voz de Leo era apenas ininteligible, puesto que llevaba un par de buenas bufandas de lana
-Además, te he oído-la voz de Enilla se oía desde lo alto de la torre- como no termines, te quedas sin cena!!
-Arg, odio su perfeccionismo!!!!
-Poke…si tampoco es para tanto…
-Tu crees normal obligar a alguien a enfilarse a la mas alta torre, a las once de la noche, a once grados bajo cero a COGER UNA ESTRELLA????
-Bueno, puede que se haya pasado un poco este año…
Minutos mas tarde, con la ayuda de Minun, consiguieron bajar a Pokelink, totalmente congelado, pero no toda derrota es mala, por fin, casi dando su propia vida al exponerse al frió, había logrado una gran victoria, desobedecer una orden de Enilla.
-ves? Te dije que una estrella no se puede coger solo con un cazamariposas!-acto seguido, se desplomo…
La enorme sala del Limbo, ahora algo vacía, había poca gente ,esperando ansiosos la Gran Cena que se celebraría en la Gran Biblioteca a las doce de la noche, habían ofrecido una cuantiosa suma de dinero a Líam para contratar a unos veinte cocineros de primera clase, por la cual cosa Líam decidió cerrar la Gran Biblioteca porque tenia que cocinar solo, para todos los users del foro…
De mientras, en El limbo, que de momento eran pocos users, decidero hacer algún juego navideño, pero las ideas de “Piñata con Enilla Dentro” fue brutalmente rechazada por idem…después de reanimar a Minun, decidieron que una batalla de bolas de nieve podría resultar divertida, y abriría el apetito…pero vieron que una enorme tormenta soplaba al exterior, y de repente, salto la luz.
Un poco asustados, se acercaron al fuego…las caras iluminadas de los chicos reflejaba un poco de miedo, pero sabían que estando juntos no pasaría nada…
-Tengo que ir al lavabo-dijo con voz seca, Kyro-puede alguien acompañarme?
Después de matarlo con las miradas, le pidió a Karela si podía darle la mano y acompañarla al baño, pero una voz detrás suyo sonó de repente:
-ya te acompaño yo, a ella déjala descansar-dijo Ifrit, con una voz demasiado amable- y cojeme la mano fuerte, eh?
Dejando tras de si un chorro de lagrimas, Kyro e Ifrit desaparecieron.
-Estamos todos?-dijo Karela-creo que nos falta alguien…
-a ver…Minun, Leo, Pokelink, tu, Karela…Kyro e Ifrit están haciendo manitas en los lavabos…Líam esta “cocinando” en la gran Biblioteca…y…
Todos miraron a Eni…
-¿¿y…??
-A quienes dejamos a cargo del árbol de navidad????
-a Elec!!!!!
Todos corrieron, entraron a la gran sala oscuro, y allí estaba junto a un adornado árbol: Elec, haciendo circulitos al suelo.
-Por fin!!!-gritaron todos y se dirigieron hacia él…
Elec se levanto con una gran sonrisa, cosa que acabo al ver que abrazaban al árbol
-Lo terminaste, que bonito!!
Después de llevarse a Elec, siguieron calmados junto al fuego…
-una cosa…-empezó Elect
-si, que pasa con la cena?-dijo Leo indignado-hace ya media hora que tengo hambre!
-no, si lo que quiero decir es que…
-Leo, eso no es una medida de tiempo para decidir cuando es la hora de la cena-dijo Pokelink-además, piensa quien esta cocinando…
-a mi se me ha quitado el apetito…casi prefiero mi dieta de la piña…
-eh, que no nos olvidamos de alguien???-dijo Elec, algo asustado…
-no, que yo sepa…
-ejem, y que pasa con el árbol de navidad que habéis mandado adornar, que esta en el EXTERIOR?
Un goteo sonó a lo lejos, se oyeron algunos grillos “cantaban” y una bola de espinos paso cerca
-dios, que mal esta el servicio de limpieza del foro…
-ZERO!!!!!!!!
Salieron aprisa y vieron que el cielo era totalmente oscuro, pero sin ninguna nube, sonaba una suave brisa, y el patio era totalmente blanco…allí, estaba Zero…con un pequeño fuego encendido…
-Zero, tío, estas bien?-dijo Leo
Con cara triste, levanto la cabeza y los miro, extrañado…-que hacéis vosotros aquí?
-Nos tenias preocupado!-dijo Karela-estamos a menos once grados!
-Es cierto…porque estas aquí?-dijo Minun
-Tenia que preparar una cosa, eso es todo…
De repente, por los megáfonos, la voz de Líam sonó, informando que ya podían ir a la Gran Biblioteca.
Estaba maravillosamente adornada, todas las columnas con hermosas tiras doradas y campanas de plata, varios árboles con grandes y relucientes bolas rojas y una brillante estrella de oro encima, una hoguera con un fuego vivo, el suelo tapizado con unos hermosos tapices de color naranja, todas las paredes estaba adornadas con grandes girlandas y al fondo de todo, un enorme pesebre.
-Chicos, a comer!
La hermosa mesa de roble, con todo de platos encima, relucía en el medio de la sala…los manjares, la mayoria quemados, parecían ser incomestibles y algunos hasta tóxicos…
-Líam, empieza tu, por favor…
-vaya, muchas gracias!
Luego empezaron a discutir quien tendría que hacer la cena, y quien se quedaba con el puesto de moderador....pero Líam despertó, y lastimosamente continuo dirigiendo la gran biblioteca durante mucho tiempo.
-yo haré la cena.
Todos se dirigieron hacia Zero, era alguien que no solía participar en muchas cosas y lo tenían algo apartado siempre, era algo raro que se ofreciera a hacer la cena…acaso los envenenaría por venganza?
Mientras Zero entraba a la cocina, llegaron Ifrit y Kyro
-Vaya, para ir al lavabo habéis tardado mucho, no?
-bueno, si quieres te cuento lo que ha pasado…
-esta bien, habla…
-resulta que…
-Ya podéis venir a comer!-dijo Zero
-otro día lo cuento…
Sorpresa, la cena era exquisita, después, cantaron un rato, charlaron, y incluso acabo con Leo, Pokelink y Kyro bailando…Minun estaba otra vez al suelo porque intento sacar a Enilla a bailar, pero Karela parecia ser mas marchosa y bailaba de maravilla, cosa que no podía decirse de Kyro, que parecía un pato.
-Venga, Zero, ven a bailar!-dijo Karela con tono alegre-que estamos en Navidad!
-No se bailar…mejor me quedo aquí…
Ifrit y Elec intentaban hacer una pirámide de palillos, pero no se ponían de acuerdo quienes eran los palillos machos y cuales los palillos hembras, y como Ifrit no quería que dos del mismo sexo se juntaran, no iban demasiado rápido…
Cuando acabaron, todos se juntaron y se dieron la mano, hablaron y vieron que faltaba alguien…
-Zero, anda, ven aquí-dijo Elec
-Queremos estar todos juntos-dijo Karela-no será lo mismo sin nuestro gran cocinero!
Zero levanto la mirada hacia el patio, pulso algo que tenia en mano, y un cegador resplandor apareció detrás las cabezas de los otros…lentamente se giraron y vieron a un enorme árbol de navidad con muchas luces, y un mensaje escrito con letras blancas, muy grandes, sonrieron y se giraron, Zero ya no estaba.
Un mensaje de luz que decía…FELIZ NAVIDAD, AMIGOS
«
Última modificación: Diciembre 30, 2005, 10:42 por Zero
»
En línea
Líam
Mago Blanco
Moderador
Desconectado
Sexo:
Mensajes: 8.257
Nuestra Navidad I y II
«
Respuesta #27 :
Diciembre 30, 2005, 20:37 »
Aquella noche sí que era fría. El viento frío no perdonaba y cada uno de sus roces era como mil cortes de afiladas cuchillas de hielo, que hacían temblar las patas de la pobre mula. Aún así, el animal avanzaba, impertérrito, llevado por su amo, con la mujer a cuestas y bajo aquel manto de estrellas, que titilaban, dando la sensación de que ellas también temblaban por el frío.
El camino del desierto era realmente duro, al menos no tanto como las arenas que habían pasado antes, pero aún así el suelo era áspero y polvoriento y el hecho de no ver ni un mísero rastrojo cerca hacía que auno se le cayera el alma a los pies.
Por suerte aquella era una noche luminosa. Puede que la luna brillara con más fuerza que de costumbre, puede que la cola de aquel magnífico cometa que había aparecido de la nada fuera el origen de aquella luz tan blanca, tan pura, tan cálida. La misma atmósfera de la noche era pacífica y calmada, como una balsa de aceite, un buen sueño que no se desea que acabe.
Pero el animal ya veía las luces de una ciudad a lo lejos y apresuraba el paso todo lo que podía, deseoso de, si al menos no podía echarse nada a la boca, descansar de aquella caminata extenuante. El hombre sonrió a la mujer y ésta le devolvió la sonrisa, acariciándose el vientre hinchado, en buena esperanza.
- Ya queda poco- le dijo y ella volvió a sonreírle, recostándose un poco en la angosta montura.
Las afueras de la ciudad no presentaban mayor diferencia al mismo desierto, tan sólo los edificios hacían el panorama distinto, pues no había un alma en la calle y la mayoría de las luces estaban ya apagadas. Era normal. Corrían malos tiempos y nadie estaba para celebrar muchas fiestas, tan sólo querían descansar para despertar al alba del día siguiente e intentar sobrevivir una jornada más. No era agradable, no era esperanzador, pero era lo que había y al menos no estaban muertos... porque era mejor, ¿no?
Tocaron a las puertas de varios hostales y refugios y tras muchas luces apagadas y ninguna respuesta, el animal comenzaba a cansarse.
Los nudillos del hombre resonaron secos y suaves sobre una humilde puerta de madera, que apenas se tenía en pie. Esperó, pero no ocurrió nada. Llamó una segunda vez. Nada... ¡O sí? Las luces de una ventanita justo al aldo se encendieron y oyeron crujir los muelles de una cama. Tras unos pasitos lentos y acompasados, el ruidito de la cerradura llenó los corazones de la pareja de alegría y, ¿por qué no reconocerlo? también el de la mula.
La hoja de madera se abrió y pareció salirles al encuentro una lucecita, pues el pequeño candil apenas iluminaba el rostro de su dueña. Cansado, ajado, tostado y maltratado por la vida de aquellos últimos años, pero también amable y con la expresión de paciente sabiduría y benevolencia con la que obsequia la edad a aquellos que no intentan esconderla.
- ¿Se les ofrece algo?- preguntó, con voz quebrada.
- Buscábamos cobijo- explicó el hombre con tono suave y una pequeña sonrisa-. Mi esposa está en cinta y no sabemos cuánto más tardará el bebé en llegar.
- Lo siento, me temo que no tengo espacio...- se disculpó la anciana, volviendo a cerrar la puerta e introduciendo de nuevo el candil en la oscuridad de su casa.
- Por favor...- rogó el hombre, deteniéndola con una mano en la puerta.
La mujer los miró a ambos. Ella intentaba disimular el dolos de las contracciones y sonreír y al cara de él era surcada por amplias ojeras grisáceas de agotamiento.
- Hmmmmm...- torció la mujer el gesto-. Sea, pero tendrán que conformarse con poco, que es lo que tengo.
Volvió a introducirse en la casa y sacó una mantilla marrón de lana y un manojo de llaves unidas por un gran aro de latón. Cerró con llave la puerta y comenzó a andar con su paso lento y oscilante. El hombre ayudó a su mujer a bajar de la montura, que resopló, liberada, y los tres siguieron a la viejecita en curiosa procesión alrededor de la pequeña y humilde casucha.
En la parte posterior, a la derecha de una pared sucia y en mal estado, se abría un pequeño establo con el techo de madera y agujeros tapados con paja. Más de ésta había dentro, donde apenas había sitio para el animal, que compartiría descanso con un buey famélico y los dos viajeros.
Los brazos fuertes y curtidos del caminante depositaron a su mujer sobre un montón de hierba seca y ambos se echaron a dormir.
Fue alrededor de medianoche cuando ella le despertó, sudando, con la cara y el gesto en continua contracción y él comprendió que el momento había llegado. Comenzó a acomodar otro montón de paja, cuando por la puerta de la cuadra apareció la anciana, con agua caliente, paños húmedos y pañales.
Fue un parto fácil y la madre apenas sufrió, aunque si por su aguante hubiera sido, la impresión sería la de una concepción completamente indolora. El niño tampoco lloraba mucho y jugaba con el dedo índice de su padre, cogiéndolo con sus diminutas manitas, pues ni siquiera era capaz de ver, todavía. La anciana se disculpó y volvió a entrar en la casa con las telas ensangrentadas y el agua ya turbia.
El padre contemplaba a su hijo con adoración, con ese amor dulce y cariñoso que llega a ahogar si se intenta rehuir. Miraba sus pienecillas, su cuerpo arropado en un cendal blanco y la risita de aquella cara angelical. Cuanto más le miraba, más se convencía de que aquel mundo podía llegar a ser un lugar maravilloso y de cuán grande era el poder de la vida, que convertía al hombre en un ser capaz de crear aquel milagro.
- Déjame cogerlo...- dijo ella, con la cara soñolienta por el esfuerzo y unos ojos que buscaban el cariño de aquel nuevo ser.
Él se lo dio con cuidado y ella lo acunó junto a su pecho. Su cabello largo y suave caía sobre la cabecita del niño y le hacía cosquillas. Sabía él que los ojos de ella habían dejado de pertenecerle desde el momento en el que se encontraron con los del pequeño, sabía que, aunque su hijo y él fueran uña y carne, ella estaba unida al bebé por un lazo invisible que él nunca podría siquiera imitar. Los veía allí, acurrucados, felices, la estampa más luminosa y cálida de aquella fría noche y sintió que su vida era plena, que nada en el mundo podía hacerle más feliz, puesto que...
¡Pum!
Todo ocurrió en un suspiro, apenas él mismo fue consciente. En un latido, en un momento, en una milésima de segundo, todo aquel universo desapareció de un plumazo dejando tras de sí la nada más absoluta.
Acarició el cuerpo de su hijo, llorando, negando lo evidente, con miedo siquiera a cercar sus dedos a aquel minúsculo agujero, del que un fino hilillo de sangre era toda la mísera ruina que aquel incidente había dejado atrás. La mirada de su esposa aún conservaba su lucidez, incuso habría sido capaz de mentirse, de creer que aún seguía viva; pero sus ojos ya no miraban al pequeño, no le miraban a él, de hecho, no miraban nada. Sólo estaban allí, quietos, maravillosos, perfectos en su brillante iris de infinitos matices y brillos, como dos hermosas joyas del más excelso corte, como dos piedras preciosas, brillantes y magníficas... pero muertas.
No sabría decir si fue un disparo hecho sin corazón o alma alguna o una simple bala perdida; si fue resultado de una pelea callejera o de un enfrentamiento entre dos bandos; si su autor era un pobre y mísero desesperado, cegado por las caras y estrictas esperanzas de la religión, o un necio paladín de una nación pedante, sabedora de lo que es mejor para todos los pueblos, en su ilustrada y carcomida arrogancia. No sabía, pero tampoco le importaba.
Lo único en lo que pensaba, lo único que lo apresaba era aquella nada, aquel vacío doloroso y cruel que la bala había dejado en él. Quizá no le hubiese rozado siquiera, pero la herida causada era mucho más profunda que si le hubiese alcanzado. Todo lo que había conseguido, todo lo que le reportaba alegría en este mundo, toda luz en su vida se había apagado en aquella noche fría, donde ni siquiera el cometa se veía ya. Toda su vida se había ido en un instante.
Él no había tomado parte en conflicto alguno, era hombre sencillo, de nulo interés en guerras o luchas, ya fueran por su bien, por el de los demás o por el de su alma; sin embargo, aquella bestia negra a la que nunca prestó atención alguna, aquel páramo del que se alejó, salvándose inconscientemente se había tomado su venganza, pues nadie escapa a la omnipotencia del odio, arrogante, que todo lo devasta y más se ensaña con aquellos quienes le dan la espalda, por mano de los héroes de días futuros.
El hombre se desplomó sobre una de las paredes del establo, con los brazos caídos y la cabeza gacha. Estaba condenado a ser un alma negra, que vaga buscando la muerte sin apartarse de la vida, un ser que no le pertenece ni a la vida ni a la parca. No estaba muerto, pero su vida había tocado a su fin.
¡Pum!
En línea
Esta firma es la prueba de que la dominación mundial no está reñida con el arte... ¡Gracias, Eni!
enilla151
Visitante
Nuestra Navidad I y II
«
Respuesta #28 :
Diciembre 31, 2005, 02:24 »
La figura echada descuidadamente sobre la cama apenas sin abrir se movía inquieta, como si los eventos de aquella misma noche hubieran sido capaces de trastocar su compostura cuando sus siempre cuidadas protecciones reposaban en los apacibles brazos de Morfeo. Lejos, muy lejos, el alma viajaba por entre las nubes de lo que la joven durmiente, de haber estado despierta, hubiera calificado desabridamente de "dimensiones oníricas temporales". No le importaba: para un ser incorpóreo, la línea entre realidad y ficción no existía y, mientras dependía de su humanidad el actuar en todo momento conforme a lo que correspondía y al momento oportuno, ella plasmaba, juguetona, una mezcla de deseos, temores, miedos, recuerdos, futuro y destino allá por donde pasaba, combinándolo, ¡cómo no! con los sentimientos de aquellas otras almas que, aunque no lo pareciera, se entrelazaban estrechamente con la suya.
Poco a poco, la mente de la joven empezó a recibir esas señales procedentes del alma y, casi con la misma apariencia que en su propia vida, una mágica escena comenzó a desarrollarse ante sus ojos cerrados.
Apoyada en el resquicio de la puerta, Enilla no sabría decir cuánto rato llevaba mirando a la frágil criatura que, echada en un sofá con expresión abstraída, acariciaba mecánicamente un pequeño peluche blanco con forma de osito mientras repetía, por enésima vez, la música del tan conocido villancico
"Jingle Bells"
, cambiándole constantemente la letra por otras, improvisadas en el momento, de su propia cosecha, pero cantadas de forma tan suave que la altiva presencia a veces se preguntaba si realmente era capaz de continuar inventando, o si sólo eran murmullos que se asemejaban a palabras.
-¡No me puedo creer que siga así!
Una alegre voz la sacó de sus cavilaciones. Al volverse, hubo de retroceder para no caer enteramente en el enorme gorro rojiblanco que, a modo de saco de regalos, había traído la más jovial de las tres alter-egos, y que ahora esperaba, semiabierto, en el umbral.
-¡Kyorai! ¿Qué haces aquí? -la sorprendida pregunta de Enilla se transformó rápidamente en un murmullo apresurado, a fin de evitar molestar a la la casi alienada cantante. Sin embargo, la joven de pelo cobrizo no parecía compartir su preocupación, por cuanto respondió con fuerte voz:
-¿Qué hago? Vamos a ver... Navidad, Papá Noël, Santa Claus, Niño Jesús, San Nicolás, Festividad del Sol si nos ponemos pesaditos... ¿Y me preguntas que qué hago? ¡Ah, y se me olvidaba la Celebración del Consumismo Desenfrenado! En fin, supongo que tendré que asumir que sigues "a tu bola" -hizo un gesto teatral con la mano en dirección al saco-. Son regalos. Escoge.
-¿Desde cuándo haces regal...?
-¿Por Navidad? desde siempre. lo que ocurre es que este año decidí que fueran materiales... ya sabes, no creo que mi presencia espiritual ahí, compitiendo por un poco de control en pro de las risas y la juerga, hubiera sido bien vista con el humor de perros que tienes habitualmente, así que... ¿¡pero quieres coger de una vez!?
-Ya va, ya va... -Enilla se arrodilló en el suelo, revolviendo con sus manos, enfundadas en unos guantes que hubiera jurado que hacía un momento no estaban allí, entre los cientos de empaquetados paquetes de tamaño variado-. ¿Cómo se supone que voy a elegir así? ¡Ni sé lo que son!
Parecía, casi, que partes sensible e inteligible de la misma persona estuvieran sincronizadas, puesto que, mientras en su imaginación buceaba entre incontables presentes, en el mundo sensible hacía mucho ya que sus manos habían arrancado la sábana que servía de bajera, tratando, al parecer de alguien que ignorase lo que pasaba por su mente en aquellos instantes, de excavar en el duro colchón en busca de algo inexistente.
-¡Ay, déjalo! -Kyorai le arrebató el saco de las manos con un gesto de frustración-. Como esto siga así, vas a acabar arrugándolos todos...
-Ni que fueras a hacer algo con ellos -interrumpió Enilla ácidamente, llevándose una mirada de reproche a cambio.
-Bueno, si lo deseas, podemos llamar a Rudolf y le decimos que son nuestra contribución a la causa, a ver si "cuela"... -fijó la mirada en Enilla, cuyo semblante no se alteró lo más mínimo-. ¡Pero bueno, alegra esa cara! No me extraña que tengas a Vivian medio alelada si estás en ese plan.
-¿Que yo tengo a...?
-No, si te parece lleva todo el día cantando ahí por gusto personal, ¡no te...!
-¿¡Todo el día!?
-Decididamente, estás muy mal. ¿Desde cuándo soy yo, precisamente yo, quien te tiene que reprochar a ti consecuencias de actos irreflexivos? Por el amor de Dios, de Mahoma, o de quien sea, criatura, que lograrás hacerme poner seria y todo...
-Kyorai, en serio, es que no sé en qué estaba pensando que no me he enterado... -calló al ver una nueva mirada poco amistosa de aquellos ojos verdes, tan similares a los suyos-. De todas formas... no sé qué le pasa.
-¡Pues pregúntale! Anda que no te falta tiempo para preguntar cuando te conviene. ¡Hale, pregunta, que yo voy a arreglar este desaguisado que me has dejado aquí! Ay, qué chica...
Con un suspiro, Enilla se apartó lentamente de la hiperactiva joven, echándole una última mirada por encima del hombro antes de encaminarse de nuevo hacia el sofá. ¿Tendría razón?
En otro plano, ése que solemos dar por válido a la hora de experimentar aquello que llamamos "existencia", el mismo cuerpo durmiente se arrebujaba en la sábana, ahora libre de cualquier tipo de ataduras, tratando inútilmente de cubrir todo su cuerpo, hasta la cabeza si así fuera posible, con ella.
Al llegar al borde del sofá, pensó en poner suavemente su mano sobre el hombro de la absorta joven, pero en el último momento cambió de idea y se dejó caer a su lado, rodeando su cuerpecillo con su brazo protector. Al notar su contacto, ésta se acurrucó hacia ella, si bien esperó hasta acabar la última estrofa de la canción antes de volver la cabeza y mirarla.
-Hola, Vivian. Perdona que no te haya saludado antes.
Su interlocutora negó con la cabeza. Enilla, a la vez, también movió la suya, y sus ojos entraron en contacto por primera vez.
-No... no importa. Yo tampoco te había visto, lo siento. Estaba... pensando.
Sin embargo, la otra sólo la escuchaba a medias. Los ojos de la, podría parecer, más insignificante de las alter-egos eran un medio de comunicación, involuntario por la otra punta, infinitamente más eficaz que las palabras. Mirándolos, vio en ellos reflejados los propios pensamientos de Vivian, no claros, como cabría esperar de la inocente chiquilla, porque su intimidad le era tan preciada que busca preservar desesperadamente los últimos resquicios de lo que anida en lo más profundo de su corazón, pero sí sinceros, y... dolidos.
Profundamente dolidos.
-¿Y en qué pensabas, pequeña? -preguntó, dulcificando su voz.
-En... no lo sé. ¡En tantas cosas...! -se levantó, y Enilla hizo ademán de levantarse también, pero algo la detuvo mientras Vivian paseaba lentamente por la sala. Se volvió de nuevo hacia ella. -Hay muchas cosas en las que pensar últimamente.
Desde su cómoda postura, asintió con la cabeza. Ignoraba en qué había sido, sus recuerdos flaqueaban en ese tipo de circunstancias, pero era plenamente consciente de que había pasado mucho tiempo ocupada en infinitos menesteres, unos de mayor envergadura, otros de menor, que habían acabado...
-No era nada importante, tampoco -la voz de la casi niña la trajo de nuevo a la realidad, si así podía llamarse-.
-Para mí, dirás. Desde luego no para ti, a juzgar por tu actitud.
Casi podía oír la voz de Kyorai resonando en sus oídos mientras las últimas palabras salían de su boca: "¿siempre tienes que ser tan repelentemente formal?". Se acercó de nuevo hacia Vivian, tomando una de sus manos en la suya, con gesto casual. En ese momento, aspiró el aire fresco procedente de la ventana, aparecida de no se sabía dónde, y una idea comenzó a formarse en su mente.
-Ven, vamos a dar un paseo.
No podía decirse que Vivian fuera una gran conversadora, pensó Enilla mientras caminaba junto a ella, deteniéndose de vez en cuando para coger una u otra flor del jardín, que su compañera se apresuraba a colocar en el cada vez más grande ramo que llevaba en sus manos, rumbo al banco de piedra situado al extremo. Tampoco es que tuviera nada que reprocharle al respecto, ella tampoco lo era, aunque sus razones fueran completamente diferentes. Sin embargo, había una diferencia sustancial entre lo que ambas eran capaces de expresar, y quizás fuera justamente esa diferencia la que les había traído, por enésima vez, a la tranquilidad de los parques.
Como si aguardase algo, el cuerpo se tensó, expectante, y la mosca que se había posado, adormilada, sobre la manta, echó a volar sorprendida, haciendo más eses de las que serían habituales en ella. Miró con desconfianza a su anterior apoyo, inusualmente rígido, y luego, olvidando quizás lo que había acaecido momentos antes, pues poca es la memoria que puede tener una mosca común, volvió a echarse sobre ella.
-Bien... cuenta.
No le preguntó si le molestaba, o si prefería callar... y no necesitaba hacerlo, comprendió Enilla, mientras Vivian trataba de poner en orden sus ideas, aferrándose a ella como un bebé a su madre. Suspiró en un par de ocasiones, o quizás fueran más, no lo sabía, antes de empezar a narrar.
-Eni, son multitud de cosas, de verdad...
-Precisamente por eso.
Su interlocutora se frotó nerviosamente las manos antes de continuar, gesto que, como sabría cualquiera que la conociese lo más mínimo, no provenía de un deseo de mantener una intimidad, sino simplemente de la enorme carga emocional que le suponía recordar cualquiera de las múltiples circunstancias que la habían reducido a ese estado.
-Por ejemplo, el otro día...
-¿Cuándo, ayer?
-No, hace unas semanas, cuando te llamaron de ese pueblo.
-Van Derneer, sí. Continúa.
Meneó la cabeza. ¿Para qué le pedía que continuara, si sabía perfectamente lo que la otra le iba a decir? No estaba orgullosa de la actuación que había tenido, eso era cierto, pero...
-... ella confió en ti cuando te lo dijo, de eso no cabe duda. Y luego tú fuiste a... a la tienda de su familia, a buscarlo y ponerlo a la vista... y ella que había confiado tanto en ti...
Temblaba cada vez más violentamente, y Enilla la abrazó, dejándole que ocultara sus facciones en la fina tela de su vestido, oprimiéndola suavemente hasta que notó, poco a poco, cómo se relajaba.
-Aún recuerdo su cara cuando vio lo que habías hecho... -hablaba muy bajo, casi en un susurro, y prácticamente intercalaba frases inconexas-. La vergüenza que debió de sentir... no supo cómo lo habían descubierto sus padres, ya lo sé...
-Sin embargo, luego se arregló todo, pequeña. Logramos solucionarlo con bien para todo el mundo.
Vivian asintió tristemente, desasiéndose del maternal abrazo.
-Lo sé, pero... ello no quita que viera su cara, que sintiera su dolor...
-Pero es un dolor pasado, criatura...
-¡Ya lo sé, pero el recuerdo sigue ahí! -se levantó de nuevo, pero luego pareció pensárselo mejor y volvió a sentarse otra vez-. No sólo el mío, el suyo... No volverá a ser como antes. A veces me asusta el poder intervenir de esa forma en los destinos de la gente -gimió.
-Chiquilla... Por el mero hecho de existir ya tomamos parte en ellos...
-No deliberadamente. Es horrible verte decidir que algo ha de ser de una forma u otra, y cómo el resto de seres acaban doblegándose involuntariamente a lo planeado.
-¡No exageres! -la regañó Enilla cariñosamente.
-No lo hago. ¿Es así o no?
Dejó que su mirada se perdiera en los cielos, siguiendo los cambios de forma de una nube, antes de contestar.
-Sí... supongo que a veces sí.
La mosca no daba crédito a sus antenas: ¡Otra vez moviéndose! Si no fuera porque era muy cabezota, haría rato que se habría posado en otro lugar más tranquilo. Ahora, para colmo, adoptaba una postura rarísima... Por lo que había visto en el libro entre cuyas hojas había dormido el otro día -gentileza de un estudiante de medicina demasiado somnoliento-, era lo que se denominaba "posición fetal".
Desde luego, menos mal que no había ninguna cámara oculta registrando los hábitos nocturnos de esa chica... ¡qué trajín!
-Kyorai, ataviada con un abrigo que aparentaba ser de piel, pero que saltaba a la vista que era una imitación, mal lograda, además, se acercó hacia las dos jóvenes.
-¿Cómo va todo? ¿Mejor?
-Sí, grac... –empezó a contestar Enilla, volviendo la cabeza hacia ella-. ¡Pero, Kyo, por el amor de Dios! ¿No tienes un abrigo un poco mejor?
-Oh, sí, ya te has ocupado tú de ello, pero para salir al lado de mi casa, éste “va que chuta” –sonrió al ver que Vivian trataba de disimular una risilla.
-Eres incorregible...
-Sin duda. ¿Qué, ya le has contado por qué estabas así? -se dirigió hacia la tercera.
-Bueno... parte.
-¿Sólo parte? Ya son ganas... ¿Y a qué esperas?
-Creo que estaba en ello cuando llegaste -interrumpió Enilla, con voz ligeramente ácida.
-Ah, estupendo, entonces aún no me lo he perdido todo... ¿Qué es, el tercer capítulo?
Antes de que volviera a recibir una réplica mordaz, fue Vivian la que contestó:
-El segundo.
-Bien, mejor para mí... Déjame adivinar de qué va: "¿Enilla es una insensible que no tiene reparos en ser fría con todo el mundo?".
-¡No! -saltó Vivian, repentinamente colorada!-. Enilla no es así.
-No dudo que, a tus ojos, no lo sea, preciosa... pero yo el noventa y nueve por ciento de tus problemas con ella los resumo en esa frase.
-¡Eh! -protestó la aludida.
-Vale, vale... -concedió Kyorai, haciendo un gesto pacificador con las manos-. Dejemos que cuente.
-No es nada nuevo tampoco... -tomó de nuevo la palabra Vivian, parpadeando rápidamente-. La última polémica que hubo en la Ciudad de las catedrales, por ejemplo.
-¿La última pol...? ¡Pero si hace bastante tiempo de ella! -la cortó Enilla, antes de añadir, más lentamente-. Gracias a Dios.
-No es necesario que haya muchas... -meneó suavemente la cabeza-. Simplemente, es que...
-Que te da rabia el ver cómo Eni tiene que ponerse en plan justiciero y el aplicar dos o tres sanciones, independientemente de la amistad que sienta por los implicados y de los mal que sepa que les va a sentar -asintió Kyorai-. ¿Qué? -continuó, al ver que las otras dos cabezas se habían vuelto hacia ella con expresión reprobadora-. Es la octava o novena vez que estamos en semejante plan, ¡no esperaréis que no me lo sepa ya!
-Quizás a Vivian le haga bien verbalizarlo -la atajó la autoritaria alter-ego, fulminándola con la mirada.
-Sin duda... pero yo entonces me habría aburrido infinitamente...
Enilla fue a interrumpirla de nuevo, cada vez más airada, pero esta vez Vivian se le adelantó.
-No... Déjalo. En todo caso, Kyo tiene razón -fijó sus ojos verdes en los suyos-. Era eso.
-... me habría aburrido infinitamente -continuó Kyorai con su parlamento, desatendiendo a las otras dos, y entonces no habríamos llegado a lo único que hay aquí mínimamente novedoso hasta el día del juicio.
-¿Novedoso? -preguntó Enilla.
-En el sentido de actual, claro... Porque, como verás dentro de un rato, lo cierto es que yo encuentro la causa de todos vuestros mutuos problemas en la conclusión que, si no se te han frito las neuronas, sacarás del último caso.
-¿Vas a dejar de hablar en jeroglíficos? -la increpó la joven, cada vez más irritada.
-Ay... ¿qué más te da? Cuánta razón tienen quienes juran y perjuran que tu sentido del humor hace siglos que visitó la funeraria...
-¿Qué podría decir yo entonces de quienes afirman que eres una irresponsable con patas?
-Diles que se llaman piernas.
-¡Serás...!
-Irresponsable, incoherente, inaguantable... Me aplico todas las palabras que lleven el prefijo "in", vale... Sin embargo, y si no me equivoco, creo que esta conversación era entre Vivian y tú.
Enilla resopló furibunda antes de apartarse un mechón de pelo de la cara.
-¡Si has sido tú quien ha ido a meter las narices!
-¿Sí? Bueno, entonces acabaré yo... Enilla, tú tienes la ventaja de tener a Vivian tirando ahí detrás de ti, así que, si alguna vez ves que está muy mal, es que te has pasado con alguien... Al menos así tienes la garantía de que sigues siendo una persona, y no un bot, como afirman las malas, y no tan malas, lenguas. Y, en cuanto a ti, Vivian... eres una persona maravillosa, y es realmente algo digno de elogio y admiración el que tengas esa sensibilidad tan exacerbada, pero tienes que comprender que, si no hubiera alguien para poner orden, el mundo no nos duraría tres quince.
-Si todo eso lo sé, es sólo...
-¿Sólo? -la cortó Enilla esta vez, llevándose una mirada divertida de la jovial chica convertida inesperadamente en la voz cantante de la reunión.
-Sólo que me da tanta pena...
-Eso es normal, criatura... -musitó la, en opinión de todos, insensible alter-ego, acogiendo a Vivian en sus brazos, como si de un bebé se tratara, y meciéndola suavemente.
-Como esto siga así, se le va a contagiar la llorera y todo -ironizó Kyorai, aprestándose a sacar un cuidado pañuelo bordado de uno de sus múltiples bolsillos, para enjugar las lágrimas que amenazaban con escapar con los labios de la frágil Vivian.
En otro plano, las palabras de Kyorai habrían resultado ciertamente proféticas, pues, como si tuviera un extraño sentido premonitorio que le advertía de lo que había de venir a continuación, un abundante torrente de lágrimas escapaba de los ojos de quien estaba sumida en lo que parecería el más dulce de los sueños. Con gesto casi compulsivo, se aferró a la almohada, escondiendo en ella su cara, mientras una muy sorprendida mosca volaba, tratando de sacudirse las gotitas adheridas a sus alas, y buscando una ventana que le facilitara la salida de aquella habitación con esa cama de locura.
-Bueno, vamos a ver... ¿cuál es esa última cosa a la que hizo referencia Kyo?
-Pronto te dejas de sentimentalismos... -comentó ésta.
-Es... lo de esta noche, Eni.
La interpelada desvió la mirada al oír las palabras, que había esperado y, además, había temido. Aquella noche... Las imágenes de lo que había sucedido le vinieron a la mente... la gran Biblioteca Adornada... la discusión... el estallido de Líam...
-¿Enilla?
-Creía que sólo era Vivian la que se perdía en sus ensoñaciones.
-¿Eh? ¡Perdón! No, estaba... recordando.
Los ojos esmeralda, habitualmente, bajos, la miraron con fijeza.
-Eni... ¿por qué no fuiste tras Líam cuando este salió corriendo?
-¿Cómo? -murmuró ésta estupefacta.
Habría esperado algún reproche del tipo "¿por qué nunca la gente se lleva bien", o incluso "¿por qué no pudiste hablarlo con ellos sin discutir?". Hasta una pregunta del estilo "¿dónde quedó el espíritu de la Navidad?" hubiera sido más lógica. Pero... esto...
-¿Por qué debería?
Sus dos compañeras la miraron con expresión escandalizada, pero fue de nuevo la más débil de ambas la que respondió.
-Porque es tu amigo, y... no...
-No parecía encontrarse muy bien que digamos -la ayudó Kyorai.
-Exacto -asintió Enilla, aferrándose a una tabla ardiendo, como metafóricamente se decía-. Precisamente por eso, si estaba triste... ¿para qué iba yo a molestarle, encima? ¡Hice lo que tenía que hacer! Estuve tratando de calmar los ánimos ahí abajo... fui de mucha más ayuda.
-No te lo crees ni tú.
La joven se volvió, sorprendida ante tanta brusquedad en alguien que, habitualmente, a duras penas levantaba la voz.
-¿Cómo dices?
-Si alguna vez te echas a llorar... Dios no lo quiera... querrías un hombro en el que apoyarte, ¿no?
-Mejor un pañuelo.
-¡Eni, por favor! -casi gimió Kyorai-. ¿Qué te parecería si, estando tu mal, tus amigos no se preocuparan por ti?
-Esto... no pasará nunca eso, espero...
-¡Entre otras cosas porque, con tal de evitarlo, procuras estar bien lo máximo posible! ¿Por qué no eres ni para concederles ni un voto de confianza a tus amigos?
-Porque... sólo faltaría que tuvieran que estar a mi lado. Tienen cosas mejores que hacer.
-Y tienes un miedo horrible a que prefieran esas otras cosas a ti -dijo Vivian, con voz seca.
La joven se quedó paralizada. Que ese tipo de cosas salieran de la boca de Kyorai, de acuerdo, nunca se sabía cuándo estaba bromeando y cuándo no. Pero Vivian... Vivian era diferente.
Se volvió hacia ella. La envidiaba. Envidiaba cómo podía siempre demostrar lo que sentía, actuar como así lo creía conveniente, y que todo el mundo la adorara... Nadie dudaba del amor que sentía por todos y cada uno de ellos, de manera individual...
-Enlazando con lo que estás pensando -tomó la palabra Kyorai-, y antes de que caigas en una depresión profunda, permíteme decirte que, gracias a tu defensa, a nuestra querida figurita de porcelana no se la han cargado ya.
-Estas tú...
-... en las nubes los trescientos sesenta y cinco días del año, sí. Resulto de lo más útil, pero gracias por el reconocimiento.
-En todo caso... es que una cosa se deriva de la otra, Eni.
-¿Qué dices?
-Líam ha debido de sentirse tremendamente feliz al ver que ninguno de sus cacareados amigos estaban allí para ayudarle, eso dice...
-¿Eh?
-Básicamente, que a veces deberías tomar ejemplo de esta pequeña criatura y decirle de vez en cuando a la gente lo mucho que te importa -continuó Kyorai-. Más que nada porque, por mucho que el voto de confianza que conceden tus amigos sea infinitamente mayor que el tuyo, algo que tendrías que agradecer, por la otra punta...
-... todo el mundo necesitamos saber que la otra persona nos aprecia de veras... aunque sólo sea para recordarlo y evitar que no se nos olvide, Eni -finalizó Vivian.
-Tómatelo como tu propósito de Navidad... el caso de esta noche sólo ha sido un ejemplo de lo que deberías haber hecho y no hiciste.
-¿Y si lo hubiera estropeado? -balbució Enilla, mientras se le amontonaban las ideasen la cabeza.
-Oh, habría sido una pena, estoy de acuerdo... pero creo que una mano amiga nunca viene mal, y ahí abajo tienes muchos buenos amigos. ¿O no?
Una sonrisa melancólica apareció en el rostro de la joven.
-Sí... logró decir.
-¡Solucionado! A partir de ahora, en estos casos, dejarás que Vivian tome las riendas. maldito témpano de hielo de la puñeta... -agregó, cariñosamente.
-¿En serio? ¿Lo harás? -sonrió Vivian.
-Bueno, supongo que puedo intentarlo... -hubo de moverse para evitar que ésta, al lanzarse hacia ella para abrazarla, se diera de bruces en el suelo- a veces.
por encima de las cabezas de ambas, Kyorai sonrió, y el pensamiento de Enilla le llegó más claro que si fueran palabras. "A veces creo que tú eres la más sensata de las tres..."
-¡No me insultes! -rió, antes de darse media vuelta y desaparecer, haciendo juegos malabares con unas pelotas de ping-pong que sabía Dios de dónde las sacó.
Mucho más abajo, entre las estrellas y en una cama enorme, una figura dormida respiraba pausadamente, con una sonrisa en los labios...
«
Última modificación: Enero 01, 2006, 23:47 por enilla151
»
En línea
Kyro
Se?or de la Oscuridad
Desconectado
Sexo:
Mensajes: 5.448
Nuestra Navidad I y II
«
Respuesta #29 :
Diciembre 31, 2005, 14:24 »
La habitacion reposaba en silencio, la luz de la luna se colaba por la ventana iluminando debilmente la estancia, decorada en tonos azabache las paredes emitian debiles reflejos dando un ambiente magico a la escena; en el centro Kyro dormitaba apaciblemente en su cama, arrebujado entre las mantas... SIn previo aviso su rostro se tenso y acto seguido se revolvio, dejando la cama medio desecha...
Espeluznantes sombras danzan en las paredes de piedra desnuda, sombras formadas por el misterioso crepitar de las llamas que alumbran y calientan la estancia, una figura encorvada se perfila ante el fuego; su mano izquierda descansa sobre una tosca repisa de madera situada sobre la chimenea, su mano derecha sostiene una copa de cristal fino cuyo contenido oscila a causa del dubitativo pulso del hombre... con paso lento y correoso se acerca a la ventana, al llegar junto a ella se detiene un instante a observar como la nieve va cubriendo todo el pueblo con su blanco manto; la luz de las farolas ilumina su rostro, las arrugas y el pelo cano muestran su avanzada edad, ojeras causadas por largas noches de insomnio en soledad... con una mano temblorosa cierra las contraventanas dejando la estancia iluminada tan solo por la diabólica luz de la fogata; se acerca a la butaca que reposa frente al fuego y se deja caer como si fuera un fardo, el contenido de la copa salpica el suelo manchando la raida alfombra que cubre el frío suelo de piedra, se lleva la copa a la boca y toma un largo trago vaciándola prácticamente de licor...
Al otro lado de las frías paredes los muchachos del pueblo disfrutan de las primeras nieves del año bajo la atenta mirada de sus progenitores, las risas de los jóvenes se sobreponen al lastimero llanto de la ventisca que se aproxima... Una pareja de adolescentes camina con paso firme sobre la nieve, el brazo del chico rodea con aire protector la cintura de su amada; el frío no hace mella en unos jóvenes huesos protegidos por el calor del amor. Lentamente se pierden entre las sombras de los pequeños callejones; en la mayoría de las casas hay madres, padres, abuelos y abuelas preparando la cena de Nochebuena, mientras unos ponen la mesa otros le dan los últimos retoques al menú... hay alegría en el ambiente; la ventisca ruge con fuerza, quiere hacerse oír, y los padres comienzan a llamar a sus hijos para buscar refugio en la seguridad de sus hogares... pero ninguna tormenta puede borrar la sonrisa del rostro de los chicos; ninguna catástrofe natural lograra apartar de la mente de Clara el trenecito que esa noche le regalaran, ninguna hecatombe hará olvidar a Luis las delicias que su abuela pondrá en la mesa para cenar, nada hará que los niños pierdan la ilusión... En el centro del pueblo una joven de pelo oscuro y ropa de un débil color azul observa con cara sonriente a las familias reuniéndose al abrigo de sus hogares.
Aunque, no todo el pueblo es alegría, una vetusta mansión se distingue en la parte norte del pueblo, ha pertenecido a la misma familia durante siglos, y hoy, el ultimo de la estirpe vive en ella, un hombre arisco y solitario, los años han pasado causando estragos en su rostro que una vez fue adorado por todas las mujeres de la comarca. Este hombre se encuentra acomodado en su butaca de piel en el centro del salón, sobre la chimenea una botella de licor vacía, en su mano derecha la copa que contiene unas pocas gotas de bebida, lentamente vierte las escasas gotas de licor en su boca, las ultimas que mojarían sus labios... su mano se contrae en un gesto de dolor apretando con fuerza la copa para presto dejarla caer al suelo, una, dos y tres veces rebota el vidrio en la alfombra antes de romperse en varios pedazos; con un halito de vida se incorpora e intenta salir d la casa pero antes de la puerta de la sala sus piernas dejan de sostenerles y cae desplomado al suelo, pero para cuando su cuerpo contacta con la alfombra su corazón ha dejado de latir...
En medio de la ventisca la dama de azul clava su mirada perdida en la mansión del hombre... lentamente, casi imperceptible, una lagrima recorre su mejilla...
En línea
Páginas
1
2
3
Atomic
|
Zona Creativa
|
Gran Biblioteca
(Moderador:
Líam
) | Tema:
Nuestra Navidad I y II
« anterior
próximo »
Ir a:
Por favor selecciona un destino:
-----------------------------
Inicio
-----------------------------
=> Normas
-----------------------------
General
-----------------------------
=> Japan
=> Consolas y PC
===> Pokémon Games
===> Juegos Online
=> Ocio
===> Rol
===> Juegos por Palabras
=> El Limbo
===> Dudas Existenciales
-----------------------------
Zona Creativa
-----------------------------
=> Gran Biblioteca
=> Artes Gráficas
===> Expo
===> Peticiones
===> Herramientas
===> Arena Atomic
-----------------------------
Administración
-----------------------------
=> Red Atomic4ever
=> Dudas, quejas y sugerencias
=> Administración/Moderación
Imprimir
Búsqueda Avanzada
Página creada en 0.772 segundos con 23 consultas.
Powered by SMF 1.1.13
|
SMF © 2006-2008, Simple Machines LLC
Pn-Pn Theme by koni.
Cargando...