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Mayo 23, 2012, 13:08
Atomic
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(Moderador:
Líam
) | Tema:
Nuevo mundo, nuevas reglas [Relato Largo]
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Tema: Nuevo mundo, nuevas reglas [Relato Largo] (Leído 2103 veces)
Jabe
HoNk HoNk
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Re: Nuevo mundo, nuevas reglas [Relato Largo]
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Respuesta #30 :
Junio 26, 2007, 20:32 »
(Capitulo 29, tengo la esperanza de no necesitar hacer uso de edits para arreglar ciertas cosas, así que pido que, por ahora, no os encariñéis demasiado, por favor (esto va para Zero y el uso que he hecho de su pj en esta ocasión) y para eni... no, no sale Kyo... En cuanto al resto... ¡Espero que os guste! Ya que hay bastantes cosas nuevas que pruebo por primera vez en este capitulo,
)
Amaneció y el grupo empezó a despertar, sorprendidos por una extraña visión.
La muchacha morena que Jabe había salvado el día anterior estaba ahora pegada a éste, dormida y con lágrimas en los ojos.
Los gritos de Tiff despertaron a Jabe, que al verse agarrado reaccionó liberándose bruscamente, despertando a la joven, que se frotó los ojos, aún somnolienta.
-¿Pero qué?
-¡Ehem! ¿Se puede saber qué has estado haciendo, eh? ¿No te habrás aprovechado de ella porque la salvaste ayer, verdad?
-¿Qué? ¡No! Si yo he estado durmiendo.
-¿Durmiendo? Ya…
Ante esa escena, la muchacha de ojos azul zafiro no pudo evitar empezar a reír.
-Si si, ahora ríe ella. ¿Se puede saber qué hacías pegada a él? –preguntó Eternal con el mismo aire risueño de Tiff.
-No seáis estúpidos, no han hecho nada. ¿No ves que se llevan unos cuantos años de diferencia? –Teleysa acababa de aterrizar cerca de donde estaba el grupo.
El grupo estaba apostado a las afueras del pueblo, en el lindar del bosque, más o menos escondido.
-¡Claro! ¿Y desde cuando la edad ha sido un obstáculo cuando un chico y una chica se quieren? –Oxidas estaba ahora metiendo cizaña, para él eso no dejaba de ser divertido, pero tampoco pretendía meterse demasiado por riesgo de salir escaldado.
-¡Pero si ni siquiera la conozco! Y a todo esto, deja ya de reír y preséntate, ¿no?
La joven morena se ruborizó, respiró hondo y se levantó, estirando un poco la ropa arrugada y con algunos cortes.
-Mi nombre es Kalys, tengo dieciséis años y vivo en…
Unas lágrimas empezaron a asomar en sus ojos.
-No continúes si no quieres, no pasa nada –Teleysa trató de calmarla con esas palabras, pero fueron en vano cuando se abalanzó sobre Jabe, provocando que ambos cayeran al suelo y se echó a llorar con fuerza.
-¿Por qué a mí?
-Bueno… La que te ha tocado, nene –incluso en esa situación Eternal no podía evitar hacer broma.
Eternal, Terbal, Oxidas y Tiff se apartaron un poco pero aún así se podía oír sus sonoras carcajadas al ver la cara de Jabe ante esa situación.
Zero también se había despertado y no pudo evitar soltar también alguna carcajada entre dientes al ver el cuarteto riendo.
Teleysa por su lado trataba de ayudar a Jabe a calmar a la joven como podían, pero cada intento desencadenaba aún más llantos.
Finalmente, la profesora estalló.
-¡Ya está bien! ¡Vale que haya pasado todo esto, pero deberías estar contenta de continuar con vida para contarlo y que alguien pueda ayudarte!
Kalys dejó de llorar ante los gritos, pero aún así continuó sollozando.
-No te pases, profesora. Ya has visto lo que ha sucedido. Es mejor que se desahogue ahora que no que se lo guarde para sí y le haga daño. Venga –Jabe llevó una mano hasta la nuca de la joven y con mirada pacífica se ofreció como pañuelo para sus lágrimas-, quítate este peso de encima con tranquilidad, ya nos explicarás después todo lo ocurrido.
La chica accedió con ojos llorones, se aferró a él con fuerza y continuó vertiendo lágrimas.
Teleysa masculló algo, enfadada, pero accedió a darle tregua a la chica para que se calmara. Se alejó unos metros y volvió a mirar a ambos, más relajada y arrepentida por los gritos. La mirada le cambió a una expresión nostálgica.
-¿A quién hechas de menos, profesora? –Terbal apareció a su espalda.
-¡A nadie!
-Pues no lo parecía. ¡No te pongas roja tú también ahora!
-¿También la cogéis conmigo?
El chico regresó corriendo con el resto del grupo entre risas.
“Menuda panda de críos, pero logran restarle importancia a estos momentos. No sé si esto es bueno, o malo”.
Finalmente, Kalys dejó de llorar y recuperó el habla, aunque su cara parecía bastante desmejorada, empezaba a recuperar la expresión que algún día tuvo.
-¿Ya te encuentras mejor? –preguntó Jabe.
-Sí.
-Me alegro. ¿Puedes explicarnos ya lo que ocurrió?
-Pues… -su mirada volvió a entristecerse.
-¿No lo has soltado todo ya?
-¡Si! Es que… no resulta fácil. Todo ha ido demasiado rápido.
-Da igual, cuéntanos lo que sepas.
Kalys tomó un par de bocanadas de aire.
-Os contaré lo que me dijeron los mayores, pues yo no sé todo lo que ha ocurrido. Hace una semana llegó un grupo de hombres con armas de fuego que decían pertenecer al grupo de los militares –algunos del grupo empezaron a murmurar, pero callaron ante la mirada inquisidora de Teleysa-, solicitaron hablar con el alcalde del pueblo y, por lo visto, la reunión no llegó a ocurrir, los acabaron echando a patadas del pueblo.
-¿No sabes qué era lo que querían? –preguntó la profesora.
-No estoy segura, algunos dijeron que buscaban gente para que se alistara, otros decían que los echaron por su comportamiento altivo.
-¿Altivo? –preguntó Tiff.
-Que se las daban de superiores al resto cuando no lo son. ¡Y no hagas preguntas estúpidas que la hagan parar! –La profesora le propinó una sonora colleja- Continúa, por favor.
La chica rió un poco entre dientes, lo cual logró reducir significativamente su nerviosismo.
-Al día siguiente empezaron a atacarnos un número alarmante de criaturas. Pudimos defendernos de las primeras oleadas, pero cada día que pasaba nos iban ganando terreno. Tratamos de enviar mensajeros, pero no recibimos ayuda. Cuando creíamos que estábamos perdidos, el grupo de militares regresó y, lejos de traer ayuda, pidió a la gente sin armas que subiera en unos camiones para llevarla a lugar seguro. Muchos decidieron quedarse y algunos, como mis padres, decidieron recoger todo cuanto podían llevar e irse. Yo debía irme con ellos, pero una manada de criaturas nos acorraló y me separé de ellos. Lo que recuerdo de entonces es que ellos se alejaban en el camión, tratando de volver para ayudarme, pero se lo impidieron, y yo conseguí esto –Kalys levantó una mano y en ella apareció una katana reluciente, de filo negro y hoja plateada-. El resto creo que carece de explicación…
-Un Arma Única…
-¿Sabéis lo que son?
-¿Te ríes de nosotros? Tampoco estaríamos aquí si no las tuviéramos, llevamos casi una semana viajando por el bosque y nos han atacado criaturas en varias ocasiones –respondió Oxidas, haciendo aparecer su guante.
-¿En serio?
-Todos nosotros nos hemos entrenado en el centro para gente con Arma Única que hay en esta región. Antes de salir de allí también tuvimos un encuentro con algunos militares, los cuales también nos vimos obligados a ahuyentar. Poco después el centro fue destruido por una oleada de criaturas. Por suerte no hubo bajas, pero el edificio fue derrumbado en el ataque, ahora no quedan más que ruinas.
-Vaya… Por cierto, no me había dado cuenta pero ¿cómo os llamáis?
-Es verdad, no nos hemos presentado, disculpa. Este chico con el pelo largo y echado hacia los lados se llama Oxidas. Estos dos con el pelo corto son, por orden de más bajo a alto, Eternal y Tiff. Este muchacho de aquí, moreno, y despeinado se llama Terbal. Ese de ahí con el pelo negro y espalda ancha se llama Zero. Y…
-Tú te llamas Teleysa, te he visto en algunas revistas y programas de la tele, eres bastante famosa.
-Sí, bueno, y este al que llevas agarrada un buen rato es…
-Jabe, ¿verdad? –dijo justo antes de abrazarlo con fuerza- Muchas gracias por todo, te debo la vida.
Tras esto le guiñó un ojo y el muchacho se puso colorado.
-¡No te pongas colorado, hombre!
-¡Cuidado! –gritó Zero justo antes de ensartar a una criatura con su espada.
Un grupo de unas diez criaturas habían rodeado al grupo, aunque habían tratado de acercarse sigilosamente, poco importaba y ahora estaban corriendo en dirección al grupo descuidadamente.
Zero se deshizo del cuerpo de la criatura mientras se zafaba del ataque de otras dos.
-¡Están demasiado cerca! –gritó Kalys.
Jabe se soltó de la muchacha y se levantó, haciendo aparecer una vara en su mano derecha.
-¿Sabes luchar?
-Yo… no muy bien, aún estoy bastante verde.
-No te preocupes, nosotros te protegeremos –dijo justo antes de murmurar unas palabras y salir disparado hacia una criatura que se acercaba por las ramas de los árboles.
El resto del grupo no tardó más que unos instantes en prepararse para combatir y empezaron a hacer lo propio con los atacantes.
No tardaron en noquear a todas ellas aún cuando muchas saltaban de rama en rama como ya habían visto con anterioridad. Por suerte para Jabe, las ramas no resbalaban y no tuvo demasiados problemas en combatir en ellas.
Alguna de las criaturas trató de ensartar a la muchacha, pero fuertes ráfagas de viento se lo impedían en cada intento y las lanzaban por los aires.
Kalys estaba maravillada con las aptitudes para la lucha del grupo.
-¿Ya está? –preguntó Oxidas mientras su masa volvía a recobrar la forma de poring que tenía días atrás.
-¿Ahora te acuerdas de devolverle esa forma?
-Es que cuando no estoy cansado lo encuentro achuchable.
Eternal golpeó a la masa rosada provocando su caída. Una vez en el suelo saltó sobre ella con ambos pies, provocando que explotara en pedazos.
-Ale, ya estoy más tranquilo.
Oxidas mostraba una mirada asesina.
-Bueno va, dejaos de tonterías, debemos ir al pueblo a buscar provisiones, ya casi no nos quedan.
-¿Al pueblo?
-Sí, ¿nos podrías acompañar? Puede que, con algo de suerte, alguien haya vuelto a la vida y si es así nos será más fácil conseguir comida, en caso contrario me temo que nos tocará cogerla de alguna vivienda.
-¿Robar? –Eternal estaba algo exaltado.
-A menos que los propietarios de la vivienda hayan vuelto a la vida, dudo que nos podamos permitir llamarlo de ese modo.
-Vivir a costa de los muertos, suena mal, pero llevamos miles de años a costa de esta idea. ¿Vamos o no? –replicó Jabe.
-Sí, nos dividiremos en grupos de dos –empezó a explicar la profesora-. ¿Te llamabas Kalys, verdad? Tú ven…
-¡Quiero ir con Jabe!
-¿Que qué? Si vienes conmigo estarás más segura. ¿No has dicho antes que no sabías defenderte bien?
-Yo…
-Si te sientes más segura a mi lado te diré que aquí la experta es Teleysa, pero supongo puedes venir conmigo.
-¿Estás seguro, Jabe?
-Si tenemos problemas ya echaré mano de algún conjuro para escapar.
-Como quieras… Entonces Kalys, irás con Jabe.
-Oxidas, tú irás con Zero, Tiff con Eternal y Terbal, tú vendrás conmigo.
-No parecen unos grupos muy equilibrados…
-Puede, pero debemos apresurarnos, quién sabe si volverán a atacarnos pronto. Cuando fui a explorar temprano encontré esto –Teleysa sacó de su bolsa un pequeño mapa del pueblo, muy arrugado y con cortes-, he marcado el itinerario que más o menos debería seguir cada grupo para acabar pronto. Si tenéis problemas con las criaturas que encontréis valdrá más que aviséis como podáis al resto o escondeos, no nos interesa arriesgarnos.
-¿Tanta tontería para ir a buscar comida? –Tiff estaba impaciente.
-Nos encontraremos al otro lado del pueblo y desde ahí continuaremos el viaje por la tarde.
Todos afirmaron y se adentraron al pueblo, algunos tomaron aire antes de entrar para tratar de olvidar las náuseas que provocaba el lugar. No parecía que hubiera menos cadáveres que el día anterior.
-Esto es…
-¿Les conocías?
Kalys negó con la cabeza.
-Mi familia y yo sólo estábamos de paso, pero nos llegaron noticias de que habían bloqueado las carreteras y nos vimos atrapados en todo esto. Pero igualmente, recordar la mirada de las criaturas…
-No te preocupes, si nos atacan, te prometo que te protegeré.
La chica de ojos azules volvió a abalanzarse hacia el muchacho, pero esta vez no cayeron al suelo.
-¿Pero qué…?
-¿Lo prometes?
-Esto ya no es sólo porque te salvé, ¿verdad?
La muchacha sonrió. Un escalofrío recorrió la espalda del joven que, instintivamente, trató de apartarse, pero por otra parte algo dentro de él no deseaba hacerlo.
La chica sonrió.
-Este no es lugar… -la cogió de los hombros con ambas manos y la separó de él suavemente- Nos pueden atacar en cualquier momento y tenemos algo por hacer.
-Es verdad –Kalys se separó y se giró de espaldas, suspirando.
-¿Eres muy lanzada, no?
-¿Te molesta?
-Esto… Es la primera vez que le gusto a una chica.
-¿Y quién dice que me gustas?
-¿Acaso es mentira?
Kalys lo abrazó y le dio un rápido beso en la mejilla. Dio media vuelta y continuó avanzando hacia el pueblo, tarareando una bonita melodía mientras Jabe continuaba inmóvil, completamente rojo.
El viento era suave y cálido, recorría las calles del pueblo, portando el olor de la muerte y arremolinándose a cada cruce.
Oxidas y Zero ya habían tenido un encuentro con tres criaturas que escarbaban cerca de una tapa de alcantarilla aumentando el hedor del ambiente, librándose rápidamente de ellas sin problemas. Poco después pudieron requisar alimentos en un par de viviendas con las ventanas rotas, pero sin señales de intrusión.
Por su lado, Teleysa y Terbal ya habían entrado en un par de casas y se habían agenciado pastas y algo de leche.
-¿No se pudrirán si estamos demasiados días de viaje?
-Bueno, hemos estado unos días comiendo alimentos que guardábamos en las mochilas y ahí seguro que no se conservaban bien, seguro que aguantaréis unos días más.
-Yo y mi hermano hemos usado algunos hechizos que nos enseñó nuestra madre antes de partir…
-Yo también. Y por lo visto el resto también, exceptuando a Zero…
-Jabe se ofreció desde el primer día a ayudarle. No es tan fácil acostumbrarse a esto…
-Sí… Es una lástima que no podamos tomar una ducha con tranquilidad. Pero no podemos hacer más que seguir adelante. ¿Ya has llenado la bolsa?
-Sí.
-Entonces ya podemos ir al lugar donde acordamos.
Tiff y Eternal en cambio no lo pasaban tan bien. Unos minutos después de separarse del resto habían sido avistados por un grupo de algunas criaturas y cada vez iban llegando más. Eternal fue el que lanzó un aviso de socorro lanzando un balón al aire y haciéndolo explotar. Pero a causa de la estructuración de los edificios nadie recibió su aviso.
Eternal usaba todo el tiempo tiros de múltiples balones causando explosiones entre las criaturas mientras Tiff provocaba confusión entre ellas con sus disparos desde lejos para que no evitaran las explosiones.
La suerte estuvo de su lado cuando las explosiones derrumbaron algunos edificios, provocando la caída de runas sobre las criaturas, logrando detener su avance y reducir su número.
Tras unos minutos, que parecieron horas, no quedaba más que una gran hilera de restos de las criaturas que los habían atacado.
-¡Bien! Ha sido pan comido.
-No te pavonees venga, que si no llega a ser porque he derribado esos edificios…
-Sí, pero me aseguraba que caían en la trampa.
Estuvieron unos minutos discutiendo esa victoria aplastante. A su alrededor había alrededor de una treintena de cadáveres de criaturas.
-Parecéis muy felices por haber derrotado a esa escoria.
-Quizá demasiado para lo que os toca ahora.
-¿Quién os creéis que…? –las palabras de Tiff se vieron cortadas al ver qué era el origen de esas palabras.
Jabe y Kalys ya habían logrado llenar sus mochilas y caminaban tranquilamente entre los montones de cuerpos sin vida, como si sólo fueran piedras en el camino que esquivaban ya sin pensar.
-Pero Kalys, entiéndelo, soy bastante mayor que tú y…
-¡Me da igual! Además –Kalys sonrió, algo traviesa-, antes parecía que querías apartarte y no lo has hecho.
-¿Pero qué…?
-Tú no me engañas, también te gusto.
-¡Pero…! –la respuesta de Jabe se vio cortada por una horrible visión.
A lo lejos, el joven pudo distinguir dos cuerpos colgando de las garras de dos criaturas moradas, atravesados, dejando caer un río de sangre.
-¿Esos no son…? –empezó a decir la muchacha.
El muchacho entonces vio lo que había a su alrededor, decenas de cuerpos ya muertos de criaturas se amontonaban a su alrededor.
-Tiff y Eternal…
-¿Qué?
-¿Puedes meterte ahí dentro y guardar las bolsas? –el muchacho, con tono grave tanto en su voz como en la expresión de la cara, le indicó a la muchacha dónde debía esconderse.
Era un edificio aún entero, sin cristales rotos y con una puerta entreabierta, zarandeándose al viento y haciendo ruido de bisagras oxidadas.
-Sí –respondió ella, no era momento de chiquillerías, dos de sus compañeros acababan de morir. Cogió la bolsa de Jabe, corrió a esconderse y cerró con fuerza la puerta.
El muchacho miró al cielo y vio restos de explosiones causadas en el aire. “¿Por qué nadie las ha escuchado? ¡Mierda!”.
Blandió su bastón con ambas manos y empezó a correr en dirección a las criaturas. Una fuerte ráfaga de viento apareció bajo sus pies y lo empujó con fuerza permitiendo llegar hasta ellas antes de que sintieran su presencia. Logró asestar un fuerte golpe a ambas con su arma, liberando al mismo tiempo a sus presas.
-¿Pero qué…?
Ambas criaturas se estrellaron contra las runas de un edificio derrumbado algunos metros más allá.
Jabe aprovechó ese momento para apuntar con su vara hacia los dos cuerpos y los alejó del lugar con un pequeño tornado.
-Muchacho, no nos hagas enfadar o te la vas a cargar.
-¿Y qué me vais a hacer? ¿Me mataréis como a mis compañeros? ¿Acaso os han hecho enfadar por haber matado a tantos de los vuestros?
-Juju, no te equivoques chaval. Nos importa un bledo que se cargaran a esos seres inferiores, simplemente estaban en el lugar y momento equivocado.
Un sentimiento de rabia empezó a recorrer el cuerpo del muchacho hasta el punto de cambiarle la cara completamente, había perdido la expresión amable acostumbrada.
-¡Je! Entonces debo decir que a vosotros os ocurre lo mismo.
-¿Quién te crees que eres, eh, enano?
-Vuestro verdugo –la cara de Jabe nunca antes había acogido esa faceta, un escalofrío pareció recorrer a ambas criaturas, pero no por eso se acobardaron.
-¿Nuestro verdugo? Ahora sí que nadie puede salvarte.
Ambas criaturas se agazaparon y empezaron a correr velozmente en dirección al muchacho el cual se situó en posición de combate, cogiendo la vara con una mano y situándola a su espalda en posición diagonal.
Cuando las tuvo cerca dio una vuelta sobre el bastón, clavándolo en el suelo de un golpe, y aprovechando el impulso del giro atizó un par de patadas a las criaturas causando que se elevaran unos instantes en el aire que aprovechó para colocarse detrás de su arma, la cogió con ambas manos y con toda su fuerza empujó la parte clavada en el suelo en dirección a las criaturas, levantando una fuerte ráfaga de viento que las golpeó y zarandeó hasta situarse por encima de los edificios donde finalmente lograron aterrizar. De un salto el muchacho las alcanzó.
Oxidas y Zero llevaban unos instantes viendo el combate.
-¿Pero qué ocurre aquí? ¿Desde cuando Jabe se ha vuelto tan fuerte?
-Él no usa tanto poder normalmente, mira allí –Zero señalaba los cuerpos de sus dos amigos.
-Ya entiendo… Eso me recuerda cuando entrenábamos en el centro pero... ¿Por qué usa el viento ahora?
La pregunta se quedó sin respuesta, Zero había empezado a escalar por uno de los edificios derrumbados, aprovechando que su forma facilitaba la ascensión.
-Hum… -Oxidas hizo aparecer su dispositivo y empezó a examinar toda la información nueva que le llegaba cuando escuchó un grito que llegaba desde el otro lado de la calle.
Kalys estaba en problemas, dos criaturas la habían acorralado cuando intentaba ver lo que ocurría con todo el alboroto del combate del Jabe.
Oxidas hizo aparecer su guante, sacó un chorro de masa, lo lanzó al suelo y lo usó para deslizarse por el suelo para ayudar a la muchacha.
La espada de la joven logró golpear a las criaturas pero esos ataques no tuvieron el efecto deseado y sólo lograba que las criaturas la rodearan más.
Una de las criaturas estuvo a punto de ensartarla cuando una pasta de color verde atravesó a ambas criaturas y las alzó por los aires. Esa masa salía del guantelete de Oxidas, quien aún estaba a unos veinte metros de la joven de ojos azules.
-¿Estás bien?
Ella afirmó con la cabeza, aliviada.
-Gracias.
-No hay de qué. ¿Sabes lo que ha ocurrido?
-Estábamos andando hacia el lugar de encuentro cuando las vimos, con Tiff y Eternal colgados de sus garras, ya muertos. Jabe me ha pedido que me escondiera en esa casa con las bolsas y ha ido a pelear contra ellas.
-¿Él solo? Si criaturas como esas estuvieron a punto de matarnos hace un par de días.
-¿Ah, sí? Pues no lo parece, mira –la muchacha señaló con un dedo el lugar donde estaban ahora las criaturas.
El joven de pelo rubio oscuro se lanzó contra las criaturas, gritando de rabia, pero un sonoro puñetazo lo frenó y lanzó contra el suelo.
-No hagas estupideces, venga. Ya hemos visto que eres fuerte, ¿qué te parece recordar cómo se lucha? Porque eso que hacías no era luchar con la cabeza.
-¿Zero?
-Venga, te voy a echar una mano.
Una de las criaturas se había avanzado y se encontraba en ese momento sobre Zero, preparada para ensartarlo. El muchacho levantó la vaina donde llevaba la espada y bloqueó el golpe sin problemas.
-¿Te encargas de la otra?
Jabe ya se había levantado y estaba listo para continuar, ahora mucho más relajado.
-¡Sí!
-Veo que confiáis en vuestras habilidades. ¿Y qué tal si os digo que los aldeanos más fuertes han muerto a nuestras manos? Todos cayeron, uno a uno, atravesados o despedazados por nuestras afiladas garras.
-Entonces eso significa que los matasteis cuando tenían la guardia baja, no me creo que os lo dejaran tan fácil –contestó Zero-, no parecéis tan fuertes.
Ese comentario molestó a ambas criaturas que se abalanzaron ambas sobre Zero al estar éste más cerca.
El muchacho del pelo negro desvió el ataque de la que tenía más cerca mientras el joven del pelo rubio había saltado hacia la otra atacante y la golpeó haciéndola caer ante sus pies.
Sin dejarlas tiempo para reaccionar Zero y Jabe cogieron sus armas con ambas manos, preparados para derrotarlas de un único golpe.
El muchacho del pelo negro golpeó al aire en la dirección de la criatura que había rechazado y el del pelo rubio golpeó a la que tenía delante de él con su vara en un golpe descendente.
El ataque con Setzaku provocó una especie de onda de energía que al alcanzar a la criatura la despedazó en el acto. El golpe de su compañero originó un enorme remolino que se cerraba sobre la criatura, causando la máxima presión que podía, llegando a perforar el suelo del tejado y a arrastrar con enorme fuerza a la criatura hasta los cimientos del edificio y hacerla pedazos ahí.
Ambos tuvieron que correr a salir de allí rápidamente ya que ambos golpes habían debilitado la estructura del edificio y empezaba a desmoronarse.
-¡Uf! Suerte que sólo son dos pisos –dijo Jabe al aterrizar, jadeando.
-¿Qué ha sido eso? –Kalys mantenía los ojos abiertos como naranjas ante lo que acababa de ver- ¿Has creado tú ese tornado? ¡Ha sido genial!
Volvió a abalanzarse contra él y lo abrazó con fuerza.
-¡Eh! Duele.
-Te has vuelto a sobrepasar, ¿no? –dijo Oxidas con tono enfadado aunque su cara era más bien de sorpresa.
-Un poco… Pero creo que esta vez no me desmayaré. Estas largas jornadas de caminatas agotadoras han servido para algo por lo visto.
-Excepto para salvarlos.
-¡Jabe no ha podido hacer nada! ¡Ya estaban muertos cuando los hemos visto!
-Kalys, eso ya lo saben ¿me equivoco, Zero?
-¿De qué otro modo hubieras llegado a cabrearte hasta ese punto?
-Bueno, ¿y qué hacemos con sus cuerpos? Si los han matado esas criaturas, puede que…
-Los esconderemos en alguna de las viviendas aún en pie para que no los devoren las criaturas, volverán a la vida.
-¿Cómo puedes saberlo? –preguntó la muchacha de ojos azules.
-La esperanza es lo último que se pierde, ¿no? –el joven sonrió.
Zero, sin esperar a que acabaran, ya se había en cargado de coger los cuerpos de los jóvenes asesinados y los había escondido.
-¿Nos vamos?
-Qué rápido has ido…
-Si tienes razón, sobran las despedidas largas, vamos.
-¿De verdad volverán a la vida? –preguntó Kalys a Oxidas.
-Podemos regresar mañana para comprobarlo, aunque sinceramente, no me gusta la idea de volver a este lugar, cada vez me da más náuseas.
Un rato después llegaron los cuatro al lugar citado por la mañana. Era casi mediodía cuando Teleysa y Terbal llegaron.
-¿Qué ha ocurrido, no están Tiff y Eternal con vosotros?
Jabe fue quien explicó todo lo acontecido con los detalles que conocía.
-Bueno, al menos sabemos que plantaron cara, si no me has mentido en cuanto a lo del nombre de criaturas que había muertas.
-No miente, es toda la verdad –constató Oxidas.
-¿De verdad que nadie vio sus avisos?
Todos negaron con la cabeza.
-Ya no se puede hacer nada. Ya puedes descansar bien esta noche Jabe o al final me acabaré enfadando de verdad contigo, Zero ha hecho bien de pararte los pies y aún así has acabado derrumbando un edificio entero. ¿Te has vuelto loco o qué? ¡Haber pedido ayuda!
-¿Eternal destroza varios edificios y yo no puedo con uno solo? ¡Anda ya!
-¡Él no está aquí para que pueda sermonearle!
Entonces Teleysa respiró profundamente y se dirigió hacia Kalys.
-Dijiste que conseguiste tu arma hace pocos días.
-Así es.
-Ya que parece que viajarás con nosotros unos días hasta que en…
-¡Yo quiero quedarme con vosotros!
-Eres una principiante en el arte de la lucha, ¿cómo te atreves a pedirnos que carguemos contigo?
La cara de Kalys adquirió la faceta de la de un cordero a punto de ser degollado, implorando el perdón. La profesora no aguantaba esa expresión.
-Vale, vendrás con nosotros hasta que encontremos a tu familia. Por cierto, ¿hacia dónde se dirigían?
-Según tengo entendido, los militares se los llevaban a la capital.
-¿A la capital?
-¿Qué ocurre profesora? –preguntó Jabe.
-No nada, aparte de que no tenía pensado en ir a la capital, el lugar al que nos dirigimos no cae ni a la mitad del camino hasta la gran ciudad. Por lo visto, tendremos que explicarte muchas cosas, Kalys. También te enseñaremos algunas cosas para que puedas defenderte. Normalmente te obligaría a que te quedaras en el pueblo más cercano, pero…-miró a Jabe y Kalys se lanzó sobre éste- Me parece que sí que te dejaremos si no dejas tranquilo a Jabe.
-¿Qué?
-Estos chicos tiene mucho talento, no pueden perder el tiempo ahora con chicas.
Kalys y Teleysa empezaron a discutir sobre chicos como si fueran madre e hija y pasaron largo rato hasta que ambas se dieron por vencidas. Los chicos ya llevaban rato holgazaneando por los alrededores.
-Está bien, vendrás con nosotros, pero sólo si logras salir adelante con los entrenamientos que te propondré, más que nada para evitar que seas una carga y puedas llegar a defenderte por ti misma, ¿de acuerdo?
Kalys saltó de alegría.
-¡Sí! ¡Bien!
-De acuerdo, pasaremos la noche en esa casa de ahí, al menos parece que sí podré darme una ducha tranquila esta noche…
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Última modificación: Julio 01, 2007, 20:01 por Jabe
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Jabe
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Re: Nuevo mundo, nuevas reglas [Relato Largo]
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Respuesta #31 :
Agosto 01, 2007, 01:06 »
(Capítulo 30, nada nuevo, casi parece relleno y es bastante cortito, pero espero que alguna duda (si es que realmente la había, que lo dudo, pero nunca se sabe) quede resuelta, ¡Espero que es guste!)
Acabaron el día en la casa, haciendo turnos para ducharse. La suerte había permitido que a esa casa aún llegara agua y que el contador del gas funcionara con la ayuda de un poco de magia.
Con lo que encontraron en la nevera improvisaron una frugal cena que tuvieron que acabar cocinando Kalys y Teleysa gracias a una brillante intervención de Oxidas que casi quemó la cocina entera.
Durante todo ese periodo apenas hablaron, se respiraba en el aire una especie de tensión, o falta de algo, exceptuando otra discusión entre Kalys y Teleysa acerca de dónde debía dormir la muchacha que sonrojó a Jabe nuevamente, pese a que nadie hiciera la más mínima broma. La querella acabó con ambas durmiendo en la cama de una de las habitaciones y ellos en el suelo del salón.
Al rato, Jabe oyó cómo la cama crujía y alguien daba tentativamente unos pasos sobre la alfombra, antes de oír la voz de Teleysa y un suspiro de frustración por parte de Kalys. A los pocos minutos el joven de pelo rubio oscuro decidió escabullirse por su cuenta a la calle sin que nadie tratara siquiera evitarlo. Era pasada la medianoche.
El viento era fresco y suave, pero aún se sentía en el ambiente el olor a los restos de los cuerpos. Trató de no pensar en ello y de disfrutar, como tantas otras veces, del cielo mientras paseaba un poco.
-Es extraño –empezó Terbal-, ¿es esto lo que habría pasado en casa si no hubiéramos derrotado a las criaturas cuando atacaron el centro?
-Quién sabe, no vi a ninguna criatura morada por allí.
-Vimos tres mucho peores.
-Pero no tenían el mismo objetivo, parecían grupos separados. Como si alguien hubiera dirigido a las que nos atacaron dentro del centro. Las grandes en cambio ya sabes qué era lo que buscaban.
-¿Grupos separados?
-No sé a ti, pero no me parece una coincidencia que apareciera un grupo de militares poco antes de que un ejército de criaturas nos atacara. Y es lo mismo que ha ocurrido en este pueblo, aunque con menos suerte.
El muchacho moreno afirmó con la cabeza y bajó la mirada, melancólico.
-¿Quieres volver a casa? –preguntó Jabe a su hermano- El propósito de este viaje es llevar en persona un mensaje a los gremios mágicos. Si no te ves capaz de seguir, siempre podemos regresar, aunque preferiría continuar, al menos un poco más.
-Yo… Yo decidí venir por ellos, creía que éramos fuertes, aún cuando esas criaturas enormes derrotaron a los profesores. Con ellos siempre me lo he pasado muy bien, hacían que todo pareciera menos grave de como realmente es. ¿Y me pides que volvamos y que su esfuerzo haya sido en vano? ¡Te recuerdo cómo reaccionaste cuando los viste muertos y vas y te atreves a tratar el asunto con sangre fría! ¡No te compadezcas ahora!
Jabe calló durante unos instantes mientras continuaban andando calle abajo, sorteando obstáculos.
-No pude evitarlo, al verlos colgados de sus garras no pude contenerme. Y admito que pareció demasiado frío cómo traté el asunto después de reaccionar así, pero ya me conoces, soy así. Yo también echaré de menos su compañía, su…
-¿Qué echarás de menos? ¿No fuiste tú mismo quien dijo que volverían a la vida? No hables de ellos como si estuvieran muertos.
-Terbal tiene razón –Oxidas apareció a su espalda, sobresaltando a ambos, que blandieron sus armas, el muchacho, sorprendido, levantó las manos en gesto pacífico y continuó hablando-, has tratado el tema con demasiada frialdad cuando has sido el primero en enfadarte, algunas palabras reconfortantes no habrían estado de más y, como tu has dicho, regresarán a la vida. Por cierto, ¿hacia dónde os dirigís?
-¿No tienes sueño?
-Estoy agotado, pero no veo el momento de dejar este lugar, es repugnante. Pero no me cambies de tema ahora –Oxidas aún mostraba su expresión de disgusto con el lugar.
Jabe señaló un edificio aún en pie, a pocos metros de donde se encontraban, donde descansaban los cuerpos de sus amigos.
El muchacho rubio fue el primero en acercarse a la puerta.
-¿Os veis con fuerzas para hacerlo?
-¿Hacer el qué? ¿Ver si vuelven a la vida? –preguntó Oxidas.
-Aparta –Terbal abrió la puerta mientras hablaba, pero la cara le cambió al instante hacia un semblante pálido.
Ambos cuerpos aún estaban ahí, envueltos en una gran mancha de sangre, aún sin vida.
El joven moreno se vio obligado a salir corriendo para que no lo vieran llorar, oculto tras una esquina cercana.
-¿Y ahora qué? No han vuelto a la vida –dijo Oxidas tratando de reprimir las lágrimas.
Jabe agachó la cabeza, ocultándola bajo la sombra. Todo su cuerpo temblaba.
Segundos después se frotó los ojos y alzó la cara.
-Si queréis que diga unas palabras… Ambos eran grandes luchadores, con un futuro lleno de esperanzas y cayeron no sin ofrecer toda la resistencia que pudieron ofrecer, de forma honorable. Yo también los echaré de menos. Su muerte no ha sido para nada en vano –Jabe miró a los montones de cadáveres de criaturas que los rodeaban, todas abatidas por ambos compañeros-, han sobrevivido ante una adversidad que atemoriza el mundo entero, con sus propias fuerzas. En cierto modo, son un ejemplo a seguir.
Se hizo el silencio.
Sin mediar palabra, decidieron dar entierro a los cuerpos de sus amigos y se acercaron nuevamente al edificio. Pero cuando estaban a punto de entrar, una luz dorada envolvió a sus amigos caídos, cegándolos unos instantes. Al recuperar la visión no quedaba ni rastro de ellos.
Tras esto, regresaron a la casa. Zero estaba en la entrada, esperándolos. Al ver la expresión de sus rostros comprendió todo lo que necesitaba saber. Haciendo el mínimo ruido que podían, regresaron a sus respectivos sacos y se acostaron.
Teleysa lo había visto todo, oculta en las sombras.
El día antes de la visita al pueblo…
-¡Levanta dormilona! –Fleihnlir agitaba salvajemente a Kyorai en un intento para despertarla que estuvo a punto de costarle caro.
Saliega miraba furiosa a la mujer rubia y estuvo a punto de atacarla, pero otra vez una fuerza misteriosa la mantuvo inmovilizada. Empezó a agitarse con fuerza como ya lo había hecho la noche anterior, pero sin mejor suerte.
Finalmente Kyo despertó. Sobresaltada, sacó una de las dagas y con ella rasguño un poco la mejilla de Fleihnlir, que no tuvo tiempo de esquivar el ataque, sí que lo tuvo para apartarse de la muchacha justo antes que se levantara.
La joven del pelo cobrizo no tardó en darse cuenta de la situación y guardó nuevamente su arma, no sin alegrarse por dentro por la herida que acababa de provocar en la mujer.
-Eso te pasa por ser tan impaciente, Fleihnlir –la regañó Baelcan.
Hongreb estaba al lado de su felina compañera, mirándola con curiosidad y volteándola para verla desde todos los puntos de vista. Kyo se dio cuenta de lo que detuvo a su amiga, era el extraño poder de ese muchacho, cerró los puños con fuerza, no le agradaba la idea de que se experimentara con ella y menos aún que la apresaran de ese modo.
Fleihnlir levantó una mano y llevó el dedo índice a la herida, la cual fue cerrándose a su paso. La joven de pelo cobrizo no dejaba de notar que algo ocurría con ese grupo, había algo que la desconcertaba y a la vez atemorizaba.
-¡Quieres soltar ya a Sali de una vez o qué! –soltó mirando a Hongreb.
El muchacho la miró, sorprendido, sonrió y acercó la felina a la muchacha sin dejar que tocara el suelo. Cuando finalmente estuvo a su lado, la extraña fuerza desapareció y la dejó caer.
La primera reacción de Sali estuvo a punto de ser la de saltar sobre el grupo, pero Kyo logró mantenerla a su lado acariciándole el lomo.
-¿Huh, no eres capaz de controlarla? –preguntó la mujer rubia.
-¿Para qué? Es mi amiga, no mi mascota.
-Pero… -un gesto de Baelcan frenó a la mujer, la miraba con seriedad, finalmente ella cedió, no sin antes girarse y soltar un sonoro soplido, molesta.
-¿Nunca has podido controlar a tu “amiga”? Quiero decir, como si fuera una extensión de ti misma.
Kyorai negó con la cabeza, no entendía a qué se refería.
-Ella siempre me ha cuidado y protegido, a ambas nos gusta ir a nuestro aire.
El grupo se mantuvo en silencio un momento, mirándose entre ellos, como si tuvieran una conversación silenciosa, que era precisamente lo que ocurría.
-Ayer dijiste que odiabas a la gente con Armas Únicas. ¿Por qué?
Kyorai recordó lo que había ocurrido un tiempo atrás, el ataque de la criatura morada que estuvo a punto de costar la vida a Oxidas y a ella. No contestó escondiendo su mirada. No necesitaba hacerlo, no con ellos.
Mantuvieron un silencio incómodo unos instantes y entonces Balecan habló.
-Aunque a nosotros también se nos haga extraño, sé la razón por la que no pudiste invocar tu arma. Como ya sabes –Baelcan levantó un brazo y en su mano apareció una espada, refulgente, con su nombre escrito en el dorso y de una forma poco común-, las Armas Únicas se pueden manejar con las manos. Es por esta razón por la que podemos aprender a invocarlas, pero la tuya, por lo visto, es un tanto diferente, por no decir que jamás habíamos visto nada parecido.
-Ah, y entonces, ¿cómo es que sabéis que es un arma si es tan diferente? Las armas son cosas que se pueden manejar como acabas de decir.
Baelcan sopesó con cuidado sus palabras.
-Si nos fijamos en lo más común, tienes razón y no tienes un Arma Única –Kyo pareció confundida al principio, pero eso daba a entender su posición-, pero si nos fijamos en su esencia, la relación del propietario con su arma, y en las características que todas las armas, por muy diferentes que sean, poseen, tú también tienes una.
Kyorai se fijó en que los tres miraban fijamente a Saliega, un sentimiento de horror cruzó su mente.
-No… No puede ser. ¡Ella es mi amiga, no un objeto para luchar!
-¿Alguna vez la has visto comer, beber o incluso con heridas?
-¿Pero qué? ¡Sí que la he visto comer, incluso dormir! –gritó la muchacha, pero Baelcan hizo caso omiso de sus palabras.
-¿Alguna vez se ha hecho daño por mucho que la golpearan?
Tras ese comentario, Kyorai se llevó ambas manos a la cabeza para taparse sus oídos.
Saliega estaba a su lado, en pie, amenazadora.
-¿No te das cuenta de que no te estamos engañando?
Por la mente de la muchacha se cruzaron centenares de imágenes a la vez, todas ellas demostrando lo que le contaban, pero no podía, no quería creerlo.
Saliega se abalanzó en dirección a Baelcan. Hongreb estuvo a punto de actuar nuevamente, pero un gesto inquisitivo del hombre lo frenó. La esperaba con la espada en la otra mano.
Hongreb y Fleihnlir se apartaron del hombre y la felina. Saliega trataba de atrapar a Baelcan como podía pero cada intento se veía frustrado por la agilidad y en ocasiones por encontrarse con la espada en su camino.
Kyorai tardó un buen rato en levantar la vista y darse cuenta de que su compañera no lo tenía fácil con aquél personaje.
El hombre se dio cuenta y decidió pasar al ataque, golpeando el cuerpo de la felina una y otra vez por su cuerpo. En alguna ocasión la espada se vio frenada por la robusta mandíbula de Saliega pero él lograba soltarla sin problemas.
La muchacha de pelo cobrizo podía sentir la fuerza de los golpes que recibía su amiga, pero no le dejaban marca alguna, tampoco parecía que la afectaran en otra cosa que no fuera en empujarla como si dos cuerpos impactaran, sin heridas.
-¿Te das cuenta ahora, jovencita?
-¡Saliega no puede ser un objeto para luchar, no es un Arma Única!
Fleihnlir la abofeteó.
-Nunca hemos dicho que fuera lo primero, no tratamos nuestras Armas como si fueran meros objetos, son parte de nosotros y las cuidamos. En cuanto a lo segundo, acepta la verdad.
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Re: Nuevo mundo, nuevas reglas [Relato Largo]
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Respuesta #32 :
Agosto 09, 2007, 12:38 »
(Continuación del capitulo 30, es que era demasiado largo para un solo post... ¡Espero que os guste!)
Teleysa fue la primera en salir de la habitación, seguida por Kalys justo a su espalda tratando de sortearla, con expresivo enfado en su mirada. Segundos después Jabe despertaba a causa de los tirones de la profesora en un vano intento de soltar a la muchacha. El resto se despertó a causa del alboroto.
Finalmente la profesora pudo permitir a Jabe algo de intimidad para asearse antes de desayunar.
Todos tomaron algunas tazas en las que algunos vertieron algo de café o chocolate con leche y algunos cereales. Cuando acabaron hicieron los preparativos para continuar el viaje. Teleysa encontró una mochila para que Kalys pudiera transportar lo que necesitara. Entre un poco de ropa cogió unos trozos de carne cruda que envolvió en plástico previamente. La profesora estuvo a punto de preguntarle para qué eran pero acabó ayudando al resto del grupo a colocar bien el equipaje en sus mochilas.
Poco después estaban todos preparados para continuar el viaje y salían por la puerta a la calle. Una espesa niebla cubría los pocos rayos de luz que podían divisar.
Teleysa avanzaba en primer lugar, seguida de Terbal, Oxidas, Jabe y Kalys y finalmente Zero, como era ya costumbre en sus largas marchas.
Gracias a la reducida visibilidad pudieron salir del pueblo sin ser avistados por las criaturas que vagaban las calles sin rumbo fijo.
Minutos después ya volvían a seguir caminos entre la maleza del bosque, dejando atrás la niebla, permitiéndoles ver el nublado cielo.
La profesora tuvo que avisar en más de una ocasión al muchacho rubio para que no usara la magia para mover las nubes. Aún no se había recuperado del desgaste del día anterior pero eso no le privaba de poder hacer uso de su magia en menor medida de lo habitual.
Poco después la ruta que seguían empezó a tomar un aire distinto, ya no atravesaban el bosque, ahora recorrían un camino que subía hacia una cordillera que allí se levantaba.
Ese tramo del camino era arduo, pues estaba repleto de desniveles, a la vez que el tiempo no les favorecía que pudieran avanzar. En ese tiempo el cielo había ido oscureciéndose cada vez más hasta llegar al punto de formar unos densos nubarrones negros que no dejaban ver la luz del sol y amenazaban con una fuerte tormenta al grupo.
El grupo paró a descansar a mediodía sobre unas rocas que había al lado del camino, aportándoles unos asientos más o menos decentes.
Aún no habían abierto las mochilas que dos rayos cayeron cerca del grupo. El sobresalto los dejó sin respiración unos instantes. Finalmente la amenaza de lluvia acabó cumpliéndose.
Recogieron rápidamente las mochilas y empezaron a correr siguiendo el camino hasta que finalmente avistaron una gruta un poco más arriba de la altura a la que se encontraban.
Uno por uno empezaron a subir como podían una ruta serpenteante que accedía a la cueva, bajo el azote constante de la lluvia y los rayos golpeando el lugar. Nadie se fijó en una fría mirada que los observaba desde un poco más abajo, controlándolos y esperando el momento óptimo para actuar.
Terbal, Oxidas y la profesora fueron los primeros en llegar. La gruta era sombría pero no estaba completamente a cubierto de la lluvia, podían divisar, al fondo, que ésta volvía a abrirse, permitiendo el paso de un diminuto río de agua.
Jabe, Kalys y Zero habían quedado algo rezagados, la muchacha ya tenía problemas con seguir su ritmo al caminar y sus fuerzas empezaban a fallarle mientras subían la cuesta.
Los tres estaban a punto de entrar cuando un fuerte viento se levantó. La fuerza de ambos jóvenes no pudo hacer nada contra tal fuerza unida a que estaban empapados y se soltaron. La muchacha no pudo aguantar en pie y fue empujada por el viento con fuerza cuesta abajo.
El muchacho, al verse liberado de ese peso, no pudo evitar saltar, también empujado por el vendaval, en dirección a la gruta, que estaba a un par metros de donde se encontraban.
En ese instante una enorme roca llegó volando a la entrada de la cueva, golpeando con tal fuerza que la acabó taponando completamente tras un derrumbe.
-¿Pero qué ha…? –Jabe estaba sorprendido, aún estaba tendido en el suelo, pero ahora se encontraba rodeado por una masa de color verde y lejos del lugar del derrumbe.
-¿Qué ha sido eso? ¿Y dónde están Zero y Kalys?
-No… no lo sé. Justo cuando estábamos a punto de entrar un fuerte viento provocó que soltara a Kalys, ella ha empezado a caer cuesta abajo y yo me he visto empujado hacia adentro. Creía que iba a morir cuando el techo me caía encima.
-Te ha ido de un pelo, si no llega a ser por Oxidas…
-¡Exacto! ¿Y ese agradecimiento? –dijo Oxidas con una sonrisa maliciosa.
Un breve escalofrío recorrió la espalda de Jabe.
-Bueno, ¿y ahora como salimos de aquí? Tardaremos días en quitar tantas rocas –dijo Terbal mientras cruzaba los brazos en expresión preocupada.
-Parece que hay una salida detrás. ¿Una cueva abierta por los dos lados? ¿Acaso atraviesa la montaña entera? –preguntó Jabe.
-Sea como sea, si vamos lo veremos con nuestros ojos –contestó Teleysa resuelta.
No tardaron apenas unos minutos en salir por de la cueva en la que se encontraban. El lugar al que llegaron tenía forma ovalada hacia abajo, estaba completamente rodeado por un muro de aspecto circular, formado por rocas.
-¿Qué es esto? –preguntó Terbal.
-Un volcán extinto, o lo que es lo mismo, apagado –Jabe fue quien contestó.
-¿Un volcán? ¿Entonces debajo de nosotros puede haber magma a punto de salir?
-No creo. Me tocó estudiar un poco de vulcanismo unos días antes de unirme a vosotros en el centro.
-¿También hacen clases sobre eso? Qué estupidez.
-Bueno, si no fuera así no os podría decir que este lleva miles de años apagado –Jabe copió la expresión de Oxidas cuando se hacía el interesante, provocando en éste una mala mirada, provocando una sonrisa en la cara de la profesora y su hermano.
-Es muy interesante todo esto, pero deberíamos bajar a ver si podemos encontrar alguna salida, vosotros también deberías estar preocupados por Kalys y Zero –se giró hacia Jabe-. A ver, si la cueva por la que hemos entrado fuera una de las salidas que la presión de gas provocó cuando el volcán está activo, significa que también hay la posibilidad de que haya más en algún lugar accesible. ¿Me equivoco?
-Puede ser, pero no lo creo, esa salida va en dirección descendiente desde dentro, cuando lo normal es que la presión empujara más bien en dirección hacia arriba.
-¿Se puede saber qué estáis hablando? ¡No me entero de nada! –se quejaron Oxidas y Terbal.
Tanto la profesora como el muchacho rubio miraron preocupados a ambos jóvenes.
-Un momento… ¿A qué viene esa cara? –una idea fugaz le atravesó la mente- No será…
Un terrible rugido y una fuerte sacudida en el suelo ahogaron las palabras “una trampa” que salieron de la boca de todos al unísono.
En medio del cono del volcán y observándolos fijamente había una criatura de grandes proporciones, igual a las que destruyeron el centro.
Una muchacha joven con la ropa llena de cortes y algunos cortes estaba sentada sobre una roca, descansado bajo la lluvia. A su lado había un muchacho bastante más alto que ella, con su ropa casi impoluta, pero igualmente remojada.
-Gracias… Zero…
El muchacho no la miró, se limitó a sonreír fugazmente mientras observaba el lugar que había sido la entrada a la cueva, ahora completamente taponada por las rocas.
-Si estaban dentro de la cueva… No habrán…
-Vamos, deberíamos reunirnos con ellos lo antes posible.
-¿Pero y si han muerto, qué haremos entonces?
Zero la miró fijamente mientras un rayo caía a su espalda, a pocos metros de distancia, ni siquiera pareció sobresaltarse. Kalys en cambio saltó del lugar en que se encontraba, pero entendió el mensaje que quería transmitirle.
-Sí, tienes razón, no pueden haber muerto por algo como eso. El problema es… ¿Cómo llegaremos hasta ellos?
-Esta montaña es un volcán, si escalamos llegaremos hasta ellos.
-¡¿Qué?! –los ánimos de la muchacha se desvanecieron ante la idea de intentar subir a lo más alto de la pared rocosa con ese mal tiempo. El recuerdo del muchacho al que le gustaba ir enganchada fue suficiente para que se tragara el cansancio y empezara a escalar por delante de Zero.
-Esto… profesora.
Teleysa estaba aterrada ante lo que veían sus ojos, una criatura igual a las que le trajeron las mayores desgracias de su vida, allí en medio de la nada.
-Jabe –Oxidas, viendo que la primera no le respondía se dirigió al muchacho-. ¿No es esa una de las criaturas que…?
Un gesto del joven frenó las palabras de Oxidas.
-Terbal. ¿Has tenido tiempo de practicar alguna de las técnicas que nos enseñó Baelcan para cuando tuviéramos las armas?
-No, nunca he creído que las llegáramos a necesitar, al menos no tan pronto. Y supongo que tú tampoco…
Jabe no contestó.
Oxidas fue el único en oír esa conversación pues la profesora ya había hecho aparecer su cetro a la vez que su indumentaria cambiaba de aspecto, al conjunto que usó durante la batalla en el Centro.
-Profesora…
Teleysa volvió la mirada a Jabe, ambos mostraban preocupación en sus ojos.
-¿Crees que puedes ayudarme?
Jabe se limitó a blandir su bastón con ambas mano a modo de respuesta.
-¡Eh! ¡Nosotros también queremos ayudar! ¿No, Terbal?
-Vosotros será mejor que busquéis algún modo de salir de este lugar por si no podemos derrotarla.
Oxidas estuvo a punto de responderle pero Terbal le cogió un brazo con la mano y lo frenó.
-Será mejor que hagamos lo que dice.
-¡Si hombre! He estado entrenando con mi arma cada día desde que la criatura morada estuviera a punto de matarme. ¡Ese día casi llego a no poder contarlo! No pienso dejar que luchéis solos.
-Oxidas. Si cogieras la medida de una criatura morada, ¿cuántas veces de esa medida mide esta que esta ahí?
-¿Qué? ¿Por qué lo dices? Alrededor de diez veces, ¿por?
-¿Te crees capaz de derrotar a una criatura que mide diez veces la que hace poco estuvo a punto de privarte la vida?
Oxidas no contestó, se limitó a mirar al suelo, enrabiado consigo mismo.
Mientras hablaban la criatura había empezado a correr en dirección a ellos viendo que no se decidían a salir de la cueva.
-Jabe, ¿te crees capaz de distraerla para que pueda usar mis hechizos más poderosos?
-Je, déjamelo a mí.
La criatura se encontraba ya a pocos metros del grupo cuando el muchacho rubio musitó unas palabras en un susurro. Segundos después ya había salido de la gruta y había golpeado a la criatura en el pecho, frenándola en el acto.
De la punta de su vara empezó a brotar un remolino de viento que amenazaba con lanzar a la criatura por los aires. Ésta clavó los pies en el suelo con fuerza pero no puedo evitar al menos que la fuerza del ataque la empujara unos metros, dejando el rastro de las garras de sus pies en el suelo. Finalmente logró frenar su retroceso y no cedía ante la presión que ejercía el pequeño tornado. Trató de golpear al muchacho pasando sus garras por los lados del remolino.
El muchacho, en el último momento, pudo aprovechar algo de la fuerza del hechizo que había usado para poder esquivar el ataque y salir despedido por el aire pasando por encima de la criatura, pero cuando creía que llegaría a salvo al suelo se topó con que una enorme cola lo golpeó y lo lanzó por el aire. Aturdido, no pudo recuperar el equilibrio antes de llegar al suelo.
Cuando aterrizó notó algo extraño, el impacto no había sido duro.
Teleysa, por su lado, apareció justo por detrás de Jabe cuando la criatura trató de golpearlo con las garras, pudiendo meterse por debajo sin problemas. Una potente explosión sorprendió a la criatura que ni tan siquiera vio como la hechicera se había situado en ese punto ciego. El ataque surtió efecto y arrojó a la criatura.
Pero ésta logró caer al suelo en pie y sin esperar un instante arremetía contra la maga antes de que el polvo que había levantado se disipara. Su reacción fue a tanta velocidad que Teleysa no tuvo tiempo de verla llegar hasta ella y moverse antes de ver sus garras demasiado cerca.
De repente algo la cogió de las piernas y antes de que pudiera reaccionar la alejó a tiempo del ataque de la criatura que, de haber acertado, habría sido mortal.
La profesora pudo ver qué era lo que la había salvado. Habría reconocido esa sustancia en cualquier lugar.
Oxidas se encontraba unos metros detrás de ellos, alzando su guante por delante de su cara, con la esfera señalando en dirección a ellos. Alrededor de éste, la masa había adquirido la forma de una serpiente de dos cabezas.
“¿Una hidra?”, pensó antes de regresar a tierra firme.
Una porción de la masa había empezado a batirse con la criatura adoptando la misma forma que ésta incluso en el tamaño. El resto formaba la serpiente que acababa de salvar a la maga y al muchacho del bastón.
-¡Al menos dejadme que os ayude desde la retaguardia!
La profesora se sintió algo aliviada al ver el progreso del joven con su arma.
Oxidas metió el guante en la base de la cabeza que sostenía a Jabe. Una luz amarillenta la recorrió creando un pequeño hilo que finalmente alcanzó al joven y empezó a sanarle el golpe. Segundos después el muchacho regresaba al suelo de un salto, agradeció con la mirada la ayuda prestada a su amigo y volvió a encararse hacia la criatura.
Terbal apareció a por detrás de su hermano.
-¿Qué tal si tú y yo nos ocupamos de distraerla juntos?
-¿No os hemos dicho que buscarais una salida?
-Ya lo hemos intentado, pero no hay ninguna, estamos atrapados.
-Mierda…
La criatura tenía ahora al intento de clon bajo sus garras y trataba de despedazar aquella extraña sustancia que la formaba. Oxidas sonrió un instante antes de que de esa masa aparecieran decenas de pequeñas lanzas delgadas que, lejos de lograr atravesar su objetivo, sí que lograron que cayera al suelo de espaldas.
El grupo no dudó ni un instante en atacar. Jabe saltó por encima de la criatura y invocó un tornado de tamaño poco menor al que había usado el día anterior pero de potencia similar. Terbal, lejos de poder ejecutar un ataque de tanto poder, dedicó esfuerzos en reforzar el remolino con fuego.
La fuerza del ataque conjunto disipó completamente las lanzas creadas por Oxidas y se preparó para actuar si hiciera falta.
La profesora empezó a recitar un extenso hechizo que provocó que las nubes negras formaran la forma de una espiral.
El ataque de los hermanos empezaba a hacer mella en el terreno de debajo de la criatura, que permanecía inmóvil bajo el tornado.
Finalmente Teleysa acabó de recitar, ordenó a los hermanos que se apartaran. Ambos tuvieron el tiempo justo de apartarse antes de que una impresionante lluvia de rayos cayera encima de su objetivo, provocando grandes destrozos en el terreno.
Cuando los rayos finalizaron, Teleysa tuvo que apoyarse en el cetro para mantenerse en pie. Ese ataque le había consumido buena parte de su poder.
Jabe por su lado estaba en peor situación, sus piernas ya no le podían aguantar en pie. Su hermano estaba a su lado en pie, jadeando levemente.
Finalmente el polvo se disipó, dejando ver el resultado de sus ataques. La criatura estaba aún ahí, en pie, llena de magulladuras y quemaduras por todo el cuerpo, pero no parecían afectarle.
-Vaya… -empezó a decir ésta- Veo que las moscas han subido a la categoría de piedras en el camino. Qué pena, ese ataque os ha dejado demasiado agotados como para permitiros llegar a más.
La criatura se abalanzó primero en dirección a los hermanos. Oxidas, blandiendo su guante, dirigió la masa en dirección a sus compañeros con la intención de salvarlos pero la criatura tuvo tiempo de alcanzar a ambos mientras la masa los alzaba y pudo causarles graves heridas antes de girarse en dirección a la profesora, veloz.
La masa logró llegar a la profesora antes que las garras de la criatura, pero ésta se giró veloz y acertó de lleno en ella un coletazo. Oxidas se vio obligado a permitir que la masa cediera a la fuerza del ataque para evitar causar peores daños en Teleysa.
La criatura, finalmente, se giró hacia él.
-Esta masa es realmente molesta, muchacho. Voy a tener que matarte a ti primero, no creo que tus amigos puedan levantarse antes de que lo haga.
Oxidas tragó saliva. Se había vuelto mucho más fuerte, sí, pero aún así esa criatura era demasiado fuerte incluso para las posibilidades que le brindaba su arma.
De repente a su oído llegaron gritos desde la pared rocosa que había unos metros detrás de él. Al mirar en esa dirección pudo ver dos cuerpos que caían en picado hacia el suelo.
Eran Zero y Kalys, ambos habían logrado llegar a lo alto del volcán y mientras descendían las rocas bajo sus pies habían cedido y ahora se precipitaban al suelo sin remedio.
La criatura se abalanzó hacia Oxidas de un único salto. El muchacho tuvo el tiempo justo de usar su masa para alejarse de la trayectoria del ataque de la criatura y de extender un chorro de su masa para salvar a sus dos compañeros justo antes de impactar en el suelo.
-¿Qué… qué es esto? –preguntó Kalys al abrir los ojos, ella y Zero habían caído encima de lo que parecía un poring de medidas desproporcionadas. Respiró aliviada.
Zero descendió al suelo deslizándose por un lado y analizó la situación como no lo había podido hacer desde la altura a la que se encontraban. Desenfundó la espada, la hizo girar sobre sí misma un par de veces y la cogió con fuerza. Señaló a la criatura con ella mientras una gota de sudor le recorría lentamente la mejilla y sonrió.
-Vaya… ¿Así que tenemos un gusano con un pincho, eh?-rugió la enorme criatura con una potente y ronca voz.
-No dirás eso cuando tenga tu cabeza colgada en una pared.-contestó Zero, muy seguro de sus palabras.
Dicho eso, se lanzó en un ataque directo. El resto del grupo no pudo sino observar la situación mientras trataban de guarecer sus heridas, pero estaban intranquilos, parecía que Zero corría hacia la muerte. Ya habían luchado contra la criatura y sabían de qué era capaz. Zero no tendría oportunidad alguna.
En una maniobra de evasión que intentó hacer espadachín a pocos pasos de la criatura, esta dio una vuelta sobre si misma y el muchacho se encontró de frente con la escamada y enorme cola, la cual le propinó tal golpe, que salió volando unos tres metros y se arrastró por el suelo unos diez más. El grupo ahogó un grito, que quedo rápidamente despejado cuando Zero se levantó casi de inmediato, se limpió la sangre de la boca con la manga y escupió un poco de sangre al suelo. Volvió a coger fuertemente la espada y cruzo su mirada con la de la criatura.
-Parece…Que el gusano también tiene concha…-se burló.
El espadachín volvió a la carga, esta vez corrió un poco más agachado. Cada vez cogía más velocidad mientras formaba unas eses en el recorrido. A pocos pasos de la criatura, ésta intentó volver a golpear con la cola al guerrero, pero este dio un pequeño salto en el último instante, sobrepasando el obstáculo. Cuando sus pies tocaron el suelo, flexionó las piernas, dio una vuelta sobre sí mismo y arremetió contra la pierna derecha de la criatura.
-Teleysa, que demon…-dijo Jabe, recostado, un poco sorprendido.
-Zero ha usado la misma maniobra con la que ha sido atacado…Es como una declaración de guerra…
“Pero de una guerra perdida”, pensó la profesora, aunque no lo dijo. La espada no había echo mella en la dura piel de la criatura, y ésta con la misma pierna pateó a Zero con fuerza. El golpe fue tremendo. Salió volando con fuerza hasta chocar contra la pared, dejando un agujero y levantando una gran cantidad de polvo. Esta vez, la criatura no quería dejar el trabajo a medias y dirigió sus pasos hacia donde había caído el espadachín, pero la oportuna “gelatina” de Oxidas le rodeó los pies, inmovilizándola. Entre el polvo se empezaba a distinguir a Zero, que se levantaba poco a poco.
-Tsk…Maldito humano…Admito que eres resistente…-dijo la criatura mientras se intentaba deshacer de la masa.
Unas llamas, invocadas por Terbal, azotaron la espalda de la criatura, quien se giró bruscamente con los ojos inyectados de sangre. La mirada pareció cambiarle durante un instante al ver a Teleysa en pie, con el cetro en una mano, con el pelo nuevamente encendido en ese tono rojo brillante que la caracteriza cuando se esfuerza en su uso de la magia, conjurando velozmente varios hechizos con palabras y otros con sus gestos. Pero antes de que la criatura pudiera reaccionar, una esfera de fuego de pequeño tamaño se dirigió hacia ella. Ante el asombro de todos los presentes, el impacto fue tremendo. En el instante en que la esfera de fuego rozó la piel de la criatura su cuerpo quedó cubierto en enormes llamaradas. El suelo a su alrededor empezó a quebrarse y una multitud de afilados y largos túmulos surgieron de debajo la tierra, aunque todos fueron rechazados al chocar contra su dura piel. Por encima de la criatura se formó una esfera azul que empezó a soltar una extensa descarga de rayos de bastante menos fuerza que la anterior, pero de efectos similares. Todo fue inútil, la criatura rugió con fuerza y se dirigió bruscamente hacia la hechicera.
-No puedo creerlo…-dijo Teleysa mientras caía arrodillada, temblando.
De repente, la criatura se detuvo, como si algo la hubiera llamado. Se giró y cruzo su mirada con la de Zero. El espadachín estaba de pie, tenía toda la ropa de la espalda desgarrada y se podían distinguir pequeños cortes debido al choque, estaba agarrando la espada con una mano y el brazo extendido. Setzaku le cruzaba todo el pecho de izquierda a derecha, y en la punta, su otra mano abierta, como si quisiera agarrarla. Tenía los ojos cerrados y la espada emitía un suave brillo dorado. La reacción de la criatura no se hizo esperar. Corrió con todas sus fuerzas hacía el guerrero. Este apretó la espada con más fuerza y el gesto de la cara se le endureció. El brillo de Setzaku aumentaba. Pero no sirvió de nada. La criatura había llegado demasiado rápido, intento ensartar al joven con las garras, pero este saltó a tiempo para evitar el golpe mortal, pero mientras el cuerpo permanecía en el aire la criatura ya había dado media vuelta y había golpeado con la cola a Zero, mandándolo cerca de Oxidas, dejando tras de sí una espesa nube de polvo. Este acudió de inmediato a ver como se encontraba el espadachín, mientras este se levantaba, apoyándose con la espada.
-Mierda…No tengo espacio para prepararlo…
“¿Que demonios era eso…? Zero no puede…No debería poder…”, fueron los pensamientos que cruzaron la mente de Teleysa cuando se dio cuenta de lo que pretendía hacer el muchacho.
-Zero, ¿estás bien? -Oxidas le ayudó a levantarse.
-Sí, tranquilo…-se limpió la sangre que la salía por la nariz y la boca con la manga y se quitó la gabardina que ahora presentaba un enorme agujero en la espalda.
-Sois mas duros de lo que parecéis…Necesitaré un poco de ayuda…-gruñó la criatura.
En ese momento, todos se estremecieron, imaginando que aparecerían las otras dos iguales a ella que vieron durante el derrumbe del Centro, pero no fue así. Desde lo alto de cráter se dejaron caer decenas de las criaturas pequeñas, pero no respiraron aliviados ni aunque la mayoría murieran al caer.
-Justo lo que faltaba. ¡Mierda! -gritó Terbal.
El gesto de victoria de la criatura fue frustrado con aquella palabra. De repente, todos los cuerpos vivos y muertos de las criaturas empezaron a elevarse con gran fuerza. La mayoría de ellos chocaron contra las rocas más altas y murieron en el impacto, otras salieron volando a través el cráter a gran velocidad. Jabe se había levantado y, apoyado en su bastón, había echo volar a todas.
-Los pequeños inconvenientes… -dijo antes de volver a caer por el agotamiento y el dolor de las heridas. Al hacerlo, todos los miembros del grupo se dirigieron hacia él menos Zero, que lo seguía mirando con cara de sorpresa. En aquel momento, los cuerpos de algunas criaturas volvieron a caer del cielo y murieron todas con el impacto contra el suelo, la única superviviente agonizaba a espaldas de la criatura grande, ésta la cogió y la aplasto con sus garras. En aquel momento, el espadachín sonrió. La criatura estaba fuera de sí, miro al grupo y dirigió sus ahora lentos pasos hacía ellos, pero el espadachín se interpuso en su camino.
-Jabe…Necesito que estés conciente…-dijo el espadachín, dándole la espalda.
-…Qu… ¿Qué? –dijo el muchacho del pelo rubio oscuro el mago, esforzándose por mantenerse en pie.
Dicho eso, el guerrero se lanzó a gran velocidad con la espada enfundada hacía la criatura.
-Creo que tiene un plan…-dijo Teleysa.
Fue una maniobra muy complicada, Zero se abalanzó sobre la criatura y en el momento que ésta bajaba una de sus enormes garras para ensartar al muchacho se agachó y se deslizó entre sus piernas. Sin dejar de moverse un momento, se levantó y ayudándose con una roca saltó con todas sus fuerzas, saltando por encima la criatura al mismo tiempo que ésta se daba la vuelta. El muchacho aterrizó e imitó su gesto de antes con la espada, haciendo que ésta volviera a producir un tuene brillo dorado.
-¿Qué está haciendo? ¿Acaso es capaz de predecir sus movimientos?-Dijo Oxidas, sorprendido por la táctica evasiva del guerrero.
La criatura volvió a girar-se y vio a Zero en la misma postura de antes. Dio un paso adelante y rugió con toda su ira.
-¡No te burles de mí, humano!- soltó mientras le propinaba una fuerte patada. El golpe arrojó al muchacho por el suelo, cuando por fin frenó se encontraba a escasos centímetros del grupo, tan cerca, que podían oler su sangre. Se levantó de nuevo y sonrió. Casi toda su ropa estaba rota, y empezó a sangrar de una ceja. La parte de las rodillas de los pantalones se había despedazado.
-Esperaba ese golpe…-Teleysa estaba sorprendida- Ha hecho todo eso sólo para llegar hasta aquí y de tal forma que la criatura no corriera para perseguirle…
En ese momento, Zero desenfundó a Setzaku, la cogió con ambas mano y la levantó tan alto como pudo, pero con la hoja mirando abajo. Con toda su fuerza, la clavó en el suelo dejando únicamente el mango en el exterior, la hizo girar sobre sí misma y la desclavó. Todos lo miraron extrañado, luego, agarrándola con una sola mano, señaló primero hacia el cielo a través del cráter y luego a la criatura.
-Prepárate a morir.
Esta vez, la criatura no respondió, había sentido un estremecimiento, un extraño pavor de tiempo atrás le llegaba a la mente, el terror que le hacían sentir aquellos ojos rojos.
-Jabe…Necesitaré ayuda…
Dicho eso, se lanzó de nuevo a la carrera contra el monstruo. El muchacho del bastón no comprendía nada. Ante la sorpresa de todos, Zero esquivó el golpe de la criatura y subió por su pierna. Esta empezó a moverse bruscamente pero el espadachín logró subirse a la cabeza. Enfundó la espada y cayó de la cabeza por delante la criatura. Como un acto reflejo, esta se dispuso a golpearlo, pero vio que descendía con los brazos por delante para proteger-se y, de sopetón, le golpeo con fuerza, pero con menos potencia que antes.
En la mente de Teleysa se formaron varias imágenes y empezó a comprender. El momento de asombro al recordar a la multitud de criaturas que habían salido despedidas gracias al poder de Jabe…Señalando el cielo a través del cráter…
-Jabe… ¡necesita impulso!-grito Teleysa.
El muchacho no respondió, en su mente aparecían las mismas imágenes que en la de Teleysa, pero le dolían demasiado las piernas como para moverse. De debajo de él, una serpiente gelatinosa surgió y lo trasladó hacía donde Zero había echo el agujero. Colocó allí su bastón y se concentró.
De repente, donde parecía que el espadachín iba a caer, el suelo empezó a hincharse. No tardó apenas unos segundos. El espadachín cayó con las piernas flexionadas. Jabe, en un esfuerzo titánico y sacando fuerzas de dónde parecía que no las había, gritó de dolor. Zero hizo el gesto de saltar al mismo tiempo que el muchacho de la vara usaba todo el poder que le quedaba. El resultado fue sorprendente. El cuerpo de Zero empezó a elevarse en el aire a gran velocidad, diez metros, veinte…salió por encima del cráter y acabaron perdiéndolo de vista.
La criatura, en cambio, parecía capaz de seguirle el rastro aún con la distancia que los separaba, un impacto de una esfera de fuego le hizo volver a la realidad. Frente a él estaban Oxidas, Teleysa y Terbal, en posición de combate, tras ellos, Jabe y Kalys, que lo miraban como podían.
-Jujuju…Parece que os ha abandonado el pinchitos…-pero al acabar la frase, la misma sensación de antes le recorrió todo el cuerpo.
En las alturas, Zero volvía a ponerse en la misma posición de antes, la espada empezó a brillar con suavidad, pero ese brillo fue aumentando al mismo ritmo con el que el muchacho descendía al suelo.
-Será hijo de…-gruño la enorme criatura, con los ojos inyectados en sangre
La criatura cogió una enorme roca del suelo y la lanzó con fuerza hacía el espadachín, pero esta fue destruida gracias a un ataque combinado de Terbal, subido a un chorro de la masa de Oxidas que le sirvió como trampolín. De repente, la criatura se sintió apresada, bajó sus pies, lo que parecía una serpiente se había escampado por el lugar ocultándole sus enormes pies bajo ella, intentó desprenderse de la masa pero sus esfuerzos parecían en vano. Teleysa, con un ultimo esfuerzo, lanzó un conjuro que congeló totalmente la masa, al mismo tiempo que la cabeza de la serpiente se desprendía, cogía forma de poring y se desplazaba hacia Oxidas.
-Buen trabajo…-dijo acariciándola. Todos dirigieron su mirada al cielo.
Zero ya estaba casi dentro del cráter, pero su postura había cambiado por completo. Blandía la espada con ambas manos, por encima de la cabeza, situando el mango al nivel de la nuca y la punta de la hoja cerca de las piernas. Un brillo dorado recorría todo lo largo de la hoja.
La criatura empezó a golpear el duro hielo de forma desesperada, pero no sirvió de nada. El muchacho blandió su espada hacía delante y ésta logró acertar en su objetivo. Acertó el lado izquierdo del cuello, atravesando todo el tronco, saliendo por la entrepierna, llegando incluso a cortar el hielo por la mitad, Setzaku quebró todo el suelo a unos cinco metros a la redonda del lugar del impacto. Con una mueca de dolor indescriptible en la cara de Zero, éste dio una vuelta completa, cortando por la mitad las piernas de la criatura. Ésta no tuvo ni tiempo de ahogar el más mínimo grito de dolor, estaba muerta mucho antes que pudiera hacerlo. La espada dejó de brillar. La escena siguiente parecía formarse a cámara lenta. El enorme cuerpo sangrante de la criatura, partido por la mitad, con las afiladas escamas sangrantes y con la boca abierta en un intento de gesto de dolor, cayendo de forma inevitable encima del muchacho que, al haberse roto una pierna al caer no podía hacer nada más que mirar, con una mirada de tristeza.
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Re: Nuevo mundo, nuevas reglas [Relato Largo]
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Respuesta #33 :
Agosto 24, 2007, 22:03 »
(Capitulo 31, desenlace de la situación tras otra escena sobre Kyorai,
, espero que os guste.)
-¡No hay ninguna verdad para aceptar! Saliega es mi amiga y nada más. Me ha estado protegiendo desde que tengo uso de razón. ¡No puede ser un Arma Única!
Baelcan estuvo a punto de reprocharle esa respuesta a la muchacha pero decidió desviar a mirada hacia el joven hechicero. Entonces pareció comprender mejor las cosas. Kyorai no tenía razones para mentir y tampoco lo estaba haciendo.
-Hum… así que Saliega tiene todas las cualidades de un ser vivo…
-¡Es lo que estado intentando deciros!
-Pero en cambio no deja de ser un Arma Única.
-¡Pero qué pesado! ¿Cómo puede un ser vivo ser un arma? Todas las armas que he visto eran objetos que se podían blandir y ya me dirás como puedo blandir yo a Sali, dudo que le guste que la levante de la cola –se mofó la muchacha.
-¿Acaso no te he dicho antes que no tratamos a nuestras Armas Únicas como objetos? –Fleihnlir, sin poder evitar reír por el comentario mordaz de la muchacha.
-Vale, te diré entonces otra razón, Hongreb está convencido de que tu amiga es lo que tú te niegas a creer. Yo estoy de acuerdo contigo en que un ser vivo no puede ser un Arma Única, pero sin embargo él insiste en que es un Arma Única –dijo Baelcan, con un tono que no ocultaba que empezaba a enojarse.
El hombre se paró, dubitativo, unos instantes después se tuvo que llevar una mano a la cabeza, parecía que algo le causaba dolor.
-¡Quieres parar ya y explicarte bien de una vez! –gruñó en dirección al muchacho del cabello violeta.
El mago pareció reaccionar, sonrió nuevamente, cerró los ojos y dejó fluir sus pensamientos hacia las mentes del grupo.
Un instante después los tres se encontraban en el suelo, inconscientes. Mientras, Saliega volvía a ser presa de una extraña fuerza que la había vuelto a dejar suspendida en el aire, pero en esta ocasión nadie escuchaba sus chillidos.
Por la mente de los tres pasaron multitud de teorías que la gente había formulado a lo largo de los años alrededor de las Armas Únicas, sus orígenes y cualidades. Todos sabían que su origen se remontaba a cuando apareció el segundo destello de luz en el cielo. A Kyorai le pareció reconocer esa historia, pero no sabía de qué, como si se tratara de un recuerdo perdido.
Seguidamente pudieron distinguir imágenes de grandes luchadores que, con sus gestas, estuvieron a punto de equilibrar la balanza en la guerra contra los visitantes. Todos con grandes poderes y habilidades, poderes nacidos al mismo tiempo que sus vidas estuvieron en peligro, habilidades conseguidas casi al unísono que sus armas, que por ese entonces no recibían aún el nombre de Arma Únicas.
Estudios realizados alrededor de éstas explican los cambios que se producen en los cuerpos de sus poseedores. Gran mejora física, mayor resistencia a las heridas y golpes y un enorme incremento en las habilidades mágicas. Kyorai reconoció que era capaz de luchar contra las criaturas y salir bien parada de la batalla, en ese instante multitud de imágenes mostraron centenares de hombres, mujeres y niños pereciendo bajo las garras de las criaturas, tratando de defenderse tal como pueden hacer los simples humanos con sus escasos medios. Mostró incluso imágenes de grandes luchadores sin Arma Única, todos incapaces de derrotar un puñado de éstas. La joven recordó entonces cómo había logrado siempre derrotar a las criaturas, no siempre había sido su compañera, en alguna ocasión ella misma había abatido una o dos criaturas sin demasiadas dificultades, cuando esos luchadores lo pasaban mal incluso con una sola.
Hongreb entonces envió unas imágenes que parecían las gráficas del dispositivo que la muchacha había aprendido a hacer aparecer unos días atrás. Había tres imágenes, la del mago, la de un humano sin Arma Única y la de una muchacha de pelo cobrizo, Kyorai.
Sus ojos se desviaron hacia una columna en la que había el arma de que disponían.
Primero la dirigió hacia el muchacho del pelo violeta, era un mago y como tal portaba una vara ornamentada, tenía tonos entre azul y lila que la recorrían entera de arriba abajo y el ornamento en la parte superior tenía forma de luna creciente de color plateado. Entonces giró la cabeza para ver la descripción del hombre sin arma. Era un experto en varias artes marciales, de cuerpo atlético y de mayor edad que ellos. Aunque sabía usar distintos tipos de armas, no poseía Arma Única. Aparte, sus características físicas estaban bastante por debajo de las del muchacho, que si se situara a su lado, a simple vista parecería de porcelana, delicado.
La joven tuvo miedo de mover la cabeza y verse a sí misma, pero una fuerza misteriosa la empujó a hacerlo. Finalmente pudo divisar sus características, eran superiores a las del hombre sin arma, esas tablas no dejaban lugar a dudas, poseía un Arma Única.
Cuando estuvo a punto de buscar cuál era su Arma Única abrió los ojos. Estaba sentada en el suelo del bosque, sudando a causa de la presión del ambiente y respiraba con cierta dificultad, parecía agotada.
En su mano derecha hizo aparecer el dispositivo y lo levantó. Nunca antes se había parado a echarle un vistazo como era debido, pero ese parecía el mejor momento para hacerlo. Deslizó los dedos por los controles y finalmente llegó a la opción que buscaba.
-Esta vez te has superado Hongreb, es imposible explicarlo mejor, pero podrías haber evitado divagar, continúa siendo confuso. ¿Te crees ahora que lo que decíamos era verdad? –preguntó a la muchacha del pelo cobrizo.
Los ojos de la muchacha parecieron desorbitarse unos instantes, Saliega era, definitivamente, su Arma Única.
Dejó caer el aparato y este desapareció antes de tocar el suelo. La joven se levantó, caminó hasta su compañera, que volvía a tocar el suelo, y la abrazó.
-Bueno, ahora que ya sabes la verdad sí que podemos ayudarte.
-¿Ayudarme? No recuerdo haber pedido vuestra ayuda, además, que mi amiga sea mi arma no cambia nada de nada, llevamos años huyendo de las criaturas sin problemas y podemos continuar haciéndolo más tiempo.
-¿Entonces por qué buscabas el Centro antes de que fuera destruido y por qué acordaste acompañar a Teleysa y sus compañeros en su viaje? –Fleihnlir fue quien formuló la pregunta- ¿Acaso ya te habías dado cuenta del potencial que guardabas y buscabas ayuda para desarrollarlo?
-¿Qué? ¡Pero si ya soy fuerte por mí misma, no necesito a nadie!
-Vuelves a mentir, nosotros sólo queríamos enseñarte cómo iniciarte en el poder que ocultas, no disponemos de tiempo para enseñarte a luchar y, además –Fleihnlir adquirió una mirada risueña-, una niñata como tú no merece que le dedique tiempo para más cosas.
Los ojos de la muchacha ocultaron un destello de alegría, por fin había encontrado lo que buscaba, que la ayudasen a mejorar, y lo mejor de todo era que sólo le enseñarían las bases para ello, por lo que podría continuar a su propio ritmo, sin restricciones. Aunque no respondió al comentario de forma verbal se limitó a mirar a la mujer del pelo largo con desdén, acto que mosqueó a Fleihnlir más que cualquier otra respuesta.
-Bien, Hongreb, tú eres el experto en estas cosas, ¿por dónde empezamos? –preguntó Baelcan al hechicero, el cual, nuevamente, sonrió, meditando la respuesta.
Dos días después…
Una enorme sombra se extendía alrededor el espadachín, la criatura estaba encima de él, cayendo. Él no podía hacer otra cosa que mirar cómo ocurría, su pierna estaba entumecida, quizá debido a una rotura de los huesos que la componían y de su pie derecho dislocado. Clavó al espada en el suelo y se aferró a ella con la vaga esperanza de poder sobrevivir al peso y las escamas sobre su cuerpo.
De repente, un potente remolino de viento apareció a su alrededor y levantó a la criatura, manteniéndola en el aire tres metros por encima de Zero. El joven desvió la mirada rápidamente hacia Jabe, creyendo que era él quien lo salvaba, pero estaba en el suelo, apoyado junto a Kalys, quien le intentaba cerrar las heridas más sangrantes con sus escasos medios. La mirada del muchacho rubio no ocultó su sorpresa, indicando que no era él el origen del remolino.
El espadachín, aún sabiendo que Teleysa no era muy dada a las magias de viento, se giró hacia ella, estaba de pie, con el cetro en la mano derecha, pero sorprendida también, tampoco era ella. Detrás de ella estaba el resto del grupo, todos estupefactos con lo que sucedía.
De repente, una fuerte explosión abrió un boquete en la cueva que había quedado taponada a causa de un desprendimiento. De ella aparecieron dos sombras que, antes de que el grupo pudiera distinguirlas saltaron sobre la criatura. No tardaron en hacer desaparecer los restos de ésta justo después de que el huracán desapareciera, levantando una densa nube de polvo, ocultándolos.
Cuando ésta desapareció pudieron distinguir no sólo a los dos que han acabado con el cuerpo de la criatura, sino a otro acompañante. Eran Baelcan, Fleihnlir y Hongreb.
Se giraron en dirección al grupo, sonrieron y empezaron a avanzar hacia los miembros del grupo.
Baelcan fue el único que se acercó al espadachín. Éste estaba en el suelo, cubriéndose la cabeza, la explosión lo había separado un par de metros de su espada. El hombre había estado a punto de tropezar con Setzaku, ahora clavada en el suelo.
“Qué extraño… ¿Es este el arma que ha derrotado a esa criatura?”, dijo para sí mismo mientras acercaba una de sus manos a la empuñadura de la espada. Tuvo que hacer uso de ambas manos y toda su fuerza para lograr desclavarla del suelo, pero era incapaz de alzarla más de medio metro del suelo, le resultaba excesivamente pesada. Trató de usar la magia para ayudarle en esa tarea, pero la espada parecía repeler y absorber ese poder a la vez. “No es un Arma Única porque he podido empuñarla, pero tampoco es un arma corriente… ¿Qué es entonces?”. Cinco minutos más tarde había logrado acercar la espada al muchacho. Zero ya se había incorporado, estaba sentado, como en estado de shock por el agotamiento y las heridas. Instintivamente acercó una mano a la espada, la alzó y la envainó.
Baelcan quedó sorprendido por la facilidad con al que el muchacho había levantado esa espada.
-Tu arma… No es un Arma Única…
El muchacho lo miró, desconcertado. Baelcan alzó su mano derecha y la bajó rápidamente hacia el joven herido, haciendo aparecer su propia espada, con la intención de dañarlo. El brazo izquierdo de Zero se movió por puro instinto, cogiendo Setzaku y bloqueando el golpe.
-Has estado dos veces en peligro de muerte y no te ha aparecido tu Arma Única, pero en cambio tu arma es muy poco corriente, ¿de dónde la has sacado?
-Je… quizá entonces me haga falta un reto mayor para conseguir mi Arma Única.
Baelcan calló, pasó un dedo por el filo de la hoja de su espada. Ésta medía poco más de metro y medio, el mango era de color anaranjado con motivos de dragones, la hoja poseía un tono rojo en la parte del medio hasta llegar a un negro oscuro por la zona de los filos. El nombre del propietario estaba escrito con letras doradas en uno de los lados.
Hongreb ya había alcanzado al grupo y, con cierta brusquedad, los ayudó a alzarse usando su magia para que, segundos después, un halo blanco con origen en sus palmas los recorriera a todos, sanando todas sus heridas visibles, era imposible incluso para él curar el agotamiento que habían sufrido todos.
A medida que todos recuperaban fuerzas para poder andar empezaron a correr en dirección al espadachín.
-¡Zero! ¿Te encuentras bien? –preguntó Oxidas, quien fue el primero en llegar, no había sufrido daños pero había esperado a Terbal.
-¿Cómo has hecho eso? ¿Me enseñarás a hacerlo a mí? –Zero sonrió y negó con la cabeza- Pero si uso espadas como tú…
Oxidas se echó a reír.
-Bueno, al menos hemos podido vencerla gracias a eso.
-¡Por eso quiero aprender hacer ese truco! ¡Para ayudar más la próxima vez!
-No es algo que tú puedas aprender, Terbal…-dijo Zero, cerrando los ojos por el dolor.
Jabe, apoyado en Kalys, andaba con cierta dificultad, más que resentido por las heridas, lo estaba por el desgaste de poder. Se acercó al espadachín, que aún estaba en el suelo, le acercó una mano y sonrió.
-Buen trabajo, Zero.
-Je, ya sabes que el mérito no es todo mío, si no llega a ser sin tu ayuda no le podría haber asestado el golpe final.
-¡Eh! Todos hemos ayudado, ¿verdad chicos? –Dijo la profesora a sus espaldas- Estoy muy contenta de vuestros progresos, pero creo que casi todos lo hemos pagado un poco caro –la Teleysa se giró en dirección a Hongreb, quien trataba de acercarse al espadachín para sanarle las heridas.
Todos pudieron escuchar sus pensamientos, no podría sanarle completamente, el joven tenía un brazo completamente desgarrado por dentro, una pierna dislocada y la otra fracturada. Tardaría un poco en poder volver a viajar en condiciones. El joven hechicero dedicó un buen rato en sanar como buenamente pudo las heridas, unió los huesos fracturados y cerró las heridas, en el proceso aplicó una magia que la profesora jamás había visto, aplicó un hechizo que aceleraba la regeneración de músculos y huesos. Ésta ya era más rápida de lo normal en el cuerpo del muchacho, así que esa fue una buena noticia, en unos tres días estaría completamente recuperado. Acabaron vendándole con el pie dislocado y el brazo para que no los pudiera mover demasiado mientras durara la regeneración.
Fleihnlir por su lado había regresado a la gruta y parecía llamar a alguien a gritos.
Todos se habían agrupado ya cuando finalmente, de entre las sombras, apareció el cuarto componente del grupo, era Kyorai, con un aspecto distinto a cuando se separaron, parecía que había madurado. Saliega, a su lado, andaba con pasos seguros, algo más que de costumbre.
-¡Kyorai! –La profesora fue la primera en saltar- ¡Me alegro tanto que estés bien! ¡Estaba muy preocupada!
-Hola –contestó saludando con una mano, despreocupadamente-. No tenías porqué, he cuidado de mí misma desde pequeña.
-Ah, sí, perdón. Pero no he podido evitarlo, aún lamento no haber podido continuar con las clases.
-No le des más vueltas, ya no me hacen falta.
-¿Qué?
Varios gritos a sus espaldas cortaron esa conversación, eran Terbal y Oxidas.
Kyorai tardó unos segundos en atreverse a mirar a Oxidas, aún le era reciente le recuerdo del combate contra la criatura morada en la que el muchacho estuvo a punto de morir abierto en canal. Sin embargo allí estaba, vivito y coleando.
-¿Lleváis cerca mucho tiempo? –preguntó Jabe al grupo que acababa de llegar después de saludarlos.
Baelcan lo miró, serio, pero respondió enseguida.
-No, no mucho, empezábamos a salir del bosque cuando la extraña tormenta empezó y varios aludes nos han bloqueado el camino, no hemos podido llegar antes.
-Pero aún así sabéis todo lo que ha ocurrido…
Todos los del grupo que derrotaron a la criatura quedaron extrañados por esas palabras.
-Estaría mintiendo si dijera lo contrario, pero sí, se podría decir que hemos podido seguir parte del combate aunque no nos hemos podido acercar hasta cuando lo hemos hecho –dijo Baelcan llevándose dos dedos a la frente, como si tratara de pensar algo que ya sabía claramente-. Me alegra saber que algunos habéis mejorado notablemente, sobretodo Oxidas, esa serpiente bicéfala ha sido impresionante.
-¿Que qué? ¿Cómo sabéis lo que ha ocurrido aquí y no nos habéis venido a ayudar?
-Hey, hey, el que lo sabía era Hongreb, este muchacho, aunque carezca del don del habla, posee multitud de habilidades relacionadas con la magia, nosotros ya teníamos suficiente con esforzarnos para llegar hasta aquí lo antes posible y, por lo visto, llegamos tarde para ayudaros con el combate, pero a tiempo para evitar que sufráis bajas, y esto ya es un gran alivio viendo que habéis podido vencer sin nuestra ayuda.
Los que se habían quejado abajaron la cabeza, avergonzados. Jabe rió, conocía bien a los tres, la suerte era que Fleihnlir no había hablado aún, estaba distraída hablando con Kyorai, con quien parecía que había hecho buenas migas. Ese buen ambiente entre ellas provocó que un escalofrío recorriera la espalda del muchacho, sabía que ambas, aún con vidas diferentes, eran muy parecidas en cuanto a carácter, ambas eran directas, desvergonzadas y peleonas.
Terbal se acercó a Baelcan y le preguntó alguna cosa, su hermano no necesitó escuchar esa conversación, pronto la tendría él también.
Hongreb se encargó de alejar los negros nubarrones y la luz del sol volvió a acariciar el lugar, ahora bastante cambiado, con múltiples grietas y agujeros.
Teleysa no podía desviar la mirada del joven mago, había algo en él que le resultaba familiar, o que le provocaba un sentimiento de curiosidad, no estaba segura, pero sí sabía que ese joven era muy misterioso y muy poderoso.
Finalmente Fleihnlir se separó de Kyo y se acercó a Jabe, cuando lo tuvo cerca lo abrazó efusivamente, mirando de reojo a la muchacha morena que había sentada a su lado, sonriendo maliciosamente. Cuando se separó le dirigió al muchacho unas palabras, le sonrió y se giró en dirección a Baelcan. La muchacha morena no pudo evitar fruncir el ceño. El muchacho sonrió, sabía que Fleihnlir había hecho eso aposta, pero decidió no decir nada a la muchacha por el momento aunque después se ganara que Kalys se lo reprochara, tenía cosas más importantes por hacer.
Finalmente el joven rubio se reunió con su hermano y su maestro. Pidieron al resto que los dejaran a solas un rato y se dirigieron hacia la gruta. Hongreb y Fleihnlir los siguieron, ese tema sólo los afectaba a ellos.
-¿Dónde van? –preguntó Teleysa a la muchacha del pelo cobrizo.
-Ni idea, ¿por?
-Yo creía que lo sabrías, acabas de llegar con ellos.
-Ellos me obligaron a venir –Kyo estaba sentada en el suelo, con Saliega cerca, acariciándole el lomo mientras ésta ronroneaba suavemente.
-¿Qué te obligaron dices? ¿A ti, con lo rebelde que eres?
Teleysa creía que ese comentario la molestaría, pero la muchacha se limitó a mantener la mirada fija en su fiel amiga, haciendo caso omiso.
-Hum… al final resulta que sí que tenías razón.
-¿Sobre qué?
-Tengo un Arma Única.
La hechicera la miró, seria, ese había sido el punto clave que causó que se separaran y ahora era ella misma quien regresaba pidiendo disculpas, aunque no directamente, su orgullo podía más que ella, pero servía.
-¿Y puedo saber cuál es?
Kyorai no respondió, se limitó a continuar acariciando a la felina, sonriendo.
Teleysa no necesitó saber más, todas las dudas que pudiera haberse formulado alrededor del extraño felino acababan de quedar resueltas creando otras nuevas, pero sabía que no valía la pena discutirlas, pues su respuesta, por el momento, se encontraba muy lejos aún, o quizá no la sabría jamás.
Mientras en la gruta los cinco estaban sentados en el suelo, donde se mantuvieron en silencio unos minutos.
-Vaya… tantos años de entrenamiento para que los olvidéis nada más conseguir vuestras armas, ya os vale, ¿no? –se quejó Fleihnlir, disgustada.
-No lo hemos olvidado todo, ambos aún recordamos las habilidades de defensa cuerpo a cuerpo y lo que nos recordaron en el Centro sobre la lucha con Armas, pero no demasiadas cosas.
-¡Pero si os lo enseñamos casi todo! ¿Cómo podéis haber olvidado todo nada más conseguirlas? ¿Os lavaron el cerebro o algo parecido?
-Los mataron –respondió Baelcan- y por lo visto quizá les hicieron algo antes de que regresaran a la vida. Hongreb, ¿podrías mirar a ver qué encuentras?
El muchacho del pelo violeta asintió mientras cerraba los ojos. Terbal y Jabe hicieron lo mismo. Unos instantes después ambos hermanos habían empezado a sudar y su cara mostraba gestos de dolor. El examen del joven hechicero se alargó dos horas enteras.
Mientras, fuera de la gruta, el resto del grupo se había acomodado y había preparado algo de comida. Kalys era la única que estaba nerviosa de entre todos, Teleysa le reprochaba cada intento que hacía de correr a por Jabe e incluso en alguna ocasión se había visto obligada a usar algo de magia para detenerla hasta que finalmente se durmió en su saco, cerca de Zero, el muchacho que la había salvado ese día.
Finalmente Jabe y Terbal pudieron descansar, aliviados.
-¿Y bien? ¿Ya sabes qué es lo que les ha ocurrido?
Hongreb respiraba jadeando.
-¿Qué? ¿Un rayo de luz verde? ¿Y ya está, no tienes ninguna respuesta más?
El mago negó con la cabeza, le resultaba confuso incluso para su ya de por sí sabia mente, pero aún así estaba feliz, había logrado algo bueno.
Baelcan miró a ambos, se miraban las manos, como si hubieran recuperado algo que les era muy preciado, ya no parecían agotados por la batalla, nuevas fuerzas inundaban sus cuerpos.
-Bueno, aún suerte que lo ha podido solucionar… Pero igualmente, ese chico, Zero, me ha dejado perplejo. ¿De qué le conocéis?
-Vivía en el pueblo con nosotros. Ya le conocíamos de antes de conseguir nuestras armas. Lo que sé de su pasado es que está huyendo de su clan junto a la profesora por algún crimen que cometió sin querer. Algo relacionado con la reliquia de ese clan, la espada Menzaku.
-¿Menzaku dices?
-Sí, la que ahora lleva el nombre de Setzaku, su actual espada.
-Otro muchacho con una habilidad misteriosa… Ya empezáis a ser demasiados, ¿no te parece? –Fleihnlir fue quien se quejó.
-¿Habilidad misteriosa? ¿De qué hablas? Nosotros no nos hemos buscado nada de todo esto.
-Primero vosotros dos, a quienes las criaturas grandes esas os persiguen desde el momento que nacisteis. A ti Jabe puede que sea algo relacionado con la barrera que creaste durante el ataque del Centro.
-Pero no he conseguido crearla otra vez desde entonces, ¿qué me da eso de especial? –Baelcan no hizo caso de esa pregunta, sabía que no conduciría a nada dar vueltas a un asunto del cual nadie sabía la respuesta.
-A ti Terbal te deben perseguir porque lo que te hace especial es que tengas no un Arma Única, sino dos a la vez y además iguales.
-Jeje, las espadas son lo mío –Terbal levantó ambas manos en las cuales aparecieron sus espadas, ambas de de apenas un metro de longitud, ligeras.
-A Zero le persigue su clan, pero seguro que a las criaturas les interesará su gran fuerza ahora que ha partido por la mitad de un solo golpe a esa enorme criatura. Vuestro amigo Oxidas, en cambio, posee un arma realmente extraña, incluso más que la de Kyo, ese guante es extraordinario y su capacidad, por lo que puedo llegar a comprender, sólo tiene como límite lo que su portador se vea incapaz de hacer, tal como ocurre con la magia. En lo referente a la chica con la felina, su Arma Única es también otra rareza, y ha tenido una vida de soledad, lo ha pasado bastante mal en su vida a causa de las criaturas y seguro que pronto volverán a perseguirla de cerca, y la persecución contra ella es peor que la que hay por vosotros dos por lo que he podido averiguar este tiempo que hemos estado con ella.
-En cambio Teleysa y esa muchacha morena de antes no tienen nada de especial, son más bien normales –soltó Fleihnlir muy a la ligera, como era normal en ella. Jabe y su hermano ni se esforzaron en parecer molestos, no valía la pena.
-Ahí te has equivocado Flei, Teleysa también es especial, no olvides quien fue su maestro. Si ella llega a descubrir algún día sus secretos puede que incluso llegue a ser más poderosa que Hongreb, pero ella ya sabe lo que tiene que hacer. Y en lo referente a esa muchacha, nunca se sabe… Hongreb no ve en ella nada especial, quien sabe a qué llegará si vive mucho tiempo y se entrena duro, como nosotros hicimos en nuestro momento, bueno, al menos como hicimos Flei y yo, que Hongreb es otro caso especial.
-¿Qué hacíais viajando junto a Kyorai? Puede cuidarse sola de las criaturas y…
Un recuerdo emanó de su mente con tal fuerza que Hongreb ni tan siquiera evitó que llegara a Baelcan y Fleihnlir.
-¿Qué te ha ganado una chica en combate? –rió Fleihnlir.
Jane entendió enseguida y miró a Hongreb, reprochándoselo.
-Bueno, hemos visto como lucha y no es para nada alguien corriente. Ya lo has podido comprobar ti misma Fleihnlir, que esta misma mañana te ha devuelto todas las bofetadas que le diste y más.
La mujer, enfadada, se giró e hinchó los morros en pose infantil de enfado, dio media vuelta rápidamente y empezó a alejarse. Jabe estaba sorprendido, ahora sí recordaba sus combates de entrenamiento contra Flei, jamás había sido capaz ni tan siquiera de llegar a rozarla antes de quedar él mismo tumbado en el suelo. Sabía que desde que había conseguido su arma había mejorado, pero dudaba que lo hubiera hecho hasta tal punto. Ya no volvería a avergonzarse por haber perdido contra la muchacha, ahora la respetaría un poco más.
Baelcan sonrió mientras la mujer se alejaba, miró a Jabe levantando los hombros con expresión despreocupada y empezó a seguirla, con Hongreb a su lado.
-Por cierto, vuestros padres os envían un mensaje. Quieren que visitéis a vuestros abuelos si pasáis cerca de donde viven durante vuestro viaje, que viendo la ruta que sigue vuestra profesora, no tardaréis demasiado en llegar.
Ambos asintieron algo desconcertados, aunque quizá se hacían una idea de lo que debían ir a hacer allí aparte de visitar a sus queridos familiares.
Finalmente llegaron donde el resto del grupo descansaba, se situaron alrededor de una fogata que había creado Teleysa haciendo uso de la magia a falta de madera y cenaron tranquilamente. No tardaron apenas unos minutos en dormirse los partícipes del combate, ahora recuperados de todas sus heridas.
Por su lado Kyorai, gracias al trío, había tomado una decisión, la de acompañar al grupo de Teleysa en su viaje. Su opinión respecto a las Armas Únicas había cambiado de rumbo y parecía coincidir con el camino que seguían. El grupo de Baelcan le había hecho el mejor regalo de su vida y no pensaba desaprovecharlo.
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Re: Nuevo mundo, nuevas reglas [Relato Largo]
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Respuesta #34 :
Septiembre 18, 2007, 09:34 »
(Siento la tardanza... Pero aquí lo tenéis,
)
Era aún de noche cuando una pequeña bola empezó a dar pequeños y silenciosos botes. A su lado, un joven con el cabello recogido en una coleta recogía sus cosas y metía la mano en su extraño compañero, del cual aparecieron un par de bolsas de gran envergadura que contenían aquellos libros y útiles para el viaje que no cabían en las mochilas del grupo. Dejó allí todo lo que no le era de utilidad y se dirigió hacia la grieta de salida del cráter.
La luna era aún visible y le permitió atisbar una sombra en lo alto del cono. Se trataba de un muchacho con un corte de pelo en forma de corona, de color violeta y de mediana estatura. Parecía embobado con la espléndida luz plateada que bañaba el lugar.
El joven desvió su mirada enseguida, no podía permitirse retrasar su marcha en solitario. Levantó su guante adornado con una gema en el centro del dorso y la bola saltarina se introdujo en ella al instante. Avanzó veloz atravesando la gruta y, cuando creía que nadie lo había seguido...
Allí estaba ella, a un lado de la salida, una muchacha de cabello cobrizo junto a su fiel amiga, una lince ibérica de características excepcionales.
-Buenos días –soltó ella.
-Buenos días –respondió el muchacho tras unos segundos de duda mientras continuaba avanzando.
Ya empezaba a hacerse de día cuando se dio cuenta de que lo seguían.
-¿Qué estás haciendo, Kyo?
-Nada, salgo a estirar las piernas con Sali -contestó ésta, encogiéndose de hombros–. ¿Algún problema?
El joven negó con la cabeza y continuó caminando.
No conocía exactamente la situación del lugar al que se dirigía, pero sí sabía que no se encontraba lejos de allí, un fuerte sentimiento lo guiaba a través de pasajes tortuosos y caminos serpenteantes. El camino estaba lleno de sendas que lo cruzaban pero, aun así, la muchacha no cesaba en lo que parecía una persecución.
Kyo andaba tranquila, con las manos situadas detrás del cuello, parecía andar cómodamente por aquél difícil camino mientras que el muchacho tenía sus complicaciones.
-¿Por qué no usas tus habilidades para hacerte más fácil el camino?
-No es asunto tuyo. ¿Por qué me estás siguiendo? Estamos ya muy lejos del grupo.
La muchacha se detuvo de golpe, bajó las manos hacia los lados y al instante siguiente se encontraba detrás de Oxidas, el cual no pudo seguir sus movimientos.
Kyo se acercó a su oreja derecha desde la espalda del joven.
-¿Pero cómo…?
-Estás buscando la guarida del clan Konda. No hay nada más por aquí cerca, ni pueblos, ni ciudades. Y menos en esta dirección. ¿Tienes algún asunto pendiente? –dijo la chica.
El muchacho, tras escuchar esas palabras, se giró de golpe. La muchacha se apartó justo a tiempo para evitar que la golpeara.
-No es asunto tuyo y no puedo permitir que nadie se meta en esto –dijo Oxidas, en actitud seria.
Kyo lo miró de arriba abajo unos instantes, sonrió, dio media vuelta en dirección hacia donde se dirigían y situó nuevamente las manos tras su cabeza.
-Vamos, Saliega y yo te guiaremos.
-¿Que qué?
-Si has decidido ir sea como sea supongo que habrás pensado bien los riesgos a los que te enfrentas, además, tu sentido de la orientación es pésimo, ya habríamos llegado hace rato si no dieras tantas vueltas.
El muchacho no supo qué responder, sino que empezó a sonrojarse.
-Pero… ¿cómo sabes tú de la existencia del clan Konda?
La muchacha únicamente soltó una risa burlona y empezó a andar con Sali a su lado.
-Será mejor que saques a tu bolita acompañante. ¿Quieres llegar cuanto antes, verdad?
Oxidas accedió, hizo aparecer su guante, lo alzó y de su ornamento apareció un chorro de masa que adquirió la forma ya acostumbrada.
-Se llama poring.
Aunque dentro del cono del volcán era aún oscuro, todos ya estaban en pie y bien despiertos gracias a los gritos de Teleysa.
-¿Se puede saber dónde se han metido Oxidas y Kyorai? ¡Ahora que estábamos juntos otra vez van y se largan sin decir ni media! –Ésta fue una de las pocas frases que lograron entender de todas las que pronunciaba la profesora a toda velocidad, casi eran incapaces de recordar la última vez que la vieron tan preocupada.
Jabe, gracias a la inestimable ayuda de Hongreb, no tardó en descubrir lo que había ocurrido.
-¿El clan Konda? ¿Aún hay gente que se hace pasar por ninjas o algo así? –se burló el muchacho.
La profesora, al escuchar esas palabras, comprendió lo que pasaba.
-No irá a… No… ¿Cómo se ha enterado de que su guarida está por esta zona?
-¿El Clan Konda, dices? –empezó Terbal-. Oxidas habló de él en alguna ocasión, es un clan de ninjas refugiados que se dedican a aprovecharse de sus habilidades para actuar como mercenarios o para saquear –la profesora lo miró seria-. Eso es lo que encontré por Internet cuando aún estábamos en el Centro.
-¿Internet? –la profesora pareció asqueada por haber pronunciado esa palabra, ya que sus costumbres referentes a la magia la hacían reticente al uso de la tecnología.
-Sí, ya sabes, esa particularidad del ordenador que permite ver tantas cosas –Jabe no podía dejar de reír al ver la cara de la profesora, estaba aún más confusa que al principio. Kalys, a su lado, había caído al suelo de la risa.
Teleysa se sonrojó.
-¡Ya basta! ¿Entendido? –la profesora se giró hacia Terbal-. ¿Qué es lo que tiene eso llamado Internet?
-Pues casi de todo, puedes encontrar música, películas… -detuvo la enumeración al ver que la profesora empezaba a perder la paciencia-. Y también información sobre todo o casi todo lo que hay en el mundo. El Clan Konda tiene su propio sitio web donde puedes apuntarte, pero está bastante restringido y tienes que pagar para poder entrar.
-¿Y cómo consiguió Oxidas esa información? Envié una petición hace años para esta búsqueda y nadie ha logrado descubrir el lugar exacto de su escondite, como mucho que está en esta cordillera, nada más.
-Fácil, bueno, al menos para él, “hackeó” la web.
-Esto… ¿”hackeó”?
-Que hizo trampas –explicó Jabe, refrenando sus ansias de echarse al suelo de la risa.
-¿Trampas? ¿Que uno de mis alumnos ha hecho trampas? ¿Pero qué tiene en su cerebro de mosquito ese cabeza de chorlito?
-¡Eh, eh! Ya cálmate –Baelcan empezaba a tener dolor de cabeza con los gritos agudos de la profesora-, si mandaste buscar su emplazamiento con tus métodos, está claro que el muchacho ha usado los suyos, sean cuales sean, y han sido más eficaces.
-Una mujer tan joven y no sabe lo que es Internet… -se mofó Fleihnlir, pero la profesora hizo caso omiso al comentario.
-Bueno, sí, tienes razón, ha logrado lo que otros no han podido, eso lo admito… ¡Pero es que ha hecho trampas!
-Profesora, si él estuviera aquí te diría lo mismo que yo, que no hubieran hecho de pago su web, se lo tienen merecido lo que les pueda hacer –dijo Jabe, quien empezaba a estar cansado de la situación.
Teleysa, finalmente, se calmó, ese argumento parecía lo suficientemente sólido para apaciguar su ira.
-Que cobren por entrar no significa que merezcan morir y ahora lo más importante es que debemos pararle los pies.
“Lo dudo mucho”, sonó en la mente de todos, al unísono.
-¿Qué quieres decir, Hongreb? –Terbal fue el primero en preguntar.
-Que ya es demasiado tarde –soltó Baelcan fríamente.
Teleysa se llevó una mano a la boca.
-¿Demasiado tarde? No me digas que ya…
“No parece que el muchacho haya muerto aún, seguramente gracias a Kyo, pero creo que sus rivales no están nada contentos con su visita”.
-¡Eso es! ¡Dales caña Oxidas! –gritó Zero, quien se había mantenido en silencio todo el rato.
La profesora le impuso una mirada inquisitiva.
-Por cierto, Hongreb. ¿Cómo consigues ver lo que ocurre desde tan lejos? Parece magia muy poco común…-la profesora paró en seco, un vago recuerdo le vino a la mente en forma de destello- ¿Quién fue tu maestro?
El joven hechicero entabló una silenciosa conversación con la profesora que duró un buen rato. Finalmente, la profesora levantó la mirada.
-Así que era eso…
-Hongreb, no habrás… -Le preguntó Baelcan.
El joven del cabello violeta se limitó a sonreír con su fastidiosa sonrisa. El maestro se giró hacia la profesora, parecía airada y su cabello había vuelto a cambiar de color, hecho que no sucedía desde el día en que empezó el viaje. Éste había adquirido una tonalidad azulada.
-¿Azul claro? –preguntó Terbal a su hermano, jamás habían visto ese color en el pelo de la profesora.
Durante el periodo que estuvieron en el Centro muchos fueron los que se preguntaron si el color del pelo de Teleysa era teñido o si usaba la magia para ello. Después de un tiempo estudiando en la biblioteca, Jabe fue el primero en formular una teoría que después fue confirmada por la misma profesora, el color de su pelo indicaba el estado en el que se encontraba, tanto emocional como físico.
-¿Ha encontrado la paz que buscaba?
-Más bien, que ha recuperado algo que le es muy preciado –dijo Baelcan.
-¿El qué? –volvió a preguntar Jabe.
-Puedes adivinarlo a simple vista, hasta hace un momento su pelo era de color rojo oscuro, el tono original de su cabello, ahora en cambio ha cambiado a un color totalmente distinto. Puede que haya recuperado su poder, o incluso haya recordado algo que puede que olvidara estando en el Centro.
-¡Pero que pasa aquí que todos olvidan las cosas! –se quejó Fleihnlir.
-Bueno, en su caso, parece que guardaba relación con un fragmento oscuro de su pasado, no podemos culparla si ha usado la magia para olvidarlo-el hombre lanzó una mirada furtiva al joven del pelo violeta el cual le respondió con la típica sonrisa de siempre, pero ladeando levemente la cabeza de lado a lado, negando haber actuado de modo reprochable.
El muchacho rubio se dirigió a la bolsa con libros que Oxidas había dejado en el suelo.
-Aún suerte que se ha acordado de dejarlos aquí. A ver… ¡Aquí está! –justo cuando encontró lo que buscaba el libro se cerró de golpe, dándole en las narices y provocando que soltara un sonoro quejido.
-Déjalo Jabe, no es nada que deba preocuparos, es asunto mío. ¿Entendido? Y ahora, si me disculpáis, me voy a tirar de las orejas a Oxidas. Tardaré un poco, esperad aquí.
-No creo que vaya a salir corriendo, tranquila- soltó Zero, sarcástico, tumbado en el suelo, casi inmóvil.
Teleysa no pudo evitar soltar una carcajada, hizo aparecer su cetro, lo alzó al aire y desapareció ante la vista de todos.
-¿Pero qué…? ¿Teletransportación? ¿Y hemos estado caminando todos estos días? –Se quejó Terbal casi a la vez que Kalys.
-Tranquilo chaval –dijo Baelcan, a la vez que le frotaba la cabeza del muchacho-. Eso es magia de muy alto nivel y sólo aplicable al sujeto que la usa. Si no me crees pregúntaselo a ella cuando regrese –Terbal soltó un sonoro soplido, no estaba conforme, pero estuvo con de acuerdo con la idea de aguardar que regresara la hechicera.
-Bueno, pues ya que parece que está dicho todo, yo me voy a dar una vuelta –dijo Jabe mientras guardaba el libro que tenía entre manos, no había logrado abrirlo desde que Teleysa se lo había impedido.
-Hermano. ¿No esperas a que llegue Teleysa? Después de lo de ayer puede ser peligroso ir solo.
-Tranquilo, sólo voy fuera del volcán, no iré lejos y así los podré ver llegar. Si me pasara algo ya me encargaré de que Hongreb os avise.
Terbal no respondió. Kalys, decidida, siguió al joven rubio hasta fuera del cono por la gruta.
-¿Quieres empezar a entrenar, Kalys?
-¿Qué? Yo… pensaba que ibas a entrenar sólo tú y quería verte…
-Jeje, tranquila, esperaba que me siguieras. Ya sé que la profesora es Teleysa, pero creo que puedo enseñarte alguna cosa antes de que regrese.
-¿Eh? ¿Lo harías?
-¡Claro!
Kalys saltó de alegría y se agarró con fuerza a un brazo del muchacho, el cual estuvo a punto de caer al suelo por el empujón.
-Buscaremos algún lugar adecuado… Mira, allí servirá.
Bastante más adelante el camino se ensanchaba bastante en lo que parecía un cruce entre varias rutas.
-Esto… Jabe –preguntó, tímida, Kalys.
-Dime.
-¿No te molesta que vaya todo el rato agarrada a ti? Apenas nos acabamos de conocer y…
El muchacho no respondió al principio, se limitó a mirarla, de reojo.
-¿Y? –preguntó viendo que la continuación se hacía esperar.
-Estos días he podido comprobar que no eres un chico corriente, eres muy fuerte.
-No digas bobadas, ya has visto que los otros también son muy fuertes.
La muchacha negó con la cabeza.
-No me refería a eso, la profesora me contó que no entendía cómo continuabas aún en pie después del desgaste que habías padecido últimamente y aún menos que lograras ayudar a Zero de semejante forma habiendo llegado al límite de tus fuerzas.
El muchacho no supo qué decir.
-Yo… No sé a qué te refieres exactamente. Supongo que no podía dejaros luchar solos contra esa criatura y me forcé para continuar aún estando al límite.
-Jiji, lo raro es que hoy parece que estés en plena forma.
-Bueno… ¿Recuerdas cuando mi hermano y yo nos fuimos a la gruta con esas tres personas? Los tres fueron nuestros maestros antes de que consiguiéramos nuestras armas –Jabe recordó el beso de Fleihnlir-. ¡Así que Flei y yo no estamos liados ni…!–Kalys besó al muchacho en la mejilla y se alejó unos pasos hacia delante tarareando una dulce melodía.
“Qué chiquilla tan extraña…”, pensó el joven.
De repente, la muchacha se giró y lo miró, seria.
-Cada vez me gustas más, no cambies nunca, te lo pido por favor.
El muchacho quedó sorprendido hasta el punto de dejar de andar.
La muchacha abajó la cabeza, parecía avergonzada por lo que estaba a punto de decir, pero finalmente alzó la cabeza y sonrió.
-¿Yo te gusto?
-¿Qué? –preguntó el muchacho exaltado mientras la joven se le acercaba lentamente.
-Que si te gusto –respondió cuando estaba a dos pasos del muchacho, el cual permanecía inmóvil.
-Pe… Pero si acabamos de conocernos y… -Kalys no dejó que continuara, lo abrazó y junto sus labios con los del joven.
Jabe no sabía como reaccionar, al principio sus brazos se dirigieron a los hombros de la muchacha con la intención de separarse, pero ni tan solo lo intentó, los desvió hacia su espalda, la abrazó con firmeza, cerró los ojos y se dejó llevar.
Teleysa llegó a la entrada de la guarida del Clan Konda donde empezó a ver un rastro de desolación, en la entrada había varios guardias caídos, sus caras no mostraban signos de haber sufrido. La guarida se encontraba en un lugar de muy difícil acceso por métodos normales, incluso para escaladores expertos, sólo se podía llegar de formas muy concretas y la magia era una de ellas.
En el interior había cadáveres de hombres y mujeres, todos vestidos al estilo de los ninjas, con las caras tapadas. Todos mostraban heridas de carácter mortal, la mayoría de ellos atravesados por algo que parecía largo y afilado.
“¿Oxidas no había usado un sistema parecido antes? Si realmente se ha vuelto un criminal…”.
Teleysa siguió el rastro de cadáveres, el aire empezaba a apestar, algunos cadáveres estaban ya en fase avanzada de descomposición.
“Qué raro… no llevan suficiente tiempo por aquí para que… No será que…”, una espantosa idea cruzó la mente de la profesora y aumentó la velocidad con la que avanzaba a través de los pasillos.
Finalmente, al girar en un cruce, divisó una puerta abierta con un cuerpo evitando que ésta se cerrara. Detrás de ésta se encontraban Oxidas y Kyorai.
Teleysa estuvo a punto de gritar cuando éstos saltaron para evitar lo que parecía una sombra. La profesora no tuvo el tiempo necesario para diferenciarla con exactitud, pero no era humano, fuera lo que fuera. Sacó su dispositivo, pero no averiguó nada más que lo que recordaba haber visto. Su cabello se había vuelto de color rojo brillante y sus ropas habían vuelto a cambiar a las de danzarina, estaba lista para combatir si era necesario. Esperó a que la sombra volviera a pasar por delante de la puerta, sin llamar la atención. En cuanto ésta hizo lo que esperaba, alzó su cetro y le lanzó el cuerpo que había en el suelo.
Logró acertar en su objetivo y entrar de forma segura en la sala. La sala en cuestión era bastante grande, quizá servía de lugar de entrenamiento o para prácticas de combate entre los miembros del clan pues en el suelo y en las paredes había todo tipo de utensilios como kunais, estrellas, katanas y muchos otros utensilios.
-¿Profesora? ¿Qué haces aquí? –dijo Oxidas, sorprendido.
-¡Eso mismo digo yo, se puede saber qué hacéis vosotros aquí!
-Por el momento ser afortunados por evitar tan hábilmente mis ataques –dijo el cuerpo que había sido acertado por el lanzamiento del cadáver-, hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien. Pero esto no durará demasiado, no temáis, os daré una muerte plácida si os estáis quietos.
-¡No te rías de nosotros! –dijo Kyo a modo de respuesta mientras Sali volvía a atacar al rival desconocido.
-¿Una criatura? –preguntó la profesora.
-Sí. Otro tipo del que no habíamos oído jamás, pero mucho más peligroso de lo que hemos visto hasta ahora.
-Parece mucho más frágil.
-No te confíes, sólo lo parece, pero es rápido como una mala cosa.
A simple vista la criatura adoptaba una forma similar a la de un murciélago, sus largas garras hacían las veces de la forma de las alas de éstos, pero la composición de su piel era claramente la de un reptil, signo inequívoco de las criaturas, aparte de que les había dirigido la palabra. No era ni mucho menos un rival común y eso se notaba a simple vista.
La criatura saltó para esquivar a Saliega tratando de golpearla en el ascenso pero no lo logró, un chorro de masa endurecida bloqueó el ataque. El atacante aprovechó la masa para rebotar hasta la pared a su espalda y clavó sus garras en ella, manteniéndose quieta en ella.
Otro chorro apareció desde el primero y trató de ensartar a la criatura, pero ésta lo rechazo de un manotazo.
-No me subestimes muchacho. Y vosotras tampoco, sé quienes sois, no creáis que no os he reconocido, Teleysa y Kyorai.
La muchacha pareció sorprenderse, la profesora en cambio ni se inmutó.
-¿Quién ha osado entrar en mi guarida y causar semejante masacre? –un hombre que parecía pertenecer a la cuarentena de edad cruzó la puerta. Sus atuendos indicaban que era un miembro del Clan, sin embargo su tono de voz indicaba mucho más que eso.
-¡Tú! –Gritó Oxidas a la vez que tres chorros finos de masa salieron disparados desde su guante hasta el hombre, el cual los esquivó de un pequeño salto y se quedó colgando en la pared por encima de la puerta.
-¿Te conozco?
-¡Deberías, tu Clan asesinó a la gente de un pueblo entero! ¡El pueblo donde vivía yo!
-¿Pero qué dices? Si nosotros nunca hemos… Un momento, de qué pueblo estás hablando, no serás de…
-¿Y qué si lo era? ¡Pagarás por lo que hiciste! –del guante apareció una esfera que permaneció flotando al lado del muchacho, metió la mano en ella y sacó un fino chorro.
Al acabar de formase éste había adquirido la forma de un látigo. En la mano derecha blandía el guante y con la izquierda su nueva arma.
-Jujuju, qué interesante, parece que me lo voy a pasar muy bien hoy –soltó la criatura, mofándose.
El líder del Clan desvió su mirada hacia ella de inmediato, sólo necesitó ese instante para saber quién había provocado la masacre.
Teleysa alzó el cetro en dirección al techo, tardando unos instantes antes de empezar a derrumbarse encima de sus cabezas.
Lograron salir de allí justo antes de quedar atrapados pero la criatura no fue tan afortunada y acabó sepultada bajo los escombros.
-¿Estás loca, Teleysa? –gritó Kyo a la profesora, ella y su amiga habían sido las últimas en atravesar la puerta- ¡Casi nos matas!
-No te preocupes, no he dejado de controlar las runas mientras caían –dijo alzando el cetro, que hasta ese momento no había dejado de emitir un leve brillo.
La muchacha soltó un soplido, disgustada, y empezó a caminar pasillo abajo, junto a Saliega.
Los primeros en atravesar la puerta ya hacía rato que no estaban allí, Oxidas había salido a perseguir al líder cuando vio que éste escapaba.
-A ver cuando aprenderá este muchacho a quedarse con el resto del grupo…
-Ya los has escuchado antes, el líder sabía lo del ataque al pueblo donde vivía. Si yo descubriera a quien hubiera asesinado a mis amigos quizá haría lo mismo, no lo sé.
-Eso ahora da igual, será mejor que lo sigamos antes de que le pase nada.
-¿Por? Es fuerte y seguro que se las apañará muy bien sin nuestra ayuda.
-No quiero que se convierta en un asesino. La venganza no es algo que deje buen sabor de boca.
-Es su decisión, déjalo tranquilo, cuando se calme ya volverá.
-No comparto esa idea, si no vienes conmigo puedes volver con los demás, yo me voy a perseguirlo.
-Como quieras, nos vemos –contestó Kyo mientras salían al exterior de la guarida y saltaba al vacío perdiéndose entre las rocas.
La profesora pasó por alto esa actitud y se dedicó a seguir el rastro al muchacho, aunque no era tarea fácil, se movía a gran velocidad.
Oxidas se deslizaba encima de una capa fina de la masa que se mantenía enganchada en la ladera de la montaña a la vez que perseguía al líder del Clan, el cual corría por la pared como si se tratara del suelo.
El muchacho había tratado de acertar en su objetivo en multitud de ocasiones ya sea lanzando chorros, creando formas de objetos que se pudieran arrojar o tratando de hacer resbalar a su rival salpicando el camino a su paso. Nada parecía funcionar, corría por encima de la masa como si no hubiera tal y rechazaba los proyectiles usando únicamente las manos, sin siquiera girarse.
-¿Quieres hacer el favor de dejarte matar de una vez? ¡Maldita sea!
-No tengo nada de qué hablar contigo chaval, lárgate antes de que me enfade y te haga daño.
-¡Vosotros asesinasteis a la gente de la aldea! Te lo haré pagar caro –gritó el joven, cabreado.
-Como quieras –el hombre se detuvo, se giró rápido y lanzó tres kunais en dirección a su perseguidor el cual se limitó a golpearlos todos en un único azote del látigo.
Pero no pudo evitar ser atacado por la espalda, el líder había aprovechado ese instante para correr hacia la espalda del muchacho y propinarle una patada en mitad de la columna.
El muchacho escupió algo de sangre tras el duro golpe y tuvo que ponerse a cuatro gatas encima de una plataforma creada con la masa.
-¿Te rindes con el primer golpe? Vaya decepción… Si quieres matar a alguien, debes hacerlo de corazón.
El cuerpo del muchacho cambió de color de golpe, tornándose del mismo verde que la masa, acto que no fue del agrado del líder del Clan. Recibió tres impactos de masa desde la espalda.
-Ahora podrías estar muerto, pero creo que prefiero verte sufrir. Por cierto, ésa era una técnica de replicación muy parecida a la que vosotros usáis. ¿Te suena?-Mientras hablaba una densa capa de la masa creó una pared alrededor del muchacho protegiéndolo de los proyectiles que lo apuntaban desde su espalda y costados- Es justo la que usas ahora –había tres cuerpos con exactamente la misma apariencia que la del líder del Clan Konda.
-Veo que conoces bien nuestras técnicas, muchacho, pero no deberías subestimarme, podría salirte caro –dijo el hombre sacando desde su espalda dos espadas parecidas a katanas, pero mucho más cortas de lo normal, su longitud era algo menor que la de sus propios brazos. Las otras dos copias hicieron lo mismo y no esperaron ni un instante antes de abalanzarse sobre el muchacho, pero una repentina ráfaga de viento las rechazó. Las copias cayeron al vacío y el original logró alcanzar la pared y agarrarse.
Teleysa estaba ahora entre los dos, subida a un túmulo que sobresalía de la montaña.
-Vaya… Encantado de verte de nuevo, Teleysa.
-También podías haberme saludado antes, Keishi Konda.
-Bueno, este encantador muchacho ante el que te encuentras no ha permitido que lo hiciera. Aparte está esa criatura y la muerte de los que vivían en esa guarida…
-¿No fuisteis vosotros, verdad?
-¿Pero qué estás diciendo profesora? ¡No te metas en mis asuntos!
-¿Profesora? ¿Es uno de los alumnos del Centro? Qué interesante que sea tan fuerte siendo tan joven…
-No has respondido mi pregunta.
-No, no fuimos nosotros. Al menos nadie de los que vivían en esa guarida. Mala suerte, muchacho.
-¿Qué no fue el Clan Konda? ¡Había vuestro estandarte colgado en la aldea!
-No digo que no fuera gente perteneciente al Clan, pero te has equivocado de sede. Hoy has tenido suerte de que tu profesora se interpusiera. La próxima vez no seré tan buena persona.
-¿Y esa criatura? –preguntó Teleysa apuntando con el cetro a una pequeña esfera que el líder acababa de hacer aparecer en su mano.
-Je, la humanidad no sabe qué misterios ocultan esas criaturas aparte de que parezca que cada vez haya más. Ese es uno de los nuevos tipos descubiertos recientemente. Estábamos a punto de enviar mensajeros para informar sobre el hallazgo pero los han eliminado a todos como habéis podido comprobar con vuestros propios ojos. Ya sabes cómo funcionan los Clanes, nos ayudamos unos a otros en este guerra.
-¿Avisarás también a los Gremios?
-Sabes de sobra que actuamos por motivos propios. Como también hacéis vosotros.
La profesora no pareció conforme con las respuestas, pero aún así dejó de apuntar a Keishi con el cetro. Instantes después éste había desaparecido tras una cortina de humo.
-¡No te vayas! ¿Dónde están las otras guaridas?
-Tranquilízate de una vez, Oxidas. Tiene mucho de lo que ocuparse, acaba de perder a toda esa gente que vivía en esa guarida y seguramente tenga medidas que tomar. Como también debemos hacer nosotros, ese tipo de criatura es muy peligroso. Volvamos con el resto del grupo.
-¡Si toman medidas no podré vengarme!
-¡Es más importante preocuparnos de esas criaturas, ya harás lo que quieras después!
-¿Y si no las derrotamos? ¿Acaso este viaje es para derrotar a las criaturas? Puede que no las derrotemos jamás, yo en cambio podría morir antes de llevar a término mi venganza.
-Entonces no mueras hasta que puedas solucionarlo.
El muchacho no estaba contento con nada de lo que había pasado, pero acababa de ver como el líder del Clan respetaba a la hechicera y aún con lo poco que habían luchado sabía que era un rival a temer.
-Ese hombre… ¿Le conocías?
-Nos hemos visto en alguna ocasión en el pasado y en una de ellas tuve que meterme en una reyerta entre los miembros de su Clan y de uno de los Gremios. Él aún no era líder de ninguna de las guaridas. Ya por aquél entonces causaba terror no sólo entre sus enemigos, sino también entre sus aliados, me costó horrores derrotarlo y logré que cambiara su camino, quizá gracias a eso es ahora líder. Y ahora basta de cháchara y regresemos al volcán, Zero no estará recuperado hasta pasado mañana y debemos permanecer unidos por si aparecen más problemas.
-… De acuerdo –respondió el muchacho a regañadientes.
Jabe y Kalys hacía rato que estaban entrenando en el cruce. Habían intentado hacer clases sobre magia pero el muchacho no era bueno enseñando, a menudo empezaba extensas explicaciones que aparecen en los libros y que acababan llevando a ninguna parte, así que se dedicaron a practicar un poco con las armas.
La muchacha había aprendido las bases sobre el uso de una katana anteriormente aunque su estilo aún necesitaba mucho que mejorar.
-Vas mejorando rápidamente.
-En cambio tú no lo haces nada mal.
-Bueno… Yo fui el alumno que más difícil le resultó a Zero de derrotar, al resto los abatía en mucho menos tiempo.
-¿Hacíais combates entre vosotros en el Centro?
-¡Claro! No a todos les gustaban esos combates, el ambiente era inmejorable para que todos dieran lo mejor de sí mismos en ellos por subir en la tabla clasificatoria que teníamos.
-¿Y quién era el mejor?
-¿Quién crees que era? No puede usar magia, pero su habilidad con la espada parece compensar esa falta. Según vimos ayer, éramos unos completos principiantes para él, quién sabe durante cuanto tiempo más lo seremos.
-¿Crees que aceptaría si le pidiera que me diera algunas clases?
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Última modificación: Octubre 02, 2007, 18:19 por Jabe
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Re: Nuevo mundo, nuevas reglas [Relato Largo]
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Diciembre 09, 2007, 22:56 »
(Tres apocalipsis y dos desintegraciones completas del universo después he aquí el siguiente capitulo, con nuevas cosas y digamos... Bueno, nada, disfrutadlo,
)
El ambiente en el campamento aquella noche distaba de ser relajado y apacible. Hacía ya unas cuantas horas que Kyorai había vuelto y, llevándose aparte a Fleihnlir, le había comentado algo, pero después se había negado a hablar con nadie más, así como la otra guerrera y, conforme pasaba el tiempo y la profesora y Oxidas seguían sin aparecer, los nervios iban perfilándose, cada vez más, a flor de piel.
Aunque entre algunos de ellos seguía habiendo conversaciones banales, por regla general el silencio se podía cortar con un cuchillo. Kalys, a quien Zero se había negado a entrenar en el arte de la espada, refunfuñaba huraña, y tan sólo los intentos de Jabe de animarla pudieron lograr que accediera a volver a unirse a los demás, si bien mordisqueaba una raíz con gesto ausente. Unos espacios más allá, Kyorai, enfrascada en una conversación silenciosa con su compañera, había lavado más de la mitad de su ropa después del percance y la había puerto a secar, lo que provocaba las miradas, a veces demasiado descaradas, de muchos de los otros varones del grupo. Por otro lado, Zero...
-Esto es el colmo –bufó Fleihnlir-. ¿Se puede saber a qué espera...?
Como si simplemente estuviera aguardando a que alguien mostrara algún tipo de impaciencia por su ausencia, la figura de Teleysa se perfiló entre los árboles, acompañada a cierta distancia por la de Oxidas.
-¡Profesora! –exclamó Jabe, que no se había dado cuenta hasta ese momento de cuánto aire retenía en sus pulmones. Se puso en pie, con intención de ir hacia ellos, pero una figura femenina le detuvo. Cuando iba a protestar, la joven rubia se le adelantó.
-¿Desde cuándo son estas horas de llegar y tener a todo un campamento con el corazón en un puño? Desde que Kyorai me habló de la escaramuza en la guarida del Clan Konda se me han ocurrido ya veinte mil formas de...
-¿Escaramuza? –interrumpió Kalys, sus ojos chispeantes de nuevo-. ¿Qué ha pasado? ¡Contad!
La profesora rió, si bien no era una risa alegre, sino amarga.
-Ahora mismo... pero, si me disculpáis, primero agradecería un asiento y algo de calor –Hongreb se levantó para hacerle un asiento junto al fuego, donde estaban cocinando –o carbonizando, como había dicho sardónicamente Kyorai- unos conejos que habían cazado durante aquella tarde.
-¿Mejor? –preguntó, solícita, la joven morena, mientras Oxidas, que se había acomodado al lado de su mentora, daba buena cuenta de la carne que quedaba en un pedazo de hueso.
-Sí, gracias, Kalys. ¿Cómo estás, Zero? –preguntó a su alumno, quien le respondió con una mueca.
-Al grano...
Así, Teleysa explicó pacientemente todo lo que había sucedido prácticamente desde que se había acercado a la guarida del Clan. Aunque su memoria era sorprendentemente buena, en ocasiones un apunte de Kyorai, o alguna aclaración por parte de Oxidas, contribuyeron a clarificar las cosas. Contrariamente a lo que cabría esperar, durante la narración, aparte de las tres voces directamente implicadas en el asunto, nadie abrió la boca. No fue hasta que la profesora terminó que Terbal abrió la boca, sorprendido.
-¿Más tipos de criaturas? Esto no me gusta, profe...
-A mí tampoco –convino ella-. En todo caso, no podremos hacer nada hasta que...
-... lleguemos a los Gremios y les demos el mensaje ése súper importante que hemos de darles, ¿no es así? -interrumpió Jabe, poniéndose en pie-. Lo siento, profesora, pero aquí hay algo que no me cuadra...
-Adelante –dijo Teleysa, haciendo un gesto con la cabeza, instándole a que continuara.
-Pues bien... durante este viaje hemos estado viajando todos juntos, ¿no? Hemos ido aprendiendo cosas., hemos visto de lo que somos... de lo que eres... capaz de hacer... y...
-¿Y? –interrumpió Kyorai-. ¡Al grano, hijo!
-Y que no me creo que, con tanta magia y tanto cuerno, sea imposible enviar mágicamente un mensaje a esos condenados Gremios. Vamos, que me da a mí que el hecho de que Zero esté ahí hecho migas, Eternal que la ha... –apartó la mirada con gesto triste-. ¿Y todo para qué demonios? ¿¡Para un viaje idiota que parece sacado de esas novelas antiguas baratas!?
Tras decir esto Jabe, hubo un silencio. El chico volvió a sentarse, y Kalýs se acercó a él, apoyando la mano en su hombro, pues temblaba de ira.
-¿Y bien? –preguntó Zero, incorporándose a duras penas, su mirada severa.
-Es cierto –dijo por fin Teleysa-. Al menos en parte. Es cierto que necesitamos llevar ese mensaje a los Gremios... mensaje que no, Jabe, no puede llevarse mágicamente, así que si estabas pensando en un pergamino enrollado te lo puedes ahorrar. Pero también es cierto que no es la única razón.
-¿Entonces? –preguntó Terbal, casi inmediatamente.
La profesora lo miró. No había esperado que Jabe se le enfrentara de ese modo, y Terbal, pese a tener un ánimo menos vivo que su hermano, se pondría de parte de éste, no cabía ninguna duda. Apartó la cabeza y sus ojos se encontraron con los de Hongreb unos breves instantes, hasta que él hizo un imperceptible gesto con la cabeza.
-Bueno –continuó-. También está que el centro fue destruido y tal...
-Eso no cuela –cortó de nuevo el chico, sacando su bastón y apoyándolo sobre sus piernas-. ¿Con estos tres por ahí, y todos los que éramos? ¡Anda ya! Podríamos haber acondicionado otro sitio en una semana, y no creo que hubiésemos tenido problemas incluso si las criaturas y los militares se hubieran aliado para atacarnos...
-... ¿quieres dejarme continuar? –intervino la mujer-. ¡Si no quieres escucharme, entonces cierra el pico y vuélvete a casita con el rabo entre las piernas! –respiró hondo un par de veces, mientras el resto la miraban, sorprendidos por su violenta reacción-. Perdona –dijo, más suave-. No quería ser tan brusca. Lo cierto es que tenía especial interés en que vinierais... ya que así podrías conocer los Gremios en persona.
-¿Conocerlos? –preguntó Oxidas, sorprendido-. ¿Pero no se supone que hay un súper secretismo de mil pares de narices y que sólo puedes acercarte si eres “alguien”.. o sea, alguien como tú, profesora, y que no te permiten quedarte más de una noche donde están y tal?
-Así es, en efecto –asintió ella-. Pero pensé... quiero decir, pienso... y creo... que en vuestro caso harán... es decir, haríamos una excepción.
-¿”Haríamos”? –Kyorai se había puesto en pie y la miraba igual que se podría observar a una cucaracha-. ¿Eres parte de los Gremios?
-En cierto modo...
-Déjala acabar –la detuvo Jabe.
-En fin... tengo algunos contactos, os he estado observando y... he pensado que os podría interesar entrar a formar parte de los Gremios. No creo que pusieran ningún problema para que entrara la mayoría de vosotros. Podríais ver sus salas de entrenamiento, conocer como trabajan... y formar parte de un grupo que os ayudaría a ser mejores luchadores en el futuro.
Por unos instantes, el silencio se adueñó de todos, roto por Jabe, a la vez que apretaba con fuerza la mano de Kalys.
-Profesora... no puede... ¿lo dices en serio?
Teleysa asintió, pero fue Kyorai quien tomó la palabra esta vez, con Saliega ante ella.
-Esto es increíble... ¡increíble del todo! Parecía que pensabais más o menos con un poco de lógica... ¡y resulta que no tenéis dos dedos de frente! Tanto que si los militares son malos por aquí, que si son malos por allá... ¡y ahora en serio estáis pensando en uniros a un grupo que se diferencia de ellos en el nombre y una buena dosis más de secretismo y de creerse los mejores! Pero esto es...
La dura mirada le la profesora la detuvo.
-Los Gremios, chiquilla, han hecho mucho más por este mundo desde el advenimiento de las Criaturas de lo que podrás hacer tú en toda tu vida, así que por lo menos deberías...
-¡Ya basta! –interrumpió Baelcan-. Aquí cada uno es libre de pensar lo que quiera, y si Kyo no desea unirse a los gremios.. no lo hace y ya.
-De hecho, ni siquiera tengo ganas de oír esta vomitona de conversación –dijo ella, arrugando la nariz-. Y, desde luego, no contéis conmigo. Avisadme cuando estemos a un día de viaje de los Gremios para que me esfume... ¡puaj!
Sin una palabra más, se echó hacia atrás su pelo cobrizo y se internó en el bosque, seguida por su felina.
-Es una cría... –dijo Fleihnlir, removiendo la tierra con la mano.
Jabe miró a Terbal y entonces a Oxidas. Los tres parecían interesados, mientras que Kalys jugueteaba distraídamente con sus trenzas y la cara de Zero parecía esculpida en piedra. Entonces habló, los ojos brillantes.
-Profesora... ¿de veras? Quiero decir, con la cantidad de gente que aspira a entrar en ellos y los rechazan...
-Sólo tienes que decirlo y estarás dentro –sonrió Teleysa.
Parecía que el joven fuera a saltar de gozo, pero entonces su mirada de topó con la de Baelcan y su compañera, y se quedó paralizado.
-Bueno... me encantaría, pero... he de visitar a mis abuelos... Al fin y al cabo es la razón por la que ellos –señaló al trío- nos ha acompañado, y no me parecería bien... lo siento.
-No te preocupes –dijo ella, observando lo atribulado que estaba y cómo se había ensombrecido la cara de su hermano mientras éste hablaba-. Podemos acompañaros a visitarlos y entonces podréis entrar en los Gremios.
La cara de Jabe se iluminó... unos instantes.
-No puede ser... si están donde dijiste, entonces la casa está en dirección opuesta. Temo que tendremos que dividirnos... porque no sería justo privaros al resto de esa oportunidad.
Cuál no fue su sorpresa cuando la voz de Kalys, que hasta ese momento había parecido ajena a la mitad de la conversación, se dejó oír.
-Yo me voy contigo, me da igual lo que hagan los demás.
-Kalys...
Teleysa se aclaró la garganta para llamar su atención.
-Iremos todos, entonces. Además, si tus abuelos viven aquí, probablemente conozcan rutas más seguras, y podemos seguir camino hacia los Gremios después.
Hongreb frunció el ceño, Teleysa parecía... demasiado interesada en que Jabe visitara los Gremios, lo cual le dejaba con la mosca tras la oreja. Buscó la mirada de Baelcan para transmitirle sus inquietudes, pero éste ya estaba dando su conformidad a la propuesta de Teleysa.
-¡Genial! –sonrió Jabe.
-Yo... –se escuchó hablar a Zero-. Yo tampoco puedo aceptar esa oferta, profesora.
A ninguno de los que se hallaban allí le sorprendieron lo más mínimo estas palabras, Zero siempre iba por libre... y, para los que conocían su pasado, parecía casi obvio que no desearía someterse a un Gremio, así que nadie trató de hacerle cambiar de opinión.
-Qué extraño... –pensó Hongreb-. Se diría que a la profesora sólo le interesan Terbal y Jabe, pero no, no puede...
A la mañana siguiente, apenas había despuntado el alba cuando Jabe, arrollado confortablemente en su saco de dormir, notó que unas manos suaves lo sacudían. Entreabrió un ojo para encontrarse con la cara sonriente de Kalys, a quien le tocaba la última guardia aquella noche. Unos mechones de pelo habían escapado de la coleta que se había hecho y le caían sobre la cara.
-¿Qué...? –empezó a preguntar, pero la joven lo detuvo llevándose un dedo a los labios. El joven acabó de apartar las telas que lo cubrían antes de ponerse de pie al lado de la chica quien, sin palabras, le hizo un gesto para que la siguiera. Con la excepción se Saliega, que siempre dormía ojo avizor por cualquier cosa que pudiera sucederle a su compañera, ninguno de los que allí descansaba apaciblemente notó su desaparición.
Jabe siguió a Kalys hasta lo más alto de una empinada ladera, desde la cual se podía ver una panorámica de todo el paisaje que les rodeaba. El sol empezaba a aparecer entre las montañas, tiñendo de naranja los picos de las mismas.
-Mira –susurró ella, acercándose a él-. ¿No es maravilloso?
Advirtiendo la preocupada mirada que su acompañante dirigía hacia el campamento, tomó su mano en la suya para tranquilizarle.
-Ni siquiera las Criaturas se atreverían a atacar en un momento tan hermoso como este... además, dudo que quede mucho tiempo antes de que el campamento esté en plena actividad –meneó la cabeza-. Tanta guerra, tanta guerra... y sobre ti han recaído tantas responsabilidades y preocupaciones... quería que pudieras disfrutar también un poco de las maravillas de la vida, ver un amanecer como cualquier persona normal, estar... –le tembló la voz- con una chica como cualquier chico normal...
-Kalys... –dijo, acercándose aún más a ella-. Tienes razón, es hermoso. Y sería bonito olvidarme de mi hermano, de que nos persiguen, y de que nuestro mundo está a punto de ser destruido... y contemplar el amanecer, aquí, contigo. Pero... no puedo. Y créeme que... si las cosas fueran de otra manera...
-¿De otra manera? –la chica lo miró con sus ojos dulces-. Si no hubiera guerras, ni preocupaciones... si no tuvieras ahí, escondidos, todos esos secretos que tus ojos delatan aunque no puedas compartirlos... entonces... ¿Vendrías aquí, conmigo? ¿O no soy más que una compañera de viaje, parte de las circunstancias que te rodean?
-¿Cómo puedes decir eso? Kalys... tú sabes que me importas...
-Sí, sé que te importo, respondió ella, bajando la cabeza. Sé que arriesgarías la vida por mí si ahora nos atacaran... pero igual sé que lo harías por el resto de componentes del grupo. Y yo no soy como Teleysa, tu profesora... ni como Fleihnlir, quien sabe tantas cosas y que tanto te ha enseñado... ni siquiera como Kyorai, a quien las cosas le pasan como la lluvia sobre su cabeza. Yo... pese a todo lo que ha sobrevenido sobre nuestro mundo... busco algo más.
-Kalys...
Y, tomando su cara entre sus manos con infinita ternura, la besó. Fue un beso inexperto, ninguno de ellos sabía muy bien qué estaban haciendo, ni siquiera qué les había impulsado a hacerlo allí, ahí, en ese momento. Ella lo abrazó, y ambos rodaron sobre la ladera, hasta que, al detenerse, separaron sus bocas, por fin, por unos instantes, antes de volver a unirlas. No sabían muy bien cómo proceder a partir de ahí, pero Kalys deslizó su mano por el cuello de Jabe y se dejaron llevar por su instinto, compartiendo su intimidad el uno con el otro como nunca antes lo habían hecho con nadie. Durante aquellos instantes, no hubo para ellos Criaturas, ni miedo, ni la incertidumbre de estar en un viaje de dudoso objetivo, sino la pérdida total y completa de uno en el otro.
Saliega lamió suavemente la cara de su amiga y puso su mullida pata sobre su hombro, apenas unos minutos después de que Jabe y Kalys hubieran partido. Kyorai, desperezándose, se incorporó y acarició suavemente el pelo de la felina, antes de darse la vuelta para buscar en la bolsa que le había servido de almohada unas hierbas que masticó. Amargas como eran, no había nada mejor para decir adiós a las últimas trazas de sueño antes de levantarse... además, no eran venenosas, por lo que le había enseñado su hermana.
Se puso en pie y barrió el campamento con la mirada. Todos dormían, aún... o parecían dormir. Tan sólo los catres de Kalys y Jabe estaban vacíos. El primero no le extrañó, el segundo... ahogó una risa maliciosa antes de ponerse a dar una vuelta por los alrededores. No creía que estuvieran haciendo guardia precisamente...
A los pocos instantes de la marcha de la joven de pelo cobrizo, Teleysa despertó, procediendo a hacer lo mismo con sus alumnos. Fleihnlir, Baelcan y Hongreb, distraídos por el ruido, también se incorporaron y, mientras los dos primeros se dedicaban a preparar un desayuno para todos, el tercero se acercó hasta la cama de Zero, acuclillándose a su lado.
-¿Cómo has pasado la noche? –mal que bien, los jóvenes habían acabado acostumbrándose a su telepática forma de comunicarse... si bien les resultara raro al responder, cualquiera pensaría que hablaban con ellos mismos.
-Bueno...
-Déjame examinarte.
El joven se concentró, poniendo ambas manos sobre los hombros del herido y cerrando los ojos. A la vez que realizaba su examen, Zero notó cómo gran parte de sus dolores iban remitiendo, hasta que finalmente Hongreb abrió los ojos con una gran sonrisa.
-¡Bueno! ¡Estás mucho mejor! –Zero pudo percibir la alegría que acompañaba a los ecos telepáticos de las palabras-. Si sigues así podremos reemprender el viaje pronto, aunque a marcha un poco más lenta, por supuesto... voy a traerte algo de desayuno.
Se puso en pie, y dio la vuelta para marcharte cuando notó cómo alguien le tomaba la muñeca desde atrás.
-Gracias... –y, como si no quisiera que le vieran en ese momento de debilidad, Zero giró rápidamente la cabeza hacia el otro lado. En el rostro de Hongreb se dibujó una amplia sonrisa mientras se acercaba a unirse al resto.
Cuando se sentó, Baelcan removía algo inidentificable con una cuchara de madera, que dejó unos instantes para saludarlo.
-¿Cómo va Zero? –se interesó la profesora.
-Mejor de lo que habría esperado –proyectó Hongreb en la mente de Teleysa, aunque Fleihnlir, siempre atenta a él, captó el eco de las palabras no pronunciadas- ese chico...
-Por cierto, Teleysa –interrumpió Fleihnlir-, ¿dónde está tu alumno favorito?
-¿Jabe? Ni idea... se habrá ido a dar una vuelta por ahí. Kalys y Kyo tampoco están, así que...
-Bueno –bufó Oxidas-. Lo raro sería que Kyorai sí estuviera aquí... esa chica es una pequeña salvaje.
-¿Cuántas veces la has llamado ya así? –preguntó su mentora, encarnando una ceja.
-Tantas como veces haga falta...
-En fin... -suspiró Baelcan-. El caso es que se han ido sin desayunar... ¿por qué no vas a buscar a tu hermano, Terbal, y traes de paso a las chicas si las encuentras?
Una mirada divertida asomó en los ojos de Fleihnlir.
-No creo que te sea difícil dar con Kalys... la pareja de gatas ya es otra cuestión.
-¡Vale! –asintió él, sin dejar de masticar una especie de tortilla de maíz que llevaba en la mano-. ¡Ahora vuelvo!
Y, sin más, salió corriendo entre los árboles.
-Tienes mala uva, Baelcan... –rió la chica, tomando el relevo a la hora de remover.
-¿Yo? Qué va... si soy un santo varón... –puso cara de niño bueno.
-¿Eh? ¿Qué me he perdido? –preguntó Oxidas.
-Ya lo verás... sonrió Zero, que saboreaba un caldo que le habían pasado.
-Jo... nadie me cuenta nunca nada... –se quejó, ante las risas de los demás.
Terbal escaló por unas piedras para poder alcanzar una mejor visión de la zona y localizar así a su hermano. Iba a agarrarse a un saliente un poco más pronunciado cuando una silueta saltó delante de él, haciéndole perder casi el equilibrio.
-¡Pero bueno! –rió Kyorai, desde arriba, acariciando a Saliega, que era quien había saltado-. Como escalador no valdrías un duro... Anda, sube –sonrió, tendiéndole la mano.
El chico le dirigió una mirada de desconfianza, pero finalmente la agarró, impulsándose hasta llegar al lado de la chica.
-¿Y bien? –preguntó ésta-. ¿Qué te trae por estas alturas, más solo que la una?
-Pues se supone que había ido a buscaros...
-¿A mí? ¡Qué galante! –rió, echando hacia atrás su cabeza-. No, más bien me imagino que buscabas a tu hermano. Y quizás también a Kalys, ¿no es así? Sígueme.
-¿Sabes dónde están?
-No, te voy a llevar de viaje turístico, si te parece. No están lejos, pero vas a tener que volver por donde has subido... y date prisa –añadió, mientras bajaba ágilmente-, o te doy un empujón y nos ahorramos los problemas.
-Ya va, ya va... –refunfuñó-. Así te caigas y te rompas una pierna...
-No te lo recomiendo, tendríamos que retrasar aún más nuestra partida...
Kyorai guió al joven por entre los bosques. Aunque Saliega apartaba las ramas más incómodas, y ella misma estaba acostumbrada a moverse por ese tipo de zonas, no ocurría así con el joven, que en pocos minutos se llenó de arañazos. Llegaron así hasta cerca del claro donde habían caído Kalys y Jabe, y los gemidos de este último llamaron la atención de su hermano.
-¡Mierda! ¡Los están atacando! –hizo ademán de echar a correr hacia allá, pero la joven lo agarró por el cuello- ¿¡Pero qué demonios haces!?
-Despacito, despacito... Ven.
Lo guió, a pesar de sus protestas, hacia una pequeña abertura en el follaje, por donde se podía ver con total claridad lo que estaba sucediendo, y dio un pequeño empujoncito a Terbal.
-Mira.
Unos segundos después, Kyo se retorcía de risa mientras observaba cómo la cara de Terbal se ponía roja como la grana. No contenta con esto, le dio un buen empujón, que le hizo salir de su escondite, mientras gritaba a pleno pulmón:
-¡¡¡¡¡Creo que os buscaban!!!!!
Segundos después se escabullía entre los árboles dejando a los tres intentando balbucir explicaciones a cual más incoherente.
Aquella misma tarde, Kyorai bebía un poco de caldo en el mismo lugar en el que había estado sentada esa mañana cuando un furioso Terbal se acercó a su encuentro.
-¡Tú! ¡Tengo que hablar contigo!
-¿En serio? –apuró lo que quedaba de caldo y se limpió con el dorso de la mano-. Qué descortés... –empezó a bajar a saltos-. A ver, dime...
-Lo de esta mañana... ¿¡tú te crees que se puede hacer eso!? No me extraña que no hayas aparecido por el campamento en todo el día...
-Oh, vaya... lo siento, debí de pensar que te daría envidia -sonrió, pasando la mano por la columna de Terbal, con tanta habilidad que él se puso rojo de nuevo-. Avísame sí quieres probarlo tú también. La verdad... –dijo, mirándolo de arriba abajo, mientras él hacía esfuerzos por controlarse- es que no estás mal.
Y, sin más, salió brincando en dirección al bosque junto con su amiga de cuatro patas.
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Re: Nuevo mundo, nuevas reglas [Relato Largo]
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Respuesta #36 :
Diciembre 22, 2007, 12:50 »
(Bueno, un capitulo larguito y espero que no sea el último del año aunque tiene muchas papeletas, xDD. Muchas cosas nuevas e interesantes aparte de más de un centenar de errores que no he corregido por falta de ganas,
. ¡Espero que os guste!)
El tercer día sucedió sin problemas. Kalys había estado aprendiendo las bases de la magia con la ayuda de Teleysa. Terbal y Jabe se dedicaron a explorar los alrededores, aunque ya conocían cada palmo del lugar. Hongreb no solía bajar de la parte superior del volcán, atendiendo a sus pensamientos. Baelcan, Fleihnlir y Kyorai, por su lado, estuvieron de hablar sobre sus propios asuntos, referentes a Saliega, hasta que Terbal se decidió a hablar con la muchacha.
Oxidas no se separó del lado de Zero, ayudándole a pasar el rato con sus bromitas.
Finalmente Teleysa dejó un respiro a la joven, que corrió en busca de Jabe, fuera del volcán.
-¿Otra vez vuelve a ir a por él? –musitó la profesora.
-Déjalos, no hacen nada malo, al menos eso ayuda a recordar que no todo es luchar con las criaturas –respondió Baelcan, risueño, mientras miraba de reojo a su amada, Fleihnlir.
La mujer rubia debió notar esa mirada ya que ondeó su pelo en un gesto sensual, giró la cabeza en dirección a Baelcan, y sonrió.
Mientras tanto, Jabe y Kalys ya se habían acomodado cerca de la cima del volcán, observando el horizonte, cogidos de la mano, sin decir palabra.
Entonces, sin previo aviso, la muchacha se levantó, como si algo la hubiera llamado.
-¿Has visto algo?
Ella no respondió, se limitó a mirar hacia arriba y instantes después, silbó con fuerza.
Esa llamada fue respondida por un chillido agudo y minutos más tarde un halcón se acercó a la pareja velozmente.
-¡Cuidado, nos atacará! –Jabe blandió su bastón, preparado para defenderse.
La muchacha no mostraba ningún signo de estar en peligro, parecía reconocer el animal.
-¡Ryu! –gritó, a al vez que levantaba un brazo en dirección al ave, la cual se posó en el brazo, dubitativa.
Kalys empezó a acariciar el ave, recibiendo algún picotazo, pero no pareció afectarla.
-Hacía mucho que no te veía, Ryu, me alegro que estés bien.
-¿Ryu?
-Sí, es uno de los halcones de mi familia, y en concreto esta me pertenece a mí. Es un halcón peregrino.
-Vaya… Es bonito –Jabe extendió una mano para tratar de acariciar el ave pero el doloroso picotazo que recibió le empujó a desistir en el intento.
La muchacha regaño al ave, que finalmente se dejó tocar por el joven.
La muchacha la repasó meticulosamente, no parecía estar dañada, sólo agotada por un largo viaje. Entonces cayó en la cuenta, atado a una de sus patas había un trozo de papel enrollado.
Su corazón dio un vuelco, eran noticias de sus padres.
Jabe decidió no preguntar al ver cómo caían algunas lágrimas por las mejillas de la muchacha, en vez de eso pasó la mano por ellas y se las limpió mientras le sonreía.
Kalys abrió el pergamino y empezó a leer para sí misma, en calma, después se lo contó todo a Jabe y más tarde al resto del grupo.
Sus padres estaban bien, sin bajas en su grupo gracias a una excelente actuación de los militares, no estaban seguros de si la carta llegaría a buen puerto o no, pero no perdían la esperanza. En la carta también explicaban sus preocupaciones por como actuaron los militares, lo tenían todo planeado. Lograron embaucar muchos de los vecinos con su comportamiento casi heroico y pocos se extrañaron cuando dejaron atrás a sus familiares que poseían Armas Únicas en su poder, bajo la excusa de que otro grupo los ayudaría más tarde. En ese momento estaban recluidos a las afueras de la ciudad capital, bajo constante vigilancia y casi sin libertades, pero muchos veían la situación como algo bueno, parecían estar a salvo de las criaturas.
-Ciudad capital… Ya tenía pensado pasar por allí más adelante, no te preocupes, puedes quedarte con nosotros hasta entonces –dijo la profesora mientras la muchacha saltaba a los brazos de su novio por quincuagésima vez, provocando nuevamente el disgusto de Teleysa-. ¿Has pensado en responderles?
-No hace falta, en la postdata dicen que es mejor que no responda, los militares del lugar pensaban sacrificar a Ryu, decían que les resultaba molesto que lo tuvieran por allí.
-Entonces no hace falta decir que se quedará contigo, ni se te ocurra pedirnos que lo cuidemos. ¿Entendido?
-¡Sí!
La muchacha se giró hacia Jabe pero un ruido de piedras cayendo alertó a todo el grupo.
A escondidas, entre las sombras, más de una docena de criaturas había estado deslizándose por las paredes, esperando el momento adecuado para su asalto. Viendo frustrados sus planes avanzaron su plan y se abalanzaron sobre el grupo. En el reflejo de los ojos de una de ellas, la figura de Zero se hacía cada vez más clara y grande, el espadachín no había notado su presencia hasta que la espada de Baelcan le pasó a escasos centímetros de la cara, ayudándole a entrar en estado de alerta a la vez que ensartaba la criatura.
-¡Zero, estate atento!-gritó el formidable espadachín.
El joven guerrero se levantó de un salto y miró confuso a su alrededor. Sus ojos, siempre atentos y precisos, ahora solo lograban ver un montón de manchas oscuras, moviendose velozmente ante él.
-¡Detrás de ti!-gritó Terbal mientras se deshacía de un par de criaturas.
Al oír eso, Zero se dio media vuelta veloz como el rayo, o eso creyó, viendo como unas largas y afiladas garras se acercaban a él. Intentó coger la espada, pero el dolor de su brazo se lo impidió. Instantes después la criatura se encontraba incrustada en una de las paredes del volcán, a más de diez metros de distancia, llena de rasguños y pequeños cortes. Jabe, con el bastón alzado y apuntando hacia Zero, habló.
-Aún estás herido, deja que nos ocupemos de esto.
En un momento, todas las criaturas yacían muertas en el suelo, menos una, con la que Saliega disfrutaba como si fuera su nuevo juguete. Zero había permanecido inmóvil todo este tiempo, mirando lo fuertes que eran sus compañeros y lo inútil que era él. Y en ese instante, las palabras de su antiguo maestro, cuando se marchó de su hogar, le vinieron a la cabeza.
“Tienes un gran potencial…deberías terminar el entrenamiento…”.
“Entiendo…Si algún día crees que lo necesitas, te recibiré aquí”.
Esas palabras habían permanecido ocultas en su memoria durante mucho tiempo.
La alegre hoguera que habían encendido para calentar la carne alumbraba la cara de los jóvenes, todos sonrientes. Menos uno. Zero ocultaba su mirada detrás de su pelo y escrutaba el suelo, recordando momentos pasados. Las risas y las palabras de los demás le parecían lejanas e irreconocibles. De repente, Kyorai le golpeó la espalda. Tenía un hilillo de sangre recorriéndole los labios, pues ella comía la carne siempre cruda.
-¡Despierta Zero!-gritó-¡Hoy casi te duermes contra esos animalejos¡-dijo, riéndose.
De repente, el muchacho del pelo negro se levantó, sin mostrar su mirada a nadie.
-Tengo que irme. Seguid vuestro viaje –dijo Zero con voz triste y lejana.
Al decir eso, dirigió sus pasos hacia fuera del volcán, todos se levantaron, creían que era una broma. Lejos de serlo, el muchacho había hablado muy en serio.
-Cuando crea que estoy a vuestra altura…Puede que vuelva con vosotros.
Nadie dijo nada, Jabe y Kyo se levantaron y fueron tras él. El primero le colocó la mano en el hombro.
-¡No digas tont… ¡
Lo que ambos jóvenes sintieron cuando Zero se dio la vuelta fue miedo. Una mirada de odio profunda le había atravesado el cuerpo, provocando la reacción de alejar la mano del hombro del joven en un acto reflejo.
-¿De verdad te tienes que ir?-preguntó Jabe.
Zero le miró a los ojos. Ya no brillaban de odio.
-Si ahora lucháramos, Jabe…Me ganaráas. Aunque lo intentara, no podría vencerte.
-¡Pero eso es porque estás herido!-gritó Jabe.-¡Es norm…!
-Aunque estuviera en perfectas condiciones-le interrumpió-. Perdería…Ahora mismo eres mas poderoso que yo.
-Eso no es verdad y lo sabes, no soy capaz de vencer a una criatura gigante.
-Ni yo de dejar a una criatura estampada contra una pared a tanta distancia, llena de cortes y haberla derrotado en ese único golpe.
A Jabe, en ningún momento, se le había pasado por la cabeza ser más fuerte que nadie, y menos aún que el espadachín, aún se veía muy lejos de su nivel, sólo quería mejorar. Parecía ser que Zero era muy distinto que él en ese aspecto. El joven le tendió la mano.
-Si así lo crees, hazte más poderoso que yo…y vuelve.
Zero le cogió la mano, y apretó con firmeza. Era una promesa. Volvió a dirigir sus pasos hacía la salida. Todos los demás del grupo se unieron con Jabe y Kyo, esta aún tumbada en el suelo, normalmente poco le importaban esa clase de sentimientos, pero la profundidad de la mirada del espadachín la había dejado asombrada.
-Esos ojos…-musitó.
Teleysa dio un paso hacia delante.
-Zero es de los que no quieren que nadie se interponga en su camino, no le des más vueltas.
-Vaya… Esto sí que no me lo esperaba, yo creía que se lo pasaba bien con nosotros –dijo Oxidas cuando perdieron de vista al espadachín.
-Era irremediable dadas las circunstancias de su pasado, ya empezaba a creer que se había olvidado de dónde vivía su maestro, pero no ha sido así.
-¿Dadas las circunstancias de su pasado? ¿Eso de que fue repudiado por los de su clan por una estupidez?
-Si ya lo sabéis entonces no hace falta que os diga más, yo le ayudé a escapar. Más tarde nos encontramos con su maestro el cual me solicitó su entrada en el Centro y su reencuentro para cuando estuviera preparado.
-Como para no estarlo después de partir por la mitad una criatura como esa –dijo Terbal, mofándose-. No creo que yo sea capaz de hacerlo en lo que me queda de vida.
-Sí, bueno, eso ya se verá, que también usas espadas. Además, cada uno tiene sus razones para este viaje. ¿No? –Fleihnlir se metió en la conversación aunque no iba con ella-. Si ha decidido dejar el grupo es asunto suyo. El mundo es un pañuelo, según dicen algunos, ya os volveréis a encontrar en el futuro, ahora lo que nos interesa es nuestro viaje, que por ahora sí que nos concierne.
-No hay mucho que planificar –contestó Teleysa-, mañana por la tarde alcanzaremos una pequeña villa a pie de las montañas. Un lugar bastante seguro de los ataques de criaturas gracias a unos buenos amigos míos que viven en la zona, allí seguro que conseguiremos información sobre los movimientos de criaturas y planificar una ruta segura. Por hoy no queda nada más que decir, será mejor que nos acostemos pronto y mañana a primera hora continuemos el viaje. Buenas noches.
Nadie medió palabra alguna, sólo algunos besos por parte de la pareja de jóvenes novios y unas caricias silenciosas de Fleihnlir y Baelcan.
Poco después, la calma reinaba en el lugar.
En medio de la silenciosa oscuridad una silueta se movía, inquieta, en su catre. Finalmente decidió levantarse y salir del volcán a tomar un poco el aire, seguida de su fiel compañera.
-¡Ah, qué bien que sienta esto! Empezaba a ahogarme allí dentro con tanta gente –miró a Saliega, la cual aún portaba un pedazo de su víctima entre sus fauces-. Jajaja, vaya, tú también te has aburrido bastante, no te preocupes, parece que no nos faltará diversión en este grupo. Aunque…
El entrechoque de unas piedras unos metros a su espalda la puso en alerta, pero no necesitó moverse, Saliera había apresado al causante de ese ruido.
Bajo las patas de la felina yacía Terbal, sorprendido.
-Vaya, vaya. Mira quién tenemos aquí. ¿Sentías curiosidad por lo que te he dicho antes?
-¿Qué? No… Yo sólo… -balbuceó Terbal intentando zafarse de su captora sin éxito alguno.
-Jijiji, vamos, no tengas vergüenza, ya verás como nos lo vamos a pasar bien, tengo algo de práctica –la muchacha se acercaba al joven lenta y sinuosamente, despojándose de sus prendas por el camino, mostrando su esbelto cuerpo a la luz de las estrellas.
-¿Qué? ¿Que tienes algo de…? –un dedo silenció la frase que estaba a punto de pronunciar.
-Eso no importa ahora, déjame a mí…
-Pe… ¡Pero qué haces! Si yo soy aún demasiado joven y…
-¿Dices que no quieres? ¿Y esto qué es? -rió la joven de pelo cobrizo pasando suavemente la punta de su dedo índice por la protuberancia que se dejaba adivinar a través de sus pantalones. El mero contacto hizo que el joven enrojeciera más aún, y ya no fue capaz de resistirse cuando ella le despojó de las últimas prendas que le quedaban...
Terbal estaba desconcertado, sabía qué hacer y para cuando se quiso dar cuenta ya era demasiado tarde. No había escapatoria, pero tampoco quería deshacerse de esas ataduras. Llegados a ese punto él mismo se quitaba la camiseta entre caricias y besos. En ese momento nada le importaba.
Saliega, vigilante, se aseguró que ninguna de las bestias de la noche los molestaran, su deber era proteger a Kyo, no el de meterse en sus asuntos, como ya había aprendido con el tiempo.
El sol amaneció como de costumbre y todos los integrantes del grupo iban levantándose y quitándose los últimos retazos de sueño.
Nadie pudo sospechar de lo acaecido entre Kyo y Terbal, pues ambos habían regresado a sus catres durante la noche y tampoco parecían cansados.
Sin mucho que decir, desayunaron. Algunos tomaron leche con pastas y otros café con algunas galletas calentados con algo de magia de la profesora.
Finalmente salieron del volcán para no regresar, sin sentimiento de nostalgia, algunos incluso pensaban que esos días había sido un mero pasatiempo que los había retrasado mientras otros habían mejorado sus habilidades allí dentro, incluso había mejorado notablemente la relación entre los del grupo.
A lo largo del trayecto que realizaron ese día abatieron algunas criaturas comunes que vagaban por la zona en solitario, se extrañaron de no ver ningún grupo después del enfrentamiento del día anterior. Incluso Kalys fue capaz de derrotar a una sin ayuda alguna, había mejorado mucho esos tres días en el volcán gracias a la profesora y a Fleihnlir, quien se prestó desinteresadamente a ayudar en el entrenamiento con armas.
A mediodía divisaron un poblado en la misma ruta que seguían. Esa noche la podrían asearse y dormir en una cama mullida.
Los más jóvenes del grupo estaban casi eufóricos cuando al llegar a la entrada vieron que la gente se había reunido alrededor de una plaza en el centro. Cerca del lugar habían aparcados varios camiones de los militares.
-Esperemos poder tener la paz que buscamos –comentó Baelcan a sabiendas de los actos de éstos en cada lugar que visitaban.
No podía estar más lejos de la realidad, los soldados habían tomado el ayuntamiento del pueblo y una extensa hilera con más de veinte miembros cubría gran parte de la plaza central.
A sus espaldas, varias personas estaban tiradas en el suelo, recibiendo maltratos por parte de algunos soldados con un traje de color diferente al resto, sus trajes no eran verdes como los de la mayoría, eran de color azul oscuro.
-¡Eso es un abuso de autoridad! –gritó Kalys sin poder reprimir las lágrimas, sin embargo sus palabras quedaron silenciadas por los gritos de la multitud, nadie se atrevía a mover un dedo en la ayuda de los castigados.
-Será mejor que nos vayamos cuanto antes, ahora mismo no podemos hacer nada y si lo hiciéramos, las consecuencias para esta gente podrían agravar la situación –dijo Teleysa cogiendo de la mano a Oxidas, el cual ya había hecho aparecer su guante y lo alzaba por delante de su cara.
No pudo, sin embargo, frenar a los hermanos, quienes saltando por encima de la multitud acudieron a socorrer a los castigados.
-¡Quietos ahí!
-Déjalos, si necesitan ayuda ya iremos tras ellos –Baelcan respondió a las palabras de Teleysa blandiendo su espada, a su lado, Fleihnlir había sacado su arco y ya apuntaba hacia el aire con una flecha, preparada para entrar en acción cuando hiciera falta-. Por ahora quiero ver los frutos de sus recuerdos.
-¿Sus recuerdos? ¿Habían olvidado algo?
Diez de los veinte militares ya habían roto las filas y estaban tumbados en el suelo, a varios metros de la zona que protegían. En su lugar estaba Terbal, portando sus dos espadas, con los brazos estirados hacia los lados y la mirada encendida de furia.
Jabe, por su lado, decidió ir directamente hasta uno de los caídos que era maltratado por cuatro soldados a la vez. En un destello se situó entre los maltratadotes y su presa, con el bastón a su espalda, cogiéndolo desde la punta de abajo. No tuvieron tiempo a reaccionar que los cuatro ya estaban presos en un remolino de aire cada uno.
Extendió la mano hacia el hombre el cual la aceptó tras unos segundos de confusión.
-¿Te encuentras bien? –el hombre afirmó-. Parecías el menos malherido de entre todos y nos hará falta ayuda si queremos liberaros de ellos. ¿Te vez capaz de luchar aún?
El hombre se levantó, hizo aparecer una alabarda entre sus manos y afirmó con fuerza.
-Muy bien. Mi nombre es Jabe, ya nos contarás luego lo que ha ocurrido aquí.
-Me llamo Kaiel.
Uno de los soldados vestidos de azul arremetió contra Jabe desde su espalda aprovechando el descuido, pero se vio golpeado por la alabarda de Kaiel en el intento, no sólo frustrando su intento, sino también viéndose arrojado contra varios de sus compañeros.
El joven rubio se vio sorprendido por la fuerza del que había salvado, pero no era momento para habladurías, Los militares eran aún muchos.
El valor de los muchachos empujó al resto de la gente a usar aquello que pudieron coger y ayudar en la lucha contra los militares con sus escasos medios.
Con un gesto, los cuatro soldados apresados por los remolinos fueron arrojados al otro lado de la plaza y apresados por la gente del pueblo una vez en el suelo.
Aún con el caos causado los soldados se prepararon bien para la defensa, los había apostados en balcones cercanos y en el ayuntamiento, mientras que los que estaban en la plaza desenfundaron sus porras y se agruparon delante de los francotiradores. Usaban armamento con balas de goma, no parecía que quisieran matar a la gente. En cambio los soldados vestidos de azul eran algo diferentes, no luchaban usando armas y parecían tener las mismas cualidades que alguien con Arma Única, eran increíblemente veloces, fuertes y resistentes.
-¿Tecnología punta en sus trajes? –comentó Baelcan en voz alta, sin esperar respuesta.
La gente del pueblo era capaz de enfrentarse a los soldados vestidos de verde con alguna que otra baja, pero a la hora de hacerlo contra uno de azul sus fuerzas eran insuficientes. En poco más de veinte minutos habían liberado a todos los apresados. Todos ellos eran capaces de usar Armas Únicas, pero fueron incapaces de defenderse ante la fuerza de esos trajes.
Finalmente Fleihnlir decidió actuar, abatiendo en pocos segundos a todos los soldados apostados en los balcones y guardando el arco después. Baelcan le reprochó esa actuación.
-¿Qué? No necesitan más ayuda que esa.
-No lo digo por eso – Baelcan apuntó hacia la izquierda de la mujer.
Un soldado de azul se abalanzaba veloz en dirección a la arquera, pero al llegar a ésta ella ya no estaba allí. Un instante después el soldado yacía en el suelo, abatido.
-¿Ves? No parecen gran cosa.
-Sí, bueno, no para ti, fíjate en los otros, ni veinte personas son capaces de detener a uno solo ni que lo atrapen en el suelo. Incluso a los que poseen Arma Única del pueblo lo pasan mal en el intento.
-Bueno, entonces no mires a los nuestros. Jabe ya ha dejado a ocho en el suelo, Terbal ha ahuyentado a cinco sin hacer mucho, Saliega solita ha arrinconado a siete en ese callejón y la gente les lanza piedras por todos lados. Los que van vestidos de verde en cambio no pueden hacer mucho contra la muchedumbre, van cayendo como moscas.
Kalys se quedó cerca de la profesora, nadie se atrevía a acercarse a ella y los soldados que lo intentaban se veían golpeados por una fuerza que les parecía invisible. Mientras, Oxidas había logrado zafarse del brazo de la profesora y se dedicaba a estropear las armas de los soldados desde la distancia usando la masa, deslizándola por debajo de los pies de la gente y metiéndose en las armas o envolviéndolas.
Dos horas más tarde lograron recuperar todos los edificios adquiridos por los militares y los habían apresado a todos, ninguno logró escapar y a vistas de como actuaban no habían podido pedir refuerzos.
-Bueno, todo ha acabado bien –dijo Terbal mientras ayudaba a tumbar uno de los camiones de los militares con la ayuda de varias decenas de personas.
Jabe, Oxidas y Hongreb ayudaban con sus artes sanadoras a los más heridos, el resto prefería que no los guarecieran para recordar ese día.
-Al final habéis tenido que intervenir. Y eso que os he dicho que os estuvierais quietos –la profesora empezó el sermón que había estado preparando durante toda la batalla-. ¿Ahora qué? No podemos mantenerlos prisioneros para siempre y cuando debamos dejarlos irse es seguro que arrasarán el pueblo entero.
-¡Entonces volveremos a plantar cara! –gritaron a coro varios aldeanos a la vez.
-Para entonces ya no estaremos aquí para ayudaros, somos sólo unos viajeros y…
-Y nos habéis salvado la vida, muchas gracias –dijo una anciana, entre la muchedumbre. ¿Eres la líder del grupo?
-¿Qué? –Teleysa echó una rápida mirada hacia Baelcan, pero éste esquivó la mirada, ya sabía por donde iban los tiros-. Me temo que sí…
-Acompáñeme, si es tan amable… -Teleysa se vio arrinconada y no tuvo más remedio que seguirla.
A su marcha la gente del pueblo encendió una gran hoguera en el centro de la plaza y empezaron a preparar algunas mesas improvisadas. En ellas sirvieron varias clases de bebidas, la mayor parte de ellas con alcohol. Mientras tanto las jovencitas fueron en manada hacia los jóvenes del grupo. Jabe fue el único que logró zafarse por los pelos cuando Kalys logró alcanzarlo y lo apartó del grupo echando miradas asesinas a todas las componentes. Sin embargo Terbal y Oxidas no tuvieron tanta suerte ni cuando los muchachos del pueblo trataron de quitárselas de encima, pocos se atrevieron a intentar hablar con Kyorai, su fiel amiga se encargaba de ahuyentarlos erizando el pelo y clavando las garras en el suelo.
Fleihnlir y la muchacha de pelo cobrizo se unieron a Baelcan y empezaron a degustar los manjares que les ofrecían.
Aquello que trataron de hacer reaccionar a Hongreb para ir a beber con ellos no obtuvieron respuesta alguna, sólo esa fatídica sonrisa de quien te ignora aún mirándote, sin embargo devoró algunas tapas y bebió algo de agua.
Kalys le quitó a Jabe la idea de beber un poco del vino que ofrecían y le limitó a las bebidas con gas y una vez hubieron comido se separaron del resto de la gente, hacia las afueras del pueblo para estar solos. Kyorai debió pensar lo mismo porque se la encontraron a pocos metros de distancia, acariciando el lomo de Sali.
-¿Ya os vais de la fiesta?
-Eso mismo te pregunto a ti, normalmente eres muy dicharachera, creía que te gustaban ese tipo de ambientes.
-Juju, sí, me gustan, pero cuando no hay tanta comida cocinada, he comido algo y me he largado. Por cierto, será mejor que no os liéis, la profesora no tardará en llamarnos.
-¿Qué? ¡No pensábamos hacer tal cosa! –contestó Kalys, roja como un tomate.
En ese momento regresó Teleysa, algo colorada, sonriendo. Había conseguido información no sólo sobre lo sucedido, también sobre la seguridad de las rutas que seguían.
-Los militares llegaron temprano por la mañana, dejaron los camiones justo donde los habíamos visto, salieron en manada de ellos sin ninguna explicación. Uno que parecía ser el cabecilla del grupo se adentró en el ayuntamiento y trataron de convencer por la fuerza al alcalde. La cosa empeoró cuando vieron que poseía un Arma Única –explicó la anciana a Teleysa.
-Él trató de defenderse pero finalmente lo apresaron a él y a su mujer y los ejecutaron en público, delante de la mirada de todos los del pueblo y la de su propio hijo, Kaiel. Trató de enfrentarse a los soldados para tratar de liberar a sus padres, pero se vio en el suelo, rodeado por varios de ellos. Por lo que sé él no poseía un Arma Única hasta el momento. Se libró de los soldados que lo golpeaban y en ese momento los otros aldeanos con Armas Únicas se unieron a la reyerta, cayendo derrotados poco antes que llegarais, el resto del pueblo no pudo hacer nada por ayudarlos… Hasta vuestra llegada. Es una suerte que jóvenes con tanto talento hayan venido a ayudarnos, muchas gracias. Si os podemos ayudar en algo sólo tenéis que pedirlo, en agradecimiento por vuestra ayuda desinteresada.
Teleysa reprodujo palabra por palabra la explicación de la anciana al resto del grupo.
-Ahora ya no se dedican a usar métodos de reclutamiento, sus métodos son ahora más directos y para acabar de sazonarlo no dejan que nadie pueda avisar a los pueblos de los alrededores. Eliminan a los que posean Armas Únicas y se llevan al resto, sin responder preguntas, sin importarles que esa gente deje atrás toda su vida. No es justo –Jabe estaba enfadado, pero conseguía apaciguar su ira, ese día habían logrado vencer-. ¿Cómo puede ser que los Gremios permitan esto?
-Yo también me hago esa pregunta, como parte del Gobierno del país que son ya deberían haber actuado en su contra, esos métodos van en contra de todas las leyes escritas sobre las libertades de la gente.
-Están construyendo su propia dictadura, van en contra de los métodos de los Gremios, quienes tienen más en cuenta a la gente con Arma Única, mientras ellos tienen en cuenta a la gente que precisamente no goza de ellas. No hay mucho más que decir, se han radicalizado en esa postura –explicó Baelcan, resuelto.
-¡Son los métodos de los Militares los que llevaron el mundo a la situación actual mientras que los de los Gremios han logrado igualar la balanza en esta guerra aún con los problemas que hay! ¡Es una estupidez creer con tanta fuerza que lo que hacen mejorará el mundo!
-¿Entonces porqué no has tomado parte en la batalla sin tan en contra de los Militares estás? –soltó Fleihnlir, harta de las quejas de Teleysa.
-No, esa no es la pregunta adecuada, Flei –intervino Baelcan-. Con tu poder podrías haber acabado con todos los militares tú sola o haber detenido a Terbal, Oxidas, Kyo y Jabe antes siquiera que empezaran la reyerta. Sin embargo no lo has hecho porque simpatizabas con su causa, ¿no es cierto? Habrías acabado ayudándolos en caso de que las cosas hubieran ido a peor, incluso es posible que ya estuvieras preparando el sermón, sin embargo todo ha ido bien y te has alegrado desde tu interior –la profesora giró la cabeza, avergonzada, habían acertado en la deducción.
-¿Estáis en contra de los militares? –preguntó Kaiel, quien había pasado desapercibido cerca del grupo aún con su elevada estatura.
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Re: Nuevo mundo, nuevas reglas [Relato Largo]
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Respuesta #37 :
Junio 27, 2008, 17:20 »
(Bueno... aunque retroceder hasta la quinta página duele mucho,
, al menos es algo positivo que ponga la continuación de la historia, así que ahí os la dejo con esperanzas de tener el siguiente capítulo listo en unas horas, disfrutadlo, porque es otro descanso para lo que viene a continuación)
-¿Qué opinas de Kaiel? –le preguntó Kalys a Jabe mientras andaban entre la muchedumbre en dirección a la posada.
-Que le acabamos de conocer. No sé yo si es buena idea que se una a nosotros con todo lo ocurrido, yo en su situación estaría tan cabreado que hubiera empezado a matar militares en vez de apresarlos.
-Es porque es más maduro que tú –soltó Kyorai desde su espalda.
-Eh, eso duele.
-Pues la próxima vez controla mejor tus emociones cuando muera alguien del grupo y más cuando es a manos de las criaturas. ¿Has olvidado que vuelven a la vida?
-El problema radica en que no siempre ocurre y eso también es verdad, así que no me vengas con esas.
-Oh, así que sí que pensabas, pues la próxima vez piensa en no excederte, aún no sé como lograste ayudar a Zero al final –dijo la muchacha toqueteando su dispositivo-, pero no es probable que vuelva a ocurrir.
-Dame un respiro, han pasado ya varios días de eso y vas y sacas el tema ahora.
-Así me aseguro que no jugueteéis en la cama, pichoncitos.
-¡Eh! ¡Ya vale! –gritó Kalys, sobresaltando a la gente a su alrededor, que la miraron extrañados. Bajó la mirada, avergonzada, y continuó andando.
Kyorai se alejó con Saliega a su lado, entre carcajadas. Ya oculta de las luces observó la pareja, sonriendo maliciosamente.
Baelcan, Fleihnlir, Terbal, Oxidas y Hongreb se unieron a la fiesta, el último se convirtió en el centro de las miradas cuando empezó a mostrar situaciones divertidas a la gente, tanto para menores de edad como para mayores, causando que más de uno cayera al suelo de la risa. No necesitó ningún aviso por parte de Baelcan para que ocultara debidamente las caras de la gente que mostraba en sus pensamientos, podía resultar embarazoso para algunas personas de las presentes, tanto gente del grupo como pueblerinos.
Teleysa también asistió a la fiesta, comió y bebió un poco pero decidió irse antes de que empezara la ronda de chistes. Tenía cosas por hacer y debía hacerlas esa noche ahora que las recordaba con claridad.
Un grupo de muchachas adolescentes miraba con curiosidad los chicos del grupo.
-Mira ése de ahí.
-¿Cuál?
-El rubio de ojos azules, está buenísimo.
-Sí, sí, pero ya tiene novia, será mejor que lo olvides.
-Seguro que yo podría enseñarle más cosas de las que le enseña su novia.
-¿Qué no ves que no tienes nada que hacer? Fíjate en ella, es guapísima, y él no parece nada tonto, tiene un buen partido y si espera a que madure…
-¿Buen partido? Ésa soy yo, esperad aquí y ya veréis como me lo llevo con mis… encantos.
-¿Vas a intentar que le ponga los cuernos? Con lo buenos que están esos otros dos… -dijo otra de ellas se mordía el labio inferior.
-Vosotras os lo perdéis, la madurez ayuda en esto y esos dos están muy verdes, hasta luego.
-¿Y ese más madurito no te atrae?
-¿Cuál?
-El hombre moreno ese –señaló a Baelcan, es cual besaba a Fleihnlir con pasión.
Se quedaron todas boquiabiertas.
-Será mejor que lo olvidemos, jamás podremos competir con esa mujer…
-Por eso mismo me voy con el rubiazo, nos vemos.
-Y entonces… ¿Qué hacemos? –preguntó una a las que quedaban.
-Lo que es yo estoy cansada de esperar, si continuamos aquí nos van a dar las uvas, además, quizá estén verdes, pero ya es hora de que alguien les haga madurar. ¿Quién se apunta?
Minutos después ya habían atrapado a Oxidas y a Terbal a escondidas y los arrastraban lejos de la fiesta.
Jabe y Kalys ya llevaban rato en su habitación, se podía escuchar a ambos juguetear y reír desde fuera.
Kyorai, apostada bajo la ventana, los escuchaba con detenimiento, a menudo no lograba escuchar nada y en más de una ocasión se vio tentada a asomarse por la ventana y ver qué hacían.
Unos pasos en las cercanías alertaron a Saliega, enseguida Kyo alcanzó la daga de su bota izquierda y se giró para ver quien se acercaba.
Era Kaiel, quien alzó las manos en señal amistosa. Kyo escondió el arma, pero Saliega se quedó quieta en el lugar, alerta. Como pudo, intentó comunicarse mediante símbolos.
-¿Puedo unirme a espiar?- La joven del pelo cobrizo se sorprendió ante eso y aceptó de buen grado, indicándole a su felina amiga que podía bajar la guardia.
-¿También te interesa?
-Siempre que puedo sigo la prensa rosa en las pocas revistas y emisiones de televisión que nos llegan de este tipo.
-Bienvenido al club.
El aldeano respondió con una reverencia.
En ese instante algo alertó a Saliega, Kyorai respondió dando un salto alejándose del lugar en el que se encontraba. Kaiel no pudo reaccionar a tiempo y un torbellino de aire lo apresó sin dificultad.
Jabe, quien había realizado el conjuro, corría ahora hacia la ventana para abrirla y ver a quienes les escuchaban.
Viendo el apuro de la situación, un pensamiento fugaz pasó de la joven a su amiga, la cual corrió bajo el torbellino que apresaba al hombre, liberándolo de su prisión. Una vez libre la muchacha le indicó un lugar para esconderse y ambos se metieron en él antes de que se abriera la ventana.
-¡Os he…! –Pero no había nadie.- Qué rápidos son escondiéndose.
-¿Qué ocurre? –Kalys no parecía entender nada, se había cubierto con la sábana de la cama y estaba ahora al lado de Jabe, el cual se había puesto los pantalones antes de abrir la ventana.
-Estaban Kyo y Kaiel aquí espiándonos, he intentado atraparlos invocando unos remolinos pero han logrado zafarse. De Kyorai ya me lo esperaba, antes ha hecho ese comentario aposta, pero de Kaiel…
-Déjalos y volvamos dentro, cuanto más caso les hagas peor será –dijo Kalys sin enterarse ni de la mitad de las cosas.
El muchacho no parecía conforme, pero no le quedaba más remedio. Antes de cerrar la ventana lanzó una mirada asesina hacia el lugar donde Kyo y Kaiel estaban escondidos.
-Será…
-Qué… ¿Qué es lo que ha pasado exactamente?
-Que Jabe nos ha descubierto, eso es lo que ha pasado, incluso sabe que nos hemos escondido aquí.
-¿Entonces porqué no viene a por nosotros?
-Ni idea.
Se quedaron en silencio unos instantes.
-¿Nos estará retando?
-¿Pues sabes lo que te digo? Que no voy a rendirme.
Kaiel le estrechó la mano a la muchacha.
-Y yo te ayudaré.
-Espero que no decidáis cometer el error de espiarnos a nosotros. ¿Eh, Kyo?- dijo Fleihnlir cuando pasaba cerca de su escondrijo, seguido por Baelcan, a quien le costaba un poco andar recto.- Déjalos tranquilos, anda, que no le hacen daño a nadie.
-De eso ni hablar, no puedo permitir que sigan siendo así de inocentes, tenemos que hacerles cambiar el chip.
-¿Espiándolos? Buena suerte.
-Esto es demasiado complicado como para que tú puedas entenderlo, jijiji.
-Déjalo, ¿quieres? No intentes darme lecciones que sé perfectamente lo que tramas, yo también lo hacía a tu edad.
-¿Ah, sí? Explica entonces.
-Uy uy… -dijo Baelcan justo antes de sentarse en el suelo, le tocaría quedarse en ese lugar un buen rato y lo sabía.
-¿Qué estás haciendo, Baelcan? ¿Qué no íbamos a…?
-No no, lo podemos hacer después. No me vengas ahora con que no tienes más ganas de quedarte aquí hablando de chismorreos. Tanto mejor, para cuando acabéis se me habrá pasado la borrachera y podremos estar mejor que no con mis náuseas.
-Te odio- la mujer se acomodó después de besar en la mejilla a Baelcan y empezó a hablar.
La plaza del Ayuntamiento estaba llena de gente tirada por el suelo, en su mayoría bebidos. Hongreb se había subido a lo alto del Ayuntamiento y observaba las estrellas como de costumbre.
Sonó la puerta. En su interior se podían escuchar gritos de chicas y quejas de dos jóvenes que intentaba liberarse de sus captoras.
Una de las muchachas se acercó a la puerta y, sin sacar el seguro, se asomó.
-¿Sí? Ah, eres tú. ¿No te habías ido con el chico rubio ese?
-Es que no he podido atraparlo antes de que entrara en la posada, una especie de gato me ha impedido llegar a tiempo.
-¿Un gato te ha impedido mostrar tus encantos? No me vengas con excusas.
-Era el gato de la chica salvaje esa del grupo de viajeros. El que él solito ha combatido los militares.
-Ah, bueno, y supongo que querrás que te dejemos entrar y pasártelo bien con nosotras.
-¿Puedo?
-Entra, cuantas más seamos mejor, estos dos son unos fieras.
Viendo que la muchacha de la entrada quitaba el seguro los jóvenes se quitaron de encima las muchachas haciendo uso de la fuerza, cogieron las ropas y saltaron hacia la puerta, empujándola con fuerza, dejando atrás a todas las chicas en el suelo.
-¡Ay! Eso duele. ¿No os da vergüenza hacernos esto a unas muchachas indefensas como nosotras? –dijeron varias de ellas en poses sugerentes.
-¿Indefensas? –Oxidas se giró.- Incluso las criaturas me parecen más dóciles que vosotras. ¡Estáis más locas que las fangirls!
-¿Cómo te atreves? –las muchachas se levantaron rápidamente y antes de salir corriendo por la puerta cogieron algunas camisetas para taparse.
Terbal y Oxidas aprovecharon esos instantes para vestirse como pudieron y salir corriendo hacia la posada.
Cuando ya se habían alejado un poco y todo parecía en silencio alguien gritó.
-¡El que los coja se los queda!
-¡Qué demonios!
El espadachín corrió hacia una casa cercana, escaló velozmente la pared y saltó al tejado antes de que dos muchachas le estuvieran a punto de dar caza. Oxidas por su lado se vio obligado a hacer uso de su masa para deslizarse entre tres de ellas y finalmente saltar tras Terbal.
-Maldición, si consiguen llegar a la posada estará su profesora y ya no podremos pillarlos.
-No os preocupéis, conozco un atajo.
-¿Más rápido que ellos saltando de tejado en tejado?
-No lo sabremos si no lo intentamos.
-¡Vamos entonces!
Ambos jóvenes iban saltando de tejado en tejado.
-Esto… Oxidas, ¿seguro que recuerdas dónde está la posada?
-Sí.
-¿Seguro?
-Que sí. ¿Por qué lo preguntas?
-Porque esa es la caseta donde nos tenían encerrados.
-Bueno, vale, pues no.
-Ya decía yo… Déjame ir delante, a ver si me acuerdo.
Oxidas respondió haciendo morros.
Quince minutos después Terbal divisó el tejado de la posada. No había ningún edificio lo suficientemente cercano como para acceder a él con seguridad acabaron bajando al suelo, no sin antes cerciorarse de que no los persiguieran todavía.
De nada sirvieron las precauciones, nada más tocaron el suelo ya estaban rodeados por las muchachas y esta vez no tenían escapatoria.
Se situaron espalda con espalda, preparándose para lo que les esperaba y finalmente ellas se lanzaron encima de ellos como lobas, peleándose por quitarles la ropa y tocar sus cuerpos.
Justo en el momento en que estaban a punto de dejarlos en cueros una fuerza extraña las alzó en el aire.
-Ya basta, eh. ¿Os parece bonito el numerito que estáis montando? Vergüenza debería daros –dijo Teleysa, cetro en mano.
Una vez en el suelo las muchachas parecieron avergonzadas, no se atrevían a responder a la profesora, imponía demasiado. Finalmente, entre quejas y guiños de ojos a los muchachos, se fueron en dirección a sus respectivas casas.
-Suerte que has llegado a tiempo, profesora, ya nos veíamos perdidos.
-¿Seguro? Parecía que disfrutabais con tantas chicas guapas encima –dijo Kyorai, saliendo del escondite, seguida por Kaiel, Fleihnlir y Baelcan. Terbal no pudo reprimir mirarla no sin algo de furia.
“¿No estaba celosa?”, la muchacha respondió con una carcajada a ese gesto.
-¿No estáis cansados todavía? Hemos estado toda la mañana caminando y por la tarde os ha tocado pelear, después habéis ido de fiesta y ahora esto. En serio, yo estaría ya rendida –dijo Teleysa.
-Ah… el ímpetu de la juventud. Eso nos queda lejos ya, Teleysa.
-Habla por ti que ya estás en los treinta, Baelcan. Todavía me falta mucho para llegar a tu edad.
-Pero también es cierto que ya no eres una adolescente, acéptalo, es ley de vida que crezcamos.
Fleihnlir le pegó un codazo en el estómago y se avanzó a paso ligero hacia la posada.
-Pues como continúes con esa filosofía mal lo llevas.
-Me ha mantenido con vida hasta ahora y estoy seguro de que continuará haciéndolo por mucho tiempo, así que no puedo quejarme.
-Bueno, venga, dejémonos de cháchara y vayamos a la cama, mañana nos proveeremos de víveres y demás para continuar con el viaje. Que descanséis.
-Buenas noches.
Se fueron todos a la cama. Jabe y Kalys hacía ya rato que dormían plácidamente. Oxidas y Terbal, que dormían en la misma habitación, tuvieron que tomar precauciones en puertas y ventanas para evitar que nadie entrara durante la noche, afortunadamente la masa del primero resultaba muy eficaz para esa función colocada en pomos y bisagras.
Fleihnlir y Baelcan no se durmieron hasta dos horas más tarde y Teleysa se las vio y deseó para que Kyorai aceptara que en esa posada no dejaban entrar animales, aunque finalmente ganó la muchacha abriendo la ventana, dejando pasar su compañera.
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Respuesta #38 :
Septiembre 17, 2008, 11:37 »
(
quien dice horas puede decir días meses años... Vale, no tengo excusa y además este capítulo no está corregido pero me parece bien tal como está como para postearlo, xDD, además de que en él hay un buen combate para los que lo echaban en falta.)
La mañana era fría, como cabía esperar de la estación del año que se acercaba, incesante, pero a diferencia de como se podía esperar por lo ocurrido el día anterior, no era tranquila. Hongreb, que había pasado la noche en el tejado del Ayuntamiento del pueblo lo veía todo, lejos de las miradas que buscaban culpables a lo sucedido, confusos ante lo que veían, o más bien no veían, los prisioneros de la batalla del día anterior, los Militares, habían desaparecido sin dejar rastro.
Teleysa fue la primera en salir de la posada, arreglada como iba siempre, hacía mucho que dominaba esos aspectos de la magia y los tenía por costumbre.
En pocos segundos se plantó en la plaza, todos estaban confusos, sufriendo de resaca y quejándose de que nadie pensara en dejar a alguien haciendo guardia. La profesora alzó la vista hasta encontrar a Hongreb quien entendió el mensaje y empezó a descender por una escalera de aire, sin prisa pero sin pausa, hasta plantarse delante de ella. Cuando por fin bajó el último escalón entablaron una conversación silenciosa por unos instantes.
En ese momento llegó el resto del grupo que había dormido en la posada, salvo Kaiel y Kyorai. La muchacha se había levantado antes, pero lejos de haber intentado despertar a nadie, aprovechaba para comer algunas sobras de encima de las mesas, Saliega no estaba lejos de ella, relamiéndose de lo que había devorado. Baelcan, Fleihnlir, Oxidas, Terbal, Kalys y Jabe habían descansado bien esa noche, se les veía agradecidos por haber dormido en una cama mullida después de tantos días.
-¡Qué demonios!-Flei fue la primera en hacer la pregunta que todos tenían en boca.
-Yo tampoco logro entenderlo –la profesora acababa de salir de dejar de conversas con Hongreb-. ¿Hubo un destello verde y al irse los Militares ya no estaban? Es una locura...
-Pero es la verdad, parece que están compinchados con las Criaturas después de todo. Ahora mismo no nos sirve de nada cuestionar lo sucedido, será mejor que...
Un terrible rugido cortó toda conversación, o más bien lo que parecían docenas de ellos.
-¿Eso no ha sonado a demasiadas Criaturas a la vez?- preguntó Oxidas, mientras trataba de recuperar el oído, ese grito lo había dejado medio sordo por unos instantes.
-Bueno, a unas cuantas sí – a Flei le brillaban los ojos de emoción.
-Te lo resumiré en pocas palabras. ¡Vamos a morir todos!-gritó Kyo para hacer reaccionar a todos los que se habían quedado anonadados, pero fue suficiente para provocar el caos entre toda la gente allí presente. A algunos les flaquearon las piernas, otros empezaron a correr de un lado para otro temiendo por su vida. Unos pocos sensatos, o quizá suficientemente locos, en cambio, animaron al resto y empezaron a organizarlo todo para plantar cara al enemigo.
-Esto... es lo que ocurrió con mi gente... –Kalys parecía entrar en un estado de shock.
-Tranquila, ahora estás con nosotros –la tranquilizó Jabe, Baelcan y Teleysa afirmaron con la cabeza con los miro, reconfortándola-. No permitiremos que nada malo le pase a nadie, ya verás como todo se solucionará. ¿Verdad, profesora?
-Sois vosotros los que os metistéis en este marrón...
-Nos hubieran acabado atacando igual por tener Armas Únicas –dijo Baelcan.
-Hum...
-He contado unas quinientas Criaturas –no hacía viento pero la ropa de Jabe se movía como si lo hiciera.
-¿Quinientas? ¡Pero si en este pueblo no superamos las doscientas personas! –Kaiel acababa de llegar y había escuchado parte de la conversación.
-Vienen por el camino desde el que llegamos. ¿Estarían siguiéndonos?
-No lo creo, las que nos persiguen son esas gigantes y no suelen ir acompañadas de las Criaturas comunes salvo la excepción del volcán, que fue la primera vez que lo vi –más de uno se guardó la pregunta, era demasiado obvio que sabían muchas más cosas de los invasores que lo que se podría encontrar de información sobre ello en ningún lugar-. Bueno, ¿tienes algún plan de batalla, oh Gran Hechicera del Gremio de las Llamas Violetas?¿O debería llamarte “La Hechicera Bailarina”?
Kyo, Flei, Kalys, Oxidas, Terbal y Kaiel estallaron en carcajadas, sorprendiendo a la gente que corría a su alrededor, ocupada buscando armas y útiles para crear barricadas por las calles.
-¿Pero cómo lo...? Da igual, luego dejaremos las cosas claras vosotros tres y yo.
-Quizá vienen tantas porque los Militares les han informado de lo que Flei hizo y supusieron que éramos más tan fuertes como ella, sea como sea, cuando a Flei se le pone esa mirada, es mejor que nadie se interponga en su camino... –un escalofrío recorrió su espalda.
El resto tuvo curiosidad por ver la cara de la mujer rubia, había pasado del aire pijo habitual a una expresión que, de pertenecer a alguien, sin duda sería a la peor de las psicópatas.
-Hongreb y yo ya hemos hablado de la estrategia que seguiremos, en cuanto al resto... Haced lo que os dé la gana, pero aguantad al menos hasta que estemos listos. Jabe, ¿cuanto tardarán en llegar?
-¿Qué?
-Antes has usado un hechizo de rastreo. ¿Has calculado el tiempo que tardarían en llegar o no?
-Ah, perdona, no entendí la pregunta, estarán aquí en media hora más o menos.
-Muy poco tiempo... Creo que estaremos listos dentro de hora y media, quizá dos horas, aunque Hongreb discrepa y dice que lo estaremos en una. ¿Podréis aguantar hasta entonces?
-¿Una hora? Jajaja, nos sobra tiempo. ¿Verdad, chicos? –dijo Fleihnlir con voz un tanto tenebrosa a la cual el resto sólo pudo responder de agotamiento súbito.
-¿Cuál vais a usar?-preguntó Jabe a Teleysa.
-¿Sabes lo que vamos a hacer? Creí haber quitado esos libros de la biblioteca años atrás...
-Son parte de las enseñanzas de Hongreb.
-Pues yo dudaba entre el Sello de siete puntas o el de trece, pero él insiste que con el de siete, que es más rápido pero menos potente, nos basta y nos sobra. Ya veremos.
-Vaya... esperaré con ansias poder verlos.
-¡Eh, ni en sueños os voy a dejar que os las carguéis todas! –Fleihnlir continuaba con su ataque de locura.
-Venga, ya, tranquilízate y vamos –Baelcan empezó a empujarla en dirección al lugar por el que llegarían las Criaturas.
La profesora y el joven del pelo lila se dirigieron al interior del Ayuntamiento, lugar desde el que prepararían el ritual para el Sello Destructor de 7 Puntas mientras el resto se dirigían a la entrada del pueblo por la que habían llegado el día anterior.
-Bueno... ¿Cómo queréis hacerlo? –preguntaba Baelcan mientras calentaba un poco los músculos de su cuerpo.
-Mis compañeros ya deben haber acabado de preparar las barricadas improvisadas, si nos dividiéramos para apoyarlos quizá suframos menos bajas- dijo Kaiel, quién separó un poco del resto para llegar hasta el espdachín.
-No es mala idea lo de las barricadas si no fuera que las criaturas no suelen tener problemas en escalar paredes y subirse a casas como si nada, pero menos es nada. Jabe y Terbal, vosotros dos vendréis conmigo y Flei fuera del pueblo, en primera línea, si habéis recordado vuestro entrenamiento no tendréis ningún problema en aguantar el ritmo ahí delante.
-Tú estás loco... –dijo Terbal- Si nos metemos ahí delante será como si estuviéramos pidiendo a gritos que nos conviertan en carne picada.
-¿La idea es de dividirlas para que no ataquen el pueblo desde un único punto concentrado? Me parece bien, iré –la mirada de Jabe brillaba, no hace mucho hubiera reaccionado como Terbal, pero ahora esa idea alocada le resultaba atrayente.
-Hace un momento decíais que eran demasiadas Criaturas y ahora pretendéis plantarles cara a las puertas del pueblo? ¿Me he perdido algo o habéis fumado algo sin que me diera cuenta? Porque quiero un poco –dijo Kaiel, contrariado.
-Nah, tranquilo, no hemos tomado nada, y igualmente no te lo podría dar, quiero que me hagas un favor. ¿Podrías cuidar de Kalys? Ella no puede ayudarnos en esta ocasión.
-¡Yo quiero ir contigo! –dijo la muchacha agarrándose de su brazo con fuerza.
-No digas tonterías, vale que hayamos ensayado algunos hechizos, pero tu destreza ahora mismo no dista mucho de la de cualquier autodidacta de este pueblo, no es para fardar, pero ahora mismo dudo que ninguno de ellos pudiera aguantar ahí delante tampoco. Es mejor que te quedes aquí apoyándoles.
-Jo...
-Un momento... ¿Cuándo le has estado enseñando tú hechizos, si puede saberse? Creía que hasta ahora sólo había estado practicando con el arma y todavía no conocía la magia –preguntó Kyo.
-Pues la mayor parte de las veces que creías que estábamos haciendo otra cosa, pero como eres bastante negada para la magia mejor ni intento explicártelo.
La mirada de la muchacha de pelo cobrizo fue fulminante.
-Jijiji, eso te pasa por fisgona –dijo la joven morena.
-Juju, luego tú y yo hablaremos de cosas que seguro que él no puede enseñarte, y veremos quien ríe la última.
La joven se estremeció, no tenía escapatória, si salían vivos de esa.
-Además, no iréis vosotros solos delante, Oxidas y yo también tenemos ganas de participar en esa fiesta.
El chico hizo aparecer su guante y al instante siguiente apareció nuevamente el poring, esta vez de aspecto metálico.
-Estoy empezando a cansarme de que no me tengáis en cuenta, y más teniendo en cuenta de que mi arma es la mejor para los combates multitudinarios.
-¡Oxidas! ¡Terbal! ¡Contamos con vosotros! –gritaron unas chicas a lo lejos.
-Esto... ¿Cuando empezamos? –dijo el muchacho, intentando olvidar lo sucedido el día anterior.
-Jijiji –rió Kyo, y Flei lo hubiera hecho de no estar acariciando su arco con ansias.
Las Criaturas avanzaban, incansables, en dirección al pueblo, destrozando el camino bajo sus patas y garras, con sus ojos inyectados en sangre. Los aldeanos, por su lado, habían podido crear barricadas en las tres calles por las que se podía acceder al pueblo desde ese camino, es decir, en el lado este, por donde estaba el bosque, y el oeste, por donde pasaba el río. Sabían que no servirían de mucho, una sola Criatura podría ser capaz de destrozarlos en instantes, pero menos era nada.
Cuando las asaltantes estuvieron a unas decenas de metros del pueblo, un par de sombras saltaron varios metros por enicma de la barricada de la calle principal, la primera con un salto rudo y la segundo de forma mucho más grácil y elegante. Cuando la primera llegó al suelo lo golpeó con la espada y creó una onda sísmica que arrolló las primeras filas de Criaturas, deteniendo su avance por unos instantes en los que la segunda sombra, que todavía estaba en el aire, apuntaba con su arco por encima de ellas.
Al unísono, de su arco y de la esfera del guante de un muchacho situado encima de la barricada salieron un par de esferas, la de la mujer era dorada y la del muchacho era grisácea, pero ambas estallaron encima de las Craituras, soltando multitud de flechas que no tuvieron piedad de ellas. Mientras, los hermanos habían estando preparando una combinación de hechizos, esperando que sus enemigos volvieran a la carga, que no se hizo esperar. En cuestión de instantes Jabe creó un tornado que abarcaba la mitad del camino y que Terbal encendió en llamas. Arrasó con los cuerpos de las Criaturas muertas y las pocas que habían decidido lanzarse al ataque sin dudarlo.
-Nada mal para empezar, una treintena menos de qué preocuparnos, pero... ¡No es suficiente! –dijo Flei, tras lo cual alzó su mano derecha hasta la altura de su cara, levantó los dedos índice y corazón y al instante apareció en ellos un destello dorado.
A duras penas pudieron verla correr hacia las Criaturas y atacarlas con esa mano como si fuera una daga, portando el arco todavía en la mano izquierda.
Kyorai la seguía de cerca, con Saliega a su lado transformada en un puma bastante más grande de lo normal y repartiendo zarpazos a diestro y siniestro.
Todos corriero tras ellas a mayor o menos velocidad y acabaron separándose tal como habían acordado para abarcar una zona mayor entre todos. A Kyo y a Jabe les tocó encargarse de la zona del río, o más bien era el lugar donde podían hacerlo mejor. Terbal y Oxidas se encargaban del lado del bosque, que aunque era quizá el más extenso, sus aptitudes para el combate eran las más idóneas para luchar en él. Y Flei y Baelcan se encargaban del camino a base de mandobles y multitud de flechas.
Los primeros veinte minutos la batalla iba a pedir de boca, ninguna había podido infiltrarse hasta el pueblo, pero el hecho de hacerlas retroceder era una jugada que poco a poco iba jugando en su contra, pues cada vez se acumulaban más y más Criaturas a su alrededor y finalmente acabaron pasándolos, aún no habían podido eliminar de lejos ni un centenar de Criaturas.
En el río, Jabe iba corriendo por encima del agua tratando de acumular las Criaturas que nadaban para poder derrotar el máximo número posible de un solo hechizo y poder ir ahorrando energías. En la orilla, Kyorai y Saliega no tenían problemas, aprovechaban muy bien los árboles y arbustos que había por allí para evadir y acorralar las Criaturas para acabar con ellas rápidamente y sin problemas.
En el camino, Flei continuaba repartiendo flechazos a toda velocidad y cortando las que se acercaban demasiado a ella, Baelcan iba repartiendo espadazos de gran fuerza que las abatían casi como si nada y de vez en cuando arrollaba grupos de ellas con algún cadáver de las que le saltaban encima.
Las primeras Criaturas, en cambio, llegaron al pueblo desde el bosque, Terbal, aunque no tenía problemas en desembarazarse de las Criaturas que lo atacaban, portando sus espadas encendidas en llamas, estaba solo y cada vez pasaban más por ese lugar. Oxidas se había perdido.
La criatura no paraba de saltar de rama en rama, a una velocidad frenética. A Oxidas le costaba seguirla con la vista, tan solo lograba ver una mancha que iba de una rama a otra hasta que finalmente desapareció, solo se oían los arbustos moverse al son del viento. De repente la criatura se lanzó hacia Oxidas clavando sus garras en un costado. La criatura parecía satisfecha, le encantaba ese estilo, matar sus víctimas antes de que puedan defenderse.
Súbitamente, el cuerpo sin vida que la criatura tenia en sus zarpas empezó a derretirse y a cambiar a un color oscuro, envolviéndola y dejándola inmóvil.
-¿Eso es todo lo que puedes hacer? Creí que eras más peligrosa, la verdad. –dijo Oxidas saliendo de detrás de un árbol, burlándose.
-Me subestimas, humano -La criatura forcejó con la masa que la mantenía inmóvil, de repente lanzó un alarido, sus músculos se tensaron y logró escapar de la masa que la oprimía, dirigió una mirada de malicia hacia el muchacho-. Y, a diferencia de vosotros, nosotros no tropezamos dos veces con la misma piedra.
Oxidas, sobresaltado, pudo ver como la criatura se abalanzaba sobre él a una velocidad descomunal. Como si esperase ese movimiento, el muchacho hizo aparecer ante su guante un pequeño escudo de esa masa negra y lo usó para defenderse de los golpes que le asestaba la criatura, incansable. El joven trataba con todas sus fuerzas de encontrar un hueco para escapar pero la velocidad y la fuerza de los movimientos de su rival se lo impedían, se dio cuenta de que le faltaba entrenamiento. Había visto a sus compañeros moverse tan rápido que sus ojos eran incapaces de seguirlos. Pero él no, no era capaz, y aún así estaba con ellos, de viaje, y ahora estaba solo, luchando en una batalla que le parecía imposible, su rival era mucho mejor que él, lo sabía, pero no se iba a dar por vencido, porque la alternativa era la muerte, porque debía regresar con ellos.
Finalmente uno de los golpes atrapó al muchacho de espaldas a un árbol, el muchacho se vio perdido y su rival fue capaz de darse cuenta de eso. A la velocidad del pensamiento, se lanzó encima de él, dispuesta a cortarle la cabeza. Oxidas lanzó una sonrisa maliciosa justo antes de que la criatura impactara con el pequeño escudo, y en el momento en que parecía que éste iba a romperse, de la pequeña esfera negra salieron una gran cantidad de esquirlas hacía adelante, en dirección a la criatura. Grandes púas de casi dos metros de longitud parecían haber ensartado la criatura.
Pero entonces se dio cuenta, pudo fijarse que la criatura había cerrado la boca en el momento en que uno de los ataques estaba a punto de atravesarle la cabeza, protegiendo su garganta, pero aun así pareció descuidar el resto del cuerpo.
La criatura permanecía quieta, sin ningún rasguño apreciable a simple vista, había colocado sus largas y duras garras en una posición que emulaba la forma de un escudo, evitando que esas esquirlas le causaran daño alguno. Oxidas, sin dar crédito a lo que estaba viendo decidió salir corriendo, lanzó un chorro de masa a la cara de la criatura y aprovechando la confusión se escondió entre la maleza.
A los pocos segundos la criatura ya se había incorporado y empezó a olfatear los alrededores, se detuvo frente a un árbol.
-Me estás divirtiendo mucho, pequeñajo, ni tan siquiera la gente de la cueva ofreció tanta resistencia, y eso que parecían estar más bien entrenados que tú. Pero tranquilo, no durarás mucho más.
Derribó el árbol de un zarpazo, clavando una de sus garras en el cuerpo de un Oxidas que empezó a deshacerse como el anterior. Esta vez la criatura no cayó en la trampa y se libró rápidamente de la masa, enfurecida. El muchacho había logrado engañar su fino sentido del olfato.
Cerró los ojos un momento y saltó a gran velocidad de un árbol a otro, derribándolos con el peso de su cuerpo y el impacto al saltar. Lo estaba destrozando todo, sin piedad. Oxidas no podía esconderse más y finalmente se mostró, su rival se estaba pasando, siempre habían tratado de no causar perjuicios en el bosque cuando viajaban, los ratos que había pasado con Kyorai hablando sobre las hierbas del bosque y con Teleysa sobre la relación de la magia con la naturaleza habían quedado grabadas a fuego en su memoria.
En el tiempo que había estado escondido lo pasó pensando en como derrotar a su rival. Era más fuerte que él, más veloz que él, más experimentada que él, sus garras parecían hechas del material más resistente que había visto jamás, más… ¿inteligente? Definitivamente, eso no. “Si no puedo atravesarlo, lo mejor será que piense en otra cosa, y rápido”, pensó.
La criatura se quedó frente a él mirándolo fijamente.
-Por fin te has decidido a dar la cara, muy bien, me va a encantar destriparte –la criatura se relamía con el pensamiento que la invadía.
Oxidas, aunque la miraba fijamente, no escuchó sus palabras, pensaba constantemente en cómo derrotar a su rival, debía encontrar una salida.
De repente se le ocurrió algo. Empezó a lanzarle chorros de masa a la criatura, que los esquivó con facilidad en vez de protegerse como la vez anterior.
“Justo como pensaba, sabe como funciona mi arma, al ver que no tenían forma afilada ha decidido esquivar en vez de bloquear el ataque porque la podría volver a atrapar”. Entonces la masa que brotaba de su guante empezó a solidificarse entorno a su brazo, quedándole toda la extremidad cubierta por esta, esta vez de aspecto cristalino en la superficie, pero blanda en los codos y el hombro, donde había su mano se formo una gran punta de masa cristalizada.
Oxidas empezó a correr hacia la criatura, ésta, viendo que la forma de la masa no era algo parecido a un líquido, decidió usar sus garras nuevamente como escudo. El cristal chocó contra la coraza que había formado la criatura, no logró romperla, pero sí que hizo lo que él buscaba, sus garras presentaban grietas, dejando al descubierto, casi imperceptiblemente, la carne que había dentro de éstas. El muchacho, aunque sorprendido, había encontrado justo lo que buscaba. La criatura empezó a reírse descontroladamente, no parecía haberse dado cuenta de las grietas.
-¿Es esta toda la fuerza que tienes? Que desilusión.
El muchacho sonrió y la masa que parecía cristalina se volvió líquida de golpe, entrando por todos los pequeños orificios que había provocado a la criatura, la cual se dio cuenta de lo que pretendía hacer. Paró de reír y miró a Oxidas con desprecio.
-¡Muere!- Gritó Oxidas, con todas sus fuerzas.
Toda esa masa líquida que se había introducido desde las garras se había expandido por otras partes del cuerpo de la criatura al instante siguiente volvió al estado cristalino, expandiéndose y ejerciendo una gran presión desde dentro de la criatura, deformándola gravemente. Ésta, gritando de dolor, le propinó un zarpazo a Oxidas, pero en el momento en que iba a impactarlo, del suelo frente a él, donde había el charco que se había creado al chocar la masa con la criatura se formó un brazo enorme de esa sustancia negra que empujó la criatura por los aires. El joven usó su masa para impulsarse y saltar a por la criatura, sabía que el ataque desde dentro y la caída no iban a ser suficientes para acabar con ella, y corría el riesgo de que un destello verde se la llevara en cualquier momento.
Una vez en el aire, el brazo se volvió a solidificar, esta vez con forma de garra enorme y le propinó un zarpazo brutal a la criatura, haciéndola caer contra el suelo produciendo un ruido sordo. El luchador amortiguó su caída con la sustancia negra que estaba esparcida por el suelo.
La criatura se levantó de nuevo, con una grieta en lo que se podría calificar como su pecho, pero ni rastro de sangre o de fluidos vitales que había visto en las otras.
A causa de ese movimiento toda la masa que tenia la criatura encima se había desprendido, incluso la que llevaba dentro parecía haber dejado de provocarle deformidades y fluía por las grietas hacia el exterior. El monstruo se alejó de un salto a una rama algo lejana y soltó un grito que parecía una mezcla entre dolor y rabia.
Oxidas parecía abatido, su rival aún podía moverse sin problemas aparentes. El brazo cristalino se iba deshaciendo poco a poco, volviendo a su forma original.
La criatura estaba cabreada, no sólo un simple humano había logrado sobrevivir a sus mortales tácticas de caza, sino que además le había provocado heridas graves en el cuerpo. Le echó una ojeada desde lejos, un pensamiento fugaz le encendió la mirada, no estaba dispuesta a que su historial tuviera esa mancha, mucho menos irse en aquella situación, reclamaba sangre.
Oxidas que ya empezaba a sentir la fatiga y el dolor, sobretodo en su brazo, otra vez un sentimiento de inferioridad le invadió. La criatura se lanzó hacia él desde su posición, cogiendo al joven con la guardia baja y le arañó el pecho. Una vez en el suelo, Oxidas ya lo veía todo perdido. La criatura puso su enorme pié de reptil encima de su pierna, rompiéndosela sin piedad. Oxidas lanzaba gritos de dolor, y la criatura parecía disfrutarlo.
-Me parece que al final sí que te mataré lentamente.
En un impulso de supervivencia, Oxidas hizo brotar una vez más esa enorme garra de cristal de su brazo derecho, impactando la cara de la criatura, consiguió apartarla, pero su pierna estaba desgarrada, ya no podía moverse.
Su rival gozaba cada vez más de su situación. Se abalanzó de nuevo sobre él, quien no pudo hacer nada más que poner su garra con la palma abierta en dirección a la criatura. Sus garras estaban cada vez más cerca de su cara y, entonces, estalló en cientos de cristales. Todo se llenó de humo y polvo gris.
Al disiparse, la criatura ya no veía nada, multitud de cristales habían causado cortes leves en gran parte del cuerpo de la criatura y algunos trozos se le habían clavado en los ojos dejándola ciega. Pero aún así, en cierto modo, era capaz de sentir todo lo que tenía a su alrededor.
En ese instante, de detrás de un árbol, salió Oxidas, caminando perfectamente, totalmente recuperado, y sin ninguna herida, a su lado, otro chico idéntico a él, con el pecho ensangrentado y caminando con mucha dificultad. Y detrás de este otro, oculto entre la maleza, otro Oxidas más, en las mismas condiciones que el último.
-¿Acaso crees que me puedes engañar tan fácilmente? –gritó la criatura justo antes de saltar por encima de los dos primeros, atacando al que estaba escondido. Cuando lo tuvo atravesado en el aire gritó- ¡Tu plan no ha funcionado! ¡Para que tus engaños hubieran funcionado deberías haberte escondido mejor!
- No eres tan listo como crees… -en ese momento se desvaneció en forma del líquido negro el cuerpo que sostenía entre las garras.
La criatura, sin esperar un segundo, lanzó un coletazo a los dos otros que estaban detrás, impactándolos de lleno. Éstos también se deshicieron.
En el aire se pudo escuchar a alguien riendo, Oxidas estaba apoyado en un árbol cercano, con el pecho lleno de sangre, la pierna entablillada de cualquier manera con una rama y un poco de tela extraída de su manga derecha dejando al descubierto las heridas del miembro que previamente ocultaba. Estaba lleno de heridas de golpes, incluso algo deformado a causa de la fuerza que había tenido que usar para provocar las grietas en la criatura.
-Lo único que yo quería era tiempo para poder preparar esto… -murmuró Oxidas.
Levantó su guante con las fuerzas que le quedaban y de él salió la cabeza de un dragón disparada hacia la criatura, que recibió el impacto y se elevó en el aire. La criatura se deshizo rápidamente de la sustancia negra cuando se dio cuenta de que, aún estando a mayor altura que los árboles, algo le tapaba el sol.
Al girarse, quedó horrorizada por semejante visión. Allí se encontraba un gigantesco dragón de casi doscientos cincuenta pies de altura, hecho de esa masa negra y pegajosa, la criatura jamás había visto algo semejante, nubes de gas negro salían de los orificios nasales de esa gigantesca mole con forma de dragón, que parecía sacado del mismísimo averno; apenas se le podían ver los ojos, puesto que el fluido que lo componía iba deshaciéndose y rehaciéndose mientras la bestia se sostenía. El pánico pudo más que su razonamiento, al caer al suelo, la criatura flexionó sus piernas y empezó a correr en dirección opuesta al dragón. Al cruzarse con los árboles donde antes había habido la explosión de cristales, de ellos se formaron pequeños chorros de masa que atraparon a la criatura, ésta pudo girarse antes para ver de nuevo esa inmensa bestia negra, el miedo hizo que sacara nuevas fuerzas, soltó un fuerte grito que tensó su cuerpo, liberándola de su reciente prisión. Pero antes que pudiera empezar a correr de nuevo, Oxidas se había parado frente a ella y de nuevo con su brazo recubierto de cristal en forma de garra, se la clavó en la boca, aprovechando el fuerte grito. El muchacho dijo con voz cansada y muy débil:
- Por fin has abierto esa maldita boca… - Suspiró, y de nuevo hizo explotar su brazo de cristal negro en centenares de pequeños proyectiles, perforando la criatura desde dentro. La masa no sólo le causaba cortes por donde pasaba, las partes que el muchacho no pudo transformar en cristales a causa del agotamiento se encargaron de hacer también otra función igualmente eficiente, inundar el cuerpo de la criatura, atacándola desde dentro tanto provocando cortes como bloqueando todo movimiento dentro de su cuerpo. La criatura cayó al suelo, encima del muchacho, que ya hacía unos segundos que había perdido el conocimiento.
Tanto el dragón, como la garra de su brazo habían perdido la forma original, y la masa de dentro de la criatura actuaba por su cuenta, tal como trató de hacer tiempo atrás con Eternal, acabar con quien había abatido a su dueño.
En lo que parecía un sueño, Oxidas suspiró:
- Nunca creí que mantener esa cosa sin ni siquiera hacer que se moviera me pudiera costar tanto esfuerzo, algo tan grande y vacío por dentro…
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Re: Nuevo mundo, nuevas reglas [Relato Largo]
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Respuesta #39 :
Septiembre 25, 2008, 21:44 »
(Capítulo 37, si no me he descontado, y en el cual quedará ya indicada la trama que seguirán muchos de los siguientes episodios, así que ni se os ocurra tacharlos de predecibles porque ya estáis avisados)
-¡Mierda! ¡A este ritmo, Hongreb y esa hechicera de tres al cuarto nos pasarán la mano por la cara! ¡Baelcan, voy a usar eso!
-¿Qué? Si lo haces, nos retrasarás a todos… -dijo, un poco tarde, pues en la mano derecha de Flei apareció una esfera dorada, que introdujo en su arma, provocando un destello cegador a su alrededor-. Huhm… Bueno, vale, yo también lo haré… Pero no les gustará nada que tardemos más de la cuenta…
El espadachín aprovechó que ese destello había cegado a las Criaturas para invocar en su mano izquierda una esfera de color bermellón y hacer lo a su arma lo mismo que había hecho la arquera, salvo por el destello cegador. Después de aquello, las Criaturas ya no los verían más, ni tan siquiera cuando recibían sus constantes ataques.
-Fiu… ¿Pero qué hacen ese par de tarados? –preguntó Kyorai, librándose de un par de Criaturas con unos golpes rápidos entre patadas y cortes con sus dagas.
-Pfff, ya da igual que usen las técnicas ésas, con lo que están preparando Hongreb y Teleysa nos retrasaremos igual. Yo que creía que llegaríamos esta misma tarde a casa de mis abuelos… -respondió, mientras invocaba cuatro ráfagas de aire, que provocaron cortes en tres Criaturas que saltaban hacia él desde el agua.
-¿Quieres responderme o no?
-Habrás notado que sus armas llevan su nombre escrito en ellas, ¿verdad?
-Ajá. ¿Y?
-Son armas avanzadas. Entre la gente que tiene Arma Única, los hay que llegan a sobrevivir tanto tiempo luchando contra las Criaturas que su arma sube de nivel, por así decirlo, si es que entiendes algo de juegos de rol. Nada más conseguirlo, según me contaron, te confiere varios poderes, mostrándotelos en el momento en el que ocurre.
-Guau… ¿Podré yo hacer lo mismo?
-No creo que te guste ver a Saliega con tu nombre tatuado, jajaja.
La muchacha cogió una piedra pequeña y redonda y se la lanzó al joven, acertándole de lleno en la pierna derecha.
-¡Ay! ¡Eso duele!
-Jijiji.
Gracias a las habilidades de Baelcan y Fleihnlir, muchas menos Criaturas lograban dividirse y todavía menos aún llegar al pueblo, con lo que los aldeanos pudieron lograr algo de tranquilidad, pues aunque llevaban un tiempo luchando contra ellas como podían, nadie les había enseñado a luchar correctamente con sus armas y no sabían usar más que algún conjuro de sanación menor, poco más.
Kalys iba apoyando los combates en el pueblo gracias a los pocos conjuros que conocía: apenas lanzaba chorros de agua dañinos desde su espada hacia sus contrincantes y atacaba con su katana, envuelta en un remolino cortante. Kaiel no la dejaba sola ni un instante, protegiéndola con su fuerza, mientras la chica conjuraba con pausas de por medio, en las que se metían en alguna casa. La muchacha no estaba lo suficientemente entrenada como para aguantar ese ritmo todavía.
-No… podré… llegar a su nivel… Jamás… -decía Kalys entre sollozos y jadeos.
-No digas tonterías, lo estás haciendo muy bien para llevar pocos días con un Arma Única. Además, deberías estar orgullosa de tus compañeros, son increíbles…
La muchacha no sabía qué responder, estaba demasiado cansada como para hacerlo en ese momento.
-Has tenido suerte de conocerlos, aunque sea en las circunstancias en las que te encuentras –la muchacha estaba sorprendida-. Sí, me han contado lo que te sucedió y la verdad es que la similitud con lo que ocurre ahora es abrumadora… Pero al menos tenemos la suerte de contar un rayo de esperanza y son ellos. Yo que tú, aprovecharía su protección para mejorar día a día, sin prisas, no parece que les importe para nada que no puedas seguir su ritmo. Saben que con tus ganas lo harás algún día, pero una cosa es esforzarte y la otra pasarse, ve a tu propio ritmo.
-Jijiji.
-¿Ocurre algo?
-Acabas de hablar como lo hace Jabe.
-¿Qué?
-Gracias –besó levemente su mejilla izquierda-, necesitaba que me dijeran eso. Ya he descansado suficiente tiempo. ¿Vamos?
-Sí –Kaiel fue el primero en cruzar la puerta, asegurándose que no los emboscaran, detrás salió Kalys y corrieron hasta el grupo más cercano de Criaturas, las cuales estaban destrozando una de las barricadas con sus garras.
Antes de acercarse a ellas, la joven respiró hondo una vez, suficiente para que le cambiara la mirada. Ya no lucharía medio enfadada como hacía antes. Una Criatura la vio y de un salto se plantó frente a ella. Kaiel no pudo reaccionar a tiempo, otra de las Criaturas ya lo estaba atacando y veía que no la podría proteger. Pero ella no tenía miedo, cogió su katana con ambas manos y se dispuso a combatir a su rival.
Con gráciles movimientos, desvió y esquivó los ataques de la Criatura, incansable, hasta situarse a su espalda para sorpresa de ésta. No necesitó más instante que ése para atacarla con un movimiento que parecía salido del arma de Jabe: con la punta de su arma, tocó la criatura y, al instante, un remolino furioso de agua golpeó y arrastró a su rival, estampándolo contra otras dos Criaturas que andaban por allí y abatiéndolas al momento.
Kaiel, que ya se había librado de sus rivales, corrió hasta la joven.
-Vaya… Esa sí que es una buena forma de luchar contra ellas, deberías haberlo hecho así desde un principio.
-Jijiji, así es como luchaba Jabe cuando lo conocí –la muchacha, tras responder, suspiró y miró hacia el río-. Pronto dejaré de ser una carga para ti… te lo prometo…
-Venga, no es hora de distraerse, la batalla todavía no ha acabado –Kaiel, tras ayudar a las personas que habían cedido ante el ataque de los asaltantes, dispuso un grupo para ir a buscar a las que correteaban todavía por el pueblo.
Terbal, por su parte, estaba demasiado ocupado combatiendo. Viéndose solo, optó por no malgastar fuerzas usando hechizos potentes y se limitó a gastar el mínimo poder mágico necesario para incendiar sus espadas y centrarse en no caer de las ramas, mientras abatía Criaturas una por una.
Segundo a segundo, el ritual para el Sello de Siete Puntas llegó a su fin.
-“Ya estamos listos”.
-“¿Será suficiente?”-preguntó Teleysa, mostrando que ella también era capaz de usar poderes telepáticos, cosa que sorprendió ligeramente al muchacho, pero no vaciló antes de responder.
-“Sí, han estado haciendo un buen trabajo ahí fuera”.
Teleysa, quien había cambiado su atuendo por el de bailarina antes de empezar el ritual, encaró el centro del dibujo sobre el suelo, cerró los ojos y avanzó lentamente hasta éste.
Al llegar, alzó el cetro. Durante unos segundos, miles de partículas brillantes empezaron a elevarse desde el dibujo hasta la joya del arma de la profesora. Una vez todas estuvieron en su interior, sietes rayos de luz salieron disparados hasta las puntas del sello dibujado en el suelo y una luz cegadora llenó el lugar, el hechizo estaba ya completo y empezando a actuar.
Del Ayuntamiento empezaron a brotar miles de relámpagos que se escamparon por todo el lugar persiguiendo las Criaturas y fulminándolas. Muchas lograron sobrevivir la primera descarga que recibían, pero éstas no cesaban en repetirse una y otra vez con cada Criatura hasta que lograban su objetivo. Los aldeanos, que no sabían qué estaba ocurriendo, trataron de esconderse en sus hogares, los que no lo lograron notaban cómo los rayos les pasaban por encima sin hacerles el más mínimo rasguño. Diez minutos después, el espectáculo había terminado, y con él, la batalla.
Jabe se acercó a Kyorai, quien estaba en el suelo, sentada, cubriéndose la cabeza como si algo la fuera a atacar, pero allí no había nada.
-¿A qué estás jugando?
-¿Qué? No… a nada, a nada –la muchacha se levantó, ruborizada, dando unas palmadas en sus pantalones para quitarse algo de la suciedad que habían acumulado.
-No me digas que te has asustado con esos rayos… -dijo el joven, burlándose.
Saliega le saltó encima, queriendo atacarlo, no aguantaba más las burlas hacia su amiga, Jabe la rechazó sin dificultad usando su bastón, pero no pudo evitar el codazo en las costillas que le propinó Kyorai. Eso pareció satisfacer a ambas.
El muchacho, se quejaba del golpe:
-Eso ha sido un golpe bajo…
-De eso nada, se le llama trabajo en equipo, jijiji.
El muchacho no tuvo más remedio que resignarse.
Baelcan y Fleihnlir estaban en medio del camino, estirados, mirando al cielo y respirando con dificultad.
-Ah… Ah… Creo… que no me voy a mover de aquí en unas horas… Estoy… agotada…
-¿Ya… te has quedado contenta… tras ponerte al límite... para combatir?
-Hacía tiempo que no me sentía tan bien…
-Vaya, gracias –Baelcan se incorporó, molesto.
-Jijiji, ya sabes que no lo decía por eso, me lo hiciste pasar muy bien por la noche –la mujer se incorporó también y lo abrazó desde atrás.
-Déjalo ya, estaba de broma.
-Ya lo sé, tontorrón –se levantó y se sacudió el polvo de la ropa-. Volvamos con el resto, he estado contando todo el rato y hemos ganado la competición.
-Y dale… Que no era una competición…
Fleihnlir parecía no escucharlo.
Cuando Terbal vio empezar la lluvia de relámpagos dejó de dedicar sus esfuerzos en combatir y se centró en buscar a Oxidas, pero no hubo suerte y regresó junto al resto.
Minutos después se encontraron todos en la plaza del Ayuntamiento, junto a toda la gente del pueblo, preparándose para más celebraciones.
-Sí que les gusta a éstos estar de fiesta… -se quejó Kalys, a quien realmente no le gustaba aquella multitud.
-Bueno, la ocasión bien lo merece- respondió Kaiel, cogiendo una jarra de cerveza fría que le ofrecían.
-Je, sí… -tras estas palabras la joven divisó a Jabe, rodeado por algunas muchachas, tratando de quitárselas de encima. Ella corrió hasta él y lo besó apasionadamente. Ante la escena, las muchachas no tuvieron más remedio que desistir de sus intentos.
-Vaya… Veo que Kaiel ha hecho un buen trabajo.
-Qué va, lo hemos hecho juntos.
-Me alegra mucho escuchar eso –Kaiel, sorteando la gente, no tardó en acercarse a ambos-. Gracias –le ofreció la mano.
-Realmente no he hecho nada, pero aceptaré que me debes una –ambos se estrecharon la mano con firmeza.
Cuando Teleysa salió del recinto, vestida con ropa de calle, todo el mundo empezó a murmurar sobre ella, como si se hubiera ganado el respeto de todos, y cuando ésta alzó una mano para pedir silencio, todos callaron.
-Bueno, parece que todo ha ido bien, pero… ¿Dónde está Oxidas? –preguntó mirando a Terbal, pero éste respondió moviendo la cabeza de lado a lado. En ese instante, en el cielo divisaron una esfera luminosa de color blanco. Dentro estaba Oxidas, inconsciente.
La esfera descendió lentamente hasta el suelo, depositó al muchacho en el suelo con suavidad y se desvaneció. En la parte superior de la misma, un objeto muy parecido a una carta también se vaporizó.
Jabe y Terbal corrieron entre la multitud para coger a Oxidas y, entre ambos, se lo llevaron a la posada.
“No puede ser… ¿Es posible que él esté por aquí cerca ahora mismo?”.
Kaiel, Kyorai y Terbal se reunieron en la habitación de Jabe y Kalys, habían dejado a Oxidas en la suya para que descansara.
-Bueno, todo ha ido a pedir de boca –dijo Jabe mientras se sentaba en la cama de un salto, Kalys se apresuró en sentarse a su lado.
-La verdad es que sí, habéis hecho un trabajo excepcional. Mi gente seguro que os estará eternamente agradecida –dijo Kaiel.
-Je, tranquilo, no hace falta que nos…
-Cállate, sí que hace falta que nos lo paguen –dijo Kyorai mientras abría la ventana de la habitación un poco más, permitiendo a Saliega entrar por ella. Apenas me queda dinero y necesito comprar alguna cosa si tenéis alguna tienda de ropa por aquí, pronto empezará a hacer frío y esta ropa no me servirá entonces.
-Oh, tranquila, seguro que podrán solucionarlo.
-¡No te preocupes por el dinero! ¡Creo que ya te dije que si necesitabas algo, pagaría yo! –gritó Teleysa desde la habitación del lado, donde estaba reunida con Baelcan, Fleihnlir y Hongreb- ¡Pero sólo tus necesidades, nada de caprichos!
-Jo…
-Jajaja –el resto de los allí presentes rieron. Minutos después ya hablaban de cómo había sido la batalla y también de sus propias cosas.
-Bueno, Baelcan, creo que tienes que contarme bastantes cosas, como, por ejemplo, el hecho de que sepas tantas cosas sobre mí y la auténtica razón por la que te encuentras ahora aquí con nosotros.
-¿No te basta con nuestra presencia? Si estamos cerca el viaje es mucho más tranquilo –se quejó Flei, molesta por aquél tipo de interrogatorio.
-No, no, está bien, creo que merece saberlo –dijo Baelcan-. Hay dos razones por las que estamos aquí, con vosotros. Una de ellas es porque los padres de Jabe y Terbal nos lo pidieron. Antes de que éstos marcharan, no habían notado que gran parte de los poderes que las Armas Únicas habían despertado en ellos estaban bloqueados. Se percataron varios días después, pues su madre no dejaba de vigilarlos con su magia día y noche. Antes de comunicárnoslo, estudiaron cuál era el problema y averiguaron que Hongreb era el único capaz de ayudarles a recuperarlos y eso hicimos cuando os dimos alcance en el volcán. He de decir que estoy sorprendido de que derrotarais esa Criatura gigante, estando sus poderes bajo mínimos, y aún más estando los tuyos también bloqueados en gran medida, cosa que da muchos puntos a favor al gran trabajo de Zero. Dejando esto de lado, este objetivo ya lo cumplimos, o más bien lo cumplió Hongreb con creces ayudándote con tu propio problema.
-Sí, y le estoy muy agradecido, pero no es por esto por lo que estamos charlando. Sois muy fuertes, pero apenas hacéis uso de la magia para luchar, salvo Hongreb, sea cual sea la situación, lo que me lleva a pensar que no estáis afiliados a ningún Gremio, pero en cambio tenéis información sobre lo que ocurre en ellos. ¿Sois mercenarios o realmente sí que formáis parte de algún Gremio y nunca he escuchado de vosotros?
-En lo referente a que no usamos la magia para luchar, te equivocas en parte, sí que la usamos, pero con el tiempo, y como bien sabrás, usamos sólo lo que nos hace falta según nuestro estilo de lucha. Yo uso hechizos de Fuego y Tierra en mi espada, según quiera, y Flei usa hechizos de Luz y mezclas de varios elementos para hacer lo mismo.
-Vale, vale, ya lo he entendido. ¿Y lo de que sois mercenarios y la segunda razón por la que estáis con nosotros?
-No somos mercenarios, somos miembros de la Orden Herencia de los Astros.
-De… ¿Una Orden? Pero si…
-Sí, en eso estás bien enterada, realmente sólo hay una Orden, formada por la élite de cada Gremio, que opta por no llegar al rango de maestro, pero debido a que cada vez somos más miembros, acabaron por crear subdivisiones, una estupidez por el montón de papeleo que conlleva, pero bueno. Tengo entendido que tú misma podrías haber optado a formar parte de esta élite, junto a Vorgland y Maekdi, hace unos años, y ahora yo te recuerdo que puedes dejar de ser profesora y unirte a nosotros cuando quieras, no somos un grupo con una mente cerrada, cada miembro tiene completa libertad de acción hasta que se nos convoca a reunión.
-Sí, sí, estoy enterada, sé de qué van vuestras reuniones, o para escoger nuevos miembros, a los cuales entrenáis durante un periodo de tiempo para formarlos como miembros de verdad o…
-O cuando una grave amenaza ha sido descubierta –dijo Fleihnlir, seria.
-¿Estáis con nosotros por lo de los militares?
-No lo sé, sólo sé que se nos ha pedido reunirnos en la capital dentro de un mes. Y no sé si estarás enterada… Pero se celebra un Torneo y estoy seguro de que…
Multitud de pasos retumbaron por todo el pasillo.
-¿Qué se celebra un Torneo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Podremos participar? –todos los de la habitación del lado, incluso Oxidas, habían salido corriendo al escuchar esa palabra.
-¿Nos estabais escuchando?- acertó a decir Teleysa, mosqueada.
Después de la comida, el grupo había podido recuperar algunas fuerzas para continuar con el viaje y se despedían de la gente del pueblo.
-Lo sentimos mucho, pero no podemos quedarnos más tiempo, ya vamos a nuestro destino con retraso – dijo Teleysa, tratando evitar los argumentos que les ofrecían para quedarse algunos días más. Era agradable sentirse querido, pero sólo estaban de paso.
Alguno del grupo parecía casi convencido de querer quedarse más, pero entre Jabe, Terbal y la profesora, el grupo al final logró al final sortear la multitud y continuar con su viaje.
-¿No podríamos habernos quedado un poco más? Al menos tenían camas mullidas… -se quejó Oxidas.
-Y chicas bonitas también –se mofó Kyorai.
-No me lo recuerdes…
-Estamos cerca de casa de nuestros abuelos, si no hubiéramos agotado tantas fuerzas esta mañana podríamos llegar al anochecer, pero tal y como estamos mejor vamos caminando, será sólo una noche a la intemperie y ya está.
-Tranquilos, habrá camas y comida para todos, desde fuera os parecerá una casa algo rústica, pero por dentro es toda una mansión. Varios de los pisos han sido colocados bajo tierra con magia de forma que no afecta el terreno. Viven lejos de la civilización, con lo que pueden llevar una vida muy tranquila y además, detrás hay un precioso lago de agua cristalina, ya veréis, os encantará –Terbal había tomado la delantera, como si de un guía turístico se tratara, y hacía bien el papel.
-¿Un lago a un día de viaje a pie? Yo nací en estas tierras y sé que no hay ningún lago a menos de una semana de viaje. ¿No os estaréis equivocando? –preguntó Kaiel, dubitativo.
-¿Un paraje astral? –preguntó Teleysa.
-Sí, así es, parecido a esa sala que puedes crear, profesora, pero se trata de un lugar mucho más grande, no podrás verlo todo a simple vista, es enorme.
-No están solos en ese mundo. La magia de dos personas jamás podría crear y mantener algo de tal magnitud, hay varias familias más viviendo en él además de varios seres mitológicos, creo lo llaman El Limbo.
La profesora pareció estar a punto de desmayarse.
-¿Teleysa? ¿Qué ocurre? –preguntó Baelcan, la profesora se había caído hacia él y la había agarrado por los hombros, Flei parecía mosqueada.
-Nada, nada, estoy bien, tan solo estoy un poco cansada –se puso en pie, murmuró unas palabras y en sus manos apareció una cantimplora, de la cual tomó unos sorbos y la hizo desaparecer-. Ya estoy mejor, gracias –miró a los hermanos-. ¿El Limbo, decías? Algunos creen que existe pero no tienen pruebas, otros dicen que han estado allí y pudieron regresar, pero jamás volvieron a encontrar la entrada, por lo que se los acabó tomando por locos. No estarás bromeando, ¿verdad, Jabe?
-Cuando lleguemos podrás confirmarlo con tus propios ojos. Ya que estamos de camino no veo ninguna razón para estar mintiendo ahora.
-Entonces significa que hay una entrada por aquí cerca...-dijo Baelcan, resuelto.
-Sí. Pero ahora será mejor que continuemos caminando. Si nos paramos ahora, os acabaréis viniendo abajo y entonces sí que no llegaremos mañana –dijo Jabe a Teleysa, Fleihnlir y Baelcan. Sabía que de un momento a otro podían fallarles las fuerzas, se habían excedido durante la batalla.
Kalys, siempre cerca de Jabe, no hablaba, no entendía nada de nada, tenía montones de preguntas, pero ya tendría tiempo de hacerlas más tarde. Ahora ya no iba todo el día enganchada a su novio, se sentía mucho más segura de sí misma, caminaba sin sentirse presionada, tarareando. Él lo había notado y sonreía, complacido.
Kyorai y Oxidas andaban detrás del resto, Saliega, a su lado, jugueteaba con la masa en forma de Poring del muchacho, sin bromas, simplemente como si fuera un objeto blandito pero indestructible por sus garras.
Finalmente llegó la noche y se prepararon para acampar. Prepararon una pequeña hoguera para entrar en calor y se sentaron todos a su alrededor. Algunos prepararon unos trozos de carne, aunque Kyorai prefirió devorar sus trozos antes de que la cocinaran.
-Al final cogerás alguna enfermedad de tanto comer carne cruda… -le dijo Fleihnlir.
-Da igual, no me gustan las cosas calientes –dijo mientras le pasaba un trozo a Saliega y lo devoraba, hambrienta, no había podido encontrar nada para comer.
-Bien, continuaré explicando. Cada día, durante el ocaso, es el momento en que se abre la entrada al Limbo en cierto lugar, no muy lejos de donde estamos ahora, y al cual ya podríamos haber llegado, si hubiéramos podido ir corriendo y usando nuestra magia, pero ya da igual. Cuando estemos cerca del lugar y la hora se acerque vendrá alguien a buscarnos, y si es quien espero que sea, os pido que no saquéis vuestras armas aunque nos ataque, ese asunto nos atañe a Terbal y a mí.
-¿Qué os atacarán? ¿Quién? Esto cada vez tiene menos sentido…-dijo Flei, extrañada de todo lo que contaban.
Los hermanos se miraron.
-¿Estás seguro de querer hacerlo?-preguntó Terbal a Jabe.
-No queda otro remedio, ya sabes como funciona “ese” arma, sólo acepta gente afín a uno de los dos elementos, Viento y Tierra.
-Con “ese” arma… ¿Te refieres a Lemani, verdad, Jabe? –preguntó Baelcan.
Los hermanos se sorprendieron, pero instantes después lo comprendieron.
-¿Os lo contaron nuestros padres? –Baelcan afirmó con la cabeza- Pues sí, Lemani, pero no sabemos ni como es, ni nada más de ella, sólo el nombre y que sólo acepta que la usen personas afines a los elementos Viento y Tierra, no necesariamente ambos, con uno basta.
-¿Qué es esa tal Lemani? ¿Algo parecido a Setzaku de Zero?-preguntó un chico rubio que se había sentado entre ellos sin que se diera cuenta.
-Sí, creo que la calificaban de Arma Legendaria – respondió Jabe, sin darse cuenta de nada.
Kyorai veía la escena, intentando aguantar la risa, un completo extraño se había sentado entre ellos y nadie parecía hacerle caso.
-Pero tu familia parece muy distinta al Clan en el que estaba Zero. ¿Tendrás que pasar algún ritual para poder cogerla o algo? Porque algo así seguro que no se puede dar sin más, aunque sea herencia tuya –dijo Teleysa casi a modo de pregunta.
-Tienes razón, pero sólo en parte. No habrá ritual, pero sí que tendré que luchar por ella.
-¿Luchar por ella? ¿Por? –preguntó el joven rubio.
-Pues porque hay otro miembro de la familia afín a uno de esos elementos, concretamente con el de Tierra pero… Por cierto, Líam. ¿Qué haces tú aquí?
La reacción no se hizo esperar, Teleysa, Baelcan, Fleihnlir, Oxidas y Terbal se levantaron tan rápido que estuvieron a punto de caer todos de bruces y de tirar por el suelo la carne que estaba calentándose, incluso empujaron a Kaiel y a Kalys que cayeron de espaldas al suelo, Kyorai llevaba rato esperándolo y ya se había situado a una distancia de seguridad.
-¡¿Líam?! –dijeron todos a la vez.
El joven, tras darle un bocado a su bocadillo de atún, respondió, con una enorme sonrisa:
-Hola. ¡Cuánto tiempo!
-¿Dónde habías estado? Te esperábamos desde que salimos del pueblo –dijo Baelcan, sentándose cerca de él.
-Vaya… así que visteis la carta… Veo que no os lo puedo ocultar todo- dio otro mordisco al sándwich.
-Sabemos que fuiste tú quien salvó a Oxidas. ¿No es cierto?
-Euh… no, él no me había salvado…
-Yo sólo lo encontré muy malherido en el bosque, lo sané y os lo devolví. Si no os fui a encontrar entonces es por…
-Porque no te gusta nada la multitud… Creía que ya habías superado eso con el trabajo que desempeñas ahora. Veo que el hecho de ser… -un codazo lo detuvo- ¡Ay! Bueno, que veo que no has cambiado nada y que estás sano. Me alegro de verte.
-Sí, te fuiste de repente mientras entrenábamos en el gimnasio. ¿Te escaqueaste porque no querías enseñarnos magia sanadora?
-¿Cómo lo has…?- su expresión seria y sorprendida volvió a cambiar a una mucho más jovial- No, es broma. Tenía asuntos personales que resolver y una vez resuelto fue cuando me pillaron para… bueno, para mi ocupación actual.
-¿De qué trabajas? –preguntó Kyorai, con la boca llena.
-Oh, hola, creo que no nos hemos presentado, mi nombre es Líam Azrael
-Era compañero nuestro hace unos años- explicó Flei, volviendo a sentarse con cara de pocos amigos.
-Kyorai y ésta es Saliega.
Nada más ver al animal, el rostro le cambió completamente a una expresión de infinita ternura.
-Oh, vaya qué ricura de ga…
-Ssshhh, es una lince ibérica, no le gusta nada que la llamen por el nombre genérico, no te gustaría nada averiguarlo por ti mismo –le murmuro Baelcan, desde su espalda.
-Ahhh… esto... encantado de conoceros y eso...
Continuaron hablando, pero esta vez sobre Líam, olvidando todo lo referente al día siguiente hasta el mismo momento de acostarse.
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Re: Nuevo mundo, nuevas reglas [Relato Largo]
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Respuesta #40 :
Mayo 20, 2009, 11:33 »
(Capítulo 38, con la mezcla acostumbrada etc, etc, espero que os guste
)
El sol resplandecía tímidamente entre las nubes que, lejos de anunciar un posible chaparrón, dejaban pasar pocos rayos de luz oscureciendo aún más es lugar que lo que los propios árboles ya hacían.
Esa noche había refrescado más que ninguna de las anteriores en las que habían dormido a la intemperie.
Un par de horas después de que los primeros rayos de sol los alcanzara ya estaban todos en pie y listos para seguir el viaje, aunque sabían que ese mismo día llegarían a lo que parecía ser uno de los objetivos del viaje de alguna forma u otra.
Terbal y Jabe, conocedores del camino, andaban en primera fila, seguidos muy de cerca (o demasiado si cabe) de Kalys. A pocos metros de distancia a sus espaldas estaban Kyo con su fiel compañera Saliega caminando casi al lado de Oxidas y un poco más atrás Kaiel, Líam, el trio y Teleysa. No tardarían en llegar y el camino era algo complicado por la densidad de la vegetación, cada vez de menor tamaño a medida que se acercaban a su destino.
Pasado medio día los hermanos ordenaron el alto. Habían llegado a lo que parecía el saliente de una antigua falla, pero por ahí no había rastro ni de una cueva, ni de que hubiera vida humana en el lugar, pero al menos podían acomodarse entre las rocas.
-¿Estáis seguros de que es aquí? –preguntó Baelcan a ambos hermanos.
-Sí, nuestros abuelos nos obligaron a aprendernos de memoria todas las entradas de la región por si hubiera alguna emergencia.
-O para tener más fácil el ir a visitarlos- apuntó Terbal.
-El Limbo…
-¿Ocurre algo Tellie? –dijo Oxidas, tras lo que recibió una sonora colleja de la misma.
-No me llames así, es de mala educación.
-Jo, yo creía que ya éramos más amigos.
-Ya ves que no… esto… ¿Cómo te llamabas? –preguntó Líam al muchacho.
-Oxidas.
-Un placer. Hongreb me ha… -un carraspeo casi insonoro procedente de la garganta de Teleysa hizo notar que habían cortado algo, así que el nuevo miembro del grupo le indicó al joven que le acompañara.
Kyorai, como si conociera a la profesora y sentía que lo que iba a decir no era de su interés, los acompañó. Fleihnlir estuvo a punto de hacer lo mismo pero sabía que podría alcanzarlos cuando quisiera e incluso saber de lo que hablan con la ayuda de Hongreb así que decidió esperarse. Kaiel, agotado por la ardua caminata, era el único que no entendía nada.
-El Limbo, o dicho de otro modo, otra dimensión dentro de esta. Pocos magos son capaces de aprender las artes que hacen falta para crear una sala de entrenamiento cerrada como yo hago, pero decir que existe un plano completamente abierto y explorable de ese estilo ya son palabras mayores. ¿Tan poderosos son tus abuelos que han sido capaces de crear lo imposible?
Jabe negó con la cabeza.
-Mis abuelos no han creado ese lugar, ni tan siquiera lo bautizaron, ellos un buen día entraron por… Bueno, según ellos descubrieron la entrada por casualidad durante sus investigaciones metamágicas, pero según “Aquello” que mora en esa dimensión es porque era su destino descubrirlo y hacer ese uso de él.
-Preguntas, preguntas…-dijo Baelcan leyendo la cara de la profesora como si fuera un libro abierto, la cual le respondió con una mirada de que haber podido lo habría matado.
-¿Es eso lo que os contaron?-preguntó la profesora buscando el modo de encauzar la conversación.
Tanto Jabe como Terbal afirmaron con la cabeza.
-¿Y no tenéis alguna opinión al respecto?-preguntó Fleihnlir antes que la profesora, quien empezaba a pensar que ya le tenían cogido el carácter.
-Yo no creo en esas chorradas y nunca he pensado en ello así que a mí no me preguntéis –dijo Terbal cruzando sus brazos tras la cabeza y apoyándose en la pared rocosa.
Las miradas se centraron en Jabe.
-Vale, como él no quiere daros respuestas me toca a mí soltarlas, ¿no? Oh, vamos, dejad de ponerme en el centro de mira, sé cosas, sí, pero cuando estemos dentro os las responderán mis abuelos con todos los detalles.
-Queremos escucharlas de ti de primera mano- dijo Teleysa mirándole fijamente.
-Ya os las contaré dentro. ¿No podéis esperar un poco?
-Jabe, deja de hacerte rogar, sabes que acabarás cediendo- dijo Baelcan, siendo objetivo de otra mirada asesina en lo que iba de conversación, pero sin importarle lo más mínimo ninguna de ellas.
-Bueno, vale, diré lo que pienso, pero no me gusta tener que decirlo, y va en serio –mosqueado, hizo una leve pausa para tomar aire-. Hasta antes de conseguir mi Arma Única no creía en el destino, pero todo cambió el día en que llegó a mis manos… Sentía fascinación por ella y a la vez temor. “Aquello” que mora en el Limbo es, por llamarlo de alguna forma, un ser no sólo muy poderoso, sino también con muchas capacidades y entre ellas está la de crear profecías. Desconozco lo que sucedió cuando mis abuelos entraron en ese lugar, pero ahora casi podría decir que estoy seguro de algo, tenía que pasar, y es algo tan real como que estamos aquí ahora hablando y tendré que pelear por Lemani, me guste o no.
-Pues dile a tus abuelos que no la quieres, que se la den al otro y ya está- dijo Flei, cruzándose de brazos.
-Ojalá pudiera.
-Jabe, si quieres puedo intermediar yo con ellos para que no tengas que pelear si no te sientes a gusto con ellos, como tutora tuya…
-¡No es por mis abuelos! –gritó Jabe levantándose de la roca donde estaba sentado-. Es por…
-Si quieres ya peleo yo con él, Jabe –dijo Terbal, inexpresivo.
-Eres afín al fuego, no te toca hacerlo…
-Ya, pero como no creo en la profecía pues peleo yo y así dejará de ser cierta.
-Y un cuerno, no dejaré que ese malcriado te pegue una paliza.
-¿Qué me pegue una paliza? Bah, no digas tonterías, que sabes que es un chulito al que se le escapa la fuerza por la boca.
Teleysa estuvo a punto de sorprenderse con esa faceta de los hermanos, la cual no mostraban muy a menudo.
-Ya vale los dos. A este paso volveréis a esquivar mis preguntas y…
-La profesora preguntando “aún más” cosas que desconoce a sus alumnos. Ha llegado el momento de grabarlo, esto vale su peso en oro… -dijo Fleihnlir buscando su cámara de vídeo en su mochila, pero la cremallera atrapó su brazo antes de poder cogerla-. ¡Eh! Me dejará marcas –Teleysa apuntaba con dedo en su dirección.
-Antes que profesora soy una persona con muchas ganas de aprender cosas nuevas. Así que vosotros dos, responded –les amenazó con la vara entre las manos-. ¿Qué o cómo es “Aquello” si es que tus abuelos no le dan algún nombre? ¿Viven más criaturas en el Limbo o concretamente, Criaturas? ¿Contra quién tendrás que pelear por ese Arma? Y la más importante… ¿Me dejarán tus abuelos investigarlo todo?
Ninguno respondió.
-No me obligues a sonsacártelo...
-No depende de mí que lleguéis a verlo todo.
-¿Depende de si estamos destinados a entrar también? –preguntó Baelcan.
-“Así es, hay gente conocedora de la existencia de ese mundo que sin embargo sólo ha podido atisbar las puertas del mismo, o no ha vuelto vivo del mismo. Yo estuve una vez ahí, y puedo asegurar que si no te tocaba entrar y lo logras, las consecuencias pueden ser terribles” –por primera vez desde que lo conocían, la cara de Hongreb parecía melancólica, triste-. “Así que deja de atosigarlos, chiquilla”.
La profesora estuvo a punto de soltar una réplica pero se la guardó, algo de lógica había en todo aquello, si le tocaba descubrir esas cosas por sí misma o no muy pronto ahora mismo parecía no depender de ella. Le daba rabia, pero era así. “Una vez estemos dentro exigiré que me lo aclaren todo”.
Regresando hasta el inicio de la conversación, Oxidas, Líam y Kyorai se habían separado del resto para hablar.
-Vale, aquí no les molestaremos.
-¿Querías algo? –preguntó Oxidas.
-Sí, a eso iba. Hongreb me ha hablado de lo interesante que es tu Arma Única, y precisamente quería preguntarte sobre ella.
-Oh, vale –respondió el joven alzando su mano izquierda hasta la altura de su cara, momento en el que apareció en ella su guante con la esfera grisácea en el dorso.
-Como siempre Hongreb muy preciso en las descripciones.
-¿Qué quieres saber? –Oxidas se sentía halagado de ser objeto de curiosidad, hacía mucho que no le sucedía.
Saliega se acercó a ellos en ese momento y Líam sintió su presencia.
-Oh, vaya, parece que estamos aquí todos los adecuados para la conversación.
-¿Por nuestras armas atípicas? –preguntó el muchacho.
-Exactamente por eso. ¿Cuándo te has dado cuenta tú de que yo…?
-Me contaron ayer que aparecí en una esfera creada alrededor de una carta. En ningún libro de magia occidental he visto hechizos de ese tipo y no tienes pinta de usar magia oriental, en cualquier caso no usan cartas, así que no me equivoco demasiado si digo que tu Arma Única es un mazo de cartas.
-Vaya, no sabía que ese tipo de deducciones se le dieran bien a alguien más del grupo aparte de a Jabe.
-Je je –dijo Oxidas en respuesta, pasándose el dedo índice de la mano derecha por debajo de la nariz-. En realidad yo sé más cosas que Jabe, pero siempre me ha dado pereza contarlas, aunque en eso del Limbo me supera.
-Vaya con el “mocosete”. Acierta una vez y se crece.
-¿Mocosete? Espero que no lo digas por mi arma –dijo Oxidas en tono medio en broma, medio amenazando.
-Menos lobos, Caperucita, que sabes que te puedo.
-¿Primero mocosete y ahora caperucita? Tú te lo has buscado –saltó poco más de un metro hacia atrás, en el tiempo de salto de la esfera de su guante apareció un chorro de masa que se solidificó en su mano derecha, cogiendo la forma de lo que parecía una mezcla de un guantelete gigante y un escudo de pequeñas dimensiones a la vez. En ese tiempo también Saliega se había movido, desde una posición a un metro a espaldas de Kyo se situó justo a su lado izquierdo, acogiendo el aspecto y tamaño de un tigre albino adulto.
Justo cuando el tigre parecía que iba a rugir se escucharon unas palmadas de excitación. Líam estaba aplaudiendo.
-¡Son magníficas! En estos pocos instantes ya habéis demostrado muchas de las capacidades de vuestras Armas. Realmente maravilloso.
-Deja de llamar Arma a Saliega o te convertirás en su aperitivo.
-¿Ah, sí? Bueno, no me gusta pelear, pero supongo que será la mejor forma de mostraros mi Arma Única.
-Adelante Saliega, muéstrale de lo que eres capaz.
-Kyo, te recuerdo que íbamos a pelearnos tú y yo.
-¡Ja! Tranquilo, no necesito a Sali para enseñarte quien manda.
Saliega empezó su ataque saltando hacia Líam aprovechando la diferencia de tamaños y la fuerza y peso de su cuerpo actual. El joven rubio no intentó siquiera esquivarla, ni siquiera pestañeó, sólo sonreía confiado. El ataque de la felina no llegó a alcanzarle, justo en la zona donde iba a impactar ese ataque apareció una carta que creando unas ondas de energia desde los bordes creó una barrera que devolvió el golpe con la misma fuerza con la que venía el animal.
Kyorai, quien era capaz de mantener su atención en ambos lugares gracias a su conexión con su amiga, dijo:
-¿Cartas barrera? Esos truquitos no te harán ganar combates.
-Puede que sí, o puede que no.
-¡No te distraigas! –dijo Oxidas intentando acertar a la muchacha en el mentón con un costado del escudo que la muchacha esquivó sin siquiera perder el equilibrio.
-Aún estás verde, “mocosete”.
-Eso ya lo veremos.
Largo rato después regresaron los tres junto al resto del grupo. Tanto Oxidas como Kyorai presentaban múltiples moratones, mientras que Líam parecía estar fresco como una rosa.
-¿Se puede saber qué os ha pasado? –preguntó Teleysa, preocupada.
Baelcan, Fleihnlir, Jabe y Terbal en cambio se echaron a reír a carcajadas.
-¿Y vosotros de qué os reís? ¿Y si han sido atacados?
-Tranquila Teleysa. ¿No ves que Líam está ileso y ellos sólo tienen unos golpes? Eso es que ha estado haciendo nuevos amigos –dijo Baelcan.
El joven rubio respondió con una sonrisa amable.
-¿Y bien? ¿Les curas las heridas?
-No… Esperaré un rato, así escarmentarán.
Líam no dijo nada y tuvo suerte de las mangas largas y de la resistencia de su traje, no les curó los golpes en ese momento por un sentimiento de igualdad hacia ellos y porque él también había recibido los mismos si no más moratones en su cuerpo que los dos jóvenes.
“Vaya con las nuevas generaciones… Tú a callar. ¿De acuerdo, Hongreb?”. No recibió ninguna respuesta por parte del muchacho del pelo lila.
No tardaron en abrir las mochilas y devorar uno de los bocatas que llevaban en sus respectivas bolsas ahora que todos estaban más o menos descansados. Salvo Líam, que el bocadillo que se comió la noche anterior era lo último que le quedaba y sus fuerzas empezaban a fallarle tras la rencilla de antes.
-Qué poco aguante has tenido siempre, Líam. ¡Si ayer también comiste! –se quejó Baelcan, quien le ofreció un bocadillo de mortadela.
-Ya sabes que nunca me he acostumbrado a no tener mis comidas diarias, cosa que por lo visto a ellos no les afecta. Míralos, están fuertes como robles.
-Comida no nos ha faltado porque hemos sido muy previsores –dijo Oxidas tras acabar su bocadillo de jamón-. Bueno, más bien porque Teleysa nos obliga a ello.
-No te quejarás, el trayecto por las montañas duró varios días más de lo previsto y aún así nadie pasó hambre –dijo Teleysa mientras abría una naranja y separaba los pedazos en un plato de plástico.
-Qué aburrida es esta espera –dijo Fleihnlir, estirando los brazos hacia el aire, haciendo ruido con varias de sus articulaciones-. ¿Cuándo se abrirá la entrada, Jabe? Estoy impaciente por llegar.
-Si no nos hemos equivocado, debería ser de un momento a otro.
En ese preciso instante todo se ennegreció por completo a su alrededor.
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Última modificación: Mayo 20, 2009, 16:00 por Jabe
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Respuesta #41 :
Mayo 11, 2010, 22:57 »
(Casi un año después... Bueno, no tengo excusa por la falta del estado adecuado para escribir este capitulo pero sí diré que en ningún momento me pasó por la cabeza dejar este relato inconcluso así que... rezando para que no sea demasiado malo, aquí os lo dejo, xDD)
Resonaba en la oscuridad, sin eco alguno, el entrechocar metálico de varias armas distintas. Algunas veces a varios metros de distancia, otras demasiado cerca, tentando a todos a moverse para alejarse de aquella locura.
-¿Se puede saber qué está pasando aquí? – se quejó Flei meditando si debía entrometerse en la batalla a ciegas que tenía lugar a su alrededor.
-“Pronto lo sabremos”- respondió Hongreb.
La profesora se veía obligada a frenar a Oxidas y a Kyorai, ambos constantemente en tensión, listos para saltar. El muchacho pensó en echar una mano a los contendientes echando algo de masa por el suelo para reducir su velocidad de movimiento pero en un gesto de la profesora su arma quedó sellada, mientras que la muchacha, salvo cosas útiles, pensaba en hacer de todo. Kalys estaba agarrada a Líam el cual aún estando en pie parecía estar durmiendo plácidamente, ajeno a todo. Kaiel no comprendía nada pero aún así prefirió hacer nada de nada, era lo más sensato en esa situación a falta de no llevar ninguna linterna en su bolsa de viaje.
“Debí llevarme una…”, pensó éste para sus adentros. “Cuando salga de aquí lo apuntaré…”.
Instantes después la oscuridad desapareció a su alrededor y pudieron averiguar todo lo que había sucedido. Rodeada por Jabe y Terbal había una mujer de pelo largo y negro de la misma altura que el primero. En sus manos blandía unas garras plateadas que brillaban a la luz de la luna.
-Así que ya hemos llegado al Limbo… -se atrevió a decir Oxidas mientras echaba una ojeada a su alrededor.
-Bien, ahora que parece que habéis acabado. ¿Os importaría explicar este espectáculo? –preguntó Fleihnlir mientras se acercaba a los hermanos y a la extraña mujer. -¡Oh! ¡Baelcan, mira quién es! ¡Es…!
-Cuanto tiempo Flei. Te ves estupenda, como siempre.
-Mira quien fue a hablar, tú no has cambiado ni una gota.
No sólo Baelcan tuvo un mal presentimiento al ver las sonrisas de ambas, presentían que algo terrible sucedería si decidían acercarse la una a la otra. Dicho y hecho, la extraña se abalanzó blandiendo sus garras a su espalda. Tras el primer rechace de Flei ambas se quedaron mirándose fijamente. Tras unos segundos incómodos Baelcan se metió entre las dos, dispuesto a parar la disputa.
-¿No decíais que lo habíais solucionado hace años ese asunto?
-¡Hola Baelcan! –gritó ilusionada la mujer de pelo negro saltando encima del hombre, lo abrazó con firmeza y cariño como quien agarra su oso de peluche porque busca su calor. Baelcan fue incapaz de negarse a ese saludo.
-Eres tú quien no lo ha solucionado todavía. ¡Sueltalo furcia! ¡Es mío! –dijo Flei mientras forcejeaba para lograr que la mujer se soltara.
-Genial, otra pirada. Viajamos por un mundo peligroso donde prevalece la ley del más fuerte y todo lo que vemos son mujeres que han perdido la chaveta… -dijo Oxidas a la vez que suspiraba, agotado.
Ni Teleysa, ni Kyo, ni Líam respondieron a esa queja, la primera porque tenía una mano en la cara preguntándose qué había hecho mal para que sucediera todo eso. Líam bostezaba risueño tras despertarse de su siesta y estiró los brazos levantándolos hacia arriba, relajado. Kyorai, por su lado, se había aislado de los demás, sus pensamientos se encontraban absortos por el lugar al que habían ido a parar.
Ya no estaban en la montaña. En su lugar ahora estaban de pie en la ladera de un bosque de aspecto virgen, o casi. Su situación exacta era la orilla de un lago de enormes envergaduras. Al otro lado de éste se podía divisar unas montañas que formaban una hilera cuyo fin no era posible divisar y por todas partes, ese bosque, de aspecto casi tan misterioso como el lugar. En el cielo, donde debería poder localizarse el sol por la hora que era, se divisaban dos lunas casi idénticas alejadas la una de las otras por lo que parecía la misma longitud del lago.
Saliega compartía los sentimientos de su amiga, ese lugar las fascinaba a la vez que les provocaba un sentimiento de rechazo. No veían el momento de perderse en él o alejarse para no regresar jamás.
Una mano en su hombro la sacó del trance, era Teleysa.
-No te preocupes, cuando encontremos a esta gente responderán todas nuestras preguntas –tras decir estas palabras, la profesora se encaminó hacia los hermanos-. Bien…
-Hola, tú debes ser la famosa Profesora Teleysa. Un placer, mi nombre es Neferkamin –dijo la mujer de pelo negro cruzándose en su camino de repente.
-U… Un placer –respondió la profesora en un gesto que intentaba ser elegante en contrapartida al descaro de su interlocutora.
-Bienvenidos al Limbo. Para los que nunca habéis estado aquí antes felicidades por haber llegado sanos y salvos -dijo con un tono sombrío en su voz-. Seguro que tendréis preguntas por hacer, pero hacérmelas a mí es inútil porque no tengo las respuestas así que si queréis acompañarme por favor... -acabó señalando una dirección hacia el lado oeste del lado, o mejor dicho hacia la izquierda pues ninguno era capaz de distinguir los puntos cardinales en ese extraño lugar.
-¿Han cambiado de lugar la casa? -preguntó Terbal a Neferkamin minutos después de empezar a andar.
-Es verdad, la última vez que viniste la casa estaba donde habéis aparecido hace un momento. Sí, la cambiaron de lugar hace poco, ya sabes como es este sitio. Toca mudarse cada poco o...
-¿Qué ocurre si no lo hacéis? -preguntó Kalys la cual, caminando al lado de Jabe, le daba algo de comer a Ryu.
-No tardaréis en verlo vosotros mismos, estamos llegando -respondió secamente Neferkamin a la vez que señalaba una cabaña destartalada no muy lejos de allí, muy cercana a la orilla del lago.
-¿Vivís en... ESO con tus abuelos aquí en el Limbo? -preguntó visiblemente disgustada Teleysa.
-Sí -respondieron los hermanos a la vez con indiferencia.
-¿Qué es eso del agua? -preguntó Líam señalando una sombra de grandes proporciones en el lago que nadaba velozmente en dirección a la cabaña.
-Como siempre puntuales... -musitó Neferkamin.
A Terbal se le iluminó la mirada. Sin necesidad de decir nada a nadie empezó a correr en dirección a la cabaña, ansioso.
-Espero que no estéis pensando que podéis hacerlo... -dijo Neferkamin, cruzada de brazos y en pose seria- No os voy a dejar ir, es demasiado peligroso -en el momento en el que pronunció esa frase ya había adelantado al espadachín y le plantaba cara dispuesta a frenarlo.
El muchacho ni se inmutó cuando la mujer se plantó delante de él, ni cuando Jabe y Oxidas actuaron a la vez para apartar e inmovilizar a la mujer, el primero apartándola blandiendo su vara y el segundo dejándola pegada al suelo con unos zapatos de masa extremadamente densa.
-¡Eh! ¡Ni se os ocurra dejarme sin parte de la diversión! -gritó Kyorai y se lanzó a la carrera tras los muchachos.
-¿Vamos nosotros también? -preguntó Flei a Baelcan, pero la vara de Hongreb los detuvo y negó con la cabeza para después mirar a Líam e indicarle que él sí debería ir. Después miró en dirección a Teleysa. La profesora ni estaba preocupada ni pretendía hacer preguntas, otros pensamientos recorrían su mente.
-Un Dragón marino...
-¿Esos bichos gigantes que salen en los libros? -preguntó Flei sin poder creer esas palabras, pero la dura realidad apareció ante sus ojos cuando del agua, efectivamente, emergió un Dragón de tonalidades verdes y de la longitud de una pista de tenis.
-¿Eso es un Dragón? Pero si parece una serpiente con esteroides... -se mofó Flei al ver a la criatura, lejos de parecer sorprendida.
-Ya está, ya tenías que decir algo. ¿Eh, Fleihnlir? Nunca puedes estarte calladita ante nada que pueda despertar interés a otra gente.
-¿Interés? ¿Por ese dragón? ¡Puedo sentir su apestoso aliento desde aquí!
-Contando que acaba de salir del agua y ni ha respirado todavía... -apuntó Baelcan, puntilloso.
-¡No te metas! -gritaron ambas féminas al unísono.
Baelcan suspiró. Vencido, se acercó a Kaiel y Kalys, seguido de Hongreb.
-¿Qué tal si vamos a algún sitio desde el que podamos observarlo todo sin peligro? -Kaiel aceptó de buena gana pero Kalys fue más reticente a aceptar la idea, era incapaz de quitar los ojos de aquella maravillosa criatura salida del agua. Baelcan, que notó el estado de estupefacción de la muchacha, la cogió por la cintura y como si se tratara de un saco la levantó por encima de su hombro. La muchacha reaccionó con una fuerte pataleta.
-Cálmate, tan solo vamos al lindar del bosque donde estaremos más seguros y podrás mirar sin riesgo alguno -dijo Líam, sonriente.
-¿Tú no debías ir a ayudar a esos cuatro? -apuntó Kaiel.
Tras el tercer intento fallido de Kyorai en su empeño para ser útil en aquella batalla, al final se dio por vencida. En ocasiones como esa era una completa inútil.
Oxidas se burló de ella con expresión de furia fingida e indicándole que la vigilaba apuntando con dos dedos primero a sus ojos y después a la muchacha. A lo que ella respondió metiéndole dos dedos en los ojos.
Justo en el último segundo Jabe logró bloquear un golpe de la cola del dragón cuya intención era la de impactar en los distraídos jóvenes.
-Seriedad por favor. Estamos peleando CONTRA UN PUTO DRAGÓN. ¿VALE? -dijo Jabe visiblemente enfadado-. Kyorai, si no puedes pelear no te quedes aquí molestando, aléjate y dirige a Saliega.
-Lo que tú digas -se alejó unos metros de ellos en actitud provocadora.
-¿Ya puedes ver Oxidas?
-Sólo de un ojo. Será...
-Ya arreglarás cuentas con ella más tarde si quieres -respiró hondo en un intento por contenerse, había perdido la calma segundos antes y no se podía perdonar a sí mismo con facilidad por ello-. Apoya a Terbal en el ataque, ya me encargaré yo de la defensa.
-Dalo por hecho.
-¡Eo! ¡Los de ahí abajo! ¿Venís a ayudar o qué? -gritó Terbal subido a la espalda del Dragón alejando con ello su atención de los demás.
-Siempre has sido un engorro para los que te rodean Fleihnlir -dijo Teleysa a la mujer rubia.
-Vaya, ya me estaba preguntando cuando ibas a sacar el tema. Y seguro que ahora sacarás el tema de...
-¡No digas ni una palabra más! -la amenazó la profesora.
-Como quieras, si quieres te demuestro ahora mismo porqué me escogieron a mí en lugar de a ti.
-Ahora no, todavía estás cansada de la batalla de ayer.
-¡Ja! ¿Tan fuerte te crees como para poder derrotarme aún cuando pareces estar en ventaja?
-Ya está, tenías que decirlo. Si sales malherida no me des la culpa a mí, porque te lo buscas tú solita.
Fleihnlir respondió agachándose ligeramente. Cruzó ambos brazos situando ambas manos a los lados de la cara. De cada una brotaron cuatro dagas que brillaban en tonalidades amarillentas. Teleysa, de un gesto con la mano derecha, invocó varios rayos que recorrieron el suelo destrozándolo en su veloz avance hacia su objetivo.
La rubia saltó muy alto al aire poco antes de recibir la descarga. Desde el aire ejecutó un par de piruetas y lanzó las dagas en dirección a la profesora. La mujer de pelo rojizo retrocedió un paso y formando un arco hizo aparecer su vara con la que de un único movimiento rechazó el ataque por completo.
-Je, justo como lo esperaba de ti, Tellie -Flei, aún en el aire, blandió su arco, apuntó y disparó a los pies de Teleysa una flecha que explotó al impactar en el suelo levantando con ello una nube de polvo.
El único movimiento visible antes de que se levantara la polvareda fue el de la profesora levantando el brazo izquierdo ante su cara para protegerse. Instantes después el polvo se disipó en un remolino. Ante Teleysa se encontraban tres creaciones: un djinn de fuego, un golem de tierra poco más alto que la profesora y una aparición eléctrica.
Flei, por fin en el suelo, soltó una carcajada y dijo:
-Vaya, veo que has conseguido nuevos juguetitos. Veamos qué pueden hacer -apuntó con el arco a su rival y disparó. El golem de tierra agarró con una de sus manos la flecha y aguantó sin inmutarse la explosión dentro de ésta. Se giró hacia la arquera y la miró agresivamente.
-Genial, en menos de canta un gallo Teleysa ha desmontado la estrategia principal de Flei como si nada -dijo Líam, aún con Baelcan y los demás.
-¡Jabe está en problemas! -gritó Kalys, quien sólo tenía ojos para el otro duelo que allí tenía lugar.
El Dragón giró la cabeza y a la velocidad del rayo intentó atrapar a Jabe por la cintura pero lo que se encontró fue únicamente la vara de éste, el muchacho la había usado como pértiga en el último momento y se plantó de pie en el cuello de la bestia. Instintivamente y sin soltar la vara se impulsó hacia el suelo en dirección contraria a la yugular del Dragón, dejándole el cuello en una posición vulnerable.
La bestia no tuvo tiempo de tensar sus músculos para contrarrestar la maniobra del muchacho, Oxidas y Saliega ya estaban empujando desde debajo al Dragón. Éste intentó resistir pero la fuerza de los tres finalmente le hizo ceder y acabó tumbado en el suelo boca arriba. Terbal no desaprovechó la ocasión y le propinó un potente golpe con sus espadas a la garganta del dragón, no lo suficientemente fuerte como para cortarla pero sí para provocar un grito de agonía al mismo.
El Dragón tardó largo tiempo en reincorporarse. Cuando lo logró no volvió al ataque, miraba amenazadoramente a los cuatro jóvenes, rugiendo a la vez que iba retrocediendo para alejarse, jadeante, de ellos. Al final se giró en dirección al lago, corrió hacia éste y saltó.
Fleihnlir parecía estar en apuros en su enfrentamiento contra las tres creaciones de la hechicera. Éstas se combinaban bien en sus asaltos, la eléctrica y la de fuego acosaban a la arquera mientras la de tierra defendía a su ama, a veces incluso se unía al ataque con sus dos compañeros cuando la situación era la más propicia.
Neferkamin, clavada al suelo demasiado cerca de ellas, tuvo que agacharse en más de una ocasión para evadir alguna llamarada djinn y a punto estuvieron de alcanzarla varias ráfagas de rayos de la aparición.
-¡Eh! ¡Que estoy aquí, pelead con más cuidado!
-¿Por qué no te liberas y te vas de aquí? ¿Eh, Nefie? -Flei se había acercado a ella de un salto, sonrió mofándose de Neferkamin y se alejo de otro salto cuando el golem lanzó un pedrusco enorme en dirección a ellas.
-La madre que te... -dijo la mujer de pelo negro al ver que le era imposible evitar el ataque. Alzó los brazos y se preparó para recibir el impacto pero éste no llegó a suceder, Teleysa apareció delante de repente y levantando la mano derecha hacia la roca la cortó en cachitos que continuaron en la trayectoria inicial del proyectil pero ni uno llegó a rozarlas. Con la izquierda señaló los nuevos zapatos de la mujer y la liberó en un instante.
-Sí señora -obedeció Neferkamin.
-¿Ves como no era tan difícil Neferkamin? -gritó Flei-. Ha sido divertido mientras ha durado pero creo que toca acabar ya con esto.
De una patada lateral Flei hizo que la aparición eléctrica se disipara en el aire como si nunca hubiera existido. El djinn intentó aprovechar ese instante para alcanzar a su oponente con una llamarada pero se desvaneció en el aire de la misma forma justo después que la mujer apareciera a su espalda, agachada en el suelo y con un brillo dorado en sus manos. Intentó hacer lo mismo con el golem de tierra pero Teleysa la frenó agarrándola por las muñecas antes de que pudiera alcanzarlo.
Con un gesto con la cabeza se apartó los mechones de pelo que le tapaban la cara e hizo desaparecer el golem. Ambas se miraban fijamente a los ojos, desafiantes.
-Y aquí es donde empieza el combate de verdad -dijo Baelcan, conocedor de las habilidades de su mujer.
-Ha sido un vaivén tan veloz que no he podido ni seguirlo -dijo Kaiel impresionado.
-Jo, pobre dragoncito... -Kalys se encontraba muy lejos de allí mentalmente auqnue su cuerpo físico estuviera junto a ellos.
-A partir de ahora será aún más rápido así que ni se te ocurra pestañear -dijo Líam, sonriente.
-Yo que quería aprender algo de todo esto y solo puedo hacerlo de unos novatos en lugar de la gente de nivel.
-”Si quieres podemos enseñarte” -se ofreció Hongreb tras unos instantes de silencio.
-No, gracias, no voy a hacer que perdáis el tiempo en un caso perdido.
-Kyorai es más terca que una mula y mírala, en el poco tiempo que llevamos de viaje casi parece que ha aprendido más que en toda su vida, fíjate en como Saliega ha ido cambiando de aspecto al de un Tigre blanco, Puma negro o Lince Ibérico según la situación, eso gracias a nosotros -dijo Baelcan casi orgulloso de sus logros.
-”Baelcan no hizo nada de nada, fue cosa mía y de Flei” -transmitió Hongreb a los demás dejando a un lado el susodicho.
Ambas mujeres se enzarzaron en una batalla de intercambios en la que ninguna de las dos podía alcanzar a su rival aunque se encontraban constantemente a menos de dos metros de distancia la una de la otra. Ráfagas de rayos, llamaradas, estalagmitas salidas del suelo, destellos lumínicos y demás se mezclaban en la escasa distancia a la que peleaban ambas, sin ceder ni un milímetro de terreno de más. La gente normal sólo era capaz de ver los destellos y las magias sucediéndose, pero ni los gestos de las que provenían, ni los movimientos de evasión de ambas combatientes ni los bloqueos o ataques que se realizaban. Incluso el propio Baelcan tenía problemas para ver y seguir todos y cada uno de los movimientos de esa frenética batalla cuerpo a cuerpo que tenía lugar mientras el dragón rugía atemorizado no muy lejos de allí.
-¡No dejéis que se escape la cena!-rugió una voz en el momento en el que el Dragón saltó hacia el lago para zambullirse en sus aguas, o esa era su intención. Un sonoro ruido metálico impactó en la escamosa piel del Dragón. Instantes después éste se hallaba troceado en cuatro trozos en la orilla del lago, sangrando sin cesar.
En ese mismo instante un hombre de mediana estatura y muy delgado apareció de repente entre ambas mujeres y las hizo frenar agarrándolas por las muñecas.
Todos se quedaron boquiabiertos ante lo sucedido, el Dragón que las afiladas espadas de Terbal no habían logrado cortar se hallaba troceado en cachos grandes ante ellos y la feroz batalla entre ambas mujeres había acabado con pasmosa facilidad.
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