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Mayo 23, 2012, 13:09
Atomic  |  Zona Creativa  |  Gran Biblioteca (Moderador: Líam)  |  Tema: Path of Color Búsqueda Avanzada
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Tema: Path of Color  (Leído 227 veces)
Leo

Mago Dragón



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« : Julio 22, 2010, 22:28 »

-Light, estoy... embarazada -murmuró la hámster aquella mañana que el hámster japonés fue a recogerla a la tienda de animales donde vivía. Aunque parecía algo tímida al decirlo, se lanzó rápidamente a los brazos de su amado y le besó en los labios. Light, aunque estaba todavía intentando asimilarlo, abrazó con fuerza a su novia y disfrutó del beso.


-Lo siento Light... pero solo una niña... -murmuró un amigo del hámster cuando llegó esa mañana a la tienda. No había rastro de su novia ni de sus recien nacidos hijos, sólo de uno de ellos... una pequeña hámster marrón que tiritaba en la paja de la jaula. Light se acercó a la pequeña y la acurrucó mientras las lágrimas que caían por su rostro bañaban la piel todavía desnuda de la cria.

-Te llamaré Penelope... como decidimos... -murmuró, derrumbándose con su hija en brazos.


-Cuida de ella, por favor -rogó el hámster abrazado a su amada, aquella noche en la que se despedirían, quizá para siempre- Sois lo único que tengo... te juro que no permitiré que os pase nada, pero, aún así... cuida de ella.

-Por supuesto, Light... -murmuró la hámster de pelaje dorado entre sollozos, tras lo que unió sus labios a los de su amado en una última noche de pasión.


-Despierta, dormilón -retiró las sabanas con brusquedad, haciendo que el frío matutino despertara al hámster, que gruñó medio dormido. Su novia rió mientras emparejaba la sabana y la guardaba en el armario. Light bostezó- Venga, que también te he preparado el desayuno -sonrió a su novio viendo que éste era reticente a abandonar la cama. Finalmente, consiguió que se alzase.

-Oye Pashmina -la llamó- Gracias... por cuidar de Penelope -la hámster se detuvo un instante, sin saber a qué venía eso. Finalmente sonrió.

-Pero qué tonterías dices... ella es como mi hija -rió- Y ahora aseate, que los Ham-Hams nos esperan.

Light asintió y se dirigió al aseo de la pequeña madriguera. Hacía apenas dos semanas que se había instalado allí, y, aunque Pashmina seguía siendo una hámster doméstica que vivía con su dueña, pasaba la mayoría de noches con él. Aunque no lo habían dicho abiertamente, los dos sabían que esa casa sería para ellos y Penelope, cuando se casaran. Light se ruborizó ante la idea, y lanzó agua con las patas sobre su rostro para desechar la idea.

André, uno de sus mejores amigos y compañero Knight of Color, le había ayudado a construir la madriguera al tiempo que él mismo se creaba una con el proposito de vivir con su novia llegado el momento. Ambos tenían grandes planes para sus vidas, y ambas giraban en torno al Arco Iris y aquellas pequeñas extensiones de túneles bajo la tierra. Y, sobretodo, frente a las hámsters a las que habían decidido dedicar sus vidas.

Suspiró. Hoy era un día especial...


La brisa de la tarde mecía la capa verde del hámster, que observaba el sol decayente perdido en sus pensamientos. Se mantenía de pie, con ambos puños cerrados y erguido, inmutable. Cualquiera que hubiera pasado por allí hubiera pensado que el hámster era en realidad una estatua. Excepto alguien que conociera porqué estaba allí.

-¿Qué ocurre, Light? -la espada del hámster naranja tintineaba al chocar con su muslo mientras se acercaba a su amigo- Hoy has estado muy raro -comentó, posando una pata sobre el hombro de su compañero de armas.

-Fue aquí, ¿sabes? -comentó el hámster girándose, mostrando una amarga sonrisa. André observó unas marcas de lágrimas en sus ojos- Aquí le dije a la madre de Penelope que siempre estaríamos juntos, pasase lo que pasase -calló un instante y miró al cielo, que se volvía rojizo por segundos- Falté a la promesa... y ahora vengo a pedir perdón -aseguró, bajando la mirada. Abrió uno de sus puños y en él guardaba unos pétalos de cerezo desmenuzados- Sabes, André... no soy mucho de creencias, pero dicen que si sueltas pétalos de cerezo puedes pedirle perdón a un ser querido que ya no esté... -murmuró- Lo siento mucho, mi amor... pero he decidido que quiero pasar el resto de mi vida con Pashmina -aseguró, soltando los pétalos, que se diluyeron arrastrados por el viento.

-Estoy seguro de que ella lo entenderá y se alegrará de que seas feliz, Light -aseguró André, que dio media vuelta y comenzó a andar, dispuesto a dejar a su compañero solo- Recuerda que esta noche hay que llevar a Penelope al festival de verano, no tardes -le recordó.

-No lo haré... ella es mi hija, después de todo -sonrió, volviendo a clavar su vista en los pétalos transportados por el viento.


-Y eso es lo que he decidido, Majestad -comentó el Knight of Green, dejando la taza de té vacia sobre la mesa que compartía con el monarca en el jardín interior de Palacio. El té estaba delicioso y disfrutaba de su aroma y sabor, pero se lo había tomado de un solo sorbo debido a los nervios.

-Casarte con Pashmina es lo que te convertirá en Knight of True Green, sí -aceptó Arco con una sonrisa- Pero lo de Penelope... ¿estás seguro de que ella aceptará? -comentó algo más dubitativo.

-Sí, lo hablé con ella y Pashmina, y las dos están bastante entusiasmada con la idea -anunció.

-De todos modos -Arco se encogió de hombros y recogió su taza de té- Es el Sueño Arco Iris quien elige qué hámster se convierte en Knight of Color... lo único que nosotros podemos hacer es que, cuando nazca el heredero al trono, se haga amigo de Penelope, ya que eso incrementará sus posibilidades... pero no puedo prometer nada -dio un largo sorbo.

-Es comprensible Majestad. Aún así, Penelope será una excelente Knight of Color para el próximo Rey, estoy seguro -anunció con una sonrisa de seguridad y orgullo.

-Ojalá el Sueño te oiga, Green -sonrió Arco, y mandó a uno de sus sirvientes a rellenar la taza de Green, que miraba con soslayo la taza vacía. Conocía bien a la pequeña Penelope, y sabía que la hámster sería una estupenda caballero. Pero ahora tenía que centrarse en que el Knight of Green ascendiera. Tras la ascensión del Knight of Orange unas semanas antes, ahora le tocaba al Knight of Green, que había sido el último en convertirse en caballero.

Arco miró a su amigo guerrero y sonrió.


La pareja esperaba frente al altar. Vestían los trajes de seda que se usaban en las bodas japonesas tradicionales, muy ajustados y pomposos pero, al mismo tiempo, bellos y bien confeccionados. Pashmina vestia un bello e impoluto traje blanco, y habia atado su bufanda a la cintura usandola de cinto. Mientras tanto, Light vestia un kimono negro ajustado.

El sacerdote estaba alzando la oración tras el ritual de purificación. Sentados detrás de la pareja, los Knight of Color y los Ham-Hams observaban en silencio y respeto la sagrada ceremonia. Light les habia pedido que, por favor, respetaran sus tradiciones y acudieran a la boda. Su Majestad, al ser un hamster del Arco Iris, no comprendía nada de lo que el sacerdote decía... pero comprendía que, igual que él tenia tradiciones y rituales, Light también. Y disfrutaba observándolo.

El sacerdote calló, y los dos novios se alzaron del suelo donde reposaban de rodillas. Se miraron levemente sonrojados... Recogieron de sus doncellas, Penelope y Lazuli, un pequeño plato con fondo y lo intercambiaron. Bebieron el sake que llevaba dentro, y repitieron el proceso dos veces más. Agradecieron por ultima vez su trabajo a las doncellas, que les entregaron sendas almohadas con anillos.

Volvieron a intercambiarlos, y, mirando fijamente el uno al otro, los introdujeron a través de sus garras. Sonrieron y se juraron los votos eternos, con los que ambos juraran vivir por y para el otro, y protegerse y apoyarse mutuamente durante toda la eternidad, por el poder del amor.

-Supongo que esa sonrisa en tu rostro debo tomarla como un “Misión Cumplida”, ¿verdad? -comentó Arco después de que los novios se fundieran en un largo beso tras jurar los votos, y el hámster que solía vestir la capa verde le mirara fijamente- Comenzaremos los preparativos de la ceremonia de ascensión después de vuestra Luna de Miel -le comentó telepáticamente al hámster más feliz en aquél templo en ese momento.

Suspiró. Con Light, ya eran tres los Knight of Color que habían ascendido. La escalera se completaba, paso a paso, escalón a escalón. Muy pronto, el Arco Iris alcanzaría la cima.
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Leo

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« Respuesta #1 : Diciembre 29, 2010, 23:28 »

Casilda sentía la lengua del hámster dentro de su boca, jugando con su propia lengua. Con los ojos cerrados disfrutaba de cada momento... reclinándose sobre la cama del cuarto. Sentía como el peso de su compañero comenzaba a aplastarla... De repente abrió los ojos y suavemente terminó con el beso, con algo de reticencia, y con ambas patas separó al hámster de su cuerpo.

-No... esto no está bien, Arco -anunció en un susurro, desviando la mirada de su futuro rey. El hámster suspiró, y comenzó a abrocharse nuevamente la camisa del pijama. Se sentó sobre la cama, y esperó a que la joven hiciera lo mismo. Ella, avergonzada, no era capaz de mirarle a la cara. No ahora que le había fallado.

-Así que ya te has decidido, ¿eh? -preguntó el futuro rey del Arco Iris. Casilda apretó los puños y su pelaje se erizó al notar el calor de la pata de Arco, que había puesto sobre su muslo.

-Sí -la hámster no titubeaba. Su naturaleza era así, no solía exteriorizar sus sentimientos y mucho menos perder la compostura, así que no tardó en volver a recomponer su dura fachada. No obstante, era incapaz de mirar a su compañero- He decidido que no seré tu reina, Arco -anunció. El hámster bajó un poco la mirada, pero pronto la alzó y la miró nuevamente a la hámster, sabiendo que ella quería continuar- Tú tienes tres doncellas que te quieren. Y tú las quieres a ellas. Nuestra relación he de admitir que ha sido divertida y apasionada, pero no puede culminar así -explicó- Arco. Quiero ser tu Knight of Color. Quiero estar siempre a tu lado y protegerte a mi manera.

Arco se levantó. Se encontraban en los aposentos del futuro monarca, una estancia gigantesca, tan grande como la mayoría de madrigueras de la Tierra. Estaba decorada con toda clase de lujosos ornamentos y el suelo era de mármol blanco. Contaba con sala de recreo, piscina climatizada de nubes, cancha de tenis -uno de los deportes favoritos del Príncipe-, un enorme baño con hidromasaje... Pero Arco obviaba todos esos lujos y no les prestaba la menor atención. Les daba uso, por supuesto, pero no le parecían nada de gran conmoción, acostumbrado a ellos.

En esos momentos se encontraban en el dormitorio, la cama del futuro Rey del Reino Arcoiris era de matrimonio y contaba con un techo y unas cortinas que la cubrían en las noches de frío, además de varios edredones y almohadas rellenos con las plumas más selectas y confortables. La cama estaba diseñada para proporcionar al joven hámster un descanso adecuado y gratificante.

-Gracias, Casilda -agradeció el monarca tras varios segundos de silencio. La hámster rompió su tensión para enarcar las cejas- Casi cometemos un error del que nos habríamos arrepentido eternamente -sonrió amargamente de cara a la hámster- Será todo un placer que seas mi Knight of Color, Casilda. Por supuesto ya sabes que eso lo decide el Sueño Arcoiris, pero... creo que no hay persona más cercana a mi ahora mismo -comentó, rememorando la caracteristica número uno para ser elegido Knight of Color... “ser un ser cercano al monarca”. Además, Casilda era bastante diestra con las armas, ya que provenía de una familia alemana que valoraba altamente el arte de la espada- Claro que antes tendré que convertirme en Rey -recordó. Hacia apenas unos días que su padre había muerto. Se encontraba terriblemente afectado, pero entonces... Casilda había venido en su ayuda. Su relación se remontaba a mucho tiempo atrás, pero había sido en estos tiempos cuando más la necesitaba que la hámster había decidido entregarle todo su ser... pero ambos sabían que era un error.

-No creo que te lleve mucho tiempo -comentó la hámster, alzándose y mirando fijamente al pequeño hámster, que superaba bastante en altura- Y entonces, esperaré ansiosa el convertirme en tu Knight of Color -anunció dándole un último y apasionado beso.



-Majestad -habian pasado algunas semanas desde aquél último beso. El Principe Arco había cumplido su misión de ascensión encargada por la Reina con la ayuda de algunos amigos llamados “los Ham-Hams” y había sido nombrado Rey Arco. Esa misma noche, en su primer encuentro con el Sueño Arcoiris, se le desveló el nombre de la primera Knight of Color... Casilda Holbein, la Knight of Indigo. A la mañana siguiente, la hámster, que habitaba en Palacio desde hacía algunos meses como “huesped especial”, fue nombrada Knight of Indigo ante la estupefación de todo el mundo, la anterior Reina incluida. Era el nombramiento de un Knight of Color más rápido desde que nació el Reino. En estos momentos, la primera Knight of Color del Rey Arco esperaba arrodillada frente al mismo.

-¿Sí, Indigo? -el monarca llamaba a sus caballeros por su color. El omitir el “Knight of” era un apelativo cariñoso que usaban en conversaciones habituales o fuera de lugares donde el protocolo les obligaba a actuar con más recato. El hámster se encontraba en su trono, escuchando a uno de los consejeros, que hablaba sobre las condiciones del sur del país. Parecía aburrido.

-Mi hermano ha respondido a la invitación al duelo. Pido permiso para dar inicio a mi misión esencial -anunció. La misión esencial era el objetivo en la vida de todo Knight of Color. Al cumplirla, al llegar al culmine de su vida usando la fuerza del Arcoiris, se entendía que eran dignos del poder que habían recibido y se les promocionaba a Knight of True Color, aún más poderosos y con habilidades especiales. Todos los Knight of Color acababan cumpliendo su misión esencial tarde o temprano, pero realmente Indigo estaba yendo muy rapido. Su misión esencial consistía en derrotar a su hermano, que había abandonado el arte de la espada de la familia, ninguneándolo para dedicarse al manejo de las armas de fuego, en un duelo.

-Está bien -anunció Arco. Era algo que ya tenían hablado, y esto sólo servía para hacerlo oficial. Estaba seguro de que Casilda vencería- Puedes marchar. Buena suerte, Knight of Indigo.


Los enormes terrenos de la familia Holbein cubrían gran parte del valle. Una enorme red de tuneles conectaban todos los recovecos del lugar, con su centro en una subterranea madriguera la mitad de grande que el Palacio del Reino Arco Iris, pero que no tenía nada que envidiarle en número de salas y disposiciones para sus inquilinos. La familia Holbein se dividía en diversas sub familias, que ocupaban los diferentes estratos de la madriguera. La Knight of Indigo, Casilda Holbein, era la primogenita del líder de la familia y por tanto la futura líder, y como tal, vivía en el estrato más elevado de la madriguera.

Era su deber el velar por el bien de la familia y proteger su honor ante todo... y eso es lo que había venido a hacer. Tras ser recibida con regocijo por sus congeneres, la Knight of Indigo fue derecha al grano, tal y como se caracterizaba: no había venido para una improvisada reunión familiar, había venido a enfrentarse en duelo con su hermano. Y tras mediar esas escasas palabras con sus progenitores, salió al exterior. Había quedado con su hermano cuando el Sol llegara a su cénit en uno de los terrenos de entrenamiento de la villa.

-Siempre te gustó este sitio para entrenar, Casilda -comentó una voz que la hámster reconoció enseguida. Se encontraba sentada en el suelo de aquél lugar, posiblemente recordando viejas memorias, pero rápidamente se alzó y empuñó su poderosa Claymore, simbolo de la familia Holbein.

-Pensé que no vendrías... hay que aceptar que tienes agallas -murmuró, esbozando una sonrisa de satisfacción- Acabemos con esto -anunció, lanzándose al ataque.

El hámster que le hablaba, un joven de pelaje grisaceo, vestía un poncho marrón que ocupaba gran parte de su pelaje. Se mantenía en su posición, impasible. Muchos enemigos solían quedarse paralizados ante la imponente carga de la poderosa guerrera, pero no era el caso de este joven. Y ella lo sabía.

De repente se oyó una estruendosa explosión. Y al instante, otra, y otra más. Casilda lo esperaba y apostó su enorme espada delante de ella. Unos pequeños objetos metalicos impactaron contra la ancha hoja de la claymore, a juzgar por el sonido que causaron.

El hermano de la Knight of Indigo disparaba incesantes cargas de balas desde una pistola semiautomática. Casilda las esquivaba sin problemas, pero él no cejaba en su empeño. Disparaba con una mano, mientras con la otra recogió una granada de un cinto en el interior de su poncho y quitando la anilla con la boca, la lanzó a la hámster.

-Eres débil, siempre dependiendo de mecanismos externos a tu habilidad -murmuró la guerrera, que se detuvo un instante para batear la granada. Sorprendido, el hámster observó como su granada salió disparada hacia el cielo y explotaba. Cuando bajó la mirada, era demasiado tarde. Su hermana había llegado a suficiente rango para cortarle por la mitad con un simple movimiento de su espadón. Pero no lo había hecho. En cambio, la gente sonreía y mantenía la afilada hoja de la claymore cerca de su nuez.

El hámster suspiró y dejó caer la pistola, pero la Knight of Indigo no retiró la espada.

-Has perdido. Fuiste un iluso al pensar que las armas de fuego eran más fuertes que el arte de la espada que nuestra familia ha venerado desde hace tanto tiempo. Eres una deshonra desde el momento en que saliste por la puerta y juraste no volver. Yo también juré algo ese día... juré que te demostraría que el poder de la espada era superior al de tus juguetitos. Y así lo he hecho -retiró la espada, pero seguía en guardia- Ahora largate, no quiero volver a verte jamás. A...

-No digas mi nombre -espetó el hámster- Renuncié a él el mismo día que abandoné este valle. Y así seguirá. Esta vez has ganado, lo acepto... aún me queda mucho por aprender, hermana -recogió la pistola y dejó caer las escasas balas que quedaban dentro del cargador- Espero que disfrutes de tu vida en el Arco Iris -comentó, dándose la vuelta y alejándose, sin decir nada más.

Indigo sonrió mientras su hermano se marchaba. Recogió las balas y las guardó en los pliegues de su túnica.

-Misión cumplida -murmuró, mientras un Arco Iris descendía en su búsqueda.


Esa noche, Arco estaba a solas en su cuarto. Ya había despedido a los sirvientes, y se preparaba para dormir. Había sido un día largo, preocupado por la Knight of Indigo. Una preocupación estúpida, porque la hámster había cumplido su misión esencial sin problemas, y, a la mañana siguiente, se celebraría la ceremonia para nombrarla Knight of True Indigo. No sólo había sido la Knight of Color que más rápido habia sido nombrada, sino que era de las pocas Knight of Color que habían cumplido su misión esencial antes de que el Sueño Arco Iris escogiera al segundo caballero. Eso le proporcionaba una gran felicidad, y estaba ansioso por que llegara la ceremonia.

De repente oyó como se abría la puerta y sintió su olor. Sonrió y se giró para recibir a la invitada, pero fue recibido por un fugaz beso. Tras este, llegó otro largo y apasionado, que el hámster disfrutó como ninguno. La hámster le abrazó con fuerza pero con gentileza y le echó sobre la cama.

-¿Pensé que querías ser mi Knight of Color? -sonrió el hámster, mientras observaba como su compañera se retiraba la capa.

-Esta noche soy Casilda Holbein -fue la única respuesta que dio la Knight of Indigo.
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