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Mayo 23, 2012, 13:26
Atomic
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(Moderador:
Líam
) | Tema:
Top Ten
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Tema: Top Ten (Leído 857 veces)
Leo
Mago Dragón
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Top Ten
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Abril 19, 2009, 18:19 »
El Arco Iris emergió de entre las nubes de aquél día de principios de verano y descendió formando un amplio arco frente a la base de un árbol joven en el que se entreveía una pequeña obertura. Allí se encontraba la entrada al túnel que lo llevaría a su destino.
Hacía muchos meses desde la última vez que había pasado por la puerta que tenía ante sí. ¿Cómo se encontrarían los hámsters al otro lado de la misma? Solía mantener un continuo carteo con el líder del club, pero desde hacía unos meses había estado muy ocupado para responder a sus cartas y habían perdido contacto.
Abrió la puerta y entró, escoltado por sus tres doncellas, dispuestas a todo por protegerle. Los hámsters del interior se giraron intrigados, no esperaban a nadie a esa hora de la mañana.
-Ham-Ha!, Fran-Hams -saludó con una sonrisa. El pequeño hámster que había entrado en el Club de la Francia-Ham vestía un pijama azul, y de su cabeza sobresalían dos antenas. Su pelaje era blanquecino y una fina línea marrón claro caía sobre su hocico, muy diferente al del resto de hámsters, ya que éste era redondo. El iris de sus ojos era de color rosa. Llevaba una capa roja de cuello alto, que tapaba una concha a su espalda de color blanco, moteada con los colores del Arco Iris. Sólo el líder de los Fran-Hams y unos pocos hámsters más sabían que dentro de esa concha se escondían unas alas finas y amarillas que permitían a su portador volar. La corona dorada sobre su cabeza lo identificó claramente.
-¡Majestad! -exclamó un hámster naranja con cicatrices en el pecho, que rápidamente saltó de su asiento frente a la mesa del club dónde tomaba un té y realizó una cordial reverencia, coreado por el grupo de hámsters en el club- ¿A qué se debe vuestra magnánima visita? -André tenía muchas preguntas para el monarca. Hacía meses que no sabía nada de él. No obstante, pese a que la unión que los unía era grande y sabía que podía tutearlo, prefirió guardar las formas marcadas por el protocolo.
-Relajaros -ordenó a los hámsters con una sonrisa, que se incorporaron- Hace mucho tiempo que no hablamos, André -le miró fijamente- ¿Te importa que mis doncellas y yo tomemos asiento?
-Y por éso no he podido contestar tus cartas, André. Lo lamento muchísimo, pero ser monarca es agotador y apenas tengo tiempo para mi -miró de soslayo a las tres hámsters, que le devolvieron una sonrisa- De hecho, no habría podido venir aquí sino fuera por un tema de vital importancia -explicó.
-¿De qué se trata, Majestad? -preguntó intrigado André.
-Verás... el Sueño Arco Iris te ha seleccionado para ser el Knight of Orange -anunció.
-¿Y qué tal te parece el Reino Arco Iris, André? -preguntó Arco, mientras disfrutaba de un té en los jardines interiores de Palacio, en una mesa blanca apostada allí para la ocasión, en compañía del líder de los Fran-Hams.
-Bueno... no es como lo imaginaba. Es realmente un lugar mágico -comentó André, dando un sorbo a su té. Enarcó una ceja sorprendido, estaba realmente delicioso- Tu Palacio es enorme, también. Es impresionante -contestó con sinceridad. Sólo se encontraban ellos dos en el jardín, Arco había despachado a todos sus sirvientes, por lo que podían conversar con tuteo. El joven rey rió.
-Muchas gracias, André -dio un sorbo largo a su té antes de proseguir- Sabes... ahora que soy Rey, tengo muchas más responsabilidades y deberes. Me temo que esta será una de las últimas veces que pueda disfrutar tranquilo de un buen té -suspiró, en una ausencia total de protocolo- Y además está el tema de la Reina. Las quiero a las tres por igual, André... no sabría por cuál decidirme -el semblante de André se ensombreció, Arco no recordaba que los asuntos amorosos suponían para el hámster un doloroso recuerdo. Rápidamente, cambió de tema- Por cierto, veo que tú e Indigo habéis hecho buenas migas -sonrió- Es una mujer con un carácter muy fuerte, muchos hámsters se amedrentan en su presencia. Pero tú la has tratado con respeto y además habéis mantenido una amistosa charla, cómo si os conocierais de toda la vida.
-La Knight of Indigo es divertida -comentó André con una fina linea que semejaba una sonrisa- Por fuera puede tener una dura fachada, pero si se rasca un poco la corteza se puede encontrar una hámster leal e inteligente. Tienes una gran guardaespaldas -Arco rió. Echó a reír, divertido, una risa jocosa que André sospechó el monarca no había soltado desde hacía mucho. Cuando dejó de reír, unas pequeñas lágrimas caían por sus ojos hacia sus sonrosadas mejillas.
-Disculpa André -comentó al ver que el hámster le observaba extrañado- Es que me ha hecho gracia que pienses que Indigo es una guardaespaldas. Cierto que, de momento, su único cometido es asegurar mi seguridad, pero... La Knight of Indigo sólo es una de mis caballeros personales. Aún es pronto ya que hace poco que fui nombrado Rey, pero más adelante habrán otros seis caballeros como ella. Son los llamados Knights of Colors -anunció orgulloso- De hecho, André... -le miró fijamente, serio- Quiero que tú seas uno de ellos. Quiero que seas mi Espada -relató.
El hámster devolvió la mirada al monarca.
-Agradezco vuestra proposición, Majestad, pero... -antes de poder continuar, Arco cerró los ojos y se encogió de hombros mientras exhalaba un suspiro.
-De igual modo, hasta que el Sueño Arco Iris no te seleccione, no se puede hacer nada -comentó- No obstante puedo decirte que tienes muchas papeles. Los Knight of Color suelen ser amigos íntimos del Rey al que sirven.
-Me halaga que me consideres así, Arco -aceptó André- Mandaré forjar un arma y me entrenaré para ser digno de aspirar a ser escogido Knight of Color -prometió.
André rememoraba la conversación con el Rey Arco cuando acudió personalmente al Reino Arco Iris para felicitarle por su coronación en unos eternos segundos. ¿Así que el momento había llegado al fin?
-Agradezco su ofrecimiento -inició su réplica André, tratando de ser lo más cortés posible. No obstante, era incapaz de mirar al monarca a los ojos- Pero no puedo aceptar. Aunque ya he obtenido la espada que ordené forjar, no he tenido tiempo para practicar con ella. Además, tengo que seguir cuidando de mis hermanas y... -Arco levantó la pata derecha solemne, ordenando silencio.
-Comprendo. No obstante, la oferta sigue en pie, André -asintió Arco con una sonrisa. No había malicia en sus palabras, ni decepción. Miró a una de sus doncellas, aquella que vestía un traje rojo, que extrajo un pequeño cofre de una bolsa que llevaba atada al cinto y se la tendió con reverencia al monarca. Éste la abrió, mostrando al grupo de hámsters que formaba el club una piedra ovalada que brillaba con una luz anaranjada que surgía de su interior- Si cambias de opinión, sujeta esta piedra y pronuncia mi nombre. Serás transportado al Reino Arco Iris -aseguró.
André la recogió con cuidado y la observó ensimismado.
-Muchas gracias, Majestad -realizó una queda reverencia.
La puerta se cerró nuevamente, y los miembros del Club vivieron un incomodo silencio. Finalmente, André se separó de la puerta, desde la cuál había despedido al monarca y sus doncellas y se encaminó con la pequeña caja que sostenía en brazos hasta su cuarto. Salió del mismo en unos segundos, con las patas vacías.
-¿Te vas a ir, verdad? -comentó Marie, con los brazos cruzados, mirando a su hermano- No has parado de mirar esa piedra desde que el Rey te la dio -aseguró, su voz denotaba un leve tono molesto.
-No lo sé -respondió André al cabo de un tiempo silencioso en el que se mantuvo observando la puerta de su cuarto, parecía que veía a través de ella la caja con la brillante piedra naranja- Tengo que pensármelo bien.
-Ya lo discutimos cuando volviste del Reino Arco Iris, hermanito -comentó Sophie, que se había mantenido a un lado de la conversación- Dijiste que no te marcharías de nuestro lado -recordó con tono deprimido.
-Además -añadió la grave voz del más adulto de los Fran-Hams- Es muy peligroso. Aunque te estés entrenando con la espada, es lógico que Su Majestad te hará luchar contra muchos gatos. Y no estás preparado, André -aseguró.
El hámster enarcó las cejas. ¿Porqué todos se ponían en contra de sus deseos?
-Sólo le dije que no porque necesito un poco más de tiempo para pensar -explicó- Ya sabéis porqué me entreno, no tiene nada que ver con el rey -les dirigió una mirada tranquilizadora- Os puedo asegurar que no haré ninguna locura.
Habían pasado varias semanas desde la visita del Rey Arco. El hámster había intensificado sus entrenamientos con la espada, preocupando a sus hermanas. Había mejorado mucho desde que había empezado a usarla, varios meses atrás. Era capaz de hacer marcas profundas a los árboles, y cada día llegaba más alto.
En esos momentos practicaba sesgos contra un rival imaginario cuando notó una presencia cercana. Bajó el arma y, relajado, se dio la vuelta. Quizá era algún turista que le había visto entrenando y se había acercado curioso.
El hámster le observaba con ojo crítico mientras se acercaba. Chasqueó la lengua disgustado aún en la lejanía, y de un salto se paró frente a André. El joven hámster naranja retrocedió sorprendido, pero pronto recuperó la compostura. El extraño animal tenía más o menos su misma altura y posiblemente la misma edad. Su pelaje era grisáceo, exceptuando el vientre de color blanco. No obstante, gran parte del mismo estaba cubierto por un poncho marrón que, sin duda, había conocido días mejores. Sus patas estaban ocultas dentro del mismo.
-¿Eres André Bresson? -habló. La voz de aquél hámster era suave, pero contundente. Por el acento, era obvio que no era francés.
-Sí, lo soy -contestó firme André- ¿Quién pregunta?
-Tienes una buena espada -puntualizó, antes de responder- Puedes llamarme Número Uno. No tengo mucho tiempo -murmuró- Así que iré al grano.
-Espera, ¿qué clase de nombre es...? -André observó como su interlocutor enarcaba las cejas y sintió la necesidad de callar.
-Estoy seguro de que estás al tanto de la existencia de la Garra Oscura -André abrió los ojos de par en par, sorprendido- Yo soy el principal objetivo de la organización, por eso me hago llamar Número Uno. Existe una lista con los diez hámsters más buscados, llamada Top Ten. Debido a la muerte del actual Número Cinco, tú has pasado a ocupar ese puesto, André Bresson -relató con tranquilidad.
-¿Que yo...? No lo entiendo -se rascó la cabeza- ¿Qué se supone que significa?
-Significa que tanto tu vida como la de tu familia está en peligro -aseguró severo el grisáceo hámster.
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Re: Top Ten
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Respuesta #1 :
Mayo 05, 2009, 21:59 »
Las rápidas zancadas del hámster resonaban en todo el túnel mientras éste se afanaba en llegar cuanto antes a su hogar. Un sudor frío le recorría la espalda una vez más, mientras trataba de ordenar y dar forma a la información que había recibido. Todavía no tenía nada claro.
-¿A qué te refieres con éso? -exigió respuesta André, enarbolando su espada amenazante. Número Uno sonrió.
-Es simple. Has tenido que hacer algo que enfadase mucho a la Garra Oscura para que te incluyeran en su lista negra. Has ido escalando posiciones en cuánto eliminaban sus objetivos, es una suerte que sigas con vida -comentó desdeñoso, y se encogió de hombros- Pero has entrado en el Infierno, amigo -aseguró con un tono frío en su voz- La Garra Oscura vendrá a por ti y a por tus seres queridos. Yo no tengo intención de permitir que te maten, pero tampoco voy a ser tu niñera y voy a estar salvándote el culo todo el tiempo.
-Me he enfrentado a decenas de gatos y nunca he perdido -aseguró André fanfarrón. Su interlocutor rió malicioso.
-No te has enfrentado más que a morralla. Quizá sea eso lo que les ha irritado tanto -concluyó. Se giró y, mientras se marchaba a paso lento, habló- Debes darte prisa y convertirte en Knight of Color si quieres seguir con vida -de un gran salto, subió a un árbol cercano y de allí se perdió entre las hojas.
André abrió con un gran empellón la puerta del Club de la Francia-Ham. Tan fuerte fue el golpe, que Sandrine se sobresaltó y volcó la taza de té que servía a su marido sobre la mesa. Debido a que la cara del hámster que acababa de entrar era de pavor y consternación, la hámster esperó en vez de ir a por un trapo.
-¿Qué ocurre, André? -preguntó Pierre sobresaltado, tras dirigir una mirada de soslayo al té derramado. El joven hámster naranja se limitó a cerrar la puerta y a sentarse, jadeando. Hundió la cabeza entre las patas delanteras y tras dar un gran suspiro, levantó el rostro. Sus ojos rebosaban miedo.
-¿Y Marie y Sophie? -preguntó. Pierre señaló a la cocina. Unos instantes después, ambas hámsters salían con unas pastas y se extrañaron al ver así a su hermano. Marie observó el té derramado e hizo ademán de volver a la cocina- Espera Marie -pidió, algo más tranquilo al saber dónde estaban sus hermanas- Hay algo muy importante de lo que tenemos que hablar.
Tras poner en conocimiento a los hámsters del peligro, se hizo el silencio en el club. Habían olvidado por completo el té, que empezaba a gotear por el borde de la mesa.
-Iré al Reino Arco Iris, y vosotras vendréis conmigo -sentenció, dirigiéndose a Marie y Sophie- Pierre, en principio no debería pasaros nada porque nos buscan a nosotros, pero no puedo evitar preocuparme... ¿quieres que pida a Su Majestad que os proporcione una escolta? -Pierre negó con la cabeza.
-Estaremos bien, no te preocupes -miró a Marie- Pero...
-Hermanito, ¿cómo que nos iremos al Reino Arco Iris? -espetó la hámster- Yo no quiero irme de París, aquí están todos nuestros amigos. Además, ¿de verdad quieres ser el Knight of Orange? ¡Es muy peligroso!
-Lo hago para protegeros -respondió el hámster cruzado de brazos- Marie, no lo hagas más difícil de lo que es. ¿Quieres que nos quedemos aquí y nos maten? -la hámster desvió la mirada- Yo tampoco quiero irme de París pero es la única opción.
-¿Huirás, hermanito? ¿No lucharás como tampoco luchaste por Bijou? -respondió roja de ira la hámster. En contraste, el rostro de su hermano se volvió blanquecino. Rápidamente, se llevó las patas a la boca, pero era demasiado tarde. El hámster apretó el puño bajo la mesa y se levantó a paso lento, camino a la cocina- L... Lo siento, André... No quería... No me refería a... -André no la escuchaba. Sophie puso una pata sobre el hombro de su hermana y negó con la cabeza.
André dio un gran portazo a la puerta de la cocina, y los hámsters escucharon cómo rebuscaba algo. Escucharon un plato romperse y una maldición. Luego el ruido de porcelana arrastrada por el suelo, y poco después el hámster salió con un trapo.
-No pasa nada Marie -murmuró el hámster, ausente. Llevaba un trapo en la mano derecha y lo usó para limpiar el té- Huiré... otra vez. Pero lo haré porque, ésta vez, sí pienso luchar. Me haré fuerte, seré un Knight of Color y acabaré con la Garra Oscura para que estéis seguras -según hablaba, su voz se volvía más firme y cálida.
-Pero hermanito... -intervino entonces Sophie- El Reino Arco Iris está muy lejos. ¿Qué ocurrirá con nuestra vida en París? -preguntó.
-Podremos seguir viniendo a hacer visitas a nuestros amigos de vez en cuando... y seguramente en Palacio lo pasaréis muy bien -sonrió sincero- Es un lugar enorme -terminó de limpiar el líquido y bufó satisfecho.
-¿Qué hay de tus estudios? -intervino entonces Sandrine.
-Algo se me ocurrirá -se encogió de hombros el hámster naranja- ¿Cuento con vosotras? -se dirigió a sus hermanas, con su típica sonrisa. Aunque ambas se mostraron reticentes y desviaron la mirada... algo en su mente las hizo comprender que las palabras de su hermano eran acertadas. Vivirían en un castillo, como en sus sueños infantiles, y siempre podrían volver a París cuando quisieran. Además, su hermano parecía tener muchas ganas de volver a ver al Rey Arco, y se entrenaba muy duro con la espada para ello.
-De acuerdo -aceptaron las dos jóvenes. Al fin y al cabo, ellas eran felices junto a su hermano.
-Y eso es lo que he decidido -André dio otro sorbo a su té sin desviar la mirada de su viejo compañero. Ambos hablaban en la cafetería del Hospital General de París. La paloma gris le miró sorprendido.
-Pero André... aprobaste los exámenes teóricos, aprobaste la práctica... sólo te falta hacer la tesis doctoral. ¿Echarás por la borda todo tu esfuerzo en la carrera de Medicina para ser el Knight of Orange? -recriminó. El pequeño hámster rió.
-Claro que no, viejo cuervo cascarrabias -le llamó por su apodo- Enfocaré mi tesis hacia los hámsters del Arco Iris. Su Majestad no tendrá problemas en que tome algunas muestras de sangre y haga algunos estudios. De hecho, ya va tomando forma la tesis -se tocó la cabeza varias veces con uno de sus dedos y sonrió picaresco. Pero, de repente, su rostro se tornó serio- Paolo, hace mucho que buscaba una oportunidad para poder cumplir mi venganza. Con el poder del Arco Iris que el Rey Arco me brinda, espero ser capaz de ello. Al menos... -comentó con aire abstracto, mirando la taza de té y haciendo ondular levemente su superficie- Podré viajar por el mundo, y quizá la encuentre -agitó la cabeza, cómo tratando de evitar perderse en el pasado, y volvió a sonreír- Te echaré de menos, pero no te preocupes. No pienso dejar la Medicina de lado. Al fin y al cabo, mi sueño es convertirme en un buen doctor -una mirada triste miró alrededor de la cafetería- Echaré de menos todo esto. ¿Vendrás algún día a visitarnos al Reino Arco Iris? -preguntó.
-Bueno, soy una paloma, el cielo es mi segundo hogar -rió Paolo- No me cabe duda de que estarás bien, amigo. Pero es muy peligroso... tenlo en cuenta -cambió su expresión. Tendió un ala al joven hámster, que éste chocó con su pata.
-No haré ninguna locura -prometió, aunque Paolo sabía que no cumpliría su palabra.
Los Fran-Hams se encontraban en la entrada del Club de la Francia-Ham. Allí se cerraban en un arco alrededor de su líder, André. Lucette y Sebas habían aprovechado que ese día no tenían clase en la Facultad de Turismo, y los gemelos habían pedido la tarde libre a su jefe, Chef Ham, para poder acudir a la despedida de su buen amigo -y cliente-. Pierre había cancelado la cita que tenía con un importante arquitecto para esa tarde ya que, cómo le explicó en el telegrama que había mandado, tenía un asunto familiar que tratar.
El líder de los Fran-Hams abrazó a sus hermanas y prometió volver a por ellas esa misma noche. Según le había explicado el Rey Arco, sólo él podía usar la Piedra del Retorno, y por tanto sus hermanas no podían acompañarle. El resto de Fran-Hams despidieron a su líder con un movimiento de pata y unas tiernas palabras.
-Volveremos a vernos pronto, Fran-Hams -aseguró el hámster con una sonrisa en el rostro. Comprobó que su espada estaba atada a un cinto de cuero marrón y envainada en una vaina del mismo material. El peso del arma era notorio, pero se acostumbraría, pensó. Extrajo del pequeño cofre que le tendiera el monarca la piedra ovalada y la sujetó con sus patas. Notó el calor del poder del Arco Iris manando de ella y fluyendo hacia su cuerpo. Pronto él disfrutaría de ese poder- Arco -pronunció en voz queda pero solemne. Un circulo de luz anaranjada se formó a sus pies y fue ascendiendo, como una cortina que le cubría de pies a cabeza. En un breve parpadeo, el hámster desapareció de la vista de sus compañeros.
Apareció de imprevisto en la mismísima Sala del Trono del Palacio Arco Iris. André la conocía bien, pues había acudido allí el día que acudió a visitar al Rey Arco poco después de su embestidura para presentar sus respetos, y ya entonces había quedado impresionado por la bullente actividad de la enorme sala y la opulencia de su decoración. Se encontraba frente al monarca, que esbozó una sonrisa al observar al hámster que acababa de aparecer de la nada frente a él. Los guardias se abalanzaron rápidamente, pero la Knight of Indigo les mandó detenerse. Ella se mantenía a la derecha del monarca y, aunque mantenía la pata derecha sobre la empuñadura de su espada enfundada, parecía complacida más que alerta por el intruso. André realizó una rápida reverencia tras caer en la cuenta de dónde se encontraba.
-Majestad -saludó en sumisión, con la cabeza gacha. Arco le ordenó levantarse. André medía prácticamente el doble del joven monarca, pero sus ojos se cruzaron a la misma altura al encontrarse Arco sentado en su trono- Lamento haber irrumpido de esta manera en vuestra morada -se disculpó.
-Sabía que no me defraudarías, André Bresson -anunció Arco con una sonrisa, mirando de reojo a Indigo, que se irguió- Han pasado muchas cosas desde tu última visita, y otras pocas mientras hablamos -se incorporó, deteniendo la actividad en toda la sala. Todos los hámsters le miraron quietos, esperando que el monarca les ordenara retornar a sus tareas u otras encomiendas. André se sorprendió de lo sumiso que era todo el mundo, pero observó que Arco les observaba aburrido. Sin decir una palabra, se dirigió hacia una gran puerta a las espaldas de su trono. Indigo le siguió- Ven tú también, André -ordenó con tranquilidad.
Cuando abandonaron la sala del trono y se encontraron solos en los pasillos de Palacio, Arco exhaló un largo suspiro y dejó caer los hombros. Tanto la Knight of Indigo como André le dirigieron una mirada severa pero tratando de no mostrarse molestos con el monarca. Arco soltó una risilla.
-Los dos ponéis la misma cara -sonrió- Seréis buenos compañeros -adujo.
-Tienes una buena espada -comentó Indigo con su fuerte tono de voz. André se había sentido observado por la hámster desde que llegó a la estancia, y parecía que ya había terminado su análisis con buen resultado.
-La fabricó un viejo amigo de mis padres -la desenvainó y enarboló frente a sí- Siento en ella cómo si mis padres la protegieran -murmuró más para sí que para el resto de hámsters- Tu claymore también es una buena pieza, Knight of Indigo.
-Knight of True Indigo -le corrigió la hámster, orgullosa- Cumplí mi misión especial hace unos dos meses. Können es la herencia de mi familia, el orgullo de mi patria -aseguró. André sonrió. Le caía bien la hámster.
-Bueno -interrumpió la conversación de los hámsters el joven monarca que caminaba frente a ellos- André, ¿has decidido aceptar mi propuesta? -preguntó para asegurarse. No obstante, ya era conocedor de la respuesta.
El hámster naranja se detuvo y golpeó con la punta de su espada en el suelo.
-Majestad, juro ser vuestra Espada y para ello deseo ostentar el puesto de Knight of Orange -anunció.
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Respuesta #2 :
Mayo 26, 2009, 23:23 »
El Sol del crepúsculo proyectaba suficiente luz para que el Rey creara uno de sus Arco Iris. André ya había sido testigo de cómo el Rey creaba varios Arco Iris entre París y su Reino, así que no se sorprendió cuando el monarca abrió su paraguas y comenzó a darle vueltas, frente al cuál se formó un Arco Iris. No obstante, tendrían que darse prisa, ya que el Sol comenzaba a ocultarse tras el horizonte.
Esa tarde, Arco bajó a la Tierra acompañado de Indigo y André. Respiró hondo al llegar al suelo, disfrutaba de la atmósfera terranea. Los tres hámsters se encaminaron al interior del túnel que los llevaría al Club de la Francia-Ham.
-Buenos túneles -comentó Indigo con ojo crítico. Más tarde André descubriría que la familia de la hámster construyó más de la mitad de los túneles de Berlín.
-Los hizo mi padre -anunció orgulloso André- Permitidme -añadió al llegar a la puerta de su hogar, realizando una reverencia y abriendo la puerta para que Arco pudiera entrar.
Las dos hámsters que se encontraban en su interior estaban viendo la tele, pero los tres recién llegados cayeron en la cuenta de las enormes maletas llenas de ropa y objetos personales que las hámsters habían preparado. Las dos jovencitas se incorporaron rápidamente, apagaron el televisor y realizaron una grácil reverencia.
-Te hemos estado esperando -comentó Sophie con una sonrisa dirigida a su hermano. Luego, reparó en la Knight of True Indigo- Encantada. Mi nombre es Sophie -añadió con una encantadora sonrisa.
-Y yo soy Marie -comentó algo distante la segunda hermana, sin darle demasiada importancia- André, ya pensábamos que no ibas a venir -le reprochó.
-Yo soy la Knight of True Indigo -anunció con orgullo- Así que vosotras sois las hermanas de André... es un placer -añadió.
-Bueno, deberíamos darnos prisa -comentó el hámster naranja, acercándose a las maletas- Su Majestad ha aceptado que os hospedéis conmigo en los aposentos del Knight of Orange. Además, se os entregará el título novelesco de Lady of Brown -explicó escuetamente el hámster, mientras tomaba las maletas. Pesaban una barbaridad.
-¿Lady of Brown? -preguntó Marie. Arco carraspeó, acarreando la atención de los hámsters.
-El titulo de “Lady of Color” se entrega normalmente a las esposas de los Knight of Color. No obstante, de vez en cuando pueden hacerse excepciones y entregarlos también a sus familiares más allegados. Dado que parte de vuestro pelaje es marrón, se os ha concedido ese honor. Ahora no sólo sois hámsters nobles en la sociedad francesa, también en la del Reino Arco Iris -sonrió.
-¡Qué guay, ahora somos como duquesas! -rió Sophie, inocente. André sonrió, luego se lo explicaría mejor.
-De momento... será mejor que nos vayamos al Reino Arco Iris antes de que se vaya el Sol -al ver que le resultaba difícil acarrear con ambas maletas, Indigo tomó una de las maletas, lo que provocó que André se sonrojara levemente.
Los tres hermanos se frenaron en la puerta de su hogar, del Club de la Francia-Ham, y suspiraron. Grabaron en su retina la imagen de la enorme sala de estar, que conectaba a los cuartos y demás habitáculos de la madriguera, y dieron media vuelta, siguiendo al Rey Arco y la Knight of True Indigo a su nuevo hogar.
-¡Guau, qué mullida! -exclamó Sophie tras lanzarse de un salto sobre la enorme cama. Se abrazó con fuerza a uno de los cojines color carmesí relleno de plumones y rió. Marie puso los brazos en jarra y ahogó un silbido de aprobación, mientras su hermano se acercaba arrastrando las maletas. Estaba agotado.
-Realmente es un lugar enorme -comentó la hámster. Echó un vistazo alrededor: los aposentos del Knight of Orange medían prácticamente lo mismo que su antiguo hogar. A la derecha de la entrada había una pared que delimitaba la estancia, al otro lado estaba el cuarto destinado a la futura Knight of Red. La estancia dónde se encontraban los tres hermanos no estaba destinada a ser el dormitorio principal, pero mientras se realizaran las obras, se habían apostado tres enormes camas de matrimonio para los hámsters, cada una de ellas similar a la anterior: la colcha azul oscuro cubría un mullido colchón y unos cojines cuadrados de color carmesí con los bordes dorados coronaban la cabecera, de madera de pino y con forma de arco.
Las camas estaban pegadas a la pared izquierda del cuarto, y al lado de cada una había una puerta. Llevaban a los verdaderos dormitorios, que ahora mismo estaban vacíos. Además, cada uno de ellos contaba con su propio cuarto de baño. Debido a que las Lady of Brown se quedarían con André, le explicó Arco, tenía que renunciar a un poco de espacio dentro de sus aposentos para construir sus cuartos. Pero al futuro Knight of Orange no le importaba. En la zona sur de la estancia, había una puerta corredera de cristal que llevaba a un enorme jardín interior. El jardín, en esos momentos, estaba cubierto de fina hierba. Aún así André tenía buenos planes para él. Esbozó una sonrisa recordando las palabras de Arco: “Puedes pedir que construyan lo que quieran. Tomate este cuarto como un túnel no moldeado”. Así lo haría, anunció entonces y corroboró ahora.
Volviendo al interior de la sala de estar que hacía funciones de dormitorio, los hámsters cayeron en la cuenta de que contaban con otra puerta además de las que conducían a los dormitorios. André decidió que aquella sala serviría para recibir a las visitas. Algún día los Fran-Hams vendrían a visitarles, pensó.
Miró a sus hermanas, que habían comenzado a desempaquetar las cosas, hasta que se dieron cuenta de que no contaban con un armario dónde colgar la ropa y guardar los objetos, y volvieron a intentar guardarlo todo.
-Supongo que no les ha dado tiempo a prepararlo todo -murmuró André- No os preocupéis, mañana pediré que nos traigan un par de muebles... realmente esto se ve un poco soso, ¿no? -comentó señalando las blancas paredes. Las pintaría de algún color más vivo, pensó.
-Bueno, pero lo importante es que estamos juntos -sonrió Sophie, volviendo a lanzarse sobre la cama, pataleando al aire y exclamando lo feliz que se sentía con una cama tan suave. Marie rió, y André suspiró alegre. Iba a soltar una amable reprimenda a Sophie cuando escuchó que alguien golpeaba a la puerta. Los golpes fueron rápidos y con fuerza. No tardó en repetirlos al ver que no recibía respuesta. Parecía alguien muy impaciente.
André abrió la puerta. Un hámster le miraba sonriente, pero André sintió cómo le examinaba. Su pelaje era de un color azul oscuro en su totalidad, a excepción de un circulo de color negro en su vientre. Sus pupilas eran grises, y pese a que era de una estatura similar a la de André, era mucho más flaco. Atadas a un cinturón de cuero marrón el hámster portaba dos espadas, una a cada flanco. Una capa azul se alzaba tras su cuello y caía hasta sus patas, tapando su espalda. Era muy similar a la que portara Indigo, sólo que a éste hámster parecía molestarle, ya que no cubría los brazos con ella, sino que la dejaba recostada hacia atrás, tratando de mantener el pecho desnudo y las patas libres.
-¡Hola! -saludó con energía el hámster. Sin decir nada más, avanzó unos pasos y entró en el cuarto. Observó a Sophie en la cama y a Marie cerca de ella y silbó- Vaya, parece que interrumpo... algo. Mejor vuelvo luego -se giró, pero André, sonrojado por la vergüenza y la ira, se cruzó en su camino- ¡Qué susto! -comentó con un falso tono de sobresalto.
-¿Quién eres? -comentó, tratando de olvidar el... malentendido.
-Vaya, sabía que se me olvidaba algo... -se rascó la cabeza y soltó una risilla. Luego, tendió la misma pata a André al tiempo que hablaba- Mi nombre es Francisco Ruíz. Pero se me conoce como el Knight of Blue. Muy pronto seremos compañeros, ¿eh? -sonrió.
André ahogó una exclamación mientras tendía la pata al hámster. ¿Ese hámster tan libertino era el Knight of Blue? Durante la tarde, Arco le había comentado que se había seleccionado a un hámster como Knight of Blue hacía unos meses, y no escatimaba en halagos hacia el mismo... André se sorprendió de que se tratara de ese tipo.
-Es un honor, Knight of Blue -André siguió el protocolo y trató de ser lo más cordial posible.
-Llamame Blue -pidió el joven hámster- Si tienes cualquier duda sobre Palacio, no dudes en preguntarme. Al fin y al cabo, los veteranos debemos ayudar a los novatos, ¿no? -rió- Y lo mismo va por ustedes, señoritas -comentó realizando una grácil reverencia mirando a las damas. De repente, bostezó- Bueno, acabo de llegar de una misión y tengo algo de sueño... ya nos vemos mañana -dio una palmada a André en la espalda y salió, cerrando la puerta tras de sí. El hámster tomó unos segundos para asimilar lo que acababa de ocurrir, y después rió. Rió con ganas, divertido.
-Parece que André va a ser muy feliz aquí -comentó Marie a su hermana en un susurro. Ésta asintió en silencio con la cabeza, disfrutando de la risa de su hermano.
-Mañana seré nombrado Knight of Orange -comentó André, los ojos abiertos en la oscuridad, tumbado en su cama. Sabía que sus hermanas, acostadas en las camas a ambos lados de la suya, le escuchaban aunque no dijeran nada- Y vosotras seréis las Lady of Brown. Así, comenzará nuestra vida aquí. Sé que os sabréis comportar y no daréis problemas. Recordar que todos los días debemos acudir a presentar los respetos a Su Majestad y que no podéis correr por los pasillos y esas cosas -se mantuvo en silencio unos segundos- Espero... que esto no cambie lo que pensáis de mi, chicas. Cuando sea el Knight of Orange... no sé cuánto tiempo podré pasar con vosotras -y ahí terminó la conversación. André se mantuvo en silencio y esperó que el sueño llamara a su puerta, lo que tardó un par de horas en ocurrir.
La capilla estaba a rebosar de gente. André había enviado un mensajero a París para que acompañase a los Fran-Hams a la ceremonia de nombramiento del Knight of Color. Gracias a la ayuda de Pierre, el mensajero no tuvo problemas en reunir al grupo y utilizar el mismo Arco Iris que usó para bajar a la Tierra para regresar a su mundo junto a los Fran-Hams.
De éste modo, en la primera hilera de los bancales a la izquierda del pasillo central de la capilla, los Fran-Hams esperaban, impresionados por la opulencia de la estancia y del propio castillo.
Cómo comentaba Pierre en ese momento a Marie, ésta era la primera vez que visitaban el Reino Arco Iris y se estaban llevando una grata sorpresa. El hámster examinó en un rápido vistazo la disposición de la estancia: a los flancos del pasillo central cubierto por una larga alfombra multicolor, se contaba media docena de bancales cómo en el que estaba sentado. En las oscuras paredes de piedra se habían colgado cuadros de los anteriores monarcas, todos magnánimos. Un marco vacío aguardaba el futuro retrato del Rey Arco. Alzó la vista al techo, dónde disfrutó asombrado de la belleza del óleo de la bóveda ovalada que mostraba a dos hámsters del Arco Iris sujetando los extremos del fenómeno atmosférico.
Cuando su esposa le dio un suave codazo en el brazo, bajó la mirada y la observó. Ella le miraba algo molesta y presurosa. André acababa de entrar por la puerta al sur de la estancia. El hámster realizó una reverencia al hámster que se encontraba al final del pasillo, frente a una piedra con forma de girasol.
-Adelante, André Bresson -anunció Arco. Los nobles apostados en el resto de bancales comenzaron a murmurar entre ellos. ¿Aquél era el famoso André? ¿El que se convertiría en Knight of Orange? Muchos le dirigieron una sonrisa, otros inclinaron la cabeza en sumisión a su paso.
Pero André no les prestó atención. Siquiera les dirigió una mirada, su vista estaba fija en el pequeño hámster ataviado con una corona frente a él. Era su Rey. Al pasar junto a sus amigos, que aguardaban en silencio, sonrió y continuó su camino. Se detuvo frente a los tres escalones que lo separaban del monarca. Desenfundó su espada y la clavó en el suelo, e hizo lo mismo con su pierna derecha.
-André Bresson se presenta para tomar posesión del cargo de Knight of Orange, Majestad -anunció el hámster lo suficientemente alto como para que lo oyera la mayor parte de la sala.
-Levantate y asciende, André -ordenó Arco. El hámster naranja así lo hizo, y cuando llegó arriba, inclinó su espalda en una reverencia. Tras ellos, se encontraban la Knight of True Indigo y el Knight of Blue, cada uno separado del otro por una amplia distancia, seguramente aquella dónde el resto de Knight of Colors deberían encontrarse si ya hubieran sido nombrados. Ambos desenfundaron sus espadas y las mantuvieron alzadas- Has sido seleccionado por el Arco Iris para ser mi Espada, el Knight of Orange. ¿Aceptas el cargo? -miró a André seriamente a los ojos. Era como si pudiera leer su alma. El hámster parisino nunca había visto ese fuego en los ojos de su amigo.
-Juro por la espada que empuño y por mi vida que seré vuestra Espada y protegeré el Reino Arco Iris bajo el cargo de Knight of Orange -anunció André solemne. Realizó otra reverencia, y Arco abrió su paraguas.
-Sea -exclamó el pequeño hámster, comenzando a dar vueltas a su paraguas. Lo alzó sobre su cabeza... y abrió las alas. Las finas membranas ocultas en la concha multicolor a la espalda del monarca que le permitían volar comenzaron a moverse rápidamente, haciendo flotar al monarca. Ningún hámster pareció sorprenderse, a excepción de los Fran-Hams. André pensó que más tarde se lo explicaría, si el monarca le daba permiso. Arco se adelantó unos pasos hasta estar encima de André, y comenzó a dar vueltas sobre si mismo mientras sujetaba el paraguas abierto sobre su cabeza. Del mismo comenzó a caer unos polvos multicolor que desaparecían al contacto con la piel de André.
El hámster notó un calor que surgía de su interior y le confortaba. Se sentía en armonía, en paz con uno mismo. Sintió que se volvía más fuerte por momentos. Arco terminó su revoloteo y volvió a su posición frente al hámster, cerrando el paraguas y sonriendo.
-Desde este momento, yo te nombro Knight of Orange del Reino Arco Iris, André Bresson -anunció. Sus nuevos compañeros bajaron sus espadas y golpearan con ellas el suelo, tras lo que profirieron una reverencia al nuevo Knight of Color.
Todos los hámsters de la capilla se levantaron de sus asientos y aplaudieron. Los Fran-Hams con especial fervor, incluso los gemelos soltaron algún pitido de aprobación. Arco también dio unas palmadas y se situó a su derecha, mirando a los invitados. André sabía que hacía eso para que no tuviera que darle la espalda, así que se giró también y realizó una reverencia dedicada a todos los hámsters. Desvió la mirada hacia el bancal dónde se encontraban sus amigos, y clavó sus ojos en sus hermanas, que parecían felices y orgullosas. No obstante, entre toda esa felicidad, no pudo evitar que una pequeña parte de su corazón sintiera desasosiego... allí, junto a sus hermanas, faltaba la persona más importante de su vida. Aquella por la que no luchó.
Pero ahora lo haría. Como Knight of Orange.
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Respuesta #3 :
Junio 09, 2009, 23:06 »
Los Knight of Color, poseedores de la fuerza del Arco Iris, tras su nombramiento no obtenían todo el poder del mismo. Para ser merecedores de todo el poder del Arco Iris, debían cumplir una misión especial, llamada “misión esencial”. Ésta misión consistía en cumplir aquello que sus almas más anhelaran. Encontrar el amor verdadero, derrotar a un antiguo rival, cumplir venganza... cada Knight of Color tenía un motivo para vivir, y al cumplirlo el Arco Iris les premiaba con todo su poder.
La fuerza del Arco Iris era una energía mística que provenía del fenómeno atmosférico. Los Knight of Color veían sus aptitudes mejoradas notablemente, y sus heridas curaban antes, entre otras peculiaridades.
Para obtener este inmenso poder, siete hámsters de la Tierra eran escogidos por el Rey actual del Reino Arco Iris mediante el Sueño Arco Iris. Éstos hámsters eran los elegidos y su destino les obligaba a aceptar, tarde o temprano, la oferta del Rey, y convertirse en Knight of Color jurando lealtad al mismo y a su reino.
La lealtad de los Knight of Color no pasaba sólo por mantenerse cerca de Su Majestad y vivir en Palacio. También incluía cumplir las misiones que el equipo de investigación del Reino Arco Iris mandara a través del Rey. Los Knight of Color velaban por la seguridad y la paz en la Tierra desde el mágico Reino Arco Iris. Éso les enviaba a diversas partes del mundo con el fin de acabar con los enemigos del Reino o de los hámsters en general.
André comía ese día junto a sus hermanas y el resto de Knight of Colors. La mesa era larga y amplia, fácilmente podrían comer una treinta de hámsters. El hámster llevaba cerca de una semana como Knight of Color, semana en la que había aprovechado para aprender los entresijos de su nueva condición y practicado un poco con Blue el manejo de la espada. Había sido incapaz de ganarle una sola vez en los cinco días que llevaban practicando.
-Pues como te decía... deberías de procurar no hacer movimientos tan bruscos -comentó Blue mientras cortaba de un limpio sesgo con el cuchillo una hoja de lechuga por la mitad, para ilustrar su ejemplo- Es muy fácil adivinar por dónde vas a venir si te tomas ese tiempo para tus ataques -comentó- No obstante no lo haces nada mal. Cuando yo llegué aquí, aunque tenía algo más de experiencia que tú en el uso de espadas, Indigo me dio una paliza -rió mirando a su compañera, que terminaba de un trago una enorme jarra de cerveza- Y eso que yo uso dos espadas, en teoría tengo ventaja sobre vosotros -se encogió de hombros.
-La práctica supera a la teoría siempre, ya lo sabes -aseguró Indigo con una suave sonrisa. Blue bufó y se puso a jugar con el cuchillo y el tenedor, simulando que eran sus espadas. André le miró divertido, era un hámster que cambiaba rápido de la seriedad al divertimento- ¿Y a vosotras qué tal os va por aquí? -preguntó la hámster dirigiéndose a las hermanas de André. Por algún motivo que al hámster se le escapaba, la Knight of True Indigo había desarrollado una especie de interés por las hermanas del Knight of Orange.
-Ah, bueno... -balbuceó Sophie, no había estado muy atenta a la conversación. Últimamente sólo escuchaba a su hermano discutir sobre estrategias de combate- La comida está muy bien, y Palacio es muy grande. Me siento como una auténtica princesa -sonrió.
-Hay chicos majos -esbozó una mueca pícara Marie, sabiendo que diciendo eso chinchaba a su hermano- Y el servicio es increíble. Me sorprende que en dos días nuestros aposentos ya fueran tal y como lo diseñó nuestro hermanito.
-El viejo Lim es muy buen arquitecto, está hecho un hacha -comentó Blue algo coloquial. Tras la mirada de desaprobación de André e Indigo, añadió- Perdón, el Señor Lim -suspiró.
-Quizás a Pierre le gustaría charrar con él -comentó André a sus hermanas, riendo. Sophie iba a continuar con la charla con su hermano, era la primera vez en todo el día que el hámster hablaba exclusivamente con ellas. Pero una entrada inesperada en el comedor la interrumpió. Un hámster de mediana estatura ataviado con los ropajes de los sirvientes de Palacio saludó con una inclinación de cabeza.
-Mis disculpas por irrumpir en vuestro ágape, Excelencias. Pero Su Majestad requiere la presencia del Knight of Orange y el Knight of Blue en la Sala del Trono -André miró a sus hermanas y les dirigió una mirada de disculpa. Ya hablarían después. Sophie suspiró. Los dos hámsters mencionados se alzaron y, tras despedirse de los comensales -Blue dirigió además una mirada de soslayo a la comida restante-, marcharon a la audiencia con su Rey.
-Majestad -saludó André, hincando la rodilla derecha en el suelo y bajando la cabeza en sumisión.
-El Knight of Blue y el Knight of Orange acuden a vuestra llamada -continuó Blue en tono serio realizando la misma reverencia. Odiaba tanto cómo el Monarca la parafernalia del protocolo, pero no le quedaba otra en presencia de las doncellas del Rey. Las tres hámsters ataviadas con trajes de distinto color guardaban a su amado Rey tras su trono, deseosas de cumplir cualquier orden que el hámster les mandara.
-Agradezco que hayáis acudido, mis Colores -se levantó de su asiento y sonrió- Os he mandado llamar porque deseo encomendaros una misión -sonrió- Deberéis bajar a la Tierra, concretamente a Lyon, en Francia -André levantó la cabeza y Arco ensanchó su sonrisa- Hay una pareja de gatos hermanos que están asesinando sin piedad hámsters en la ciudad. Vuestro cometido es ajusticiarlos en nombre del Arco Iris. Pese a ser una misión sencilla, cómo es la primera, el Knight of Blue te dará soporte, Knight of Orange -explicó.
-Disculpadme la osadía Majestad, pero desearía acometer la misión sólo -se reveló André- Si no lucho por mi cuenta, jamás podré considerarme vuestra Espada.
-Concuerdo con Orange, Mi Rey -le apoyó Blue- Hemos estado entrenando estos días y ha mejorado muchísimo. No creo que tenga problemas -detalló. Arco soltó una suave risa.
-Eso era justo lo que quería oír. Orange, tú partirás en esta misión; y en cuanto a ti, Knight of Blue, te encomendaré otra misión. Recibiréis el informe con la información dentro de media hora en vuestros aposentos, y en una hora crearé los Arco Iris que usaréis para viajar a vuestros destinos. ¡Sea! -exclamó, dando un golpe al suelo con su paraguas.
-Yes, Your Majesty -aceptaron los Knight of Color, retirándose.
El informe recibido a la hora estimada incluía información obtenida por el equipo de investigación del Reino Arco Iris. Ellos se encargaban de recopilar la información, y entonces Su Majestad destinaba a sus caballeros a determinada misión dependiendo de la dificultad y disponibilidad de los Colores.
Entre la información recopilada, se encontraba el número de enemigos, sus rutinas y horarios, y los cargos imputados aparte de otros detalles que André aprendería a no tener en consideración con el tiempo.
El Knight of Orange se despidió de sus hermanas con un fuerte abrazo, prometiendoles que tendría cuidado y volvería lo ante posible. No obstante, tuvo la sensación de que sus hermanas no respondían con el mismo entusiasmo a su abrazo.
Deseando que sólo hubiera sido su imaginación, se dirigió al puerto Arco Iris, dónde Blue le saludó con un amplio contoneo de manos desde la lejanía. Se animó hablando con el hámster hasta que dos Arco Iris aparecieron frente a ellos y descendían hacia la superficie. Se despidió de su compañero e inició su misión.
Olisqueó el aire. Pese a que no fuera la misma ciudad dónde vivió, sentía nostalgia del aire terráqueo. En el Reino Arco Iris, el olor del aire era distinto, mucho más dulce. Tanteó la empuñadura de su espada oculta bajo la larga capa.
Comenzó a caminar, en busca de sus objetivos. El Sol había comenzado ya su descenso, debían ser cerca de las cuatro de la tarde. Nunca había estado en Lyon, así que no tardó en sentirse desorientado. Se suponía que su misión era secreta, pero no había tiempo que perder. Cada segundo gastado podía acercar a un hámster a la muerte.
Los hámsters con los que se topó le indicaron sin problemas cómo llegar a la zona dónde se habían ido cometiendo los asesinatos. Ninguno se sorprendió porque portaba una espada, ni porque vestía con aquella larga capa. André supuso que era de esperar, al fin y al cabo la prensa francesa raramente se interesaba por el Reino Arco Iris. No habría salido en ningún periódico que uno de sus compatriotas había sido ascendido a Knight of Color.
En cierto modo, André se sintió entristecido al respecto. No ansiaba la fama, pero quizá ella se habría enterado al leer la prensa...
Desechó esas ideas y se centró en su misión. Había llegado a uno de los callejones dónde se había cometido los asesinatos.
Olía a sangre, pero también había un olor distinto. André siempre había tenido un olfato envidiable, pero gracias al poder del Arco Iris se había vuelto aún más especial. Era capaz de sentir el más tenue olor y recordarlo sin problemas, como los perros.
No cabía duda: había encontrado el rastro de sus presas. Sonrió y continuó buscando. El Sol comenzaba a teñir el cielo de naranja, debía darse prisa.
-¿Sois los hermanos Balafre? -preguntó André en francés. Era la única forma de entenderse entre ambas especies. Pese a que era su idioma natal y no tenía problemas para hablarlo, el Rey Arco le había explicado que en caso de tener que comunicarse en otro idioma, gracias al Arco Iris no tendría problemas y los animales le entenderían.
El Knight of Orange conferenciaba con dos gatos cuatro veces más altos que él que roían un pescado a medio comer que habían recogido de un cubo de basura cercano que habían lanzado al suelo. La luz de las farolas iluminaba la calle de la ciudad francesa a esas horas de la noche. André se encontraba de muy mal humor porque no había podido terminar la misión a tiempo para regresar a Palacio. Durante la noche el Monarca no podía crear Arco Iris. Tampoco estaba seguro de haber llegado a evitar el asesinato.
Los gatos le miraron intrigados. Su pelaje era negro como el carbón, sólo los diferenciaba una pequeña franja blanca que manchaba la cola de uno de ellos.
-Parece que hoy nuestra presa viene a por nosotros, hermano mayor -comentó el gato con la franja blanca soltando una maligna risotada.
-Bueno, no es nuestro objetivo pero no nos viene mal un calentamiento -aceptó su otro hermano, colocándose en posición de ataque- Quizá antes de matarle pueda decirnos dónde encontrar al tal Paul Roben -André sintió un escalofrío al escuchar ese nombre. ¿¡Iban detrás del señor Roben?!
-Por orden de Su Majestad el Rey Arco del Reino Arco Iris seréis ajusticiados por vuestros crímenes -dictaminó. Los gatos se echaron a reír, y André enarcó las cejas decidido. Iba a ser la primera vez que matara a un gato con su espada. Tomó posición y esperó el embate.
El mayor de los gatos se lanzó contra el hámster blandiendo sus garras. André lo esquivó de un salto: se sorprendió a si mismo de lo alto que había llegado, cayendo encima de la cabeza del gato. El animal se revolvió y el hámster cayó de bruces contra el suelo, incapaz de mantener el equilibrio. Mientras recogía su espada, se maldijo por la falta de reflejos. Habría sido una buena forma de terminar el combate.
El otro gato trató de atacar por detrás, pero André se lanzó hacia la derecha a tiempo y el animal golpeó su rostro contra el suelo. André aprovechó para ensayar un tajo, que dada la pronta recuperación del animal sólo le produjo un leve corte en la pata delantera derecha. Maulló contrariado, parecía que por fin entendía lo que ocurría.
El Knight of Color esbozó una sonrisa al sentir el miedo de sus enemigos. El poder del Arco Iris que había empezado a dominar en los entrenamientos con Blue estaba dando sus frutos. Dio un salto y se apoyó sobre la farola, rebotando y cayendo en la cabeza del gato con la franja blanca en la cola. Ésta vez no falló. Con un rápido movimiento, clavó su espada en la nuca del animal, que en menos de un segundo se derrumbó sobre el suelo. La sangre caía a borbotones por la herida y manchaba el arma de André, que la miró hipnotizado unos segundos.
Lo había hecho. Había matado a un gato con su espada, con Amitié. Sus padres crearon una asociación con el mismo nombre para forjar una amistad entre hámsters y gatos, y éso les había costado la vida. Ahora él usaba ese nombre para tomar venganza y ajusticiar a los gatos que osaron destruir el deseo de sus padres. Y con éste acto de sangre había empezado el camino para su venganza. Realizó un seco tajo al aire con su espada, con la intención de limpiar la espada de la mayor cantidad de sangre posible. Cumplió su objetivo, salpicando un arco de matiz rojizo en el suelo.
El grito de ira del otro gato le llamó la atención.
-¡¿Qué le has hecho a mi hermanito, maldito?! ¡Lo pagarás! -bramó, lanzándose en una embestida enloquecida. André reaccionó a tiempo y se apartó de un salto. Sintió un escalofrío al caer en la cuenta de que ese gato también era hermano mayor. Si hubiera estado en su lugar y hubieran muerto Marie y Sophie... ¿cómo se sentiría? Seguramente habría enloquecido igual que él.
-Pronto te reunirás con él -le animó André en un tono seco, carente de sentimiento. El gato le maldijo nuevamente y se lanzó en un ataque frontal. El Knight of Orange vio su oportunidad: se desvió con gracia hacia la izquierda y cortó la pata izquierda del hámster. Éste bramó de dolor, pero pronto dejó de sentir nada, ya que al tiempo que caía al suelo al perder el equilibrio, André se subía sobre él y repetía el ajusticiamiento que se había llevado la vida de su hermano.
Así, la noche de Lyon se envolvió en el silencio mientras la calle se teñía de rojo.
-Misión cumplida -anunció André quedo, observando la carnicería.
Alguien tocó a la puerta principal de los aposentos del Knight of Orange. Entusiasmadas, las dos hámsters corrieron a abrir la puerta.
Trataron de disimular su desilusión al comprobar que se trataba del Rey Arco, aunque a juzgar por la sonrisa forzada del Monarca no lo consiguieron. Realizaron una reverencia y Marie preguntó cortés.
-¿Qué os trae por aquí, Majestad? -mientras le invitaba a entrar y cerraba la puerta de los aposentos.
-Orange me ha informado que, pese a que ha cumplido la misión a la que le destiné, le ha sido imposible hacerlo antes del anochecer, por lo que tendrá que pasar la noche en su destino. Me ha pedido que mandara un sirviente para que os comunicara sus disculpas, pero he preferido acudir personalmente -explicó Arco. Las hámsters se mantuvieron en silencio. Arco también. El silencio era intenso e incomodo- ¿Me odiáis por lo que estoy haciendo a vuestro hermano, verdad? -preguntó algo cortante.
-No, André está haciendo lo que quiere -le sonrió Sophie- Simplemente nos sentimos un poco desplazadas en éste nuevo rumbo que ha tomado su vida.
-Es egoísta, lo sabemos -suspiró Marie- Y sabemos que debemos cambiar. Hacía mucho tiempo que no veíamos la luz en sus ojos que tiene ahora que es el Knight of Orange. Y eso te lo debemos a ti, Arco -comentó roto el protocolo.
-Si vuestro hermano os oye hablar así se enfadará -rió- Yo sólo le ofrecí esta oportunidad porque fue uno de mis primeros amigos. Bueno, esa es una parte... el Arco Iris fue el verdadero artífice de que sea el Knight of Orange.
-Él siempre te ha tenido en muy alta estima, Arco. Cuando aún os carteabais, se ponía muy feliz cada vez que recibía una carta tuya. Además, desde que nos visitaste estuvo entrenando muy duro... él es feliz aquí, así que nosotras tenemos que esforzarnos por hacerle aún más feliz -aseguró Sophie.
El estruendo alarmó a varios de los sirvientes de Palacio, que corrieron a ver qué ocurría. En la puerta de los aposentos del Knight of Orange, el mismo se encontraba tirado en el suelo, riendo mientras sus hermanas le abrazaban sollozando y gritando su nombre de pila. La familia se había reunido otra vez.
-¿Sabéis? -comentó el Knight of Orange mientras degustaba otra de las pipas que su hermana Sophie había preparado. Ese día habían decidido comer en su cuarto, usando la cocina que mandara instalar cuando diseñó sus aposentos- En Lyon hay un puente con un enorme león de oro en lo alto de un pilar. ¡Es increíble! Se parece a los pegasos de París -rió, mientras continuaba narrando a sus hermanas su aventura.
Éstas escuchaban encandiladas la historia de su hermano, no le habían visto tan feliz desde hacía mucho tiempo. Realmente, la sonrisa en su rostro iluminado era sincera y muy amplia. Se sentía bien allí, ése era su lugar.
-Chicas... -cambió de tema de repente, tras terminar su vaso de zumo de naranja. Su tono se volvió mucho más suave y entristecido- Lamento haber sido tan frío con vosotras éstos días y haber estado tanto tiempo ocupado... es sólo que ésto de ser Knight of Orange es nuevo para mi, y quiero hacerlo lo mejor posible para ser una digna Espada de Su Majestad. Prometo que reduciré mis entrenamientos y pasaré más tiempo con vosotras. ¿Os podéis creer que llevemos aquí una semana y apenas hayamos salido de Palacio más que para ver los jardines? ¡Esta tarde nos vamos a la ciudad! -dictaminó- Y mañana, si Su Majestad me da permiso, saldremos de excursión a la zona sur del país -aseguró enérgico. Sus hermanas rieron.
-No te preocupes por nosotras, hermanito. Tú tienes que convertirte en el más fuerte de los Knight of Color porque es realmente lo que deseas. Nosotras nos lo pasamos bien con la Knight of True Indigo. Nos ha dicho que el sábado nos presentará a unas nobles muy majas, así que seguramente hagamos amigas y podremos divertirnos fuera de Palacio -sonrió Sophie.
-Me alegro mucho de que seas feliz, André -aseguró Marie con otra sonrisa- ¡Tengo muchas ganas de salir esta tarde a la ciudad! Sophie, tenemos que ponernos guapas a ver si pescamos algún chico, ¿eh? -rió al ver cómo su hermano volvía a enarcar las cejas.
-Sí... se acostumbrarán a su nueva vida -murmuró Arco satisfecho en su trono, inmerso en sus pensamientos.
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Respuesta #4 :
Junio 15, 2009, 13:30 »
El ambiente era sombrío. Los tres hermanos se mantenían en silencio en la mesa de la sala de estar, tratando de digerir los acontecimientos recientes. No tenían muy claro cómo actuar, no sabían qué era lo mejor en esos momentos. Se sentían perdidos, sin rumbo.
Todo había comenzado hacía un par de días, tras volver André de su primera misión. Cómo detallara en el informe de la misma, los gatos habían mencionado que su objetivo era “Paul Roben”. En estos momentos Ministro de Asuntos Exteriores del gobierno francés, e íntimo amigo de sus padres.
Dado su rango, André no tuvo problemas para concretar una rápida entrevista con el señor Roben, interesado sobremanera en mejorar la relación entre el Reino Arco Iris y Francia. Así pues, con la ayuda del Rey Arco, el Knight of Color descendió a Lyon, dónde residía en esos momentos Paul Roben por asuntos de trabajo.
-Me complace vuestra visita, Knight of Orange -anunció cordial Roben- Estoy seguro de que el asunto por el que requeristeis hablar conmigo es de vital importancia, así que si es tan amable de tomar asiento -ofreció, señalando una silla de cuero rojo dentro de su despacho.
-Pese a que me encuentre aquí en calidad de mediador del Reino Arco Iris -comenzó su plática André, tras tomar asiento- Me gustaría tratar este tema con un tono menos formal, si le parece apropiado -el rostro de Paul Roben pareció relajarse, y esbozó una amplia sonrisa.
-Ha pasado mucho tiempo, joven -aseguró. Efectivamente... André conoció a Paul Roben hacía ya cerca de tres años. Tras leer un comentario suyo en el libro de firmas apostado en la tumba de sus padres, el hámster no podía reprimir sus deseos de encontrarle para preguntarle todo lo que sabía sobre ellos. Tiempo después, pudo acudir a una reunión social en Le Havre, dónde esperaba encontrarse con él. Lo consiguió, y allí descubrió diversas cosas sobre el pasado de sus padres que, si bien al principio le atormentaban, aprendió a aceptar- Me alegré mucho cuándo me enteré que te habías convertido en Knight of Color. Eres el orgullo de toda Francia.
-Gracias, señor Roben -André se sonrojó levemente- Quizá el motivo de mi visita le sorprenda... ¿ha obtenido alguna información más sobre la Garra Oscura? -fue directo al grano. El alto hámster se rascó la barbilla y cerró los ojos pensativo. De repente, echó a andar hacia uno de los archivadores de la sala, y tras rebuscar entre diversas carpetas extrajo una de escaso grosor.
-Esto es todo lo que sabemos. Estamos trabajando junto a la Interpol y el FBI, pero la información disponible es escasa -le tendió la carpeta- Tomalo como un regalo para el Reino Arco Iris -le guiñó un ojo. André echó un rápido vistazo a los papeles, ya tendría tiempo para ahondar en ello.
-Gracias -murmuró mientras observaba la carpeta. Se levantó de golpe y miró fijamente a Paul Roben- Señor, hay algo que debe saber. Quizá no le traiga por sorpresa, pero me veo en la obligación de informarle -Su interlocutor se mantuvo expectante, mientras André tomaba unos segundos para buscar las palabras correctas y menos alarmantes- Señor Paul Roben, hace unos días mientras cumplía una misión en nombre del Reino Arco Iris en ésta misma ciudad, recibí la noticia de que eráis el objetivo de una pareja de gatos asesinos. Presumiblemente, trabajaban para la Garra Oscura, a expensas de una investigación más a fondo.
-Por lo tanto, mi vida corre peligro -fue la respuesta de Paul Roben, en un tono suave, carente de sorpresa o miedo. André asintió quedo.
-Así es... por eso he de pedirle que de su consentimiento para que Su Majestad el Rey Arco me permita ser su guardaespaldas -rogó André.
-No -fue la respuesta del hámster. El Knight of Color, sorprendido, perdió la compostura y bramó un “¿Por qué?” iracundo. Rápidamente pidió disculpas- Oh, no te disculpes -rió jocoso- Es simplemente que sé cuidar de mi mismo. Ya verás, no pasará nada. No quisiera que te separaras de tus hermanas por mi. Estaré bien, te lo prometo.
André aceptó las palabras de Paul Roben deseando que tuviera razón.
Pero ahora leía la carta que había sobre la mesa, y no podía evitar que las lágrimas se formaran en sus ojos. Leyó una vez más la carta, todavía no podía creerlo, no quería creerlo:
“Al Knight of Orange:
Han pasado unos días desde nuestra entrevista, y éso aumentó mi curiosidad. Investigué por mi cuenta, y descubrí algo terrible. En las últimas semanas, todos aquellos hámsters que tuvieron relación con tus padres han ido siendo asesinados uno a uno. Los ex-ministros de Fomento y Cultura, que fueron los delegados generales de Amitié, la organización de tus padres, murieron hace unos días. Es posible... que yo también esté en el punto de mira. Pero no te preocupes, Knight of Orange. Mantengo mi opinión acerca de tu oferta de protección. No quiero que mires al pasado, sino que te centres en el futuro. Debes seguir adelante, pase lo que pase.”
La letra de los siguientes párrafos era más achatada y errabunda, cómo si hubiera sido escrita deprisa y corriendo.
“Parece que alguien toca a la puerta, je. No me dejaré cazar tan fácilmente. No me arrepiento de haber sido amigo de Pierre y Lauren, y fue todo un honor para mi trabajar en el proyecto Amitié.
Recuerda, debes vivir, volverte fuerte y cumplir tu sueño. Y nunca, nunca, mirar atrás.
Paul Roben.”
André golpeó con fuerza la mesa, y gritó una maldición en francés. Sus hermanas dieron un pequeño bote y le miraron asustadas. El hámster había roto a llorar sobre la pieza de madera.
Paul Roben había muerto, asesinado en su despacho por tres gatos que dejaron una nota afirmando pertenecer a la Garra Oscura. Como detallara en su carta, no era el único: diversos hámsters relacionados con sus padres o Amitié habían muerto recientemente.
Y él no había podido hacer nada.
-¿¡Cómo que la investigación no avanza?! -bramó André al pequeño hámster blanco. Éste se achantó y bajó la cabeza asustado, murmurando una disculpa -¡Es vuestro trabajo encontrar al culpable, maldita sea! -el pequeño hámster no podía moverse del miedo- ¡Fuera de mi vista! -ordenó lleno de ira.
-S...¡Sí, señor! -el hámster realizó una rápida y temblorosa reverencia y salió corriendo por el pasillo.
André se quedó allí, quieto. El pasillo lentamente se sumió en el silencio. Sus hermanas habían salido a dar una vuelta por la ciudad, pero él había decidido no acompañarlas. Alegó no sentirse con ánimos, así que sus hermanas no insistieron.
Hacía sólo un rato que había salido de sus aposentos y comenzado a vagabundear por Palacio, dándole vueltas al mismo tema. Si hubiera sido un poco más severo, si no hubiera aceptado la decisión del señor Roben sin rebatirla... habría podido salvarle.
Pero ahora ya era demasiado tarde.
-Maldita sea... Soy el Knight of Orange y no puedo proteger a nadie. ¿De qué me sirve éste poder si no hago nada a derechas? -espetó, golpeando con fuerza el muro a su izquierda. Sus nudillos sangraron, y una grieta se formó allí dónde impactó el puño.
-¿Quieres saber de qué te sirve? -anunció una fuerte voz femenina tras el hámster. Éste enarcó las cejas, no tenía ganas de hablar con nadie- Te lo diré -se acercó más y posó su pata sobre el hombro del hámster- Te sirve para proteger a los seres que más quieres. Te sirve para cumplir tu venganza. Y te sirve para sobrevivir.
-No es asunto tuyo, Indigo -espetó André, retirando con un movimiento brusco de hombro la pata de su compañera.
-En el campo de batalla de los Knight of Color, la derrota no existe -anunció con tono solemne- Acepta esa premisa, y te volverás más fuerte.
-¿Insinúas que la muerte del señor Roben ha sido por mi debilidad? -exclamó André, girándose. Llevó la pata a la espada.
-Es algo que tu corazón te dice, no yo. Pero, como Knight of Color que eres, no puedes aceptar la derrota. Debes continuar caminando, esforzándote en la batalla, y vencer -esbozó una sonrisa- Aún no has perdido esta batalla, Orange.
André retiró lentamente la pata de su arma, y sus arqueadas cejas volvieron a su estado natural.
-Ya sabes lo que tienes que hacer, ¿verdad? -preguntó la Knight of True Indigo.
Sin mediar palabra, el hámster realizó una suave inclinación de cabeza dirigida a su compañera, y giró sobre sus talones, camino a la Sala del Trono.
-Entonces, hasta mañana. Bon nuit, Monsieur LaCousse -se despidió André en la misma puerta de la casa de su interlocutor. Éste asintió, se despidió, y cerró la puerta. Dentro le esperaba su esposa e hijos.
André salió del túnel de la madriguera, siendo saludado por la noche francesa. Suspiró, y lentamente se encaminó hacia su ronda nocturna antes de volver al hotel dónde se hospedaba. Desde hacía dos días, se encontraba en una misión de escolta. Dados los acontecimientos recientes, el Rey Arco había decidido que el Knight of Orange protegiera a los posibles objetivos de la Garra Oscura. Así pues, en esos momentos protegía al hámster con más papeletas de ser objetivo de la organización terrorista: Michael LaCousse, Ministro de Economía del gobierno francés.
Era un hámster que había financiado los costes de la organización Amitié durante su existencia, pero no podía decirse que conociera muy bien a los padres del Knight of Orange, lo que le supuso una pequeña decepción. Le habría gustado hablar con él sobre su padre. No obstante, André descubrió que era un señor bastante trabajador y entregado, nunca dejaba nada al azar y siempre estaba moviéndose. Él tenía que permanecer a su lado, como guardaespaldas.
Al menos, mientras la investigación determinara dónde se encuentran los asesinos que iban detrás de él y el resto de figuras políticas. El hámster lamentaba no poder estar con sus hermanas... pero suponía que ellas lo entendían.
Esa noche también era tranquila. Quizá el señor LaCousse no fuera el objetivo principal, o quizá los gatos se retiraran al verle. Terminaría de dar otra vuelta a los alrededores y volvería a su hotel, había sido un día agotador.
Desenfundó la espada y la mantuvo a la altura de su cabeza en diagonal, sintiendo el retroceso causado por el impacto del objeto.
-Parece que el poder del Arco Iris es tan impresionante como siempre -comentó la fuerte voz de un hámster, que André reconoció al instante. Bajó su espada y comprobó que la hoja no hubiera mellado. Sonrió al observar que no sufrió ningún percance. Un hámster saltó desde un árbol cercano, portaba en su pata derecha una pistola- Tu espada también es de buen metal. Normalmente suelen partirse tras el impacto de una Magnum -se encogió de hombros y se acercó a André.
-Hace mucho tiempo que no te veía, ya pensaba que estarías muerto -aseguró con sorna. Su interlocutor rió.
-A Número Uno no se le vence tan fácilmente. Veo que has conseguido que el Arco Iris se meta en la guerra -comentó.
-No exactamente. Estoy en una misión diplomática -se encogió de hombros André- De cualquier modo, ¿qué te trae por aquí?
-Lo mismo que a ti. La Garra Oscura está haciendo de las suyas por aquí, vengo a remediarlo -dio una voltereta a la Magnum sujetándola por el gatillo.
-¿Qué sabes? -enarcó André las cejas, serio. Apretó con fuerza la empuñadura de la espada. Número Uno le miró, cómo si debatiera entre darle o no la información. Finalmente, habló, sin mostrar ningún resquicio de satisfacción o aprobación en el tono de su voz.
-El “Rey de los Lacayos”, Número Diez de la Garra Oscura. Ése es el gato detrás de todo ésto -explicó. André apretó aún más la empuñadura.
-El número diez... ¡yo le pondré fin! ¡Dime dónde está! -urgió. Número Uno se dio la vuelta.
-No. Él es mi presa -aseguró, serio. Comenzó a andar- Oh, un consejo... La Garra Oscura se parece a una colmena... los zánganos no pueden alejarse mucho de su reina... o morirán -André esbozó una sonrisa tras la revelación de su compañero.
-Entiendo. Buena suerte en la caza -murmuró. Observó cómo el hámster escalaba el mismo árbol del que había aparecido y se perdía entre sus hojas. Suspiró y puso los brazos en jarras, esbozando una tenue sonrisa. Iba a ser una noche muy larga.
-¿Y bien? -preguntó André en francés. A su alrededor, se amontonaban los cadáveres sangrantes de tres gatos. Un cuarto se retorcía de dolor mientras el Knight of Orange ejercía presión con la espada sobre la pata derecha que tenía atravesada con la espada. El gato maulló dolorido.
-No... no te diré nada, maldita rata -en respuesta a su osadía, André hizo girar la espada dentro de la herida, cortando tendones. El gato bramó una maldición.
-Quizá te interese saber que soy médico. Conozco perfectamente la anatomía de los gatos, y no tengo problemas en causarte una muerte lenta y dolorosa -acompañando la acción a la palabra, sacó con rapidez la espada de la pata herida. El gato esbozó una cara de alivio, que pronto fue truncada por una mueca de dolor al sentir cómo el arma se clavaba en su vientre- Por aquí está el estómago -comentó frío, palpando con el arma los órganos del animal- Puedo destriparte vivo si quiero -amenazó. No obstante, el gato entendió que sus palabras iban en serio.
-Maldito... demonio... -masculló, falto de fuerzas- Hablaré... -aceptó al fin. Sólo quería acabar con ese sufrimiento- Nuestro jefe es el Número Diez de la organización... no tendrás nada que hacer contra él... -esbozó una mueca malvada- Pero si quieres encaminarte a tu perdición... lo encontrarás en el callejón de servicio del Part Dieu -explicó. André retiró la espada y cercenó la cabeza del animal.
-Has sido ajusticiado en nombre del Reino Arco Iris. Acepta tu castigo y desciende a los infiernos -le murmuró.
El Centro Comercial Part Dieu se encontraba en la antigua zona industrial de Lyon. Según el informe facilitado por el Reino Arco Iris, esa zona era muy peligrosa para los hámsters, ya que era el centro social de los gatos. Al parecer, las sobras de los restaurantes del Centro Comercial iban a parar a un callejón de servicio, dónde los gatos se agolpaban para recibirlas de los humanos o bien robarlas.
Pero esa noche el callejón estaba vacío. Sólo se escuchaban los maullidos de una hembra a lo lejos. ¿Quizá no estaba allí? No. André olisqueó el aire y sintió el olor de su enemigo. Estaba allí, en alguna parte.
Desenfundó la espada, precavido, y comenzó a andar hacia el interior del iluminado callejón. No había prácticamente ningún lugar a la sombra, gracias a dos potentes farolas que iluminaban toda la callejuela. Cada vez olía más a gato. Se detuvo cuando escuchó el maullar de un gato, algo similar a una risa. Apareció de entre una de las escasas sombras al final del callejón. Estaba solo. Su pelaje era rojo y sus ojos pequeños. Su cola era más larga de lo normal en un gato, y su estatura era media.
-Vaya, parece que alguien no sabe dónde se ha metido -comentó divertido- ¿Quieres jugar, pequeño? Soy el décimo gato más poderoso de la Garra Oscura. No sabes dónde te metes.
-Por orden de Su Majestad el Rey Arco del Reino Arco Iris serás ajusticiado por tus crímenes -dictaminó. Echó a correr hacia su rival, que no paraba de reír. El animal pegó un salto a tiempo para evitar el corte de André. Era rápido.
-No sé a que juegas -se lanzó sobre él, y André frenó sus garras con la parte poma del arma- Pero no tengo ganas. Llego tarde a una cita -ejerció presión y el Knight of Color tuvo que recular. Atacó nuevamente, produciendo un pequeño corte en la pata delantera derecha del gato. Éste bramó de furia y comenzó a saltar en diversas direcciones, tratando de golpearle. Pero André también saltaba, y dada su menor estatura, era mucho más difícil acertarle. El gato se llenaba de pequeños cortes mientras el guerrero permanecía impune.
El gato se detuvo un momento, para recuperar aliento. André no le quitó el ojo de encima mientras también se recuperaba. Sintió que algo se acercaba por la espalda. Giró justo a tiempo para interponer la espada entre él y la garra del gato, pero no pudo evitar salir despedido unos metros, chocando con la pared. Gimió y cayó al suelo, pero se recuperó inmediatamente.
-Cobardes -insultó a ambos animales, escupiendo sangre. Sintió un dolor punzante en el brazo derecho. Lo miró para comprobar que el hueso abultaba su codo, cómo si se hubiera descolocado. Maldijo su mala suerte. El golpe había sido más duro de lo que esperó en un primer momento. Y se enfrentaba a dos gatos.
-¡Esto acaba aquí, pequeño! -bramó el recién llegado gato, lanzándose contra André. Éste se movió con rapidez hacia la derecha, haciendo que el gato golpease su cara contra la misma pared. Subió a su espalda, y clavó la espada en su nuca. El animal gorgoteó antes de quedar inerte.
-No me gusta jugar en desventaja -comentó André en un murmullo. El brazo derecho le dolía horrores, y le costaba mantener el equilibrio. La cabeza le martilleaba a la par que el brazo que intentaba no mover. Pero su rival, lejos de preocuparse por su subordinado, continuó dando saltos, cada vez más próximos al espadachín. André suspiró, estaba cansado de jugar al ratón y al gato. En uno de los saltos del gato, cuándo ya estaba cerca de él, le imitó. Ambos se encontraron en el aire. André dibujó una sonrisa victoriosa y esbozó un tajo. El número diez de la Garra Oscura bramó de dolor al sentir cómo su carne, sus huesos... eran desgarrados. Se golpeó contra el suelo, incapaz de mantenerse en pie debido a la perdida de la pata superior izquierda. Maldijo a André mientras observaba, lleno de pavor, cómo de su cercenada pata brotaba el líquido carmesí de la vida.
-¡Escuchame, maldita rata de cloaca! ¡Yo soy el número diez de la Garra Oscura! ¡No puedo ser derrotado por un ser tan minúsculo como tú! -bramaba- ¡Te destriparé y me daré un festín después! ¿Me oyes? -continuó amenazando en vano.
-¿Porqué lo hiciste? -preguntó André, acercándose con el brazo derecho colgando. Tampoco había salido airoso del conflicto en el aire- ¿Porqué ordenaste asesinar a los antiguos miembros de Amitié?
-¿Amitié? Oh, sí... el último trabajo... ¡Ja! ¿Que porqué? Porque es divertido. Le debo a Gargamel el soplo -esbozó una sonrisa, mostrando todos sus colmillos- Tú tampoco te librarás. Acabaré con todos los hámsters de ésta ciudad, y después de la siguiente, y así hasta acabar con toda Francia.
-¿¡Has dicho Gargamel?! -exclamó André, ignorando la última amenaza.
-Oh... ¿conoces al número cinco? -se sorprendió el gato. Ya empezaba a costarle hablar y deliraba, había perdido mucha sangre- Gargamel tenía cuentas pendientes con alguna gentuza francesa... así que me ofrecí a hacerle el trabajo sucio. Es bueno tener contento a alguien que puede cortarte en pedazos si no le llevas la marca de leche que le pides -suspiró.
-¿Él te ordenó todo ésto? ¿Él está detrás de la muerte de Paul Roben? ¡Contesta! -ordenó André, iracundo. Alzó su espada, pero se detuvo. Escuchó un disparo, y una bala atravesó la frente del gato. Se giró para observar cómo, desde el resquicio de una de las paredes del callejón, Número Uno se encontraba tumbado, mirando a través de la mirilla de un arma con un largo cañón. Pasaría un tiempo hasta que André consiguiera discernir entre su diverso arsenal, así que no reconoció de qué arma se trataba. El hámster desmontó el arma con suma rapidez y la guardó en una bolsa. La sujetó a su hombro derecho y bajó.
-Te dije que era mi presa -saludó con una fina linea similar a una sonrisa. André enarboló su espada y enarcó las cejas.
-¡Me da igual! Yo sólo quería preguntarle... ¡él lo hizo, maldita sea! Ese maldito Gargamel... -balbuceó. Su cabeza estaba hecha un lío, y el brazo le dolía intensamente.
-Había perdido mucha sangre y sólo balbuceaba cosas inconexas. Si te interesa, investigaré sobre ésto... aunque yo de ti me iba preparando para represalias. Ha muerto el décimo de sus hombres más fuertes. Éso causará una guerra temporal para ver quién sube al puesto... debemos aprovechar y seguir atacando. Has entrado en la guerra, Número Cinco -anunció serio- Ahora ya no hay vuelta atrás.
-Tranquilo, no pienso perder hasta clamar venganza -el hámster sonrió frente a la aseveración del Knight of Color.
-Deberías mirarte el brazo -comentó algo más familiar. Era la primera vez que André oía a ese hámster preocuparse por su estado- No podrás luchar en ese estado.
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Respuesta #5 :
Junio 22, 2009, 11:39 »
Una antigua tradición del Reino Arco Iris consistía en lanzar al río Iris, cerca del límite del Reino, una flor del Arco Iris, que flotaría a través del río hasta caer al vacío, fuera de los límites del Reino Arco Iris. Entre los hámsters de aquél lugar persistía la creencia de que, si al mandar una flor al río, pensabas en un mensaje destinado a una persona querida ya difunta, ésta persona recibiría el mensaje.
Al fin y al cabo, las flores caerían sobre las nubes, dónde se encontraba esa persona. Al menos esa era la creencia de los hámsters del Arco Iris. El trío de hermanos dejaron reposar sus flores sobre la superficie del río, y observaron cómo el agua trasladaba sus sentimientos hacia las nubes.
-Papá, Mamá, Señor Roben... ahí van nuestros sentimientos, aceptadlos por favor -murmuró André sin desviar la mirada de las flores que desaparecían en el horizonte.
Ese día, André había recibido permiso de Su Majestad para tomar unas pequeñas vacaciones, que el hámster aprovechó para viajar al sur del Reino Arco Iris junto a sus hermanas. Allí, la vegetación era extensa y exótica, los tres hermanos quedaron sorprendidos al observar la diversidad de plantas que allí convivían. La noche llegó pronto, y decidieron acampar a la intemperie. Hacía más de un año que no lo hacían, comentó André mientras terminaba de preparar la cena tras encender una fogata.
Los tres disfrutaron de la noche campestre. Rieron mientras cenaban y contaban diversas anécdotas sobre sus recientes días en el Reino Arco Iris. Hacía tiempo que los tres no lo pasaban tan bien juntos. La noche cerrada les saludó con un cielo lleno de estrellas, que los tres hámsters contemplaron acostados sobre la hierba. Se mantuvieron en silencio observando el cielo durante unos minutos. Allí arriba, en el Reino Arco Iris, las estrellas se veían más nítidas y grandes que en París. Parecía que podían cogerlas sólo con alzar las patas.
-Sabéis... -rompió el silencio André, su voz suave y dulce, cómo si acabara de despertar de un agradable sueño- Cuando llegué a Palacio con el brazo en cabestrillo, y os vi llorando... Deseé volver a París. Deseé que todos pudiéramos sentarnos en la mesa del Club, y disfrutar de una comida tranquila mientras reíamos y jugábamos a juegos de mesa. Después saldríamos a pasear, y a la tarde veríamos la puesta de Sol desde lo alto del Arco del Triunfo -alzó el brazo derecho, completamente curado, hacia el cielo y sonrió- Pero el poder del Arco Iris es sorprendente, ¿no os parece? En sólo dos días mi brazo está como nuevo. Mi medicina es incapaz de explicar ésto -soltó un suspiro- Si se entera Paolo empezará a hacer montones de conjeturas absurdas... -rió.
Las hermanas de André giraron sus rostros hacia el hámster y sonrieron al verle feliz. Se mantuvieron en silencio, sabían que no había terminado.
-Sí... todos juntos -dejó de reír y su sonrisa se volvió una fina línea en los labios- Sabéis, chicas... Yo todavía quiero a Bijou -las hámsters enarcaron las cejas. André no había querido tratar nunca el tema, y siempre que decían algo que le recordara a la blanca hámster, su hermano se ponía triste- Ha pasado ya muchísimo tiempo desde que nos despedimos... ella se fue a Japón, y me pidió que me quedara con vosotras en París. Yo acepté sin rechistar, habría sido muy egoísta por nuestra parte haberos dejado tiradas -murmuró, rememorando los acontecimientos acaecidos hace tanto- Yo no me arrepiento de nuestra decisión. Pero hay momentos... en los que ella es la única capaz de llenar el vacío en mi corazón. Es muy egoísta por mi parte, os he traído aquí, al Reino Arco Iris, conmigo... sin siquiera preguntaros qué es lo que queréis para el futuro, sólo preocupándome por el mío. Estoy usando este poder, y las capacidades del Rey Arco, para encontrar a Bijou... -murmuró, disgustado consigo mismo.
-No hermanito -habló entonces Sophie con una dulce voz- No eres egoísta. Tú eres feliz aquí, el ser un Knight of Color te permite llenar parte de ese vacío al que nosotras no tenemos acceso. Y Arco, sabiéndolo, te permite buscar a Bijou.
-Yo la quiero... la quiero tanto... -sollozó. Marie y Sophie raramente habían oído a su hermano sollozar, mucho menos desde que la hámster se marchó- Algo ha tenido que ocurrir para que no nos mandara ninguna carta. Y tengo miedo de pensar en lo que puede ser.
-Pues entonces sólo tienes que encontrarla y preguntarle -le encaró Marie con una sonrisa.
-Sí... -un silencio cubrió a los hermanos durante unos segundos. Pero era un silencio agradable, lleno de sentido- ¿Sabéis? Lo peor de la tristeza es que te ciega y pierdes el rumbo. Y creo que éso me ha estado ocurriendo desde que ella se marchó. Lamento haberos arrastrado en mi viaje errabundo, chicas.
-Para nada -volvió a tomar la palabra Sophie- Nosotras hemos estado ahí, guiándote siempre, para que no te salieras de la ruta. ¡Nos debes una muy grande, hermanito! -exclamó riendo. André sonrió.
-Sí, vosotras me habéis mantenido a flote cuando el pilar de mi mundo se vino abajo... gracias, chicas. Ahora creo que ya es hora de que luche.
-¿Contra la Garra Oscura? -preguntó Marie en tono serio.
-Sí... es otro tema que me gustaría tratar con vosotras. Vinimos aquí por la amenaza de la Garra Oscura, y ya hemos perdido demasiada gente querida por culpa suya... -explicó algo seco- Pero lo cierto es que apenas os he hablado de ellos y de lo que estoy haciendo...
-¿Acabaste con el número diez, no? -preguntó Sophie. André se sorprendió de la naturalidad con la que hablaba.
-Sí. Bueno, lo remató Número Uno, pero yo me encargué del combate. Él ordenó matar a Paul Roben -detalló entristecido- Esta guerra será muy dolorosa, chicas... y no quiero que os veáis envuelta en ella.
-Mientras nos protejas no nos pasará nada -sonrió Marie.
-Os prometo... que atravesaré a Gargamel con la espada de la venganza que empuño. Y, entonces... todos podrán descansar. Cargaré con los pecados que hagan falta para que todo el mundo pueda ser feliz. Me convertiré en lo mismo que él por el bien de todos -sentenció el hámster naranja. Tras mantenerse unos segundos en silencio, suspiró y se incorporó- Bueno, creo que ya es hora de irse a dormir. Mañana tenemos que volver a Palacio.
Los tres hermanos se acurrucaron en sus respectivos sacos de dormir. El tiempo nocturno en el Reino Arco Iris no era demasiado frío, pero aún así prefirieron no dormir en la intemperie. Observaron las estrellas en silencio hasta que Morfeo acudió en su búsqueda.
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Respuesta #6 :
Julio 02, 2009, 14:32 »
Los tres Knight of Color se mantenían arrodillados frente a su rey en la Sala del Trono. Los hámsters habían sido llamados por urgencia por el Monarca, que se mantenía en silencio en su trono, con una sonrisa en el rostro. Los guerreros llevaban así más de quince minutos. ¿Porqué el Rey no les ordenaba alzarse?
Unos pasos acelerados rompieron la quietud de la Sala. Los pies de una pequeña hámster rubia ataviada con un traje amarillo del que colgaba una capa blanca que ondeaba tras ella debido al viento que levantaba en su carrera, llevaba sujeta en una de sus patas cubiertas por un par de guantes del color de la capa una carpeta. André no realizó ningún movimiento, siquiera se giró a comprobar de quién se trataba. Reconoció los pasos cómo una de las doncellas del Rey Arco, y también entendió entonces porqué les había convocado. Una misión. ¿Pero porqué reunir a los tres Knight of Color?
-Disculpad la tardanza, Majestad -se excusó la hámster, arrodillándose a la misma altura que los Knight of Color, sin siquiera dirigirles una mirada. Las doncellas de Arco, de entre las cuales el monarca escogería su Reina, tenían el mismo nivel de privilegios que los caballeros. Eso no significaba que debían ser “ariscas” con los Knight of Color, pero en cierta medida ésta doncella sí lo era. André no tenía ni idea de porqué, pero era algo que saltaba a la vista.
-No hay problema, Bonita. Por favor, pasame el informe -pidió Arco. La hámster se alzó servicial y tendió la carpeta a su amado Rey- Gracias, puedes retirarte -ordenó con una sonrisa. La hámster realizó una reverencia y abandonó la sala.
Cuando la puerta se cerró tras ella, el hámster abrió la carpeta y comprobó su contenido. Satisfecho, la colocó en el respaldo de su asiento y se levantó.
-Podéis levantaros, mis Colores -ordenó. Los tres hámsters acataron la orden. Arco sonrió- Hoy es un día muy especial. Anoche, el Sueño Arco Iris me mostró al cuarto Knight of Color... o debería decir la cuarta -los tres guerreros sonrieron suavemente- Su nombre es Gloria Abracanto, y ha sido elegida Knight of Yellow. Indigo, partirás inmediatamente conmigo a Italia para ponerla al día de su “nueva condición”. No me cabe duda de que aceptará, es una hámster muy impulsiva -rió- Blue y Orange, deberéis encargaros de prepararlo todo para nuestra llegada. Tras la entrevista personal, realizaremos la ceremonia. Tomad uno de los ficheros dentro de esa carpeta para informaros de vuestra nueva compañera. Indigo, te esperaré en el Puerto Arco Iris dentro de media hora. Podéis retiraros.
-Yes, Your Majesty -asintieron los tres Knight of Color. Abandonaron la Sala del Trono sin dar la espalda al Rey, que se mantuvo en su asiento, seguramente esperando a que llegase otra de sus doncellas.
Cuando abandonaron la Sala del Trono, Indigo echó un rápido vistazo a la información recopilada sobre su nueva compañera y la desechó.
-Prefiero conocerla en persona -detalló. Orange y Blue investigaron un poco más.
-Así que usa un arco -comentó André- No teníamos ninguna unidad de distancia, vendrá bien tener cubierta la retaguardia.
-Mira cuántos premios... de belleza, de canto, de baile... ¡parece una idol! -exclamó Blue.
-Y es joven... bastante joven -se sorprendió su compañero- Me pregunto de qué conocerá a Su Majestad...
-¡Parecéis dos mujeres en la peluquería! -les insultó Indigo con su fuerte tono- Dejad de cuchichear e id a cumplir la encomienda de Su Majestad.
-Sí, sí... -aceptaron los dos hámsters al unísono, con tono aburrido. Indigo suspiró, y sonrió.
-Es bueno que el Arco Iris se vaya completando -comentó en un murmullo, que los hámsters que caminaban en la otra dirección directos a cumplir sus ordenes no llegaron a escuchar. Seguramente, porque seguían comentando cosas sobre la ficha de la próxima Knight of Color.
-Es un placer. Mi nombre es Gloria Abracanto, y he sido escogida como Knight of Yellow -la hámster sonrió y observó a sus nuevos compañeros con interés. Se trataba de una hámster de mediana estatura, con pelaje blanco como la nieve pero una larga melena rubia que caía hasta la mitad de su espalda. Sus rasgos faciales la convertían en una hámster bella, sus pequeños ojos brillaban con luz propia y cualquier hombre se perdería fácilmente en sus iris carmesí. Su hocico tenía rasgos suaves y bien definidos, y sus labios no eran demasiado carnosos. Además, sus bigotes eran lisos y se notaba que los cuidaba con esmero. Su acento era suave, pero sonaba decidido- Juro proteger y servir a Su Majestad haciendo uso de mi arma, el arco Ojo de Halcón, herencia de mi familia. Conocí a Su Majestad hace cerca de un año, durante un viaje de placer al Reino Arco Iris. Cuándo le vi por primera vez, quedé prendada por su sentido de la moda. Ese día paseaba por el pueblo cómo cualquier habitante, sin corona ni capa... pero aún así, su traje azulado y su concha multicolor resaltaban y me llamaron la atención. Entablamos una agradable conversación tras la que me reveló que se trataba del Príncipe del Reino, por aquél entonces. Sentí tanta vergüenza que estuve varios minutos incapaz de hablar. Pero, como ya sabréis, el corazón de Su Majestad es grande, y la amistad que surgió entre nosotros nos ha mantenido unidos durante este largo tiempo -de repente calló y se llevó la mano a la boca- Creo que me he desviado un poco -comentó en un tono algo coloquial, al observar la mirada de aburrimiento de sus nuevos compañeros- Según Su Majestad, cada Knight of Color tiene una misión esencial que cumplir para ascender a Knight of True Color. Lo que mi corazón más ansia... es conocer la verdad sobre mi hermano. Cuando eramos pequeños, viajábamos con nuestros padres en un tren hacia Milán, pero hubo un descarrilamiento y mis padres murieron -relató algo entristecida- No se encontró el cuerpo de mi hermano, pero sí la bufanda azul que siempre llevaba atada al cuello. Por eso, quiero saber qué es de él. Si sigue vivo... o si ha muerto -se giró hacia el Monarca y realizó una reverencia- Y, por supuesto, seros útil, Majestad. Espero que seamos buenos camaradas -deseó ésta vez a los Knight of Colors. Éstos sonrieron y se alzaron de sus butacas. Aplaudieron a su nueva compañera, que sonrió.
-Creo que es hora de que nos presentemos nosotros también -comentó Indigo, visiblemente satisfecha con la nueva compañera. Tenían mucho de lo que hablar.
Esa noche, los Knight of Color celebraron su primera “fiesta de bienvenida”. Había sido una idea de la misma Knight of Color por la que celebraban la fiesta.
-La mejor forma de conocernos es echando un buen trago juntos -comentaba Yellow mientras bebía un poco de su copa de vino tinto.
-No me parece bien usar la Hacienda del Reino para éstas fiestas... y además, el alcohol no es sano -rebatía el Knight of Orange. Aún así, se había servido un caldo francés bastante caro y raro de encontrar.
-¡Venga ya, Orange! Yo creo que es una buena idea. Y un par de copas no hacen daño a nadie -comentaba Blue, sentado a su lado, pasando su brazo derecho por detrás del hombro del hámster y dándole un par de palmadas. El contenido prácticamente vacío de su copa demostraba que ya empezaba a beber de más.
-No hay nada mejor que una buena jarra de cerveza junto a tus camaradas, Orange -rebatió también la Knight of True Indigo dando un largo sorbo a su jarra- Es uno de los placeres del guerrero, deberías aceptarlo.
-Si a mi me parece bien -comentó, dando otro sorbo a su copa y bajando la mirada- Supongo que me he dejado llevar por mi experiencia como médico.
-Vaya, no me dijiste que estudiabas Medicina -se interesó Yellow.
-Bueno, la estudiaba hasta convertirme en Knight of Orange. Ahora mismo sólo me queda completar la tesis doctoral para obtener el Diploma, pero creo que lo tomaré con calma -observó su copa vacía y la llenó nuevamente- Ser un Knight of Color consume mucho tiempo, espero que estés a la altura -esbozó una sonrisa pícara.
-Descuida, no me quedaré atrás -guiñó un ojo- No obstante, supongo que habrá cosas que me tendréis que explicar más detalladamente. ¿Quizá alguno de vosotros, amables caballeros, se encargaría de detallarme algunos asuntos? -comentó sensual. Parecía que a Yellow también comenzaba a subirse el alcohol a la cabeza.
-Yo me ofrezco voluntario -sonrió Blue- ¡Hay que ver, al final Su Majestad tendrá que contratarme como guía oficial! -rió.
-Bueno, éste es el plan -comentó Orange mientras juntaba su espalda con la de Blue, ambos rodeados por un grupo de seis gatos- Le prometí a Yellow que no dejaría que te pasara nada. Así que me temo que no podemos perder.
-Qué curioso, yo le prometí lo mismo a tus hermanas -sonrió el hámster español- Parece que tendremos que esforzarnos para salir ilesos.
-¿Empezamos? -murmuró André. Los gatos se lanzaron al ataque, y lo mismo hicieron los dos Knight of Color. André cargó contra el trío de gatos que venían frente a él, cortando de un rápido sesgo la pata derecha a uno de ellos, que cayó al suelo bramando de dolor. Otro de ellos se lanzó con sus garras, pero lo esquivó de un salto y, aunque trató de caer encima de su lomo, el gato se retiró a tiempo y volvió a caer al suelo.
Por su parte, Blue ya había acabado con uno de sus enemigos cortando con sus espadas gemelas las patas traseras del animal y después clavando un arma en su vientre mientras con la otra frenaba las garras de otro de los enemigos. Había extraído la espada justo a tiempo del cuerpo del cadáver para frenar al tercer gato.
-Oye, eso está muy feo -murmuró, sintiendo cómo sus brazos flaqueaban. Realizaba un esfuerzo físico muy grande para evitar a ambos contrincantes. Finalmente, incapaz de continuar, se retiró con un gran salto.
Orange continuaba en su lid contra sus tres enemigos. El gato incapaz de moverse le golpeó en la espalda con la cola, que André cortó mientras era impulsado hacia la pared contigua. Esquivó el golpe contra el muro posando sus patas traseras sobre el mismo e impulsándose nuevamente hacia sus rivales. Rápido como una bala, clavó su espada entre ceja y ceja de uno de los gatos, y la extrajo justo a tiempo para alejarse de un salto. El único gato sano volvía a la carga, loco de ira.
Blue volvió al ataque, tras comprobar con un rápido vistazo que Orange no tenía problemas. Con una sonrisa, lanzó una de sus espadas a modo de lanza contra uno de los gatos, que se abalanzaba sobre él en un salto mortal. El arma se clavó en el corazón de la criatura, que cayó al suelo ya exánime. Sin preocuparse de recoger su arma, encaró al último gato con sólo su espada Mar.
Orange había ajusticiado al gato herido tras que éste volviera a tratar de golpearle con su cabeza, la misma que ahora rodaba algunos centímetros lejos del cuerpo. Sólo quedaba un rival. Enarcó las cejas y se lanzó al ataque. Sería rápido.
El Knight of Blue sonrió y extrajo la espada Sol del cadáver que había ensartado. Suspiró, Orange se acercaba a él con la espada chorreando sangre.
-Parece que se acabó la diversión -comentó el hámster azulado, encogiéndose de hombros.
-No bajes la guardia -comentó Orange. Blue suspiró.
-Ya, ya... aún así, no entiendo porqué Su Majestad nos ha mandado a los dos a esta misión. El poder de un Knight of Color es suficiente para arreglar ésto -comentó el hámster, echando a andar tras André. Se encontraban en una calle desértica, en un antiguo pueblo minero de Irak. Era de noche, y el frío viento sumado a las bajas temperaturas propias de la zona se calaba en los huesos de los hámsters. Pero el combate les había servido de calentamiento. Se encontraban allí por la información de que uno de los miembros de la élite de la Garra Oscura había sido avistado en esa zona. André rápidamente había pedido a Su Majestad ser enviado a la misión, pero éste insistió en que debía ir acompañado de Blue.
-Supongo que quiere ver cómo nos desenvolvemos en equipo -se encogió de hombros Orange- Yo creo que no lo hacemos mal, ¿no? -sonrió a su compañero, señalando con la espada la carnicería.
André caminaba despacio, pegado a la pared y con la espada desenfundada. Había entrado en la base enemiga, y ningún lugar era seguro. Tras él, yacía el cuerpo de un gato, le había frenado antes de que diera la alarma, pero quizá sus gritos y la batalla habían alertado a sus compañeros cercanos. Tras comprobar que nadie se acercaba, continuó su camino. Tenía una misión que cumplir.
-Entonces este es el plan. Tú te encargas del objetivo, y yo rescato a los rehenes -repitió Blue, como si tratase de memorizarlo- No me gusta que te quedes la parte divertida -se quejó con una sonrisa.
-Conoces mi deseo. Ésto es algo que debo hacer yo -comentó André, girando el rostro hacia la pequeña cavidad que se ocultaba en el sur de aquél desierto, no muy lejos de la ciudad minera- ¿Crees que Su Majestad se esperaba lo de los rehenes y por eso nos mandó a los dos?
-A saber -se encogió de hombros el hámster, echando a correr hacia la cavidad. André le siguió... tras derrotar a los guardas de la entrada, habían tomado caminos distintos. Habían quedado en una zona segura alejada de la guarida en dos horas, así que no había tiempo que perder.
André continuó corriendo dentro de la pequeña cavidad. Era grande, seguramente ampliada para el uso de humanos, pero abandonada al poco tiempo. Todo parecía demasiado tranquilo, no había encontrado ningún enemigo desde hacía varios minutos. ¿Una trampa? Pronto lo descubriría. Ante él se encontraba una verja metálica que cortaba el paso hasta lo más oculto de la cavidad. Dos gatos la guardaban.
-Por fin algo de acción -murmuró, desenfundando su espada.
André jadeaba y sudaba copiosamente. Pese a que el poder del Arco Iris le ofrecía resistencia extra, en el trayecto final había combatido contra un gran número de gatos, e incluso sufrido algunos daños. Su espada chorreaba sangre, y él mismo tenía el pelaje y la capa manchadas de color carmesí, en algunos casos suya. Se llevó la pata derecha al costado y esbozó una mueca de dolor. Ese último gato le había dado fuerte con la cola, antes de perderla.
Pero, por fin, ante él sólo restaba su objetivo. Aquél gato que se había mantenido al margen, observando cómo sus aliados caían uno a uno sin darles mayor importancia. Él era conocido como Cruelty Joe, Número Nueve de la Garra Oscura. Si la información era correcta, se trataba de un gato original de Estados Unidos... por lo que André se dirigió a él en inglés. Los Knight of Color recibían la capacidad de, aunque hablaran en su propio idioma, ser entendidos por todas las razas existentes en sus respectivos idiomas. André sabía que, si quería, podía hablar con los humanos o los gatos.
-Por orden de Su Majestad el Rey Arco del Reino Arco Iris serás ajusticiado por tus crímenes -enarboló la espada frente al animal. Su mirada era fría e inexpresiva. Orange no le había visto mover un sólo dedo desde que entró en la cámara de piedra y mandó a sus compañeros acabar con André. Ahora sus cuerpos recaían tras él, bañados en un mar de sangre.
Finalmente, el gato se posicionó lentamente para atacar. ¿A qué jugaba? André se lanzó al ataque, pero el gato lo esquivó de un salto. Volvió a arremeter contra él, persiguiéndolo, pero su enemigo sólo esquivaba sus ataques. El guerrero del Arco Iris se cansaba cada segundo que pasaba, y el costado le dolía cada vez más. ¿Ésa era su estrategia? El gato esbozó una sonrisa al comprobar que su plan funcionaba, pero esa perdida de concentración hizo que resbalara en los cuerpos de sus aliados caídos y tropezara. André aprovechó la oportunidad y atacó, pero sólo consiguió hacerle un corte en la oreja izquierda. Para su sorpresa, el gato gritó. Gritó y se revolvió entre los cadáveres de sus compañeros, tratando de huir a la desesperada.
-¡No me hagas daño! ¡Tú ganas! -bramaba. Orange le observó estupefacto- ¡No quiero luchar! Yo... ¡yo no estoy hecho para ello!
-Eres el Número Nueve de la Organización, no voy a caer en tus jugarretas -se atrevió a decir André. No entendía este cambio de actitud.
-¡Alcancé este puesto a base de extorsiones y asesinatos! Pero yo nunca manché mis manos. Siempre mandaba a mis subordinados... ¡por eso, no me mates! Yo no he hecho nada -suplicó, mientras continuaba tratando de huir. André suspiró y se acercó lentamente- ¡Por favor, te lo ruego! Yo... -no pudo continuar. La espada del Knight of Orange atravesó su garganta y sólo pudo soltar un gorgoteo antes de expirar. André extrajo rápidamente la espada y observó el cadáver con asco.
-Aunque nunca mancharas tus manos, sí mandabas a otros hacer tu trabajo sucio. Es por eso que el Arco Iris te ha ajusticiado -sentenció, dejándose caer al suelo. El costado le dolía horrores... pero aún tenía que volver con Blue.
Blue conferenciaba con los rehenes rescatados. Una quincena de hámsters aguardaban en el punto designado, mientras el Knight of Color se mantenía de brazos cruzados. Su rostro parecía preocupado, el tiempo se acababa y Orange no hacía acto de presencia.
Escuchó una voz desde lejos y en su faz se dibujó una amplia sonrisa.
-Llegas tarde.
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Respuesta #7 :
Julio 05, 2009, 10:27 »
El Knight of Orange se alzó de un brinco de su asiento y golpeó con fuerza la mesa.
-¡No podéis hablar en serio, Majestad! -exclamó. Sus compañeros le miraron sorprendidos. Ellos pensaban parecido, pero aún así...
-Sabía que dirías eso -sonrió Arco. Se levantó y recogió el paraguas de detrás de su espalda- ¿Lo decidimos en una batalla? -ofreció. Los Knight of Colors se alzaron al igual que Orange.
-¿Majestad? -ante la pregunta de André, Arco echó a reír y guardó su paraguas.
-Era broma -dijo entre risas. Dejó de reír y sonrió a sus caballeros- Conozco los peligros que entraña ésta misión, por eso quiero que seas tú, Orange, quién venga conmigo. ¿Os parece bien?
-Yes, Your Majesty -anunciaron los cuatro Knight of Color.
-Os protegeré con mi vida, Mi Rey -anunció el Knight of Orange arrodillándose frente al monarca.
Los pequeños caballos galopaban con rapidez ahora que habían pasado la frontera del Reino de las Nubes. El Rey Arco cabalgaba en un corcel blanco tras el Knight of Orange, que hacía lo propio sobre una yegua castaña. Cabalgaban en silencio, camino a la capital del Reino, dónde los recibiría el Monarca Cirro.
El Reino de las Nubes, como André había aprendido hacía tiempo en las conversaciones con Su Majestad, era un reino vecino al Reino Arco Iris. Era el encargado de proporcionar las nubes a la Tierra, y además en cierta medida estaba sometido al Reino Arco Iris.
Los hámsters que habitaban ese reino no eran animales con alma. Pese a que André no podía creerlo y, como médico, tampoco le había encontrado explicación, resultó ser que los hámsters que habitaban ese reino eran golems creados por el Reino Arco Iris, concretamente por el Rey una vez llegado determinado momento.
Sus funciones físicas eran similares a las de un hámster normal, exceptuando que eran incapaces de reproducirse (aunque sí se diferenciaban por sexos) y que, al morir, no dejaban un cadáver, sino que desaparecían convirtiéndose en gases. Además, también sentían el amor -o un sentimiento parecido- y su sociedad era un calco a la del Reino Arco Iris, con su propia monarquía.
Éstos golems eran conscientes de su condición, pero a lo largo de la historia del Reino, siempre se habían producido actos de rebeldía por pequeños sectores. Era algo normal, a nadie le agradaba saber que su mera existencia recaía en servir a otros.
Y esa era la razón por la que se encontraban allí. En las últimas semanas, un golem revolucionario conocido como “el Trueno Desolador” había cometido algunos atentados contra instalaciones del Reino Arco Iris y sus simpatizantes en el Reino de las Nubes. Así que el Rey Arco acudía a dialogar con el Monarca Cirro y pedirle que intensificara las patrullas para capturar a ese terrorista y asegurar la paz.
Ésa era la tapadera. En realidad, hacía un rato que el Knight of Orange y su Rey se habían desviado del camino más rápido para llegar a la capital.
-Sigo pensando que exponeros a un peligro tan grande no es la mejor opción, Majestad -murmuró André, disminuyendo la marcha y apostándose a la altura del Rey.
-Hay veces que para mover el caballo del rival, tengo que arriesgar el rey -comentó Arco- Y, por supuesto, cuando el caballo crea que podrá derrotarme, mi alfil lo devorará -sonrió.
-Yes, Your Majesty -aceptó André volviendo a su posición.
Continuaron cabalgando en silencio. André había tenido que aprender al llegar a Palacio, pero gracias a las clases intensivas de Indigo y Su Majestad era capaz de cabalgar con soltura. Aunque el trasero seguía doliéndole, se lamentaba en esos momentos.
Detuvo a su yegua y enarcó las cejas. Arco se frenó a su lado. El Knight of Orange desenfundó su espada y bajó del animal de monta.
-Majestad, por favor descended del caballo. Tenemos compañía -pidió Orange, acercándose lo máximo posible a su Rey. El hámster del Arco Iris descendió tranquilo.
-Empezaba a pensar que no aparecería -murmuró Arco con una sonrisa- Recuerda, Orange, son golems. Aunque parezcan hámsters, carecen de almas y no son más que instrumentos.
-Yes, Your Majesty -aceptó André. Se separó un instante del monarca para sumergirse en los arboles a su alrededor. Se oyeron los gritos de sorpresa de un hámster, y después el repicar de las espadas. Un grito agónico, y Orange salió un momento después- Un explorador, Mi Rey -comentó. Arco asintió- Recomiendo cautela. El resto deben estar cerca.
-Parece que mi plan va a salir bien, ¿eh? -comentó Arco algo coloquial y con una sonrisa de victoria en el rostro.
-Lamento haber dudado de vos, Majestad -se ruborizó levemente el Knight of Orange, bajando la cabeza.
-Sabes que no me gusta que me traten así... al menos podrías tutearme cuando estemos solos.
-No estamos solos, Mi Rey -André apretó con fuerza la espada y enarcó las cejas- Manteneros a cubierto.
Quizá al sentirse descubiertos por el Knight of Orange, o simplemente porque creían que era hora de pasar al ataque, un grupo formado por cinco hámsters salió de entre los árboles de un salto. Portaban armaduras azul oscuro y sus ojos eran rojos, como los del animal que había eliminado antes. No cabía duda de que también eran golems. Uno de ellos era más alto y viejo que el resto, y se adelantó un paso enarbolando una enorme espada, parecida a la de Indigo. El resto portaban espadas de una mano, aunque André pudo comprobar que en sus cintos colgaba una pequeña daga.
-Por fin nos conocemos, Tirano Arco -saludó con una reverencia burlesca el hámster- Nuestro pueblo lleva mucho tiempo oprimido por la tiranía del Arco Iris. Es por éso que he decidido luchar por nuestra libertad. Mi nombre es Pluvio, soy el “Trueno Devastador”, y me temo que no puedo permitirle llegar a Palacio.
-¡No te atrevas a blasfemar contra Su Majestad! -amenazó André apretando con fuerza su espada. Arco levantó su mano, y el hámster le miró sorprendido.
-¿Tienes alguna relación con el Rey Cirro? -preguntó el monarca.
-No tengo porqué responder... pero ya que vas a morir, al menos no te dejaré con esa duda -sonrió malicioso- El Rey Cirro es otro traidor. Un perro del Arco Iris, que no merece vivir tampoco. Después de acabar contigo pensamos formar una guerrilla y tomar el Reino.
Arco suspiró aliviado.
-Menos mal -murmuró. Sus ojos rosados se llenaron de tristeza- Orange -le convocó. André asintió y volvió a enarbolar la espada.
-Por orden de Su Majestad el Rey Arco del Reino Arco Iris, seréis ajusticiados por vuestros crímenes -dictaminó carente de sentimiento. Rápidamente, echó a correr hacia los cinco golems. Dos de los soldados cayeron rápidamente con rápidos sesgos de André, sin darles tiempo siquiera a desenfundar sus armas. Sus armaduras vacías cayeron al suelo con estrépito- Lo siento, pero tengo que dar buena imagen frente al Rey -sonrió, mientras cortaba la cabeza a un tercero.
Giró la espada justo a tiempo para frenar la estocada de Pluvio. El último de sus lacayos se acercó a André, pero éste le dio una patada y lo lanzó al suelo. Aprovechando el impulso, dio una voltereta lateral, para liberar su espada de la estocada del Trueno Devastador. Su rival ya se había levantado, y trató de asestarle un golpe final en el suelo. Pero André continuó rodando y lo evitó, tras lo que se levantó rápidamente y de un sesgo directo cortó al golem a la altura de la cintura, haciéndole desaparecer en una neblina.
-¡Maldito perro del Arco Iris! -le insultó Pluvio- ¡Con tu poder deberías derrocar al Tirano! -dijo, mientras alzaba su espada contra André por encima de su cabeza. Éste sólo tuvo que hacer una rápida finta para atravesar el estómago de su enemigo, que quedó paralizado.
-Mi lealtad está con el Rey Arco. No permitiré que nadie le insulte -murmuró, tras lo que giró su espada dentro del cuerpo de Pluvio, que inmediatamente desapareció, dejando una armadura vacía que se mantenía sobre el filo de la espada. André enarboló hacia abajo el arma, dejando caer las piezas de armadura, y realizó una reverencia a Su Majestad- Misión cumplida.
El sonido del tortazo alertó a Orange, que entró dentro del aposento del Monarca. Hasta entonces había estado haciendo guardia en la puerta, mientras el Rey conferenciaba con la doncella Guapita. Al entrar, observó como la hámster de traje rojo lloraba y mantenía la pata derecha levantada. Arco se había llevado su propia pata al moflete sonrojado por el golpe. La marca de la pata de la hámster era claramente visible.
-¡Sois estúpido! -gritó, a la par que abandonaba la sala, sin percatarse del Knight of Color. El hámster la siguió con la mirada hasta que cerró la puerta de un fuerte golpe. André entonces avanzó hacia el Monarca, que seguía en shock.
-¿Os encontráis bien, Majestad? -se atrevió a preguntar. Arco le observó cómo a un desconocido durante un instante, hasta que cayó en la cuenta de quién se trataba.
-Está bien, me lo merezco -sonrió apesadumbrado, bajando las patas- Le he explicado nuestra misión... y era de esperar -suspiró- No quiere que ponga en peligro mi vida... -se sentó sobre su cama y se mantuvo unos segundos en silencio- ¿Sabes, Orange? Hace unos días los nobles me apremiaron a escoger esposa. Es normal, a mi edad Padre ya había desposado a Madre y yo ya me gestaba en su vientre... La tradición marca que el Rey debe escoger a su Reina antes de que el Arco Iris esté completo. Y no queda mucho tiempo.
-¿Mi Rey? -se atrevió a preguntar André.
-Anoche el Sueño Arco Iris me mostró al quinto Knight of Color. Bueno, no exactamente... sólo pude ver su silueta, una mera sombra. No es la primera vez que ocurre, supongo que considera que aún no es el momento para nombrarlo Knight of Color -explicó, encogiéndose de hombros- Durante la misión pude pensar largo y tendido sobre mi relación con las doncellas -volvió al tema principal, pero calló al recordar los malos recuerdos que atormentaban a su interlocutor cuándo se trataban temas de amor.
-Os escucho, Majestad -le permitió continuar Orange.
-Las quiero a todas... y ellas me quieren a mi, lo sé. Por éso, escoger es una decisión muy dolorosa. Tras mucho pensar, me decanté por Guapita. He decidido contarle nuestra misión secreta para ver cómo reaccionaba... y bueno, ya has visto el resultado. No sé qué pensar.
-Mi Rey -interrumpió André, desenvainando su espada y clavándola en el suelo, tras lo cual se arrodilló- No podéis dudar. Los Knight of Color somos vuestra Espada, cumpliremos vuestros designios sean cuales sean. Vuestro Juicio siempre será correcto mientras nosotros lo cumplamos. Por lo tanto, no debe tener miedo al error, ya que para los Knight of Color no existe. Yo me convertiré en vuestra Espada para cortar los miedos que os atormenten y para ser vuestra fuerza. Y la doncella que escojáis se convertirá en vuestro Escudo, aquella persona en la que podréis confiar lo suficiente como para poner vuestra vida en sus manos. La doncella Guapita es consciente de ello y por tanto le ha causado una gran molestia que os jugarais la vida sin contar con ella. Si se me permite la observación, creo que éso demuestra cuánto desea ser vuestro Escudo.
-Entiendo, Orange... muchas gracias, puedes levantarte -ordenó Arco con una sonrisa. Una débil e irregular llamada a la puerta alertó a los dos hámsters- Puedes retirarte.
André realizó una reverencia y se dirigió hacia la puerta. La abrió y observó cómo Guapita se mantenía al otro lado, sonrojada y con la mirada baja, triste y avergonzada al mismo tiempo. El hámster le dirigió una rápida mirada y pasó a su lado sin decir una palabra. No obstante, al quedar tras ella, se detuvo.
-Conviértete en su Escudo -le indicó. Guapita alzó la cabeza y corrió hacia el interior del cuarto, lanzándose sobre el pecho del Monarca, al que abrazó con fuerza y echó a llorar. André cerró la puerta con una sonrisa y se encaminó hacia sus propios aposentos.
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Respuesta #8 :
Julio 12, 2009, 15:05 »
Los Knight of Color estaban reunidos en la Sala de Audiencias, esperando a Su Majestad. Se mantenían de pie tras su respectiva silla, sin atreverse a romper el silencio.
El Rey Arco hizo su entrada en el cuarto, seguido por una hámster de su misma altura. Su pelaje era una mezcla de color blanco en el pecho, que se tornaba rojo en el lomo. En su cabeza, la piel roja caía formando un triangulo hasta su nariz. Las pupilas moradas de aquella hámster se cruzaron con las de los Knight of Color. El Rey Arco tomó asiento en la réplica de su trono y la joven se mantuvo a su derecha. Ordenó a sus caballeros tomar asiento.
-Mis Colores, hoy es un día especial, ya que celebramos la llegada de una nueva compañera. Con ella, el Arco Iris está cada vez más cerca de ser completado -anunció Arco, señalando a la hámster de pelaje rojo con la palma abierta, invitándola a presentarse.
-Knight of Red, Margareth Wilson -se presentó. Su voz era fría y apenas audible. Calló. Tras unos segundos cubiertos por un silencio inquieto, Arco carraspeó.
-Bueno... conocí a Red en las pruebas de selección del equipo olímpico de Inglaterra. Ella era participante en uno de los equipos y, aunque no ganó, forjamos una buena amistad. Es una hámster bastante fiel, estoy seguro de que... -calló, al observar cómo la hámster se giraba hacia él bruscamente y enarcaba las cejas. Red se arrodilló y bajó la cabeza.
-Es un honor ser uno de vuestros Colores, Majestad -anunció. El hámster asintió y rió nervioso.
-Bueno, mis Colores... presentaros a vuestra nueva compañera, por favor -pidió el monarca del Reino Arco Iris.
-Como te digo... No abrió la boca en ningún momento durante la visita, salvo para preguntarme varias cosas muy puntuales -Blue se llevó las patas delanteras por detrás de la cabeza mientras caminaba- Es una chica muy extraña...
-Bueno, supongo que sólo será algo tímida. ¡Esta noche la emborrachamos y ya verás como se va de la lengua! -rió André, a su lado. Ambos caminaban por los pasillos de Palacio, camino a los aposentos de la Knight of Red, que se encontraban junto a los del Knight of Orange. Encontraron a la hámster en la entrada de los mismos, observando la puerta de madera de roble con ojos perdidos- Quizá ya te lo haya explicado Blue, pero puedes pedirle al Señor Lim que cambie cualquier cosa de tu habitación. Incluida la puerta, claro -comentó el hámster con una sonrisa cuando llegaron lo suficientemente cerca. La hámster les miró sin decir nada.
-Red, nos ha mandado Yellow para invitarte a una fiesta de bienvenida. ¡Los Knight of Color tenemos nuestra propia forma de celebrar que el Arco Iris se vaya formando! -rió.
-En otras palabras, un botellón -suspiró André- No soy muy asiduo a la bebida, pero esta es una ocasión especial, así que... ¿qué te parece si...? -el Knight of Orange no terminó la frase, al comprobar que estaba hablando al aire. La hámster que unos instantes se encontrara delante suya había entrado en su cuarto y cerrado la puerta tras de sí sin decir nada.
-Vaya, parece que no quiere venir -se rascó la cabeza Blue- Desde luego es una hámster muy rara.
Habían pasado ya varios días desde la llegada de la Knight of Red. Arco estaba sorprendido con la eficacia de la hámster a la hora de realizar misiones. En esa semana, le comentaba uno de los encargados del equipo de investigación, la Knight of Red había cumplido más de diez misiones, varias de ellas de rango B incluso. El hámster no tenía reparos en anunciar que la Knight of Red estaba haciendo un gran trabajo y demás halagos. Pero Arco apenas le escuchaba, sus pensamientos estaban inmersos en otros problemas... ¿Porqué la roja hámster se comportaba tan fría? Ella siempre había sido así, pero esperaba que con la presencia del resto de Knight of Color se volviera un poco más amigable...
Suspiró, rompiendo la compostura, y eso provocó que su informador callara. Rápidamente se disculpó, anunciando que estaba cansado y que se retiraba a sus aposentos. El informador realizó una reverencia y el monarca se levantó, camino a sus aposentos.
-¿Y bien? -preguntó André, enarcadas las cejas- ¿Cuánto tiempo piensas permanecer en silencio e ignorando a tus compañeros? -imprecó a la pequeña hámster de pelaje rojo. Ésta siquiera le miraba, tomaba su té cómo si no hubiera nadie alrededor- ¡Somos Knight of Color! Si no estás dispuesta a cooperar con nosotros, jamás podrás formar parte del Arco Iris -le espetó.
Un instante después, Orange sintió cómo un frío metal rozaba su frente. Había sido demasiado rápido. La Knight of Red se había levantado, extraído de debajo de su capa una pistola y apuntaba con ella al Knight of Orange en la frente, con el dedo en el gatillo. En sus ojos brillaba una chispa que André nunca había visto en ella.
-¡Ey, ey, Red! Ya vale -se interpuso Blue, pero André alargó una de sus patas para hacerle callar.
-Está bien. Dispara, y escupe a la confianza que Su Majestad ha puesto en ti, Red -pidió André. La hámster dudó unos segundos, pero finalmente retiró la pistola.
-Esta tarde, a las cinco, en el jardín trasero -murmuró la hámster, marchándose sin decir nada más. Los dos hámsters se encogieron de hombros.
Las explosiones de la pistola se oían en cualquier parte del jardín. En esos momentos, André corría, tratando de encontrar a la Knight of Red, que parecía enzarzada en un combate contra Blue. Comprobó su espada: estaba manchada por todos lados de pintura roja. Como les había explicado Red antes del comienzo del combate, no usaría balas de verdad, sino otras de pintura. Un sólo golpe en su cuerpo equivalía a la derrota.
La Knight of Red disparaba fríamente, sin piedad. André comprendió enseguida cómo había conseguido cumplir tantas misiones en tan poco tiempo: su estilo de combate era implacable.
Sonrió. ¡Era muy divertido! No obstante, su felicidad duró poco. Sintió cómo la boca de metal del arma de la Knight of Red se posaba arriba de su nuca. El hámster levantó las patas tras dejar caer las patas y cerró los ojos.
-Tú ganas -aceptó. Red retiró el arma unos segundos después.
Blue reía, tirado en el suelo y con una de sus espadas clavadas, mientras la otra posaba sobre la hierba. Estaban llenas de pintura roja, al igual que el hámster. Apoyó sus patas sobre la espada clavada en el suelo y se incorporó.
-¡Ha sido interesante! -exclamó el hámster- Nunca me había enfrentado a una pistola, espero que volvamos a hacerlo -sonrió.
André a su lado también sonrió. Iba a incorporarse, cuando la Knight of Red le tendió la pata. Orange la cogió sorprendido, y la hámster le ayudó a levantarse. El guerrero se sorprendió de la fuerza de la tiradora, aunque no era suficiente para levantarle por sí sola.
-Margareth Wilson, Knight of Red. Utilizo una Magnum llamada Trust, pero también tengo destreza con otros tipos de armas de fuego. Conocí a Su Majestad durante la prueba de selección del equipo que representaría a mi país, Inglaterra, en las Olimpiadas -explicó- Su Majestad me indicó que mi fuerza y lealtad sería algún día útil para el Arco Iris, así que continué entregándome con las armas de fuego. Antes de ser nombrada Knight of Red, trabajaba para la Interpol -calló un segundo, dudando de si contar lo siguiente o no- Mi misión esencial... es encontrar a alguien en quién pueda depositar mi total confianza -murmuró levemente sonrojada, apartando la vista.
Blue y Orange se mantuvieron en silencio durante toda la explicación, y, una vez ésta terminó, sonrieron.
-Es un placer, Knight of Red -anunciaron ambos a la vez.
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Respuesta #9 :
Julio 24, 2009, 13:15 »
Las trompetas resonaban alrededor de todo el Reino, haciendo saber a todos los habitantes que la hora de la unión había llegado.
En la inmensa capilla se reunían toda la nobleza importante del Reino Arco Iris, así cómo el Monarca Cirro y diversos ministros y jefes de Estado de los países de la Tierra que mantenían una relación fluida con el Reino. Las hileras estaban a rebosar de hámsters que conferenciaban entre ellos, ansiosos por la entrada de los protagonistas del día.
Los Knight of Blue, Red y Yellow esperaban tras el altar, tras el Sumo Sacerdote del Arco Iris, que oficiaría la ceremonia. Los otros dos caballeros en esos momentos abrían las inmensas puertas de madera de roble al fondo de la capilla, permitiendo a los invitados vislumbrar a los dos hámsters que, en aquel día tan señalado, serían el centro de atención de todo el Reino y gran parte del mundo.
El Rey Arco vestía con un traje multicolor similar al que llevaba siempre y a su espalda ondeaba una capa de los mismos colores tapando su paraguas. En su rostro se dibujaba una amplia sonrisa, mientras en sus mejillas predominaba el rojo. A su derecha, el Knight of Orange aguardaba orgulloso.
En cuanto a la novia, contaba con un vestido blanco que cubría todo su pelaje, la cabeza cubierta por un velo del mismo color que le cubría el rostro. Aún así, saltaba a la vista que ella también se mostraba roja como un tomate. A su izquierda se erguía la Knight of True Indigo.
Comenzó a sonar la marcha nupcial, y los dos hámsters iniciaron el avance a la vez a través de una larga y ancha alfombra multicolor. Tras ellos los Knight of Color hicieron lo propio, guardando la distancia, orgullosos por tal honor.
Cuando pasaban al lado de los invitados sentados en las butacas, éstos inclinaban la cabeza y el pecho en sumisión. Pero tanto Arco como su amada no les prestaban atención, sus ojos estaban clavados en el altar frente a ellos.
Finalmente alcanzaron la tan ansiada meta y se sonrieron mutuamente. Todos los Knight of Color desenfundaron sus armas y las bajaron en sumisión, mientras el Sumo Sacerdote realizaba una reverencia.
Arco y su novia subieron los tres escalones que los separaban de estar a la misma altura que el altar, y el sacerdote se levantó. Abrió el libro que llevaba entre las patas y sonrió.
-Estamos aquí reunidos... -inició la ceremonia. Los Knight of Color aguardaron con sus armas en sumisión durante todo el sermón. Los nobles, en silencio, observaban la ceremonia ilusionados. Tras la charla religiosa sobre las virtudes del Matrimonio y de la unión bajo el Arco Iris, el Sumo Sacerdote cerró el libro- Majestad, Rey Arco... ¿deseáis tomar a la Doncella Preciosa cómo vuestra legítima esposa para vivir con ella bajo la luz de los colores del Arco Iris? -preguntó. Arco tragó saliva, nervioso.
-Sí, quiero -asintió sin un ápice de duda, desviando la mirada a la doncella de cabellera roja, que le miraba encandilada. El sacerdote asintió.
-Y tú, Doncella Preciosa... ¿deseáis tomar a Su Majestad, el Rey Arco, cómo vuestro legitimo esposo para vivir con él bajo la luz de los colores del Arco Iris? -cuestionó. La hámster esbozó una gran sonrisa.
-Sí, quiero -aceptó, sin despegar la vista de aquél hámster que había amado desde niños. El Sumo Sacerdote asintió nuevamente y, con una sonrisa, habló.
-Entonces, por la gracia del Arco Iris, yo os declaro marido y mujer. Majestad, podéis besar a la novia -le invitó.
Arco no se lo pensó dos veces. Retiró con cuidado el velo que cubría el rostro de la hámster, y pasó una de sus patas suavemente por sus sonrosadas mejillas. Acercó su rostro al de ella y se juntaron en un apasionado beso.
La capilla irrumpió en aplausos y vítores, mientras los Knight of Color alzaban sus armas al cielo.
-All Hail the Rainbow! -exclamaron al unísono. Repitieron la frase un par de veces, hasta que toda la capilla se unió al vitoreo.
Mientras tanto, Sus Majestades continuaban con su apasionado beso, ajenos a lo que ocurría a su alrededor, sólo conscientes de la existencia del otro.
-¿Dónde está tu jefe? -preguntaba André a ese gato en portugués. Mientras tanto, cortaba lentamente la única pata delantera que le quedaba al animal. Éste maullaba de dolor- No tengo todo el día -amenazó. Efectivamente, el Sol empezaba a ponerse por el horizonte.
-Como si fuera a... -no pudo continuar, presa del dolor- ¡E...Está bien! Sólo quiero acabar con esto... maldito demonio... -murmuró- El número ocho... Claw the Killer... en la mina... -no pudo continuar, ya que su cabeza cayó rodando al suelo.
-Odio las minas -espetó André molesto.
André mantenía su espada desenfundada y corría por el interior de la antigua mina humana. El suelo estaba cubierto de un líquido rojo, y cuerpos de gatos se amontonaban en cualquier lugar. Parecía que se había librado una cruenta batalla, sólo podía haber sido...
-Número Uno -le saludó con tono seco. El hámster se encontraba allí rodeado por un grupo de gatos con diversos agujeros de disparo por el cuerpo. Estaba sentado sobre el lomo de un gato algo más grande que el resto, de pelaje negro y mirada malvada.
-Ya era hora -suspiró, saltando lejos del animal- Venías buscando a éste tipo, ¿no? -comentó, girando la cabeza hacia el cadáver- A Número Ocho... -reveló, escupiéndole.
-Así que te has encargado tú de él -murmuró André, algo alicaído.
-Alegrate, te he quitado un problema de encima -sonrió sarcástico- Este tipo me ha enfadado bastante -comentó ausente. Se dirigió hacia André y le miró severo- Nos están sobrepasando -espetó.
-¿Sobrepasando? -preguntó el Knight of Orange, lejos de amedrentarse por la mirada de odio de su compañero. Número Uno suspiró cansado.
-Hace una semana, los hámsters asignados del Número Seis al Número Diez por la Garra Oscura fueron asesinados, y sus familiares y allegados corrieron la misma suerte poco después. Parece que están bastante molestos por la perdida de sus hombres -relató. André sintió un escalofrío. ¿Así, tan fácilmente habían acabado con la mitad de su lista negra?
-Pero entonces... -murmuró el hámster, tratando de asimilarlo todo.
-Tanto tú como tu familia y amigos estáis en peligro, Número Cinco -resumió los pensamientos que volaban de un lugar para otro en la mente del joven hámster naranja.
Las pisadas se sucedían rápidas y estruendosas por los pasillos de Palacio. El Sol hacía un rato que había desaparecido, pero el hámster, aún conociendo que estaba forzado a esperar, no quería perder un segundo. Irrumpió en sus aposentos abriendo la puerta con fuerza. Sus hermanas le esperaban dentro, preparando la cena y poniendo la mesa. El hámster se acercó a ellas y rompió a llorar, abrazándose a ambas.
-...Y así están las cosas -explicó André, con los brazos cruzados. No había probado el te que su hermana le había servido- Os agradezco Majestades que hayáis decidido cenar esta noche con nosotros -añadió.
-Orange, mañana en cuánto el Sol emerja por el horizonte crearé un Arco Iris para que puedas bajar a París -anunció el Rey Arco. Sujetaba bajo la mesa la pata a su esposa, la Reina Preciosa, que sonrió- Es una situación de carácter extremo, así que tienes mi permiso para avisar a tus allegados.
-Gracias Mi Rey -el hámster realizó una suave reverencia- ¿Puedo pedir que las Lady of Brown me acompañen en el viaje?
-Por supuesto -asintió Arco. Las dos hámsters agradecieron la benevolencia del Rey e inclinaron sus cabezas en agradecimiento- Tomadlo como un pago por esta deliciosa cena -rió. Desde la boda, pensó André mientras sonreía por primera vez desde que llegó al Reino Arco Iris esa tarde, el monarca parecía mucho más feliz. Reía más a menudo y parecía disfrutar más. Quizá tener una compañera sentada en el trono a su izquierda era lo que le hacía falta.
Esa noche, André no podía dormir. En esos momentos se encontraba en los jardines exteriores de sus aposentos, nadando en su piscina. El agua estaba fría, y la única luz que alumbraba el ondulante líquido era la de la Luna. Recorrió varias veces el trayecto de la piscina, de unos 200hm de longitud. Le ayudaba a tranquilizarse, a perderse en el agua, olvidando sus problemas. Era algo a lo que recurría a menudo desde que había llegado al Reino Arco Iris. Escaló por la escalera de metal, preparado para otro chapuzón... cuándo alguien puso una toalla frente a él.
-Merci -murmuró André con una suave sonrisa. Era la primera vez que hablaba en francés desde que había llegado a Palacio. Recogió la toalla y comenzó a secarse- Perdona si te he despertado -continuó hablando a la hámster en las sombras.
-Para nada -respondió ésta, bostezando- Simplemente tenía que ir al aseo, y oí cómo te lanzabas al agua -se encogió de hombros- Pensé que, como siempre, se te habría olvidado la toalla para secarte así que vine a traerte una... ¡no quiero que vuelvas a llenar el salón de agua! -le recriminó con una sonrisa.
-Ya te dije que lo sentía -rió. La luz de la Luna bañó las facciones de su cara, y su hermana observó cómo en sus ojos volvían a aflorar las lágrimas que las sorprendieron cuándo el hámster volvió de su misión- Quiero ir a París... no puedo esperar. ¿Sabes? No puedo dormir... porque en estos momentos pienso en el Reino Arco Iris como una jaula. Nunca me había sentido así en este lugar. Vine, porque pensé que si servía al Rey Arco sería feliz, sería capaz de llenar el vacío que ella dejó en mi... -calló un segundo- La libertad que Su Majestad me brinda... la capacidad de visitar cualquier punto del mundo sólo con pedirlo, es algo maravilloso. Me siento realmente libre -sonrió amargo- Pero ahora es distinto. El Reino Arco Iris es como una jaula, como si viviéramos con humanos... estamos obligados a volver antes del anochecer para que no nos eche en falta nuestro “amo”. No puedo culpar a Su Majestad porque sus poderes estén en parte limitados a la luz solar, lo comprendo porque entiendo el funcionamiento de los Arco Iris, pero, aún así... -suspiró- Ahora mismo me siento como uno de esos hámsters domésticos, atado de pies y manos a las voluntades del Sol... sin posibilidad de escapar del Reino en la noche -volvió a callar- En fin, será mejor que vayamos a dormir. No querrás que nuestra hermana despierte, ¿no? -suspiró- Pierre y los demás estarán bien, estoy seguro... -murmuró- Sí, seguro... -repitió, tratando de apartar sus miedos, sus dudas.
-¿El Knight of Orange? -preguntó la dorada hámster en la oficina de Atención al Cliente de DisneyLand. A su lado se encontraba también un hámster un poco más joven de pelaje blanquecino. Su lomo, sin embargo, estaba cubierto por pelo grisáceo, y llevaba en la cabeza una gorra ajustada con los colores de la bandera francesa.
-Así es -contestó el director del parque, un alto y regordete hámster- El Knight of Orange ha venido esta mañana temprano para pedirme que os diera el día libre. Tratándose de una celebridad tal, y contando con el respaldo del Rey Arco del Reino Arco Iris, no he podido negarme. Podéis iros, chicos. Nos vemos mañana -sonrió.
-¡Sí, señor! -aceptaron los dos hámsters. Salieron de allí con rapidez, derechos al Club de la Francia-Ham, dónde seguramente les esperaba el Knight of Orange... su líder.
-...Y así están las cosas, chicos -terminó de hablar André. El Club, que hasta entonces rebullía de felicidad por el encuentro, se volvió tenso y silencioso. Los pequeños de Pierre y Sandrine jugaban en la sala de al lado con unos juguetes que el Knight of Orange había traído del Reino Arco Iris, mientras los adultos hablaban con sus compañeros- He venido lo más rápido que pude, preocupado por vuestra seguridad... por suerte, sólo me he preocupado de más -sonrió- Os he echado mucho de menos a todos, chicos. Gracias por venir.
-No nos quedaba otra -comentó Sebas suspirando- Si vas a nuestros jefes apelando a tu rango y les dices que nos den el día libre...
-A Chef Ham no le ha importado. De todos modos los martes no suele haber mucha clientela -comentó François, uno de los gemelos. André asintió.
-Entonces... ¿vendréis conmigo al Reino Arco Iris? Comprendo que tenéis humanos, pero no podéis exponeros a un peligro tan grande... Estaréis mejor allí hasta que me encargue de ellos.
-No podemos, André -se rebeló Pierre- Si vivimos con miedo, nunca podremos avanzar. Además, no es tan fácil abandonar a los humanos. Yo todavía me pregunto cómo se sentirá mi compañero... -André golpeó la mesa con fuerza, sobresaltando a todos los presentes.
-No quiero entrar en esa discusión, Pierre -explicó carente de sentimiento en su voz- Debéis venir... ¡Esta guerra se ha cobrado ya demasiadas victimas! -gritó. Sus amigos bajaron la cabeza apesadumbrados- Estoy seguro de que lo habéis leído en los periódicos... Paul Roben y otros famosos ministros murieron hace unos meses -murmuró- Yo estuve con Paul Roben unos días antes de su muerte. Le dije... que la Garra Oscura iba tras él y que me permitiera ser su guardaespaldas. Él se negó... y fue asesinado -golpeó con fuerza la mesa y cerró los ojos, tratando de ahogar las lágrimas- No quiero... ¡me niego a que os pase lo mismo! -exclamó.
-André... te hemos tenido de líder estos años, ¿de verdad te crees que nos van a despachar tan fácilmente? -rió Sandrine.
-Me encargaré de preparar rutas seguras para los Fran-Hams, y trataremos de salir lo menos posible. Pero nosotros nos quedamos aquí -aseguró Pierre.
-El Reino es divertido -aseguró Sophie- ¡Tendríais que darle una oportunidad! -tenía que ayudar a su hermano. Ella tampoco quería que les pasara nada.
-Está bien Sophie -la contrarió el Knight of Orange- Pierre... permiteme al menos que envíe algunos soldados de la guardia de Su Majestad para que vigilen los alrededores, ¿de acuerdo? No tendrán ninguna palabra con vosotros, pero estarán ahí por si ocurre algo.
-Me parece bien -aceptó el hámster- ¿Y a vosotros? -preguntó a sus amigos y esposa. Todos asintieron.
-Entonces... ¡vamos a disfrutar de una divertida tarde todos juntos, Fran-Hams! -rió el líder del Club de la Francia-Ham.
-Muchas gracias por haber acudido a la lectura de mi tesis doctoral -hablaba André a través del micrófono apostado en el pequeño pedestal sobre la tarima sobre la que estaba subido. Tras él se encontraba una pizarra blanca y algunas anotaciones que había escrito previamente. El auditorio de la Universidad de Medicina de París estaba a rebosar. Antiguos compañeros del hámster, sus seres allegados, sus profesores... y Su Majestad- Agradezco especialmente la presencia del Rey Arco del Reino Arco Iris, sin el cuál éste estudio no habría sido posible. Lo que se detallará en la lectura de la tesis es una explicación biológica sobre una de las razas de hámsters: los hámsters del Arco Iris. Hasta ahora, todo lo relacionado con los cambios biológicos de los hámsters del Arco Iris constataban un gran secreto, pero Su Majestad me ha dado permiso para exponer estos secretos en beneficio de la ciencia y la medicina -realizó una suave reverencia- Empecemos -anunció.
Mensaje fusionado: Julio 26, 2009, 16:46
El hámster caminaba por las transitadas calles de la ciudad japonesa. La misión que Su Majestad le había encomendado resonaba en su mente. Debía eliminar un grupo de gatos que estaban asesinando a los hámsters de la ciudad. No había gran problema, era una misión sencilla, había cumplido similares en infinidad de situaciones.
Sólo que... ¿porqué Tokyo? Aunque el hámster se esforzara en concentrarse en la misión, no podía olvidar quién se encontraba en ese país. Quizá en aquella ciudad. Las últimas semanas, Su Majestad le había mandado en diversas misiones a Japón. Decía que se trataba de una estrategia para mejorar la relación entre los países, pero...
Aunque no podía quejarse. Gracias a las misiones de Su Majestad, había podido disfrutar de vistas cómo la que tenía ahora mismo frente a él. Un enorme campo de Cosmos rosas se perdía en el horizonte, mientras el hámster lo contemplaba hipnotizado. Era la primera vez que veía unas flores tan bellas.
Un graznido le sobresaltó, y desenfundó la espada en consonancia. Buscaba a su agresor cuándo el grito de un hámster le sobresaltó. Dirigió la vista hacia dónde oyó el grito, en la base del campo de cosmos. Una pequeña hámster envuelta en una manta amarilla corría y trataba de ocultarse entre los tallos de los cosmos, pero un enorme cuervo negro como el carbón arrancaba las plantas con sus fuertes garras y pico y perseguía a la hámster.
La pequeña tropezó con una piedra y cayó al suelo. Temblaba muerta de miedo mientras el cuervo se acercaba a ella graznando por la victoria.
Pero alguien se interpuso en su caza. El Knight of Orange enarboló la espada frente al cuervo, que se retiró a las alturas. La pequeña le miró de espaldas y gruñó interrogativa.
-¿Estás herida? -preguntó André urgente, sin perder de vista al cuervo. La pequeña movió la cabeza negando- Entonces vete. ¡Corre! -le ordenó al comprobar que la pequeña no se movía. Estaba demasiado asustada- Escucha, yo estaré bien. Me encargo de ésto. Tú escondete y vuelve a casa -le pidió en un tono más suave. La hámster pareció reaccionar, porque salió corriendo hacia el interior del campo de Cosmos. André sonrió, mientras el cuervo volvía a cargar- Esto me trae viejos recuerdos... -murmuró.
-Sí, viejos recuerdos... -aseguró, echando a reír. El viento le golpeaba con fuerza en la cara y las garras del ave se clavaban en su espalda. Volaba a una altura considerable, seguramente en dirección al nido del animal- ¿Con que intentando darte un banquete con un Knight of Color? Me temo que éso no le gustaría a Indigo -murmuró al ave. Comprobó su estado. Todavía tenía agarrada la espada. Sonrió malicioso y silbó, atrayendo la atención del cuervo. Le sonrió, y clavó la espada en la pata del animal. Éste bramó de dolor y se revolvió, para finalmente aflojar la garra herida y soltar al Knight of Orange, que inició un terrible descenso hacia el suelo- Allí vamos otra vez -murmuró, preparándose para el impacto. Bajo él se encontraba algunos árboles, así que trató de caer sobre ellos.
Consiguió que las copas de los árboles amortiguaran levemente su caída, pero aún así impactó contra el suelo. Emitió un grito de dolor, vomitando sangre, y aflojó su espada, que salió despedida a algunos metros de distancia. Perdió el conocimiento mientras se retorcía de dolor. No había salido como esperaba.
El golpe había sido tan fuerte, que los hámsters en la guarida subterránea bajo el suelo sintieron temblar la tierra y salieron a investigar.
-Flora, ¿crees que se pondrá bien? -preguntaba una voz preocupada, distante. En un acto reflejo, el hámster herido se incorporó y realizó un movimiento de pata en busca de la espada. Pero el tirón de su espalda, el pinchazo en su cabeza y el dolor de su pata derecha le hicieron gritar y recostarse, retorciéndose de dolor.
Las dos hámsters que en esos momentos hablaban en dos sillas cercas a su cama, se echaron hacia atrás asustadas. Todo había sido tan rápido que no les dio tiempo ni a reaccionar. La que respondía al nombre de Flora ajustó las vendas al herido.
-¡No te muevas! -le reprendió- Es un milagro que con esas heridas puedas siquiera estar consciente -su compañera se levantó y salió corriendo del lugar, seguramente a avisar a alguien- ¿Qué te ha pasado, te has lanzado desde un avión sin paracaídas? -preguntó.
-Más o menos -contestó el hámster, llevándose la pata izquierda a la cabeza. Observó que la tenía sana, pero que al pasarla por su cabeza sentía unas vendas llenas de sangre. También pudo ver cómo su brazo derecho estaba vendado y en cabestrillo, así como su pierna izquierda- Tampoco es para tanto -comentó quitando importancia a sus heridas.
-¡¿Cómo puedes decir algo así?! -Flora no podía creérselo. Era un hámster muy fuerte, o muy loco.
-¿Dónde estoy? -preguntó, observando el entorno. Estaba recostado sobre una cama en el segundo piso de algún pequeño edificio, seguramente una casa particular. Sabía que era el segundo piso porque el techo estaba cercano y una barandilla cortaba el paso hacia una caída desde un gran balcón al frente. Además, a la derecha se divisaba el comienzo de una escalera. La hámster que hablaba con él llevaba una cofia de enfermera y su color de pelaje era crema.
-En el Ham-Ham Club -contestó la voz de un hámster. Parecía jovial y alegre. Seguramente se alegraba por su rápida mejora. El dueño de esa voz asomó por la escalera, seguido de un grupo de hámsters bastante variopintos. Todos se acercaron al convaleciente, que cerró los ojos y suspiró. Había ido a parar a un club...
Recuerdos de su infancia, y de su propio club, le llegaron mientras escuchaba la voz de la enfermera pedir a sus amigos que le dejaran tranquilo. Pero, sobre esa voz, se oyó la de una hámster. Una voz con un suave acento francés. Una voz que reconoció al instante, y provocó que su corazón diera un vuelco.
-¡André! -la hámster se lanzó sobre la cama, rompiendo en un llanto y abrazando con fuerza al hámster. Éste, pese al intenso dolor que sentía, no dijo nada. Sus pensamientos viajaban a toda velocidad, tratando de discernir lo que ocurría. Ella... esa hámster blanca con lazos azules que lloraba sobre su pecho mientras no paraba de repetir lo feliz que se sentía... no podía ser.
-B...Bijou... -balbuceó el hámster. Lentamente, cubrió a la hámster con su brazo izquierdo, aunque sentía que si hubiera querido hubiera podido mover también el derecho. Sintió su suave pelaje una vez más. No había duda, ese tacto... sólo podía ser ella. La había encontrado. Lágrimas brotaron de sus ojos.
-Te he echado tantísimo de menos... -murmuró la hámster, algo más calmada. Acercó el rostro al hámster y le besó. André respondió al apasionado beso, que duró varios minutos. Finalmente, se separaron, pero sólo unos instantes, pues sus labios volvieron a encontrarse enseguida. Finalmente, Bijou se separó algo reticente del hámster. Había caído en la cuenta de que todos sus amigos les miraban sorprendidos. André sonrió, pero sus ojos se cerraron.
-Hay mucho de lo que hablar, Bijou... te... quiero tanto... -ladeó un poco la cabeza, sumiéndose en un sueño profundo. La hámster le miró encandilada, y le cubrió con la manta en la base de la cama para que no cogiera frío.
-Esto, Bijou... ¿¡quién demonios es éste tipo?! -preguntó un hámster alto, de color crema con manchas marrones oscuras. Llevaba un gorro amarillo en su cabeza. Parecía bastante enfadado.
-Es un viejo amigo de infancia, Jefazo... -se limitó a murmurar la hámster, sin desviar la vista del Knight of Orange y llevándose la pata derecha a los labios.
-Yo diría que es algo más que un amigo -comentó picaresca una hámster naranja con franjas marrones en la cabeza, echando a reír.
-Así que se llama André, ¿no? -preguntó Jefazo.
-Así es -comentó algo distante Bijou. Dio un rápido sorbo a su té y desvió la mirada hacia la escalera que llevaba al segundo piso del Club, dónde descansaba André cerca de Marmotín.
-Y... ¿qué relación tenéis? -preguntó Tigrilla. Notó que Bijou se sonrojaba y tardaba en responder.
-Antes de venir a Japón, André y yo solíamos jugar junto a otros hámsters en un club llamado Club de la Francia-Ham -empezó su explicación, sonrojada como un tomate- André me salvó en varias ocasiones de ataques de gatos, y entonces nos enamoramos... estuvimos saliendo hasta que me mudé a Japón, y él no pudo acompañarme -añadió en un murmullo dolorido.
-¿Entonces es tu novio? -comentó Hamtaro inocentón. Bijou le miró y, aunque trató de responder, la lengua se le trabó. Nuevamente Tigrilla, al tanto de los sentimientos de la hámster, irrumpió en la conversación.
-De todos modos... ¿no es peligroso? Lleva una espada y tiene marcas de sangre en la hoja... -comentó tratando de desviar el tema. Pero Bijou, en lugar de agradecerlo, se volvió contra ella con las cejas enarcadas.
-¡André nunca haría daño a un hámster! Seguro que es sangre de gato o...
-De cuervo -le interrumpió una débil voz que provenía de las escaleras. El Knight of Orange se había retirado la venda de la cabeza y bajaba a trompicones los escalones, tratando de no dejar caer el peso en la pierna izquierda y apoyándose en la pared con el brazo izquierdo. Tras unos pasos más, comenzó a tambalearse, pero fue recogido a tiempo por Bijou y Flora- Parece que me he sobrevalorado -rió quedo, mirando a Bijou. Volver a sentir su tacto era algo maravilloso. Jefazo también fue a ayudarles y entre los tres sentaron al hámster en la butaca del jefe.
-¿¡Estás loco?! -le recriminó Flora, la enfermera- ¿Cómo demonios te has hecho éso? ¡No deberías poder moverte! -exclamó asombrada.
-Tus gritos no ayudan... -se quejó André- Si tanto lo quieres saber, estaba viendo un campo de Cosmos y oí gritar a una pequeña hámster... le estaba atacando un cuervo, así que fui a rescatarla y me apresó en su lugar -se encogió de hombros- No es la primera vez que me pasa, así que he conseguido salir medianamente airoso.
-¡Estás para el arrastre! -le imprecó Flora.
-He estado en situaciones peores -murmuró ausente, sin quitar el ojo a Bijou- Bijou, mon amour... hay... hay tantas cosas de las que hablar... -comentó balbuceante, sin saber por dónde empezar
-Oui... -asintió la hámster- Pero ahora es más importante que te recuperes. ¿Porqué no vuelves a tu cama? Te llevaré algo de comer -se ofreció.
-Creo que ya he causado mucho revuelo entre tus amigos -intentó levantarse, pero no pudo- Sólo quiero hablar contigo... pensé... pensé que me habías olvidado -aseguró entristecido.
-¡Claro que no! -rebatió al instante Bijou- En cuánto llegué a Japón, te mande una carta... pero nunca recibí respuesta. Pensando que quizá se habría traspapelado, mandé otra... con el mismo resultado. Pensaba que tú ya no querías saber nada más de mi... -comentó bajando la mirada.
-¿Una carta? Yo nunca recibí una... -fue interrumpido por el incesante griterío de un hámster que abrió de par en par la puerta del club. Entró lanzando cartas al suelo y gritando “¡Correo, correo, hay correo!”. Entregó una carta a Jefazo y salió corriendo otra vez, lanzando más cartas al suelo- No... no puede ser... -esta vez, más decidido, trató de incorporarse y lo consiguió- ¡Normal que no llegasen las cartas! ¡Ese maldito patán la perdió! -exclamó. Bijou observó la ristra de cartas en el suelo... y entendió perfectamente lo que André pensaba. Sus ojos se empaparon en lágrimas- Por una... tontería así... hemos estado sufriendo durante año y medio...
-André... lo siento... si hubiera sido más persistente... -la hámster se acercó a él.
-No, no es culpa tuya... Dios... -se llevó la pata sana a la cabeza- Esto es tan inverosímil... -se mantuvo en silencio unos segundos, tras lo que echó a reír- ¡Bueno, no vale llorar por la leche derramada! Lo importante... es que... -no pudo continuar, pues nuevamente se desplomó sobre el sillón. Bijou fue rauda a socorrerle, pero Flora la tranquilizó. Sólo se había quedado dormido.
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Última modificación: Julio 26, 2009, 16:46 por Leo
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Respuesta #10 :
Agosto 03, 2009, 12:47 »
-Entonces... todos estáis bien -suspiró aliviada Bijou, sujetando el cuenco de sopa vacío con las patas, sentada en un taburete al lado de la cama sobre la que se recostaba el Knight of Orange- Me alegro mucho.
-Tú siempre preocupándote de los demás... -sonrió André- Pero, más importante... ¿cómo has estado estos... cuánto tiempo ha sido? ¿Año y medio? -se cuestionó, con una amarga sonrisa- Todos los días pienso en ti cuando me despierto, y me duermo con tu nombre en mis labios... -la hámster se sonrojó levemente, pero sus ojos parecían caídos, tristes.
-Sí, hace ya mucho tiempo... Yo he estado bien. Cuando llegué a Japón, no salía de mi jaula, pero poco después Hamtaro y los demás vinieron a por mi, a buscarme para unirme a su club. Eso me hizo muy feliz... porque me recordó a cuándo viniste tú a mi jaula después de que el padre de María me comprara -sonrió- Desde entonces, hemos estado viviendo miles de aventuras todos juntos, y hemos hecho un montón de amigos.
-Me hace feliz oír todo eso, Bijou -sonrió el hámster- Como ya te expliqué antes, yo ahora sirvo al Rey Arco como Knight of Orange. También tengo algunos amigos muy especiales en el Reino Arco Iris -rió al recordar a Blue y el resto- Ha sido un designio del destino que nos volviéramos a encontrar, ¿no te parece? Al fin y al cabo, prometimos estar juntos por siempre -volvió a sonreír nostálgico. Un incomodo silencio cubrió a los hámsters, Bijou sonrojada como un tomate desviaba la mirada, evitando mirar directamente al hámster, que no le quitaba los ojos de encima- Comprendo tus sentimientos, Bijou. Aquí, en Japón, eres muy feliz. Tienes a María, tienes a los Ham-Hams... y parece que tienes a alguien especial aparte de mi -añadió con la boca levemente reseca, asustado por las magnitudes de sus propias palabras. No obstante, era algo que había notado desde el instante en que sus labios se unieron en el re-encuentro-.
-Ah... -balbuceó la hámster, sobresaltada- Eso no... -André la miró con esa mirada suya, severa pero a la vez gentil... era tan guapo- Hamtaro... -murmuró.
-Ese que se parece a mi, ¿no? Es curioso, a lo mejor somos primos lejanos o algo... -añadió sin muchos ánimos- Continua, por favor -la urgió, aunque ya sabía más o menos qué iba a decir.
-Hamtaro... vino a buscarme junto a otros dos amigos. Él se comportó tan bien conmigo... ¡la primera vez que le vi, pensé que eras tú que venías a por mi! -exclamó, algunas lagrimas surgiendo en sus ojos- Poco a poco, me di cuenta de que su actitud, valiente, amigable, siempre pendiente de todo el mundo... era muy parecido a ti, no sólo físicamente, sino también de actitud. Aunque a veces es un crío... -añadió en un susurro, y calló.
-¿L...Le quieres? -André arrastró las palabras, temeroso de la respuesta. Desde que se separaron, había estado preparándose para el día en el que se reencontrara con Bijou, sopesando la posibilidad de que otro hámster hubiera conquistado su corazón. Pero, ahora que se encontraba frente a esa terrible opción, no podía evitar sentirse mareado, el pecho oprimido. No obstante, su carácter le obligaba a preguntar, y sabía que sino lo hacía lo lamentaría toda su vida. La hámster bajó la cabeza.
-No lo sé... ¡no lo sé, André! -dejó el cuenco a un lado y se echó sobre la cama, rompiendo a llorar sobre el pecho del hámster. Éste acarició su coleta derecha, cómo solía hacer en su infancia, para calmarla. Mientras tanto, frotaba su espalda con la otra pata. Dejaría que se desahogara. Él también necesitaba llorar. Había muchas cosas que no lograba entender. La hámster lloró, y lloró. Gritó, sonidos ahogados por el pelaje del pecho de André. Finalmente, tras varios minutos, la hámster se reincorporó, y limpió sus lágrimas- Excuse moi... -murmuró. El Knight of Orange sonrió.
-No te preocupes. ¿Te encuentras mejor? -frente a la respuesta afirmativa de Bijou a través de un movimiento de cabeza, André sonrió dulcemente.
-No sé... qué hacer, André. Yo siempre te he querido. Y aún te quiero... pero siento lo mismo por Hamtaro. Mi corazón me dice que tú eres el hombre que me dará felicidad, pero tampoco me deja soltar a Hamtaro... Ahora has vuelto a entrar en mi vida, después de año y medio. Y eso me hace muy feliz. Pero no puedo decidir... espero que sepas perdonarme. Tú me has estado esperando y yo... yo... como una tonta... -lágrimas volvieron a aflorar.
-No te preocupes Bijou -trató rápidamente de tranquilizarla André, para evitar otro mar de lágrimas- Sólo tienes que seguir los dictados de tu corazón. Si te soy sincero... buscando tu felicidad, creo que estás mejor aquí, en el Ham-Ham Club con tus nuevos amigos. Mi vida se vuelve más peligrosa cada día que pasa, como ya te expliqué... y no quiero perder a nadie más. ¡Pero eso no quiere decir que me rinda! Yo te quiero, tanto o más que como te quería hace año y medio. Y lucharé por ti todos los días, en busca de tu amor, aunque nunca lo consiga. Y entonces, sabiendo que eres feliz, será suficiente recompensa para mi.
-No deberías decir esas cosas... tú y yo tenemos un vínculo especial -aventuró Bijou en un tono suave, dulce- Es sólo que mi corazón ha encontrado otro vínculo...
-En cualquier caso -la cortó André, notando que el corazón de la joven comenzaba a enredarse en una intrincada maraña- De momento... demonos tiempo. Nos acabamos de re-encontrar tras mucho tiempo, hay muchísimas cosas de las que hablar, y yo puedo contarte un montón de aventuras sobre el Arco Iris y las chicas, si quieres escuchar.
-Por supuesto -sonrió- Yo también te contaré algunas de las aventuras con los Ham-Hams a cambio, ¿vale? -rió. André aceptó, y ambos iniciaron una entretenida charla. Las risas de los hámsters llegaron al piso inferior, dónde los Ham-Hams tomaban el té.
-¿Así que eres el Knight of Orange? -preguntó Bijou, mientras sujetaba en sus patas una taza de té.
-Así es -André dio un sorbo al delicioso té negro- Sirvo a Su Majestad, el Rey Arco, y por éso porto la espada y esta ropa -comentó ajustando el cuello de su toga. Flora había retirado las vendas de su cabeza, sorprendida por la rápida recuperación.
-¿Conoces a Arco? -añadió jovial Hamtaro, seguido de un “chupi”- Es un muy buen amigo nuestro, pero hace mucho que no le vemos. Desde que se hizo Rey, más o menos... -calló, al sentir la hostilidad que André destilaba en su mirada. No sólo por ser, aún sin saberlo, el rival en el amor de Bijou, sino por hablar tan desenfadadamente del Rey Arco.
-No deberíais hablar de Su Majestad con esa falta de respeto, al menos deberíais aludir a su rango. El Rey Arco... -cerró la boca, intimidado por las miradas de los hámsters. No eran miradas hostiles, simplemente le miraban como si no supiera de qué hablara.
-A Arco no le gusta que le traten por su rango -comentó Jefazo.
-Y...Ya lo sé -espetó André- Pero aún así, hay que seguir un protocolo y... -Bijou sonrió.
-Está bien. Ellos están acostumbrados a llamarlo Arco a secas. ¿Sabes? Como dice Hamtaro, una vez le ayudamos a recuperar los colores de su paraguas, que los había perdido en un accidente al estrellarse en la Tierra, y en otra ocasión nos invitó a las pruebas de selección japonesa de los Ham-Ham Games.
-¿Y no te dijo nada de mi? -preguntó extrañado el hámster. No creía que el Rey, uno de sus mejores amigos, no hubiera dicho nada a la hámster que sabía amaba.
-Bueno... en realidad actuamos cómo si no nos conociéramos de antes. Pero hablé con él a solas una vez y me explicó que “estabas bien”... No quiso decirme nada más, y yo tampoco pregunté. Entonces aún no eras el Knight of Orange, ¿no? -preguntó.
-No... Bueno, supongo que me debe una explicación -suspiró. Bijou rió y asintió.
-¿Podrías contarnos más sobre los Knight of Color? -preguntó Tigrilla. André iba a hablar, pero Cerebrín se adelantó.
-Si me permites, Knight of Orange... -por alguna extraña razón, el hámster marrón actuaba cortés. André estaba acostumbrado a ello. Cerebrín tenía su libro abierto por una página y dictaba lo que leía- “Los Knight of Color son un grupo de hámsters que cumplen las funciones de guardianes del Monarca del Reino Arco Iris que los selecciona. Obtienen un poder proveniente del Arco Iris que les hace más poderosos y con capacidades regenerativas mayores. Existen siete Knight of Color, uno por cada color del Arco Iris” -terminó la breve explicación.
-Veo que estás informado -admitió André sorprendido- Más o menos es cómo dice vuestro amigo... yo sirvo al Rey Arco como Knight of Orange, vivo en Palacio y ostento un rango de noble con bastante influencia dentro de la Corte. A cambio, he de cumplir cualquier misión que éste me encomiende.
-¿Misión? -preguntó Gorrilla.
-Muchas veces es bajar a la Tierra a investigar algún asunto, hablar con algún ministro de asuntos exteriores en lugar de Su Majestad... -enumeraba, de repente su tono se volvió más frío y su rostro sombrío- Aunque también hay misiones mucho menos agradables -murmuró. Hizo tintinear su espada, para poner al corriente a los hámsters de lo que se refería. Un silencio tenso cubrió la estancia- En cualquier caso -rompió la quietud el hámster- He de agradecer los cuidados que he recibido, así como el alojamiento. Partiré tan pronto cómo me sea posible -miró a Bijou para observar su reacción. La hámster bajó un poco la mirada, entristecida.
-Tampoco tienes tanta prisa, ¿no? -comentó Jefazo- Puedes quedarte el tiempo que quieras.
-Mis hermanas me esperan en Palacio... y además, esta misión sólo debía haberme llevado un día -enarcó las cejas- Si no hubiera ocurrido ese accidente...
-Pero salvaste a Penelope -comentó Pashmina con una sonrisa, la pequeña hámster a su lado dando botes de alegría- Y éso es algo que siempre te agradeceré.
-Bueno, es mi deber como Knight of Color... Además, siempre es un placer ayudar a una pequeña princesita, es una lastima que oculte su belleza tras esa manta -comentó con unas dulces palabras dirigidas a Penelope, que sonrió y se pasó las patas por el rostro algo avergonzada. Todos rieron.
-Flora -la llamó el hámster, eran cerca de las cinco de la tarde- Creo que ya no necesitaré las muletas -comentó, levantándose y caminando sin más problema que el llevar la pata izquierda escayolada. La hámster dejó caer el rollo de vendas que llevaba, pensando que el hámster le iba a pedir que las cambiara.
-¡Pero eso es imposible! -exclamó, acercándose a examinar la pata- Ya me resulta extraño que curaras la herida de la cabeza, pero además la pata... -comentaba incrédula.
-Sé lo difícil que tiene que ser para ti -aceptó el hámster- Yo soy médico, y realmente algunas veces el poder del Arco Iris destroza completamente el sentido común, pero... ¡ya ves, me encuentro perfectamente! -rió. Bijou le miró mientras terminaba de enrollar un hebillo de lana que había usado para arreglar algunos pequeños desperfectos en la capa del Knight of Orange. Parecía feliz... pero sólo ella sabía que, en su interior, estaba llorando. Lo sabía muy bien, porque ella era la que más conocía al hámster. Sí... le conocía muy bien. Se sorprendió al ver que se llevaba la pata derecha a la boca y se sonrojaba. Desvió la mirada del hámster.
-Oh, permiteme que te acompañe Bijou -se ofreció el Knight of Orange cuando la hámster avisó a sus compañeros de que era su turno para regresar a casa.
-¿Estás seguro? -preguntó la hámster mirando su brazo. Flora ya había retirado la escayola de la pierna y se había marchado al ver que sus servicios no serían requeridos hasta la mañana siguiente. Estaba bastante molesta, y aunque André había tratado de explicarle desde un punto de vista médico el porqué de su rápida recuperación, no había quedado convencida.
-Sí, no te preocupes, esto no es nada -rió, quitándole hierro al asunto- Además, tenemos cosas de las que hablar, ¿no crees? -comentó con una suave sonrisa. La hámster asintió con un leve contoneo de cabeza, casi imperceptible.
La noche en París era mucho más fría, comentó el hámster siguiendo a Bijou en su camino hacia casa. Paseaban tranquilos, sin prisas, comparando sus viejos paseos con éstos. La blanca hámster comprobaba que en las palabras de André no sólo había nostalgia, de algún modo parecía satisfecho con los cambios experimentados en la vida de su compañera.
Llegaron por fin al roble que separaba a Bijou de la ventana a su cuarto.
-Qué recuerdos -comentó André con una sonrisa nostálgica- Hacía año y medio que no te acompañaba a tu mansión.
-No es una mansión -rió la joven- En Japón casi todas las casas son así -añadió.
-Aún así, si tú vives en ella, debe ser una mansión o un castillo -comentó con una sonrisa. Calló unos segundos, y se acercó más a la hámster- Mañana seguramente vuelva a Palacio -reveló algo entristecido. El corazón de la hámster se empequeñeció- No te preocupes, volveré lo antes posible, lo prometo. Ahora que te he vuelto a encontrar... no existe lugar en el mundo en el que esté mejor.
-Pero... ¿el Rey Arco te dejará? -preguntó la hámster. Según había oido antes de boca de André, los Knight of Color debían permanecer en Palacio mientras no tenían misiones, era por éso que se había llevado con él a sus hermanas.
-Sí, bueno... algo se me ocurrirá -se encogió de hombros. Bijou se sorprendió: André siempre había sido un hámster que no dejaba nada al azar, siempre tenía todo planeado de antemano- Su Majestad ha querido que nos juntáramos, por éso me había enviado a Japón, estoy seguro -sonrió. La hámster iba a decir algo, pero fue interrumpida por su compañero- Buenas noches, Bijou.
-Buenas noches, André -respondió tras unos segundos la hámster. André sonrió y se dio la vuelta, dispuesto a volver al Club- André -le llamó la hámster. El Knight of Orange se dio la vuelta y fue recibido por los labios de Bijou, que se unieron a los suyos en un apasionado beso. La hámster cerró los ojos, alzó los brazos y los pasó por detrás de la nuca de su compañero, abrazándolo con fuerza. André respondió al abrazo cubriendo la espalda de la hámster y besándola con pasión.
¿Era un beso de bienvenida o de despedida? En ese momento daba igual.
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Respuesta #11 :
Agosto 20, 2009, 16:36 »
Los labios del hámster ardían. Volvió a acercar la boca al borde del río y bebió nuevamente, tratando de calmar el dolor. Aún así, sabía que era imposible. El beso con la Princesa Blanca había sido maravilloso al tiempo que doloroso. La hámster, atropelladamente, se había despedido de él y marchado rauda a su hogar, sonrojada como un tomate. El guerrero había sido incapaz de dirigirle una palabra, y ahora lo lamentaba. Iba a ser una noche muy larga.
La luz de la farola ondulaba, apagándose intermitente. En aquél barrio marginal, los humanos se aglomeraban en las esquinas para satisfacer sus más abominables deseos. Éso se traducía de igual modo al resto de sociedades. Una hámster que vestía un sugerente traje corto y medio deshilachado se acercó a André. Olor a alcohol y tabaco exhumaba de su cuerpo, así como de otros efluvios que es mejor no hacer mención. Se contoneaba sensual, y lanzó una mirada con ojos lascivos al hámster.
-Vaya, ¿te has perdido chico bueno? -comenzó a “ganarse el sueldo”, acercándose a André- Si quieres puedo acercarte a casa... ¿o prefieres pasar noche en la mía? -preguntó mordiéndose el labio inferior.
-No -respondió André secamente, sin siquiera dirigir la mirada a la pobre criatura. Ésta enarcó las cejas e infló los mofletes, disgustada. Había perdido un buen cliente.
El callejón estaba sumido en la completa oscuridad. Sólo la luz de un foco que se mecía a varios metros clavado en la pared iluminaba el callejón con una tenue luz de vez en cuando, cómo si de destellos de truenos se tratara. André observó en uno de esos destellos a cuatro gatos. En el siguiente destello, los animales también se fijaron en él.
-Jefe, ¿no es éste uno de esos hámsters que nos tenemos que cargar? -preguntó uno de ellos.
-Creo que sí -comentó otro, su voz más profunda- ¡No esperaba que viniera a nosotros! Aunque bueno, encargarnos de quince hámsters no es tarea fácil... mejor vayamos eliminando poco a poco -rió malicioso. André sintió un escalofrío al escuchar esas palabras.
-¿Quince hámsters? -preguntó el Knight of Orange, temiendo lo peor. No sabía si le iban a contestar, pero no perdía nada por intentarlo.
-¡Nuestro jefe nos ha dicho que hay un grupito de hámsters muy molesto! Dice que eran unos quince, aunque a veces venían más de sus “amigos roedores”, así que si nos llevamos alguno más por delante será una bonificación importante -explicó en japonés, el mismo idioma en que el Knight of Orange había hablado. Acto seguido, rió junto a sus amigos maquiavelicamente. El hámster bajó la cabeza. Ahora no había duda.
-¿Sois la banda de Takeru, me equivoco? -preguntó falto de expresión.
-Así es, ¡me alegra que nuestra victima conozca el nombre de sus asesinos! Eso demuestra que nos estamos haciendo notar -comentó a sus compañeros con un tono orgulloso.
-Por orden de Su Majestad el Rey Arco del Reino Arco Iris seréis ajusticiados por vuestros crímenes -dictaminó, desenvainando a Amitié.
-¿Y nos vas a “ajusticiar” tú? ¿Con ese palillo? -se burlaron. André suspiró.
Les dirigió una mirada triste y aquél que le había imprecado se derrumbó en el suelo, decapitado. Había sido tan rápido que los gatos ni se habían dado cuenta. Gruñeron amenazantes y comenzaron sus ataques. El Knight of Orange se movió gracilmente bajo uno de ellos y le atravesó el vientre con su espada. La sangre manchó la cola de la toga. André emitió un chasquido disgustado, y continuó con su carrera. No podía mover uno de sus brazos, lo que le restaba movilidad. No podía subirse a sus rivales y atacar desde arriba, y éso es algo que los dos gatos supervivientes apreciaron. Comenzaron a dar saltos en distintas direcciones, tratando de evitar los rápidos sesgos del hámster armado. Uno de sus rivales dio un salto, y el guerrero aprovechó para cortar una de sus piernas. El gato bramó de dolor y cayó al suelo. Le clavó la espada en la garganta y su enemigo sólo acertó a emitir un breve gorgoteo antes de expirar. El último gato aprovechó mientras André sacaba la espada de su compañero para atacarle por la espalda. El hámster no tuvo ni que girarse, simplemente liberó su arma y la puso en posición al animal. Su vientre se empaló en el arma, abalanzándose contra el hámster que de un salto esquivó el cuerpo sin vida de su rival. Perdió el equilibrio y cayó al suelo, pero se levantó rápidamente. Recogió la espada y miró a los cuatro gatos, y al gran charco de sangre que los bañaba.
-Misión cumplida -envainó su espada, inexpresivo.
Jefazo recibió una agradable sorpresa a la mañana siguiente. Al principio, incrédulo, restregó las patas por sus ojos, pensando que aún estaba medio dormido. Pero realmente estaba allí: sobre la mesa del club, se encontraba una enorme montaña de pipas de girasol y algunas bellotas. Se acercó incrédulo, pero pronto supuso quién había sido. Faltaba el olor de un hámster en aquella madriguera.
Observó la nota que el Knight of Color había dejado frente a la montaña de comida y suspiró. No tendría oportunidad de agradecérselo.
“Para Jefazo y Marmotín:
Ha sido divertido. Marmotín, tendremos que reanudar nuestro debate en un futuro... pero ahora tengo que irme.
Jefazo. Quiero que leas y releas lo siguiente con atención: vuestra vida corre peligro. Ayer cumplí la misión que me habían encomendado en Japón, derrotando a un grupo de gatos que me anunciaron que andaban “detrás de 15 hámsters”. Rezaría porque no se refiriera a vosotros, pero concordarás conmigo en que tenéis muchas papeletas. Desconozco los motivos que han conducido a los gatos a tomaros por objetivo, pero es algo que no se puede ignorar.
Como hámster de campo que eres, estoy seguro que serás capaz de crear rutas alternativas para los Ham-Hams, disminuyendo el peligro... pero aún así quiero pedirte que vayas personalmente a la casa de cada Ham-Ham y les pidas que no salgan de sus jaulas hasta que el asunto esté arreglado. ¡Por favor! Esto es muy serio. Cuento contigo para protegerlos.
Atentamente, André Bresson. Orgulloso Knight of Orange del Reino Arco Iris.”
La sala del Trono se encontraba vacía en esos momentos, y los pasos acelerados del Knight of Orange retumbaban en el suelo. El Monarca esperaba junto a su Reina, y entre ellos, unos pasos por detrás, la Knight of True Indigo hacía guardia. El hámster recién llegado desenvainó su espada con la pata sana y realizó una reverencia, clavando el arma en el suelo.
-El Knight of Orange se presenta para informar del éxito de su misión -anunció- Y, además, desearía formular una petición para una entrevista en privado -añadió.
-Entendido -habló Arco, un ribeteo de felicidad en su voz, aunque al principio le alarmara que el Knight of Orange llevara el brazo en cabestrillo- Pero antes, hay que celebrar una reunión. El sexto color ha aparecido -anunció solemne- Llegas justo a tiempo -añadió coloquial. Su esposa y la Knight of True Indigo le dirigieron sendas miradas de reproche, que hicieron que el joven monarca encogiera el cuerpo compungido.
Purple abandonó la sala empujado por Blue, que le indicaba que le guiaría por Palacio. El Knight of Orange observó cómo la puerta se cerraba tras ellos. Purple parecía un hámster serio e inteligente, a la par que amistoso y divertido.
Volvió a concentrar la mirada en el joven monarca, que aguardaba en la réplica de su Trono, con una sonrisa bobalicona en el rostro. Estaba realmente feliz.
-Deberías mirarte el brazo -comentó el monarca familiar. André bajó la cabeza levemente sonrojado y carraspeó.
-Hablaremos de ello en el informe -concluyó- Antes quiero preguntarle por otros asuntos... -tragó saliva. No podía -ni quería- decir que el Monarca había estado ocultándole la presencia de Bijou, sabiendo lo que él sentía por ella.
-Cuando la encontré en Japón, me preguntó por ti y le dije que estabas bien. Entonces ya eras un Knight of Color, y pensé que era mejor para ti no involucrarla en tu lucha -respondió Arco a la pregunta no formulada- Pero me di cuenta lo mucho que la echabas de menos y lo mucho que te afectaba, así que deliberadamente empecé a mandarte misiones en Japón, hasta que te toparas con ella. Hay que ver, te ha costado -añadió coloquial, con una sonrisa pícara.
-Gracias, Majestad -fue lo único que acertó a responder André tras unos segundos asimilando la información- También conocí a los Ham-Hams. Son un grupo de hámsters muy variopinto -comentó. Arco rió.
-Sí... Me ayudaron a convertirme en Rey, y yo apenas les di las gracias entonces y en los Ham-Ham Games... ¿debería darles algún titulo? -rió de nuevo. André conocía esa historia.
-En cualquier caso, Majestad -calló un instante... odiaba cortar el buen humor del monarca- Durante la misión, uno de los gatos ajusticiados mencionó que andaban “detrás de 15 hámsters”. Es más, me confundió con uno de ellos.
-Hamtaro -adivinó Arco, su voz se había vuelto fría y la sonrisa de su rostro desapareció- ¿Están en peligro? -aventuró. André se limitó a asentir.
-No descarto la posibilidad de que sea una maniobra de la Garra Oscura para haceros daño, Majestad -concluyó André- De algún modo se han enterado de que los Ham-Hams son amigos vuestros, y han decidido usarlos para declararos la guerra. Es posible que también conozcan mi relación con Bijou y sea a ella a quién buscan -añadió.
-¿Tienes alguna petición? -preguntó el monarca. Sabía bien lo que pensaba André. El hámster se levantó de su asiento, se acercó al monarca y realizó una reverencia.
-Deseo que se me encomiende la misión de proteger a los Ham-Hams. Para ello, tanto yo como las Lady of Brown nos trasladaremos al Ham-Ham Club y permaneceremos allí el tiempo necesario hasta que se elimine la amenaza -detalló.
-¿Las Lady of Brown? -se atrevió a preguntar Arco. André sonrió entristecido.
-Últimamente pasamos muy poco tiempo juntos... y ellas también querrán ver a Bijou. Es un favor personal que os pido, Mi Rey -explicó André- Por supuesto, también las protegeré a ellas. Sé cuán peligroso es llevarlas al frente de batalla -Arco asintió y se levantó.
-Está bien. Knight of Orange, mañana a primera hora las Lady of Brown y tú saldréis en misión de escolta a Tokyo con tal de proteger a los integrantes del club de hámsters llamado “Ham-Ham Club”. Se os destinará a un hotel de la ciudad a menos que el líder del club decida hospedaros. El resto de detalles de la misión serán entregados en vuestros aposentos en dos horas. ¡Sea! -exclamó. André respondió con el saludo marcial y una sonrisa.
-Les mandaré recuerdos de tu parte -anunció.
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Respuesta #12 :
Septiembre 09, 2009, 13:59 »
La verde puerta del Ham-Ham Club se abrió ante la sorpresa de los hámsters. Siguiendo las ordenes de Jefazo, ninguno de ellos abandonaba sus jaulas sin su compañía. Si era alguno de los Ham-Hams que esa mañana no habían podido ir al Club, enfadarían a Jefazo.
Un hámster parecido a Hamtaro, que estaba sentado en la mesa del club hablando con sus amigos hasta la interrupción, saludaba con una sonrisa de oreja a oreja en la puerta. Vestía un traje naranja que cubría una capa del mismo color. Tras él, dos hámsters hembra que a simple vista sólo sería capaz de relacionarles con el hámster porque compartían las mismas marcas marrones en las orejas y el pelaje saludaban con más énfasis batiendo las patas. Tras el trío de hermanos aguardaba el mismo número de maletas repletas de enseres.
-¡André, chicas! -una voz jovial y dulce, con un leve tono francés, fue seguido del ruido al mover una silla, y una hámster blanca corrió hacia la entrada desde la mesa del club. De igual modo, las dos hámsters marrones tras el Knight of Orange corrieron hacia ella, y las tres se fundieron en un gran abrazo, rompiendo a llorar de felicidad.
El Knight of Orange observaba el reencuentro ensanchando aún más su sonrisa y cruzando los brazos dentro de los pliegues de la túnica.
-Te dije que no tardaría -comentó a la blanca hámster.
El Knight of Orange dio un largo sorbo a su té negro, tranquilo, disfrutando el sabor. El té no era una de sus mayores aficiones, pero sabía disfrutarlo cuando lo bebía. En especial el té negro del Ham-Ham Club, servido por Bijou, que tenía un sabor celestial.
-Bueno, tras las presentaciones... -miró a sus hermanas, que se habían entablado en una amistosa charla con las demás chicas. Sophie había hecho muy buenas migas con Penelope desde el primer momento- Creo que es hora de ponernos serios. Jefazo, una vez más, gracias por dejarnos a mi y a mis hermanas hospedarnos en tu Club. Lamento causarte tantos problemas recientemente... cómo líder del Club de la Francia-Ham, sería un honor que algún día te pasaras por allí para que te devolvamos el favor -sonrió, ante la respuesta afirmativa de Jefazo- Bien -calló un instante, separó unos centímetros la taza de té y posó sobre la mesa los hombros, juntando las dos patas delanteras en posición pensativa. Marie y Sophie callaron instintivamente, sabiendo que lo siguiente que diría su hermano sería muy importante- Ahora que un Knight of Color está con vosotros, dudo que la Garra Oscura se arriesgue a mandar asesinos contra vosotros, porque serían despachados por mi. Aún así, creo que aún no es seguro retirar el “toque de queda”. Cómo es un trabajo muy duro sólo para Jefazo, yo también me encargaré de escoltaros hasta el Club y de vuelta a vuestras casas. Su Majestad me ha dado permiso para ser vuestro guardaespaldas por tiempo indefinido, hasta que todo ésto acabe -murmuró la última parte- Así que los tres nos quedaremos un tiempo por aquí. Esta noche me gustaría celebrar una reunión, todos los Ham-Hams reunidos -comentó, al observar que en esos momentos en el Club sólo habían siete u ocho hámsters- Jefazo y yo iremos a buscaros a vuestras jaulas, no os preocupéis -sonrió por primera vez y retiró las manos de la mesa- Bueno, ¿a quién le apetece un almuerzo rapidito? -rió, cambiando totalmente el asunto.
André se paró frente a su primera parada esa noche. La espada en su cinto tintineó suavemente hasta detenerse por completo, y el hámster suspiró. En aquél lugar, hacía sólo un par de días, Bijou y él... se sonrojó sólo de pensarlo. Subió el árbol que le unía a la ventana que llevaba al cuarto de Bijou, y entró en la habitación. La luz estaba apagada, y María dormía en su cama. Aún así, la luz de la Luna y los focos de la calle iluminaban lo suficiente el cuarto para que André distinguiera el blanco pelaje de su princesa dentro de su jaula. La hámster tenía los ojos cerrados y estaba tumbada en la paja de su jaula, pero no parecía dormida. André la llamó con un suave susurro, como solía hacer cuando eran niños y la encontraba dormida por las mañanas. Ésta murmuró algo y se revolvió en la paja. ¿Quizá sí estaba dormida? André esperó paciente. Tenía la impresión de que la noche no terminaría nunca.
Unos segundos después, la hámster se comenzó a desperezar lentamente. Abrió los ojos, y parpadeó un par de veces, hasta que se acostumbraron a la escasa luz. Entonces, antes de empezar a asearse, se percató del Knight of Color que la miraba desde fuera de la jaula, encandilado.
-Oh, excuse moi -se disculpó medio dormida- ¿Llevas mucho esperando? Enseguida estoy -añadió con una suave sonrisa.
-No, no te preocupes -comentó André, devolviendo la sonrisa- Perdona por despertarte a estas horas -Bijou negó con la cabeza y le invitó a entrar. El hámster así lo hizo, y olisqueó la jaula. El olor de Bijou estaba por todas partes. La jaula la recordaba bien, era la misma en la que la hámster parisina vivía de pequeña.
Observó a su compañera arreglarse. Había extraído de un cajón en un mueble de noche rosado un peine y con él acariciaba sus coletas mirándose en un espejo colgado en una de las paredes de la jaula. André observaba hipnotizado el movimiento continuo de las púas del peine en el pelaje de Bijou.
-Ya estoy lista -anunció con una sonrisa, sacando de su ensimismamiento a André, que realizó una reverencia.
-Entonces partamos ya, Princesa Blanca -comentó. Bijou soltó una risilla.
-¿Sabes? Las chicas están muy felices de volver a verte. Y yo también -sonrió el hámster mientras caminaban- A decir verdad, hacía ya un par de semanas que nos veíamos muy poco, yo he estado de misión en misión... -suspiró- Desde que soy un Knight of Color, no he sido un hermano modelo la verdad... -su tono se volvió triste- Pero bueno, volver a encontrarse contigo es de lo mejor que les ha pasado últimamente. Ya te conté que Pierre y Sandrine estaban muy liados con los niños, y los demás Fran-Hams también están haciendo sus vidas... en realidad siento envidia de ti y los Ham-Hams, estáis tan unidos cómo nosotros de pequeños -sonrió- Y son muy divertidos. Parece que Sophie ha hecho muy buenas migas con la pequeña Penelope, y Marie y Tigrilla parecen almas gemelas.
-Yo también estoy muy feliz de que estés aquí, André -comentó Bijou, caminando a la luz de la Luna junto al Knight of Orange- Os echo mucho de menos, me encantaría volver a París a veros a todos. Todo lo que me has contado sobre los Fran-Hams sólo me hace tener más ganas de volver a Francia...
André iba a responder, iba a decirle “Vuelve conmigo a Francia”... pero sabía que no debía. Bijou había escogido partir con su dueña, él mismo la había convencido de que ello era lo mejor. Sería una hipocresía pedirle ahora que la abandonase. En lugar de ello, se mantuvo en silencio, acelerando suavemente el paso hacia la casa del siguiente Ham-Ham que debían recoger, tratando de evitar permanecer solos más tiempo.
La noche avanzaba mientras el hámster, en silencio, repasaba mentalmente lo que diría en la reunión.
-Gracias por venir, Ham-Hams -André hablaba de pie, vestido con el traje de Knight of Orange y la espada aguardando amenazante en su cinto, visible para todos- Bien, no pretendo adaptar una ley marcial para vosotros, ya que... bueno, vosotros sois un grupo de amigos y no tenéis que veros inmersos en esta guerra -comentó algo seco. Los Ham-Hams, sentados en la mesa del Club, escuchaban al hámster que tanto les recordaba a su amigo Hamtaro- Pero, sin embargo, aunque mi presencia supone un gran obstáculo para los planes de la Garra Oscura, y no se atreverán a poneros una pata encima... no es algo inmediato, y tampoco podemos correr el riesgo de dejaros solos. Por lo tanto, durante la próxima semana, Jefazo y yo seguiremos yendo a recogeros a vuestros hogares, y seguiremos usando el sistema de túneles seguros para desplazarnos a través de la ciudad. Después levantaremos la restricción o no según los acontecimientos -André sonrió suavemente, relajando los rasgos de la cara- Os pido un poco de paciencia. Yo me encargaré de asegurar vuestra seguridad... ¡y de paso os haré cenas deliciosas! -rió. Los Ham-Hams disfrutaban de una suculenta cena cortesía del hámster y sus hermanas mientras le escuchaban. Pese a que no podían evitar lanzar fugaces vistas a los platos frente a ellos, no perdían detalle de lo que el hámster les decía- Su Majestad me ha dado permiso para permanecer en Japón todo el tiempo necesario.
-¡Viva el Knight of Orange! -gritó Jefazo, llenando su boca de hojas de lechuga y trozos de tomate.
-¡Viva! -vitorearon el resto de compañeros, riendo.
-Buenos días, Pashmina -saludó el hámster. Esa mañana, era ella la primera hámster a la que tenía que recoger. Normalmente recogía en primer lugar a Bijou, pero la hámster le había indicado la tarde anterior que a la mañana siguiente lo tendría difícil para salir temprano de su jaula.
-Buenos días, André -contestó con una sonrisa la hámster dorada. Vestía con su bufanda rosa atada al cuello pese a que aquél día hacía especial calor. André comprendió inmediatamente el significado de la prenda de la hámster cuándo la observó: sus hermanas también tenían un par de pañuelos que vestían siempre que podían.
Sin mediar otra palabra, la hámster dio un salto desde la ventana de su cuarto y descendió junto al guerrero por la tubería apostada bajo la cornisa. El cuarto de la dueña de Pashmina, dónde ella tenía ubicada su jaula, estaba en la planta baja, por lo que cubrieron la distancia que los separaba del suelo rápidamente.
Tan pronto llegaron al suelo, André realizó una reverencia, indicando a la hámster que iniciara el paso hacia el túnel que los llevaría al Ham-Ham Club. Ésta sonrió como respuesta, y comenzó a caminar.
Pero tan pronto cómo su pie derecho dio el primer paso, el Knight of Orange gritó.
-¡Quieta! -ordenó en un bramido que Pashmina jamás había oído antes. Oyó la espada del guerrero desenfundarse tras ella, y supo que algo iba mal. Miró hacia los lados, y su cuerpo se paralizó. No sabría decir si por la orden del Knight of Color o por lo que había visto, pero fue incapaz de moverse.
Frente a ella, saliendo de los arbustos que cercaban su casa, aparecieron tres gatos. Los animales caminaban despacio, y en sus rostros se dibujaban muecas perversas que mostraban dientes que, pensó Pashmina en su desesperación, seguramente habían desgarrado la carne de muchos hámsters antes.
Su cerebro le ordenaba salir corriendo, pero sus piernas no se movían. Intentaba gritar, pero aunque su boca se mantenía abierta y se movía, no podía liberar ningún sonido. Sólo veía a los tres gatos acercarse lentamente.
De repente, algo se posó sobre su hombro. Sintió un sobresalto presa del miedo, pero pronto una suave y dulce voz resonó en sus tímpanos, haciendo que su cerebro funcionase nuevamente.
-Cierra los ojos y no te muevas -fue lo que ordenó esa voz. Pese a la frialdad con la que hablaba, el témpano de hielo que había cubierto el cerebro de Pashmina comenzó a derretirse, permitiendo a la hámster cumplir la orden. Lo último que vio antes de cerrar los ojos fue al Knight of Orange cargando contra los animales con la espada desenfundada. A partir de entonces, sólo oyó los maullidos de los gatos y los gruñidos de André, así cómo el repicar de su espada contra las garras de los animales. De vez en cuando oía algún gorgoteo, o algún bramido de dolor proveniente de las estridentes voces de los gatos. Deseaba ver lo que ocurría, pero se le había ordenado cerrar los ojos y lo cumpliría.
De repente, con un último gorgoteo, se hizo el silencio. Escuchó cómo André guardaba su espada y caminaba lentamente hacia ella.
-No abras los ojos, Pashmina -le indicó, agarrando su pata derecha. La hámster sintió un fuerte olor a metal proviniendo del hámster. No quería pensarlo, pero parecía el olor de la sangre- No quiero que lo veas -comentó en un susurro. Parecía que siquiera estaba dirigido a la hámster- Yo te guiaré, no te sueltes -se ofreció el hámster. Pashmina pensó que la pata del hámster era muy cálida y suave... como un sueño.
-Bijou, ¿cuánto más vas a esperar? -la pregunta cayó como un cubo de agua fría sobre la blanca hámster. El plato que fregaba casi resbala de sus patas.
-Marie, no creo que sea el momento de... -comentó Sophie en voz baja, recogiendo el plato de Bijou para secarlo.
-Sí es el momento, Sophie -le espetó la hámster, cruzada de brazos y enarcadas las cejas- ¿Y bien, Bijou? ¿Cuánto más piensas jugar con el corazón de nuestro hermano? -atacó. Bijou bajó la cabeza.
-Yo... yo no...
-Tú sí -cortó a la hámster- Hace ya casi tres semanas que estamos aquí. Y todavía no has aclarado tus sentimientos con André. Ése idiota te ha estado esperando durante más de año y medio, ¿y así se lo pagas? ¿Tan frágil era vuestro amor que un simple periodo sin veros ha bastado para que le olvides?
-¡Yo... yo no le he olvidado! -trató de defenderse Bijou, buscando con la mirada apoyo en Sophie. Pero la hámster desvió la mirada... por desgracia, estaba de acuerdo con su hermana.
-Prometimos no decir nada, pero... es algo que debes saber. Cuando te marchaste, André se esforzó mucho en aparentar ser feliz, trataba de no mostrarse triste delante de nosotras... pero al cabo de unas semanas, no pudo mantener esa falsa sonrisa más. Estuvo varios meses que apenas comía y dormía, no hablaba con nosotras, simplemente se encerraba en su cuarto a mirar las musarañas. ¡André te necesitaba, Bijou! Su alma gritaba tu nombre continuamente... -calló, no quería recordar más esos tiempos.
-Lucette trató de encandilar a André. Ella sabía que él sólo te quería a ti, pero quería hacer algo para que no estuviera triste -explicó entonces Sophie- Intentó hacerle salir de su cuarto oscuro, sin resultado. Él sólo repetía una y otra vez que estaba bien... pero era obvio que no lo estaba.
-¿Sabes cuándo cambió? -preguntó Marie entonces a la, cada vez, más miserable Bijou, que sólo podía escuchar mientras sus compañeras le explicaban lo triste que se sintió André tras su marcha- Cuando fue a ver a Nathalie. Cuando vino de ver su tumba... parecía que había cambiado. ¡Incluso sonreía suavemente! Nos dijo que era porque Nathalie le había recordado quién era. Desde entonces, se centró en terminar sus estudios, y poco después le llamó el Rey Arco. Pero, en ningún momento, durante este año y medio, te ha olvidado Bijou. Siempre ha dicho que te buscaría, que te encontraría y que entonces podríais ser felices, ¡y tú...! -bramó, pero volvió a callar, interrumpida por su hermana Sophie.
-Hablamos con Pashmina después de lo del ataque -comentó la hámster- Dijo que André había sido muy caballeroso -Bijou asintió, recordaba la misma conversación- No estamos seguras, pero... ¿últimamente no has notado a Pashmina un poco rara en torno a André?
-No... ¿no creeréis qué...? -Bijou se olía hacia lo que las hámsters apuntaban.
-Es posible que Pashmina sea otra Lucette -aseguró Marie- ¡Por eso, Bijou! Tienes que mover ficha. O André, o Hamtaro.
-Pe... pero yo no... -la hámster titubeaba, sudores fríos recorrían su cuerpo. ¿Eran celos? Recordaba la sensación de cuándo eran niños y las hámsters coqueteaban con André- Yo no sé... a quién elegir...
-¡Ese es tu problema! -espetó Marie, malhumorada.
-¡Ya basta! -se interpuso una nueva voz. Las dos hermanas palidecieron al dirigir la mirada a la puerta de la cocina y confirmar sus sospechas sobre el autor de esa vehemente orden. En el resquicio de la puerta, André apretaba los puños con fuerza mientras enarcaba las cejas- ¿¡Qué estáis haciendo?! -gritó fuera de sí. Marie y Sophie rara vez habían visto a su hermano tan enfadado.
-André... lo sentimos... nosotras... -el hámster entró dentro de la cocina y cerró la puerta tras de sí con estruendo.
-¿¡Qué os pasa por la cabeza, si se puede saber?! ¡Os dije que no os metierais en esto! -gritó fuera de sí. Bijou jamás había visto al hámster así. Lágrimas cayeron de los ojos del Knight of Orange- Este problema es sólo mio. Es mi batalla... no quiero que os veáis involucradas -comentó algo más calmado, ahogadas sus palabras por las lágrimas.
-André, nosotras somos tus hermanas. Si nosotras no te ayudamos... -trató de excusarse Marie, pero Sophie le ordenó callar.
-Lo... lo sentimos mucho, hermanito... nosotras hemos encontrado a Jefazo y Tigrillo y tú no te has entrometido... y en cambio nosotras... -bajó la cabeza apesadumbrada.
-¡U... Un momento, Tigrillo y yo no...! -trató de rebatir Marie, sonrojada como un tomate.
-¡Sois unas tontas! -espetó André- Bijou, olvida todo lo que han dicho. No quiero que eso interfiera en tu decisión. Ganaré tu corazón otra vez por mis propios medios, cómo ya hice cuando eramos niños -se giró y su capa onduló unos segundos en el aire. Abrió la puerta de la cocina, alrededor de la que se habían reunido los Ham-Hams con tal de escuchar algo. Al verse sorprendidos por el Knight of Orange, trataron de excusarse, pero éste pasó entre ellos como si no hubiera reparado en su presencia.
Cerró de un portazo la puerta del club tras anunciar que no volvería hasta bien entrada la noche, que no le esperaran para cenar.
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Respuesta #13 :
Octubre 08, 2009, 21:48 »
-¿Así que ayudasteis a Su Majestad? -preguntó André tomando el té que su hermana Sophie le había servido. La hámster se había sentado a su derecha, sonriente. Su hermano había olvidado por completo aquél incidente de hacía un par de semanas, tras hablar largo y tendido con ellas.
Cómo él dijo, era algo que sólo le concebía a él y a Bijou. Agradecía los esfuerzos de sus hermanas, pero con éso sólo habían conseguido hacer germinar en la blanca hámster unas dudas que el hámster tuvo que disipar tras una larga charla.
Pero ahora todo volvía a seguir su cauce, todos volvían a ser amigos y reían y hablaban animadamente. El hámster había estado cumpliendo diversas misiones tanto diplomáticas cómo de acción en los alrededores de la ciudad de Tokyo, pero siempre tenía tiempo para disfrutar de un rato divertido con los Ham-Hams. Éstos entendían su trabajo y, aunque el ambiente se volvía algo tenso cuando el Knight of Orange se levantaba de su asiento y recogía su espada, dispuesto a salir de misión, el hámster naranja siempre les dirigía una sonrisa y les prometía que, cuando volviera, les prepararía una fantástica merienda.
-Oui -respondió Bijou con un leve tono francés- Hamtaro y Manchitas vieron cómo aparecía en el cielo un Arco Iris, y me fueron a buscar para enseñármelo. Pero cuándo llegué ya había desaparecido -comentó levemente entristecida: André recordó un suceso similar en su infancia, y en aquél entonces Bijou también se entristeció por no poder observar el Arco Iris- Sin embargo, vimos caer algo del cielo... y se estrelló contra Jefazo -rió, y el hámster mencionado se sonrojó levemente. Sophie, a su lado, también rió y le miró encandilada- Lo llevamos al Club, y allí me reconoció al instante... Aún así, como ya te dije, decidimos hacernos los locos. Nos explicó que había tenido un accidente... y su paraguas había perdido los colores -relató.
-Oh, sí... me contó esa historia. Ya veo, me dijo que hizo un montón de amigos... -miró a los Ham-Hams- Ahora lo entiendo -rió.
-Arco nos dijo que teníamos que buscar objetos con los colores del Arco Iris. Una naranja, un trébol, una hoja de girasol... -continuó Hamtaro- ¡Fue un día muy divertido!
-Y después, nos invitó a una obra de teatro en el Reino Arco Iris, pero a cambio teníamos que ayudarle a entregar las invitaciones entre nuestros amigos -añadió Tigrilla.
-También recuerdo aquella obra de teatro... mis compañeros y yo estábamos de misión entonces, y aunque Su Majestad nos pidió que volviéramos a Palacio no podíamos dejar nuestras misiones sin acabar -suspiró- Quizá si hubiera estado me habría encontrado con Bijou -pensó.
-Nosotras sí estábamos, en el Palco junto a otros nobles -explicó Sophie- Pero no os vimos... aunque bueno, también es cierto que había muchísimos hámsters -rió.
-Arco debería hacer más obras de teatro -comentó Jefazo encogiéndose de hombros. André dirigió una mirada de reproche al hámster que se sentaba a la derecha de su hermana, la cuál se encontraba demasiado cerca de él.
-Su Majestad es un hámster harto ocupado -rebatió André- Por desgracia, apenas tiene tiempo para su vida personal, mucho menos para el ocio. En aquella ocasión la obra de teatro llevaba siendo planeada meses, y el altercado de su desafortunado accidente... -calló, al observar que los Ham-Hams le observaban como a un bicho raro.
-Hablas como Cerebrín... no entiendo una palabra -Hamtaro se rascó la cabeza, y todos los hámsters rieron. André se ruborizó levemente y murmuró algo.
-Knight of Orange, aquí tienes la capa -anunció Pashmina tras unas horas de charla. Ella se había mantenido en silencio, remendando la capa de André, que había sufrido algunos jirones en la última misión. La alzó suavemente, mostrando a sus compañeros los arreglos. Unas tiras de un color naranja algo más claro que el de la capa original destellaban aquí y allá, mostrando los arreglos.
El hámster sonrió y se levantó, acercándose a Pashmina. Recogió la capa de entre sus patas y lo agradeció con una inclinación de cabeza. La observó con ojo crítico y ensanchó sus labios mostrando su conformidad. La pasó por su espalda y la ajustó con detenimiento. Después, se mantuvo observándola inclinando la cabeza hacia sus hombros, tratando de ver su espalda. A continuación extrajo su espada y ensayó al aire algunas estocadas. Satisfecho, guardó el arma y realizó una reverencia.
-Muchas gracias Pashmina, es un trabajo excelente -afirmó- Cuando regresa a Palacio me darán una capa nueva, pero ésta cumple perfectamente la función por el momento. Gracias por tu esfuerzo -agradeció. La hámster se sonrojó levemente y sonrió.
-No es nada hombre, me encanta coser -soltó una risilla- Si alguna vez necesitas que remiende algo más, sólo tienes que decírmelo -le guiñó un ojo.
Marie observó a Bijou para comprobar su reacción al coqueteo de Pashmina. La hámster se mantenía estoica, los ojos clavados en los dos hámsters que ahora reían a carcajadas. Enarcaba suavemente las cejas y apretaba los puños bajo la mesa, parecía ponerse tensa por momentos. De repente, cambió su expresión por una de sobresalto, y Marie instintivamente miró a su hermano, que observaba a la blanca hámster con una sonrisa de alegría y satisfacción. Volvió a mirar a Bijou, que sonreía con un breve fulgor rojizo en sus mejillas. Rió y se acercó un poco más a Tigrillo, con el que mantenía una pata sujeta bajo la mesa.
-André -le llamó la hámster- Esta noche Tigrillo y yo vamos a salir a dar una vuelta. No te importa, ¿no? -sonrió. Tigrillo iba a abrir la boca, sorprendido, preguntando a qué venía éso... pero André le miraba con una mirada asesina y se acercaba lentamente, con la espada desenfundada. Marie reía y Sophie suspiró, acercándose aún más a Jefazo y abrazando su brazo izquierdo.
-A la una en el Club -le advirtió el Knight of Orange al hámster de pelaje atigrado, que se limitó a asentir, mientras André se paraba frente a él y le miraba con las cejas enarcadas. Marie desvió la mirada a Bijou, que tapaba su boca para ocultar la risilla que soltaba. Éso solucionaba temporalmente el tema de Pashmina, y además había conseguido una cita con Tigrillo. Rió y besó al hámster en la mejilla, lo que hizo que André hiciera resonar su espada, golpeándola contra su funda.
-Ese olor... -el hámster naranja habló de repente, deteniendo el duelo con espadas de madera que mantenía con Hamtaro. Era parte del juego de aventuras que habían decidido jugar ese día- Bijou -llamó a la hámster, que hacía de princesa cautiva en manos del malvado Sir Hamtaro- ¿Oshare ha venido a este club antes?
-¿Conoces a Oshare? -se interpuso Jefazo. André no respondió, sólo desvió la mirada a la puerta. Escasos segundos después, ésta se abrió, revelando a una hámster cuyo vientre era de un color claro, mientras su lomo y parte de su cabeza era de color caramelo. Vestía un enorme lazo naranja que cruzaba su cuerpo y un sombrero de paja con una cinta rosada en la base del bombo. Sus ojos azul marino escrutaban el grupo de hámsters.
-¡Bonjour, Ham-Hams! -saludó con un suave acento francés y una amplia sonrisa. Rápidamente cambió la sonrisa por una mueca de sorpresa- ¿Dos Hamtaro? -preguntó extrañada. Pero enseguida notó la diferencia. Sus ojos se empañaron. Y, aunque intentó hablar, ni un sólo sonido salió por su boca. No podía pronunciar su nombre.
-Bonjour, Oshare -saludó el Knight of Orange, caminando hacia ella. La hámster reculó unos pasos, cómo quien ve un fantasma- Ha pasado mucho tiempo... me alegro que finalmente fueras capaz de venir a Japón.
-A...André... ¿de verdad eres tú? -preguntó la hámster, recuperando poco a poco la compostura. Los Ham-Hams se acercaron y la observaban extrañados- ¿Porqué estás con los Ham-Hams?
-Estoy seguro de que lo sabes -indicó el animal con una suave inclinación de cabeza hacia Bijou. El tono de su voz era suave, pero serio a la vez.
-Me alegro por ti -fue la respuesta de la hámster, sus ojos se llenaron de tristeza. Pero observó la distancia entre ambos hámsters, y cómo André desviaba la mirada y se mordía el labio inferior molesto. Le dirigió una mirada interrogativa.
-No hay nada de qué alegrarse, salvo de que por fin volvemos a vernos -comentó el hámster- Me alegro de verte -sentenció con una sonrisa.
-Pues sí, conocí a los Ham-Hams hará medio año... Katrinne consiguió su sueño de convertirse en una modelo de tirada internacional y, como ella también tenía un gran interés en visitar Japón, finalmente pudimos venir. Los Ham-Hams hicieron de fantásticos guías entonces -rió la hámster, recordando la vieja aventura. De repente calló unos segundos y habló un poco menos alegre- Me encontré a Bijou, pero ninguna de las dos te mencionó. Al fin y al cabo, somos rivales... -murmuró la última frase entre dientes.
-Lo siento André -intervino entonces la blanca hámster- Estaba muy feliz por volver a ver a Oshare, pero siquiera fui capaz de preguntarle por ti... -comentó alicaída.
-No te preocupes -respondió el Knight of Orange sentado en su asiento de brazos cruzados, escuchando con atención la historia de Oshare- Supongo que tenías otras cosas en la cabeza... -suspiró.
-En cualquier caso... -volvió a tomar la iniciativa Oshare, tratando de evitar que el ambiente se volviera tenso- No esperaba volver a verte aquí. La última noticia tuya que tuve fue de aquella vez que viniste a verme para decirme que te habías convertido en el Knight of Orange -observó la capa que vestía el hámster y le hacía tan apuesto- Y veo que lo llevas bien -sonrió sincera.
-Bueno, últimamente han pasado muchas cosas... Por casualidad me topé con Bijou en una misión en esta ciudad, y después todo vino solo -comentó.
-Se podría decir que te dejaste caer -añadió divertido Tigrillo, haciendo que el Club entero echara a reír.
-Estoy segura de que hay mucho de lo que hablar -sonrió Oshare.
-De todos modos... ¿qué te trae por aquí, Oshare? -preguntó Jefazo.
-¡Oh, cierto! -exclamó con su suave acento la hámster- Katrinne tenía que desfilar en una pasarela aquí en Tokyo así que estaremos un par de días. Así que decidí venir a pasar el rato con mis amigos Ham-Hams -sonrió- Aunque no esperaba encontrarme con mis viejos amigos de la Francia-Ham -esta vez miró a André y sus hermanas, que le devolvieron una sonrisa.
-Hay mucho de qué hablar, ¿eh? -comentó por lo bajo el hámster, recordando la anterior frase de la hámster parisina.
-No lo entiendo... ¿entonces Bijou y tú ya no...? -Oshare caminaba junto al hámster que otrora tiempo había amado. André había decidido acompañarla al hotel dónde se hospedaba con su humana para protegerla, pero en realidad todos sabían que era para hablar con ella en privado.
-Digamos que estamos un poco distanciados -comentó el hámster taciturno- Pero bueno, me alegro de volver a verte Oshare. Realmente es algo que no esperaba... no en Japón -puntualizó.
-Lo siento -trató de consolar al hámster. Aunque ésto le daba una oportunidad, no estaba muy alegre- Si pudiera hacer algo por... -calló, al ver que André paraba en seco.
-Bijou debe elegir por sí misma a quién abrirá las puertas de su corazón -el hámster apretaba los puños bajo la capa de Knight of Orange- Nadie puede ayudarla a decidir, pero gracias Oshare. Prefiero que te mantengas al margen -añadió algo seco. Una lágrima cayó de su ojo derecho y recorrió la mejilla. Oshare se acercó a él lentamente y le abrazó.
-Hacía mucho... que no sentía el calor de tu cuerpo, André -comentó en un dulce susurro. Alzó la pata derecha y limpió las lágrimas que habían comenzado a caer de los dos ojos del hámster. Pero no pararía de llorar, no en un buen rato. Aún así Oshare se mantuvo a su lado, la cabeza apretada a su pecho y las patas cubriendo su espalda.
Sabía que André sufría, y quería aliviar ese dolor. Por ello se mantendría allí el tiempo que hiciera falta.
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Respuesta #14 :
Noviembre 03, 2009, 12:57 »
-Ha sido un placer volver a verte, Oshare -aseguró el Knight of Orange, arrodillándose y besando la pata de la hámster parisina.
Los Ham-Hams se habían reunido en aquella colina para ver la puesta de Sol. El astro rey y el cielo eran del mismo color de la capa del hámster que en esos momentos se despedía educadamente de su amiga.
-Os echaré a todos de menos -aseguró la hámster tratando de sonreír, aunque estaba claro que en cualquier momento rompería a llorar- Estos días han sido muy divertidos... Sobretodo porque he podido volver a ver a los Fran-Hams -se dirigió a André y sus hermanas- Volveré cuánto antes, os lo aseguro -sonrió sincera.
-¡Siempre estaremos aquí esperándote, Oshare! -anunció Hamtaro- Al fin y al cabo ya eres una Ham-Ham.
-Oui -aceptó la hámster. Todos rieron y disfrutaron de la vista del Sol ocultándose tras el horizonte en silencio. Inmersos en los recuerdos de la fantástica semana que habían pasado junto a su amiga Oshare.
Semana y media había pasado desde la marcha de Oshare. Pese a todo lo que había pasado, André sabía que su princesa le había perdonado y, pese a que todavía no tenía claro sus sentimientos, el Knight of Orange seguía recogiéndola todas las mañanas para pasear de camino al Club. La hámster siempre le decía que no era necesario, pero, como cuando eran pequeños, André rebatía que “le cogía de camino” en sus quehaceres, y que era un placer. Charraban sobre los acontecimientos recientes en el Ham-Ham Club, André le contaba cosas de Palacio, y de vez en cuando hablaban del pasado, omitiendo educadamente cualquier cosa que tuviera relación con su amorío, aunque ambos solían pensar en ello mientras hablaban de su vida en Francia.
Aquella mañana André abandonó el Ham-Ham Club con una sonrisa, dispuesto a disfrutar un día más de un paseo agradable con Bijou. Precisamente ése día, la llevaría a visitar una nueva pastelería que habían abierto hacía unos días en el Distrito Comercial, y la invitaría a algunos dulces espolvoreados de nata que tanto le gustaban. Se sonrojó levemente, y alegre caminó por el túnel que le llevaría al parque desde el que caminaría tranquilo hasta casa de su amada.
“Tenemos a tu chica. Ven sólo al callejón de la calle Eslava. Si tardas más de media hora, despídete de ella.”
André estrujó el trozo de papel que había encontrado en la entrada de la mansión de Bijou y echó a correr a cuatro patas. No le importaba que la espada le pinchara el muslo y la capa le dificultara el caminar. En esos momentos, su cabeza era un bullidero de sentimientos y pensamientos. ¿La Garra Oscura tenía a Bijou? ¿Pero cómo? ¿Él había fallado en su misión de proteger a los Ham-Hams? No, para protegerlos, la salvaría. ¿Pero y si era un farol? ¿Y si... llegaba tarde?
El corazón del hámster se encogía por momentos, no sabría decir si por la extenuante carrera o porque, lentamente, el pensamiento de la muerte de Bijou cubría su corazón.
-¡Pero qué idiotez! -se reprimió en su frenética marcha, tratando de desechar esas ideas- Bijou no puede morir. No si estoy yo para impedirlo -reconoció la calle. Estaba a sólo una vuelta de esquina del largo callejón escalonado al que hacía referencia la carta. Aguzó los sentidos del olfato y el oído, tratando de discernir algo.
Se detuvo al girar la última esquina. Jadeante, observó el lugar. Había pasado en varias ocasiones por aquella larga callejuela llena de escalones con la blanca hámster. Según le había comentado, era un lugar que antiguamente había sido empleado por gatos, pero que los vecinos los habían ahuyentado. Ahora ningún humano se encontraba cerca, por lo que un largo grupo de gatos campaba a sus anchas.
Pero los ojos de André se clavaron en la blanca hámster que buscaba desesperada a su salvador desde la parte más alta de la colina. A su lado, un gran gato color beis con un mechón de pelo rubio revoltoso en lo más alto de su cabeza daba ordenes a otros gatos. Parecía ser el cabecilla. ¿Sería un miembro del Top Ten de la Garra Oscura? Bijou parecía aterrada. No estaba atada, pero tampoco había necesidad. No tenía por dónde huir: otros tres gatos la cercaban de cerca, y además todo el callejón estaba lleno de esos horribles animales. La hámster tenía el rostro lleno de lágrimas, y miraba asustada de un lado a otro buscando a alguien que la ayudara. No parecía haber recabado en la presencia de André.
-¡Bijou! -exclamó su nombre bien alto, posicionándose en el centro de la base de aquel camino escalonado repleto de enemigos. La hámster reparó en el guerrero y su rostro se iluminó, pero tal era su alegría que las palabras quedaban ahogadas en su boca y ningún sonido salió de la misma- ¡Todo saldrá bien, no te preocupes! -habló en francés. No había necesidad para esos malditos de saber lo que decían.
-Oh... ya veo que te has presentado, Knight of Orange. Los de arriba están muy molestos contigo -habló en japonés el gato del mechón. Realmente era el líder- Mi nombre es Bandit, soy el Número Siete de la Garra Oscura. Has sido un buen chico viniendo hasta aquí. Pero como entenderás no tengo intención de dejaros vivos. Así que sé un buen chico... -calló, al ver cómo André corría con la espada desenfundada escaleras arriba. Ya había decapitado dos gatos, y en esos momentos cortaba la pata delantera derecha de otro. Sus ojos, fijos en él, destilaban odio- ¡Muy bien, acabad con él! -exclamó el animal.
Bijou observaba aterrada y a la vez fascinada la batalla. André se enfrentaba a una decena de gatos que se abalanzaban sobre él. Pero el hámster los despechaba con certeros tajos de su espada o esquivaba con potentes saltos, para luego dar fin sin problemas. Nunca le había visto tan decidido.
André tenía claro qué hacer. No se detendría, no vacilaría, hasta salvar a Bijou. Esos gatos no eran más que morralla. Bandit se mantenía allí arriba, al lado de su amada. La hámster confiaba en él, esperaba que le salvara. ¡No fallaría!
El hámster se acercaba cada vez más. Sólo diez escalones le separaban del líder, y nada más que dos gatos quedaban con vida. Un largo camino de sangre, gemidos de dolor y miembros desperdigados se formaba tras el Knight of Orange. La justicia había sido servida.
Finiquitó a los dos enemigos que continuaban con vida, cuando, por fin, observó a Bandit moverse. Estaba vez era él quién estaba asustado. Seis escalones les separaban. Bijou mantenía juntas sus patas delanteras en posición de oración, rezando por la victoria de su salvador. André sonrió: no necesitaba ayuda divina para despechar a ese monstruo.
Pero al instante, su sonrisa se había truncado en una mueca de dolor y rabia. A cámara lenta, observaba cómo Bandit acercaba lentamente sus garras hacia la espalda de Bijou, dispuesta a partirla por la mitad. La hámster observaba a André con ojos anhelantes, desconocedora de su fatal destino.
La respiración del hámster guerrero era irregular. Buscaba, desesperadamente, en ese segundo eterno, una forma de salvar a su amada. Le quedaban por subir cinco escalones, era imposible que llegara a tiempo. ¡Pero no se rendiría!
Casi cómo si sus sentimientos hubieran abandonado su cuerpo y tomado una forma física, un hámster apareció frente a él. André observó cómo el tiempo se había detenido. Había quedado atrapado en esa milésima de segundo con aquél hámster que era vivo reflejo de él mismo.
El animal le observó y sonrió. No llevaba espada ni capa, pero sin dudas André supo que estaba frente al Knight of Orange del Reino Arco Iris. Levantó la pata derecha y señaló con una de sus garras al corazón de André. Una luz naranja surgió de su garra y se traspasó hasta el corazón del guerrero. Era cálida y reconfortante. El hámster ya había sentido ese calor antes... era el mismo calor del Arco Iris. Una nueva energía invadía su cuerpo, mientras su copia frente a él sonreía satisfecho.
Arco, sentado en su trono, sintió un escalofrío. Sonrió y miró a la Knight of True Indigo, apostada a su derecha, que instintivamente había dirigido la mirada al monarca, al sentir ella el mismo escalofrío. Cuando sus ojos se cruzaron, Indigo pudo leer en los del monarca que brillaban de felicidad.
-Parece que Orange ha despertado el poder supremo del Arco Iris. Ya era hora -comentó el hámster con una amplia sonrisa. Indigo enarcó una ceja, desconcertada. El Rey tenía mucho que explicar.
Bandit reía, seguro de que con ese golpe, causaría un daño horrible al Knight of Orange. Pronto disfrutaría del placer de cortar la carne de un roedor otra vez. Ya casi podía saborearlo, cuándo algo punzante cortó sus garras como si de mantequilla se tratara. Bramó y observó cómo la sangre salía a borbotones de dónde hacía un segundo estaban sus dedos. El artífice de ese ataque había sido ese maldito hámster naranja. ¿Pero cómo? Giró bruscamente la cabeza hacia los escalones dónde se encontraba hacía unos instantes... ¡no había nadie! Pero ningún hámster era tan rápido.
Bijou se giró al escuchar el grito y, sobresaltada, observó que André se encontraba a su espalda. El hámster olía a hierro, y estaba cubierto de sangre, al igual que su espada. Su semblante era serio, pero cuando se percató de que la hámster le miraba, relajó los rasgos y sonrió. Bijou se sonrojó suavemente... André brillaba con un aura anaranjada. La princesa blanca no sabía si se trataba de un efecto visual causado por su corazón que latía a mil por hora, o si por el contrario realmente su guerrero estaba brillando.
-Juré protegerte -anunció con un cálido tono. La hámster iba a abrir la boca, pero su salvador pasó la pata libre por su rostro, tapándole los ojos suavemente. Era algo que solían hacer de pequeños cuando quería darle una sorpresa- No quiero que lo veas -murmuró. Bijou asintió, y esperó. Sabía lo que iba a pasar... y también sabía que André no quería que sus iris verdes se impregnaran del rojo de la sangre. Escuchó el tintineo de la espada cuándo el hámster tomó posición, preparado para la lucha.
La cola del gato se acercaba a la pareja, dispuestos a despacharlos. Pero André la cortó con un rápido sesgo. El gato, haciendo caso omiso al inmenso dolor, quedó sorprendido... la espada no había tocado su cola, había sido el viento cortante creado por la misma. Debía haber sido su imaginación, había perdido mucha sangre. En ese instante, el instinto le urgía a huir. Desvió la vista de los dos roedores y trató de caminar. Pero, frente a él, se encontraba nuevamente ese maldito hámster naranja. ¿Cómo demonios se movía tan rápido?
André sonrió. No entendía ese poder, pero era... realmente increíble. Se lanzó al ataque. Al instante, apareció tras el gato, y vio cómo un largo tajo había cortado su pierna. Volvió a atacar, apareciendo en distintos puntos, dejando tras de sí una profunda herida en el gato, que sólo podía maullar y gemir, incapaz de contraatacar, tratando de seguir al hámster con la vista. Era tan rápido como la luz.
Finalmente, el dolor cesó, y el gato se derrumbó sobre el suelo. Estaba cubierto de sangre, dos de sus patas se habían separado del cuerpo, así como la cola... pero el golpe final había sido la espada que había atravesado su garganta.
-Por orden de Su Majestad el Rey Arco del Reino Arco Iris has sido ajusticiado por tus crímenes -sentenció. Guardó la espada, y se acercó a Bijou. La hámster se mantenía estoica, con los ojos cerrados, cómo le había pedido. Estaba tan guapa... deseaba besarla, pero... no era el momento- Volvamos a casa, Princesa Blanca -ofreció el hámster. Uniendo la acción a la palabra, pasó una de sus patas por la espalda de Bijou y otra por sus piernas, haciendo que se recostara y alzándola en bolandas. Se sonrojó, era algo que solían hacer de pequeños... y a la vez, quedó sorprendido. ¿Bijou pesaba tan poco? ¿O acaso tenía que ver con ese extraño poder? Aunque la hámster quería abrir los ojos, le pidió que esperara un poco más.
Abandonaron el callejón rápidamente, y el guerrero se encaminó hacia el Club. Tras él quedaba un rastro de muerte y desolación teñido de granate.
Se detuvo en el parque en el que se encontraba el Ham-Ham Club. Buscó cobijo bajo uno de los grandes árboles, y, a la sombra, se sentó, recostando la cabeza de Bijou sobre sus piernas. La hámster se había mantenido en silencio durante todo el viaje, y aún no había abierto la boca. El guerrero del Arco Iris se preguntaba en qué pensaría. Tragó saliva y la sangre se agolpó en sus mejillas. La hámster se mantenía recostada, con los ojos cerrados... parecía que estaba durmiendo, y estaba tan guapa... André pasó nuevamente las patas por encima de los ojos de Bijou, tocándolos, y la hámster los abrió.
-Merci -fueron las primeras palabras de Bijou. Alzó la cabeza y volvió a cerrar los ojos. André sabía lo que debía hacer. Arqueó su espalda y acercó su rostro al de Bijou... lentamente, ambos hámsters juntaron sus labios en un beso que duraría, para ellos, una eternidad.
Una vez sus labios se separaron, ambos hámsters se sonrieron, y sus labios volvieron a unirse una vez más. Los recuerdos de su noviazgo en Francia se agolpaban en sus cabezas y corazones, y sólo querían recuperar ese antiguo estilo de vida.
Finalmente, sonrojados, se contemplaron el uno al otro. Bijou rió suavemente, con su particular frase siempre refinada.
-Siempre nos pasa lo mismo... -comentó, pero para su sorpresa, André se había quedado dormido, la cabeza recostada sobre el tronco del árbol. El aura anaranjada había desaparecido... había agotado todas sus fuerzas. Sonrió y enarcó las cejas- Aquella vez también te quedaste dormido antes que yo... tonto... -suspiró encandilada. Se incorporó y se sentó al lado del hámster al que había escogido, recostando la cabeza sobre su hombro y cerrando los ojos... ella también quería descansar después de esa experiencia.
La puerta del Ham-Ham Club se abrió. Los hámsters en su interior charraban animadamente y esperaban la llegada de los dos últimos integrantes del Club, que llegaban tarde. Todos se giraron para dar la bienvenida a sus dos amigos... pero en vez de ello, tras un segundo de silencio y estupor, rompieron a aplaudir, silbar y felicitarles. La pareja, agarrada de las patitas, se sonrojó y se miró mutuamente, para luego desviar la mirada y pedir a sus amigos que se tranquilizaran.
No obstante, sus patas no se separaron ni un instante. Ni lo volverían a hacer.
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