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Mayo 23, 2012, 13:27
Atomic  |  Zona Creativa  |  Gran Biblioteca (Moderador: Líam)  |  Tema: Top Ten Búsqueda Avanzada
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Tema: Top Ten  (Leído 857 veces)
Leo

Mago Dragón



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« Respuesta #15 : Noviembre 07, 2009, 23:40 »

El Knight of Orange enarcó las cejas y acható el hocico, tratando de no respirar el humo que provenía del cigarrillo del hámster sentado frente a él. Disimuladamente, movió la pata izquierda para disipar un poco el humo y tomó con la derecha la taza de té que su compañero le había servido.

-Bueno, Orange... Parece que nuestros destinos están más entrelazados de lo que esperábamos -comentó el Knight of Purple, dando otra calada a su cigarrillo. Él no se había servido té, André sabía que no le gustaba- Hace unos días recibí la visita de un tal “Número Uno” durante una misión. Apareció justo después de que me cargara a un gato llamado Death God -soltó una risotada tras decir el nombre del gato, cómo si le hiciera gracia- Al parecer ese gato era el Número Ocho en la lista de gatos más poderosos de la Garra Oscura. Sé que tú estás detrás del quinto de ellos, y que  has despachado a algunos de ellos ya -volvió a dar otra calada a su cigarrillo- Quizá debería haberte dicho ésto antes... ¿recuerdas cuál es mi misión esencial?

-Encontrar al asesino de tus padres y tu novia -anunció André. Recordaba las misiones de cada uno de sus compañeros, y deseaba cumplirlas tanto como la suya propia, ya que eso beneficiaría al Arco Iris. Purple asintió.

-Ese gato dio la orden -comentó tranquilo. Tras ello, apagó su cigarrillo en el cenicero que tenía en el lugar dónde debía haber una taza de té, y se encendió otro con un mechero que llevaba bajo el traje- Él no los mató, así que no puedo ascender a Knight of True Purple todavía -añadió, adivinando la pregunta de André- Según tu amiguito, Número Uno... el asesino fue un hámster -comentó taciturno. El Knight of Orange se revolvió en su asiento.

-¿Un hámster matando otros hámsters? -pensó en voz alta. Era algo horrible, el peor de los crímenes...

-No me quiso decir su nombre -se encogió de hombros el negro hámster- Pero sí me dio algunos documentos y pruebas de que, realmente, un hámster trabajando para la Garra Oscura lo había hecho. Mi padre fue un gran empresario en Estados Unidos... el atentado que le costó la vida a él, a mi madre y a mi novia no me costó a mi también porque ese día no pude coger el tren junto a ellos por trabajo... -rememoró. André conocía bien la historia, y sabía que era una de las pocas cosas que podían ablandar el corazón de su compañero- Y ahora resulta que aquél que dejó la mochila-bomba en el vagón, aquél que mató a mis seres queridos junto a otros treinta hámsters... fue otro hámster -apretó los puños- Orange. Según ese tipo, yo soy el Número Seis en la lista de la Garra Oscura. Parece que los guerreros del Arco Iris que ya estábamos en la lista hemos escalado bastantes posiciones. Te ayudaré a acabar con la Garra Oscura, si me prometes que me ayudarás a tomar mi venganza -pidió. André se levantó y extrajo la espada.

-Lo juro por el arma que empuño y por mi honor como Knight of Orange, Purple -sonrió- Ahora, ¿qué tal si apagas el cigarrillo? Acabará matándote... -comentó, ante lo que su compañero rió.

-¡Vale, vale! A veces es un rollo que seas médico... -comentó, quitándose el cigarrillo de la boca y ahogándolo en el cenicero.


-Gracias por venir, mis Caballeros -Arco se encontraba sentado en la replica de su trono, en la sala de reuniones. Los seis Knight of Colors, expectantes, esperaban las palabras de su Rey. ¿Quizá se había encontrado al último hámster que ocuparía la verde silla?- Recientemente ha tenido lugar un acontecimiento que, pese a que ha pasado desapercibido a la gran mayoría de vosotros... -clavó su mirada en Indigo- he decidido que es algo que debéis conocer. Orange -le llamó, a lo que el hámster se irguió en su asiento-, la pregunta que querías formularme quedará resuelta cuando escuches ésto -hizo una pausa... los demás guerreros no entendían nada- Hace unos días, el Knight of Orange se enfrentó a un gato de nombre en clave “Bandit”, Número Siete de la Garra Oscura. Durante la batalla, el Knight of Orange obtuvo un nuevo poder, latente en todos vosotros, mis guerreros. Esto es llamado... “Limit Break” -los hámsters se miraron unos a otros extrañados, pero pronto volvieron a clavar la mirada en su Rey- En el estado “Limit Break”, un Knight of Color obtiene un poder equivalente a un Dios. Ni siquiera un Knight of True Color sería capaz de hacerle frente -sonrió al ver cómo Indigo enarcaba las cejas-. Dura un breve periodo de tiempo, pero durante ese tiempo se es todopoderoso. Por supuesto, el estado “Limit Break” no puede activarse cuándo uno quiere. Debe tratarse de una situación de vida o muerte, debe de desearse con todo el alma ser más poderoso... y entonces el Arco Iris escuchará vuestra plegaria y os permitirá activarlo -volvió a callar, para permitir a sus guerreros asimilarlo- No es algo que pueda hacerse muy a menudo, y tampoco es algo que todos los Knight of Color consiguen, debido a las circunstancias que se les presentan. No os informé sobre ésto al nombraros caballeros debido a que consideré que era algo que debía comunicaros llegado el momento. El camino de los Knight of Color oculta cientos de secretos que deberéis descubrir conforme avance vuestra vida, amigos míos -sonrió nuevamente- En esta ocasión, Orange ha sido el primero en conseguirlo... pero no quiero que el resto os desaniméis, y tampoco tengáis el “Limit Break” cómo una carta trampa. Se trata de algo muy excepcional. Podéis retiraros, mis Colores. Se está haciendo tarde... mañana partiréis a vuestros respectivos destinos para continuar con vuestras misiones -anunció. Los Knight of Color se alzaron tras que el Monarca hiciera lo propio y realizaron una reverencia. Abandonaron la sala, todos menos Orange. Tenían mucho de qué hablar.


La noche en el Reino Arco Iris era fría y silenciosa. André se encontraba en el jardín de sus aposentos, observando el cielo nocturno. Las estrellas brillaban, más cerca que nunca, y formaban bellas formas. André suspiró, todas y cada una de ellas le recordaban a Bijou...


-¿De verdad te tienes que ir? Tenemos que hablar de muchas cosas... -comentó la hámster la misma noche del ataque, mientras André la acompañaba a su mansión.

-Sólo será un día, mon amour, y... -el hámster la entendía, él tampoco quería marcharse sin hablar antes algunas cosas. Habían pasado toda la tarde celebrándolo con los Ham-Hams, pero no habían tenido casi tiempo para hablar entre ellos sobre sus sentimientos- Bueno, ya sabes... ser un Knight of Color es algo que yo decidí. Es una de las cosas por las que sigo con vida -explicó. Bijou bajó la cabeza un poco apesadumbrada, pero luego sonrió y se puso de puntillas para besar a André.

-Cuando algo se te mete en la cabeza no hay quién te lo saque, ¿eh? -rió- Te esperaré... esta vez sí, te lo juro -comentó algo entristecida. André no respondió. Simplemente, agarró el mentón de la hámster con su pata derecha y lo alzó, besándola. La hámster pasó las patas por su espalda y se entregó a la pasión a escasos metros de la puerta de su mansión.


Bijou recordaba aquella noche sonrojada mientras observaba el cielo desde la ventana del cuarto de María. El Sol acababa de asomar por el horizonte, pero ella no podía dormir hasta que él apareciera.

Como si de un sueño se tratase, del cielo nublado con nubes anaranjadas apareció un tenue Arco Iris, que descendió posando su base frente a su ventana. Los ojos de la dama liberaron lágrimas que corrían por su rostro mientras, en la lejanía, un hámster naranja parecía separarse de las nubes.

-Te dije que no tardaría -fueron las primeras palabras del hámster, que se frenó frente a su amada, y secó sus lágrimas con la pata derecha. Bijou ahogó un sollozo y besó a André, que cerró sus brazos tras ella, y la acurrucó invitándola al mundo de los sueños.


La hámster escuchaba el piar de unos lejanos pájaros mientras se revolvía sobre la suave almohada sobre la que reposaba su cabeza. Sentía el punzo de la hierba fresca sobre su espalda, por lo que suponía que estaba durmiendo en el parque. ¿Se habría quedado allí dormida? Era normal, había pasado la noche en vela esperando a André... ¡Claro, André! Tenía que hablar con él, tenía que pedirle perdón... Trató de abrir lentamente los ojos, ya tendría tiempo para descansar después. Quizá André estaría enfadado, porque ella se había quedado dormida poco después de reencontrarse...

-Bonjour, Princesa Blanca -la saludó con una sonrisa el hámster de sus sueños. Nada más abrir los ojos, se había topado con la cara del hámster, en lugar del cielo azul o las copas de un árbol, cómo esperaba. Éste le miraba directa a los ojos, cómo si llevara haciéndolo un largo rato, sonriendo. Conforme sus sentidos dejaban de estar embotados tras despertar, notó cómo una de las patas del hámster acariciaba su cabeza, mientras que la otra se alojaba en su pecho, evitando que se moviera en exceso. Se dio cuenta de que la suave almohada sobre la que reposaba no era otra que las piernas del hámster que amaba. Sonrojada, trató de incorporarse, para lo cuál André retiró las patas tan pronto se dio cuenta de sus intenciones.

-Bonjour... perdona, ¿te he hecho esperar mucho? -preguntó la hámster, una vez incorporada. Se lamió las patas y comenzó a frotarlas sobre su rostro, aseándose. No quería que André la viera sin arreglar.

-Qué va -comentó el hámster, y alzó la vista al cielo. Los pájaros sonaban un poco más lejanos ahora- Aún es temprano... pero pensé que era mejor traerte al parque que dejarte en tu jaula -explicó.

-¿Has cargado conmigo desde mi jaula? No hacía falta... -comentó la hámster mientras se ajustaba los lazos. André soltó una suave risa. Bijou sonrió... la risa de André era relajante para su corazón.

-No pesas nada -comentó- ¿Segura que te alimentas bien? Me parece que voy a tener que doblarte la ración -bromeó. La hámster acompañó a su amado en la risa, y recostó la cabeza sobre su hombro, mientras agarraba su pata derecha con su izquierda.

-André, sé que tenemos mucho que hablar, pero... de momento... por favor, quédate conmigo aquí, un ratito más -comentó con voz suave. El hámster asintió y recostó su cabeza sobre la de Bijou. Se mantuvieron así, en silencio, mientras el sonido de las aves desaparecía en la lejanía.


La pareja había tomado asiento frente al río. El Sol se encontraba en su cenit ya, pero ninguno de los dos tenía intención de ir al Club. No sin antes solucionar los nudos que mantenían sus corazones enredados en una maraña de extraños sentimientos.

-André -le llamó Bijou. Desde que se habían sentado, no habían abierto la boca. Llevaban cerca de diez minutos mirando el río.

-Te escucho -respondió el Knight of Orange algo seco. La Princesa Blanca bajó la cabeza, incapaz de mirarle.

-Yo... te quiero, André -fueron sus primeras palabras- Cuando estoy contigo, cuando te cojo de la mano... siento que mi corazón late a mil por hora, y una inmensa felicidad recorre mi alma. Eres todo lo que necesito para ser feliz -aseguró.

-Me alegra mucho oír eso, Bijou, pero... -continuó por ella André.

-Pero... cuándo llegué a Japón, y mandé la carta... y no contestaste... sentí que mi corazón se partía en mil pedazos. Pensé... que quizá Lucette había conseguido abrirse un camino hasta tu corazón, o que quizá simplemente habías pensado que lo nuestro no...

-Lo nuestro durará por siempre, Bijou -le interrumpió André. Sus rasgos se tranquilizaban por momentos.

-¡Pero yo...! -exclamó en respuesta- Yo... estaba muy triste. Marie estaba muy preocupada, porque apenas comía... y eso repercutía en su música. Yo no quería que ella estuviera triste, pero tampoco podía evitar pensar que me habías olvidado... Y, entonces, apareció él -André asintió, adivinando de quién se trataba- Hamtaro... -dijo su nombre algo asustada por la reacción de André. Aunque él y Hamtaro eran buenos amigos, gracias a la alegría contagiosa del segundo, ella sabía que para el Knight of Color el hámster era a la par que un buen amigo un rival inadvertido en el amor de Bijou- Él... no sé, al principio... pensé que aquél que estaba en mi ventana eras tú. ¡Que habías venido a por mi, a Japón! Pero, cuándo le fui conociendo... bueno... no sé, pensé... que quizá podría reemplazarte por él, que podría engañar a mi corazón...

-No soy yo a quién debes pedir disculpas, entonces -aseguró André con una sonrisa, levantando el mentón a su amada y mirándola a los ojos.

-¿Tú crees... que me perdonará? -preguntó la hámster levemente sonrojada.

-¡Vamos, es Hamtaro! -rió André- Seguramente le cueste pillar el asunto, y, además, él jamás podría enfadarse contigo -se levantó y tendió la pata a la hámster- Y si no te perdona, tendré unas palabritas con él -aseguró con una sonrisa. La hámster soltó una risilla y tomó su pata. Cuando lo hizo, André la alzó con fuerza y la abrazó rápidamente- Je t'aime, no importa lo que ocurra -aseguró.


-¿De qué querías hablarme? -preguntó Hamtaro. Cuando André y Bijou habían llegado al club, la hámster le había pedido que le siguiera afuera, que tenía algo que decirle. El hámster parisino parecía taciturno... ¿había hecho algo malo? Bijou se mantenía de espaldas a él. No entendía porqué su mejor amiga se comportaba de una manera tan rara.

-Verás, Hamtaro... -comenzó a hablar la hámster tras unos momentos que tomó para recomponer su valor- Quizá... no te has dado cuenta, aunque yo, desde siempre, he intentando hacerte ver mis sentimientos...

-No entiendo lo que quieres decir, Bijou. Tú siempre has sido muy amiga de todos -sonrió- ¿Hay algo que te preocupe?

-¡Tú, Hamtaro! -exclamó fuera de sí. Nunca había entendido esa actitud tan inocente del hámster- Yo... te he usado. ¡Te usé para desquitarme porque no podía estar con André! -gritó, echándose a llorar sobre el pecho de su amigo. Hamtaro, en shock, sólo pudo abrazar a Bijou suavemente y tardíamente- Yo... creía que te quería... pero sólo era... porque te pareces tanto a André... Durante... todo este tiempo, he pensado en ti como el hámster al que amaba, pero eso sólo era porque quería engañar a mi corazón. Lo siento, Hamtaro, pero... ¡mi amistad por ti es real! ¡Todo lo que hemos pasado ha sido maravilloso! -exclamó. Hamtaro no había dicho nada. Quizá le odiaba, quizá todavía estaba tratando de asimilar las palabras... Tras unos segundos eternos, el hámster posó su pata sobre la cabeza de su amiga y le dio un par de suaves golpes. Bijou alzó la cabeza, todavía llorando, sorprendida.

-Está bien, Bijou -sonrió el hámster- Yo no llego a entender eso del amor todavía, pero sí que es verdad que Jefazo y los demás ya me han dicho que tú te muestras... más amigable conmigo que con los demás chicos. Y ahora sé porqué -comentó- Tú y André... sé que sois muy felices el uno junto al otro, y, además, hacéis muy buena pareja -rió- Tienes que hacerme un favor, por nuestra amistad... sé feliz con él, ¿vale? -sonrió.

-Ah... ¡muchas gracias, Hamtaro! -agradeció la hámster, abrazándole con más fuerza. André observaba la escena desde la lejanía, oculto en la entrada a los túneles del Ham-Ham Club. Ajustó el cuello de su capa y se dirigió hacia el Club con una sonrisa en los labios. Todo parecía resuelto.
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« Respuesta #16 : Noviembre 19, 2009, 22:40 »

El sonido del tortazo fue seco. Los Ham-Hams sintieron un escalofrío... nunca habrían imaginado que su amiga fuera capaz de algo así. El propio hámster que había recibido el golpe parecía contrariado, conforme se llevaba la pata al rostro, quedó sorprendido al ver cómo la hámster echaba a llorar y le abrazaba con fuerza.

-Eres... un idiota, Light... -murmuró la hámster de pelaje dorado tras desahogarse. La capa verde que cubría al hámster se había teñido de un color más oscuro allá dónde la hámster había llorado. Éste liberó sus brazos de dentro de la capa, y cubrió con ellos la espalda de su compañera, que alzó la vista y le miró fijamente a los ojos. Tras unos segundos, la hámster se puso de puntillas y los labios de ambos se unieron.

André, a su espalda, sonrió mientras entraba en el Club y se acercaba a Bijou, sentada en su asiento de siempre.


-¿De verdad tienes que irte? -preguntó la dama compungida. Acababa de llegar al Ham-Ham Club con el hombre que amaba, pero éste no tenía intención de entrar.

-Bijou, lo siento... sé que esta noche teníamos pensado salir con mis hermanas, pero... -rebatió André. La hámster suspiró, veía en sus ojos que realmente estaba entristecido por el cariz que habían tomado los acontecimientos.

-Su Majestad te ha llamado urgentemente para una misión, ya... -repitió la hámster las palabras que André le había dicho algo molesta- Ten cuidado ahí fuera -aceptó tras unos segundos la princesa blanca, abrazando al hámster. Éste devolvió el abrazo y la besó en la frente.

-Intentaré terminar pronto y volver antes de que anochezca -prometió. Aunque ambos sabían que era algo improbable.


-Te veo algo contrariado, Orange -comentó el Rey Arco mientras André esperaba arrodillado frente a él en la sala del Trono. El guerrero se revolvió inquieto mirando al suelo, ¿no había conseguido ocultar su zozobra? Arco rió- Bueno, tendremos tiempo para hablarlo mientras te explico los pormenores de la misión. Indigo -llamó a la hámster tras él- Ven tú también -ordenó, levantándose. André también se incorporó, y ambos hámsters siguieron a su Rey por los pasillos de Palacio. El monarca parecía alegre. Ambos hámsters sabían cual era la única razón por la que su Rey se comportaría así. André esbozó una suave sonrisa mientras seguía a su amigo hacia la sala de misiones.


-Su nombre es Light Masaku, y ha sido escogido Knight of Green por el Sueño Arco Iris -anunció Arco una vez los tres hámsters tomaron asiento- Con su llegada, el Arco Iris está completo -explicó con una amplia sonrisa.

-Es una gran noticia, Majestad -corroboró André.

-Como en el caso de Purple, es un hámster que no tiene ninguna relación previa conmigo. Pero el Arco Iris lo ha seleccionado y tengo plena fe en su criterio. Sé que es mi obligación viajar a su encuentro, pero... -sonrió- Hace mucho tiempo que vosotros dos no tenéis una misión en equipo. Me gustaría que fuerais a su encuentro y le explicarais los pormenores de ser un Knight of Color. Si acepta, mañana podréis volver a vuestros quehaceres. La ceremonia se celebrará esta misma tarde -sonrió mirando al Knight of Orange, cuyo rostro se iluminó.

-Yes, Your Majesty! -aceptaron ambos hámsters levantándose al unísono y realizando una reverencia.


-¿Y bien, Orange? -rompió el silencio la Knight of True Indigo. Caminaba junto al Knight of Orange por aquellas montañas de Kyoto, en busca de su futuro compañero. La vegetación era frondosa, por lo que ambos iban con las espadas desenfundadas para poder cortar maleza y abrirse paso si era necesario. André marcaba el paso, algo que no convencía a la Knight of True Indigo, acostumbrada a ser ella la líder- Parece que te has encariñado mucho de esta tierra -comentó.

-Mi novia y hermanas viven ahora aquí -comentó cortando un matorral que les impedía el paso- Es algo natural, ¿no crees? -sonrió a su compañera levemente ruborizado.

-Bueno, siempre que no te olvides de la Madre Patría... -suspiró- ¿Cómo crees que será el Knight of Green? -preguntó, cambiando de tema.

-Vaya, pensaba que no te gustaba el cotilleo -sonrió picaresco el hámster naranja.

-¡No es eso! -rebatió la hámster mostrando su dura fachada- Sólo que un hámster que no ha tenido relación alguna con Su Majestad... no sé si es de fiar -explicó.

-Si el Arco Iris le ha escogido, no nos queda otra que pensar que sí lo es -contestó André algo seco. Él pensaba igual que Indigo, pero... ahora no era momento para hablar. Habían llegado a un inmenso llano. Un llano que no era natural, a juzgar por los cortes en árboles sueltos y que los tallos de algunas plantas habían sido cortados a muy poca altura. Además, para su sorpresa, un hámster se encontraba al otro lado del llano, haciendo marcas en un árbol. Saltaba muy alto para ser un hámster, y llevaba una espada similar a la de André. Era más pequeño que los dos guerreros del Arco Iris, André calculó que mediría lo mismo que Hamtaro. Su pelaje era blanco, pálido, a excepción de una franja verde claro que atravesaba su frente y tintaba su pelaje hacia arriba hasta las orejas.

Conforme se acercaron, el hámster dejó su entrenamiento al sentir su olor, y se giró curioso. Al ver que los guerreros llevaban armas desenfundadas, enarboló la suya en su dirección. Indigo alzó su arma y adoptó una pose ofensiva, pero rápidamente André se interpuso para evitar un derramamiento de sangre. Enfundó su espada, y caminó tranquilo hacia el hámster, que había relajado sus rasgos suavemente. Indigo, por su parte, refunfuñó y le siguió, con la Claymore desenfundada.

-No queremos luchar -anunció el Knight of Orange en perfecto japonés- Sólo queremos que escuches la oferta que tenemos para ti -explicó con una sonrisa- Por cierto, yo soy André Bresson, Knight of Orange del Rey Arco. Y mi compañera es la Knight of True Indigo, Casilda Holbein -hizo las presentaciones.

-Mi nombre es Light Masaku -respondió en idioma común el hámster de pelaje verde- Conozco vuestro grupo, pero lo siento, no me interesa nada de lo que ofrezcáis.

-Tienes una buena espada -indicó Indigo, envainando la suya. Había estado escrutando al hámster de arriba abajo desde que habían empezado a hablar. El hámster esbozó una sonrisa.

-Vuestras armas tampoco están mal -comentó, agradeciendo el cumplido- Pero yo no empuño un arma por gusto. Lo hago para proteger a los que más quiero -explicó.

-Con el poder que el Arco Iris puede brindarte, serás capaz de proteger a quién quieras -le aseguró André.

-Ya os he dicho que no... -el hámster naranja rebuscó en el interior de su capa una carpeta, la extrajo, y la lanzó a los pies de Light. Enganchadas en la cubierta con un clip habían dos fotos de Pashmina y Penelope.

-Pashmina y Penelope están bien. Tienen muchos amigos, y estoy seguro de que las dos te echan muchísimo de menos -habló André en tono cálido. Indigo le miró extrañada, mientras que Light desenvainó la espada y corrió hacia el hámster.

Light no tuvo tiempo para pestañear antes de que su espada saliera volando y se clavara en el suelo, mientras André apuntaba con su arma a su garganta.

-¿Entiendes ahora el poder del Arco Iris, Light? Ven con nosotros, Su Majestad te lo explicará todo y te dará un poder con el que proteger a los tuyos -anunció, retirando la espada y tendiéndole la pata. Light observó la pata del hámster unos largos segundos, y finalmente la aceptó. André sonrió e Indigo bufó satisfecha, y los tres hámsters alzaron la vista al cielo para ver cómo un Arco Iris descendía y posaba su base frente a ellos.



Penelope observó cómo su mejor amiga besaba a aquél hámster. Tenía un olor peculiar, que la pequeña hámster, pese a no haber sentido nunca, le resultaba familiar.

-Hay que ver cuánto has crecido, Penelope... -sonrió el hámster verde a la jovencita- ¿No vas a dar un abrazo a tu papá? -continuó, para la sorpresa de todos los presentes. La pequeña hámster abrió la boca y trató de decir algo, pero su voz se quebró. Sencillamente salió corriendo hacia su padre y saltó sobre él, abrazándolo y rompiendo a llorar.
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« Respuesta #17 : Noviembre 26, 2009, 12:01 »

La llegada del Knight of Green al Ham-Ham Club supuso una algarabía inusitada en el mismo, y una larga tarde repleta de explicaciones y recuerdos.

Light tuvo que explicar, con Penelope sentada en su regazo tarareando una canción y Pashmina a su derecha muy cerca de él, lo mismo que ya había comentado al Knight of Orange la tarde anterior en el Reino Arco Iris.

Light era un hámster de campo, y tuvo niños a una temprana edad con la madre de Penelope. Pero la madre de Penelope era una hámster doméstica. Vivía en una tienda de animales, y el dueño de la misma rápidamente separó a los bebés de la madre. Desgraciadamente, de los tres bebés que nacieron, sólo Penelope sobrevivió. Su madre, con el corazón destrozado, murió poco después... Antes de que Light pudiera llegar. El hámster decidió que su única hija estaría más segura viviendo con un humano que en el duro campo, dónde él empezaba a tener algunos problemas con los gatos de la vecindad.

Aún así, iba todos los días a visitarla, observándola desde la lejanía, y una vez su dueña la compró, continuó haciéndolo más asiduamente. La pequeña parecía muy feliz con ella... pero un día la rutina se rompió. Una hámster que vestía una bufanda rosa y cuyo pelaje era de un color dorado jugaba con su hija. Al observar a aquella hámster, que le recordaba tanto a su madre... el corazón de Light volvió a latir con la misma intensidad. Aquella hámster... tenía que conocerla.

Consiguió seguir a la humana que la llevó de la casa de su hija hasta la suya propia, y allí se presentaron. Light le contó todo lo que había ocurrido con Penelope, y le pidió que no le dijera nada. Desde entonces, ese se convirtió en un secreto entre los dos. Cuando Pashmina no estaba jugando con Penelope, salía fuera con Light. Pronto su relación fue siendo más cercana, y más cercana... hasta que Pashmina admitió su amor por el hámster.

Desgraciadamente, a la mañana siguiente de celebrarlo con una fantástica cita nocturna, Light recibió una carta poco halagüeña. En ella, un grupo terrorista que se hacía llamar “La Garra Oscura”, le exigía que abandonara la ciudad o tomaría “represalias contra sus seres queridos”. Al parecer, los padres de Light habían sido unos famosos políticos japoneses y, aunque Light no acababa de aceptar ese tipo de vida y nunca había participado activamente en la vida política, tampoco tenía intención de poner en peligro a sus seres queridos.

Compró una espada, y anunció a su amada Pashmina que se marcharía, y no volvería hasta ser suficientemente fuerte para protegerlas a ella y a Penelope. La hámster dorada lloró, y cuándo fue a ver a la hija del hámster que amaba, lloró aún más. La pequeña hámster no lo entendía, pero abrazó a su amiga y lloró junto a ella.

Y, hasta entonces, Light había estado viviendo en los bosques de las montañas de Kyoto, entrenándose con la espada, mientras Pashmina mantenía su promesa.


El hámster verde recordaba todo éso mientras recogía pipas junto a su compañero de color naranja, al que preguntaba diversas cosas del Reino Arco Iris. Como excepción, el Rey le había permitido viajar a Tokyo para encontrarse con su hija y su amada. El Knight of Orange había tenido que interferir, ofreciéndose como tutor del Knight of Green. El Rey Arco aceptó la propuesta de su buen amigo y ambos hámsters llevaban unos días disfrutando de una vida tranquila en la ciudad.

Hasta ese día.


Penelope esperaba en su jaula la llegada de su padre taradeando una canción. La hámster solía esperar a que la recogiera Pashmina, pero desde que había vuelto, su papá siempre se encargaba de hacerlo.

Mientras miraba por la ventana esperando la llegada del hámster verde, observó una pequeña mariposa que pasó flotando. La mariposa era de color amarilla, y Penelope quedó rápidamente prendada de su estampado. Decidió que la capturaría y se la regalaría a su papá.

Salió de la jaula y saltó al árbol, dónde se había posado el insecto, tratando de capturarlo. La pequeña mariposa descendió al suelo y se posó en una flor rosa. Penelope, concentrada en capturarla, se olvidó que debía de esperar a su padre en casa y bajó del árbol a la caza del insecto.

Sonrió, convencida de que, en cuánto se abalanzara sobre la mariposa la capturaría sin problemas. Llegó al suelo y se acercó sigilosa al insecto, que ni se inmutó. Cuando estaba dispuesta a dar el salto, se detuvo al ser cubierta por una sombra a su espalda.

Se giró para observar de quién se trataba. ¡Quizá era su papá, y podría ayudarla a capturar la mariposa!


Light había llegado por fin a la casa de Penelope. Se había entretenido charlando con André, por lo que había tenido que acelerar el paso para llegar a tiempo a recoger a su hija. Llegó al jardín de la casa de su dueña y se disponía a subir el árbol que le separaba de la ventana cuando su vista se desvió a una flor aplastada en el suelo. Una mariposa chafada agonizaba intentando batear sus alas, alguien la había pisado.

El Knight of Green se detuvo. Olía algo extraño. Su rostro palideció al comprobar que el olor de su hija se mezclaba con el de otro animal. Un terrible animal. Desenfundó la espada y salió corriendo en la dirección que le marcaba el olor.


Penelope temblaba de terror. Caminaba lentamente al borde del río del parque de la ciudad, acompañada de un gato notablemente más grande que la media de pelaje beis, y con una cicatriz en su ojo izquierdo. El animal se mantenía en silencio, sólo había abierto la boca para decirle que “fuera buena niña y le acompañara”. La hámster no sabía que hacer. Tenía claro que su padre iría a buscarla, pero al no encontrarla, quizá se enfadaría... pero ella no podía hacer nada, y si enfadaba al gato...

Se detuvo un instante, asustada por las consecuencias. El gato, que caminaba detrás suya, se detuvo también y le gruñó, sin dirigirle la mirada. Al ver que la hámster no respondía, la empujó con la pata, haciendo que volviera a ponerse a caminar. Unas pequeñas lágrimas afloraron en los ojos de la hámster, que continuó la marcha agachando la cabeza y ahogando un sollozo.

De repente, le pareció oír algo. Sus orejas vibraron levemente, y alzó la vista. Volvió a escuchar la voz, ésta vez clara y fuerte. Esa voz que hacía que su pequeño corazón latiera con alegría.

-¡Penelope! -volvió a llamarla. La hámster olvidó el miedo y se giró alegre. Su padre, el poderoso Knight of Green, venía corriendo. La capa que cubría su espalda ondeaba a la carrera mientras el hámster se acercaba, espada desenfundada. A Penelope le gustaba mucho que su padre fuera a recogerla con el traje de caballero, porque la hacía sentirse una verdadera princesa. El enorme gato había olvidado a la pequeña y se había girado hacia el adulto. Murmuró algo sobre que por fin se presentaba el Knight of Green, y tomó posición de ataque. Light continuó corriendo hacia su hija- ¡Penelope, cierra los ojos! -le ordenó. La hámster murmuró reticente. Quería ver a su padre luchar. Pero sabía que el hámster no quería que sus ojos se mancharan de sangre, que quería que continuara siendo tan pura e inocente como siempre, así que se llevó las patas a los ojos y los cerró con fuerza- Todo saldrá bien -le aseguró con tono cálido, parándose frente al gato.

El animal rió, mostrando sus afiliados dientes. Light no tenía intención de hablar, y pasó rápidamente al ataque. Lanzó una estocada, que el gato esquivó de un salto. El animal era rápido, pero el Knight of Green no tenía intención de alargar la batalla. Se lanzó directo sobre su enemigo, clavando su espada en la pata delantera derecha del gato, que maulló. Con un violento movimiento lanzó al hámster lejos junto a su espada. De la pierna chorreaba un hilo de sangre.

-No está mal... Has conseguido herir al número seis de la Garra Oscura, Dark Mirage -sonrió una vez más y se lamió la pata con tranquilidad. Light sopesó a quién se enfrentaba. No sólo era uno de los gatos de la Garra Oscura, sino además uno de los más poderosos.

¿Y a quién le importa?, pensó el hámster esbozando una sonrisa. Buscó a su hija con la mirada. Seguía allí, cerca del río, con los ojos tapados esperando a que su padre fuera a recogerla. No tardaría. Volvió a concentrarse en el combate, el gato se abalanzaba sobre él con fuerza. Era un movimiento que el hámster conocía bien, y sabía que el combate había llegado a su fin.

Light dio un salto y clavó su espada en la frente del gato. El animal murió en el acto, y su cuerpo, debido al impulso de la carrera, rodó hasta caer por la ladera al lado del río hasta el mismo. Por suerte, el Knight of Green había podido retirar la espada a tiempo y bajar del cadáver rodante.

-Vayámonos Penelope -le pidió, cogiéndola de una de las patas. La hámster dio un bote y le besó en la mejilla, tras lo que le abrazó con fuerza- Ya ha pasado todo... -murmuró, mientras miraba al río, dónde el cadáver de un gato destilaba sangre que ensuciaba la impoluta agua.
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« Respuesta #18 : Enero 25, 2010, 13:02 »

-¿Y ves ésa? Se llama Columba -indicó André señalando al cielo plagado de estrellas. Concretamente a una que, con la suficiente imaginación, recordaba a una paloma.

Se encontraba recostado sobre la hierba de aquella colina a las afueras de Tokio. El viento helado de la noche le golpeaba suavemente, con una agradable y refrescante sensación. La noche no era calurosa, pero el tener recostado sobre su pecho la cabeza de Bijou mientras la hámster le cubría con sus patas en un abrazo acaloraba a cualquiera. La dama asintió y rió suavemente. Recordaba las clases de astronomía que André le solía dar de pequeños cuándo salían. Aunque entonces, siempre, inexplicablemente, el hámster encontraba una nueva constelación que casualmente se ubicaba en sus ojos.

-¿Y ésa? -preguntó la princesa blanca. En realidad, desde hacía un rato apenas prestaba atención al cielo. Sus ojos se habían encontrado con los de André, y no los desviaría jamás.

-Esa... -André desvió la mirada a los ojos de su amada y la besó- Esa es la mujer más bonita del mundo -comentó con tono dulce. Acarició las coletas de la hámster suavemente, y ésta soltó una risilla coqueta. El hámster alzó la vista al cielo y señaló una constelación- ¿Ves esa? Se llama Coronae Borealis -sonrió- Una corona acorde con la Snow Princess, ¿no te parece? En el Reino Arco Iris, las constelaciones se ven más cercanas que en la Tierra. Te prometo que te la conseguiré -aseguró, uniendo sus labios con los de la hámster y dando por finalizada la clase de astronomía para dar comienzo a otra más práctica.


El Knight of Orange recordaba encandilado la fantástica noche que había pasado con su amada. El codazo de Blue, sentado a su derecho, le sacó de su nube. El Rey había empezado a hablar. André se amonestó mentalmente por la falta de disciplina.

-Os he reunido, mis Colores, para tratar una de las leyes del Reino Arco Iris. El Knight of Orange desea abrir una votación sobre una de las leyes -el monarca alzó la pata derecha con la palma abierta y señaló a André, dándole permiso para exponer su idea. El hámster francés se aclaró la garganta.

-Primero, he de decir que la petición ha sido conjunta con el Knight of Green -explicó- Me gustaría pediros, compañeros Knight of Color, que se someta a votación la derogación de la Ley de Permanencia. Como todos sabéis, como Knight of Color, debemos vivir en Palacio para acudir raudos a la llamada de nuestro Rey -arqueó la cabeza en sumisión mirando al Rey Arco- Pero, el Knight of Green y yo consideramos que es una ley injusta y no necesaria. Como todos sabéis, nuestras familias habitan en Japón. Y nosotros hemos obtenido un permiso especial de Su Majestad para vivir con ellos temporalmente. Pero ésto supone para nuestro Rey un continuo conflicto con los nobles, que no ven justo nuestra actitud y el que, en cierto modo, nos saltemos las leyes. Por eso queremos proponer la eliminación de la Ley de Permanencia, que nos permitirá vivir libremente dónde deseemos sin que eso repercuta significativamente en los servicios que prestamos a Su Majestad -concluyó su interpelación.

-Gracias, Orange -intervino el Rey- ¿Alguien quiere debatir? -siguió el protocolo. Aunque raramente era la vez que alguien debatía algo. Los Knight of Color solían hablar antes de las reuniones, por lo que en la mayoría de ocasiones las votaciones pasaban limpias, sin ningún tipo de objeción. Dado el silencio de los guerreros, continuó hablando- Entonces procedamos a la votación. Los que estéis de acuerdo en derogar la Ley de Permanencia, alzaros y desenfundad vuestras armas -pidió.

Los siete Knight of Color, al unísono, retiraron hacia atrás sus asientos y se alzaron, desenfundando sus armas y alzándolas por encima de la cabeza. El Rey Arco hizo lo propio con su paraguas. Pese a que se tratase de una votación, su voto era el decisivo.

-Muy bien, la votación es unánime. Por la presente, yo, el Rey Arco del Reino Arco Iris, derogo la Ley de Dependencia y dictamino que los Knight of Color son libres de vivir dónde deseen -anunció. André y Light sonrieron, y todos los guerreros del Arco Iris realizaron una reverencia, aceptando la resolución de su Monarca.


André cruzaba metales con Light en aquél claro del parque, cerca de la entrada al Ham-Ham Club. Ambos habían decidido entrenarse con tal de mejorar en el arte de la espada, y estaban realizando un combate de prueba.

Bijou observaba la pelea sentada en la base de un árbol, a la sombra. Enarcó las cejas suavemente y suspiró.

-¿Te molesta, eh? -comentó una voz a su espalda. La hámster dio un pequeño sobresaltada. Giró la cabeza y se topó con el Knight of Blue, que le sonrió mientras movía de lado a lado la pata derecha en forma de saludo.

-N...No sé a qué te refieres -comentó la hámster esquiva, desviando la mirada. Blue se paró a su lado, sin sentarse, observando a los dos hámsters luchar. Parecía que no habían caído en su presencia, tan inmersos en la batalla se hallaban. El hámster soltó una risotada, su alegría natural era contagiosa.

-¡Vamos, no soy tan idiota! Hasta yo me doy cuenta de que te molesta que Mister Casanova ahí presente -señaló a André- pase más tiempo entrenando en vez de contigo. Te disgusta que Orange sea un Knight of Color, que tenga que ir de aquí para allá en misiones cada vez que Su Majestad lo pide y demás -relató exactamente los pensamientos de la blanca hámster.

-¿Cómo...? -empezó a preguntar la hámster. Blue le guiñó un ojo y, por un instante, su sonrisa se volvió una fina linea.

-Yo también tuve una novia antes de ser el Knight of Blue, y me dejo al pasar más tiempo en el Reino Arco Iris -se encogió de hombros- Pero eso es agua pasada. Además, a Orange y a ti no os pasará. Ese hámster te quiere tanto que sería capaz de renunciar a su titulo por ti -añadió. Bijou bajó la cabeza un instante, apesadumbrada. ¿Sería tan egoísta de pedir a André que renunciara a lo que él había decidido por ella?- ¿Sabes? Cuándo Orange llegó a Palacio, noté rápidamente que había algo que le preocupaba, que le atormentaba. Él quería, sobre todas las cosas, estar contigo. No paraba de hablar de ti, de decir lo mucho que te quería y lo feliz que sería cuándo te encontrara. Me atrevería a decir que ese hámster eligió ser el Knight of Orange para encontrarse contigo -suspiró, y calló un instante- Él se entrena por ti. Para protegerte, para serte de utilidad. Piensa en ésto, preciosa: Orange es el Knight of Orange por ti. ¿Lo entiendes ahora? -sonrió. Bijou asintió, y se alzó.

-¡Ánimo, André! -gritó con todas sus fuerzas. El hámster la oyó, y se giró un instante hacia ella. Sonrió y le guiñó un ojo. También saludó a Blue moviendo la pata libre, para después concentrarse nuevamente en el combate con Light.

-Tienes una novia estupenda -comentó Light a su compañero, cuándo las espadas de ambos se cruzaron en un duelo de fuerzas.

-Es la hámster a la que protegeré con mi vida si es necesario -aseguró André con una sonrisa de satisfacción.

Bijou observaba, encandilada y con ojos brillantes, cómo André, cómo su Caballero, luchaba por y para ella.

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« Respuesta #19 : Febrero 18, 2010, 22:58 »

El hámster vestido de azul desenfundó sus espadas gemelas ante la presencia del hámster armado que se aproximaba hacia ellos. André y Light se interpusieron, indicándole que guardara las espadas. Reconocieron al pistolero de inmediato, por éso no se sorprendieron de que se dirigiera a ellos con una pistola en la pata derecha.

-Cuánto tiempo -saludó Light sin ningún sentimiento. No es que se alegrara precisamente de verle: la última vez que lo hizo fue para no volver a ver a Pashmina. André también saludó.

-¿Os importa explicarme qué pasa aquí? -preguntó Blue tras los dos hámsters.

-No te preocupes, Francisco -contestó Número Uno usando su nombre de pila, que molestó aún más al hámster- Mi nombre es Número Uno, soy un viejo conocido del Knight of Green y el Knight of Orange -comentó.

-Así que éste es el que os metió en los líos de la Garra Oscura -se dirigió a sus compañeros, sin considerar que el hámster les escuchaba- No parece tan fuerte como decís.

-No tengo intención de medir fuerzas contigo, Knight of Blue -comentó el hámster, guardando su pistola- ¿Mejor? -Blue se limitó a bufar- Veréis, es muy simple. Necesito vuestro poder -anunció- La Garra Oscura va a reunirse y pienso acabar con ellos de una vez por todas. Es la guerra total.

-Es una trampa -comentó André impasible- ¿Lo sabes, verdad? -increpó. Sabía que a ese hámster le daba igual.

-Meternos en la boca del lobo... suena interesante -añadió Light con una sonrisa pícara.

-Nosotros sólo nos debemos a las ordenes de nuestro monarca -les recordó Blue. Parecía no convencerle la idea.

-Sí, es una trampa -aceptó sin miramientos el hámster ataviado en el poncho marrón- Pero van a reunirse todos los peces gordos para intentar reorganizar su jerarquía. Es la única oportunidad que tendremos para acabar con ellos de una vez y para siempre -algo había cambiado en Número Uno, André lo notó. Algo le llenaba de ira- Estoy seguro que vuestro Rey aceptará sin problemas que “tome prestado” vuestro poder para acabar con esa banda criminal. Al fin y al cabo es lo que más problemas os da, ¿verdad? -comentó. Los tres hámsters se sorprendieron de cómo ese misterioso animal podía conocer los motivos de sus misiones- Dentro de 4 días, 10 de la mañana. Pakistán. Coordenadas 30,10 70,15. En cuánto lleguéis, no veréis a nadie. Saldremos a buscaros -se dio la vuelta y comenzó a caminar- Prepararos para todo. La guerra no es agradable -añadió secamente mientras se marchaba. Los tres hámsters se miraron entre ellos, en silencio.


-Tienes que ir -aseguró Bijou, de espaldas a André, frente a la mansión de la hámster. Era la noche antes del día elegido. La pareja había hablado largo y tendido sobre el asunto, y la hámster había sido bastante más receptiva de lo que su compañero esperaba. Había prácticamente aceptado sin rechistar que debía ir a luchar, e incluso le animaba a ello. A cambio, sólo había pedido “una serie de deseos”.

-Pero todavía no me has dicho los deseos -suspiró André. Aunque habría deseado pasar la noche con ella, había quedado con Light y Blue y tenía que levantarse pronto. La hámster se giró y sonrió.

-Tenía pensados veintitrés pequeños deseos. Pero he decidido incluirlos todos en uno sólo más grande -le tendió un papel- No lo puedes abrir hasta que hayas terminado la misión, ¿vale? -le pidió, guiñándole un ojo. André asintió y se acercó a ella. Pasó su pata derecha por el rostro de la hámster y la besó. Un beso eterno, que recordaría en sus labios durante todo el largo día que estaba por llegar.

-Buena suerte -le deseó la hámster, abrazada a su amado.

-Merci -respondió André, apretándola con fuerza y acariciando su cabeza- Je t'aime, Bijou. Sólo esperame -le pidió- Cuando vuelva... seré el Knight of True Orange. Y ya nada podrá separarnos jamás -aseguró.

-Te tomo la palabra -aseguró la hámster, volviendo a unir sus labios con los de André.


El Arco Iris descendió en aquél desierto ardiente. Los tres hámsters descendieron en silencio, buscando desde las alturas al hámster que les había llamado a ese lugar. Pero no vieron a nadie en aquél mar de arena. Esperaron allí, habían llegado un poco antes de la hora indicada.

-Venid conmigo -anunció una voz a sus espaldas. El trío se giró sorprendido, no le habían oído acercarse dado que la arena había amortiguado sus pisadas- Tenemos que movernos rápido -indicó, volviendo a girarse y echando a andar, subiendo una duna.

Al otro lado de la misma, seguía sin haber rastro de vida. No obstante, en la lejanía, se divisaba una superficie rocosa que sobresalía del monótono paisaje. Número Uno se detuvo y se giró nuevamente a los tres hámsters.

-En media hora daremos comienzo al asalto a aquella cueva de allí -dijo, refiriéndose a la roca- Fue en otro tiempo usado como mina por los humanos, pero ahora es la base principal de la Garra Oscura. Está compuesta por un piso superior y cinco pisos subterráneos, dónde nos esperará cada gato del Top Cinco de la Garra Oscura -relató. Aunque los hámsters dudaban de cómo había obtenido esa información, no le interrumpieron- Número Cinco, cuando comience el asalto vendrás conmigo y nos abriremos paso directo hacia las escaleras que nos llevaran a los pisos inferiores. Número Seis y Siete, vosotros os encargaréis de organizar la ofensiva en el piso superior. Aunque no lo veáis, escondidos entre éstas dunas se encuentran cerca de cincuenta hámsters, que al igual que nosotros, han sufrido las atrocidades cometidas por la Garra Oscura y han decidido venir a luchar. El piso superior estará custodiado por las altas esferas de la organización. Es vuestro cometido eliminar la base mientras nosotros nos encargamos de la cima -explicó-.

-Entendido -aceptó André en nombre de sus compañeros- Sólo tengo una petición: Número Cinco, Gargamel, es mio -anunció. El pistolero asintió, carente de sentimiento. No era algo que le preocupara, él sólo quería ver cómo toda la Garra Oscura caía de una vez y para siempre.

-Vosotros dos esconderos en aquellas dunas -señaló un par de dunas que se asemejaban a las jorobas de un camello- Allí encontraréis a “vuestro ejercito” -comentó- Número Cinco, ven conmigo. Te presentaré al resto -volvió a girarse y continuó caminando, sin decir una sola palabra más. André le siguió tras dirigir una significativa mirada a sus amigos. Era el momento de separarse para que cada uno llevara a cabo su misión. André siguió a su compañero, decidido. Subieron una duna y, al otro lado de la misma, esperaban tres hámsters charrando animadamente.

-Al fin llegas -saludó una hámster de mediana estatura. Su pelaje era totalmente marrón, exceptuando la parte baja, tintada de blanco. A su espalda cargaba con un tubo metálico, seguramente un bazooka. A ambos lados de un cinturón a la altura de su cintura, había dos pistolas.

-Así que eres el famoso Número Cinco... no pareces más fuerte que tu predecesor -habló otro hámster, bastante alto y de pelaje oscuro como el carbón. André pudo ver en él una viva imagen del Knight of Purple. El hámster era musculoso, y André no observó ninguna arma a simple vista.

-Las apariencias engañan. Al fin y al cabo es el Knight of Orange del Reino Arco Iris -comentó el tercer hámster. Era de la estatura de la mujer, pero su pelaje y tono de voz eran distintos. Su pelaje era beis, a excepción de unas marcas redondeadas azules en sus orejas. Además llevaba un monóculo en el ojo derecho y su arma era una espada curva que colgaba a la derecha de su cinto.  En cuanto a la voz, mientras que la dama tenía un tono que el hámster recordaba de países del norte de Europa, su compañero compartía el tono de Light. En cambio el hámster fornido tenía un acento brasileño. André no pudo evitar sonreír ante el curioso grupo que Número Uno había formado.

-Es un placer -saludó. Los machos asintieron, y la muchacha se acercó para darle un par de besos en las mejillas.

-Las presentaciones  las dejamos para después de la misión -comentó Número Uno, taciturno.

-Número Cuatro -dijo el hámster musculoso.

-Número Tres -añadió el espadachín de mediana estatura, con una sonrisa pícara dirigida a Número Uno, que había chasqueado la lengua crispado.

-Y yo soy Número Dos -anunció la muchacha. André se sorprendió que una hámster tan alegre y joven fuera el segundo objetivo de la Garra Oscura- Vamos, Uno, no te enfades -comentó con falso tono afligido. André asintió y desvió la mirada a Número Uno, que se limitó a enarcar las cejas y sentarse sobre la caliente arena.

Número Tres comentó algo, invitando a André a la conversación que mantenían. El Knight of Orange se unió a la charla. Los cuatro hámsters hablaban animadamente, esperando el inicio de la misión. Sabían lo mucho que se jugaban en el asalto, y sabían que el fin de su larga pesadilla estaba cerca. Aún así, cualquiera lo diría, a juzgar por su alegre conversación. Sólo parecían un grupo de amigos charrando sobre cualquier tema mundano.


El sonido de la alarma inundó la larga y ancha cueva que en otro tiempo fuera mina humana. Casi un centenar de gatos tomaron posiciones, el asaltante era un copioso grupo de... hámsters. Algunos fanfarronearon frente a la estampa, otros rieron preguntándose “¿quién había pedido comida a domicilio?”. Los animales se acercaban corriendo por la duna, hacia la puerta principal de la mina, según informaban los guardas.

Un misil proveniente de un bazooka impactó contra la puerta metálica de la mina, cuando los gatos trataban de cerrarla, impidiendo que pudieran hacerlo y acabando con la vida de unos cuantos en el proceso.

Aprovechando la confusión, y al grito de los Knight of Blue y Knight of Green, los hámsters entraron en la cueva, base de la Garra Oscura, listos para la batalla final.


El campo de batalla era un caos. Pese a que las voces de Light y Blue resonaban en todo el espacio, hablando en el idioma común dando ordenes, los hámsters luchaban cómo podían contra la horda de gatos que les asaltaba. André despachó un gato clavando su espada en la garganta del animal, para encararse a otro, cuya vida sesgó subiendo a su espalda de un salto y pinchando su nuca con la espada. Era una técnica que había aprendido de Blue, y que el hámster azulado llamaba “golpe de gracia del torero”.

Por fin había llegado, frente a él aguardaba las escaleras que descendían a los pisos inferiores. Número Cuatro y Número Dos ya habían llegado. Esperaría junto a ellos a Número Uno y Número Tres, acabando con los gatos que se atrevían a acercarse.

Finalmente llegaron los dos, Número Tres con una siniestra sonrisa de satisfacción: parecía disfrutar realmente con la lucha, y Número Uno con su inexpresiva máscara. Hoy estaba más extraño de lo habitual, pensaba André.

-Todos sabéis el plan. Vamos allá -anunció el hámster, sin girarse a la batalla que se libraba a sus espaldas. Echó a andar por las escaleras carentes de iluminación, que descendían en la tierra. André siguió a su compañero al igual que el resto del pequeño grupo. Había llegado la hora.

Descendería las escaleras, al piso dónde le esperaba Gargamel, el asesino de sus padres. Aquél que le arrebató la infancia, que cambió su vida, del que juró vengarse. Aquél que había ordenado matar a Paul Roben... Y que había condicionado las acciones de André hasta ahora.

Ese maldito gato traidor pagaría sus crímenes, y por fin todos aquellos a los que había hecho daño podrían descansar en paz.

Terminaron de bajar las escaleras, André a la cabeza debido a que quería combatir cuánto antes contra su rival.

La sala era idéntica al piso superior, pero al encontrarse vacía, parecía mucho más amplia. Algunas mesas, archivadores y montones de paja que servían de cama se desperdigaban a lo largo y ancho del lugar.

Un solitario gato esperaba en medio de la sala, de espaldas a los intrusos que acababan de entrar. Contoneaba su cola, cuya punta estaba erizada. Siempre la había tenido así, y normalmente, si algún gato trataba de entrar en su territorio, sólo tenía que contonearla para que supiera que con él no se jugaba. Su pelaje era marrón, a excepción de tres largas franjas negras que cubrían su lomo verticalmente. Se giró al percatarse de que tenía visita y sonrió, mostrando a los hámsters todos sus letales dientes. Sus ojos, pequeños y separados, reflejaban la viva imagen del miedo y el odio que André sentía por él.

El Knight of Orange dio un paso al frente, dispuesto a enfrentarse a su destino.
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« Respuesta #20 : Marzo 07, 2010, 23:51 »

El gato cortando la rama y la carne de su padre con sus garras frente a sus ojos, el grito desgarrador de su madre cuando saltó sobre ella para causarle la herida mortal, los temblores de sus hermanas, tras él, cuando se interpuso delante de ellas para protegerlas; el mismo sentimiento de dolor, de miedo, de rabia, de odio... André recordó en un breve instante todo aquél episodio que marcó su vida. Que le condicionó, que le hizo tomar la decisión de convertirse en Knight of Orange.

-Ahora la pesadilla llegará a su fin -anunció en voz alta el Knight of Orange. El gato le miró por encima del hombro, con superioridad, y comenzó a reír a carcajadas. Una risa ronca, malvada.

-Me he estado informando acerca de ti, André... -habló el cruel gato en francés. El hámster enarcó las cejas, odiaba que ese animal mancillara su idioma- Sí... tú eres aquél pequeñajo, el hijo de Pierre...

-¡Te prohíbo que le nombres! -bramó André, lleno de ira. Desenfundó la espada y la sujetó con ambas patas apuntando al animal. El gato rió ante la amenaza.

-Tu padre fue un idiota. ¿Amistad? ¿Paz? ¡Tonterías! -espetó con una desagradable mueca- La Garra Oscura me lo dejó bien claro: o los mataba, o me mataban. Hasta tú habrías sabido elegir, ¿no? -rió nuevamente- Y no me quejo, porque ahora he llegado hasta aquí.

-Bajad al próximo nivel -indicó André en un tono seco a sus compañeros. Tras Gargamel, en la otra punta de la sala, había otra cavidad que llevaba a un pasillo con escaleras que seguramente llevaría a la siguiente sala.

-¿De verdad te crees que voy a dejaros pasar, ratoncitos? Habéis tenido la osadía de atacarnos en nuestra propia casa, en vez de quedaros quietecitos esperando que fuéramos a por vosotros. ¿Tantas ganas tenéis de morir? Habéis firmado vuestra sentencia... -no pudo continuar hablando. André se había lanzado al ataque. Sus dientes chirriaban, sus ojos destilaban odio. El hámster no le daría tregua. Había conseguido frenar el ataque con las garras, pero no podría aguantar mucho más el envite del metal. Tenía fuerza para ser tan pequeño, se maldijo.

-¡Corred, maldita sea! -espetó Orange a sus compañeros mientras ejercía fuerza- Me reuniré con vosotros más adelante -aseguró. Gargamel volvió a reír, y ejerció gran fuerza, provocando que el hámster tuviera que retirarse para evitar ser pisoteado. Pero el gato fue más rápido y con la otra zarpa delantera le golpeó en el costado, lanzandolo varios centímetros a la derecha.

El Número Cinco de la Garra Oscura se giró hacia el resto de criaturas, pero ya habían alcanzado el pasillo del fondo y se dirigían hacia abajo. Chasqueó la lengua y flexionó las piernas, dispuesto a seguirles. Pero algo se lo impidió. El hámster naranja se había apostado frente a él, jadeante y con una fina linea de sangre cayendo de su cabeza. Mantenía la espada sujeta con una mano, y le miraba con odio.

-Esos ojos... son los mismos con los que tu padre me miraba justo antes de morir -sonrió malicioso- Qué buenos recuerdos...

André no contestó. Simplemente agarró con la pata libre el mango de la espada y se lanzó al ataque profiriendo un grito lleno de ira. Gargamel esquivó el ataque de un salto, pero André no cesó en su envite, y continuó corriendo hacia él. Gargamel seguía escapando, y el Knight of Orange cada vez atacaba más y más movido por la ira. Le cegaba. Quería ver a ese gato muerto, quería ensartarlo para, por fin, terminar la pesadilla. Lo tenía tan cerca... Su venganza, podía casi saborearla...

Consiguió anticiparse al próximo movimiento del gato, y realizó un sesgo hacia la derecha, que consiguió acertar con la punta, causando un pequeño corte al animal, que erizó su pelaje en posición de ataque. André esbozó una sonrisa, había tomado la iniciativa. Se lanzó de frente contra su rival, pero éste lo esquivó de un salto hacia arriba y trató de partirlo con la mitad de un zarpazo en el aire, pero André se echó rápidamente sobre el suelo con tal de evitar las garras letales. Alzó la espada con tal de cortarlas, pero no llegaba. Gargamel se dejó caer con todo su peso, dispuesto a aplastar a André, pero el hámster rodó a la izquierda y evitó el ataque. Cuando se incorporó, era Gargamel quién se había lanzado a la ofensiva. André logró esquivar el ataque con un gran salto hacia atrás. El gato no se rendía y volvía a embestir, pero esta vez el Knight of Orange se topó con la pared. Se impulsó sobre ella y salió disparado como una bala contra el rostro de Gargamel. El gato observó como el hámster armado se acercaba rápidamente, y con presteza agachó la cabeza evitando el corte. Incluso trató de golpear con la cola al hámster, pero éste lo esquivó con una pirueta, cayendo tras él de espaldas. Rápidamente se dio la vuelta, y ambos rivales cruzaron miradas.

André sólo veía los ojos vacíos del asesino de sus padres. Ojos de un animal que había alcanzado su posición a base de asesinatos, sin importarle cuantas familias destruía en el proceso, sin pensar en el sufrimiento ajeno. Le había mirado con esos mismos ojos el día que les mató. Y esos ojos le atormentaron durante meses, ya que siempre los encontraba en la oscuridad, acechantes.

En cuanto al Número Cinco de la Garra Oscura, los ojos del hámster eran la viva imagen de los de su padre. Desafiantes, sabios, intrigantes, curiosos... pero también llenos de ira, odio y miedo. Pero no era miedo a él... era miedo a lo desconocido. Algo que siempre había caracterizado al padre del hámster. Esbozó una sonrisa.

-Igual que tu padre... lastima que él no fuera tan fuerte como tú -habló el gato. André enarcó las cejas, pero no hizo ningún movimiento- Estoy seguro de que estará muy orgulloso de su hijo allá donde esté. Te has convertido en un hámster muy fuerte -rió malicioso- Sabía que no tenía que haberos dejado con vida -ante la posición de ataque de André, decidió tomar otra dirección- ¿No quieres saber cómo conocí a tus padres?

-No -espetó el hámster- Sólo quiero que te pudras en el infierno. Ni siquiera creo que los gusanos quieran devorar tu carne- El gato rió.

-Qué miedo -comentó con un falso tono burlón- Cada vez pienso más que te pareces a tu padre. No me importaría que me dieras muerte... -esbozó una sonrisa- Lastima que no vaya a pasar. Tú y tus amigos vais a morir, mira que meteros en la boca del lobo...

-Se acabó la charla -comentó André. Aunque no quería admitirlo, ese pequeño inciso le había ayudado a recuperar fuerzas, y lo necesitaba. Sospechaba que el que Gargamel se hubiera vuelto tan parlanchín de repente se debía a que él también quería ganar tiempo. Pero no se lo daría.

Se lanzó nuevamente al ataque, y comprobó que los movimientos de Gargamel eran más minuciosos. Ahora sólo saltaba cuando André estaba lo suficientemente cerca para ser una verdadera amenaza, y no se alejaba mucho, para ahorrar energía. El hámster lo aprovechaba para, con algo de energía extra, hacer cortes poco profundos a las patas del animal, pero que en gran cantidad podían suponerle un serio problema. André comprobaba como su rival empezaba a tener problemas para esquivar y atacar.

Un golpe con la cola en el estomago bastó para que André comprobara que el combate no estaba terminado. El hámster escupió sangre, y su capa se desabrochó. Pero la ocasión no podía ser mejor. Aguantando como podía el dolor, y recuperándose lo más rápido posible, logró clavar la espada en la cola del animal, que gimió y la agitó con fuerza.

André fue empujado con fuerza algunos metros más allá, y su capa salió volando. La espada no había sido hundida lo suficiente en la carne del animal, por lo que con el suficiente balanceo también salió disparada lejos del alcance del hámster.

El hámster quedó tumbado sobre el suelo, mientras el gato bramaba de dolor. André cerró los ojos dolorido, la cabeza le daba punzadas, no podía perder el conocimiento.


El pequeño hámster observaba asustado como un gato aparecía de entre unos arbustos y se dirigía hacia ellos. Su padre pasó su pata sobre su cabeza, acariciándolo.

-No te preocupes André, no pasará nada -comentó, acercándose al gato esbozando una sonrisa. A los pocos pasos, el animal se colocó en posición de ataque. Mientras el hámster le decía algo en francés, la madre de los pequeños los abrazó con fuerza, juntando a los tres hermanos. André vio cómo su padre cogía un palo y se encaraba al animal. Parecía la posición de un espadachín... la posición que el hámster adaptaría años después.


El pequeño hámster naranja observó horrorizado cómo su padre caía al suelo, atravesado por un zarpazo y sangrando. Su madre, que se había adelantado para protegerles, había sido salpicada con la sangre y trataba de correr lejos, atrayendo la atención del animal. Pero no pudo, y André la escuchó pedir disculpas y proferir un grito agónico cuando el gato tomó también su vida.

Temblaba. Había estado temblando todo el rato desde que el animal apareciera, pero ahora el temblor era absoluto. No podía moverse, no podía pensar. Sus padres... ya no volvería a verlos. No volvería a probar las comidas de Mamá, no volvería a jugar al fútbol con Papá. Ahora estaba... solo, con sus hermanas.

Era cierto, tenía que protegerlas, se lo prometió a su padre. Se interpuso entre ellas y el gato, que se acercaba hacia ellos. Aunque temblaba, aunque estaba muerto de miedo... no le dejaría pasar.


Abrió los ojos. Gargamel se disponía a lanzar un último zarpazo letal. Pero cuando la garra llegó a dónde se encontraba André, sólo levantó gravilla del suelo. El hámster había desaparecido.

Se encontraba, unos pasos más atrás, erguido. Un aura anaranjada le cubría.

-Limit break -murmuró sin sentimiento. Abrió los brazos, y la capa, tirada en el suelo, volvió a su cuerpo al instante, abrochándose sola. Estiró la pata derecha, y Amitié regresó a ella. Ese poder sólo era digno de un Knight of True Color. Pero, como el Rey Arco dijera... el Limit Break superaba incluso a los Knight of True Color.

André apretó con fuerza el mango de su espada, y el aura se traspasó al arma. El hámster brillaba, su poder había sido activado con los recuerdos de infancia, con la fuente de todo su odio y miedo. Era hora de dar fin a la pesadilla.

El gato retrocedió un momento. Incluso él comprendía que esa aura no era algo normal, y que el hámster iba a prepararse para un poderoso ataque. Pero no le dejaría. Se lanzó contra él dispuesto a cortarlo en rodajas. Se acabó el juego.

Saltó y estiró la pata delantera, con las garras listas para el golpe final. André no se movió, pero no sintió nada al pasar la pata por dónde se encontraba el hámster: había desaparecido.

El Knight of Orange se encontraba suspendido en el aire sobre su espalda. Golpeó con la empuñadura el lomo del animal y éste se hundió sobre el suelo gimiendo sorprendido. Se levantó rápidamente, tratando de aguantar el golpe. Las piernas le flaquearon, pero pudo recuperarse, justo a tiempo para saltar y esquivar el corte horizontal que habría causado que perdiera sus dos patas traseras. Pero cayó en mala posición debido al cansancio, y el hámster no tuvo muchos problemas en cortar su pata delantera izquierda. Bramó de dolor, observando cómo el miembro caía al suelo inerte mientras la sangre salía disparada. El líquido rojo salía de su cuerpo... de repente sus ojos se empequeñecieron. Tenía miedo. Estaba asustado de aquél pequeño hámster, hijo de Pierre... su último amigo.

-Se acabó -murmuró André en tono triste. Agarró la espada con ambas manos y se lanzó al ataque. Gargamel sintió cortes por todo el cuerpo, y aunque intentaba futilmente, moviendo la pata sana de un lado a otro, tratando de golpear al hámster, era imposible. No es que fuera rápido, es que eran movimientos instantáneos. André cortó su cola, y bramó de dolor. El gato consiguió levantarse como pudo en sus tres patas, dispuesto a continuar luchando. Pero ese sería su último error.

André se colocó bajo su vientre, y golpeó con la empuñadura el estómago del animal, lanzándolo al aire. Gargamel le observó lleno de ira. ¿De verdad iba a morir? El Knight of Orange saltó. Había llegado la hora del fin. Alargó la espada hacia el frente...


El mundo se detuvo en ese instante. La espada atravesó el vientre del gato y salió por su espalda como si de mantequilla se tratara. La sangre goteaba y caía sobre su cuerpo, manchándole la cara y obligándole a cerrar los ojos. Pero los abrió, aunque la sangre se agolpara alrededor de sus ojos, quería verle. Quería ver como clavaba la espada y, de un limpio corte, rajaba el vientre del animal. Gargamel no gritó, no le era posible. Ya había abandonado el mundo de los vivos.

André dejó que la sangre le bañase y, cuando el cuerpo muerto comenzó a descender, liberó la espada y se dejó caer al suelo.

Cayó a unos centímetros del cadaver. Pero no se levantó. La sangre bañaba su rostro y manchaba su capa y espada, y en el propio suelo una gran mancha se había producido al chocar el cuerpo del gato. El hámster soltó la espada, lentamente, y el aura desapareció. Lágrimas afloraron en sus ojos mientras miraba hipnotizado al techo. Lágrimas que limpiaron la sangre de su rostro. Y, entonces, comenzó a reír. Una risa jocosa, alegre. Una risa real, de niño... Hacía años que no reía así. Se levantó sin recoger la espada, y miró de un lado a otro.

-Lo he conseguido... Papá, Mamá... Os he vengado... -anunció con voz compungida. ¡Derroté a vuestro asesino! Papá, Mamá... ¿dónde estáis? -continuó buscando con ojos perdidos, siquiera reparando en el cadáver a su lado- Lo he hecho. Así que...  -lágrimas comenzaron a caer por su rostro como si de una cascada se tratase- Así que... ¡Felicitadme! -movió la cabeza, como si su padre le estuviera acariciando, como le recompensaba de pequeño- Decir que... he hecho bien... -se arrodilló sobre el suelo y se llevó las patas a la cabeza.

El hámster profirió un desgarrador grito, único testigo las paredes de la cavidad en la que se encontraba.
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« Respuesta #21 : Marzo 16, 2010, 16:32 »

André recogió la espada. No recordaba cuánto tiempo había pasado. La sangre en el suelo seguía fresca, por lo que no tenía que haber pasado mucho tiempo. Observó el cadáver del animal y se dio la vuelta. Grabaría esa imagen en su mente, la imagen de su victoria.

Pero ahora tenía otros asuntos que atender. Sus compañeros le esperaban más abajo. Había dado el primer paso, pero aún había un largo camino hasta terminar con los verdaderos enemigos de todos los hámsters. Él, como Knight of Orange, les protegería. A todos.

Comenzó a descender las escaleras que le llevarían al piso inferior. Sólo cuatro más.


Las paredes y el suelo estaban llenos de boquetes, grietas y rocas sueltas por todos lados... cualquiera habría dicho que se había liberado una batalla campal. Pero, en medio de la sala, sólo había un gato y un hámster. Ambos estaban tirados por el suelo, y cualquiera desde la lejanía aseguraría sin problemas que estaban muertos. Esto era así, porque  un gran charco de sangre cubría los dos cuerpos inertes. La cabeza del gato había sido abierta en dos, pero parecía que con sus ultimas fuerzas antes de morir por la conmoción cerebral había conseguido rajar letalmente a Número Cuatro, aquél enorme hámster negro que yacía en el suelo.

Un hámster normal no habría conseguido reconocer todo eso con un rápido vistazo, pero André, al ser médico, había realizado una autopsia sobre la marcha. Retiró un poco el cuerpo del hámster que, pese haber conocido sólo hacía un rato, consideraba amigo, y cerró sus ojos abiertos. Descansaría en paz.

Realizó una leve oración y una reverencia, y siguió su camino hacia los pisos inferiores. Ya tendría tiempo para realizar un entierro digno.


Llegó al tercer nivel, y fue recibido por la cabeza de un gato. Sonrió, parecía que Número Tres había cumplido su objetivo. Comenzó a caminar, el cuerpo estaba localizado algunos centímetros más allá. André iba a dirigirse al siguiente piso presto cuando observó un pequeño bulto en el fondo de la habitación, cerca de la salida.

Se acercó lentamente, y una lágrima cayó de su ojo derecho. Allí reposaba un hámster cubierto por decenas de pequeños tajos, y que había perdido un brazo que no lograba localizar. La espada del hámster se encontraba clavada en su pecho, pero en el hámster había una sonrisa de felicidad. Número Tres se había clavado su propia espada, a juzgar por la posición de ésta.

-Yo podría haberte curado... maldita sea... -murmuró André, arrodillado frente al difunto. Se alzó y desenfundó su espada, realizando una reverencia con el arma clavada en el suelo frente a él. Alzó una oración y recogió el arma. Light le había explicado que los samurais japoneses solían realizar un suicidio honorable cuando veían cumplida la misión de su vida o creían que no vivirían mucho más.

Despidió con un saludo marcial a su compañero y continuó por el pasillo a su derecha, hacia las escaleras que le llevarían al penúltimo piso.


-Me alegro que estéis bien -comentó el Knight of Orange al llegar, por fin, al último piso. A juzgar por la posición de los dos hámsters, a sólo unos pasos de él, acababan de llegar. La batalla no había empezado. Los dos se giraron y miraron sorprendidos al guerrero del Arco Iris.

-Así que no lo han conseguido... -murmuró Número Uno. La muchacha que le acompañaba bajó la cabeza apesadumbrada.

-Lucharon bien, y derrotaron a sus rivales... pero sus heridas eran muy graves -comentó André, acercándose con la espada desenfundada. Observó la sala dónde se encontraban. Parecía un despacho presidencial. Algunos cuadros de gatos en las paredes, una larga alfombra roja con diversos estampados y, al fondo de la sala, una mesa de roble tras la que había un sillón mullido. Una voz proveniente del sillón volteado a los hámsters comenzó a reir. Un animal bajó del mismo y apareció por la derecha de la mesa andando a cuatro patas. Era un gato grande y gordo. Su color era grisáceo y algunas franjas negras cruzaban sus patas delanteras a media altura y su cola.

-Así que vosotros sois las ratas que habéis osado venir a mi guarida... a por mi cabeza -habló en inglés- Habéis conseguido pasar por mis cuatro guerreros más poderosos, y ahora queréis enfrentaros a mi -echó a reir- Estúpidos hámsters... ¿cuándo asimilaréis vuestro puesto en la cadena alimenticia? No sois más que comida para gatos... ¡Pagaréis muy cara vuestra intromisión! -comenzó a reir, pero su risa se quebró. No volvería a reír. El sonido del cañón al salir disparadas las dos balas de cada pistola ensordeció su carcajada hasta que el impacto de las mismas le hizo sellar su boca para siempre. Una bala en la frente y otra en la nuez dieron cuenta rápida del monstruo, que cayó desplomado en el suelo.

-Vaya... -murmuró André, sorprendido. Eso había sido rápido. Número Uno bajó el arma, y Número Dos se derrumbó en el suelo, tirando su pistola.

-Por fin... te he vengado, hermanita... -murmuró la hámster, echando a llorar. André se acercó para posar su pata en el hombro de la mujer, pero Número Uno se interpuso y se lo impidió.

-Esto ha terminado, Número Cinco. Hemos ganado -aseguró, esbozando una suave sonrisa. El hámster pensaba que, de repente, todo el peso que le había oprimido durante años, había desaparecido. Iba a alargar la pata para felicitar a Número Uno, pero una estruendosa alarma le sobresaltó. Número Uno enarcó las cejas.

-Autodestrucción de la base activada -anunció una voz robotizada en inglés. André chasqueó la lengua, y Número Uno disparó al altavoz que emitía la voz-.

-Tenía que ocurrir... -murmuró la mujer, levantándose enfadada- Una maldita bomba... -aseguró. Se acercó a la silla donde se encontrara el líder de la Garra Oscura. Como esperaba, bajo la mesa, se encontraba la bomba. El cronómetro marcaba cinco minutos.

-Tenemos cinco minutos para evacuar -murmuró André, que se había acercado también a la mesa- Eso es muy poco tiempo...

La hámster comenzó a manipular la pantalla numérica de la bomba. André se alejó unos pasos, y Número Uno se acercó a su compañera.

-Puedo conseguiros algo más de tiempo... -murmuró- Salid de aquí, rápido -añadió, mientras continuaba manipulando la bomba.

-¿Conseguirás apagarla? -preguntó André. La hámster no contestó, y continuó trabajando. Número Uno, tras varios segundos en silencio, asintió y se dio la vuelta.

-Nos vamos, Número Cinco -anunció, pasando tras el hámster- Uhm... ya no debería llamarte así. La Garra Oscura ya no existe.

-Responde a mi pregunta -pidió André, sin moverse un apice.

-No estoy segura -comentó taciturna- Largaos. Yo ya he cumplido mi parte -explicó.

-¡No pienso dejarte morir aquí! -increpó André- Saldremos de aquí en cinco minutos.

-No -anunció la hámster- Ahí fuera se está librando una batalla o, en su defecto, habrán decenas de hámsters heridos y desorientados. No podréis sacarlos de aquí en menos de cinco minutos.

André cogió a la hámster del hombro y tiró de ella. Ésta protestó, y profirió un fuerte guantazo al guerrero.

-He dicho que me quedo -repitió- Yo... no tengo más razón para vivir que la pelea contra la Garra Oscura.

-¿Pero qué dices? ¡Hay mil razones para vivir! -exclamó André. Número Uno se acercó otra vez.

-Dejala, ella sabe lo que hace -André le miró enarcando las cejas. ¿Cómo podía aceptar que la hámster decidiera dar fin a su vida en un lugar así?

-Yo... me llamo Natasha -anunció levemente sonrojada- Nunca he querido luchar... he sido obligada... porque mi hermana era Número Dos. Nuestros abuelos fueron los últimos zares de Rusia... Y nosotras eramos hámsters bastante importantes en Rusia. Mi hermana fue asesinada, y yo decidí tomar venganza... empuñar el arma y acabar con la pesadilla. El idiota aquí presente era su novio, y nos metió en este lio -anunció, mirando directamente a Número Uno- Yo... siempre me apoyé en mi hermana. Y, aún ahora, sólo puedo vivir gracias a su fantasma... Yo habría terminado con mi vida de no ser por lo que le pasó a mi hermana... Así que está bien -sonrió- Os ayudaré por última vez. Además, tú también tienes alguien que te espera, ¿no? -se dirigió a André. El hámster asintió y, de repente, vino a su mente el papel que Bijou le había entregado. Lo extrajo de dentro de su túnica y lo desdobló.

“Quiero pasar más tiempo junto a ti.”

André se mantuvo en silencio unos segundos, hipnotizado, mirando el papel. Volvió a doblarlo y lo guardó, tras lo que se dio la vuelta.

-Tienes que apagar esa bomba y salir con vida, ¿me oyes? -ordenó el hámster- Te esperaremos fuera, así que no tardes.

-Vale... -asintió la hámster sonriendo.

-Eres tan cabezona como tu hermana -suspiró Número Uno, dándose la vuelta y siguiendo a André, que había comenzando a caminar hacia la salida.


-Eran buenos hámsters -comentó Número Uno mientras subían las escaleras y regresaban al quinto piso, dónde el cadáver de Gargamel todavía emanaba sangre- Todos ellos han perdido a su familia y seres queridos a manos de la Garra Oscura... estoy seguro de que ahora descansarán en paz -aseguró. André asintió en silencio, sin mirar el cadáver del asesino de sus padres. Número Uno se había vuelto más dicharachero de repente, quizá debido a que, por fin, ya no tendría que cargar con ese nombre.

Ascendieron pues al nivel principal, dónde habían dejado a casi cincuenta hámsters luchando contra la morralla de la Garra Oscura. André había cortado comunicación telepática con el Rey Arco al iniciar la misión, por lo que no había sido informado vía el monarca de cómo se encontraban Blue y Green. Aunque tenía claro que estarían estupendamente. Llegaron al último escalón, y salieron al piso superior.

-Ya era hora -le imprecó Green desde algunos metros más allá al percatarse de la presencia de André. Llevaba en su espalda un hámster herido en una pata- Ayudanos con esto, anda -añadió, señalando al grupo de hámsters heridos que otros animales más sanos trataban de ayudar a salir de la cueva. Una gran cantidad de cadaveres, tanto de gatos como de hámsters, se mezclaban en aquél lugar, dónde una batalla campal había terminado no hacía mucho.

-¿Y Blue? -preguntó André, mientras caminaba hacia el grupo de heridos. La mirada que Light le dirigió dejaba clara su felicidad porque su amigo hubiera regresado: eso sólo podía significar que habían ganado. Y que André había cumplido su misión esencial.

-Está afuera coordinando la ayuda del Ejercito del Arco Iris -explicó- Estamos evacuando los heridos al Reino Arco Iris, y algunos soldados están ayudando a trasladarlos -comentó.

-Su Majestad tiene un gran corazón -suspiró André esbozando una sonrisa. Observó cómo Número Uno miraba en dirección a las escaleras, con semblante preocupado- Estará bien. Me prometió que volvería.

-Esa chica sabe mentir muy bien -suspiró Número Uno- Si quieres sacarlos a todos de aquí, hay que darse prisa. Ya han pasado diez minutos -indicó.

-¿Diez minutos? -preguntó Light, que volvía a por otro herido. André le explicó que la base se auto-destruiría en cuestión de momentos- Genial -suspiró- Sólo quedan unos pocos heridos... ¿deberiamos llamar al ejercito?

-No podemos poner en peligro al ejercito en una misión nuestra, Green -comentó el hámster naranja, tomando otro de los heridos, de modo que llevara uno a su espalda y otro agarrado del brazo.

-Bueno, de todos modos podriamos llamar a Blue, que seguro que está vagueando ahí fuera -sonrió a su compañero. André rió. Lo necesitaba. Y Light lo sabía, por eso trataba de quitar hierro a la peligrosa situación que vivían.

Aún así, el Knight of Orange desvió la mirada a los cadaveres desperdigados en el suelo. No había podido salvarlos y tampoco podría darles un entierro digno. Una lágrima cayó por su ojo, bajó por su rostro y se ocultó tras el cuello de la capa naranja.


-Ya han sido evacuados todos los heridos, señor -anunció un pequeño hámster blanco, vestido con el atuendo del ejercito del Reino Arco Iris.

-Gracias, puedes retirarte con tus hombres -anunció André algo taciturno. El hámster le dirigió un saludo marcial, aceptando su orden, y se dirigió a sus hombres. Cuando se alejó, el Knight of Orange suspiró- Está tardando mucho...

-No te preocupes, todo saldrá bien -le animó Blue, apoyando una pata en su hombro. Green esperaba cerca de ellos y Número Uno, algo alejado, se mantenía de brazos cruzados. No había abierto la boca desde hacía bastante, y realmente nadie sabia que pasaba por su mente.

En la lejanía, los hámsters fijaban su vista en la cueva donde habían librado la batalla final. En aquél lugar André había cumplido su venganza, y la Garra Oscura había sido aniquilada. Este día y ese lugar, serían marcados en la Historia.

De repente, André sintió un escalofrio. Comenzó a correr hacia la base, ante la sorpresa de sus amigos. Unos segundos después, una bocanada de fuego salía por la entrada de la misma, así como destrozaba el techo de la pequeña montaña y expulsaba fuego y humo por ella.

-¡Todos al suelo! -exclamó el hámster, uniendo la acción a la palabra. En cuestión de segundos, el suelo comenzó a temblar y una ola de arena engulló a los hámsters, mientras el sonido de la explosión perforaba sus oidos- ¡Maldición! -exclamó cuando la primera oleada pasó, tratando de ponerse en pie. No obstante no podía abrir los ojos, y el viento le echaba hacia atrás.

Cayó sobre la arena nuevamente, incapaz de levantarse esta vez. Echó a llorar, la arena entrando por las lágrimas de sus ojos, haciendo que le escocieran. Pero no le importaba. Sólo quería llorar, desahogarse mientras la tormenta de arena amainaba.

No volvería a ver a Natasha.
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« Respuesta #22 : Marzo 23, 2010, 13:18 »

André se arregló el broche de la capa, mirándose al espejo ubicado en su cuarto. La capa había sido remendada al llegar a Palacio tras la batalla. El hámster esbozó una sonrisa, satisfecho por el trabajo que se había realizado en su ropaje. Alguien tocó a la puerta, así que el animal se giró y le dio permiso para entrar.

-Los Ham-Hams y los Fran-Hams ya han llegado, Orange -comentó Light, entrando en la sala con una amplia sonrisa- Parece que se llevan bien.

-Gracias por la ayuda, Green -comentó André sirviendo a su compañero un vaso de coñac de un minibar que el Knight of Orange tenía en sus aposentos- Sé que tienes que estar muy liado con los preparativos para la ceremonia, para además tener que cuidar de los Ham-Hams y los Fran-Hams...

-Bueno, saben comportarse -comentó agradeciendo la copa- En cuanto a los preparativos, está casi todo listo ya. Sólo falta el protagonista -sonrió, terminando de un sorbo el licor- Me encargaré de que todo salga perfecto, amigo -añadió, despidiéndose alzando una mano y dándose la vuelta. Al llegar a la puerta, se detuvo- ¡Oh, casi lo olvido! Vine escoltando a una señorita... os dejaré a solas -comentó con tono picaresco, mientras salía del cuarto. Prácticamente al instante, aparecía por la derecha de la puerta abierta una joven hámster de pelaje blanco con lazos azules. Vestía un traje plateado que André reconoció fácilmente, ya que él mismo se lo había regalado hacía algunos días.

-Vaya, qué sorpresa, Princesa Blanca, ¿qué os trae por aquí? -comentó André con una sonrisa de oreja a oreja.

-Sólo quiero felicitaros por vuestro ascenso, Knight of Orange -aseguró la hámster, cerrando la puerta del cuarto tras de sí y corriendo a lanzarse a los brazos de su novio.


Todos se habían reunido en la sala más importante de Palacio, la sala del trono. En el centro de la misma, diviendola en dos mitades, una alfombra naranja la atravesaba desde la entrada tras los dos enormes portones hasta los tronos del Rey y la Reina, subiendo los tres escalones que mantenían a los monarcas por encima de los súbditos. Casi un centenar de hámsters ataviados con trajes de etiqueta se encontraban a ambos lados de la alfombra, charrando animadamente. Todos eran nobles, estando más cercanos a los monarcas sentados en sus tronos los nobles más influyentes, así como los Ham-Hams y Fran-Hams, que charlaban con Su Majestad ante la envidiosa mirada de los nobles. Los Knight of Color se mezclaban entre la multitud, a excepción de la Knight of True Indigo, que guardaba guardia a la derecha de Su Majestad el Rey Arco y el Knight of Green que se encontraba charlando con los Ham-Hams.

De repente, los seis Knight of Color que se encontraban en la sala callaron y dirigieron sus miradas al Rey, que esbozó una sonrisa. Todos se excusaron y se dirigieron hacia el monarca, apostándose tras él. Los nobles, en cuanto se dieron cuenta, se sumaron al silencio de los guerreros.

Una trompeta sonó desde el portón, anunciando la llegada de alguien especial. Se trataba nada más y nada menos que del Knight of Orange. Ataviado con el traje de Knight of Orange, y con la espada atada al cinto, André comenzó su camino por la alfombra naranja hacia el trono. Caminaba altivo, orgulloso, pues hoy era él el protagonista. Los nobles realizaban reverencias a su paso, incluso los Ham-Hams y los Fran-Hams lo hicieron cuando pasó a su lado. Se detuvo frente a las escaleras que le separaban de los monarcas y desenfundó la espada, hincando la punta en el suelo al tiempo que hacía lo mismo con su pierna derecha.

-El Knight of Orange se presenta ante vos tras haber completado su misión esencial, Majestad -anunció André en un tono suave, tranquilo. Gracias al imperioso silencio que reinaba en la sala, la voz se escuchó en cualquier parte de la misma.

-Excelente, Mi Guerrero -anunció Arco, levantándose de su asiento- Puedes levantarte y ascender a mi derecha, André Bresson, Knight of Orange -ordenó. André aceptó y cumplió la orden del monarca. Cuando se colocó a su lado, mirándole a los ojos profundamente, habló- Has hecho buen uso de la fuerza del Arco Iris, y has conseguido obtener lo que más ansiabas gracias a su poder. Es hora de que obtengas el poder total y te conviertas en Knight of True Orange.

-Yes, Your Majesty -aceptó André, inclinando la cabeza. Toda la gente aplaudió. El monarca asintió y pidió silencio levantando la pata. Los Knight of Color formaron delante del monarca y su compañero. Comenzaron a caminar en procesión, seguidos por el Rey, la Reina y el Knight of Orange. Tras ellos comenzaron a desfilar los nobles, desde los más influyentes a los menos, vaciando la sala del trono, siguiendo a la comitiva por los pasillos de Palacio.

Caminaban despacio, sin prisa, y en silencio. Mientras atravesaban los pasadizos de Palacio, el monarca abrió su paraguas, bañándolos a él y a los hámsters que lo seguían de un polvo brillante naranja que se desprendía del mismo. El polvo pasaba por los hámsters liberando una sensación de calor en el interior de los animales, así mismo de serenidad. Mientras les bañaba ese fulgor anaranjado, todos parecían comprender los sentimientos del Knight of Orange. Su lucha, su pensamiento, su amor...

Bijou se sonrojó levemente, de alguna manera comprendía que, en ese momento, ella lo era todo para André. Se acercó al hámster, abrazando con ambas patas su brazo derecho y guiñándole un ojo cuando el guerrero notó su presencia. Su Majestad asintió a la pregunta que André le formuló en silencio, permitiendo a la hámster esperar a su lado. No obstante, le avisó a la mujer con la mirada, tendría que dejar libre al guerrero llegado el momento.


Los seis guerreros del Arco Iris que lideraban la comitiva salieron al balcón, donde el Sol bañó su pelaje e iluminó la tela de sus capas. André y el Rey Arco salieron a continuación, solos, mientras la Reina, Bijou y el resto de hámsters esperaban en las sombras del castillo.

En el mármol de la base del balcón se dibujaba un girasol atravesado por un Arco Iris. Era un balcón amplio, sin barandillas en su límite. Los Knights of Color formaron frente a la figura del girasol, creando su propio Arco Iris.

André y Arco avanzaron hasta el centro de la flor, y se encararon el uno al otro, dando inicio a la ceremonia. El monarca golpeó el suelo con la punta de su paraguas cerrado, y una onda anaranjada cubrió todo el balcón, otorgándole un brillo naranja.

-André Bresson Brumel. Knight of Orange del Rey Arco -le llamó el monarca.

-A su servicio Majestad -anunció André con una suave reverencia. Dio un paso al frente, hacia el monarca.

-Has servido bien al Arco Iris, y has conseguido cumplir con tu misión. Como recompensa, se te permite ascender a Knight of True Orange -anunció, acercándose a André lentamente. Cuando estuvo a un palmo de él, revoloteó para colocarse a su misma altura, los iris marrones del Knight of Orange se vieron engullidos por los iris rosados del monarca que le miraba fijamente. El Rey tocó con su hocico el de André, cerró los ojos al igual que el guerrero, y juntaron sus frentes.

De repente, todo se volvió oscuridad a su alrededor, y, cuando André abrió los ojos, estaba solo. No sentía al monarca, ni tampoco le olía.

Se encontraba suspendido en la nada absoluta. No obstante, parecía pisar un invisible suelo sólido. Echó a caminar, porque, pese a que nadie se lo hubiera ordenado, algo en su corazón le animaba a hacerlo. No oía sus pisadas, no veía nada frente a él, pero sabía que no tropezaría contra ninguna pared ni caería al vacío, por lo que continuó a paso suave y seguro. Continuaba vistiendo el traje de Knight of Orange por lo que podía palpar, al igual que el arma.

De repente, a algunos pasos a su derecha, apareció una figura familiar. Una copia exacta de él clavó su mirada en el hámster y desenfundó la espada. André sonrió.

-Vaya, esperaba este momento -habló a su gemelo, desenfundando su propia espada- Siempre he querido patearme el culo a mi mismo -comentó picarón.

Al instante, los dos guerreros del Arco Iris se enzarzaron en la batalla. Sus espadas se golpeaban mutuamente, pero no hacían ruido en aquél lugar vacío dónde sólo ellos podían ver el uno al otro.

André estaba teniendo problemas con la pelea y pronto comprendió lo que ocurría. Aquél hámster... no era exactamente él.

Era su futuro yo. Era el Knight of True Orange. Esquivó de un salto el corte y se volvió a lanzar al ataque. Ahora lo comprendía. Era la misma sensación de cuando luchaba con Indigo. Disfrutaría de la batalla, y ganaría a su propio ser.


Algunos metros más allá, un hámster revoloteaba en la oscuridad. El Rey Arco observaba la batalla desde la lejanía. No podía intervenir, pero tenía que ser silencioso testigo de la “prueba final” del Knight of Orange. Estaba seguro de que André comprendería pronto el significado de la pelea, y saldría victorioso.


André continuaba luchando, y retrocediendo. Por mucho empeño que le pusiera, el poder de un Knight of True Color era superior. Trató de retomar la iniciativa con una estocada directa, pero su copia lo esquivó sin problemas y devolvió un tajo horizontal destinado a cortarle la cabeza. André se agachó y trató de rasgar el estómago de su rival, pero este bloqueó su espada. El hámster chasqueó la lengua. Era un rival duro de pelar.

Pero tenía que darse prisa y ganar. Fuera le esperaban su familia, sus amigos, sus compañeros, el Rey y Bijou. Por ellos había llegado hasta aquí... y por ellos se convertiría en Knight of True Orange.

Un aura naranja le cubrió mientras su mente se llenaba de recuerdos de sus seres queridos. Su copia sonrió satisfecha, y se lanzó al ataque antes de que el hámster completara la activación del Limit Break. Pero era demasiado tarde. André agarró a Amitié con ambas patas y esperó el momento.

-Si me conozco... dejaré una brecha a la derecha cuando realice el ataque... -pensó el hámster, preparándose para el choque de espadas. Efectivamente, vio la brecha, y lanzó una rápida estocada, esquivando además el ataque de su futuro yo. La espada se clavó en la figura del Knight of True Orange y le atravesó como si se tratara de aire. Éste esbozó una sonrisa y se deshizo en una esfera de luz que se alejó unos centímetros y flotó en frente del Knight of Orange. André sentía calor proviniendo de la misma. Un calor similar al del poder del Arco Iris, solo que más intenso...

-¿Porqué eres el Knight of Orange? -preguntó una voz en el corazón de André. Una voz asexual y sin tono. Aún así, André sentía como si fuera una voz familiar. Era la voz del Arco Iris.

-Porque quiero defender a mis seres queridos -anunció André solemne. La respuesta no salió por su boca, venía directa de su corazón.

-¿Porqué proteges a tu Rey? -volvió a preguntar.

-Porque es mi mejor amigo, y le juré lealtad. Y porque ese es el deber del Knight of Orange, ante todas las cosas -anunció.

-Pero hay alguien más a quien quieres proteger -replicó la voz.

-Bijou... y mis hermanas. Ellas son la parte más importante de mi mundo. Gracias a ellas soy quien soy. Por ellas comencé a luchar... y por ellas seguiré haciéndolo -aseguró.

-Tu corazón es grande, tus propósitos son puros... y eres fuerte. Has demostrado merecer el poder del Knight of True Orange. Usalo con orgullo -anunció la voz.

-Lo haré -aseguró André, palpando su corazón y cerrando los ojos.


Abrió los ojos. Frente a él, el Rey Arco se había separado ya de él y le sonreía. Sobraban las palabras entre los dos amigos. El monarca se giró hacia los seis guerreros, que se pusieron firmes.

-Knight of Color, saludad al Knight of True Orange -ordenó. Los seis hámsters alzaron sus armas, y después las bajaron mientras realizaban una reverencia.

-All Hail the Rainbow! -exclamaron los Knight of Color, acompañados por André y Su Majestad. De repente, las voces de todos los nobles se les unieron, así como la de los Ham-Hams y los Fran-Hams.

André notó cómo alguien oprimía su brazo. Bijou había saltado al balcón y abrazaba el brazo derecho del hámster, que la miró sorprendido. La mirada de Arco lo significó todo, y André respondió al abrazo de su amada cubriéndola con sus brazos.

Frente a la mirada de los seis Knight of Color, del Rey y la Reina del Reino Arco Iris, de sus amigos, y de los nobles del Reino, André, el Knight of True Orange y Bijou, la Princesa Blanca, se unieron en un apasionado y romántico beso.

Bajo la luz del Arco Iris, André se había convertido en el orgulloso Knight of True Orange del Reino Arco Iris.
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